LUNA DE PLATA
CAPÍTULO 8
La Tormenta de Arena
Canción: "La Tormenta de Arena" – Dorian

La villa Uchiha respiraba paz y tranquilidad. Hinata y Sasuke llevaban casi una semana compartiendo momentos agradables: cenas en pequeños locales de la aldea, largas conversaciones bajo la luna y silencios cómodos en el jardín de su hogar.

Hinata había empezado a descubrir muchas cosas de Sasuke. Aunque seguía siendo reservado, tenía una faceta casi infantil cuando se trataba de comida. Era un comelón y siempre revoloteaba en la cocina, observando atento cada movimiento de su esposa. Dormía con medias, leía antes de acostarse y se cepillaba los dientes cada vez que comía algo. Eran pequeños hábitos que Hinata redescubría poco a poco... y que le gustaban.

Desde el beso que se habían dado días atrás, no era raro que cayeran en esa misma acción. Sin embargo, la intimidad entre ellos aún no se había profundizado del todo. Esto frustraba a Sasuke, aunque tenía fe en que pronto todo sería como antes. Su vida sexual, antes del accidente, era activa. Sasuke era curioso, amante de lo nuevo y enemigo de la rutina. Hinata, aunque tímida, siempre buscaba aprender. De vez en cuando, dejaba su pudor de lado por él.

Esa mañana, Hinata ayudaba a Sasuke a empacar sus cosas para una misión que saldría al día siguiente.

—¿Cuándo empiezas en la academia? —preguntó Sasuke mientras doblaba una camiseta.

—El lunes —respondió ella, entretenida con su tarea.

—¿Y qué vas a hacer? —insistió, curioso.

—Voy a ayudar a Iruka con un plan de entrenamiento especializado en taijutsu —dijo, orgullosa.

—Pensé que los Hyūga eran muy celosos con sus técnicas.

—No será combate Hyūga. Es una mezcla de varios estilos —respondió tranquila.

—Mmm... —murmuró Sasuke, pensativo. Solo esperaba que no fuera nada arriesgado.

—Sasuke —lo llamó, dejando las prendas a un lado—, ¿seguro que tu misión no es peligrosa?

—No. Solo recolectar información —respondió con indiferencia.

—Pero… ¿no es arriesgado que vayas solo?

—No.

—Bueno... —se dio por vencida—. Solo quería decirte que esta noche saldré con Ino y Temari.

A Sasuke no le agradó del todo la idea, pero no podía oponerse. ¿Qué podía decirle? ¿"No salgas porque quiero estar contigo antes de partir"? No. Tenía que dejarla recrearse.

—Está bien —respondió.

Hinata sonrió y terminó de empacar unas pomadas.

Esa noche, las chicas se encontraron frente a Ichiraku y caminaron admirando lo bella que se veía Konoha bajo la luna. Después de un rato, entraron a un local para cenar.

—Shikamaru siempre me hace enojar —bufó Temari.

—¡Ay, Temari! En serio, tú y Shikamaru son el uno para el otro. Tan opuestos… Mira a Hinata y Sasuke. ¿Quién hubiera imaginado que terminarían juntos? —exclamó divertida Ino. Hinata se sonrojó y comió en silencio.

—¡Ahora, varias rondas de sake! —gritó Temari.

Hinata se negó rotundamente.

—No seas amargada, señora Uchiha. El único aguafiestas de la aldea es Sasuke, y él no está aquí. Sus malos hábitos se te están pegando —se quejó Ino.

Hinata cedió. Tomar era mala idea, pensó, sobre todo porque seguía medicándose.

Una botella más tarde, las tres reían por cualquier tontería.

—Hinata —Ino la llamó, dándole un codazo—. Ahora que Sai y yo somos novios, y lo hemos hecho... te puedo decir que el sexo es esencial. Deberías hacerlo con Sasuke. Aunque, técnicamente, ya lo han hecho, tú no recuerdas nada —Hinata asintió.

—Quiero, pero me da miedo...

—¿Miedo a qué? —preguntaron ambas.

—Se supone que lo sé, pero ahora no sé nada. No quiero que Sasuke espere algo... y no salga bien.

—Deja de pensar tanto. Solo déjate llevar —aconsejó Temari.

—Además, te gusta Sasuke. Y está buenísimo —añadió Ino.

—¿Qué creen que debería hacer?

—¡Otra botella para tener el valor de lanzarte encima de él! —exclamó Ino entre risas, secundada por Temari.

A medianoche, Hinata entró sigilosamente a casa. Llevaba los zapatos en la mano. Al llegar a su habitación, vio a Sasuke cerrando su libro.

—Eres una tonta —dijo sin rodeos—. ¿Qué hacías bebiendo, Hinata Uchiha? Ino es una mala influencia.

—No lo es —respondió con voz juguetona mientras se desvestía.

Mala idea, pensó Sasuke.

En ropa interior, Hinata se acercó lentamente y se sentó sobre él.

—¿Qué mier...?

—Silencio, Uchiha —susurró, como si el tiempo se hubiera detenido y la antigua Hinata hubiera regresado.

—Estás tomada. No es buena idea —trató de resistirse.

—Sí lo es. Porque te deseo —dijo, acercando su boca a la de él.

El beso fue torpe al inicio. Pero sus pequeños gemidos derribaron la última barrera de Sasuke. Sonrió y la colocó debajo de él.

—Yo te deseo más. Ardo por estar dentro de ti, mi amor...

Hinata tembló. Su cuerpo se estremecía, cálido, vulnerable, encendido.

—Sasuke... —susurró entrecortadamente.

—¿Tienes miedo? Tú empezaste esto.

—Sí... pero quiero hacerlo —respondió, decidida.

Cada beso de Sasuke, cada caricia, la transportaba a otro mundo. No sabía si era de día o de noche, lunes o martes. Solo existía él. Y cuando se unieron... sintió que moría de placer. El vaivén de sus caderas, el tacto, los besos desesperados. Se sintió venerada. Adorada. Y cuando llegó el estallido final, supo que ya nada sería igual. Te amo, murmuró Sasuke antes de que ella cayera en un sueño profundo.

A la mañana siguiente, Sasuke despertó con el ceño fruncido. El deseo había nublado su juicio. Hinata estaba borracha. Medicada. ¿Lo recordaría?

—Hinata, tenemos que hablar.

Ella se escondió bajo las sábanas.

—Hinata, me tengo que ir.

—Lo siento… lo de anoche... fui descuidada. No pude decirle que no a Ino.

—Estás medicada, no deberías tomar —dijo serio.

—Lo sé... lo lamento.

—¿Recuerdas lo que pasó anoche?

—Sí.

—¿Y…?

—No me arrepiento, Sasuke. Quería intentarlo desde hace días. Solo no tenía el valor.

—Entonces... tendré que agradecerle a Ino —respondió él, sonriendo.

—Trata de volver antes, por favor —pidió ella.

Él asintió y besó su frente.

—Cuídate. Y nada de más sake —dijo, palmeando su cabeza.

Hinata sonrió. Lo vio partir desde la ventana, envuelta en la sábana. El corazón le latía fuerte. El sexo es maravilloso, pensó... a pesar del dolor de cabeza.

Ese día, Hinata decidió hacer una limpieza a fondo en la mansión Uchiha.

Mientras acomodaba el cuarto de Itachi —al que no había entrado desde que salió del coma—, notó una capa de polvo. Parecía un lugar vetado, intocable. Al girarse, vio su bolso de misiones. Extrañada, lo tomó.

Horas más tarde, al pasar por la sala, vio el bolso sobre el sofá. Lo abrió. Dentro había pomadas, su bandana, kunais... y unas pastillas. Abrió otro compartimento y encontró una prueba de embarazo, con un ticket de compra que decía "Suna", fechado meses atrás.

La tomó. ¿Acaso ella...?

Un recuerdo la golpeó con fuerza:

—Estoy embarazada —decías, mostrando la prueba. Él no la tomó. No lo necesitaba.

—No quiero que ese bebé me odie, Hinata. Antes quería reconstruir mi clan. Pero te dije que no quería hijos.

Se quitó la capa y se acostó a tu lado. Silencio. Tu llanto rompió la noche.

—¿Quieres que aborte? —preguntaste, con el alma rota—. ¿Eso quieres? Porque no lo haré, Sasuke...

Hinata se quedó inmóvil, la prueba temblando en su mano.

Con el corazón destrozado, tomó sus cosas y salió de la habitación.

No quería ver a Sasuke.

NUNCA MÁS.