Capítulo 17
La Primera vez
Ruby era una persona con un sueño muy profundo y le costaba levantarse siempre en las mañanas, no era una persona mañanera. Sin embargo, esa mañana se sentía extrañamente cómoda, como si no tuviera ninguna prisa por enfrentar el día. Al abrir los ojos, sintió algo cálido debajo de ella. Se encontraba encima de alguien, y en cuestión de segundos los eventos del día anterior inundaron su mente. Levanto la mirada y ahí estaba Nina, todavía profundamente dormida, con un brazo envuelto protectivamente alrededor de su cintura.
Ruby parpadeó varias veces, el sonrojo subiéndole rápidamente al rostro. La noche anterior había sido una montaña rusa de emociones, desde los besos hasta el dulce momento en que ambas habían terminado juntas en la cama de Ruby. Lo que la sorprendía no era solo que se sintiera cómoda, sino que realmente disfrutaba estar ahí, envuelta en los brazos de Nina, como si ese fuera el lugar al que pertenecía.
Aspiró suavemente el aroma de Nina, una mezcla de frescura y algo que no podía describir, pero que ahora asociaba solo con ella. Cerró los ojos por un momento, tratando de calmar el sonrojo en sus mejillas, pero una suave risa rompió el silencio, haciéndola abrir los ojos rápidamente.
—Buenos días, nena —dijo Nina, su voz ligeramente ronca pero llena de calidez, mientras sus ojos azules se encontraban con los de Ruby.
Ruby se quedó paralizada por un momento antes de apartar la mirada, ocultando su rostro en el pecho de Nina como un intento desesperado de esconder su vergüenza.
—Buenos días... Nina —replicó en un susurro, su voz apenas audible, pero lo suficientemente clara para que Nina la escuchara.
Nina sonrió ampliamente, encontrando adorables las reacciones de Ruby. Con cuidado, la atrajo más hacia ella, abrazándola con suavidad.
—¿Dormiste bien, cielo? —preguntó en un tono íntimo, dejando un beso tierno en la mejilla de Ruby.
Ruby asintió lentamente, su rostro todavía hundido en el pecho de Nina, mientras respondía en voz baja:
—Dormí bien... de hecho, muy bien...
Nina, notando lo tímida que estaba Ruby, decidió darle un poco más de espacio, pero no pudo resistirse a acomodarse un poco para esconder su rostro en el cuello de Ruby. La cercanía hizo que Ruby soltara un suave gemido, lo que provocó que Nina soltara una risita juguetona.
—Nina... —murmuró Ruby, acariciando el cabello de Nina mientras intentaba mantener la compostura—. Pesas...
Nina soltó una carcajada y se apartó con cuidado, sentándose en la cama y dejando que Ruby respirara un poco. Desde esa posición, pudo admirarla mejor, con el cabello ligeramente despeinado y las mejillas aún sonrojadas. Para Nina, Ruby era simplemente hermosa, y no podía evitar que sus pensamientos se llenaran de cariño.
—Eres preciosa... —le dijo Nina, mirándola directamente a los ojos.
Ruby, incapaz de soportar la intensidad de esa mirada, se giró rápidamente, escondiendo su rostro en la almohada. Nina rió suavemente, sabiendo que Ruby estaba lidiando con todas esas emociones nuevas.
Con un suspiro, Nina se puso de pie y caminó hacia el armario para buscar su uniforme. Mientras lo sacaba, miró a Ruby por el rabillo del ojo y notó que la chica seguía en la cama, jugando nerviosamente con los bordes de su pijama.
—Lo siento, Ruby —dijo Nina de repente, girándose hacia ella—. Si estoy siendo muy afectiva, perdóname. No quiero incomodarte.
Ruby levantó la mirada rápidamente, negando con la cabeza.
—Eh... no, no... esto... es solo... —balbuceó, tratando de encontrar las palabras, pero su mente parecía un lío.
Nina sonrió suavemente, entendiendo que Ruby todavía estaba procesando todo. Con calma, colgó una toalla en su hombro y añadió:
—Tranquila, tomaré un baño. Si quieres, te espero para ir juntas a desayunar.
Antes de que Ruby pudiera responder, Nina entró al baño, cerrando la puerta suavemente detrás de ella. Ruby se quedó mirando la puerta durante varios segundos, sintiendo una ligera punzada en el pecho. Sabía que había tenido un malentendido con Nina, pero esta vez, lo había hecho de manera intencional, y eso la frustraba.
Ruby seguía mirando la puerta del baño, aún procesando lo que había pasado. Sentía que su pecho se apretaba ligeramente, pero no de una manera dolorosa. Era como si una cálida presión le recordara que todo esto era nuevo para ella, emocionante pero también intimidante. Todavía podía sentir el calor de los brazos de Nina y escuchar su voz resonando en su mente: "Eres preciosa."
Se sentó lentamente en la cama, jugando con los bordes de su pijama mientras trataba de calmarse. Amaba cómo Nina la miraba, cómo le demostraba cariño con esos gestos tiernos y protectores. Pero Ruby no sabía cómo expresar lo que sentía. Su inseguridad le jugaba en contra, y eso la frustraba más de lo que estaba dispuesta a admitir.
—¿Por qué soy tan torpe? —murmuró para sí misma, enterrando su rostro entre las manos.
El sonido de la puerta del baño abriéndose la hizo sobresaltarse. Nina salió con una toalla colgada alrededor del cuello, su cabello todavía húmedo cayendo en mechones despreocupados. Ya llevaba el uniforme, aunque su camisa estaba mal abotonada, dejando al descubierto un poco de su clavícula y parte de su piel, lo que hizo que Ruby sintiera cómo un intenso rubor se apoderaba de su rostro.
—¿Lista para el desayuno, nena? —preguntó Nina con una sonrisa relajada, mientras se pasaba una mano por el cabello mojado.
Ruby trató de apartar la mirada, pero sus ojos parecían incapaces de despegarse de Nina. Se levantó abruptamente de la cama, con las manos apretadas en puños. Su respiración se aceleró mientras buscaba las palabras adecuadas. Finalmente, tomó una profunda bocanada de aire y dijo, con una voz un poco más alta de lo normal:
—¡Nina, espera!
Nina levantó una ceja, algo sorprendida, pero se detuvo, observándola con atención y una ligera sonrisa en sus labios.
Ruby bajó la mirada, jugando nerviosamente con sus dedos mientras intentaba reunir el valor para hablar.
—No quiero que pienses que estoy incómoda contigo... —murmuró, pero su voz ganó fuerza a medida que continuaba—. Es solo que... nunca había estado en una relación como esta antes. Todo esto es nuevo para mí, pero... me gusta cuando eres cariñosa conmigo. Me gusta mucho.
Nina se quedó quieta, dejando que las palabras de Ruby resonaran en el silencio de la habitación. Su sonrisa se volvió más cálida y sincera. Dio unos pasos hacia Ruby y, cuando estuvo lo suficientemente cerca, levantó una mano para acariciar suavemente su mejilla. Ruby levantó la mirada, sus ojos encontrándose con los de Nina.
—Ruby, lo entiendo —dijo Nina con suavidad—. Y no quiero presionarte ni hacerte sentir incómoda. Pero me alegra que me lo hayas dicho. Te prometo que siempre iré a tu ritmo, ¿vale?
Ruby asintió lentamente, y su rubor se intensificó cuando Nina dejó un beso rápido y cariñoso en su frente antes de retroceder.
—Pero ahora —dijo Nina con una sonrisa traviesa—, tú también necesitas bañarte. No podemos ir al desayuno si sigues así, nena.
Ruby se sonrojó aún más, asintiendo rápidamente antes de agarrar su uniforme y dirigirse al baño. Mientras cerraba la puerta, escuchó a Nina riendo suavemente detrás de ella.
Dentro del baño, Ruby dejó correr el agua, notando que estaba un poco más fría de lo que esperaba. Se dio cuenta de que Nina, como de costumbre, había usado agua helada. Ruby suspiró con una mezcla de frustración y diversión.
—¿Cómo puede alguien ducharse con agua tan fría? —se dijo a sí misma mientras ajustaba la temperatura.
Cuando Ruby terminó su ducha, se puso el uniforme y salió, secándose el cabello con una toalla. Al abrir la puerta, sus ojos se encontraron con Nina, quien estaba sentada en su cama con una sonrisa burlona. Pero fue Ruby quien notó algo: Nina aún no había arreglado los botones de su camisa, y uno de ellos seguía fuera de lugar, dejando entrever parte de su piel.
—N-Nina, tu camisa... —dijo Ruby, señalándola mientras trataba de no mirarla directamente.
Nina bajó la mirada a su camisa y luego rio, acomodándose en la cama.
—¿Así está bien o crees que debería salir así al desayuno? —preguntó, juguetona.
Ruby se sonrojó tanto que tuvo que cubrirse el rostro con la toalla, murmurando algo ininteligible. Nina soltó una carcajada y se puso de pie.
—Vamos, nena, no te quedes ahí. Es hora de desayunar. —Y, guiñándole un ojo, comenzó a arreglarse la camisa correctamente.
Ruby suspiró, todavía roja como un tomate, pero no pudo evitar sonreír. Estar con Nina era un caos, pero también era la mejor parte de su día.
El camino al comedor fue tranquilo, casi como si el tiempo se detuviera en pequeños momentos significativos entre ellas. Las manos de Nina rozaban suavemente las de Ruby mientras caminaban juntas, un gesto sencillo pero cargado de significado. Nina estaba contenta, y Ruby, aunque todavía lidiaba con el constante rubor que se apoderaba de su rostro, también se sentía feliz. Todo esto era nuevo para ella, pero era una experiencia que deseaba vivir, un escape de las rígidas restricciones impuestas por Evelyn y su familia. Estar con Nina le hacía sentir ligera, libre, y por primera vez, completamente ella misma.
La cafetería estaba repleta de alumnas, algunas ocupando las mesas mientras reían y conversaban animadamente. Sin embargo, había suficientes mesas vacías, lo que permitió que Ruby y Nina encontraran un espacio para sentarse juntas, en lo que parecía un pequeño rincón de privacidad dentro del bullicio. Ambas se acomodaron, y mientras Ruby miraba tímidamente la mesa, evitando el contacto visual, Nina, siempre más relajada, aprovechó para tomar su mano por debajo de la mesa, entrelazando sus dedos de manera reconfortante.
El momento se interrumpió cuando Aoi apareció con su habitual energía contagiosa.
—¡Buenos días, Iseri-san! ¡Harlaown-san! Espero que hayan tenido un buen descanso —saludó mientras se sentaba con ellas sin pedir permiso.
Nina arqueó una ceja ante la espontaneidad de Aoi, pero le dedicó una sonrisa amigable. Ruby, por otro lado, bajó aún más la mirada, su rostro rojo como un tomate. Aoi las observó durante un momento y luego dejó escapar una sonrisa cómplice.
—Felicidades —dijo con un tono travieso.
Nina la miró, confundida, mientras ladeaba la cabeza.
—¿Felicidades? ¿Por qué? —preguntó, con genuina curiosidad.
Aoi rio entre dientes, señalándolas con un gesto amplio.
—Ustedes saben —dijo simplemente.
Ruby entendió a qué se refería y, como era habitual en ella, su rostro se cubrió de un rojo intenso. Afortunadamente, el desayuno llegó justo en ese momento. Ambas pidieron sus respectivos platos, y la conversación se desvió hacia temas más ligeros mientras comían. Nina, con su carácter despreocupado, comenzó a ofrecerle bocados de su plato a Ruby, quien, aunque avergonzada, aceptaba tímidamente. Era un gesto amoroso, y ambas se sumían en su pequeño mundo, ajenas a lo que ocurría a su alrededor.
Sin embargo, esa paz fue interrumpida por una figura conocida. Miki pasó cerca de su mesa, con Riko caminando unos pasos detrás de ella. Los ojos de Miki se clavaron en Ruby y Nina, y su expresión reflejaba desdén. Cuando vio a Nina darle de comer a Ruby de forma tan natural, su mandíbula se tensó visiblemente.
—Vaya, ahora sí que son cercanas… —dijo con un tono cargado de resentimiento—. Definitivamente estás cambiando, Ruby.
Ruby alzó la vista, confundida y algo avergonzada al ver a Miki, quien la miraba con una mezcla de decepción y enojo. Nina, al percatarse de la tensión, se levantó de inmediato, cruzando los brazos y adoptando una postura protectora.
—¿Se te perdió algo, Rojita? —preguntó Nina con frialdad, clavando la mirada en Miki.
Miki la enfrentó con una mirada cargada de ira.
—Todo estaba bien hasta que tú llegaste… —espetó, su voz llena de veneno—. Si no estuvieras aquí, Ruby seguiría siendo igual de pura.
Nina levantó una ceja, incrédula, antes de responder con una sonrisa burlona.
—¿Pureza? ¿Qué demonios estás diciendo? Ruby es Ruby, y lo único que tú quieres es manipularla para que haga lo que tú quieras, bruja.
La ira de Miki alcanzó su punto máximo. Roja como su cabello, levantó la mano, aparentemente dispuesta a golpear a Nina. Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, Riko apareció a su lado, sujetándole la muñeca en el aire con firmeza.
—Te recomiendo que no hagas eso, Yanamoto, a menos que quieras ser expulsada —dijo Riko con una voz calma pero autoritaria—. Iseri es parte de la rama de Artes, y tú sabes lo prestigiosa y exigente que es esa rama. ¿Te imaginas lo que dirían si una simple alumna del curso regular dañara a una de las nuestras?
La amenaza de Riko era clara, y Miki, aunque todavía furiosa, bajó la mano y se soltó de su agarre con un movimiento brusco. Miró a Nina, a Ruby, y luego a Riko con desdén.
—Púdranse todas ustedes —dijo antes de alejarse rápidamente, con el rostro todavía rojo de ira.
El silencio en la cafetería era palpable. Varias alumnas habían sido testigos del intercambio y murmuraban entre sí mientras Nina volvía a sentarse, relajando su postura.
—Gracias, Hoshisora —dijo Nina, mirando a Riko.
Riko soltó un bufido y se sentó junto a Aoi, tomando un par de palillos adicionales del lado de su plato.
—Evita pelearte, Iseri. Vas a dañar la reputación de la banda —dijo mientras tomaba un bocado de la comida de Aoi.
—¡Oye! —protestó Aoi, tratando de recuperar su plato.
Riko la ignoró olímpicamente mientras hablaba con Nina.
—Y menos hacer escenas porque alguien ofendió a tu novia. Ya no estás en secundaria, Iseri.
Ruby al escuchar el como Riko la categorizaba como la novia de Nina se volvió a sonrojar pero no dijo nada.
Nina suspiró, consciente de que Riko tenía razón.
—Lo siento, me dejé llevar —admitió Nina—. Pero si alguien intenta meterse con Ruby, no voy a dudar en salir a defenderla.
Riko tomó un sorbo del jugo de Aoi, quien seguía mirándola con indignación, antes de replicar:
—Ahí está tu problema, Iseri. No siempre tienes que buscar pelea. Sé inteligente.
Dicho esto, se puso de pie, mirando a Nina con una sonrisa de medio lado.
—Nos vemos en la sala de música por la tarde. —Luego miró a Aoi y añadió:— Gracias por el desayuno, muñeca.
Antes de que Aoi pudiera responder, Riko se inclinó hacia ella y le dejó un beso en la mejilla. El rostro de Aoi se puso tan rojo como el cabello de Miki, y se quedó sin palabras mientras Riko salía del comedor, dejando a Nina y Ruby con la boca abierta.
—¿Qué… acaba de pasar? —preguntó Nina finalmente.
Aoi solo escondió el rostro entre las manos, demasiado avergonzada para responder.
La mañana avanzaba con lentitud, y tanto Nina como Ruby no podían evitar reflexionar sobre lo ocurrido durante el desayuno mientras la profesora Kanzaki revisaba los apuntes de las estudiantes en su escritorio. Para comenzar Miki y su evidente resentimiento hacia ambas las tenía desconcertadas, aunque no tanto como el beso en la mejilla que Riko le dio a Aoi. Ambas chicas observaban a su amiga, quien no dejaba de juguetear con sus dedos mientras mantenía la mirada fija en la mesa, visiblemente avergonzada.
—Creo que le afectó más de lo que pensábamos… —comentó Nina con un tono cómplice, inclinándose un poco hacia Ruby.
Ruby, mirando de reojo a Aoi, luego a Nina, murmuró con una pequeña sonrisa:
—Si yo estuviera en su lugar, probablemente habría reaccionado igual.
Nina levantó una ceja y ladeó la cabeza para mirarla con intensidad antes de responder:
—Para empezar, yo no permitiría que alguien te bese, Ruby. A la primera o primero que lo intente, le doy con la guitarra.
El comentario provocó una risa dulce y suave en Ruby, quien cubrió su boca con una mano para no llamar la atención.
—¿Golpearías a alguien con tu preciada guitarra por mí? —preguntó en un tono juguetón, aunque sus ojos reflejaban ternura.
Nina, con una sonrisa confiada y cálida, respondió sin dudar:
—Tú eres más importante que mi guitarra, mi amor.
Ruby bajó la mirada, sintiendo cómo sus mejillas se encendían de un rojo intenso mientras murmuraba algo ininteligible, algo que Nina no pudo descifrar, pero que encontró adorable.
—¿Qué fue eso? —preguntó Nina con una sonrisa, inclinándose hacia ella.
—Nada, olvídalo… —respondió Ruby rápidamente, aún más roja, mientras trataba de enfocarse en su cuaderno.
Nina rio suavemente, apoyándose en su silla con una expresión satisfecha. Justo cuando parecía que el momento se volvía más íntimo, la puerta del salón se abrió de golpe, rompiendo la burbuja que habían creado. La profesora Hanamoto Akari entró con su característico aire despreocupado. Su voz resonó cálidamente en el aula mientras pedía permiso.
—Buenos días, Kahooo~ —saludó Hanamoto con una sonrisa que parecía demasiado familiar para el entorno formal.
La profesora Kanzaki, visiblemente acostumbrada a estas interrupciones, ajustó sus lentes y dejó escapar un suspiro cansado antes de responder con voz firme:
—Profesora Hanamoto, estamos en clase. Por favor, mantenga la formalidad.
Hanamoto le guiño el ojo de manera coqueta a la profesora Kanzaki, dejando escapar una risa suave.
—Lo siento, lo siento. Solo será un momento.
Giró hacia las alumnas, su postura pasando de relajada a profesional con fluidez.
—Buenos días, señoritas. Espero que hayan tenido un buen inicio de jornada. Hoy solo me dirigiré a las quince seleccionadas para la rama de Artes. Cuando escuchen su nombre, por favor salgan del salón. Tengo algunas indicaciones importantes para ustedes.
Las alumnas comenzaron a ponerse alerta. A medida que los nombres eran llamados, Nina, Ruby y Riko intercambiaron miradas rápidas. Finalmente, las tres escucharon sus nombres y se levantaron juntas. Mientras caminaban hacia la puerta, Nina no pudo evitar notar cómo Miki, desde su asiento, le dirigía una mirada fugaz, cargada de resentimiento. Antes de que Miki pudiera decir algo, Nina simplemente le sacó la lengua con descaro, lo que hizo que Ruby soltara una risa contenida.
Fuera del aula, la profesora Hanamoto las esperaba con una sonrisa relajada y un portapapeles en mano.
—Primero que nada, felicidades nuevamente por haber sido seleccionadas. Formar parte de la rama de Artes no es cualquier cosa, así que deberían estar orgullosas. —Hizo una pausa para asegurarse de que todas prestaran atención—. Tengo aquí sus horarios, que ya han sido coordinados con la dirección y la profesora Kanzaki. A partir de mañana, este será su horario oficial. También quiero informarles que deberán pasar por sastrería para recoger su nuevo uniforme. Este uniforme exclusivo las identificará como parte de esta rama y será un símbolo de su talento y dedicación.
Las chicas intercambiaron miradas. Algunas estaban emocionadas, como Nina, que tenía una sonrisa confiada en su rostro. Otras, como Ruby, parecían nerviosas, mientras que Riko simplemente mantenía su expresión despreocupada, como si todo estuviera bajo control. Hanamoto continuó:
—El horario oficial comenzará mañana, pero hoy pueden aprovechar el tiempo para adaptarse y prepararse. Eso es todo por ahora. ¡Nos vemos mañana, señoritas!
Hanamoto se despidió con un gesto amable antes de regresar al aula, dejándolas solas en el pasillo. Las chicas comenzaron a dispersarse en pequeños grupos, dirigiéndose hacia la oficina de sastrería.
Nina, que seguía sosteniendo suavemente la mano de Ruby, se inclinó un poco hacia ella y le susurró al oído:
—¿Vamos?
Ruby asintió tímidamente, sintiendo cómo su rostro volvía a calentarse. A pesar de su timidez, no retiró su mano de la de Nina, dejando que la guiara. Mientras ambas comenzaban a caminar, una risa burlona resonó detrás de ellas.
—¡Apresúrate, Iseri! Deja de coquetear con tu novia y vamos antes de que nos quedemos sin uniformes nuevos —dijo Riko, con una sonrisa astuta mientras pasaba a su lado.
Nina suspiró profundamente, mirando a Riko con una mezcla de exasperación y diversión.
—Esta chica… —murmuró entre dientes, aunque no pudo evitar sonreír.
Ruby rio suavemente, sintiéndose más tranquila al escuchar el tono relajado de Nina. Su mano seguía entrelazada con la de Nina, y el simple contacto la hacía sentir más segura de todo lo que estaba viviendo.
El grupo de chicas llegó finalmente a la oficina de sastrería, donde las recibió un espacio impecable con estanterías llenas de telas, muestras de uniformes y costureros trabajando con precisión en sus máquinas. En el counter principal, una secretaria con un uniforme formal, cabello recogido en un moño pulcro y gafas de montura delgada las observó con una sonrisa profesional.
—Buenos días, señoritas. ¿En qué puedo ayudarlas? —preguntó con amabilidad.
Nina, adelantándose un paso, habló en nombre del grupo:
—Somos estudiantes de primer año de la rama de Artes. La profesora Hanamoto nos indicó que tenemos que tomarnos las medidas para nuestro nuevo uniforme.
La secretaria asintió, tecleando rápidamente en su computadora mientras revisaba los informes en pantalla.
—Entendido. Por favor, necesito que me proporcionen sus nombres completos para verificar sus datos.
Una a una, las chicas comenzaron a dar sus nombres. La secretaria, con movimientos rápidos y eficientes, confirmaba cada nombre en el sistema. Finalmente, tras unos minutos, cerró la pantalla y les sonrió nuevamente.
—Todo está en orden, señoritas. Por favor, pasen por esa puerta —indicó una puerta doble a la derecha—. Las estarán esperando para tomar sus medidas y registrar las especialidades correspondientes.
Las chicas caminaron hacia la puerta indicaba, donde una asistente más joven, con una cinta de medir alrededor del cuello, las recibió con entusiasmo.
—¡Bienvenidas! Por favor, síganme una a una para tomar las medidas. Esto no tomará mucho tiempo.
Mientras las chicas esperaban su turno, podían observar en las paredes del lugar varios uniformes ya terminados con detalles únicos. Los colores diferenciaban claramente a las ramas, pero lo que más llamó la atención de Nina fue el pequeño pin que adornaba el uniforme de muestra que correspondía a la rama de música. Era una corchea doble, brillante y pulida.
Cuando Nina llegó a su turno, la asistente comenzó a medir su altura, busto, cintura y cadera, anotando con precisión cada dato. A medida que escribía, Nina no pudo evitar su curiosidad.
—Disculpe, ¿por qué necesitan saber nuestras especialidades si todas pertenecemos a la rama de Artes? —preguntó con un tono genuinamente interesado.
La asistente, mientras ajustaba la cinta métrica en la cintura de Nina, sonrió y explicó:
—Es una buena pregunta. Cada uniforme lleva un pin que identifica la rama a la que pertenece la alumna. En el caso de la rama de musica, tienen este pin de la corchea doble —dijo, señalando el pequeño distintivo en el uniforme de muestra—. Pero además, cada alumna lleva un pin adicional que refleja su especialidad. En su caso, señorita Iseri, llevaría la corchea doble de la rama de música y, además, un micrófono que representa su especialidad de canto.
Nina sintió cómo sus ojos se iluminaban de emoción al escuchar aquello. La idea de llevar esos distintivos llenos de significado le encantaba.
—¡Eso es increíble! —exclamó Nina, con una gran sonrisa.
Riko, quien estaba cerca, se inclinó hacia la asistente con los brazos cruzados.
—Entonces, ¿a mí me tocaría la corchea doble y este tambor con dos baquetas? —preguntó, señalando unos pines de muestra con curiosidad.
La asistente asintió con amabilidad.
—Efectivamente, señorita Hoshisora. Esa será su combinación de pines.
Riko mostró una sonrisa de satisfacción mientras miraba a Nina.
—Entonces tenemos que buscar a las alumnas que lleven el bajo como pin, ¿no crees, Iseri? —comentó con un tono burlón.
Nina rió, relajándose un poco.
—Sí, ya sabemos dónde buscar. Aunque, si son como tú, ellas van a aparecer solas.
Ambas rieron juntas mientras Ruby, que estaba sentada cerca, las observaba con una sonrisa tímida, sin poder evitar contagiarse de la emoción del momento. La perspectiva de llevar los uniformes personalizados con esos distintivos hacía que cada una de las chicas sintiera que estaba comenzando algo especial. Una nueva etapa llena de retos, pero también de grandes oportunidades.
La mañana del sábado avanzaba tranquila en casa de las Nakajima, donde Nina pasaba los fines de semana para no quedarse sola mientras sus padres trabajaban en el extranjero. La mesa del desayuno estaba animada como siempre, con bromas, risas y alguna que otra discusión amistosa.
—Entonces, ¿me dices que no te peleaste con nadie y sobreviviste a tu primera semana entre ricachonas? —preguntó Subaru mientras mordía una tostada, mirándola con una ceja levantada.
—Es raro. Ya estaba preparada para ir a defenderte en dirección. ¿Qué pasó? ¿Te acobardaste entre las niñas ricas? —añadió, burlándose de su sobrina.
—¡Subaru! ¿Qué estás tratando de decirle a nuestra sobrina? —reclamó Morinoko, su esposa, mientras lanzaba una mirada de advertencia.
—Amor, es una broma. —Subaru alzó las manos con una sonrisa despreocupada, pero antes de que pudiera seguir, Ginga interrumpió.
—¡Abre la boquita que aquí viene el avioncito, ruuuum, ruuuum! —canturreaba Ginga, intentando darle a Nina un trozo de cereal con una cuchara.
—¡TIAAA, QUE NO SOY UNA BEBÉ! —protestó Nina, intentando esquivar a su tía, quien ignoraba completamente sus quejas y seguía con el juego.
Subaru y Morinoko observaban a las dos, riéndose entre dientes. La casa se sentía más llena, más viva con Nina ahí, algo que ambas estaban comenzando a notar. Subaru, casi sin pensar, se inclinó hacia su esposa y le dio un beso en la mejilla. Morinoko sonrió y aceptó el gesto con ternura.
El sonido del timbre rompió la paz, acompañado por los ladridos de Nala, la labradora K9 de Subaru, que se acercó corriendo a la puerta.
—Nala, silencio. —Subaru chasqueó la lengua y ordenó con firmeza—. Sit.
Nala, bien entrenada, se sentó obedientemente, aunque todavía observaba con atención hacia la entrada. Subaru abrió la puerta para encontrarse con un mensajero vestido con el uniforme de entregas oficiales.
—Buenos días, tengo una entrega para la alumna Iseri Nina de Shirayuri Joshi Kōtō Gakkō. Necesito que un tutor legal firme la recepción —dijo el joven, mostrando una tableta con un papel.
Subaru tomó la tableta y firmó rápidamente con su sello de los Nakajima.
—Eso sería yo. —El mensajero pareció dudar un momento.
—¿Podría confirmar su relación con la alumna? —insistió, claramente siguiendo el protocolo.
Subaru lo miró con una sonrisa irónica y sacó su placa.
—Mayor Subaru Nakajima de la Policía Metropolitana de Sapporo. Soy su tía. Aquí está mi identificación oficial. ¿Necesita que le muestre mi arma de reglamento? —bromeó, aunque su tono mantenía un matiz de seriedad.
El mensajero, visiblemente nervioso, negó rápidamente.
—No es necesario, señora. Aquí tiene el paquete. —Le entregó la caja con manos temblorosas.
Antes de cerrar la puerta, Subaru no pudo resistirse a jugarle una última broma.
—Nala, suchen. —La perra comenzó a olfatear el paquete con precisión.
—Si se sienta, quiere decir que hay explosivos o drogas. En ese caso, tendría que interrogarte, muchacho —dijo Subaru con fingida seriedad.
El mensajero dio un paso atrás, tartamudeando.
—S-solo soy un mensajero oficial... Es una entrega de la escuela.
Morinoko, que había aparecido detrás de Subaru, puso fin al juego.
—Subaru, deja de aterrar al pobre chico. Muchas gracias por la entrega, puedes retirarte.
El mensajero hizo una inclinación rápida y se fue apresurado. Morinoko miró a Subaru, divertida.
—Eres terrible, estaba pálido. —Subaru rio, tomando el paquete y llevándolo a la sala.
—Enana, te llegó algo de la escuela —anunció Subaru, dejando la caja sobre la mesa.
Nina se levantó de inmediato, curiosa. Al leer la etiqueta y confirmar que era de la escuela, comenzó a abrirlo rápidamente. Dentro de la caja estaba su nuevo uniforme, impecable y reluciente. El tejido era de alta calidad, con detalles que lo diferenciaban claramente del uniforme regular. Era de un azul marino profundo, con ribetes plateados en las mangas y el cuello. La falda tenía un diseño plisado con sutiles líneas decorativas, y la chaqueta llevaba el emblema de la escuela bordado en dorado.
Pero lo que más emocionó a Nina fueron los pines incrustados en el uniforme. Había una corchea doble que representaba la rama de música y un micrófono que indicaba su especialidad en canto. Levantó el uniforme con cuidado, sus ojos brillando de ilusión.
—¡Es perfecto! —exclamó, casi sin aliento.
—¿No tenías ya un uniforme? —preguntó Subaru, inclinándose hacia ella.
—La rama de Artes tiene un uniforme distinto. ¡Y mira esto, tía! ¿Ves estos pines? Indican que pertenezco a la rama de música y que mi especialidad es canto —explicó emocionada.
Subaru sonrió, sacudiendo la cabeza con diversión.
—En mis tiempos, solo teníamos un uniforme y ya.
Morinoko rió, observando a su sobrina con cariño.
—Parece que estás disfrutando mucho tu tiempo en la escuela, Nina.
Nina abrazó el uniforme contra su pecho, mirando a sus tías con una gran sonrisa.
—No se imaginan cuánto.
El suave resplandor de la mañana se filtraba por las cortinas de la habitación de Ruby, bañando su piel con una cálida luz dorada. Su mente flotaba entre el sueño y la vigilia, envuelta en una sensación de calidez que, por un momento, le hizo creer que aún estaba entre los brazos de Nina. Se movió ligeramente en la cama, buscando inconscientemente aquella presencia reconfortante… pero no estaba allí.
Abrió los ojos con lentitud y la realidad la golpeó. Estaba en la mansión Harlaown. Su habitación. Sola.
Suspiró, sintiendo cómo la ausencia de Nina se volvía tangible en el frío espacio a su lado. Extrañaba su calor, la manera en que sus cuerpos encajaban a la perfección durante la noche, la seguridad que le transmitía su abrazo. Había sido solo una semana en la academia, pero dormir junto a Nina se había convertido en algo tan natural para ella que ahora, sin su presencia, su cama le parecía inmensa y vacía.
—Milady, es hora de despertar. Sus madres la esperan en el comedor.
Ririka, su fiel doncella, se encargó de despertarla como era habitual cuando Ruby estaba en casa.
Ruby suspiró, todavía medio adormilada, mientras se sentaba en la cama. Sentía una ligera melancolía, extrañando la calidez y el abrazo protector de Nina.
—Aquí tengo su cambio de ropa, Milady. Por favor, alce los brazos para ayudarla a vestirse —indicó Ririka.
Ruby, ya acostumbrada a la rutina de su hogar, alzó los brazos sin protestar mientras Ririka con delicadeza le quitaba el pijama y comenzaba a vestirla. No tenía sentido resistirse; sabía que Ririka era insistente en mantener las formalidades. Luego, tomó el cepillo de plata con el emblema de los Harlaown y comenzó a peinar su largo cabello dorado con movimientos precisos y controlados.
Mientras Ririka terminaba con su peinado, Ruby pensó en lo que Nina estaría haciendo en ese momento. Tal vez aún dormía, envuelta en las sábanas de su tía, sin preocuparse por el protocolo o la etiqueta. La imagen la hizo sonreír.
Una vez vestida, Ririka procedió a cepillar el cabello dorado de Ruby, asegurándose de que cada mechón estuviera perfectamente en su lugar. Tras unos veinte minutos, Ruby estaba lista para el día, impecable como siempre. Bajó las amplias escaleras de mármol y se dirigió al comedor, donde la esperaban sus tres madres: Lindy, Precia y Saori, quienes la miraban con amor en sus ojos.
—Buenos días, mi amor —saludó Precia en cuanto Ruby entró, levantándose para recibirla con un abrazo y un beso en la mejilla—. Te extrañé.
—Mami Precia… yo también te extrañé —respondió Ruby con una sonrisa.
Saori se levantó también y la envolvió en un abrazo, depositando suaves besos en su mejilla.
—Buenos días, mi princesa. Me alegra verte otra vez en casa.
—Mami Saori, también las extrañé mucho.
Lindy, quien estaba en la cabecera, sonrió con ternura al ver la escena. Extendió los brazos en su dirección, invitándola a acercarse.
—Ven aquí, mi rayito de sol.
Ruby no dudó en caminar hasta ella y abrazarla con fuerza, disfrutando la calidez y seguridad que solo su madre le transmitía.
—Te extrañé mucho, mami Lindy.
—Yo también, mi cielo.
Las sirvientas comenzaron a servir el desayuno en ese momento, y la familia se acomodó para comer. Durante la comida, Lindy fue la primera en abordar el tema más importante.
—Entonces, ¿cómo te ha ido en la academia? ¿Te gusta Shirayuri Joshi Kōtō Gakkō?
Ruby, mientras tomaba un bocado de su tostada, asintió con entusiasmo.
—Sí, mami. Es mucho mejor de lo que esperaba.
Lindy arqueó una ceja con interés.
—Me alegra escuchar eso. ¿Ya te asignaron a una rama y especialidad?
Ruby dejó su taza de té sobre el platillo y asintió.
—Sí, estoy en la rama de Artes.
—¿Artes? —repitió Lindy con una leve sorpresa—. ¿Pasaste el filtro de Artes? Eso es maravilloso, mi amor. Es una rama muy exigente, solo aceptan a quienes tienen un talento nato.
—Sip —confirmó Ruby con orgullo—. Estoy en danza y mi especialidad es ballet.
Lindy apoyó su mentón en sus manos y la miró con un destello de orgullo en sus ojos.
—Mi bebé está creciendo… Estoy muy orgullosa de ti.
Ruby se sonrojó, sintiendo cómo el amor de su madre la envolvía con cada palabra.
La tranquilidad del desayuno se vio interrumpida por la repentina entrada de Alexandria Seraphine, quien se inclinó con precisión ante las matriarcas de la casa.
—Milady, señoras Harlaown, lamento interrumpir su desayuno, pero tenemos una entrega de la escuela. Hay un mensajero en la entrada que se niega a entregar el paquete. Insiste en que debe ser recibido por un tutor legal o los padres de la alumna. ¿Debería encargarme de él de otra forma? —dijo Alexandria con su característico tono frío y formal.
Lindy dejó su taza de té y suspiró.
—No, Lexie. La escuela es muy estricta en este tipo de procedimientos. Iré yo misma.
—Ut iussisti, domina Harlaown —respondió Alexandria con una reverencia, acompañando a Lindy hacia la entrada.
Cuando Lindy llegó a la entrada, encontró al mensajero rodeado por los guardias de la mansión. El joven estaba notablemente nervioso, mirando con inseguridad a los hombres armados que lo rodeaban.
—Déjenlo pasar —ordenó Lindy con un tono firme pero sereno.
Los guardias se apartaron de inmediato, y el mensajero, con pasos temblorosos, se acercó.
—B-Buenos días… —balbuceó.
—Deja de tartamudear —ordenó Lindy con una voz fría y dominante. No era una petición. Era una orden.
El mensajero tragó saliva y se apresuró a continuar.
—V-Vengo a entregar un paquete a la alumna Ruby Harlaown.
—Puedes dejarlo aquí. Lexie, llévalo adentro.
Alexandria recogió el paquete con una reverencia impecable.
—Como ordene, mi matriarca.
El mensajero asintió nerviosamente, pero no se movió.
—N-necesito confirmar su cercanía con la alumna… es el protocolo.
Lindy lo fulminó con la mirada, su tono volviéndose aún más gélido.
—Estás ante Lindy Harlaown, cabeza y jefa de la casa Harlaown. Matriarca del Escudo Real y la Leona de Galia. Ruby es mi hija. ¿Necesitas más pruebas, muchacho?
El aire se volvió denso. El muchacho sintió que su propio cuerpo se paralizaba por la presión de la mujer frente a él. Negó con la cabeza de inmediato, sin atreverse a decir una palabra más.
—Largo de aquí.
El mensajero hizo una reverencia rápida y prácticamente huyó de la mansión.
Lindy se giró hacia Alexandria, recuperando su tono relajado.
—Vamos adentro.
De vuelta en el comedor, Lindy colocó la caja frente a Ruby.
—Esto es para ti, mi amor.
Ruby, emocionada, abrió rápidamente el paquete, supo de inmediato lo que era. Lo abrió con emoción y encontró su nuevo uniforme, el diseño exclusivo de la rama de Artes. La tela era de un elegante tono rosa con detalles refinados que lo diferenciaban del uniforme estándar. En el pecho, cuidadosamente incrustados, estaban sus pines distintivos: el símbolo de danza y la zapatilla de ballet.
Sus ojos brillaron con ilusión.
—Es precioso… —susurró con emoción.
Ruby retiró cuidadosamente el uniforme de la caja, dejando que la tela se desplegara con suavidad entre sus manos. Un hermoso vestido de color rosado claro, diseñado con una elegancia sutil pero distintiva, reflejaba su nueva posición dentro de la rama de Artes. El tejido era delicado pero firme, con detalles bordados en los puños y el dobladillo, otorgándole un aire refinado que resaltaba su exclusividad.
Sin embargo, lo que más capturó su emoción fueron los pines que adornaban el uniforme. Tomó uno con delicadeza entre sus dedos y lo mostró con orgullo a sus madres.
—Miren, este es el distintivo de la rama de baile —dijo, sosteniendo el pin de una silueta danzante con gracia—. Y este otro es mi especialidad… ballet.
Su voz reflejaba la ilusión pura, el orgullo de haber logrado su objetivo. Sus ojos brillaban mientras recorría cada detalle de su nuevo uniforme. Lindy la observó con ternura y, con una sonrisa, se acercó para acariciar suavemente su cabello dorado.
—Estoy muy orgullosa de ti, mi amor —susurró con calidez—. Te amo mucho.
Ruby cerró los ojos un instante, disfrutando el cariño de su madre antes de mirarla con afecto sincero.
—Yo también te amo, mami Lindy.
Lindy le dio una palmadita en la cabeza, sonriendo al ver la felicidad reflejada en el rostro de su hija. Con un gesto amable, la invitó a regresar a la mesa.
—Venga, terminemos nuestro desayuno.
El aroma del té recién servido llenó el comedor mientras las sirvientas colocaban una selección de bocadillos suaves en la mesa. La atmósfera era tranquila y cálida, con las voces de la familia mezclándose con el sutil tintineo de las tazas al posarse sobre los platillos.
—Cuéntanos más, cielo —pidió Lindy, tomando un sorbo de su té—. ¿Cómo ha sido tu primera semana en la academia?
Ruby sonrió y comenzó a narrar su experiencia con entusiasmo. Habló sobre las clases, las exigencias de la escuela, la emoción de haber sido seleccionada para la rama de Artes y lo mucho que disfrutaba sus prácticas de baile. Precia y Saori la escuchaban con atención, asintiendo de vez en cuando mientras disfrutaban de su desayuno.
Sin embargo, en medio de la conversación, Precia hizo una pregunta que la tomó por sorpresa.
—Y dime, mi amor… ¿cómo es tu compañera de habitación?
Ruby, que acababa de tomar su taza de té, se detuvo a mitad de camino. Su cuerpo se puso un poco rígido y sus ojos se movieron con discreción hacia su madre.
—¿Mami-Precia, por qué preguntas? —intentó sonar casual, pero la ligera tensión en su voz la delató.
Precia la miró con una mezcla de curiosidad y perspicacia, pero su tono seguía siendo calmado.
—Porque quiero saber con quién está conviviendo mi princesa. ¿Pasa algo malo con tu compañera de habitación?
Ruby se sobresaltó ligeramente y respondió con más prisa de la que pretendía:
—¡NOOO! —su voz resonó más fuerte de lo necesario, y al darse cuenta de ello, bajó la mirada y jugueteó con los bordes de su uniforme—. Es solo que… me parece raro que lo consulten.
Precia arqueó una ceja, notando la reacción de su hija, pero en lugar de presionarla, cambió su tono a uno más suave y maternal.
—¿Cómo se llama?
Ruby tragó saliva, sintiendo su corazón latir con más fuerza. Murmuró con voz casi inaudible:
—Nina Iseri…
—¿Quién? —preguntó Precia, inclinándose ligeramente hacia ella.
Ruby suspiró y, sin poder evitar sonrojarse, repitió con más claridad:
—Nina Iseri.
Precia permaneció en silencio por unos segundos. No dijo nada al principio, simplemente extendió la mano y acarició suavemente la cabeza de su hija, como si quisiera transmitirle tranquilidad.
—¿Nina Iseri, eh? —murmuró—. Háblame de ella.
Ruby sintió su rostro calentarse aún más. Bajó la mirada, sintiendo una mezcla de emociones al tener que describir a Nina en voz alta y ante sus madres. Sin embargo, no podía negarle la petición a su mamá. Se acomodó en su asiento, apretó las manos sobre su regazo y empezó a hablar.
—Ella… es increíble. Es fuerte y decidida, siempre sabe lo que quiere. No le importa lo que los demás piensen de ella, solo sigue su propio ritmo y lucha por lo que le apasiona. Es talentosa, toca la guitarra y canta como si hubiera nacido para estar en un escenario. Cuando canta, es como si la música y ella fueran una sola, como si todo a su alrededor desapareciera… —hizo una pausa, dándose cuenta de lo embelesada que sonaban sus palabras, lo cual solo intensificó su sonrojo. Se aclaró la garganta y continuó en un tono más bajo—. Pero también es amable. Siempre está pendiente de mí, me hace sentir segura. Es muy cariñosa, aunque a veces le gusta molestarme… —sonrió con ternura—. Pero de una manera que me hace sentir… especial.
Cuando terminó de hablar, se dio cuenta de que todas sus madres la estaban observando con atención.
Precia fue la primera en reaccionar. Se inclinó un poco más y la miró con una expresión curiosa.
—La quieres mucho, ¿verdad?
Ruby sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Su rostro explotó en un sonrojo profundo y, casi de inmediato, agitó las manos en negación.
—¡No es así, mamá! —protestó con voz temblorosa.
Precia, Lindy y Saori intercambiaron miradas cómplices, pero ninguna insistió en el tema. Ruby, sintiéndose expuesta y avergonzada, tomó su uniforme con más fuerza y se puso de pie.
—Voy a mi habitación…
Lindy la miró con una sonrisa divertida.
—¿Tan rápido, mi amor?
—Sí, quiero revisar mi nuevo uniforme y acomodarlo bien —respondió apresurada. Luego, se inclinó ligeramente para pedir permiso—. Con su permiso, mamás.
Las tres observaron cómo Ruby salía con rapidez del comedor, su larga cabellera dorada ondeando con el movimiento.
El silencio quedó en la mesa por unos segundos. Lindy se recargó en su asiento, su expresión ahora mucho más seria y pensativa.
Dirigió su mirada a Alexandria, quien estaba de pie con su postura impecable.
—Lexie… averigua quién es Nina Iseri.
Alexandria hizo una reverencia, con su expresión imperturbable.
—Como ordene, mi matriarca.
Y con esa orden, la ama de llaves de la familia Harlaown se dispuso a cumplir su misión.
El lunes había llegado, y con él, el regreso a la academia. Desde la entrada, podía verse a las alumnas cruzando los portones con elegancia, sus impecables uniformes ondeando suavemente con el viento matutino. Sin embargo, no todas vestían el mismo color.
El blanco representaba a las alumnas del curso regular, aquellas que pertenecían a la rama de Administración. Las estudiantes de la rama de Etiqueta, por otro lado, portaban uniformes en un refinado color marfil con bordes dorados, acompañados de una pluma dorada en el pecho como distintivo de su especialización. Pero la verdadera distinción recaía en las estudiantes de la rama de Artes, el grupo más selectivo de la academia, aquellas cuyo talento era considerado excepcional. Sus uniformes variaban según su especialidad:
Música: Azul marino.
Baile: Rosa claro.
Dibujo: Verde esmeralda.
Teatro: Púrpura.
Escultura: Terracota.
Cada una de ellas destacaba en el mar de estudiantes, no solo por su vestimenta, sino por la expectativa que rodeaba su desempeño.
Y justo en ese momento, en medio de la entrada de la academia, una patrulla de la Policía Metropolitana de Sapporo se detuvo con sus luces de emergencia girando en tonos rojos y azules.
El sonido del motor apagándose atrajo de inmediato la atención de las alumnas que pasaban, sus pasos desacelerándose mientras miraban con curiosidad la escena. Los murmullos se esparcieron rápidamente entre ellas, especulaciones flotando en el aire.
Desde el asiento trasero de la patrulla, Nina suspiró pesadamente mientras sostenía su guitarra.
—Tía, van a pensar que la policía me detuvo —murmuró con exasperación, lanzándole una mirada de reproche a Subaru, quien sonreía con confianza desde el asiento del conductor.
—Tonterías —replicó Subaru con aire despreocupado—. En mis tiempos, si te traía la policía, significaba que eras alguien de temer.
—Tía… —Nina la miró incrédula—. Estamos en una escuela de ricachonas. Si me ven bajando de una patrulla, van a pensar que vengo de prisión.
Subaru soltó una carcajada, claramente disfrutando la situación más de lo que debería.
La puerta trasera se abrió, y Nina bajó con su guitarra al hombro, tratando de ignorar las miradas que se posaban sobre ella. Podía sentir los cuchicheos a su alrededor, algunas miradas escandalizadas y otras simplemente curiosas.
—Genial, ahora soy la delincuente del internado… —pensó, rodando los ojos con resignación.
Antes de que pudiera alejarse por completo, Subaru salió del vehículo con paso firme, ajustándose el uniforme de la policía metropolitana. Su postura imponente, la placa brillando en su pecho y el arma reglamentaria en su cinto solo reforzaron su presencia. Algunas alumnas se quedaron mirando curiosas la figura de la oficial, que claramente no era una agente cualquiera, sus medallas en el pecho y cordones en el brazo derecho le hacían ver como alguien de rango superior.
—No olvides algo, enana —llamó Subaru con voz firme.
Nina se detuvo y giró levemente la cabeza.
—¿Eh?
—No te has despedido de tu amada tía como se debe.
Nina sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Sus ojos recorrieron el área rápidamente, asegurándose de que nadie estuviera prestando demasiada atención, pero para su desgracia, todas las miradas seguían sobre ellas.
—Tía… —susurró con tono de súplica—. Soy grande, por favor…
Subaru arqueó una ceja, desafiándola con la mirada.
—Nada de grande. Ven aquí y despídete de mí como se debe.
Nina suspiró con resignación y, sabiendo que no tenía escapatoria, se acercó a su tía con movimientos pesados. De mala gana, la abrazó y le dio un beso en la mejilla.
—Gracias por traerme, tía…
Subaru sonrió ampliamente, dándole unas palmaditas en la espalda antes de soltarla.
—¡Diviértete en la semana, cariño!
Nina se alejó rápidamente, sintiendo las miradas todavía sobre ella. Quería que la tierra la tragara.
A lo lejos, algunas alumnas seguían murmurando.
—¿Esa chica salió de una patrulla…?
—¿Será alguna hija de un policía?
—O tal vez una rebelde peligrosa…
Ruby, quien había llegado hace unos minutos, presenció la escena con los ojos bien abiertos. Aunque conocía a Nina lo suficiente para saber que esto no significaba nada malo, no pudo evitar llevarse una mano a la frente y suspirar.
—Definitivamente nadie se olvidará de Nina Iseri después de esto.
Ruby dejó escapar un suspiro mientras observaba cómo Nina avanzaba con rapidez, intentando deshacerse de las miradas que la seguían con curiosidad. Su cabello rojizo ondeaba con cada paso apresurado, y su expresión era una mezcla de vergüenza y resignación.
¿Cómo es que siempre logra atraer la atención de todas sin siquiera intentarlo?
Sin poder evitarlo, Ruby sonrió levemente. Nina tenía una presencia imposible de ignorar, pero esta vez, su entrada a la academia fue demasiado llamativa, incluso para sus estándares.
Decidió alcanzarla antes de que desapareciera por los pasillos. Caminó con elegancia, sin apurarse demasiado, pero asegurándose de acortar la distancia. Antes de que Nina pudiera llegar a los dormitorios, Ruby le tomó suavemente de la muñeca.
—Nina.
Nina se detuvo de golpe y giró la cabeza. Sus ojos azules se encontraron con los rojos de Ruby, quien la miraba con una mezcla de diversión y ternura.
—Oh, Ruby... —Nina parpadeó, dándose cuenta de que su novia había estado presenciando todo—. No digas nada… ya sé.
Ruby entrecerró los ojos, inclinando un poco la cabeza.
—¿Segura? Porque parece que hay mucho de qué hablar —dijo con una sonrisa traviesa.
Nina gruñó en voz baja y desvió la mirada, inflando las mejillas.
—Tía Subaru es imposible. ¡Me trajo en patrulla como si fuera una criminal!
Ruby soltó una risa baja, cubriéndose la boca con la mano.
—Bueno… definitivamente nadie olvidará a Nina Iseri después de esto.
—¡Eso no ayuda, mi amor! —protestó Nina, haciendo un puchero.
Ruby se sonrojo y rio suavemente y, sin previo aviso, entrelazó sus dedos con los de Nina. La castaña se sorprendió al sentir la calidez de su mano, y se acerco a ella para darle un suave beso en los labios que agarro desprevenida a Ruby.
—Pero al menos ahora, puedo caminar contigo antes de que alguna chica de la escuela crea que de verdad soy una fugitiva —bromeó Nina con suavidad.
Ruby bufó aun sonrojada, pero no soltó la mano de Nina.
—No bromees con eso, Nina. No quiero que tu primer día con este uniforme termine con un reporte en la oficina de la directora.
Ruby echó un vistazo al uniforme de Nina. El azul marino le quedaba increíblemente bien, resaltando sus ojos y combinando perfectamente con su cabello castaño. Sus pines brillaban con orgullo en el pecho, mostrando su especialidad en música y canto.
—Se te ve bien —comentó, con un tono más sincero—. De verdad.
Nina se detuvo un momento y la miró. Su expresión se suavizó, y el sonrojo en sus mejillas se intensificó.
—Gracias… tú también luces hermosa con tu uniforme —murmuró, mirando el rosa claro de la tela, que hacía resaltar aún más los dorados cabellos de Ruby.
Ambas se miraron por unos segundos, sintiendo el peso de la realidad sobre ellas. Estaban juntas, en la academia, en la rama de Artes. Habían pasado la prueba y ahora formaban parte de algo mucho más grande.
Pero antes de que pudieran perderse demasiado en la mirada de la otra, una voz familiar las interrumpió.
—¡Iseri!
Ambas giraron al mismo tiempo y vieron a Hoshisora Riko acercándose con paso seguro, su expresión entre divertida y molesta.
—¿piensas quedarte aquí toda la mañana o vas a venir a la sala de música de una vez? Hanamoto quiere vernos antes de la primera clase.
Nina parpadeó.
—¿Tan temprano?
Riko rodó los ojos.
—Sí, así que mueve el culo. No quiero que nos castiguen por llegar tarde el primer día con uniforme nuevo.
Nina soltó la mano de Ruby con suavidad, pero antes de que pudiera moverse, Ruby le apretó la muñeca con un leve tirón. Nina volteó a verla, y Ruby, con un sonrojo aún presente en su rostro, le susurró:
—Te veo en la hora del almuerzo.
Nina sonrió de lado y asintió.
—Por supuesto, nena.
Con eso, ambas se separaron y tomaron rumbos distintos. Nina siguió a Riko hacia la sala de música, mientras Ruby se dirigía a su primer curso de la mañana.
Pero a pesar de la distancia, ambas sintieron lo mismo:
El lunes apenas comenzaba, pero ya sabían que este sería un día interesante.
Ruby llegó al salón asignado para su primera clase del lunes. A diferencia de los días en los que solo se encontraba con sus compañeras de la rama de Artes, esta clase era conjunta con el grupo regular. Al abrir la puerta, se detuvo por un momento y observó el contraste de colores en el aula. La gran mayoría de las alumnas vestían el uniforme blanco, característico de la rama de Administración, reflejando su camino más académico y tradicional.
No muy lejos, reconoció a sus tres compañeras de la rama de Baile, quienes al igual que ella llevaban el uniforme rosa claro. A la derecha del aula, otro grupo de chicas vestía uniformes color marfil con detalles dorados. Aquellas pertenecían a la rama de Etiqueta, su porte y gestos delicados denotaban la estricta formación en modales y protocolo. Entre ellas, Ruby identificó a Fujiwara Aoi, cuya energía era inconfundible.
—¡Harlaown-san…! —exclamó Aoi alzando ambas manos por encima de la cabeza con una amplia sonrisa.
Ruby no pudo evitar sonreír al verla y comenzó a caminar hacia ella. Sin embargo, en su trayecto, su mirada se cruzó con la de Miki Yanamoto, quien estaba sentada cerca de la ventana. Miki vestía el uniforme blanco, lo que confirmaba que había optado por permanecer en la rama de Administración.
Por un instante, las dos chicas se miraron directamente. Pero antes de que Ruby pudiera decir algo, Miki desvió la vista con desdén. Ruby soltó un leve suspiro, ya acostumbrada a la actitud hostil de su antigua amiga.
—Tu perro rabioso no está contigo hoy, al parecer —murmuró Miki en un tono más alto de lo necesario, lo suficiente para que Ruby lo escuchara.
Ruby se detuvo por un segundo, sintiendo cómo la ira comenzaba a hervirle internamente. Se giró levemente hacia Miki y, con un tono controlado pero firme, le dijo:
—No la llames así.
Miki le lanzó una mirada de desafío, aunque no respondió directamente. Simplemente soltó un bufido y apartó la vista con un "jum", ignorándola por completo.
Ruby se obligó a calmarse, respirando hondo antes de continuar su camino hacia Aoi, quien seguía saludándola con entusiasmo.
—¡Harlaown-san, buenos días~! —canturreó Aoi, moviendo las manos como si estuviera llamando a una mascota—. ¡Te ves preciosa con el uniforme rosa!
Ruby dejó escapar una risa suave mientras se sentaba en el asiento junto a Aoi.
—Tú también te ves muy bien, Fujiwara-san. Ese uniforme te queda perfecto —comentó, señalando el elegante traje marfil con detalles dorados—. Estás en la rama de Etiqueta, ¿verdad?
Aoi asintió repetidamente con una sonrisa radiante.
—¡Sí! Era uno de los objetivos que me dieron en mi familia —dijo, moviendo los dedos nerviosamente en el aire, como si dibujara figuras invisibles—. ¡Ah, por cierto! ¿Iseri-san no vino contigo?
Ruby sonrió al escuchar el nombre de Nina.
—Nina tiene clases de música ahora, junto con Hoshisora-san.
Aoi dejó de jugar con sus dedos por un momento, su expresión cambiando ligeramente al escuchar el nombre de Riko. Se sonrojó levemente y murmuró:
—Oh… Hoshisora-san…
Ruby no pudo evitar notar la reacción de Aoi y sonrió de forma traviesa.
—Nos veremos en la hora del almuerzo. Además, ya sabes que Nina es mi compañera de habitación —comentó con tranquilidad.
Aoi levantó la mirada rápidamente, sus ojos brillando de emoción.
—¡Sí, lo sé! Tienes mucha suerte, Harlaown-san.
Ruby rió suavemente mientras acariciaba la cabeza de Aoi, un gesto que sabía que le hacía sentir cómoda. Nina tenía razón: aunque Aoi era alta y tenía una presencia imponente, por dentro seguía siendo una chica con un alma tierna y dulce.
—Tranquila… —susurró Ruby con suavidad.
Aoi infló las mejillas e hizo un puchero.
—¡Mooo, no soy una niña! —protestó, cruzando los brazos de manera infantil.
Ruby no pudo contener una risa más sincera ante la reacción de su amiga. Ambas continuaron bromeando un poco más, hasta que la puerta del salón se abrió de golpe, llamando la atención de todas las presentes.
La profesora Kanzaki entró al aula con un porte profesional y una mirada seria, como siempre.
—Buenos días, señoritas. Espero que estén listas para comenzar —anunció mientras caminaba hacia el escritorio principal.
Las conversaciones cesaron al instante. Las alumnas se sentaron correctamente, enfocando su atención en la profesora.
Ruby acomodó sus materiales de clase sobre el pupitre y lanzó una última mirada a Aoi, quien le sonrió con complicidad. Aunque el día había comenzado con algunos roces, Ruby sentía que la jornada podría mejorar. Después de todo, siempre podía contar con sus amigas y, por supuesto, con Nina.
Nina no entendía por qué las clases de música tenían que incluir teoría. Frente a ella, el cuaderno de notas estaba lleno de símbolos raros, rayas y demás cosas que le parecían completamente ininteligibles. Frunció el ceño y bufó con frustración.
—No lo entiendo. ¿No estamos aquí para tocar música? —murmuró, volteando a ver a Riko, quien parecía más cómoda con el material.
Riko alzó una ceja y dejó de leer por un momento.
—¿Cómo planeas tocar o cantar si no sabes leer notas musicales, Iseri? Piensa —le dijo en tono condescendiente, como si fuera lo más obvio del mundo.
Nina la miró con incredulidad y levantó una ceja.
—¿Cómo puedes entender estos jeroglíficos si lo único que haces es pegarle al tambor? —replicó con sarcasmo.
Riko bajó su libro y le devolvió una mirada divertida.
—Y tú solo gritas como histérica —le respondió en tono burlón.
Ambas se miraron durante unos segundos antes de soltar una carcajada al unísono. Sin embargo, su risa fue interrumpida rápidamente por una voz firme.
—Señoritas, les advierto que, aunque sea hora de lectura, estamos en clase. Mantengan el orden. Recuerden que están en la rama de Artes, y nuestro prestigio depende de lo que ustedes demuestren —reclamó la profesora Yoshimura Toko, una mujer de baja estatura, lentes y un semblante serio. Era la encargada del curso de lectura musical, un requisito obligatorio para todas las alumnas de música.
Nina suspiró con pesadez, apoyando la barbilla en la mesa mientras hojeaba el libro con desgana. Miró una vez más las páginas llenas de símbolos y trazos incomprensibles.
—Sigo sin entender esto. Parece una L... ¿Por qué aquí hay un punto negro? ¿Y estas rayas? —preguntó, más para sí misma que para los demás.
Una alumna sentada cerca de ella, con expresión de exasperación, dejó su libro a un lado y volteó a mirar a Nina.
—No es una L, es una clave de sol —explicó, señalando el símbolo en la parte inicial del pentagrama—. Eso indica que la segunda línea desde abajo corresponde a la nota sol. Cada línea y espacio tiene un nombre de nota específico.
—¿Y el punto negro? —insistió Nina, confundida.
—Es una nota —respondió la chica con paciencia—. Si es completamente negra y tiene una plica, se llama "negra" y dura un tiempo en el compás. Si fuera una figura blanca con contorno y plica, sería una "blanca" y duraría dos tiempos. Las redondas son completamente blancas y duran cuatro tiempos. También hay corcheas, semicorcheas y otros tipos, cada una con una duración distinta.
La chica continuó explicando, señalando los ejemplos en el libro.
—Las líneas que ves son el pentagrama. Ahí se escriben las notas. Y dependiendo de su posición en las líneas o espacios, sabrás qué nota es.
Nina intentó seguir la explicación, aunque su mirada se desviaba ligeramente hacia los pines en el pecho de la alumna. Vestía el mismo uniforme azul marino de música, pero sus pines eran distintos: una corchea doble que representaba la rama de música y un teclado, indicando que su especialidad era el piano.
—¿Entendiste? —preguntó la chica, mirándola con una expresión neutra.
—Ehhh… sí... —mintió Nina, sin mucha convicción.
—No ha entendido ni un carajo. Su cerebro es de corcho y solo sirve para cantar —comentó Riko sin apartar la vista de su libro.
—Al menos no soy un mono que solo sirve para golpear tambores —replicó Nina, girando los ojos.
Ambas se miraron con una mezcla de burla y camaradería, intentando no reír al recordar la advertencia de la profesora.
La chica regresó a su asiento y retomó su lectura. Nina la observó por unos segundos antes de decidir presentarse.
—Soy Nina Iseri. Me especializo en canto. Ella es Riko Hoshisora, es baterista.
La alumna no apartó la vista de su libro, pero respondió de manera educada:
—Haruka Matsuura. Piano clásico y contemporáneo.
Riko soltó un largo, pero suave silbido.
—Matsuura, ¿eh? ¿Tu familia no es la que lleva generaciones de pianistas? No me digas que Kendo Matsuura es tu padre.
Haruka suspiró, visiblemente fastidiada.
—Por favor, no he venido aquí a hablar de mi familia —respondió con firmeza, volviendo a concentrarse en su libro.
Nina y Riko intercambiaron miradas, ambas conscientes de que Haruka era una pieza importante en el mundo musical por su linaje. Definitivamente, sería alguien a quien tendrían en cuenta para futuros proyectos, especialmente en su banda.
La hora del almuerzo había llegado, y Nina y Riko caminaban juntas hacia el comedor, enfrascadas en una conversación sobre cómo convencer a Haruka Matsuura de unirse a su banda.
—¿No que solo nos faltaba el bajista? —preguntó Nina con una sonrisa burlona, mirando a Riko.
—¿Ves? Tienes el cerebro de corcho, Iseri. Claro que nos falta bajista, pero mientras más instrumentos tengamos, mejor será la composición. Un piano puede hacer una gran diferencia —respondió Riko con aires de superioridad.
Nina entrecerró los ojos, pensando en cómo contrarrestar el argumento, pero no se le ocurría nada convincente. Riko notó su expresión y no dejó pasar la oportunidad para picarla.
—Estás pensando en qué responder, pero no puedes, ¿verdad? Sabes que tengo razón y siempre la tengo. No pienses tanto o esa única neurona que tienes va a estallar —bromeó Riko con una risa.
—¡Ah, cállate! —protestó Nina, dándole un manotazo en el brazo, lo que solo provocó más risas de su amiga.
Al llegar al comedor, ambas chicas divisaron a Ruby y Aoi sentadas juntas, conversando animadamente en una mesa. La visión de Ruby de espaldas hizo que una sonrisa se formara en el rostro de Nina, quien se acercó sigilosamente.
—Ahí van tus hormonas de nuevo... —murmuró Riko con los ojos en blanco al ver la reacción de Nina.
Ignorándola, Nina se acercó a Ruby por detrás, rodeándola con un abrazo y dándole un beso suave en la mejilla.
—Te extrañé —le susurró al oído.
Ruby se sonrojó intensamente, pero no se alejó. Soltó una risa tierna y respondió:
—Yo también te extrañé...
Aoi, quien estaba frente a Ruby, abrió la boca de forma exagerada.
—¡Ohhhhh! No sabía que ya se llevaban tan bien —dijo en un tono de asombro, cubriéndose la boca.
Nina aprovechó para besar nuevamente la mejilla de Ruby antes de sentarse a su lado. Luego, miró a Aoi con una expresión relajada.
—Ruby es mi novia —declaró con calma.
Los ojos de Aoi se abrieron como platos, y un fuerte "¡¿EHHHHH?! ¡¿Están saliendo?!" salió de su boca antes de que Nina le hiciera un gesto de silencio.
—¡Shhh! No grites, amazona —le pidió Nina.
—No la llames amazona —interrumpió Riko, golpeando suavemente a Nina con una de sus baquetas. Luego, se volvió hacia Aoi con una sonrisa.
—Buenas tardes, Fujiwara. Estás preciosa con ese uniforme de etiqueta —dijo con tono coqueto.
Aoi abrió y cerró la boca varias veces, sin saber qué decir. Un intenso rubor cubrió su rostro mientras se tapaba la cara con las manos. Riko sonrió satisfecha y se sentó a su lado.
—¿Ya ordenaron? —preguntó a Ruby.
Ruby negó con la cabeza.
—Estamos esperando a que nos atiendan.
Nina, aprovechando el momento, tomó las manos de Ruby entre las suyas y le sonrió, pero Riko hizo una mueca de exasperación.
—Por favor, estamos en público, Iseri. Limita tus muestras de afecto con tu novia.
Nina soltó un suspiro y respondió con una sonrisa pícara:
—Solo estás celosa porque tú no puedes hacer lo mismo.
Riko arqueó una ceja, aceptando el reto sin decir nada. Se inclinó hacia Aoi, quien la miraba de reojo, distraída. Aprovechando el momento, Riko le dio un beso rápido en la mejilla, haciendo que Aoi prácticamente echara humo por la cabeza de lo roja que estaba.
—Claro que puedo, pero me limito... como tú también deberías —dijo Riko con una expresión triunfante.
Nina y Ruby la miraron incrédulas. Nina rompió el silencio.
—¿Estás saliendo con Fujiwara? —preguntó, aún sorprendida.
Riko esbozó una sonrisa mientras lanzaba una mirada cómplice a Aoi, quien no sabía dónde meterse.
—Aún no... —respondió con una confianza que hizo que Aoi soltara un suave "¡Mooo, Hoshisora-san...!" de protesta aun estando fuertemente sonrojada.
La comida había llegado finalmente, y todas las chicas comenzaron a comer tranquilamente. Aoi, aún nerviosa por la presencia cercana de Riko, luchaba por concentrarse en su comida. Para ayudarla, Ruby le distraiga con algunas preguntas sobre sus cursos de la rama de etiqueta, Aoi le respondía algunas veces de manera correcta, otras solo decía cosas que no tenia sentido, esto era en si porque Riko la miraba con interés mientras ella explicaba cosas. Entre tanto, Riko no dejaba de lanzar miradas hacia Aoi, quien se ponía más roja con cada instante.
Nina, al notar la interacción, decidió intervenir con un nuevo tema para aliviar la tensión.
—Entonces, Hoshisora, ¿cómo planeas convencer a Matsuura para que se nos una? —preguntó, mirándola con curiosidad.
Riko desvió su mirada de Aoi hacia Nina, adoptando una expresión pensativa.
—Pues vamos a tener que invitarla a una sesión de entrenamiento. Que nos vea ensayar, eso siempre ayuda —respondió con seguridad.
Aoi, quien seguía mirándola de reojo, titubeó antes de hablar.
—E-eh… t-tu tocas bien tu instrumento, igual que Iseri-san, Hoshisora-san. No creo que deban demostrar nada… —comentó tímidamente, su voz suave apenas audible.
Riko rio suavemente ante el comentario, disfrutando de la torpeza adorable de Aoi.
—Lo que sucede, muñeca, es que cuando intentas convencer a un músico de unirse a una banda, necesita saber el nivel de los demás integrantes. Si no hay confianza en la habilidad del grupo, no habrá dinamismo ni química —explicó con calma. Luego, tomando un pedazo de carne con sus palillos, se lo ofreció a Aoi.
Aoi se sonrojó aún más, pero aceptó la comida que Riko le daba, abriendo ligeramente la boca para recibirla. La escena era tan dulce como divertida, y Nina no pudo evitar comentar.
—Y a mí me dices después que me controle… hipócrita —bromeó Nina, sonriendo mientras observaba a Riko alimentar a Aoi con ternura.
Riko le lanzó una mirada divertida.
—A diferencia de ti, yo sé cómo mantener el equilibrio, Iseri. Solo estoy ayudando a mi amiga.
—¡Claro, ayudar, seguro! —se burló Nina, rodando los ojos con una sonrisa.
Ruby rió suavemente al ver la escena. Era evidente que la relación entre Riko y Aoi tenía un aire especial, una dinámica que poco a poco iba revelándose. Mientras tanto, Aoi apenas podía procesar lo que estaba ocurriendo, su rostro encendido y su mirada perdida en los ojos de Riko.
La conversación fluyó con mayor naturalidad después de eso, mientras las chicas disfrutaban de su comida y de la compañía mutua, dejando que la calidez del momento las envolviera.
El día había pasado y finalmente las clases habían llegado a su fin. Tanto Ruby como Nina estaban completamente exhaustas. Después de una cena tranquila en el comedor, ambas caminaban hacia su dormitorio, disfrutando del silencio nocturno. Sus manos estaban entrelazadas, sus dedos encajando perfectamente como si siempre hubieran pertenecido juntos.
—Ha sido un día bastante duro, ¿verdad, mi amor? —comentó Nina con suavidad, dirigiendo su mirada a Ruby, sus ojos reflejando una mezcla de cansancio y cariño.
Ruby se sonrojó al escuchar el apodo. Bajó un poco la mirada antes de asentir lentamente.
—Aún me cuesta acostumbrarme a que me llames "amor"… —murmuró con timidez—. No es algo malo, solo que… eres… mi primera novia.
Su rostro se encendió aún más después de decir esas palabras, como si la confesión la abrumara un poco. Nina sonrió con ternura ante la adorable reacción de su novia. Sin decir nada más, se inclinó levemente y dejó un suave beso en la mejilla de Ruby, deteniéndose por un momento para disfrutar de su calidez.
—Ruby, joder ¿porque eres tan tierna? —dijo Nina en voz baja, como si quisiera que esas palabras quedaran entre ellas y nadie más—. Te quiero .
Ruby levantó la mirada, sorprendida, y una sonrisa tierna se formó en sus labios.
Al llegar a la puerta de su dormitorio, Nina soltó una pequeña risa antes de abrirla.
—Hogar, dulce hogar —dijo en tono jocoso, abriendo la puerta para que ambas entraran.
Ruby rio bajito, siguiendo a Nina al interior de la habitación. Una vez adentro, se sintieron envueltas en la paz y la familiaridad del lugar. La rutina diaria había sido agotadora, pero ahora estaban juntas, y eso era lo único que realmente importaba.
Dentro del dormitorio, Nina y Ruby se dedicaron a sacar sus cosas de las maletas, organizando ropa, libros y algunos objetos personales. La atmósfera era relajada, con ambas chicas disfrutando de la compañía silenciosa después de un día agotador. Ruby se estiró con un ligero quejido, moviendo los brazos por encima de su cabeza.
—Creo que necesito darme un baño —comentó con una voz suave, mientras bajaba lentamente los brazos.
Nina, que había estado observando sus movimientos con una sonrisa, no perdió la oportunidad de bromear.
—¿Puedo acompañarte? —preguntó con un toque juguetón en la voz.
Ruby se detuvo en seco, sus mejillas encendiéndose al instante. Volteó a verla, sorprendida, y negó con firmeza.
—N-no, claro que no, Nina… —respondió nerviosamente, evitando su mirada.
Nina se rió bajito y, con sigilo, se acercó a Ruby por detrás, rodeándola con los brazos en un abrazo.
—Por favor… —susurró, casi ronroneando junto a su oído.
Ruby se sonrojó aún más y trató de liberarse del agarre.
—¡He dicho que no! —dijo, empujando suavemente los brazos de Nina.
Lo que empezó como un juego se convirtió en una divertida persecución por toda la habitación. Ruby esquivaba a Nina, quien corría detrás de ella con risas en sus labios. Ambas se movían entre las camas, los escritorios y las maletas, llenando el cuarto con un aire de alegría juvenil. Sin embargo, en un momento de descuido, Ruby tropezó ligeramente, y Nina aprovechó la oportunidad para abrazarla, ambas cayendo sobre la cama de Nina.
Nina quedó encima de Ruby, ambas riendo hasta que sus miradas se encontraron. De pronto, el ambiente se tornó más íntimo. Nina bajó lentamente el rostro, sus labios acercándose a los de Ruby hasta que finalmente se encontraron en un beso dulce y suave. El tiempo pareció detenerse para ambas, el beso se fue intensificando, entrelazando emociones en cada segundo que pasaba.
—Ruby… me vuelves loca —susurró Nina con voz temblorosa, separándose apenas unos centímetros.
Ruby la miró con ojos brillantes y sonrojados.
—Eres muy pasional… —murmuró con una sonrisa nerviosa.
Nina rió suavemente y le acarició la mejilla.
—Es porque eres preciosa.
Ambas compartieron una risa ligera, el momento de tensión transformándose en algo más cálido. Ruby tomó aire y miró a Nina con seriedad.
—Nina… hay algo que debo decirte.
Nina frunció el ceño ligeramente, mostrando curiosidad.
—¿Qué sucede? Dímelo.
Ruby apartó la mirada por un momento, como si estuviera buscando las palabras adecuadas. Finalmente, respiró hondo y confesó:
—La primera noche que pasamos aquí… te escuché, masturbarte.
Nina parpadeó, sin comprender de inmediato. Pero cuando finalmente lo recordó la primera noche que paso al lado de Ruby y se masturbó pensando en ella, sus ojos se abrieron de par en par y un rubor profundo cubrió sus mejillas.
—…Ruby…lo siento…. —murmuró, sintiendo una mezcla de vergüenza y nerviosismo.
Ruby soltó una risa tímida y desvió la mirada, jugando con un mechón de su cabello.
—No te preocupes… la verdad es que… a mí también me gustó un poco, mas cuando dijiste mi nombre.
Nina quedó boquiabierta por unos instantes, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. Sin decir más, la jaló suavemente hacia ella, rodeándola con los brazos y levantándose de la cama. Ruby soltó un suave grito de sorpresa cuando Nina la llevó en dirección al baño.
—¡Nina, espera! —intentó protestar Ruby entre risas.
—No, no… ahora vamos juntas. —Nina cerró la puerta tras ellas, dejando el cuarto en un profundo silencio.
Nina bajó con suavidad a Ruby al llegar al baño, pero antes de soltarla, la miró con una sonrisa traviesa y se inclinó para besarla. Sus labios se encontraron en un gesto suave y prolongado, cada una sintiendo el calor y la ternura del momento. Al separarse, ambas se quedaron en silencio por un instante, sus rostros sonrojados y los corazones latiendo con fuerza.
Nina, sin apartar la mirada de Ruby, comenzó a desabrocharse el uniforme. Ruby abrió los ojos como platos, su rostro poniéndose de un rojo intenso mientras retrocedía un poco.
—¡¿Qué haces?! —preguntó Ruby en un tono desesperado, llevándose las manos al rostro.
Nina se rió con suavidad y continuó quitándose la chaqueta del uniforme, dejándola caer al suelo.
—¿Cómo piensas que vamos a tomar un baño con ropa, amor? —respondió con una sonrisa pícara—. Hay que quitársela, ¿no crees?
Ruby desvió la mirada, sintiéndose abrumada. A pesar de su evidente nerviosismo, asintió ligeramente.
—L-lo sé… pero… —balbuceó, sin poder mirar a Nina directamente.
Nina terminó de quitarse la ropa, quedando completamente desnuda. Se acercó a Ruby y le apartó con cuidado las manos de la cara.
—Tranquila, preciosa —le susurró antes de besarla otra vez, esta vez con un poco más de intensidad, haciendo que Ruby se relajara poco a poco.
Mientras el beso continuaba, Nina fue desabrochando con delicadeza el uniforme de Ruby. La rubia tembló ligeramente al sentir las manos de Nina, pero no se apartó. En cambio, comenzó a confiar más en el ritmo que la otra marcaba, dejando que la ayudara a desvestirse. Pronto, la ropa de Ruby también terminó en el suelo.
Ruby, instintivamente, trató de cubrirse con los brazos, sus ojos bajando al suelo con vergüenza.
—No… no mires… —murmuró, con las mejillas ardientes—. No tengo nada que mostrar… soy plana y delgada… no tengo curvas…
Nina negó con firmeza y dio un paso adelante, envolviendo a Ruby en un cálido abrazo.
—Eso no es verdad —le dijo con ternura—. Eres la chica más hermosa del mundo, Ruby Harlaown. No hay nada que cambiaría de ti.
Ruby levantó lentamente la mirada y encontró los ojos sinceros de Nina. La castaña tomó suavemente el mentón de su novia y lo alzó, inclinándose para besarla de nuevo. Este beso fue más profundo, cargado de emoción y seguridad, una afirmación mutua de sus sentimientos.
Cuando ambas se separaron, se miraron y estallaron en una pequeña risa nerviosa. De repente, fueron conscientes de que estaban desnudas y fuera de la ducha.
—Creo que… deberíamos entrar a la ducha ya —dijo Nina con una sonrisa, tratando de romper la tensión.
Ruby rió tímidamente, asintiendo.
—Sí… pero esta vez con agua caliente, ¿sí? —dijo en un tono divertido, recordándole a Nina su costumbre de tomar duchas heladas.
Nina se rió con una chispa de complicidad en sus ojos.
—Lo que tú quieras, mi amor.
Con una sonrisa compartida, ambas entraron juntas a la ducha, dejando que el vapor comenzara a rodearlas mientras el agua caliente caía suavemente sobre sus cuerpos.
Nina y Ruby se adentraron en la ducha, el vapor comenzaba a llenar el espacio mientras el agua caliente caía sobre sus cuerpos. Ruby cerró los ojos por un momento, dejando que el agua relajara su piel tensa y los nervios que aún sentía. Nina, a su lado, la observaba con ternura, fascinada por la forma en que las gotas resbalaban por su rostro y cabello dorado.
—¿Está bien la temperatura? —preguntó Nina suavemente, acercándose un poco más.
Ruby abrió los ojos lentamente y asintió con una leve sonrisa.
—Sí… está perfecta —murmuró, sus mejillas aún rosadas por la cercanía de Nina.
Nina se acercó más, rodeándola con sus brazos, dejando que el agua cayera sobre ambas. El contacto entre sus cuerpos hizo que Ruby sintiera un cálido escalofrío recorrerle la espalda. Nina levantó una mano para acariciar suavemente la mejilla de Ruby, sus dedos delineando cada detalle de su rostro con delicadeza.
—Eres hermosa… —le susurró al oído, con una voz que llevaba una mezcla de adoración y deseo.
Ruby escondió el rostro en el cuello de Nina, intentando ocultar lo roja que estaba. No obstante, Nina la tomó por el mentón, obligándola a mirarla nuevamente. Sus ojos se encontraron, y por un momento, el mundo a su alrededor desapareció, dejándolas solo a ellas dos.
—No me digas eso… —murmuró Ruby con timidez—. No es verdad…
Nina negó suavemente, acercando sus labios a los de Ruby y rozándolos apenas.
—Es la verdad. Eres perfecta para mí —afirmó antes de besarla con suavidad.
El beso comenzó lento, un contacto ligero que se fue profundizando poco a poco. Las manos de Ruby, temblorosas al principio, se apoyaron en los hombros de Nina mientras sentía cómo la pasión de su novia se entrelazaba con la suya. Nina deslizó una mano por la espalda de Ruby, atrayéndola más cerca, como si quisiera fundirse con ella en ese momento íntimo.
Ambas respiraban entrecortadamente cuando se separaron apenas unos centímetros, con sus frentes apoyadas una contra la otra. Ruby dejó escapar un suspiro tembloroso, incapaz de evitar sonreír.
—Nina… me haces sentir cosas que no entiendo… —admitió en un susurro.
Nina le sonrió con dulzura, acariciando su cabello mojado.
—Es porque te quiero, Ruby… —murmuró, y con esas palabras, volvió a besarla con más intensidad.
El agua seguía cayendo sobre ellas, envolviéndolas en un ambiente cálido y reconfortante. Cada caricia, cada beso, era un recordatorio del amor que habían construido juntas. Ruby comenzó a relajarse más, dejándose llevar por el momento, mientras Nina se encargaba de que cada segundo estuviera lleno de cariño.
Ruby la abrazó con fuerza, dejando que el calor del agua y de Nina la envolviera por completo. Allí, en la intimidad de la ducha, se sentían más unidas que nunca, como si el tiempo y el espacio se hubieran detenido solo para ellas.
El momento continuó entre risas suaves y besos tiernos. Ruby finalmente logró relajarse por completo y, entre sonrojos, se permitió disfrutar del contacto y la cercanía de Nina.
—Creo que… me estoy acostumbrando a tus locuras —murmuró con una sonrisa mientras apoyaba su cabeza en el hombro de Nina.
—Es parte del paquete, cariño —respondió Nina en tono juguetón—. Aunque prometo que mis locuras siempre estarán llenas de amor.
Ambas se miraron nuevamente, dejando que el sonido del agua fuese el único testigo de ese instante
Nina se volvió a acercar a Ruby para volver a besarla de manera pasional, mientras lo hacia aprovecho para poder deslizar sus manos sobre los pechos de Ruby, sus dedos rozaban los pezones de Ruby los cuales estaban duros debido al contacto
—N-Nina…. —murmuró Ruby mientras ella jugaba con los pezones de su novia, se aventuró en presionar uno suavemente con la yema de sus dedos lo cual hizo que Ruby soltara un gemido, esto exitó a Nina de tal manera que sus ojos irradiaban deseo.
Con precisión Nina besaba a Ruby mientras bajaba por su cuello, su clavícula hasta llegar a uno de sus pechos, el cual no dudo ni un segundo en meterlo en su boca, Ruby no podía creer como Nina era tan buena en lo que hacia, ella estaba devorando sus pechos con pasión, lo único que podía hacer ella en ese momento era gemir.
Nina siguió bajando por el ombligo mientras daba besos y lamidas, llego hasta su bello pubico el cual era de un rubio dorado, así como su cabello, con sus manos libres acariciaba sus caderas, sus nalgas y entre besos besaba el bello de Ruby
—N-Nina.. no —intentaba decir Ruby sonrojada, pero Nina no daba sus acciones a torcer, se inclino hacia abajo y levanto la mirada hacia Ruby, como pidiendo permiso, Ruby la miro con los ojos muy abiertos
—Nina no, esta sucio…—dijo, pero poco importo para ella, Nina abrió suavemente las piernas de Ruby y coloco su boca en la entrada de la vagina de Ruby, abrió la boca y con su lengua empezó a saborear el dulzor de su novia, con cada movimiento de lengua Ruby sentía que se iba a caer, nunca en su vida había sentido este placer, por supuesto ella se había masturbado antes, sin embargo lo que Nina estaba haciendo con su lengua era algo nuevo y muy placentero para ella.
—N-Nina… me v-voy a venir…N-Nina —le indicaba Ruby conteniendo la respiración. Nina al escuchar esto, cerro sus ojos y acelero sus lamidas y besos en la vagina de Ruby, con sus manos libre presionaba sus nalgas. Ruby tomo con sus manos la cabeza de Nina ya al limite —N-NINA…NINA — fue lo ultimo que dijo antes de venirse en la boca de su novia, Ruby nunca sintió tal placer, nunca se había corrido de tal manera, en el acto estaba jalando los cabellos de su novia, eso a Nina poco le importo, ella cerro los ojos y tomo todo lo que Ruby se había corrido.
Con la respiración entrecortada y agitada, Ruby se estaba recomponiendo, Nina se había levantado y puesto a la misma altura de Ruby, mientras limpiaba un poco los rastros de sus actos con su mano, sonreía a su novia.
—…y ¿te gustó? —pregunto inocentemente Nina, sin embargo, la respuesta que recibió no fue la que esperaba
—¡ISERI NINA!— Dijo Ruby con un sonrojo y las cejas fruncidas, —¿¡Donde has aprendido a hacer eso!?, lo que acabas de hacer…eso no lo hacen las primerizas, ¿se lo has hecho a alguien mas verdad?
Nina con una cara de horror dijo —Eh…. amor… esto.. no se de que hablas…— estaba intentando buscar una excusa
—¿y bien?, ¿no me vas a decir? No soy tonta Nina — decía Ruby cruzando los brazos
—eh…no se lo he hecho a nadie mas —Mintió Nina —Es solo… ehnmmm ¿porno en internet? — fue lo único que se le ocurrió a Nina en ese momento, la reacción de Ruby fue cómica al escuchar la excusa vaga y tonta de su novia
—eres imposible… Nina…— dijo para darle un pequeño e inocente golpe en la cabeza a su novia, Ruby en realidad ya lo sospechaba, desde el momento en que Nina le había besado por primera vez, sabia que Nina no era primeriza y que quizá su primera vez lo había hecho con alguien mas, en el fondo Ruby no quería saberlo, para ella este había sido su primera vez, en un baño y junto a la persona con la que su corazón le decía que era la correcta.
