Sombras en Movimiento

Un joven de cabello ligeramente largo se sienta pesadamente en una silla que, aunque cómoda, rechina al aceptar su peso. Su aspecto denota cansancio, como si no hubiera descansado lo suficiente en los últimos días. A pesar de llevar ropa ligera, aún porta su armadura, o al menos el peto, desgastado pero presente, más como un símbolo que como una verdadera protección.

"Nada indica que las tribus de la arena del norte nos apoyarán en esto", dijo una voz femenina con un tono severo.

"No podemos culparlos. Durante años, su neutralidad los ha mantenido a salvo, incluso durante las guerras de conquista", respondió una voz varonil y profunda.

"Tienes a tres de las cuatro doncellas. Solo envía a una que muestre su poder y los ponga de nuestro lado", intervino una mujer de cabello negro, largo y salvaje.

"Nunca es buena idea amenazar con destrucción a quienes quieres como aliados", respondió el joven sentado tras la mesa, la cual estaba cubierta de papeles y lo que parecía ser un mapa de Vacuo. "Además, es demasiado peligroso enviar a una doncella justo ahora. Cinder lo estará esperando".

"El único uso que le hemos dado al poder de las doncellas ha sido para mantener los cultivos. Incluso la doncella de Verano ha empezado a mostrar molestias", comentó otra persona en la sala, quien permanecía sentada con una elegancia imperturbable, como si el calor del desierto no le afectara.

"Iré personalmente", dijo el joven poniéndose de pie.

"Estas son tribus antiguas. Durante años han intentado restaurar la monarquía, poniendo como líder a cualquiera que tenga un mínimo de sangre real en sus venas", señaló un hombre que parecía estar mucho más cómodo que los demás en la sala. "Si les decimos quién eres y con el trabajo que han venido haciendo Qrow y Robyn, será pan comido".

"Raven es la única capaz de moverse sin ser detectada", añadió el joven mientras ajustaba una reluciente espada a su cintura. "Solo me acompañará ella, mientras Winter tomará el liderazgo".

"Jaune, ¿seguro que podemos arriesgar dos cartas tan importantes?", preguntó otro de los presentes, un joven que apenas parecía un adolescente.

"Sabes perfectamente que no me gusta poner a los demás en riesgo, pero si seguimos esperando, ni el poder de las tres doncellas juntas podrá detener el avance de Salem", dijo con determinación. "Agradezco tu preocupación, Oscar, pero llevo conmigo dos de las armas más poderosas".

Con esas palabras, tomó la empuñadura de su arma y miró a la mujer de cabello rebelde, quien le devolvió una sonrisa. Sin dudarlo, desenfundó su espada, y un portal carmesí se abrió ante ellos.

"No sé cómo hace Cinder para saber siempre dónde estamos... pero si viene por mí esta vez, será la última", dijo con confianza antes de atravesar el portal. La mujer lo siguió con toda tranquilidad.

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"Sabía que no debíamos mentirle al director", se quejaba Weiss mientras caminaban tras salir del despacho de Ozpin.

"No podíamos decirle que Blake es una faunus si ella no quiere", respondió Yang con tranquilidad, acariciando las orejas ocultas de Blake.

"Gracias, chicas, pero estoy segura de que él ya lo sabe. Tengo esa impresión", comentó la exmiembro de White Fang.

"Yo también tengo esa impresión. ¿Tú qué opinas, Ruby?", preguntó Weiss, sacando a su líder de un aparente pensamiento profundo.

"¿Eh?... Sí, es decir... ¿qué? ¿De qué estábamos hablando?", respondió Ruby, confusa.

"Has estado así desde que hablaste con el director. ¿Qué te dijo?", insistió Weiss, acercándose peligrosamente a ella.

"En realidad, nada... pero fue como si insinuara algo que sospecho desde hace unos días", respondió Ruby, esquivándola con su Semblance, casi como si quisiera evitar que Weiss la mirara de frente.

"¿Algo grave?", preguntó Blake, más preocupada por Ruby que por la situación en sí.

"¡Nope!", respondió Ruby con un tono demasiado despreocupado, como si de repente hubiera recuperado la energía.

"¡Oh, hermanita! Sabes que puedes contarle cualquier cosa a tu querida hermana mayor", dijo Yang con una sonrisa mientras rodeaba a Ruby con un brazo y la abrazaba por el cuello.

"La última vez que hiciste eso, Blake se enteró de que rompí su libro", gruñó Ruby, intentando liberarse del agarre de su hermana.

"Se enteraría tarde o temprano", comentó Blake, haciendo un gesto con la mano como si no tuviera importancia.

"¡Eras la única que lo sabía!", exclamó Ruby, logrando soltarse finalmente.

"Bien, es suficiente. No quiero más problemas hoy", interrumpió Weiss, colocándose entre ellas. "No he dormido, no me he bañado en las últimas 12 horas... Hasta que logre ambas cosas, nada de problemas".

"Eres aburrida", dijo Yang, ganándose un quejido molesto de la adolescente de cabello blanco.

Mientras avanzaban por el pasillo hacia las habitaciones que compartían, notaron a Summer y Penny acercándose.

"La verdad, necesitaba llenar el estómago. Y además, encontramos el camino de regreso. Son dos triunfos si me preguntas", decía alegremente Summer mientras caminaba junto a la joven de pecas. "¿Segura que estás bien sin desayunar?".

"Sí, sin problemas. No necesito alimento por las próximas horas", respondió Penny con un tono algo extraño.

"Eres rara... pero muy linda", dijo Summer antes de abrazarla. Aunque Penny era más baja, para Summer se sentía sorprendentemente más pesada de lo que aparentaba.

"¡Hey, Summer!", saludó Ruby al acercarse a las dos extranjeras.

"Hola, Penny. ¿Cómo estás? ¿Qué tal la charla con el director?", preguntó con curiosidad.

"Bien, creo. Unos cuantos regaños de la profesora enojona, pero todo bien", respondió Summer con tranquilidad y una ligera sonrisa.

"Sí, Glynda es lo opuesto al director, pero esmuy profesional. Solo que es gruñona, ya te acostumbrarás", decía Ruby mientras también abrazaba a Penny.

El resto del grupo las saludó mientras caminaban en la misma dirección, ya que las habitaciones de los dos equipos de primer año estaban una frente a la otra.

"¿Cuánto más compartirás habitación con el equipo JNPR?", preguntó Blake con curiosidad.

"El resto de mi equipo llegará en los próximos días, y Summer será mi invitada y la de la señorita Schnee", respondió Penny orgullosamente.

"¿Mi hermana va a venir?", exclamó Weiss con sorpresa, ajustándose rápidamente la corona que usaba como moño en su cabello.

"Efectivamente, la especialista será una de las invitadas de honor, así lo dijo el general", afirmó Penny, acercándose a Weiss y levantando un dedo con determinación.

"¿Mi hermana... en Beacon?", Weiss tenía una mezcla de nervios y alegría en su voz.

"¡Bien, reunión de equipo!", declaró antes de arrastrar a Ruby por el cuello. Las demás la siguieron sin dudarlo.

"Winter, ¿eh?", comentó Summer con una sonrisa. "Me pregunto cómo será", murmuró mientras abría la puerta de la habitación que compartía con Jaune y los demás.

"¡Llegaste!", exclamó Nora, lanzándose sobre la rubia como un sabueso y derribándola en el proceso.

"Nos enteramos de lo que pasó. ¡Debes estar muy asustada, triste y hambrienta!", decía efusivamente mientras frotaba su cabeza contra el pecho de Summer.

"Calma, creo que está bien", dijo Ren con tranquilidad, cruzado de brazos. Luego, con aparente facilidad, levantó a ambas adolescentes del suelo.

"¿Cómo se enteraron?", preguntó Summer, algo sorprendida.

"¡Pyrrha nos contó!", respondió Nora, aún aferrada a la chaqueta de Summer.

"Bueno, fue una noche complicada, pero Jaune estuvo increíble", comentó, tomando a Nora de las manos y atrayéndola con entusiasmo.

"¿¡Jauny!? ¿¡Nuestro Jauny!?", exclamó Nora, pegando su mejilla a la de Summer con emoción.

"¡Debiste haberlo visto! Saltó sin miedo contra los enemigos y blandía su espada como un auténtico guerrero... creo", relató Summer con admiración.

"Y ella es Penny. Al parecer será mi compañera mientras esté en Vale", añadió, mientras Penny, tras una breve pausa, también se sumaba al abrazo grupal.

"¡Me encantan los abrazos!", exclamó la joven Polendina con entusiasmo.

"Parece que el resto del equipo está en la base", comentó Jaune al llegar junto a Pyrrha.

"¡Pyrrha!", gritó Nora con emoción.

"Hola de nuevo", saludó la pelirroja antes de presentarse a la nueva integrante del grupo. "Soy Pyrrha".

"Penny", respondió la otra joven. "He visto muchos de tus entrenamientos y combates. Eres bastante sorprendente", agregó mientras estrechaba su mano.

Nadie más lo notó, pero Pyrrha no pudo evitar que su Semblance se activara en ese momento.

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"Oh, Román, sabes cómo decepcionar a una mujer", decía una elegante dama con un vestido rojo.

"Bueno, no lo escucho muy seguido", respondió con tono cómico el hombre del habano, mientras apagaba el resto del cigarro con el talón de su zapato.

"Podemos ver quién decepciona a quién", agregó el con una sonrisa que aparentaba ser seductora.

"No trates de pasarte de listo", lo increpó uno de los ayudantes de la mujer, una joven de cabello verde.

"Calma, niña, los adultos están hablando", dijo Román, levantando las manos en rendición mientras la cuchilla de la joven se posaba en su garganta.

"Basta, Emerald. Aún lo necesitamos con vida", ordenó severamente la mujer.

"Pero Cinder, este payaso fracasa en todo lo que intenta. Sería más útil muerto", replicó Emerald, sin apartar su arma.

"He dicho suficiente", sentenció Cinder, acentuando sus palabras con un tono gélido.

"Tengo el juguete del general en mis manos", dijo Román, buscando suscroll, el cual la bronceada joven ya le había arrebatado.

"Bribona, Ciertamente eres hábil", comentó con una risa, reclamando su dispositivo.

"Lo sé, selecciono bien a mis ayudantes", Dijo Cinder, "Tu siguiente misión será usar los contenedores sobrantes en las vías subterráneas", continuó Cinder con su habitual compostura.

"Aparte de mí, nadie sabe operar aún esas máquinas", dijo Román, revisando unas imágenes en suscroll.

"Pues entonces enseñas", intervino el otro ayudante. "No parece que tengas nada más a tu favor", añadió mientras se acercaba, sus pasos resonando con un sonido mecánico.

"Envíame unos cuantos de esos terroristas y veré qué puedo hacer", respondió Román con desgano.

"Esta vez no. Tendrás tus hombres, pero no liderarás el ataque", dijo Cinder apresuradamente.

"¿A qué te refieres?", preguntó Román sin mostrar molestia alguna.

"Yo me haré cargo de los míos", respondió con voz grave un hombre que portaba una máscara. Hasta ese momento no había hablado, al punto de que Román pensaba que era otro lacayo más.

"Sabes, me quejaría con Recursos Humanos... si tuviera uno. Pero estoy de acuerdo, no puedo tratar más con esos tipos", comentó con sarcasmo.

Apenas terminó la frase, una larga espada roja se dirigió a su cuello, pero fue detenida en el último instante por una delgada katana. Más sorprendente aún era que una pequeña mujer de ojos dispares se había materializado de la nada, deteniendo el ataque con un mínimo esfuerzo.

Todos quedaron paralizados por la sorpresa, excepto Román, que parecía de lo más tranquilo.

"Ese es un saludo extraño", comentó con indiferencia, encendiendo un nuevo habano.

"Cuida tus palabras, basura", le advirtió el hombre de la máscara con tono amenazante.

"Lo tendré en cuenta, gracias por el consejo", respondió Román, soltando una nube de humo.

El hombre, visiblemente molesto, retiró su arma y la envainó antes de marcharse con pasos firmes hacia la puerta de lo que parecían ser unas oficinas en la ciudad.

"Sigue las órdenes y todo estará bien. Pero vuelve a fallar y personalmente te arrancaré esa sonrisa", fue su última advertencia antes de desaparecer tras la puerta.

"Bien, entonces, ¿cuál es el plan?", preguntó Román, sentándose teatralmente en el sofá seguido de la joven de cabello roja y café que cambio su serio rostro por uno más amigable.

"Emerald, Mercury, vayan con Adam", ordenó Cinder, también tomando asiento.

"Ya la oyeron, los adultos van a hablar", dijo el hombre del bombín con una sonrisa y un guiño.

Emerald respondió con un gesto de asco.

"Los niños de hoy en día, ¿eh?", bromeó Román con una media sonrisa, exhalando una última bocanada de humo. "Entonces, ¿para qué puedo ser útil esta vez?"

"Román, sabes que eres una pieza fundamental en mis planes, aunque no aprecio mucho tu... peculiar sentido del humor", respondió Cinder mientras encendía un pequeño fuego en su mano.

"Me halagas. Esas palabras suenan sinceras... y no lo digo por decir", comentó Román, adoptando un tono más serio. "Pero siempre hay un 'pero' en esas oraciones", añadió con una sonrisa ladina.

"Así es", confirmó la mujer. "Me temo que necesito que te involucres más".

"¿Cuánto es 'más'?", preguntó Román, arqueando una ceja.

"Mucho más de lo que crees", aseveró Cinder mientras apagaba el fuego en su mano.