Notas del autor:

Siento la espera, aun no me acostumbro a tener menos tiempo libre y la verdad soy un completo asco distribuyéndolo pero bueno pude hacerlo y acá les traigo un nuevo capitulo espero lo disfruten.

Notas del Editor "Jeznncz": ESENCIA

Haoalejandro: mmm...


"Preferiría estar en mi habitación."

El anfiteatro retumbaba con el eco de los aplausos. Estudiantes de todas las edades se felicitaban entre sí, algunos inflando el pecho con orgullo, mientras otros, aunque cansados, mostraban expresiones satisfechas en sus rostros.

Pero había algo diferente. La sala no estaba tan llena como la última vez que todos habían estado allí, durante la bienvenida. Había huecos entre los grupos, ausencias que no pasaban desapercibidas.

"Hay muchos menos que antes."

Nimrod se cruzó de brazos, recostándose contra una pared al fondo del anfiteatro, lejos del bullicio. Observaba en silencio mientras los rostros de los estudiantes pasaban de alegría a alivio, y de alivio a incertidumbre. Era una transición sutil, pero inevitable.

—No pareces estar disfrutando de la celebración. —La voz era tranquila y familiar. Oobleck estaba a su lado, sosteniendo una taza de café con la misma velocidad inquietante con la que parecía hacer todo. —No debería preocuparte que hubiera menos estudiantes, había más profesores patrullando. En cuanto un iniciado fuera superado por los Grimm intervendrían, pero eso significaba que fallaban la prueba.

Nimrod no respondió de inmediato. Sus ojos se fijaron en un grupo de estudiantes que reían nerviosamente, como si el ruido pudiera ahogar sus pensamientos. Finalmente, habló:

—No estoy aquí para celebrar. Tengo que hablar con Ozpin.

Nimrod desvió la mirada hacia el centro del anfiteatro, donde el director formaba los nuevos equipos.

—Russel Thrush, Cardin Winchester, Dove Bronzewing, Sky Lark —Los estudiantes nombrados se dirigieron al escenario —Ustedes cuatro trajeron los alfiles negros. A partir de ahora trabajarán juntos como el equipo CRDL, liderados por Cardin Winchester


Un aplauso moderado acompañó el anuncio mientras el grupo bajaba del escenario. Cardin caminaba con el pecho inflado de orgullo, su expresión presuntuosa dejando claro que ya se veía a sí mismo como el mejor líder de la academia.

Mientras tanto, Ozpin llamaba al siguiente grupo.

—Nora Valkyrie, Pyrrha Nikos, Lie Ren y Jaune Arc.

Jaune sintió un leve nudo en el estómago, pero al ver a su equipo avanzar con confianza, respiró hondo y los siguió.

—Los cuatro recolectaron la torre blanca, por lo que trabajarán juntos como el equipo JNPR.

Hizo una pausa mientras los aplausos resonaban en el anfiteatro. Luego, con su tono característico, añadió:

—Liderados por Jaune Arc.

—¿Eh? —Jaune se quedó boquiabierto.

"¿Habré escuchado mal?" Un millón de pensamientos pasaron por su cabeza, pero antes de que pudiera procesarlos, sintió una mano en su hombro.

—Lo hiciste muy bien en la iniciación —Pyrrha dijo con una sonrisa orgullosa.

Jaune la miró, todavía confundido, luego buscó con la mirada a Ren, esperando encontrar algún signo de desacuerdo o sorpresa. Pero Ren, con su habitual calma, simplemente levantó el pulgar en señal de apoyo.

—¡Vamos, líder intrépido! —exclamó Nora de repente, apareciendo detrás de él.

Antes de que Jaune pudiera reaccionar, sintió la fuerza de su palmada en la espalda… demasiado fuerte. Perdió el equilibrio y terminó en el suelo.

—Auch…


Jaune bajaba del escenario aún conmocionado, hasta que su mirada se encontró con la de Ruby, quien le sonrió y alzó el pulgar.

—¿Quién diría que el chico vómito sería nombrado líder? —Yang bromeó al lado de su hermana.

—Increíble —Ruby dijo emocionada al ver el puesto que había ganado de su primer amigo.

—Dudo mucho que ese tal Arc sea mejor líder que Pyrrha —Weiss comentó mientras se limaba las uñas, poco impresionada.

—Vamos Reina del hielo. ¿No crees que lo hizo bien, ahí atrás?

Weiss bufó, rodando los ojos.

—Simplemente digo que Pyrrha tiene más sentido como líder. Tiene habilidad, experiencia y—

—Y aun así eligieron a Jaune. —Blake intervino con calma.

Antes de que pudieran seguir discutiendo, la voz de Ozpin resonó en el anfiteatro.

—Blake Belladonna, Ruby Rose, Weiss Schnee, Yang Xiao Long.

—Es nuestro turno, hermana —dijo Yang con una sonrisa, dándole una palmadita en la espalda a Ruby.

Ambas subieron con entusiasmo al escenario, mientras Weiss avanzaba con un paso digno y elegante. Blake, en contraste, se movía con una reserva calculada.

—Ustedes cuatro trajeron los caballos blancos. A partir de ahora, trabajarán juntas como el equipo RWBY, lideradas por... Ruby Rose.

Los ojos de Ruby brillaron con emoción pura. Weiss la miró con incredulidad, su expresión congelada entre el asombro y la indignación. Blake simplemente alzó una ceja, mientras que Yang dejó escapar un grito de entusiasmo antes de lanzarse sobre su hermana en un abrazo de oso.

—¡Estoy tan orgullosa de ti!


"Es difícil saber que pasa por la cabeza de Ozpin" pensó Nimrod mientras observaba a Ruby luchar por liberarse del abrazo de Yang.

—Este año promete ser bastante interesante —comentó Port con gracia, de pie a su lado.

—Ciertamente, se ven llenos de energía —añadió Oobleck, ajustando sus gafas con un brillo analítico en los ojos.

"Bueno, ese fue el último equipo. Ahora Ozpin me debe algunas respuestas."

Justo cuando ese pensamiento cruzó la mente de Nimrod, la voz del director resonó nuevamente.

—Por último, quisiera hacer un anuncio especial.

Ozpin hizo una breve pausa antes de girar la mirada directamente hacia él.

—Podrías subir al escenario, joven Nimrod.

Nimrod exhaló lentamente, sin mostrar emoción en su rostro, pero sintiendo una leve punzada de irritación.

"Tengo la sensación de que esto no me va a gustar."

Nimrod avanzó con pasos tranquilos hacia el escenario, sintiendo cómo las miradas de los estudiantes comenzaban a posarse sobre él. No había aplausos esta vez, solo un murmullo creciente que recorría el anfiteatro.

—¿Ese no estaba con Ozpin durante la prueba? —susurró alguien entre la multitud.

—¿Acaso estaba participando?

—Nunca lo vi peleando con nadie…

Nimrod ignoró los comentarios, manteniendo su expresión impasible mientras subía los escalones y se paraba junto a Ozpin. Desde su posición, pudo notar la forma en que algunos profesores observaban la escena con curiosidad, y en algunos casos, con cautela.

Ozpin, con su característico aplomo, entrelazó los dedos sobre su bastón y habló con calma:

—Sé que hay muchas preguntas sobre nuestro último iniciado. Es cierto que no fue asignado a ningún equipo… y hay una razón para ello.

El murmullo en la sala se intensificó. Nimrod solo se cruzó de brazos, esperando lo inevitable.

"Definitivamente no me va a gustar esto."

Desde su lugar entre la multitud, Jaune frunció el ceño.

—¿Por qué no fue asignado a un equipo? ¿No era obligatorio?

—No lo sé —respondió Ren, observando atentamente la escena.

En el escenario, Nimrod permaneció en silencio, aunque notó cómo algunas miradas se volvían más inquisitivas, otras más desconfiadas. No era ajeno a ser el centro de atención, pero prefería no estarlo en este tipo de circunstancias.

Finalmente, Ozpin continuó.

—Nimrod no fue asignado a un equipo porque su caso es... excepcional.

La elección de palabras del director no pasó desapercibida. Weiss alzó una ceja, Blake observó con interés y Ruby inclinó la cabeza, claramente intrigada.

—Es un joven con gran experiencia en combate y habilidades notables, aunque aún debe familiarizarse con el sistema de los cazadores. Por ello, se desempeñará como un estudiante de apoyo. Cuando comiencen las misiones, será asignado a equipos que enfrenten desafíos especialmente difíciles.

El anfiteatro quedó en silencio por unos segundos, hasta que el murmullo regresó con más fuerza.

—¿Eso es incluso una opción? —preguntó Weiss, claramente irritada.

—Parece una especie de mercenario dentro de la academia —murmuró Blake.

Jaune, aún confundido, cruzó los brazos.

—Entonces, ¿él va a saltar de equipo en equipo?

Desde el escenario, Nimrod permanecía impasible, pero por dentro analizaba cada palabra. "Así que esta es la carta de Ozpin… Mantenerme cerca, pero sin comprometerse completamente a integrarme."

Finalmente, Ozpin volvió a hablar.

—Esperamos que Nimrod pueda aprender tanto de ustedes como ustedes de él. Ahora, si no hay más preguntas, concluyamos la ceremonia.


El bullicio del anfiteatro comenzaba a disiparse mientras los estudiantes se retiraron, algunos todavía comentando sobre la inesperada aparición de un estudiante de apoyo. La mayoría de los nuevos equipos hablaban entre ellos, discutiendo estrategias, celebrando o simplemente relajándose después del estrés de la iniciación.

Nimrod los vio irse hasta que finalmente no quedó un solo estudiante en el anfiteatro. Solo el eco de los pasos distantes y el susurro de la brisa en la gran sala permanecían como compañía.

Sus ojos recorrieron el escenario vacío. Donde antes se habían anunciado equipos y líderes, ahora solo quedaban sombras alargadas proyectadas por la tenue iluminación.

Un equipo… una estructura… una camaradería compartida… Nada de eso le pertenecía. Y dudaba que alguna vez lo hiciera.

—Joven Nimrod.

La voz de Ozpin cortó el silencio, tan tranquila y medida como siempre.

Nimrod giró la cabeza y lo vio de pie junto al podio. A su lado, Goodwitch mantenía los brazos cruzados, con su típica expresión de profesionalismo severo.

—¿Tiene un momento? —preguntó Ozpin con su usual tono amable, aunque Nimrod no se engañaba.

—Si va a hablar, hágalo. —respondió sin moverse de su sitio.

Ozpin esbozó una leve sonrisa, como si hubiera esperado esa respuesta.

—No tomaré mucho de su tiempo. Solo quería asegurarme de que entiende su nueva posición en la academia.

Nimrod exhaló pesadamente.

—No me importa hacer de niñera, siempre que mantengas tu parte del trato. —Su tono tenía un filo cortante.

Goodwitch frunció el ceño ligeramente ante su rudeza, pero Ozpin permaneció imperturbable.

—Yo lo veo más como una oportunidad —respondió con calma—. Adaptarse a esta sociedad, formar algunos lazos… Después de todo, para alguien con su nivel de experiencia, la estructura tradicional de los equipos podría resultar… limitante. Esta alternativa le permitirá moverse con más libertad.

Nimrod soltó una leve risa seca, sin humor.

—Curioso. Porque se siente más como una correa.

El aire entre ellos se tensó por un breve instante. Goodwitch lo miró con severidad, pero Ozpin solo lo observó en silencio, con esa misma mirada analítica que parecía ver más allá de las palabras.

Finalmente, el director habló.

—Entiendo sus reservas —admitió—, pero créame, esto es lo mejor para todos. Incluyéndolo a usted.

Nimrod sostuvo su mirada por unos segundos antes de suspirar. No valía la pena discutir.

—Si eso es todo, me retiraré.

Nimrod se dio la vuelta, dispuesta a dejar el anfiteatro.

—¿No quería decirme algo, joven Nimrod?

Nimrod se detuvo por un instante, mirando por encima del hombro. Su mirada pasó fugazmente por Goodwitch antes de volver a fijarse en Ozpin.

—No. —Su respuesta fue seca, definitiva. Sin molestarse en mirar atrás.


—No puedo creerlo, ¡tenemos nuestra propia habitación como equipo! —exclamó Ruby con entusiasmo mientras recorrían los pasillos de la academia.

—Es lo mínimo que podríamos esperar después de todo lo que pasamos hoy —comentó Weiss, ajustando su uniforme con aire digno—. Francamente, deberían habernos asignado habitaciones individuales.

Yang soltó una carcajada y le dio un codazo juguetón.

—Oh, vamos, Reina del Hielo. ¿No es mejor compartir con nosotras que estar sola en una cueva de hielo?

Weiss le lanzó una mirada afilada, pero antes de que pudiera responder, Blake habló con su tono tranquilo.

—Supongo que al menos nos ayudará a coordinarnos mejor como equipo.

—¡Exactamente! —Ruby señaló al frente con dramatismo—. Desde hoy, seremos inseparables. ¡Equipo RWBY al rescate!

Yang rodó los ojos con diversión, pero Weiss suspiró.

—Bueno, primero encontremos la habitación antes de que hagas más discursos.

Ruby sacó un pequeño mapa de su bolsillo y frunció el ceño.

—Mmm… según esto, debería estar por aquí. Habitación 9… o era 6…

—¿Me estás diciendo que no sabes a dónde vamos? —Weiss la miró incrédula.

—No, no, no. ¡Lo tengo bajo control! Solo… eh… sigamos derecho.

Sin cuestionarlo demasiado, las cuatro continuaron su camino. Sin embargo, sin que Ruby lo notara, Weiss miró a Blake con resignación, y Blake simplemente alzó una ceja, como si ya anticipará lo que estaba por ocurrir.

—Aquí estamos, ¡habitación 9! —anunció Ruby con confianza, empujando la puerta sin dudar.

La habitación estaba en penumbra, con solo una tenue luz filtrándose desde la ventana. No parecía muy diferente a lo que esperaban: camas alineadas, un escritorio y algunas pertenencias dispersas.

—Bueno, no está tan mal —comentó Yang, estirándose—. Al menos no tendremos que dormir en el suelo como en la iniciación.

Weiss frunció el ceño, recorriendo el lugar con la mirada.

—No es lo que esperaba. ¿No deberían estar nuestras maletas aquí ya?

Blake cruzó los brazos, observando a su alrededor con un gesto pensativo.

—Tal vez las trajeron después de nosotras.

—¡Sí, exacto! —Ruby asintió rápidamente, tratando de no perder su aire de confianza—. Ahora que lo mencionan, esta habitación se siente… extraña.

Weiss suspiró y se masajeó la sien.

—Por supuesto, porque esta no parece ser nuestra habitación.

Antes de que Ruby pudiera replicar, Blake se acercó a lo que parecía ser un baúl anticuado junto a la mesa. Algo en él la hizo detenerse de inmediato. Su instinto le decía que había algo… mal.

Yang, notando su reacción, intentó aliviar la tensión con una sonrisa.

—¿Soy solo yo, o alguien más cree que ese cofre tiene vibras tenebrosas?

Weiss, por su parte, frunció el ceño y dio un paso atrás.

—Sea lo que sea, creo que deberíamos salir… ya.

Pero Ruby no se movió. Sus ojos estaban fijos en el baúl, su expresión perdiendo poco a poco su energía habitual. Había algo en él… algo que no podía explicar.

"Es como si… me estuviera llamando."

—¿Ruby? ¿Qué estás haciendo? —Weiss comenzaba a exasperarse. La incomodidad en la habitación se hacía más fuerte.

—Se siente… triste —murmuró Ruby, dando un paso más hacia el baúl, como si estuviera en trance.

Blake intentó detenerla, pero al acercarse se quedó paralizada.

La sensación la golpeó de inmediato. Si Ruby percibía tristeza, lo que ella sentía era rabia. Una ira profunda, sofocante, tan intensa que le erizó los cabellos. Su instinto gritó que se alejara.

Yang también sintió algo. No era tristeza ni rabia, sino un entumecimiento extraño que comenzaba a recorrer sus extremidades, como si su cuerpo estuviera reaccionando a algo que su mente aún no comprendía.

—Ruby… creo que no deberías… —intentó advertir, pero su voz salió más débil de lo que esperaba.

Pero ya era tarde.

Ruby levantó la tapa del baúl.

¿Por qué me siento mareada? pensó, tambaleándose levemente mientras intentaba enfocar su vista en el interior. Pero lo único que vio fue… nada.

No había objetos, ni telas, ni fondo visible. Solo una densa oscuridad, como si una segunda tapa completamente negra estuviera bloqueando su visión.

Ruby se quedó mirando el abismo por un momento, su respiración contenida. Pero justo cuando iba a alejarse… lo escuchó.

Un llanto.

"¿Qué?" Su cuerpo se tensó. El sonido era leve, como si viniera de muy lejos, perdido en la negrura insondable del baúl.

Antes de que pudiera detenerse a pensarlo, su mano se extendió hacia la oscuridad. No sintió el fondo, ni tela, ni madera, ni nada que indicara que el baúl tuviera una estructura normal.

Un escalofrío recorrió su espalda.

"¿Quién está triste?"

Su pensamiento fue efímero, una simple pregunta sin respuesta. Pero entonces, de repente, tocó algo.

Un material frío y firme. Sus dedos se cerraron instintivamente alrededor de él. La sensación era clara: era la empuñadura de un arma.

No se parecía a ninguna que hubiera visto antes. La hoja era de un blanco espectral, sin reflejos, como si estuviera tallada en hueso. Su filo era delgado y curvado, como una garra destinada a cortar sin ser vista. Al moverla, la luz en la habitación parecía perder fuerza, como si la hoja absorbiera parte de la realidad misma.

La empuñadura no era de cuero ni de madera, sino de escamas frías y rugosas, entrelazadas con precisión inhumana, formando un patrón que parecía retorcerse bajo sus dedos.

Ruby tragó saliva. El aire se sentía más denso.

"Esto no es un arma normal."

Sostuvo la daga en sus manos, sintiendo su peso ligero tan ligero como una pluma. No era como Crescent Rose ni como ninguna otra arma que hubiera tocado antes. No había mecanismos ni partes móviles, sólo un filo puro y mortal, frío como el hielo. Pero que emanaba esa tristeza que había sentido.

"Es como si hubiera estado viva…"

El aire en la habitación se volvió más pesado. Blake sintió un escalofrío recorrer su espalda, y Yang apretó los puños, sacudiéndose el entumecimiento que la había invadido.

—Ruby… suéltala —dijo Blake en voz baja, su tono más serio de lo habitual.

—S-sí, ya tuve suficiente de esto —añadió Weiss, dando un paso atrás—. Deja esa cosa y vámonos antes de que—

Un sonido interrumpió la frase de Weiss.

¡Clack!

La puerta detrás de ellas se abrió con un chasquido.

Un escalofrío recorrió a las cuatro cuando escucharon el sonido de pasos entrando lentamente en la habitación.

Ruby apenas tuvo tiempo de alzar la mirada antes de que una voz fría y afilada como una cuchilla rompiera el silencio.

—Suéltala. Ahora.

Nimrod la miraba fijamente desde el marco de la puerta. La sorpresa sacó a Ruby de su Estupor.

—¡Nimrod! Disculpa no sabía que era tu habitación... —El encapuchado se acercó con un paso lento, pero firme ignorando al resto de su equipo como si no estuvieran ahí. Hasta que finalmente estuvo frente a ella —¡Lo siento! No quería irrumpir en tu habitación, pero...

¡Slap!

Ruby cayó al suelo, agarrándose la mejilla adolorida, viendo como ahora Nimrod tenía la daga en su mano. Un silencio helado se apoderó de la habitación.

Nadie se movió al principio. Nadie respiró.

Luego, como si el golpe hubiera roto algo dentro de ellas, todo explotó a la vez.

—¡¿Qué demonios te pasa?! —Yang rugió. Lanzado se hacía Nimrod dispuesta a devolverle el golpe. Pero Nimrod se adelantó.

Movió la cabeza hacia un lado, esquivando el puñetazo de Yang y tomando su brazo antes de lanzarla sobre sus hombros. Golpeó el suelo con eco mudo. Antes de que Yang pudiera levantarse, sintió un filo contra su cuello.

Nimrod tenía la daga presionada contra la garganta de Yang. El filo helado rozaba su piel. Ella apretó los dientes, pero no se movió. Por más rabia que sentía, sabía que cualquier intento de liberarse podría ser peligroso.

Pero Blake ya estaba en movimiento.

Su arma salió disparada en un destello negro, la cinta se enredó en la muñeca de Nimrod y, con un fuerte tirón, alejó la daga del cuello de Yang.

Nimrod chasqueó la lengua.

En lugar de resistirse, giró con la inercia, y en un solo movimiento sacó un cuchillo de su cinturón y lo lanzó directamente a Blake.

Demasiado rápido.

Blake apenas podía moverse. Sintió un ardor en la mejilla cuando el filo pasó rozándola. De no haber sido por su aura, le habría dejado una cicatriz.

Pero antes de que pudiera recuperar el aliento, Nimrod ya estaba encima de ella.

Demasiado cerca. Demasiado rápido. Sin tiempo para esquivar.

—¡Basta! —chilló Ruby desde el suelo.

El movimiento de Nimrod se congeló en seco.

Blake contuvo el aliento. Por un instante, pudo sentir la presión invisible de su presencia, como si estuviera a punto de ser golpeada por una tormenta. Pero el golpe nunca llegó.

El filo de la daga tembló ligeramente en la mano de Nimrod.

Yang, todavía en el suelo, miró la escena con los puños apretados. Weiss se quedó en guardia, esperando el siguiente movimiento.

Pero Nimrod no se movió.

Respiró hondo. Exhaló.

—Váyanse. —La voz salió temblando apenas logrando reprimir sus emociones.

—¿Nos estás echando después de todo lo que acabas de hacer? —Weiss le respondió llevándose una mano al pecho indignada.

Nimrod apretó la daga y le clavó la mirada a Weiss, ella dio un paso atrás sintiéndose pequeña bajo los ojos del encapuchado.

Nimrod se dio cuenta de esto y desvió la mirada sujetando con más fuerza el arma antes de relajar su mano.

—Lárguense ¡Ya! —Dijo dándole una corta mirada al equipo RWBY.


Las cuatro chicas se sobresaltaron y se apresuraron hacia la puerta.

Mientras salían, sus miradas se clavaron en mí, cada una cargada de algo diferente.

Cólera. Desconfianza. Frialdad, pero particularmente Ruby fue… tristeza.

La puerta se cerró de golpe.

El silencio cayó como una losa.

Solo quedé yo.

Miré la daga en mi mano.

Un nudo se formó en mi estómago. Mis brazos temblaron, sintiendo cómo la fuerza los abandonaba poco a poco.

"Te lo ruego… No queremos tener nada que ver con lo que sucede en el exterior. Por favor, abandona este lugar."

El recuerdo golpeó con la fuerza de una avalancha.

Caí de rodillas.

Llevé una mano a mi boca, tratando de controlar las arcadas. Por suerte, es imposible vomitar con el estómago vacío.

Mi cuerpo pesaba como el hierro.
Me desplomé, sin fuerzas para levantarme.
El frío del suelo me envolvió... o eso creí, hasta que un sonido rasgó el silencio.

Un graznido.

—¿Uh...?

Levanté la mirada.

Un cuervo negro estaba posado sobre mi escritorio. Sus ojos brillaban con una inteligencia inusual.

Me enderecé lentamente.

Miré la ventana. Cerrada.

—¿Cómo entraste...?

El cuervo graznó otra vez.

Algo en su presencia me resultó extrañamente familiar. Como si ya lo hubiera visto antes.

Pero decidí no buscar en mis recuerdos.

Después de todo, encontrar al equipo RWBY en mi habitación ya me había dado suficiente migraña.

Suspiré, abriendo la ventana antes de acercarme a la mesa. Esperaba que el ave se asustara y saliera volando.

Pero no se inmutó.

Sus ojos oscuros permanecieron fijos en mí, sin el más mínimo rastro de temor.

Decidí ignorarlo, no valía la pena.

Con un suspiro pesado, extendí la mano y dejé la daga sobre la mesa.

No quería seguir sosteniéndola.

Me dirigí al baño. Mi cuerpo aún se sentía pesado, pero al menos necesitaba lavarme la cara.

Me quité la capucha y miré mi reflejo.

Algunos rasguños cubrían mi rostro. Casi podía sentirlos arder. Después de absorber el alma de esos Grimm, por un momento, sentí la necesidad de arrancarme la piel.

Sacudí la cabeza y abrí el grifo.

El agua fría me ayudó a calmarme. Dejé que corriera por mis heridas, aliviando un poco la sensación.

Y entonces, una voz.

—Espero no interrumpirlo, oh señor oscuro.

Me giré al instante.

Nada.

La habitación seguía exactamente igual. Sin intrusos. Sin cambios.

Excepto el cuervo. Seguía allí, inmóvil sobre el escritorio, pero esta vez… su mirada ya no estaba en mí. Ahora observaba la daga.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

Y entonces, volví la vista al espejo.

No estaba solo.

A través del reflejo, una mujer de cabello negro me observaba. Estaba sentada exactamente en el mismo lugar donde antes estaba el cuervo. Abrí la boca, pero las palabras se atoraron en mi garganta.

Finalmente, logré preguntar:

—¿Quién eres?

La mujer dejó escapar una risa silenciosa.

Sus rasgos eran suaves y pulcros, casi inmaculados… lo que contrastaba cruelmente con la andrajosa túnica que llevaba. Era extrañamente familiar.

Pero… ¿de dónde?

—Me rompe el corazón que uno de mis pecadores favoritos no me reconozca.

¿Pecadores? ¿A qué se refiere…?

Entonces, el recuerdo cruzó mi mente como un cuchillo. La única estatua en ese mundo pintado.

—Velka. —Gruñí entre dientes. —¿Qué quieres, bruja de cabello negro?

Ella solo sonrió, tranquila.

—Cuánta hostilidad. Pero… ¿no es irónico? —Su tono suave me dio escalofríos—. Debería ser yo quien estuviera furiosa. —Sus palabras colgaban en el aire, como si disfrutara del peso de su significado. —Pero ha llovido mucho desde ese día.

Mi mandíbula se tensó.

—¿No vienes a castigar mis actos?

Velka volvió a reír. Esta vez no se molestó en ocultar la burla.

—Pocos seres han recibido más castigos que tú... —su voz sonó casi con diversión—. Y por lo que veo, ya estás en uno, Señor Oscuro.

Gruñí entre dientes.

Odiaba ese título.

—Deja de burlarte, diosa del pecado. —Mi voz salió más afilada de lo que esperaba, ese título ya no me pertenece.

Velka inclinó la cabeza ligeramente, con una sonrisa casi divertida.

—Es cierto que no cumpliste con tu deber como amo de los Huecos… Pero nunca fuiste despojado de tu rango.

Apreté el puño, irritado. Pero decidí no seguirle el juego.

—¿Qué quieres? —Dije secamente.

Velka exhaló con un aire de desánimo teatral.

—Es una pena… —Su tono era casi melancólico—. Que alguien tan interesante tenga una actitud tan insulsa. —Hizo una pausa antes de encogerse de hombros. —Pero no busco nada en especial.

—¿Qué?

—Lo que escuchaste. Uno de mis cuervos me habló sobre la existencia de un no-muerto viviendo en uno de los reinos. Y quise verlo con mis propios ojos. Solo que no esperaba que esa persona fuera… el primer señor oscuro.

Un malestar se asentó en mi pecho.

—¿El primero...?

Velka sonrió con burla.

—¿Ahora sí quieres hablar? —Dijo mofándose. — Si, no fuiste el único que cumplía los requisitos para ser el amo de los Huecos… pero, a diferencia de ti, ellos sí cumplieron con su deber.

—Eso no es posible.

Velka río suavemente.

—Qué pecador tan inocente. —Su voz era casi maternal, como si hablara con un niño confundido. — Claro que lo es.

Apreté los dientes.

—¿Pero cómo...?

Velka se encogió de hombros, divertida.

—¿Cómo es que puedes ver el sol brillar?

Su sonrisa se amplió, llena de cruel satisfacción.

—Simple. Aunque la Primera Llama se apague y la oscuridad cubra el mundo… con el tiempo, volverá a encenderse.

El malestar en mi pecho cavó más profundo. Cada palabra de Velka era una daga enterrándose un poco más.

Y ella lo sabía.

Su sonrisa se amplió, disfrutando mi incomodidad.

—Así es. Solo fuiste una insignificante parte de aquel ciclo maldito.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

—No, no…

Velka suspiró con fingida lástima.

—Pobre alma maldita… —Su voz era como un susurro venenoso. — Tan ciego a la verdad frente a él.

Mis manos temblaron.

—Pero, todo lo que hice…

Velka inclinó la cabeza, con esa cruel satisfacción en su mirada.

—Todos tus pecados fueron en vano. Incluso aquel que cometiste contra la mestiza. —Por un momento, la burla abandono su rostro reemplazado por un atisbo de tristeza que salió de su voz, acariciando suavemente la daga sobre la mesa.

"Pero, ¿por qué? ¿Qué buscáis?"

Sentí la ira subir por mi cuerpo, quemándome desde dentro. Apreté los dientes, conteniendo el temblor en mis manos.

—Mentir es un pecado, Velka. —Respiré hondo, obligándome a seguir. —Enlazar la llama debió significar algo para los que vinieron. Yo les di esperanza.

Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera detenerlas.

Y por un instante, me sorprendí de que realmente las creyera.

La diosa volvió a su expresión burlona como si esas palabras no fueran más que comedia.

—Lo admito, la marca maldita desapareció de la piel de los hombres por casi mil años… Pero esa nueva era jamás brilló tanto como la primera. Ni las que vinieron después.

El aire se sintió más pesado.

—Pero dime… —Su voz se volvió más suave, más venenosa. — La esperanza del prójimo, no fue tu verdadera razón para enlazar la llama, ¿no?

La ira fue reemplazada por vergüenza, aparté la mirada.

Velka suspiró suavemente.

—Vamos, que no te deprima el pasado. —Su tono se volvió casi dulce. —Errare humanum est… (Errar es humano…)

La diosa extendió su mano hacia mi esperando que completara el dicho, pero no pude hacerlo.

Mis labios se entreabrieron, pero no salió nada.

Velka exhaló con una pequeña sonrisa, como si hubiera esperado mi reacción.

—Ni siquiera yo puedo otorgarte el perdón si no te lo das tú primero. —Una risa ligera escapó de sus labios. —Los humanos son fascinantes.

No fui capaz de mirarla por un rato. No supe cuánto tiempo estuve viendo la nada. Pero cuando finalmente reuní el valor para voltear…

No la encontré.

Velka se había ido tan silenciosamente como llegó. No sin antes dejar algo en el lugar donde había estado sentada.

Una piedra purgadora.

La tomé en silencio, sintiendo su frío peso en mi palma.

—Qué considerada eres, santa patrona de los miserables y desdichados. —Dije apretando la piedra y dejando que la maldición la consumiera.


¡Gracias por leer! Si te gusto no dudes en dejar una reseña, realmente me motivan bastante a escribir, ¡Hasta la próxima!