2. Preludio de sangre
Dios que todo lo ve, míranos
En nuestros hogares fluye un veneno que tiene nombre
El odio
Como una serpiente en vuestras almas
Quien te hace juzgar, pero te condena
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Durante generaciones, Montagnana había sido el campo de batalla de dos familias: Los Agrestis y los Pane Ilfare.
El odio que se dedicaban era tan encarnizado cómo olvidado resultaba ya el origen del mismo. Bastaba que dos miembros se toparan para que la pelea iniciara con insultos y terminara en golpes mínimo y muertes en situaciones mayores.
No había jerarquías, las disputas se generaban lo mismo entre los criados que entre los miembros más destacados de la familia.
Los últimos años, las escaramuzas habían ido aumentando su frecuencia, envolviendo en su fatalidad a la ciudad entera y a cuantos se encontraban en el lugar donde estallaban. Pronto los comerciantes e inversores evitaban la población, causando perdidas a los negocios y por supuesto, a las arcas reales.
Harto de la situación, el Príncipe de la ciudad, había decretado el cese de las hostilidades so pena de muerte.
Pero un rencor de siglos no iba a desaparecer por una ordenanza, por más amenazadora que fuera.
Lady Sabina pensaba en todo aquello mientras firmaba la que esperaba fuera su última misiva de condolencias por aquel odio. En ausencia de su esposo, cuyos negocios le mantenían lejos de la población, ella realizaba las labores del cabeza de familia de los Pane Ilfare.
Nacida fuera de Montagnana, aquellas batallas no habían llegado a sus oídos más que cómo historias y cuentos. De alguna forma nunca dimensionó, lo terriblemente mal que debía estar el asunto, para que la fama de sus conflictos llegará desde una ciudad tan lejana.
En su defensa, sus padres tampoco debieron hacerlo y fue justo eso lo que sello su compromiso.
Los regalos fueron exquisitos, las promesas amables y convenientes. Aunque debieron desconfiar de la premura con la que todo se iba organizando.
Y pese a que cuando finalmente los presentaron, desafiando todas las recomendaciones de sus mayores, su prometido le pregunto, si había escuchado sobre los problemas en su tierra; Ella, (enamorada desde el primer instante en que lo vio), contestó afirmativamente.
La realidad es que, nada la preparó para el atentado a su cortejo nupcial.
Jamás olvidaría cuando Tomasso la tomó en brazos para que sus zapatos no se ensuciaran de sangre de camino a su nuevo hogar. Mientras la ensordecía el fragor de los aceros chocando a su alrededor.
Fue duro entender la magnitud de aquello, y más duro saber que no podía evitar el sentimiento.
Cada pelea y muerte sin sentido, cada ataque y cada injuria fueron minando sus esperanzas de un cese de hostilidades y llenando su corazón de resentimientos que luchaba por apartar.
Cuando dio a luz a Marrine, creyó que al menos podría salvarla. Que con el pretexto de una mejor educación y más tarde cuando hubiera que casarla, podría alejarla de aquel lugar.
Pero contrario a sus deseos, desde temprana edad los vínculos de la niña se arraigaron en la provincia.
Los internados externos se negaron a aceptar a alguien con su apellido y ella y su prima encontraron a un compañero de juegos en un pariente del propio Príncipe.
A medida que crecía, (pese a que había intentado por todos los medios que su rigurosa educación la mantuviera ocupada y apartada) Marrine se las había ingeniado para compartir su tiempo con los jóvenes de familias aliadas y de la propia. Cómo si la maldita ciudad la atrapara en sus fronteras.
Lady Sabina exhaló enfadada y poso sus ojos en el retrato de su esposo que custodiaba el estudio desde uno de sus muros.
Aferrada a su esperanza, habían estado de acuerdo en que entre más lejanos fueran sus negocios, más oportunidades tendría de encontrar un prospecto adecuado.
Un hombre de tierras lejanas donde su hija estaría a salvo.
Con pulcritud doblo la nota y la entregó en mano de su sirviente que la llevaría con el resto de su ofrenda para la doliente familia.
—¿Sigue mi hija encerrada en casa?
Inquirió a su gobernanta, la mujer negó lentamente. La noble dama volvió a gruñir.
Pese a las hostilidades, los bailes de la nobleza seguían siendo compromisos sociales a los que estaba orgullosa de asistir, porque su hija destacaba como una joya preciosa.
Era una de las jóvenes más importantes de la ciudad, elegante y hermosa en cada celebración formal.
Un partido excelente que muchos deseaban y que ya generaba atenciones. Como las de los últimos meses…
Una sonrisa satisfecha se le dibujo en los labios. Sabía que el inexperto corazón de su hija se había dejado endulzar por el joven Aurum, ilusionándose. Y también sabía que como era de esperarse, este se había encargado de rompérselo latigueándole el alma.
Esperaba que la decepción lograra lo que ninguna de sus amenazas había conseguido, es decir: mantenerla en casa, protegida.
Era esperar demasiado.
—Han sido Loukanos y Adelais ¿cierto?
Esta vez la respuesta fue afirmativa.
Años habían pasado desde que Marrine en compañía de esos dos, escapaba de casa y enfundada en ropas de caza o de paje que fácilmente la hacían pasar por un muchacho, afianzaba sus lazos y alianzas con la comunidad de la ciudad.
Los Pane IlFare ganaban día a día más apoyo de Montagnana, gracias a esas correrías de la muchacha y Sabine sabía que eventualmente, aquello se convertiría en un lazo alrededor del cuello de los Agrestis.
Sobre todo, con su heredero viviendo desde hace años, lejos de la ciudad.
La pregunta era:
¿Cuánto tardarían los Agrestis en responder a la amenaza?
La mujer de oscuros cabellos exhaló resignada, miró al cielo por la ventana y elevo una plegaria silenciosa con la fe que aún le quedaba.
"Por favor, mío Dio, protege a esos niños. Creen que pueden reírse como si fueran reyes de su mundo, pero están bailando en una sartén en el fuego"
Se persigno y devolvió la mirada a la ciudad, ahí donde el sol del atardecer tintaba de rojo la fachada de la casa Agrestis.
"Cómo un preludio de sangre"
Pensó y volvió a santiguarse para protegerse del mal agüero. Después continuó su camino. De haber paseado un poco más la mirada, habría notado que, desde un tejado cercano, un joven observaba también la mencionada casa.
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Hola!
Que dijeron? Ya se le olvido que tenia que actualizar, pos no, aquí toy jajajaja.
Para este capítulo quería dejarles más o menos el contexto de la ciudad.
El trozo del princio es de "La Haine" del musical Romeo y Julieta
Como les contaba quise hacer una versión "más italiana" de los nombres ahí tienen que según el internet Dupain significa "pan" y Cheng es "hacer" ósea literal la Marinetta se apellida "hacer pan" XD En italiano, se escribe "fare il pane" y pa que quedaran mamalon…
Pane IlFare
Para el fulanito que le rompe el corazón a Marrine pensé en Kim que en teoría significa "oro" y por ello lo deje en Aurum es decir "oro" en latín.
Los siguientes fueron más fáciles para el Agreste usamos la versión latina del apellido y así queda Agrestis. Y mamá Sabine Cheng queda como Sabina por la versión italiana del nombre.
Nos vemos en el siguiente capitulo la próxima semana cual anime en emisión XD
