1. Caída desde un sueño

"Soñando con la ilusión de permanecer juntos;

¿por qué mi corazón parece tener miles de años?

Solo por esta fría noche oscura.

Siempre recordaré el momento antes de que todas las flores cayeran"

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La miseria de un corazón roto le atravesó el pecho cuál si fuera una estocada mortal.

El dolor era lacerante como la mordida del fuego e igual de persistente, según descubriría horas más tarde.

Cuando acompañada de una botella de vino, rememoraba el jodido momento en que (quizá por decreto de alguna presencia divina), las personas en el vaivén de la atmósfera de aquel baile, despejaron una pasarela que la mirada de la joven fue siguiendo hasta desembocar en dos personas.

El hombre al que amaba cobijando en sus brazos a una mujer que no era ella, que al parecer nunca sería ella.

Rememorarlo hizo que la amargura le regresara a la garganta y obstinada dio un mordisco a su trozo de carne, tragándolo con vino para engañarse. Pero no había sabor en su boca y la bebida no empañaba su memoria.

Ahí estaban de nuevo los recuerdos. El compendio de aquellos momentos que le hicieron creer que existía un futuro con él: las visitas a su padre, los saludos en los bailes, las miradas audaces en misa y las notas suplicando por encuentros secretos que nunca quiso aceptar.

Una sonrisa torcida le decoró los labios al pensar que había hecho bien en negarse y no comprometer su reputación por alguien que al final no lo valdría.

Sus labios acariciaron nuevamente la copa antes de vaciarla cuando escucho el sonido de la puerta al abrirse. Identifico al instante los pasos y se cuestionó la decisión de haber compartido con los dueños de los mismos el acceso a aquella habitación privada.

—Te lo dije, hundida hasta el fondo en su miseria.

Pronunció jovial una joven, tomando lugar a su izquierda, al mismo tiempo un muchacho se acomodó a su derecha y familiarmente le puso una mano en el hombro consiguiendo que volteara a mirarlo.

—Venga no vas a encerrarte aquí por esto.

Pronunció gentil acariciándole la mejilla, su voz era suave como el siseo de una serpiente y su sonrisa amable. La joven de cabellos oscuros torció el gesto, se alejó de su caricia y cruzó sus brazos.

—Puedo...

—¡Y lo hará! ¡sólo mírala!

La interrumpió su amiga y esbozó una sonrisa divertida mientras le confiscaba la botella de vino, la otra quiso recuperarla, pero la pelirroja ya había puesto distancia entre ambas mientras se reía.

El muchacho las contempló negando lentamente con la cabeza. Exhaló resignado y parsimoniosamente comenzó a encender las velas de la habitación que hasta entonces únicamente había estado semiiluminada por el resplandor de la chimenea.

La luz le permitió contemplar a las doncellas en su pequeña lucha. Adelais correteaba por la habitación esquivando ágilmente las intentonas de la joven de cabellos negros por recuperar su bebida, sin éxito hasta el momento.

La sonrisa del joven se ensanchó, tenía un aprecio muy particular por ambas. Siendo hijos de familias importantes en la ciudad, habían tenido la oportunidad de crecer juntos para estrechar las alianzas. Pero más allá de aquella política, la realidad es que se habían tomado cariño por ellos mismos como personas.

Personas…

Loukanos jamás olvidaría cuando los años empezaron a acentuar sus diferencias. Entendió lo que era la belleza cuando se aposento en los cuerpos de aquellas a quienes consideraba sus hermanas.

Más temprano que tarde, se encontró desconociendo sus sentimientos. Pues atestiguó la transformación de aquel eterno efecto, amalgamándose en una mezcla que generaba reacciones y sensaciones distintas en su cuerpo.

Tuvo que documentarse, investigar, preguntar y aprender. Entonces entendió el amor.

—Hey Luka! Ayúdame, ¡piensa rápido!

Exclamó la pelirroja arrojándole la botella. En respuesta al aviso, el joven la atrapo con habilidad y acto seguido, se empino el contenido para vaciarla antes de que fueran a reclamarla, provocando un lamento y más risas.

Para cuando sus labios abandonaron el cristal, las jóvenes ya estaban frente a él. Divertido puso la botella sobre la mesa antes de devolverles su atención.

Ambas eran hermosas y él sabía que las ofertas para obtenerlas como esposas ya habían iniciado. Familiarmente le paso la mano por el cabello a la preciosa Alis felicitándola por su destreza.

Era una joven activa, astuta y decidida. Estaba seguro de que como esposa se haría con el control de la casa y la voluntad de su marido, aunque el sujeto en cuestión estaría seguro de tener el poder.

—¿Cómo has podido? Era de nuestra mejor cosecha y no podre robarme otra fácilmente.

La voz llegó de tan cerca que por un momento lo sacó de balance. Al voltear, ahí estaban los hermosos ojos de un azul que recordaba el cielo por las mañanas. Luka usó todo su autocontrol para evitar hacerse para atrás y reacomodó la sonrisa.

—No te preocupes querida Marrine, encontraré la forma de retribuir tan preciado regalo.

Pronunció encantador con un dejo de cinismo. La muchacha inflo los cachetes en un mohín ofendido que consiguió de él una pequeña risa y el gesto familiar de también despeinarle los cabellos.

Había hecho lo mismo con Adelais pero en este caso su mano se regocijo con el suave tacto de aquellas hebras tan oscuras cómo la media noche, con parsimonia abandonó la testa y resbalo descuidadamente hasta la mejilla, donde se detuvo un instante apenas (en el que sus miradas se sostuvieron) antes de retirarla.

Sólo entonces se alejó de ella creyendo que el gesto no parecería una huida. La estrategia fue la correcta, pues ninguna de las dos lo miró de manera suspicaz, continuando con su conversación mientras él se permitía temblar nervioso al abrigo de las sombras de la habitación.

Hacía mucho que había sentenciado cómo inútil, todo esfuerzo por negarse al hecho de que era a Marrine a quien amaba. En algún momento había fantaseado con desposarla y vivir juntos en dialetio. Pero, si bien la posibilidad no le estaba del todo negada, la realidad le había convencido de que nunca sería correspondido.

Y aún estando consciente de que amarse el uno al otro no era un requisito indispensable para el matrimonio. La verdad, no se veía capaz de unirse a ella sabiendo que no lo amaba. No al menos cómo él lo habría deseado.

Pasado tal punto, desechó la posibilidad y opto por centrase en cultivar su lazo de "hermanos". Ahí donde gozaba no sólo de su afecto, si no, por sobre todas las cosas, de su confianza.

A excepción del Todopoderoso, solo él podía jactarse de conocer todos sus secretos y sin temor a condenarse, podía jurar que nadie más hasta entonces, merecía tal derecho.

—Me siento estúpida por haberlo creído—. Confesó finalmente la pelioscura al menos una hora más tarde, después de que sus amigos habían estado tirando de sus palabras hasta lograr que vomitara todas sus penas.

Alis entonces exhaló ostentosamente, se apartó de la mesa y caminó por la habitación extendiendo los brazos como si ofreciera un agradecimiento a un publicó imaginario. Después le dedicó una reverencia a su prima.

—Menos mal que ya ha terminado. En honor a la verdad no sólo te engaño a ti. Mi tío también parecía bastante persuadido. Hasta consideré convencer a Loukanos de pedir tu mano con tal de que no te desposaran con esa basura.

Exclamó la pelirroja divertida, el comentario tomó por sorpresa a los implicados que la miraron alarmados, negando vehemente. Adelais se encogió de hombros. Ella había notado los sentimientos de Luka quizá antes de que él mismo los entendiera y le seguía pareciendo una tristeza que se hubiese dado por vencido.

Con toda la intención de olvidar el comentario de Alis, el muchacho de ojos aquamarina carraspeó.

—Marrine querida para olvidarnos de ese mal rato, nada como cubrir los malos recuerdos con unos nuevos y brillantes. Está noche hay un baile.

—¿Baile?

—Sí, sí. ¡Baile!

Sonrió la pelirroja dando un par de saltitos y haciendo una reverencia.

—No estoy segura, de estar para bailes —se quejó Marrine —¿Dónde es? —preguntó obligada por la expresión de sus compañeros.

—En la casa Agrestis.

Pronunció Luka. Todo rastro de posible diversión abandonó el rostro de la chica de cabellos de medianoche.

—¿Estás loco? ¿Cómo entraríamos ahí?

Gruño propinándole un golpe en el brazo, Luka sonrió sardónico mientras se pasaba la mano por la extremidad agredida. Alis se acercó y paseo un objeto de tela frente a los ojos de su prima.

—Con máscaras.

Sonrió.

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Muy bienvenidos sean al primer capitulo de este fanfic.

La idea es una especie de Romeo y Julieta basado en la obra de Shakespeare y el musical de Gérard Presgurvic. Le he hecho algunas adaptaciones a los nombres para que queden más "italianos", aquí abajito les dejo las equivalencias para que no se me confundan y también quiero que visualicen a Marinette con la apariencia que tiene de Lady Noire, es decir su cabello más oscuro y con la trenza larga, pero con sus ojos de siempre.

Con respecto al capítulo, en la edad media cuando se referían al dialetio se trataba del amor honesto y comprometido en el matrimonio, por lo que creo que quedan claros los sentimientos de Loukanos.

La frase del principio es un trozo de una canción llamada "What If We're Like This for Ten Thousand Years" de Huang Xiaoyun.

Espero que se diviertan leyéndolo y me dejen algún comentario.

Equivalencias

Marinette originalmente tiene un significado relacionado con el mar, así que lo dejo como Marrine

Alix tiene que ver con "nobleza" y queda como Adelais y de cariño Alis

Y bueno Loukanos es Luka