Año 57

Xander Sutton - 17 años - Distrito 11.


El cañonazo espanta a una bandada de pájaros que revoloteaba por las cercanías. Me sobresalto por la proximidad del ruido y me detengo a escuchar, pues sé que ese tributo caído no está lejos de aquí. Tristemente, la abundante vegetación me impide verlo. Lo mejor que puedo hacer es abrir los ojos y estar preparado, ya sea para huir o para pelear.

Me abro paso y, de pronto, logro captar el sonido repugnante de alguien vomitando. Las arcadas son tan intensas y ruidosas que, en un principio, amenazan con hacerme arrojar mi minúsculo desayuno. Aguantando ese impulso, decido detenerme para definir el sitio del que provienen. Cuando estoy seguro me acerco silenciosamente, midiendo cada paso y tratando de estar atento ante cualquier peligro.

Me encuentro con un espacio someramente despejado, dominado por un enorme obelisco, por la distribución de algunos árboles en derredor supongo alguna vez fue una plaza. A los pies del antiguo monumento, hay una chica sujetándose el abdomen; en la otra mano porta una lanza corta con una punta curva y afilada, manchada de rojo. A pocos metros de ella yace un chico inerte sobre un charco de sangre. Ella tiene el rostro desencajado por la angustia, las lágrimas han bañado sus mejillas, su cabello se ha pegado por el sudor a su cara y mantiene los ojos fuertemente cerrados. Evidentemente, no se ha dado cuenta de mi presencia.

Casi sin pensar decido atacarla, llegar rápido por detrás y liberarla de su sufrimiento. Sigo avanzando, pensando que solo debo dar unos pasos más y un par de estocadas rápidas. Trato de dejar la mente en blanco, de no sentir el peso de la consciencia, de convencerme que esto es lo que tengo que hacer para volver a casa, y entonces…

Click.

¡Que idiota!

He pisado una rama seca, no me di cuenta del cambio en el terreno circundante: la plaza está delimitada por un suelo de mármol, casi intacto pese a que alrededor la naturaleza ha cubierto con un manto verde la mayor parte de las estructuras, llevándolas a la ruina. Sé que es demasiado esperar que no se haya percatado de mi presencia, y lo confirmo cuando, casi de inmediato abre los ojos de par en par y me apunta con su lanza, tras estremecerse de miedo.

—Vete —susurra.

En respuesta continúo avanzando en su dirección con el machete en alto, sin dejar traslucir ninguna emoción, aunque mis intenciones son claras. Quería hacerlo rápido y sin dolor, pero no se ha dado así el asunto.

Ella se deja llevar por la desesperación y levanta el tono como advertencia:

—No tiene que ser así, tan sólo vete de aquí...

Doy un par de pasos más y ella retrocede uno. Levanta su guardia y, en un instante, su expresión se endurece. Me resulta increíble que sea prácticamente un libro abierto, que su rostro me permita conocer los pensamientos que dirigen sus acciones. Ha enterrado el miedo y la angustia y ha decidido luchar.

Detrás de ella, rodeando el obelisco, hay un estanque de aguas verdosas. Su penetrante pestilencia llega hasta mí súbitamente y me causa náuseas. Las arcadas empiezan a dominarme, y la chica aprovecha mi distracción para arremeter contra mí con su arma por delante. La esquivo por los pelos, dando un salto atrás. Ella no se rinde. Es más pequeña, pero también muy rápida.

Desvío su lanza con el machete, y ella me da una patada en la rodilla. Reprimo el grito de dolor, luchando por mantenerme en pie, pero ya no puedo moverme, al menos no tan rápido como lo necesito. Me equilibro sobre mi pierna ilesa y levanto el arma para asestarle un golpe transversal a la altura de su hombro, pero ella se agacha, gira y de pronto grita con el alma cuando su arma se abre paso hacia mí, dando de lleno en mi tripa.

Caigo de espaldas cuando ella, ayudándose de una patada, saca el arma, retorciéndola para hacer más daño y que su herida resulte mortal. Estoy por morir y maldigo la hora en la que desvié mi ruta para venir a ver qué había pasado acá. Lo último que veo antes de que todo se vuelva negro es su rostro, que nuevamente está invadido de dolor y desesperación.


¡Hola!

En la edición anterior estrenábamos nuevo vigilante jefe, él quiso mostrarle cierta benevolencia a los tributos, de allí que les hiciera una fiesta previa a los juegos, Finley se quiso liberar de las muchas preocupaciones que tenía, pero perdió el norte. Su mentor se hizo cargo de que se recuperase para poder enfrentar el inicio de los juegos.

La ganadora de dicha edición fue Cecelia Felder de 16 años, proveniente del D8, quien tendrá que volver a participar en los juegos en el 3er QQ.

¡Gracias por leer!

SS.