26 Meses después...

El cielo azul estaba por completo despejado cuando Duo Maxwell alzó la mirada y respiró aire limpio por primera vez en mucho tiempo. Estaba de regreso en Japón, la pequeña ciudad donde nació y creció, bastante lejos de la Capital, donde la contaminación y el bullicio estaban distantes.

Sonrió aliviado, extrañó demasiado ese lugar, del que fue alejado injustamente hace mucho tiempo. La nube de recuerdos lo invadió, pero antes de caer presa de la nostalgia su teléfono móvil comenzó a sonar, respondió enseguida.

—Hola ¿Qué hay de nuevo? —respondió

—Duo amigo, dime por favor que ya vienes en camino —escuchó la conocida voz del otro lado

—Sí, estoy esperando mi taxi, fue un largo viaje de Tokyo hasta acá en tren, así que no esperes me suba al transporte local —contestó cansado

—De acuerdo, estaré esperando

—Gracias

Colgaron los teléfonos. Duo lanzó un largo suspiro, segundos después llegó su taxi, subió y pasó la dirección que antes Quatre le dio.

Mirando por la ventana, no apartó sus ojos de todo cuanto estaba alrededor, casi nada cambió, era como haber vuelto en el tiempo a esos preciosos días al lado de Heero y sus amigos. El pecho le dolió al recordar ese nombre, aquel a quien hace tanto tiempo no veía, que ni siquiera escuchaba su voz.

Volteó la vista hacia la ventanilla y apoyó su cabeza ahí, sin dejar de mirar el cielo azul, los recuerdos lo invadieron, en específico aquel día en que se separaron.

Meses atrás, cuando se llegó el plazo en que debieron decir adiós, Heero se iría a la academia militar, en tanto Duo debía marcharse a Alemania, ahí terminaría su bachillerato e iniciaría trámites para la Universidad, eran los planes que el señor Yuy hizo para ambos, sin pedirles su opinión.

Un día antes de la partida de Duo, quien se marcharía primero de los dos. Con mentiras y una buena coartada, salieron de casa para reunirse en un Motel, tuvieron que dirigirse a una ciudad distinta para no ser descubiertos. Ambos se comieron a besos cuando quedaron solo ellos dos y las cuatro paredes de ese lugar.

Tuvieron sexo con pasión, un fuerte deseo los envolvió durante semanas que no pudieron estar juntos, ahora entregados por completo. Al terminar, quedaron bajo las sábanas, abrazados con fuerza.

—Tengo miedo —expresó Duo después de un largo silencio

—No temas, nos veremos en las vacaciones de verano —dio ánimos a su novio

—Oíste a papá, dijo que no estaremos juntos en las vacaciones

—Para entonces el enojo se le habrá pasado lo suficiente, mamá lo convencerá de que convivamos como una familia

—Últimamente pelean mucho por nuestra culpa, me siento mal que ella trata de suavizarlo, pero él es intransigente —dijo con pesar

—La tormenta pasará, ya verás —aunque decía eso, no estaba tan seguro

—¿Llamarás diario verdad? Yo también te llamaré, te enviaré cartas igual —expresó con emoción, levantándose un poco de su cuerpo para mirarlo a la cara

—Lo prometo —sonrió como solo a él solía sonreírle

—Te amo —aunque estaba serio, sentía mucha felicidad de poder amarlo.

Duo se agachó y besó sus labios con dulzura, Heero le acarició la mejilla

—También te amo

El trenzado sonrió, cerró los ojos y se volvió agachar, entonces compartieron un suave y prolongado beso

—Solo será un año, pero se sentirá una eternidad —lamentó Duo con el corazón destrozado

—Será una separación física, después seremos mayores de edad y él no podrá interponerse —convenció Heero, el otro estuvo de acuerdo

—Heero —susurró cerca de sus labios— Hazme el amor —pidió casi con lágrimas en los ojos

El mencionado lo sujetó de ambas mejillas y le besó la nariz, después besaron sus labios de nuevo, Heero se levantó poco a poco para girarse hacia Duo y cambiar la posición, acostándolo sobre la cama, él encima. Se tocaron uno al otro, después Heero comenzó a bajar con besos por el cuerpo de Duo, arrancándole suspiros de placer, le chupó las tetillas con delicadeza y continuó por el camino en medio de su cuerpo, dio un beso suave en su ombligo al llegar y siguió descendiendo.

Duo arqueó su cuerpo al frente cuando se corrió dentro de la boca de Heero, al que le acarició los cabellos con la mano izquierda, pero con la derecha se cubrió la frente mientras respiraba agitado, hasta que sintió a Heero colocarse entre sus piernas, él le apartó el brazo de la cara y lo miró a los ojos. Se dijeron Te amo con la simple mirada y compartieron un dulce beso, mientras Heero enredaba sus brazos con las piernas de Duo.

Se introdujo de un solo movimiento, suave y delicado, después entró y salió de forma rítmica, apasionada pero sutil. Duo gemía de placer y dolor, pero no porque su novio fuera brusco o violento, no porque estuviera doliendo físicamente, le dolía el alma y su corazón lloraba. Compartieron el más lento y prolongado de los besos que se hubieran dado en todo el tiempo de pareja que llevaban, con las manos entrelazadas. Heero terminó dentro.

Había lágrimas en los ojos de Duo cuando Heero apartó sus labios, pero las limpió con sus besos mientras abandonaba el cálido y húmedo interior. Se sonrieron, mezcla de felicidad y tristeza, lo primero porque se amaban más que nunca, lo segundo porque tendrían que separarse un tiempo.

—No importa lo que pase, estaremos juntos, lo prometo —expresó Heero antes del beso final.

Dentro del taxi, Duo limpió sus lágrimas con el dorso de la mano

—Mentiroso —pensó agobiado, su corazón también lloraba.

Casi media hora después, Duo estaba llegando a su destino, con asombro miró la casa en la que vivía Quatre, no era la de su madre, aquella vieja mansión la vendió poco después de haber firmado las escrituras, pero aunque no era esa inmensa vivienda, si era bastante grande, él la conocía por fotos y las videollamadas que su amigo le hacía, pero verla en persona era mejor.

Bajó del taxi, pagó y agarró su equipaje, al timbrar fue su mejor amigo el que abrió. Ambos gritaron de emoción y se dieron un fuerte abrazo, no se habían visto desde hace 14 meses, cuando Duo tuvo que viajar de emergencia a Japón, aunque esa vez estuvo menos de una semana. Entraron en la casa.

—Ven, te mostraré tu habitación

—Oye amigo, antes de eso ¿no vas a llevarme con alguien más? —preguntó con las manos en la cintura

—Es verdad, que maleducado soy —rio nervioso— Seguro también te quiere saludar

Quatre agarró a Duo de la muñeca y lo llevó al segundo piso. Duo miró con atención esa casa, era tan pulcra como lo esperaría de su amigo, además pese a ser una casa de ricos, no tenía muebles ostentosos ni pinturas elegantes, Quatre vendió muchas cosas de la antigua mansión pues no deseaba conservarlas, en cambio sí necesitaba de mucho dinero, sobre todo para conservar aquella habitación a la que se dirigían.

Abrió la puerta de la alcoba más grande de la habitación, esta tenía dos camas, una grande en medio y una pequeña en un rincón. La cama grande tenía alrededor algunos aparatos encendidos, monitores médicos para ser más precisos, ahí se encontraba Trowa dormido, parecía tan tranquilo que si no lo supiera, pensaría que estaba muerto, pero respiraba por sí mismo. En la cama pequeña, sentada, se encontraba una mujer en sus treinta, era la enfermera personal en turno.

—Hola Sally —saludó Quatre contento— Te presento a Duo, se quedará un tiempo aquí

—Mucho gusto —respondió al saludo, los dos se tomaron las manos

—Toma un descanso, nos quedaremos un rato —indicó el rubio, la mujer obedeció y salió

El par de amigos caminó hacia la cama, los dos del mismo lado

—Amor, adivina quien vino —habló de forma amorosa el rubio— Sería buen momento para que abrieras tus ojos —pidió, aunque en broma, aún le hacía ilusión que en cualquier momento le diera la sorpresa

Duo miró el semblante de Quatre, sus ojos cristalinos mirando fijo a Trowa le partieron el corazón

—¡Hey! Hola —saludó como si estuviera despierto— Eres tan flojo amigo ¿No te da verguüenza ser un novio mantenido? —rió para no llorar— Me da mucho gusto verte —estiró la mano y sujetó la de Trowa, era cálida, pero sin vida

—No le hagas caso mi cielo, descansa —sonrió y después le besó la frente— Sentémonos allá

Quatre señaló la esquina contraria a la de la cama de la enfermera, ahí había un sillón de dos plazas, donde se sentaron, desde ahí se podía ver con claridad en dirección a donde estaba el durmiente.

—La última vez que estuve en Japón no pude visitarlo, ni conocer tu casa, perdón —dijo con tristeza

—No te preocupes, la situación no ameritaba que hicieras vida social, fue muy duro para ti —lo miró con preocupación

Duo siempre fue alegre, pero ahora su mirada estaba nublada, aunque sonriera, Quatre sabía que su vida estaba llena de desgracias y muchas pérdidas

—No sabes lo difícil que fue superar todo, cuando regresé a Alemania, me sumí en la desesperación, ni siquiera pude despedirme, apenas estaba asimilando una cosa y sucedió lo otro, estaba en shock

Solo de recordarlo, a Duo se le estremecía toda la piel, de pies a cabeza

—Lo extraño Quatre, no hay día que no piense en él —derrumbado por completo, Duo tapó su rostro y comenzó a llorar

—No sabes cuánto lo lamento —consoló también sintiéndose destrozado— No es lo mismo, pero estoy contigo, cuenta conmigo para lo que quieras

—Gracias —dijo entre sollozos— No la has pasado bien tampoco, pero me animas, eres el mejor —secó sus lágrimas y se calmó

—Nos hemos confortado todo este tiempo, aunque sea a la distancia, te debo que yo haya abierto los ojos, si no fuera por ti, no habría hecho todo esto por mi amado Trowa —miró al mencionado con ternura— Me habría sumido en la desesperación

—¿En qué momento nuestras vidas se volvieron esto? —suspiró todo agobiado— Éramos unos simples estudiantes y de repente somos dos adultos contando desgracias —aunque se sintió mal optó por reír

Quatre también rió

—No lo sé —suspiró el rubio— Pero debemos mantener la Fe y Esperanza

—Cierto —sonrió alegre— Trowa despertará —animó a su amigo

—Y Heero...

—No por favor, no lo digas —miró a los ojos a su amigo, había tanta tristeza reflejada en sus ojos, que Quatre obedeció

—¿Por qué no te muestro tu habitación? —cambió drásticamente de tema, a petición de su amigo

—Sí, iré por mi maleta

Los dos se levantaron del sillón y salieron de la habitación sin cerrar la puerta, mientras Trowa continuaba sumido en su perpetuo sueño.


Hola. Gracias por leer este fanfic, espero les esté gustando, dejen comentarios. Bye!