Año 62
Titus Linneton - 18 años - Distrito 6.
La espera y la incipiente llegada de la oscuridad han dado sus frutos. La alianza que ha estado merodeando por mis cuevas busca reagruparse para partir, antes de que oscurezca más. Desde la cumbre apenas se atisba el brillo tenue de un hilillo de luna y la aparición de las primeras estrellas. Al igual que en días anteriores, el cielo está despejado, pero es poca la luz que se cuela entre los intrincados pasadizos.
Esta arena es enorme y complicada. El agua, casi exclusiva de la cascada de la cornucopia y su cristalino estanque, está bajo el control de los profesionales. Los riachuelos que de allí salen son prácticamente insignificantes. Por si fuera poco, casi nada crece en estos acantilados y las presas son escasas y esquivas. Pero en el Seis ya me ha tocado vérmelas difíciles y aquí sigo, como la hierba mala.
Son tres chicas y se han separado en un esfuerzo vacuo para encontrarme, pero me he camuflado bien con un menjurje que hice con la tierra rojiza, hierbajos y pis. También conozco mejor los recovecos en los que me muevo.
Cuando la chica gira en torno a la especie de pilar en que me escondo, lanzo la cuerda y atrapo uno de sus pies. Enseguida tiro con fuerza y me abalanzo sobre ella antes de darle tiempo a reaccionar. Su cuerpo se sacude bajo el mío, aunque poco puede hacer. Le tapo la boca y la mantengo inmovilizada, mientras escuchamos los pasos de sus compañeras que van alejándose.
Es la mayor de las tres chicas: delgada, de estatura mediana y pelirroja. Sus ojos, que me miraban con una mezcla de ira y desprecio, en principio, se abren con sorpresa y luego con miedo, cuando le arrebato la navaja con la que pretendía atacarme y la sujeto contra su garganta. Al fin ha reparado en que está a mi merced y su piel palidece, con lo cual el millón de pecas sobre su nariz empieza a destacar.
Con sigilo la obligo a levantarse y a caminar hacia mi guarida. A pesar de no ser una chica fuerte en un par de pasos me demuestra que es inteligente y una luchadora inusual: desvanece el peso de su cuerpo para complicarme la avanzada y se sacude cuando cree que menos me lo espero, pero no logra escapar de mí.
Al llegar a nuestro destino suelto mi presa, pero retengo la cuerda, que lanzo por encima de la rama de un árbol raquítico y le doy un fuerte tirón que la levanta por el nudo sujeto a su tobillo, terminando de atraparla. La sangre le fluye a la cabeza y, por algún motivo, aunque tiene la boca abierta no emite ningún sonido. Amarro la cuerda a la rama del árbol cercano y me quedo viéndola fijamente. Desde su perspectiva debo dar miedo, soy bastante alto y además estoy demacrado y sucio.
Cada vez se oyen menos sus aliadas y decido dejarlas en paz. La verdad, quisiera poder atrapar a un tributo, incluso si es de los más pequeños. Hay quienes dicen que la fuerza vital de las mujeres es mayor, por aquello de que son capaces de traer vida, pero eso es cosa de dos y sin nosotros no serían capaces de hacerlo. Lo que realmente quiero es probar la carne masculina, llena de testosterona, aún cuando el pequeñajo llore aterrado y me suplique piedad.
Cuando me acerco a ella, se retuerce y me lanza un objeto que ha sacado de alguna parte. Lo esquivo por poco y, cuando rebota hacia mí, tras chocar con una de las paredes del cañón, atajo la pequeña pelota, que resulta ser una bola de billar. Es el nueve, supongo que su amuleto, a la vez que el número de su distrito. Sonrío un poco al girarla y formar el 6 del mío.
Me acerco a ella, sumergiéndome en sus ojos, cada vez más grandes, cada vez más asustados y con delicadeza le meto la bola en la boca, antes que se le ocurra pedir ayuda a gritos. Luego, con otra cuerda, le ato las dos piernas juntas y las manos a la espalda. Esto llevará algún tiempo, pero tengo paciencia.
¡Hola! Ha pasado tantísimo tiempo desde la última actualización, pero mis obligaciones, desorganización y mal manejo del tiempo me deja en estas...
Como les decía en la nota del capítulo anterior, mi idea inicial era jugar con elementos de terror, sobre todo con el pasado que había ideado para Rodney: él era el hijo de los dueños del tanatorio del D9, pero le tenía pavor a todo lo relacionado con el oficio, muchas veces había hecho pasar vergüenza a su familia cuando salía gritando o vomitando de un sepelio, y pensó que la única manera de escapar a ese destino era ganar los juegos. Fue una decisión que tomó siendo bastante niño y con el tiempo no cambió de opinión.
Alpha, pues Rodney no llevaba mucha ventaja en ese enfrentamiento pero estaba lleno de rabia y dolido. Sin embargo, su arrebato no tomó por sorpresa a la profesional, quien esquivó su ataque e hizo un redondel con sus compañeros, hiriéndolo y humillándolo muchas veces, hasta matarlo. No envidio para nada su suerte.
La vencedora de la edición pasada fue dicha profesional, quien resulta ser Enobaria Frye del D2, futura participante del 3er QQ.
Acá hemos vuelto a las arenas naturales, un poco extrema esta vez. Me encantó escribir a Titus, quería hacer algo un poco más gore, pero no me salió sino la insinuación de lo que se le viene encima a la pobre chica, que será su primera víctima.
SS.
