LUNA DE PLATA
Capítulo 7
Prefiero olvidarlo
Canción: Daniela Spalla
La sombra de la soledad no era nada nuevo en la vida de Sakura. Por eso, aquella vez que Sasuke le permitió estar con él, se sintió acompañada como nunca antes. Lástima que el moreno no quiso nada serio, y ahora que lo tenía tan cerca de nuevo, el miedo se le clavaba en el pecho.
—¡Escúchame, Sakura! Si no quieres morir, aléjate de mí… y especialmente de Hinata. Qué falta de ética tienes al llamarte kunoichi de élite y actuar como una inmadura. Hinata está enferma. Si ella empeora, no dudaré en matarte.
No fueron las palabras en sí lo que le helaron la sangre, fue la calma con la que Sasuke las pronunció. Lo único que había cambiado eran sus ojos: el sharingan encendido, el rinnegan girando como un torbellino.
—N-no volverá a pasar —respondió Sakura con voz temblorosa.
—No quiero que, por tu culpa, Hinata se entere de cosas que puedan hacerle daño —sentenció él.
Y sin más, Sasuke dio media vuelta y se fue, cruzando las puertas con la misma frialdad con la que había llegado. Sakura se quedó ahí, con un agujero del tamaño de la luna en el pecho. Se limpió las lágrimas y tragó saliva. ¿Por qué el nudo en su garganta era tan incómodo? Era hora de aceptar que Sasuke nunca sería suyo. Que Hinata era una víctima de sus celos. Y que, si aún le quedaba un poco de dignidad, debía rendirse de una vez por todas en esa lucha solitaria que solo ella estaba librando.
Sasuke corrió de vuelta a su hogar. No necesitaba decirle más a su excompañera; ya estaba advertida. Si se atrevía a abrir la boca, le valía una mierda Konoha o su era de paz. La mataría.
Mientras avanzaba entre los tejados, frustración y enojo bullían en su pecho. Nada estaba saliendo como planeaba. Entre él y Hinata no había avances reales. Su estrategia de reconquistarla se estancaba. Y lo peor: no sabía cómo actuar. No era alguien expresivo. Decir lo que sentía era una tortura. Pero algo debía hacer. Hinata tenía que recordar.
Cuando llegó a casa, la encontró dormida en el sofá. La salida a cenar tendría que esperar. Sabía que el agotamiento mental se le reflejaba en el cuerpo. La tomó en brazos y la llevó a la habitación. Ya en la cama, Hinata se giró y su falda se levantó ligeramente, dejando ver su firme glúteo. La entrepierna de Sasuke se izó como una bandera.
Genial, pensó. Otra noche más donde lo mínimo que hiciera Hinata lo alteraba. Y siempre pasaba cuando ella dormía. Suspiró. Fue al baño a masturbarse como un adolescente.
A la mañana siguiente, Hinata descansaba en el patio tras preparar el desayuno y limpiar la cocina. El jardín era amplio, aunque algo descuidado. Tal vez podía devolverle la vida con un poco de cariño. Quería que luciera como alguna vez lo fue, o como se lo imaginaba.
El timbre sonó, sacándola de sus pensamientos. Caminó rápido hasta la entrada. Tal vez Sasuke había olvidado algo, aunque él no necesitaba tocar para entrar. Abrió la puerta y se encontró con Ino, sonriéndole de oreja a oreja.
—¡Hina, preciosa! —exclamó mientras la abrazaba con entusiasmo.
Hinata se sonrojó. No recordaba ser tan cercana a Ino, pero le devolvió el abrazo con suavidad para no ser grosera.
—Hola, Ino… —musitó. Luego la invitó a pasar y sentarse.
—Luces hermosa, querida. Tenía tantas ganas de venir a verte, pero el trabajo ha estado intenso —dijo mientras la observaba detenidamente—. No me digas que no recuerdas nuestra amistad. Ahora somos best friends.
Hinata sonrió, apenada. No recordaba nada, pero escuchó y rió con las ocurrencias de Ino. Era divertida. Cálida.
—¿Y las cosas con Sasuke? —preguntó, curiosa.
—Él ha sido muy bueno conmigo. Tiene mucha paciencia… y bueno, me gusta saber que estamos casados. Me agrada su compañía.
—Eso es buenísimo, amiga. Yo sé de buena fuente que ustedes eran como tortolitos. Aunque Sasuke siempre tenía cara de culo, se notaba que a tu lado estaba en paz.
Ino rió, y luego lanzó su siguiente pregunta como una bomba:
—Y… ¿en el plano sexual, cómo están?
Hinata se tensó. El sonrojo le cubrió por completo el rostro.
—Por tu reacción, supongo que es nulo. Pero te entiendo. Aunque si Sasuke te gusta, deberías intentar… unas caricias, quizás. Quién sabe, tal vez eso te ayude a recordar.
La idea quedó rondando en su mente. Habían ido a lugares que compartieron antes, pero los recuerdos no fluían. Solo algunos destellos, vagos e imprecisos. Tal vez necesitaban otro tipo de estímulo.
Después de un rato, Ino se despidió. Hinata la acompañó hasta la puerta.
Sasuke me gusta… como hombre.
Pero nada parece avanzar.
Suspiró. La villa Uchiha era tan silenciosa, tan solitaria cuando él no estaba. Necesitaba hacer algo. Distraerse. Pensó en ir a ver al Hokage.
—Lo siento, Sasuke. Tal vez no sea buena idea esta misión con Hinata en tu situación. Pero tú eres el más calificado —dijo Kakashi.
Sasuke lo fulminó con la mirada. ¿Estaba loco? ¿Una misión de un mes?
En ese momento, la puerta de la oficina se abrió. Hinata entró, y ambos hombres se giraron para mirarla. Se sonrojó al sentir sus miradas.
—¿Qué necesitas, Hinata? —preguntó Kakashi.
—Lamento interrumpir. Puedo volver más tarde.
—No hay problema. Adelante.
Ella se colocó frente al escritorio, lanzó una mirada de reojo a Sasuke y habló:
—Quisiera saber si puedo hacer algo. Sé que no puedo ir a misiones, pero tal vez podría ayudar en la academia o en algún otro lugar.
Sasuke frunció el ceño. ¿Hinata haciendo planes a sus espaldas?
—Kakashi… vuelvo después —murmuró, y desapareció.
—Al parecer se molestó —dijo el Hokage con tono resignado.
—Rokudaime, ayúdeme, por favor. Me siento inútil sin hacer nada.
—Déjame ver qué puedo hacer. Necesito hablar con Tsunade. Ella está a cargo de tu caso.
—Gracias. Esperaré sus indicaciones.
Kakashi suspiró. Ese matrimonio necesitaba urgentemente una conversación sincera.
Sasuke volvió a casa con el ceño fruncido. ¿Quién se creía Hinata para tomar decisiones sin él? Sí, no estaban en el mejor momento, pero al menos deberían hablar las cosas. Entró, se dio una ducha caliente y trató de despejar la mente. El agua le caía sobre los hombros, el cabello húmedo pegado a la piel. Tenía que cortárselo. El peso del silencio lo asfixiaba.
Cuando salió, envuelto en una toalla, se topó con Hinata.
—Sasuke —dijo ella, sorprendida. Bajó la mirada, sonrojada.
Él se acercó, lento.
—¿Qué pasó con eso de que debías ser comunicativa? —preguntó, molesto.
—No lo planeé mucho… fue algo que se me ocurrió hoy. Además, creo que ninguno de los dos ha sido comunicativo. Así que… voy a empezar. Quiero decirte todo lo que siento.
Sasuke se detuvo. Sus ojos clavados en los de ella. Esperaba.
—Me siento a gusto contigo. Me agradas. Sé que te preocupas por mí, pero si queremos que esto funcione, no basta. Para mí, estar contigo es como conocerte por primera vez.
—Tampoco es fácil para mí. ¿Sabes lo difícil que es tenerte tan cerca y no poder tocarte? También me frustra, pero no sé cómo demostrar lo que siento.
—Entonces, ¿cómo fue que terminamos juntos? No puedes pretender que me vuelva a enamorar así como así.
Sasuke bajó la mirada. Tenía razón.
—Lo he intentado, Hinata. Pero tengo miedo de que te alejes.
—No me voy a alejar, porque me gustas. Me gustas como hombre.
—¿Te gusto? —ella asintió.
—Bésame, Sasuke. Quiero saber qué se siente.
El moreno no esperó más. Acortó la distancia y la besó con hambre contenida, con deseo y ternura. Sus lenguas se encontraron. Sus cuerpos se fundieron. Hinata vibraba por completo. Era su primer beso, al menos en su memoria, y sentía que el alma se le iba por la boca.
Se separaron, sin aliento. Sasuke rozó su cuello con los labios, pero se detuvo. Esperó.
—Eso fue asombroso —susurró ella—. Quiero que volvamos a ser lo que fuimos. Porque si esto no cambia… me iré a la casa de mi padre. No quiero que nuestra vida juntos se sienta así para siempre.
Él la abrazó, le besó la frente.
—Lo lamento. Haré todo lo posible por esto.
—¿Qué te dijo Kakashi?
—Dijo que me daría una respuesta.
—No sabía que te sentías aburrida en la villa.
—Un poco. Necesito ocupar mi mente.
Esa noche durmieron abrazados, compartiendo el calor de sus cuerpos. Y por primera vez en mucho tiempo, el sueño llegó sin resistencia.
