Albus Potter caminaba cabizbajo hacia su destino, recorriendo varios pasillos que ya había recorrido cientos de veces. Además, por eso, sabía orientarse hasta casi en la más absoluta oscuridad. Sus ojos verdes parecían tener luz propia mientras la negrura se había comido por completo su figura. Se aseguró rápidamente de que no habría nadie más rondando por allí cerca y llegó hasta el tapiz de las criaturas con tutú rosa.
Pasó tres veces por el mismo lugar, sin ocultar su nerviosismo, al, por rara vez, no tener que hacerlo, mientras pensaba: "necesito encontrar el lugar donde se encuentra el Ejército de Merlín para reunirme con él" "necesito el lugar donde se encuentra el Ejército de Merlín para reunirme con él" "Necesito...
Y el tapiz se esfumó. En su lugar, apareció una enorme puerta de madera, con ornamentaciones quemadas y desfiguradas, como si algo horrible les hubiera ocurrido tiempo atrás, pero la madera fuera lo suficientemente fuerte y legendaria como para haber aguantado un daño fatal.
No podía perder más tiempo. Abrió la entrada y se precipitó dentro (siempre echando miradas hacia atrás, para comprobar que nadie le miraba. Había que ser precavido)

Lo primero que vio fue el espejo que habían colocado inteligentemente en la entrada de su santuario particular. Si alguien no pertenecía al EM, fuera quien fuera, sería detenido rápidamente, ya que la superficie reflectante daría la alarma y, mediante un sortilegio en el que Rose había estado trabajando todo aquel verano de locos, los collares de chapa que tenían todos los miembros propagarían la alerta. Esperó hasta que el espejo terminara de confirmar que él era realmente Albus Potter. Mientras, se observó.
Había cambiado bastante físicamente. Si con quince años se veía débil, enclenque y bajito, aunque la situación tampoco hubiera dado un giro radical, sí que había cambiado en dos años. Ahora era un poco más alto. No demasiado, pero ahora su tamaño ya no era como para acomplejarse, como antes. Su pelo, antaño caído sobre la cara, sin ninguna gracia, tenía más forma y varios mechones sueltos caían sobre su frente, premeditadamente. Su cuerpo había cambiado. Era delgado y flacucho, sí, pero sus hombros eran más anchos y su cara se había endurecido. Ya era un adulto. Aunque últimamente pareciera que no se comportaba como tal, pensó, para sí.
Comprobado que no había ningún problema, accedió a donde iba a tener lugar una importante reunión del E.M.
-¡Al, ¿Dónde te metiste?!- le reprochó Rose, acercándose a él.
El chico observó la sala. Estaba casi llena.
-Tenía una reunión con el equipo de Gobstones.
-Merlín-maldijo, agobiada- pues diles que se den un poco más de prisa la próxima vez-comentó, nerviosa-¡Atención, callaros! ¡Ya podemos empezar!
Albus no había estado en una reunión del equipo de Gobstones. Había mentido a su prima.
En realidad, sólo había estado pensando. Su mirada se paseaba nerviosa por todo el lugar, buscando a alguien.
Y la encontró. Y sus pies empezaban a andar hacia ella, casi inconscientemente. Tenía el pelo recogido en una coleta alta e iba vestida como
una muggle. Pantalones vaqueros claros, rotos por la zona de la rodilla, y ajustados en toda la pierna, deportivas negras, y una camiseta del mismo color que ponía "Merezco esto" en enormes letras blancas.
Cuando no ya estaba a mucha distancia de ella, notó que sus miradas se cruzaron por un momento. Un segundo. Un instante que escarchó el tiempo.
Pero ella desvío su atención de él rápidamente, rompiendo el contacto. Indiferente. Quizás muy dolida en el fondo. Puede que demasiado enfadada con él para mirarle siquiera. Se sintió una basura. Patético. Poca cosa, como siempre.

Lo había fastidiado todo.
Pero iba a arreglarlo. Tenía que hacerlo.
Alguien se lo impidió. O lo intentaba.
Lily.
Detrás de ella, un Scorpius Malfoy cabreado lo miraba sin tapujos. Solo la chica, casi dos años más joven que ambos, impedía que se enfrentaran para lo que Albus supuso que sería una cadena de reproches y amenazas por parte de Malfoy que no se sentía con ánimo de aguantar. Aunque lo mereciera.
"Merezco esto"
-Cálmate, Scorpius, por favor-le suplicó Lily, mientras mantenía la mano izquierda en el pecho del Slytherin.
Él movía su mandíbula sin quitar la vista de Albus, alzando la cabeza.
-Albus, mantente alejado-dijo la chica, esta vez a su hermano, aconsejándole. U ordenándole-Sea lo que sea lo que intentas, ahora no es el momento.
-Si es que ya no puede estropearlo más-reprochó sin poder aguantarse Scorpius, duramente-¿o has venido a decepcionar a más gente?
-Scor...-suplicó una vez más Lily, con una pizca de amenaza. Albus seguía siendo su hermano, y aunque no quisiera, estaría de su parte. Más o menos.Él se calló.
-¿Vais a dejarme hablar, o vais a seguir con esto mucho tiempo?-intervino él, molesto. Luego se arrepintió. Quizás no tenía derecho a estar ofendido.
-No. Tú y yo hablaremos después. Pero después. Ahora procura no molestar a nadie. Ya bastante ha pasado-le dijo Lily, separándose de él y haciendo que Malfoy retrocediera también.
-Lily, ¿por qué no me dejas hacer las cosas a mí manera?
-Porque soy yo el que no te deja hacer las cosas a "tu manera", Potter. No mientras hagas daño a alguien que me importe a mí.

Algo pareció removerse dentro de Lily. Pero nadie lo notó.
-Albus, yo sé que estás arrepentido. Pero no es el momento. Además, sé que todavía tienes una batalla que librar dentro de ti antes de hablar con Grace.
Bajó la mirada. Tal vez, tenía un poco de razón.

A Albus, Lily le recordaba a Rose muchas veces. Aunque por suerte para Lily, ella no había tenido que ser sometida a la cadena de desgracias que su prima había soportado durante casi dos años. Aunque de alguna manera, las dos parecían haberse protegido con algo invisible que las hacía inmunes a cualquier cosa. De una manera fuerte y serena, no como la oscuridad que él había visto en los ojos de Rose cuando ella tenía dieciséis, tras la que pretendía ocultar todo lo malo.

-Tengo algo que hacer que no creo que pueda esperar más-su hermana estiró la mano hacia atrás, comprobando que Scorpius seguía a su lado.
Se dio la vuelta y miró a Malfoy. Y lo que pasó no se lo esperó. Al menos, no delante de él, y con Rose gritando a voces que todos se sentaran y la escucharan.
Se puso de puntillas y lo tomó de las mejillas. Como en un acto inconsciente, Malfoy se inclinó lo suficiente como para que ella pudiera alcanzar a besarle en los labios.
Albus frunció el ceño mientras veía como el rubio agarraba a su hermana por la cintura para sentirla más cerca, y como reaccionaba con entusiasmo ante su ¿impulsivo? acto.

Así que a Lily le gustaba Scorpius Malfoy, pensó Albus. Su padre iba a dar palmas con las orejas.
-Vale, ya podéis parar- comentó, intentando aparentar normalidad.
Normalidad era lo que Lily secretamente, le estaba pidiendo. Y estaba demasiado absorto en sus problemas como para preocuparse de con quién se anduviera besando Lily.
Al ver que no le hacían mucho caso (de hecho, pareció como si sus palabras los alentaran) desvío la mirada hacia Rose, que, como algunos otros, se había percatado a lo lejos de la situación. Observaba a la pareja como ausente, metida en sus más profundos pensamientos, y sentimientos. Pensando a la velocidad del rayo, Merlín sabía qué. Finalmente, sus ojos brillaron, con vida, antes de que se diera la vuelta como queriendo ignorarlos.
-Bien- empezó Rose, aclarándose la garganta antes. Casi todos callaron para escucharla. Casi todos- supongo que habréis leído los periódicos esta mañana. Dos familias muggles de Southampton han sido asesinadas ayer. Aunque no lo pone en El Profeta, ya que creo que sería demasiado esfuerzo para ellos contar toda la verdad, es evidente que ha sido...él. O alguno de sus Neomortífagos.
-¿Por qué los han asesinado?- preguntó Lena McLagguen- no suelen asesinar muggles así como así- comentó, afectada.

-Guardaban relación con Ann. Sameor debió de pensar que ella habría recurrido a la familia a la que nadie o casi nadie sabía que conocía para ocultarse.
-Porque eso es lo que está haciendo- bufó alguien a quien Albus no lo logró poner cara.

Rose se cruzó de brazos. Acababan de exasperarla. No era difícil en aquellos días.
-No es eso lo que está haciendo, Parsons. Ya lo hemos hablado. Ann tuvo un problema el verano anterior que tuvo y tiene que solucionar...
-Pues le está llevando mucho tiempo, ¿no creéis?

Albus los miró, alternativamente, deteniéndose un segundo para ser consciente de que alguien lo escuchaba todo oculto en la oscuridad de una sombra, cabizbajo, y no pudo adivinar de quién se trataba. Se mosqueó un poco, pero tenía otros entretenimientos.
-Hablas así porque tienes miedo- le acusó.

-¡Y es normal! ¡Todos lo tenemos!

-Rose- intervino Clary- si al menos tuviéramos una ligera idea de dónde está Ann, o de qué está haciendo...

Rose cerró los ojos y los abrió rápidamente, tras aspirar mucho aire. Albus tuvo ganas de estrecharle la mano, en señal de que eran los dos los que llevaban una pesada carga con ellos, y que obviamente no estaba sola. Tanto ella como él tenían la misma responsabilidad.

"No lo parece, Albus" se dijo a sí mismo. La negrura debajo de la mirada de su prima lo confirmaba. Se sentía inservible, o al menos no tan servible como debería...

-Ya lo hemos hablado otras veces- dijo Rose, perdiendo la paciencia y hablando muy deprisa- si os he dicho que yo sé dónde está Ann no es para que me andéis preguntando cada dos por tres que dónde está, sino para que estéis tranquilos. Sé dónde está Ann, sé que está haciendo, yo lo sé y vosotros no, asumidlo- estaba realmente exasperada- no eráis vosotros los que erais sus amigos mientras estudiaba. Y, si no os importa ¿podemos avanzar? Estamos hablando de mortífagos matando gente...Hogwarts ya no es tan seguro como cuando entramos muchos de nosotros en primer año. Si podemos ayudar a Ann en alguna cosa, es haciendo de Hogwarts UN LUGAR SEGURO.

-¿De eso no tendrían que ocuparse los profesores?

-Sí, seguro que bajo el mando de Badgreen pondrán más empeño en protegernos- ironizó Albus, en voz alta.

-Si Sameor quiere a Ann, entonces, ¿Por qué no está Ann aquí para enfrentarse a él, en lugar de dejarnos con esta incertidumbre y ganas de...hacer algo al respecto? ¿Al respecto de que casi estamos en la tercera guerra mágica?

- Es que casi da la impresión de que ha huido- dijo Erized Panton, que, muy digna, tenía los brazos y las piernas cruzadas y la cabeza muy alta, como si todos los que estuvieran allí no merecieran su tranquilidad y relajación. A su lado, Grace le dijo algo que Albus no pudo oír. Aunque él tampoco lo hubiera sabido. No podía ni mirarla. Le producía mucha vergüenza. ¿Cómo pudo fastidiarla de esa manera con ella? Eran inseparables. Y bastó muy poco para que todo se desmoronara. La echaba tanto de menos que dolía tanto como si le hubieran pegado una paliza.

Mal. Mal. Mal.

-Puedo asegurar que no ha huido. O, si lo ha hecho, ha sido para protegeros a todos y para volverse más fuerte.

La figura que se había ocultado entre las sombras de las luces de las antorchas, se descubrió. De ser otro alumno más, nadie se habría fijado, ya que todos estaban metidos en una gran discusión, pero no lo era. Vestía ropa oscura y capa negra. No era muy alto y tenía el pelo castaño oscuro cortado de manera desigual, cayendo mechones por la frente sin orden aparente.

La luz iluminó su rostro, blanquecido y tirando a redondeado y con nariz achatada, labios finos, y unos enormes ojos azules, que desprendían luz propia.

Albus lo miró, entre estupefacto y sobresaltado. Él lo miró también, serio, hablándole con la mirada.

Ambos chicos desviaron la mirada hacia Rose. La chica había perdido el poco color que tenía su rostro y miraba al recién descubierto extraño, tan inmóvil como en estado de catatonia. De repente sus labios se despegaron lentamente, como si quisiera decir algo, pero le fuera totalmente imposible.

-¿Quién eres tú?- preguntó Panton, ligeramente sorprendida a la par que curiosa, mientras en la Sala de los Menesteres empezó un rumor que sería difícil de detener. Sobretodo cuando el chico habló. Varios ya habían sacado sus varitas, y él alzó los brazos.

-Mi nombre es Andrew. Andrew Anderson- el murmullo se extendió hasta ser mucho más que eso- soy el hermano de Ann.

Albus se aproximó hacia su prima dando las zancadas más largas que sus piernas podían permitirse, y le pareció oír a la chica murmurar para sí misma:

-Lo mato...es que lo mato...idiota- lo miró- idiota...

El chico no sintió la necesidad de insultar la acción estúpida de su amigo al presentarse delante de un montón de alumnos de Hogwarts así, sin avisar, pero sí que estaba de acuerdo en que exponerse de esa manera (por no hablar de colarse en Hogwarts) era un acto innecesario y sin premeditación.

-Ann no tiene hermanos- rebatió Grace Wilson, a voz en grito- solo un hermanastro.

Rose y Albus miraron a Grace, intentando no sorprenderse de sus palabras. Por supuesto que Grace sabía que aquel muchacho era Harley; y no merecía la pena intentar pararle los pies. El chico era muy obstinado.

Rodó los ojos.

-Mírame bien. ¿Realmente no me crees?- preguntó, con incredulidad fingida

Era demasiado parecido a Ann como para que no le creyeran.

Grace lo miró, dubitativa. Tampoco entendía por qué hacía aquello.

-Rose...-llamó a su amiga.

Andrew miraba a Rose alternativamente, incapaz de mantenerle la mirada. A ella se le había hinchado la vena del cráneo, y con los brazos cruzados, mantenía una tensa y permanente mirada con el hermano de Ann. Frunció el ceño cuando juró que lo había visto sonreír levemente, y lo insultó de nuevo.

-¿Y qué has venido a hacer aquí?

-¿Eres como Ann? ¿Tienes su don también?

-¿Por qué no supimos que Ann tenía un hermano?

Andrew tomó aire.

-No, no tengo el don de Ann, ni el de Sameor. Ni siquiera soy mago. Es decir- volvió a tomar aire mientras se paseaba un poco por el lugar, acercándose a sus amigos- que aparentemente no he venido a salvar el mundo o como lo queráis llamar. Pero si soy la garantía de que Ann está viva y tiene un plan para derrotar a Sameor, entonces estaré aquí, demostrando que hay un plan, que hay algo por lo que luchar, y que nada se ha perdido todavía.

-¿Estás con Ann y con Harley?- preguntó Edith Lawrence.

Andrew pareció vacilar un segundo. Finalmente asintió.

-Si. Estoy con ellos. Ellos han cambiado un poco desde la última vez que se les vio por aquí, pero creo que están cambiado para mejor.

-¿Por qué Harley no vuelve a Hogwarts? Él no tiene nada que ver en esto.

Andrew sonrió a Mary Winston, irónico.

-¿Por qué? ¿Lo echas de menos? Y si, tiene que ver. Él tiene que estar con Ann. Así fue siempre, y nada va a cambiar ahora.

Rose se destensó un poco.

-Seguid luchando- continuó él- resistid a los ataques injustos contra los magos hijos de muggles, pelead por vuestros derechos. No dejéis que profesores corruptos de Hogwarts os coman el cerebro. Hay una luz al final de este túnel, creedme. Creedme a mí, ya que Rose y Albus están hartos de intentar que confiéis en su palabra.

Esa vez nadie dijo nada.

Pasaron los minutos y nadie debía de permanecer allí mucho más tiempo. Los profesores nuevos tenían controladas las desapariciones repentinas de alumnos, temiendo una rebelión, que era justo lo que era el E.M. Salieron murmurando sobre Andrew y su repentina aparición, mientras alguno le echaba una rápida ojeada al desaparecer por la puerta.

El joven se puso las manos a la espalda, mirando a sus dos amigos, que parecían desear el momento de quedarse solos en esa sala.

Y ocurrió por fin.

Y Rose se desató.

-¿SE PUEDE SABER QUÉ NARICES HACES AQUÍ?- se acercó peligrosamente y el chico retrocedió, por inercia. ¿¡Que QUÉ HACES AQUÍ!?

-Creo que lo que quiere decir es que no deberías haber venido- explicó Albus.

-Gracias pero no necesito un traductor, Albus- le regañó su prima, fuera de sí. Volvió a girarse para mirar a Andrew- ¿¡Realmente crees que has arreglado algo!? ¿A qué vienen tantas apariciones? Primero con mi tío, luego...espera, ¿por qué has cambiado de nuevo? ¿Le ha ocurrido algo a Ann?

Él respondió, señalando hacia la puerta.

-No, Ann está bien. Y... ¿No lo has visto? ¡Les he dado más motivos para mantenerse fuertes que vosotros!

-¿¡Estás desprestigiando todo lo que hemos hecho por Ann y por acabar la guerra!? Ni se te ocurra volver a insinuarlo- lo acusó con su dedo.

-Rose...

-¿Qué?- respondió sin dejarle hablar- y además ¿Cómo demonios has entrado aquí?

-Cabeza de Puerco.

Rose se giró de nuevo.

-Hay que cerrar esa entrada. Está claro que cualquiera puede entrar aquí.

Andrew rodó los ojos.

-Rose... ¿No podías tranquilizarte un segundo?

Ella no respondió nada. Se quedó allí parada, con los brazos cruzados y respirando fuertemente, todavía cabreada.

-Voy a irme ya- anunció.

-¿Tan pronto?- preguntó Albus, de nuevo sorprendido- acabas de venir...tienes que contarnos todo lo que estás haciendo. Tienes que hacerlo.

-Pero Rose tiene razón. No debería estar aquí. He venido para asegurarme de que estén de nuestro lado. Nada más.

Ella bajó la mirada

Albus abrazó a Andrew y le dio palmadas en la espalda, con fuerza.

-Te echamos de menos. Os echamos de menos. Iremos a veros en cuanto podamos ¿de acuerdo?

-No podría ser de otra forma, Al. Sé que lo haréis.

-Bueno- dijo Albus separándose- creo que os dejaré solos un segundo para que os matéis, o... algo que no quiero ni saber. Te echo mucho de menos.

Los ojos de Andrew brillaron.

-Yo también. Adiós.

Andrew contó los segundos hasta que su amigo desapareció por la puerta. Dejó que fuera Rose la que empezara a hablar primero, creando un tenso silencio. Pasaron como mil siglos, pero finalmente lo hizo.

-No tengo nada más que reprocharte, si es eso lo que te preguntas. No me hagas quedar de mala.

-Sé que me gritas porque te preocupas. Siempre me gritas cuando te preocupas.

Rose inspiró muy hondo y alzó la mirada, todavía con los brazos cruzados en señal de defensa.

-Lily querrá decirte hola, Hugo también. Posiblemente estén esperando fuera.

-¿Hugo ha vuelto?

-Por desgracia- se lamentó- no podíamos correr el riesgo de cabrear al Ministerio...pero te aseguro que Hugo ya no va a ir a ningún sitio él solo.

-¿Tú no vas a decirme hola?

Rose se movió, nerviosa.

-¿Hola?- fue todo lo que pudo decir.

Andrew caminó despacio hasta ella, dándole tiempo a ella para empujarle o pegarle, si era lo que ella quería. Pero no encontró ninguna violenta reacción.

La abrazó con ganas. Y, aunque al principio Rose no hizo nada, sus brazos fueron bajando y finalmente lo abrazó también. Parpadeó un poco, de la emoción contenida.

-Te echo de menos tanto como tú me echas de menos a mí. No lo dudes.

-Ojalá...-empezó ella, pero la voz se le quebró.

-Lo sé. Ojalá pudiéramos estar juntos. Pero no podemos.

-Nunca he protestado por eso.

-Lo sé. Eres muy fuerte- se separó para mirarla, tomándola de las mejillas- cuando yo esté bien y Ann recupere la memoria. Cuando todo esto acabe.

-Lo sé.

-Y no me separaré de ti ni un momento. Lo prometo.

Rose soltó una risa desganada.

-No prometas nada que no puedas cumplir.

-Pues lo intentaré.

Cuando Rose notó que sus rostros se acercaban demasiado y con un solo propósito, se echó hacia atrás.

-Quédate. Un rato. Solo un rato.

Él, tras el disgusto de su movimiento, sonrió.

-Ya pensaba quedarme un rato- confesó.

-Tenemos que hablar de Hogwarts, de Ann...necesito poder escribiros- demandó.

-Por eso no te preocupes. Mientras mandes pocas cartas, no tiene por qué no ser seguro.

Rose lo miró con preocupación.

-¿Qué estás haciendo, Harley? ¿Dónde has estado?

Bajó la mirada.

-No puedo decírtelo.

A Rose eso la disgustó, pero ya se lo había esperado.

-No sé de qué me sonarán esas palabras- comentó, con cierta acritud.

Él se mantuvo en silencio unos segundos. Ya sabía que Rose y el señor Potter también le ocultaba cosas.

-Supongo que es más seguro para todos que el señor Potter sea el único en saber todos los pasos que se dan en esta guerra.

-Ya estamos en guerra, ¿verdad? Ya no es Ann contra Sameor.

Negó.

-No podremos estar mucho más tiempo aquí en Hogwarts, Harley. Transmíteselo a mi tío, a Ann...cualquier miembro de nuestra familia ya no puede estar nunca solo, están empezando los enfrentamientos durante las clases...están torturando a gente...-se le cayó la voz. Lo que más asustaba a Rose de todo aquello, o al menos una de las cosas que más la asustaban, era que estaba empezando a acostumbrarse a ello, a que cada vez veía cosas que jamás había ni siquiera soñado en pesadillas que tendría que ver.

-¿Y por qué no huir?- dijo Harley, a la desesperada- ¿Por qué quedarse aquí?

-La gente necesita figuras en las que apoyarse. Si toda la familia desaparecemos... ¿en quién confiarán? ¿En el fantasma de Ann? Sé que has venido aquí a intentar ayudar, pero...no es tan sencillo.

Harley frunció el ceño, realmente sin poder contestar a aquello, aunque deseándolo.

Albus volvió a reunirse con ellos para seguir hablando y poniéndose al día con los últimos acontecimientos.

-No recibimos muchas noticias de fuera, es verdad, pero al menos seguimos comunicados, que es lo que importa- comentaba Al mientras sus dos amigos se revolvían en las sillas en las que se habían sentado, incómodos.

-He estado pensando en lo que has dicho antes, Rose- dijo Harley, serio- tal vez tengas razón, tal vez vosotros no podéis salir. Pero... ¿y si...?

No llegó a terminar la frase y ambos se impacientaron.

-Y si qué- interrogó Albus.

Harley lo miró.

-Y si conseguís echar a Asterope y a los demás.

Él abrió los ojos.

-¿Cómo vamos a hacer eso?

-Dejando pasar un poco de tiempo...para planearlo bien.

Se sirvió un poco del té frío que aún quedaba en la enorme tetera, todavía con las manos temblorosas. Suspiró sin darse cuenta un par de veces, antes de sentarse a la mesa de la cocina, despacio.

Apenas fueron veinte segundos de tranquilidad. En seguida se escucharon pasos y el señor Potter fue el primero en sorprenderla.

-¡Ann! ¿Qué haces...levantada?- dudó.

Yem no tardó en aparecer tras él. El corazón de la chica dio un vuelco cuando lo vio aparecer.

-Siento no haberos avisado- contestó ella, con voz pastosa. Estaba muy agotada aún- creo que por desgracia no he terminado de curar a Harley. Volveré a subir en un rato.

Llevaban muchos días dormidos. La tardanza del chico en regresar había hecho que la magia se hubiera deteriorado deprisa, pareciendo el chico enfermo que fue al despertar de su muerte. Sin embargo Yem había estado observándolo y ya estaba prácticamente recuperado de nuevo. Con frialdad el chico asociaba a Ann con un cargador de batería. Todavía recordaba lo delicada que yacía sobre la cama, de la mano de Andrew, con los ojos cerrados y respirando en paz. Contrastaba con el agotamiento con el que despertaba. Quizás el amor hacía el cansancio soportable, en determinados momentos.

-Oh, bueno- se sorprendió Harry- tómatelo con calma, no te preocupes.

-Le subiré unas galletas a mi hermano, si no os importa.

Ambos negaron.

El señor Potter parecía tener algo que hacer ya antes de toparse con Ann, así que no tardó en abandonar la cocina, nervioso. Yem tuvo la tentación de seguirlo (mientras Ann miraba a su taza incómoda o simplemente agotada), y dio un par de pasos que se interrumpía él mismo.

Finalmente, se le ocurrió algo que decir.

-Hugo ha vuelto a Hogwarts mientras dormíais.

Eso despertó el interés de Ann. Pero no pareció muy contenta.

-¿Por qué hacerlo? Podría haber alargado su estancia en San Mungo, eso le ahorraría tener que volver allí, donde está claro que corre bastante peligro.

Yem bajó la mirada.

-Tal vez lo pensó. Tal vez lo pensó mucho. Quizás ya había decidido que no volvería. Pero quizás volvió por alguien- comentó, en voz baja, pero segura.

Ann comprendía perfectamente lo que estaba insinuando. Y por algún motivo, no se conmovió. No demasiado. Se levantó, dispuesta a volver junto a Harley.

-Quizás echarle la culpa a alguien de tus propias decisiones es un error, al menos eso opino- respondió, tajante. Y pasó junto a él como si no doliera.

Harley se había dado una ducha (que había aprovechado para acostumbrarse a su cuerpo, que empezaba a resultarle más ajeno que el de Andrew) y cuando Ann volvió a entrar en la habitación lo encontró tirado en la cama, con el cabello húmedo y leyendo una carta con gran concentración para tratarse de él.

Ann lanzó el paquete de galletas, que aterrizó justo a su lado. Siguió sin prestarle mucha atención.

Ella también pensaba. Tenía que pensar en Sameor, en hechizos, en soluciones...pero solo podía pensar en Yem. La había evitado hasta el regreso de Harley, y una vez el chico volvió, ella lo curó y se tuvo que sumergir en un largo sueño por días. Para Yem quizás habían pasado días distanciados, pero para Ann no había pasado tanto tiempo, y no entendía cómo él podía controlar su impaciencia. Una parte de ella le decía a gritos que todas las posibles soluciones y respuestas residían en Yem.

-¿Qué haces?- preguntó ella, por fin.

-Una carta de Rose- solo contestó. Frunció el ceño- no debería de haberse arriesgado tanto...

-¿Qué cuenta?

-La vuelta de Hugo, los problemas con los Neos...están torturando gente- se lamentó- ¿Crees que a Al y a Rose...crees que a los demás...-cerró los ojos- por Merlín, que no les ocurra nada.

La impaciencia empezaba a ser mayor y mayor.

-Hay algo que necesito arreglar- confesó Ann, asegurándose de que la puerta está bien cerrada y de que nadie los estuviera escuchando- y creo...creo que si lo arreglo podré enfrentar a quien sabes por fin.

Harley se incorporó, dejando la carta al alcance de su hermana para que pudiera leerla más adelante.

-Te escucho.

Lo arrastraban como podían entre varios alumnos fornidos. Rose lo observó consternada mientras lo tumbaban en el sofá de la sala común, que se había llenado de murmullos que no pareciera que fueran a cesar.

-Ya estamos a salvo. Ahora dinos, ¿Quién ha sido?- preguntó uno de sus amigos mientras el chico malherido cerraba los ojos, agotado.

-Lauven- solo contestó, en un murmullo apenas audible. Rose y Albus se miraron despacio. Después, ella bajó la mirada.

-Cuéntame exactamente qué ha ocurrido, por favor- pidió mientras se acercaba más. El chico apenas tenía quince años, lo recordaba de castigarlo alguna que otra vez cuando la nombraron prefecta.

-Es por mi madre- se lamentó, tosiendo un par de veces- trabaja en el departamento de muggles...y no le está poniendo las cosas fáciles al Ministerio. Querían hacer una ley para que los hijos de muggles no pudieran venir a Hogwarts- Albus frunció el ceño- ella se negó y su voto fue decisivo para que la propuesta no ganara...¿Qué le habrán hecho a ella si a mi me han hecho esto?- se preguntó, angustiado.

La chica abrió la boca despacio.

-Lo siento mucho- solo pudo decir, tras unos segundos.

-¡Hay que hacer algo!- protestó uno de los chicos que lo habían traído hasta allí- ¡están torturando alumnos, como la última vez!

Rose lo sabía. Lo sabía muy bien. En cualquier momento se la llevarían a ella. La situación era crítica.

-Debemos hacer algo y debemos hacerlo ya- protestó Cygnus, colocado también alrededor de la enorme mesa redonda. Cygnus, Scorpius, Josh, Albus y Rose se reunían cada poco tiempo para sopesar una posible rebelión. El tiempo se les escapaba de entre los dedos, y ya los profesores estaban empezando a cansarse de ser tan "benevolentes" con los alumnos- Atacar. Llamar a Anderson- miró a Albus acusatoriamente- no podemos seguir así. Ya no. Y no solo estoy hablando por los que no estamos tan implicados en esto, sino por vosotros también. ¿Cuánto tiempo más crees que durareis vivos?

No pudieron evitar desviar la mirada.

-Tienes razón, Cygnus- concordó Rose, conciliadora- el problema es que no sabemos qué hacer exactamente.

-Está claro. El ministerio se le quedaría grande a todo el mundo, en cambio Hogwarts...a Sameor no le interesa Hogwarts como en su tiempo le interesó a Lord Voldemort: es diferente porque él no guarda conexión ninguna. No será tan importante.

-Es importante porque nos quiere tener para dañar a Ann, o intentar sacarla de su escondite si quiere- corrigió Albus.

Mawson sacudió la cabeza, confuso.

Grace los estaba observando en silencio, pero finalmente se apoyó en la mesa despacio, para poder decir algo.

-Rose, Albus, debéis desaparecer de aquí. Hogwarts no es seguro, pero en vuestro caso es el último lugar donde deberíais estar. Los dos habéis hecho lo que habéis podido aquí. El E.M es más fuerte que nunca, nosotros lo podríamos dirigir cuando llegara el momento. Que sigáis con vida- su vista se posó irremediablemente en Albus durante un segundo- es lo más importante.

Él desvió la mirada hacia su prima. Ambos se miraron, largamente. Los demás podían ver cómo se lo decían todo sin necesidad de tener que hablar.

-Debemos de poner en marcha el plan de mi padre y Harley- solo dijo Albus.

Rose sacudió la cabeza. Los demás se extrañaron.

-¿Cuántas posibilidades hay de que funcione? Tenemos todo en contra.

-Cuál es ese plan.

Albus tomó mucho aire.

-No es solo echar a los Neomortífagos, sino volver a comunicar Hogwarts con el exterior: volver a tener el control sobre quien entra y quién sale. Ahora mismo solo existe una manera, ya que los Neos tienen el control sobre las chimeneas.

Josh asintió, despacio.

-Cabeza de Puerco- solo dijo.

-Exacto, la entrada de cabeza de Puerco.

-Pero esa entrada la conoce prácticamente todo el mundo. No es segura. Además, el local lleva años abandonado.

-Te olvidas de quién acaba de utilizarla no hace tanto.

-Andrew Anderson- respondió Cygnus- o sea, que, de alguna manera, la entrada vuelve a estar activa.

-Y ningún Neomortífago estará pendiente de ella. No solo nos será una vía de escape por si pasa algo...

-Sino que también es una vía de entrada- completó Grace.

-¿Os gusta verdad? Bueno, ya lo suponía...-Asterope se paseó por las mesas, con regocijo- después del par de disgustos que nos causó lainmateria, una sustancia un poquito menos nociva sabría que os gustaría.

Hugo observó el enorme cristal, con el ceño fruncido. En aquella clase, el profesor había hecho prácticamente la misma introducción que con lainmateria. Sin embargo, en aquella ocasión, lo que había dentro del vidrio era un extraño humo de colores vivos, que cambiaban a cada segundo.

-Se llamaFloresencia. No era muy conocida, hastaque un par de gemelos traidores a la sangre con un...más que patético negocio usaron uno de sus principios para uno de sus productos, a los que llamaron fantasías patentadas.

Un ligero murmullo se extendió por la clase y Hugo fue consciente de que varias miradas se extendían a él.

-Sin embargo, laFlorescenciano son fantasías de corto plazo, no. Si respiras este gas te sumerges en tu mejor sueño, tus mayores fantasías...pero...Waysand, creo que quiere ilustrarnos- su sonrisa se curvó torvamente cuando vio el rostro asustado de Clary- termine de explicarles a sus compañeros. Sabe de qué estoy hablando.

Clary tragó saliva. Hugo la observó, expectante.

-No despiertas jamás- solo dijo la chica- es decir- se aclaró la garganta- puede llevarte años, décadas poder despertar. Pero... hay quien no lo consigue nunca.

-Me alegra ver que está tan bien informada. Subiría puntos a su casa, de no ser porque es Ravenclaw. Exacto. Es prácticamente imposible despertar.

Asterope iba camino de coger algo que estaba en su túnica, pero justo en ese momento, las puertas del aula de Artes Oscuras se abrieron estrepitosamente.

-Señor Asterope, ¡se están rebelando! Weasley y Potter y sus adeptos. ¡Hay peleas por todas partes!- bramó Marthel Pentose, agotado de tanto correr.

Darius pareció sorprendido, un instante. Pero, finalmente, esbozó otra de sus sonrisas.

-Yo también he tenido que esperar mucho, Weasley- murmuró. Por fin podría acabar con ella.

Pero antes de que pudiera salir del aula, la mayoría de alumnos presentes, Hugo a la cabeza, le cerraron el paso amenazándolos con varitas.

-¿Quieres a un Weasley? Aquí tienes uno.

Asterope ni siquiera parecía sorprendido por aquella encerrona. Se giró ágilmente y enarboló su varita en un ínfimo tiempo.

-¡Bombarda!

Hugo ya estaba echando a correr, como casi todos los demás, al ver que había apuntado al cristal que contenía lafloresencia.

-¡Vamos, corred!

El humo se extendió como pólvora de colores.

-¿Estás seguro de esto?- preguntó Scorpius, agarrando a Cygnus del brazo mientras se dirigían al despacho del señor Lauven, deteniendo sus marchas.

-Pocas cosas he hecho de las que estuviera tan seguro. Llevo un año intentando vengar a Hyssacc. No pienso echarme atrás ahora.

Scorpius lo miró fijamente, comprendiendo a su nuevo amigo, pensando en lo loco que se volvería si Josh o Grace hubiesen muerto en aquella guerra.

-Entonces solo nos queda tener esperanza.

Grace estaba un poco más atrás, vigilando que nadie viniera a molestarnos, nerviosa.

-Debo irme ya- dijo Scorpius.

-También yo- secundó Grace.

-Espera, Grace- la llamo, cuando ambos ya se marchaban.

-No hay tiempo, Cygnus, qué pasa.

-Quería darte las gracias, por todo.

Lo miró, extrañada.

-¿Por qué parece como que te estás despidiendo?

-Seamos realistas, no tengo las de sobrevivir. No quiero que esto suene a despedida pero si todo lo malo que podría ocurrir no sucede, solo quiero decirte que todas las posibles buenas opiniones que he recibido de ti se quedan cortas.

Grace quiso retroceder.

-Potter te necesita a su lado. Y tú también. Estos últimos días he intentado acercarme a ti, pero todo es inútil. Ya lo has hecho sufrir y entender que te tiene que incluir por completo en su vida, cosa que pasará en cuanto tú le des la mínima oportunidad. Solo quería decir que si sobrevivimos y por algún maldito golpe de suerte para mí él no te intenta recuperar, yo también puedo hacerte feliz, si tú quieres- ella abrió los ojos- Primero tengo que vengar a Hyssacc y a los demás, pero después...después no tendré otra excusa para mantenerme alejado de ti, si veo que tú me dejas.

Ella se quedó callada unos segundos, pero en seguida tuvo que responder. Había cierta prisa.

-Los dos vamos a vivir. Y luego...conocerás a otra persona que sí sepa valorar todas estas palabras que dices, Cygnus. Te lo juro.

Él sonrió, misteriosamente.

-Corre a ayudar a Potter. Te habrá echado mucho de menos- dijo, sin rencor, como si ya hubiera estado esperando ese desenlace.

Cygnus siguió su camino solo, esquivando maldiciones. Con una mezcla entre el corazón roto y y una sensación de júbilo alucinante. Aquello era como el año pasado; solo que esta vez, todo lo orquestaba él. Vio un par de cuerpos tirados en el suelo y recordó el cuerpo sin vida de Hyssacc, como desechado por no haber sido suficientemente fuerte. Murió siendo mucho más héroe de lo que lo habían sido Grace y Albus juntos, defendiendo a los alumnos de Slytherin más indefensos que él. Él era un héroe.

Y Cygnus quería serlo también

Encontró al señor Lauven luchando contra un Auror novato y tuvo la gran oportunidad de poder ayudar al profesor aturdiendo al joven. Cayó inconsciente, un destino mejor que el de la muerte que le habría esperado.

El señor Lauven lo observó, primero confuso y luego triunfante.

-No hay tiempo- solo dijo Cygnus- debe venir conmigo y con todos los refuerzos que pueda a la torre de Gryffindor- señaló hacia atrás- acabo de torturar a un alumno del Ejercito de Merlin para sonsacarle como habían entrado Aurores en Hogwarts. Ya se adivina dónde han conseguido una entrada.

Lauven se enfureció.

Fue incluso más fácil de lo que lo habría imaginado jamás. Con la marca tenebrosa, Lauven convenció a cuatro Neomortífagos más para subir hacia la torre. A Cygnus le habría encantado que Asterope se les hubiera unido, pero no lo hizo; de camino hacia la torre encontraron a Marthel Pentose, entre asustado y confuso, y cuando Lauven pregunto con avidez sobre el líder de los Mortífagos en Hogwarts, solo pudo murmurar que había desaparecido. Cygnus lo agarró con una rabia que no tenía que fingir de la túnica y lo arrastró hacia la torre de Gryffindor.

El retrato de la señora gorda había sido rasgado por múltiples zonas debido a los hechizos fallidos y la mujer había huido del retrato, así que ni siquiera tuvieron que forzar la entrada.

Pero cuando se disponían a entrar, un grupo de alumnos de séptimo, liderados por Josh, los atacaron por detrás como si hubieran estado esperando a que llegaran. Los hechizos sobrevolaron a todo el mundo durante varios segundos, y por suerte las maldiciones de los mortífagos fallaban en su mayoría, al verse superados en número. Pero un par de alumnos cayeron inmóviles al suelo, así como dos de los Mortífagos.

-¡Vamos dentro!- bramó Cygnus a Lauven. Y así entraron por fin los cinco restantes.

El hombre se sorprendió a medida que entraban en el salón. Todo parecía tranquilo, un día normal: unos alumnos en los sofás, y sin rastro del caos que había afuera. Incluso Albus Potter parecía estar charlando con varios de sus compañeros, y se giró levemente curioso. Lauven y Cygnus enarbolaron sus varitas. El profesor se desató.

-¡Potter! ¡Qué gran honor va a ser para mí matarte!- miró a los lados, ansioso- ¡¿dónde está la entrada!?

Albus fingió que pensaba algo.

-¿Qué entrada?

Los alumnos allí presentes iban apuntando a Lauven, conscientes de que podría atacar en cualquier momento.

-La entr...- se giró para pedirle explicaciones a Cygnus- ¡Tú me lo dijiste!

-Me deben de haber engañado- mintió este.

-¡Está compinchado con ellos!- lo acusó Tendersoz, uno de los líderes del CdO.

Cygnus esbozó una sonrisa ladeada, como si supiera justamente lo que iba a pasar y estuviera de acuerdo con ello.

Tendersoz le lanzó una maldición que le dio de lleno en el pecho a Cygnus. El muchacho salió despedido y se golpeó contra una ventana, que se rompió en pedazos. Todo el mundo soltó exclamaciones, y se reaccionó deprisa. En seguida Albus y los demás chicos comenzaron a atacar a los Mortífagos. Él joven Potter sabía que acababan de delatar a Mawson al salir a su defensa. En realidad, en plan inicial no había salido del todo bien. Lauven tenía que venir solo. Pero supuso que a Cygnus, que le importaba menos el precio que tuviera que pagar por el triunfo, varios Mortífagos en lugar de uno eran una muy buena alternativa.

Cygnus sintió que todo pasaba a cámara lenta. Tocó el suelo estrepitosamente, mientras los cientos de cristales se le clavaban por toda la piel. Quiso retorcerse, pero hasta eso era doloroso. Sangraba por todas partes. Sonrió despacio, mientras las luces de los hechizos eran lo único que lo hacía mantener los ojos abiertos.

-¡¿Me quieres, Lauven? ¡Ven a por mí!

Tuvo las fuerzas suficientes como para observar cómo Albus arrastraba a Lauven, que lo seguía furioso hacia las habitaciones de los chicos, que estarían vacías a propósito. Intentó reírse pero sonó como un gemido lastimero. Cerró los ojos, convencido de que todo acabaría bien.

-Hyssacc, hoy nos volveremos a ver- murmuró, feliz pero triste a la vez.

-¡Yo me ocupo! ¡Sigue a mi hermano!- escuchó a lo lejos.

Unos brazos lo levantaron un poco del suelo. Le dolió y eso le ayudó a mantenerse consciente.

-¡Protego!

Olía a flores, a primavera.

-No me salves...

-Demasiado pronto para hacer el kamikaze, Mawson- contestó Lily- voy a esconderte debajo de aquel sofá, así que intenta ayudarme.

Albus subió todo lo deprisa que pudo. Para cuando pudo enfrentarse a Lauven en igualdad de condiciones, estaba al borde de sus fuerzas. Las ráfagas de luz se propagaron de un lado al otro y Albus, aunque confiaba en sí mismo más que nunca, sabía que tenía las de perder con el mortífago. Cobijado entre uebles, maletas y doseles, intentó acertar con algún hechizo al profesor, pero él esquivaba entre risas todo ataque. Finalmente, tras una larga batalla en la que el Mortifago estuvo a punto de salir malparado, al salir de su escondite (una cama de un alumno de tercero, ya destrozada por las maldiciones), se vio sorprendido por Lauven y la varita le salió volando de la mano. Se le elimino todo aliento posible. Lauven rio, triunfante.

-Y con el hechizo favorito de tu papi...repito, ¡qué gran honor!- exclamó- aunque no tanto, ¿no? No me ha costado tanto matarte- se decepcionó- Albus miraba a un punto tras de él, fijamente- ¿algo de lo que arrepentirse antes de reunirte con tu abuelita sangre sucia?

-Ahora- solo pudo decir, rápida y convenidamente.

Lauven abrió los ojos extrañado y se dio un poco la vuelta, lo que fue su perdición. UnDesmaiusimpactó en toda su espalda.

Grace se apoyó en el marco de la puerta, después de lanzar la maldición, agotada por el esfuerzo. Lucía una corbata roja de Gryffindor, para camuflarse con los demás cuando entraran los Mortifagos. Se había empeñado en estar allí tanto como Cygnus.

Ambos se miraron desde las esquinas del dormitorio.

-Casi no llego- solo pudo decir ella- has ido demasiado deprisa.

-No había tiempo que perder- solo contestó.

Él se apresuró a recuperar su varita y a acudir a su encuentro. La angustia por haber estado a punto de no llegar a tiempo para salvar a Albus lo hizo abrazarlo con todas sus fuerzas, aliviada.

-Pero gracias, porque tenía que estar vivo para poder hacer al menos una cosa más- la separó de él lo justo para darle un beso urgente en los labios, que se abrieron sorprendidos pero gustosos a los suyos. Le recordó al primer beso esperanzado que se habían dado, y de alguna manera, era otro primer beso. Sus frentes quedaron juntas unos segundos- y decir que el verde te queda muchísimo mejor, y pienso decírselo a todo el mundo.

Grace no pudo evitar sonreír medio atontada mientras la arrastraba de la mano de nuevo a la batalla. Con la otra mano aprovechó para aflojarse la corbata de Rose.

Tras asegurarse de que el Mortífago que había aturdido no iba a continuar luchando con ella, Rose continuó con su labor. Debía de estar en el séptimo piso, vigilando la entrada a la sala de los Menesteres (sin permanecer demasiado cerca durante mucho rato) e ir peleando junto con Ted Lupin y el padre de Clary, que era Auror también por defender no solo la única entrada a Hogwarts, sino también por donde podían escapar si las cosas se ponían muy feas.

Tardo bastante tiempo, pero finalmente, los peores presagios de Rose se hicieron realidad y Darius Asterope apareció junto con un pequeño grupo del CdO dispuesto a acabar con ella y el resto de forma definitiva. Para los tres, que ya llevaban un rato largo peleando, aquello suponía un gran problema.

-¡Corre, Rose!- exclamó Ted

La chica lo pensó unos segundos. Asterope pasaría por encima de cualquiera con tal de matarla. Ahora mismo su muerte tenía más valor incluso que la de Harry Potter. Cuando por el rabillo del ojo vio que los profesores fieles a Ann y su causa, Badgreen y Redfield se aproximaban para ayudar, se decidió.

-¿Quieres buscarme?- murmuró Rose- entonces búscame.

Y se ocultó corriendo en los distintos corredores.

Una parte de ella esperó a que Asterope no consiguiera escapar, pero no tardó muchos minutos en volver a toparse con él.

-Weasley, Weasley, Weasley...escurridiza como un gusano- Rose retrocedió varios pasos, con la varita en alto- ¿aprendiste de Anderson, o ella de ti?

-Se acabó. ¿No lo ves? Tenemos las de ganar.

Asterope se rio lo más fuerte que pudo.

-¡La única forma de que tenéis de echarnos de Hogwarts es traer a Anderson, y tú y yo sabemos que no lo vas a hacer!

-Y Sameor no se va a molestar en ayudaros mientras Ann tampoco aparezca.

-Oh sí, lo hará, si yo se lo pido.

-No le importas nada. Nada de esto le importa. ¿No lo entiendes? Ya se siente superior a todos nosotros. No necesita gobernarnos. Solo le interesa Ann.

-Y le interesas tú muerta. Tienes idea del honor...de los privilegios que se me darían si te matara. Pero tengo una idea en mente antes de hacerlo, por supuesto- avanzó a ella, Rose retrocedió de nuevo- y es que voy a jugar tanto contigo...hasta que cantes donde se esconde Anderson.

-Jamás voy a decírtelo- se opuso.

-Lo sé. Por eso usaría un par de pequeñas trampas.Veritaserum,por ejemplo. Has usado trucos muy astutos para salir airosa de mis interrogatorios, pero...se han caído las máscaras- No tendré compasión. No me importará torturarte, maltr...

Alguien los interrumpió. Una figura rápida que empujó a Asterope con todas sus fuerzas y lo lanzó contra la pared. Rose apenas podía darse cuenta de lo que había pasado.

Harley iba hacia ella, muy deprisa.

-¡Corre!

No lo habría esperado allí. Aunque durante todo ese tiempo, estuvo teniendo la sensación correcta de que para Harley sería imposible quedar al margen de todo aquello.

Sabía que iban a tener que escaparse con mucha rapidez.

Ellos no podían materializarse en humo como hacían los Mortífagos, así que agarró fuerte la mano de Harley.

-¡Cambio de planes- bramó él- el señor Potter me ha dicho que detonemos la salida a cabeza de Puerco!

-¿¡Qué!? ¿Y cómo saldremos?

-¡Tú y yo vamos a salir por ahí. Te explicaré después, los demás tienen cómo salir, créeme!

Ambos dieron rápido las tres vueltas al tapiz, una vez llegaron a él.

Para cuando la puerta se hubo aparecido, pudieron ver el humo negro del estado humo de Asterope.

-Merlín, ¡Rápido!

El espejo reconoció a Rose y ella realizó a escape el encantamiento para que la entrada no se volviera en contra de Harley.

-¡Tiene muy difícil sortear esta entrada!- chilló Rose.

-Lo hicisteis para magos con un nivel más bajo- dudó él, sin embargo, mientras recorrían la enorme estancia hacia el pequeño túnel.

Rose se lamentó, Harley tenía razón. El encantamiento que Rose colocara en su día consistía en un pitido ensordecedor y unas cuerdas mágicas que ataban al intruso, a la espera de que uno de ellos llegara al lugar para identificar al sospechoso. Asterope no tardó nada en librarse de las ataduras, aparentemente. Su humareda apareció de nuevo cuando Harley terminó de abrir la puerta a la salida.

La chica miró al hombre, materializado por fin mientras con una de sus sonrisas se sacaba de la túnica un objeto de cristal del tamaño de una granada de mano, que contenía un humo de colores. Abrió mucho los ojos.

Rose ya sabía lo que era eso.

-¡Harley, por Merlín, corre! ¡Vamos a morir!

El túnel era muy estrecho. El plan era detonarlo una vez hubieran cruzado, ya que si no quedarían atrapados o morirían aplastados. Harley iba delante para tirar de su mano todo lo que pudiera. Iban deprisa, sí, pero no lo suficiente.

Mientras se golpeaba sus hombros y sus rodillas con brusquedad, escuchó el inconfundible sonido de un cristal romperse y la risa de Asterope retumbar por todas partes.

Si laflorescencialos alcanzaba, podían no ser capaces de despertar jamás. El mortífago usaba su última baza contra ellos.

-¡Ya casi está! ¡En cuanto salgamos hay que desaparecerse, Rose!

La chica apenas se dio cuenta de unos finos hilos de colores se metían por su nariz.

Salieron del túnel. Apenas se había hecho daño.

Harley le tomó las mejillas, feliz.

-Lo hemos conseguido, Rose. Hemos vencido.

De repente se sintió mejor, mucho mejor. El chico la besaba sin prisa. Olía a primavera, y a los cafés con canela que su madre preparaba cuando estaba feliz. Donde estaban hacía sol...en la Madriguera, sí, el mejor lugar donde estar del mundo.

-¡Rose!- chilló, otro Harley, muy lejos de allí. ¡Rose, no me dejes!- escuchó.

Entonces se dio cuenta. Lafloresenciala había alcanzado. Quizás Harley...aún podría salvarse.

De pronto, esa bonita imagen y aquellas bonitas sensaciones desaparecieron y regresó a la salida del pasadizo. Lafloresencialos envolvía ahora a ambos. Las imágenes empezaron a distorsionarse. Miró a Harley, y lo veía en su fantasía y en la realidad, alternativamente.

Acertó a oír la risa de Asterope, una vez más.

-Vámonos a un sitio donde seamos felices, Rose- la tentó el Harley feliz, apareciendo de nuevo para tenderle la mano. El real se retorcía, aturdido, luchando contra la sustancia. Los veía a ambos- solo vente conmigo.

Era tan fácil como eso. Abandonarse a su mundo, a sus deseos...no podía evitarlo...él estaba tan feliz...

-Ven conmigo...

Ya estaba todo perdido. Los acababa de vencer el Mortífago. Lo único bueno era que le aportaría un sueño dulce y prácticamente eterno, si no conseguía despertar jamás.

Solo podía hacer una última cosa. Agarró la mano de Harley, rezando para que también fuera su mano real, y haciendo un último esfuerzo, pensó su último encantamiento.

Después de eso, cayó en una cómoda cama con sábanas con olor a lavanda y se abandonó al dulce sueño eterno.

Ann se paseaba nerviosa por toda la casa. Era imposible mantenerse tranquila cuando Harley no estaba allí, sobretodo ahora que sabía que corría más peligro que otras veces. Procurando hacer el menor ruido posible se asomó un poco al salón, oculta a un por la sombra.

-¿Cuál es la hora máxima que tienen para regresar?

-Las doce- contestó el señor Thomas- me temo que si no lo han hecho para entonces, habremos perdido esta batalla.

-Sigo sin entender por qué- siguió Yem- obtener Hogwarts...¿Qué beneficio nos trae?¿No es cruel usar a niños en esta guerra?

-No los usamos- contestó Dean, claramente ofendido- los sacamos de allí, Yem. No tienes ni idea de lo que fue Hogwarts en época de Voldemort...yo tuve que huir de allí, pero me contaron cosas horribles...nadie está seguro, pero los niños, mucho menos.

Ann los dejó hablando preocupados sobre el asalto a Hogwarts, y se dispuso a subir rápido pero silenciosamente las escaleras. Fue hacia la habitación donde guardaban el pensadero y cerró la puerta con un hechizo, no le costó ningún esfuerzo. Su magia era totalmente espontánea ya. Rebuscó en los frasquitos, apartó los etiquetados hasta encontrar aquellos que le eran desconocidos. Los vertió en el pensadero, despacio.

Respiró hondo, y metió la cabeza en él.

-Ayuda...Voy a...morir...No te vayas...

Ann se contempló con sorpresa, en San Mungo, salvando a Yem de una muerte segura.

-Hay algo en ella... lo siento, pero la miro, y siento que es única.

A cada recuerdo que veía de Yem se asombraba. No solo ambos ya se conocían bastante bien.

-Soy Ann. Anderson- dijo una Ann un poco más mayor que la anterior.

-Lo sé- asintió- yo soy Yemhal. Puedes llamarme Yem.

-¿Por qué los demás no pueden verte como yo?- preguntó Ann, sin tapujos, en otro de los recuerdos- ¿O tú tampoco vas a darme una respuesta? Al fin y al cabo, solo te salvé la maldita vida.

-¿Quién eres?- volvió a preguntar en otro de sus recuerdos.

Yem tardó en responder.

-No es fácil la explicación de quien soy, y de dónde vengo, y no sé si vas a ser capaz de comprenderlo.

Ann fue cuidadosa.

-Lo intentaré

Yem pareció pensárselo por última vez, pero finalmente, cogió mucho aire.

Y así Ann supo por fin por qué veía a Yem diferente. Sus poderes habían vuelto a hacerse fuertes. De nuevo podía verlo. Pero el chico no parecía tan dispuesto como en sus recuerdos.

-¿Te avergüenzas de lo que eres?- preguntó la Ann del recuerdo.

-Y tú, Anderson Ann- la chica pegó un leve saltito- ¿Te avergüenzas tú de lo que eres?

Lo pensó.

-No. No me avergüenzo- determinó.

-Pero aun así, no quieres que nadie lo sepa.

-Tú ya sabias quién era antes de aquella noche, en la fiesta de Skeeter- le reprochó.

-El bosque prohibido desvela muchos secretos. Siempre lo hizo. Y aunque sea solo en una minúscula parte de mi ser, soy una criatura mágica, como todos los que lo habitan- explicó, como si eso lo dijera todo.

Ambas Ann lo miraron, por minutos. Por eso...por eso Yem estaba tan atado a ella.

-Tu secreto estará a salvo conmigo, si los míos están a salvo contigo.

-Lo están, Ann, ya lo sabes.

El último fue confuso. Ambos caminaban deprisa por los corredores de Hogwarts. Ann parecía ansiosa por algo, y se miraban como si estuvieran hablando.

-¿Qué te preocupa de tu amigo?

-Ha estado muy raro estos días- contestó, sin mencionar su desacuerdo por cambiar el canal de la conversación- como feliz, pero triste...fue desde que habló contigo, la noche...la noche que me escapé.

Yem parecía inquieto.

-Ann, existe el secreto profesional, no puedo...-se resistió.

La chica se quedó tiesa, repentinamente, unos segundos.

Finalmente, lo miró.

-¿Y si no es verdad, Yem?- preguntó, angustiada por el miedo y la incertidumbre- ¿Y si no se está curando? Le estás dando falsas esperanzas, y luego...si al final no está sanando, se derrumbará, y estará mucho peor de lo que lo ha estado nunca.

Lo miró, sabiendo lo que pensaba.

-¿Crees que yo estoy curando a Harley? No te voy a negar que se me ha pasado por la cabeza alguna vez, pero no tiene sentido...ni siquiera estoy tan conectada a Sameor. Y se supone que somos lo mismo. Al menos, es lo que él me dijo.

Yem solo la miraba. Solo se estremeció.

-No me veas, Yem. No veas lo que hay dentro, no lo entenderías.

El cuerpo de la chica soltó un respingo cuando él la tomó del brazo, para acercarla. Pero no se alejó. La tomó de las mejillas. Lo miró a los ojos, con la boca entreabierta, de la sorpresa. Soltó un pequeño gemido y en unos segundos, se besaban.

Ann desvió la vista de ambos. No sabía...no podía ni iamginar hasta donde habían llegado. Su corazón latía fuerte sobre el pecho, diciéndole que había olvidado esos recuerdos, pero sus sentimientos por él se habían hecho incluso más fuertes. No dio entendido lo que pasó después, solo volvió en sí cuando el recuerdo cambió.

Yem y el señor Potter estaban en el bosque prohibido, rodeados de otros miembros de la Orden del Fénix.

-¡Debo ir con usted! No puedo...no concibo la idea de no ver si se puede recuperar o no.

Harry lo miró dudoso.

-No podríamos dejar esa carga sobre ti...no tienes ni idea de lo que tendrás que hacer.

-Lo que sea- Yem parecía desesperado.

-Tenemos sanadores, un medimago...aun puedes intentar alejarte de Ann y todo lo que representa.

Negó.

-No es lo que quiero.

-Tendrías que quedarte todo el rato al lado de Ann y Harley hasta que un día que no sabemos si llegará, despierten.

-Confie en mí, señor Potter. Tiene a su sobrina para esta tarea, pero no puede descargar todo el peso sobre ella, no le convendría.

-Tio Harry- intervino Rose, que presentaba el peor aspecto que Ann le había visto jamás y pareciera que le costaba un tremendo esfuerzo para ella- Ann confiaba en el ciegamente. Y yo también.

Sacudió la cabeza.

-En fin...ven con nosotros a La Madriguera. Ya se nos ocurrirá algo allí.

Y así, Yem había fingido su muerte para poder permanecer encerrado cuidado de Ann y de Harley.

Ann sacó la cabeza del pensadero, aturdida por tanta revelación.