7. Una línea que nunca cruzamos.
Pov. Ekko
"Conocí a alguien"
Esas tres palabras se han incrustado en mi cabeza desde que las dijo. No debería afectarme. Han pasado dos años. Se fue. Ambos, tal vez, seguimos con nuestras vidas. Pero entonces, ¿Por qué siento este maldito nudo en el pecho?
-¡Ey, chico espacial! –Jinx gira un poco para verme, su voz arrastrando esa burla ligera que siempre ha usado conmigo –Has estado muy callado desde que nos alejamos. ¿Ocurre algo?
-Nada, solo me quede pensando en lo ocurrido- miento.
Jinx sonríe, pero es una sonrisa que no llega a sus ojos.
-No-oh.
Se gira completamente y queda frente a mí, la patineta se desestabiliza un poco por el movimiento tan repentino.
-Nos vamos a caer si haces eso… -le advierto
-¿Caemos juntos? – pregunta con esa chispa desafiante en los ojos.
No necesito más. Dejo que la patineta vaya en picada.
Jinx se aferra a mí, su risa estalla entre el viento y por Janna… cómo la había extrañado. El latido acelerado en mi pecho no sé si es por la velocidad o por ella. Justo antes de tocar el suelo, estabilizo la patineta y nos deslizamos bajo el puente.
Jinx se baja de un salto, sin soltar mi brazo.
-Eres consciente que sé cuándo mientes, ¿verdad?
Trago saliva. Bajo la mirada.
- ¿En verdad… conociste a alguien?
No sé por qué lo pregunto. No sé si quiero escuchar la respuesta. Me cruzo de brazos esperando su respuesta
Ella me da la espalda y camina hacia la orilla del río. Su silueta se recorta contra la tenue luz del atardecer y, por un segundo, parece la misma niña con la que crecí.
Pero no lo es. Ni ella ni yo.
- Ahhh… así que es eso. – Su tono es divertido, burlón. Se pone de pie y se gira, con las manos escondidas en su espalda - ¿Celoso?
Cierro los puños.
-No…-miento.
Su sonrisa se amplía, porque lo sabe. Porque siempre lo ha sabido.
– Es solo que siempre has sido muy selectiva con las personas que dejas cerca de ti.
Jinx me observa y comienza a acercarse a pasos lentos, calculados. Mi chamarra cae ligeramente por su hombro, dejando su tatuaje al descubierto. El azul eléctrico de las líneas contrasta con su piel pálida. Es hipnótico.
Cuando llega frente a mí, sus brazos se deslizan alrededor de mi cuello.
-¿Qué hay de ti, Señor Genio? – su voz es apenas un susurro. Su aliento es cálido contra mi odio-. Stella parece demasiado cercana a ti.
Mi respiración se entrecorta un instante.
Jinx ladea la cabeza, lo suficiente para que nuestras miradas se encuentren, sus ojos brillan con una mezcla de burla y…algo más. Algo que nunca decimos en voz alta.
La línea que nunca cruzamos.
Y, sin embargo, ella siempre juega a empujar los límites.
Mis manos se posan en su cintura.
Es un simple toque, pero la siento tensarse bajos mis dedos. Un pequeño salto, casi imperceptible. Como si no lo esperara. Como si no estuviera segura de como reaccionar.
-¿Celosa?- pregunto, con un atisbo de desafío en la voz.
Ella resopla, desviando la mirada.
-Pff… - Finge indiferencia, pero su agarre en mi cuello se vuelve más firme, como si quisiera aferrarse a algo. A mí. Su pulgar roza distraídamente la tela de mi playera –Aún tiene mi encendedor…y tal vez…
-¿Tal vez qué? – presiono, inclinándome un poco más hacia ella.
Jinx parpadea y, por un instante, parece dudar. Sus labios se separan, pero no dice nada de inmediato.
Mi pulso se acelera.
Ella nunca se calla.
Pero ahora…
Suelta el aire lentamente y sonríe.
-Tal vez me debe una apuesta.
Su voz recupera esa ligereza burlona, esa Jinx que siempre juega al borde del abismo.
Pero algo en su expresión me dice que no era eso lo que iba a decir.
-Ytequierorecuperar –agrega entre dientes, rápido, como si las palabras se le escaparan antes de poder tragárselas.
Algo se me enreda en el pecho.
-¿Qué dijiste?
-Nada- se apresura a decir, pero su sonrisa se tambalea un poco.
Mentira.
La conozco demasiado bien.
Jinx se aparta apenas un paso, como si eso fuera suficiente para disipar lo que acaba de flotar entre nosotros. Pero yo no la dejo ir tan fácil.
-Dímelo otra vez.
-No hay nada que decir, chico espacial- su tono es despreocupado, pero no lo suficiente.
Mi mirada se clava en la suya.
-¿A eso vamos a jugar? – mi voz es más baja, más grave de lo que esperaba.
Jinx ladea la cabeza, como si estuviera considerando algo. Sus dedos juegan con un mechón de su propio cabello, enredándolo y desenredándolo.
-¿Qué pasaría si fuera cierto?
-¿El qué?
Se inclina un poco hacia mí, su respiración rozando la mía.
-Quiero lo que me pertenece de vuelta.
Mi corazón da un vuelco.
Y algo en mi me dice que no estamos hablando del encendedor.
Jinx se relame los labios y suelta una risa suave, casi desafiante.
-Se está haciendo tarde…- da un paso atrás, dándome la espalda –Seguro mi acompañante se está preguntando donde estoy.
Mis manos se cierran en puños.
Ese maldito nudo en el pecho se aprieta
-Jinx…
Ella sigue caminando hacia la orilla del río. No se detiene. No gira la cabeza.
El viento sacude su cabello y, por un instante, parece que va a voltear. Pero no lo hace.
No esta vez.
Solo se aleja.
Y yo la dejo ir.
Porque si hay algo que Jinx sabe hacer es meterse en mi cabeza.
Echar raíces ahí.
Expandirse hasta ocupar cada maldito rincón.
No importa la dimensión.
El efecto que tiene sobre mí siempre es el mismo.
