LUNA DE PLATA
Capítulo 9 – Quiero saber…
Canción sugerida: Do I Wanna Know – Arctic Monkeys
Las ganas de llegar a casa eran incontrolables. Nunca antes había sentido esa ansiedad por volver a su aldea. Esta vez, la razón era distinta: sabía que alguien lo esperaba. Solo eso le bastaba para sentirse animado, y más aún ahora, cuando todo parecía estar volviendo a la normalidad. Durante toda la misión, su mente no dejaba de reproducir imágenes de las caricias compartidas, de sus manos recorriendo cada curva de su esposa. Era embriagante, como el mejor vino añejo que hubiera probado. Ella era una diosa, más aún cuando se sonrojaba y respiraba agitadamente bajo su tacto. Amaba cómo respondía a él. Sus labios eran adictivos, sus senos, dos montes suaves que sus manos jamás se cansaban de explorar. Nunca era suficiente; cada vez que la probaba, anhelaba más. Era una maldita bendición ser su hombre… y cada vez que estaba dentro de ella, lo recordaba con orgullo. Ese lugar era solo suyo.
A las doce del mediodía, el Uchiha cruzó las puertas de Konoha. Todo parecía en calma, y eso le tranquilizó. Sin embargo, en su camino hacia la torre del Hokage fue interceptado por el rubio de siempre.
—Teme —saludó Naruto—. Llegaste antes de tiempo.
¿Por qué siempre lo recibía así? Casi parecía estar pendiente de su llegada.
—Sí… —respondió Sasuke con tono distraído.
—Todo está bajo control en la aldea, todo gracias a mí —dijo Naruto con una sonrisa orgullosa.
—¿Has ido a la villa Uchiha? —preguntó Sasuke. Recordaba que, antes de partir, solían desayunar juntos, como en los viejos tiempos con Hinata.
—Fui hace dos días, pero Hinata no abrió. Estuve tocando casi media hora. Supongo que no estaba. Tenía semanas sin ir, estaba ocupado ayudando a Kakashi-sensei —comentó sin darle mayor importancia.
Sasuke supuso que ella estaría en la academia en ese momento.
—Voy a entregar el informe a Kakashi —le informó, y añadió con una sonrisa maliciosa—. No pases por la villa, tengo asuntos pendientes con Hinata.
—¿Qué? ¿Qué van a hacer? —Naruto frunció el ceño, luego abrió los ojos al caer en cuenta—. ¡Oh por Dios! Sasuke, ¿tú hablando así? No lo creo…
Sasuke desapareció en una nube de humo. Necesitaba llegar a casa. Después de entregar su reporte, decidió comprar flores. Quería sorprenderla. Eligió el ramo más grande de rosas rojas en la floristería más cercana, aunque no fuera la de los Yamanaka. Sonrió para sí mismo: nunca había hecho algo así, y aunque fuera cursi, Hinata lo merecía. Lo entendía ahora: no bastaba con amar, había que demostrarlo de todas las formas posibles.
Todo parecía en orden al llegar a la villa Uchiha. Pero ya nada era como antes. Ahora tenía una verdadera razón para volver.
Al entrar, una ráfaga de aire frío le acarició el rostro. Dejó las flores y el bolso de misiones en el sofá. Subió las escaleras. Al abrir la puerta del armario, se congeló: la ropa de Hinata ya no estaba. Se sentó en la cama, tomó un jarrón de la mesita de noche y lo estrelló contra la pared.
¿Por qué? ¿Lo había dejado? ¿Por qué?
Se levantó con rapidez y revisó el fondo del clóset. Allí encontró el bolso de misiones de Hinata. Lo abrió. Dentro estaba la prueba de embarazo… y el ticket de compra. Apretó ambos objetos con fuerza. Ella lo sabía. Pero entonces, ¿qué había recordado para irse así? No hacía falta pensar demasiado. Era evidente…
En otro rincón de la aldea
Desde antes del amanecer, Hinata estaba despierta. Acostada en posición fetal, abrazaba una almohada. Otra noche sin dormir. Sus ojos hinchados y rojos eran el reflejo de su dolor. Cada recuerdo desde que salió del hospital pesaba en su alma: cada detalle de Sasuke, cada gesto… dolía. Tocó sus labios, recordando su último beso, el día que se entregó a él. Había soñado con su regreso, pero lo que encontró fue decepción. Había pensado en esperar y hablarlo, pero el dolor era más fuerte. Quería estar sola. Tal vez, lo mejor era alejarse.
Se sentó en la cama. Un mareo la sorprendió. Justo en ese momento, Ino apareció.
—Hinata, amiga, luces fatal —dijo preocupada.
—Solo fue un mareo, me levanté muy rápido. Lo siento, Ino, no quería molestarte —murmuró.
—No eres una molestia, pero me duele verte así. No quiero que te deprimas.
—Sinceramente… me siento mal. Muy mal —confesó Hinata.
—Tal vez si me cuentas qué pasó con Sasuke, podría ayudarte —insistió Ino con suavidad.
—Lo siento, Ino. No puedo hablar de eso —dijo con un suspiro.
—Está bien, Hina. Cuando estés lista, estaré aquí. Para eso están las mejores amigas.
Hinata sonrió conmovida. Era justo lo que necesitaba escuchar.
Ino salió rumbo a la floristería. Hinata se quedó sola, con su tristeza desbordando por cada parte de su cuerpo.
Esa noche, en la villa Uchiha
Todo por lo que había luchado parecía derrumbarse. Sasuke amaba a Hinata, pero quizá… lo mejor era dejarla ir. Ella debía sanar, a su propio ritmo. Sabía que esa Hinata —la que había despertado del coma— sentía algo por él. Pero ¿sería suficiente para reconstruir lo que una vez tuvieron? Habían estado juntos físicamente, sí. Pero eso no bastaba.
A lo lejos, vio a Naruto acercarse. No tenía ánimos, pero no lo ahuyentó.
—Teme… ya me enteré que Hinata se fue —dijo con pesar.
—Sí… —respondió Sasuke, sin apartar la mirada del suelo.
—Si quieres, puedo ir a hablar con ella…
—Ella debe haber recordado algo que la hizo huir. Ni siquiera fue capaz de enfrentarme.
—Tú sabes cómo es Hinata. Aún así, creo que deberías buscarla —sugirió Naruto.
—No, ya tomé mi decisión. La dejaré ir… —murmuró.
—Tienes que luchar por ella. Tú la amas, y ella a ti —insistió su amigo.
—Sí, pero ella no lo recuerda.
—Pero está comenzando a hacerlo. Puede que yo sea despistado, pero te lo aseguro: te mira diferente ahora.
Sasuke quería creerle. Pero no quería forzar nada.
—Hoy me toca ceder. Lo hago por ella.
—Sabes que cuentas conmigo, teme.
—Lo sé, dobe…
Cinco días después
Desde un tejado, Sasuke la vio. Estaba en el patio de la academia, entrenando a un grupo de jóvenes. Se la veía normal, como si nada hubiese pasado. Ella se detuvo, como si lo sintiera. Sus miradas se cruzaron por unos segundos. Pero bastaron. Hinata desvió la mirada y él siguió su camino, molesto. ¿Tan poco había significado para ella?
Veinte días después
Veinte días desde aquella mirada. Hinata no dejaba de pensar en él. Se había convencido de que él la buscaría… pero no ocurrió. Y ella tampoco hizo nada. La angustia crecía. Había regresado a casa de su familia hace unos días. Su padre la recibió con un suspiro; su hermana, Hanabi, fue más directa: debía enfrentar a Sasuke. No podía seguir esperando.
Tenía razón.
Una nueva determinación se apoderó de ella. Se vistió y salió rumbo a la villa Uchiha. Entró sin tocar. Todo seguía igual… menos las flores. Rosas rojas marchitas en el comedor. Se acercó, dudosa, pero entonces Sasuke salió de la cocina. Se miraron.
—¿Qué haces aquí? —preguntó, frío.
—Necesito que hablemos…
—¿Tenía que pasar un mes para que tomaras valor? —Su tono era duro.
—Lo siento…
—Hyuga, creo que lo mejor es que te vayas.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Vi la prueba de embarazo… y el ticket. Recordé lo que dijiste, que no querías al bebé. Y… el bebé no existe. ¿Qué pasó con él?
Una lágrima se deslizó por su mejilla.
—Sé lo que dije… Mejor márchate.
Continuará…
