*Mugicha: té de cebada, comúnmente consumido en verano.
Pasaron una semana muy tranquila, la mayor parte del tiempo Rin estaba con su mamá platicando sobre todo lo que había ocurrido esos meses y cuando Rin se metía a nadar al mar con él y su hermano, Sesshoumaru observaba de lejos cómo su madre y la mamá de Rin se hacían amigas, mientras se sentaban en la playa a tomar vino y a hablar de cosas de señoras. Y es que era lo más natural dado que su madre, a diferencia de su padre e Izayoi, sí hablaba inglés.
—Oye Rin, —Inuyasha inició la conversación después de que los tres estuvieran flotando boca arriba un buen rato —¿En qué trabaja tu mamá?
—Es soldadora, normalmente la llaman los del ejército para que vaya a soldar barcos, siempre tiene mucho trabajo y le pagan muy bien y eso creo que nunca le gustó a mi padre.
—Wooow qué loco, ¿tú seguirás sus pasos?
—No, —interrumpió Sesshoumaru —Rin será cineasta.
—Jajaja, bueno es el plan, —rio ella —pero no sé si lo logre. ¿Y ustedes qué quieren hacer cuando sean grandes?
—Pues ya está decidido, yo me haré cargo del negocio de mi padre, o sea, productor musical; el más grande de todo Asia —contestó Inuyasha emocionado.
—Yo de los negocios de mi madre en el extranjero, por eso en agosto me iré a Inglaterra —después de decir eso, Rin se quedó callada, sospechosamente callada, por lo que él dejó de flotar y se incorporó para comprobar que ella estuviera bien, se veía algo triste, pero bien.
El 17 su papá y la mamá de Sesshoumaru regresaron a trabajar, solo se quedó su mamá y la mamá de Rin a cargo de ellos y el 18 llegó Kagome con Sango y Miroku. El 19 su mamá tomó fotos de todos en la playa, en la cocina y en la sala para tener pruebas que mostrarle al padre de Rin, siempre con mucho cuidado de que la mamá de Rin no saliera reflejada en la pantalla del televisor o en alguna ventana.
Desde hace como dos días Rin había comenzado a oler realmente bien, como a flores, pero el día 20 Inuyasha notó que el olor era especialmente delicioso, no era la primera vez que lo percibía, ya lo había notado antes en clases algunos días esporádicos, Kagome también tenía esos días en los que olía a durazno maduro y jugoso; listo para morderse y… y bueno, como sea, el punto es que cuando ellas olían así en el salón, había tanta gente alrededor, que no le llamaba la atención tanto como ahorita, que estaban los dos solos en la cocina. Eran la 11 de la noche, todos dormían, excepto Sesshoumaru quien, desde la mañana dijo que iba a salir, no mencionó a donde ni porqué, pero a su parecer se veía algo desorientado y ofuscado, como si tuviera fiebre.
—Hace mucho calor verdad —dijo Rin mientras bebía un segundo vaso de mugicha* bien frío recién sacado del refrigerador.
—Sí, en especial hoy, creo que hasta a Sesshoumaru le dio insolación o algo.
—¿Y está bien? —preguntó Rin con preocupación en su rostro —Ahora entiendo por qué se fue, en la mañana ni si quiera me habló y yo pensando que se había molestado conmigo por algo.
—No, yo creo que se fue volando a alguna montaña cercana donde esté un poco más fresco, oye, vamos a caminar por la playa.
—¿A estas horas de la noche?
—Sí, ¿qué tiene? —Para su alivio, ella aceptó. No entendía por qué había sugerido algo tan absurdo como eso, no tenía ningún sentido caminar por la playa con el calorón que hacía, pero siguió sus instintos y salió de la casa con Rin.
El suave oleaje acariciaba sus piernas desnudas mientras ambos caminaban por la orilla, platicaron de cosas aburridas, como la tarea de historia y el proyecto de los pepinos para biología.
Ya iban de regreso, más animados ahora contándose chismes, cuando llegaron por fin frente a la casa y Rin sugirió que sería bueno ya irse a dormir, pero él como en un trance la detuvo. —Es que... tengo algo que decirte… —El olor del mar era muy fuerte y por momentos le regresaba la cordura, pero el viento soplaba hacia él y lo golpeaba con ese olor a flores que emanaba Rin y volvía a emborracharse —yo... bueno, creo que ya lo sabes, pero… hum.. bueno, estoy enamorado de ti.
Rin abrió los ojos y rápidamente bajó la mirada. «Uoh oh» su mente se alarmó, estaba a punto de ser rechazado y lo sabía —Está bien, entiendo que tú no sientas lo mismo que yo —antes de que Rin hablara, decidió ahorrarle la penosa tarea y acabar con todo de una buena vez.
Rin lo volvió a mirar a los ojos, ahora con algo de lástima —Inuyasha, tú no estás enamorado de mí, estás confundido.
—¡Claro estoy enamorado! Contigo puedo ser yo mismo, a ti no te de pena hablar de cosas que las mujeres japonesas evitan a toda costa, contigo puedo ver videos de terror, de cosas cochinas y pasarla genial.
—Todo lo que me estás diciendo, es lo que sienten los amigos, cuando estás enamorado de alguien lo que sientes es diferente.
—¿Qué se siente según tú?
—Pues... te sientes a salvo a su lado, en paz y tranquilidad, pero al mismo tiempo bajo otras circunstancias, sientes deseos de besar a esa persona, tu corazón se acelera cuando la ves y cuando rozas su piel… bueno otras cosas más fuertes.
—Yo podría besarte ahorita mismo —lo dijo más para no perder la discusión que otra cosa, pero la verdad es que cuando escuchó la descripción que dio Rin, por su mente se cruzó la imagen de Kikyo.
—Puedo asegurarte que no vas a sentir nada especial si me besas.
Le pareció divertido el reto —¿Puedo probar?
Rin se rio de buena gana —Ay Inuyasha estás bien tonto, pero ándale, solo un piquito.
No podía creer que ella aceptara un beso así no más, rápidamente y antes de que ella se arrepintiera le estampó un beso y… …bueno no estuvo mal. No quiso rendirse tan fácilmente así que insistió un poco más para que Rin abriera la boca y ella pareció divertida con la situación, lo dejó pasar y se besaron más profundamente. Faltaba algo, se sentía como estar jugando con su amiga del kínder a ser papás o algo así, muy forzado y tonto.
Se separaron y él exhaló rendido, comprendiendo por fin a lo que Rin se refería —En verdad solo somos amigos, ¿verdad?
—Te lo dije, nuestro cariño es de amigos.
—Pero no entiendo, tú me caes demasiado bien —él no estaba acostumbrado a tener amigas mujeres tan cercanas como Rin, esa chiquilla era tan diferente que pensó que tenían algo especial, pero ciertamente fue como besar su propia mano, muy diferente a lo que sintió cuando besó a Kikyo años atrás.
—Es difícil porque en Japón la amistad entre hombres y mujeres no existe, solo en el anime quizá, pero en mi cultura la amistad entre ambos sexos sí existe y la diferenciamos de una relación amorosa cuando por uno sí sientes deseos sexuales, pero por el otro no.
Ya un poco más tranquilo con esa explicación, se sentaron en la arena viendo hacia el mar. —Puede que tengas razón. Sabes, mi papá se lleva muy bien con la mamá de Sesshoumaru, cuando se llegan a reunir parecen un par de viejos amigos conversando, ¿crees que mi papá se confundió cuando era joven y se casó con su mejor amiga?
—Pues, por lo que vi la semana pasada, es muy probable.
—Pero si no había deseo sexual, ¿cómo tuvieron a mi hermano?
—No sé en Japón, pero en EUA conozco un hombre homosexual que se casó con su mejor amiga y tuvieron un hijo, mi amigo Matthew. Ya cuando mi amigo tenía por ahí de 15 años, su papá salió del closet, le pidió perdón a su mamá y pues se divorciaron. Ahora el señor está casado con otro hombre y viven todos muy felices.
—¡Es enserio! —Él jamás había escuchado una historia tan loca como esa en toda su corta vida.
—Sí, de hecho, eran de una religión donde la homosexualidad está prohibida, por lo que su papá se negaba a aceptar su propia naturaleza y tenía muchos problemas con su esposa, Mathew no me dijo qué clase de problemas, pero me imagino que el señor nunca tenía ganas de tener relaciones con la señora. Así que, si un homosexual puede lograr tener una erección y concebir un hijo con una mujer, pues me imagino que entre amigos hetero es más fácil, aunque eso no quita ese sentimiento de que "falta algo".
—No pues, sí suena lógico…. nunca había hablado de estas cosas tan abiertamente con nadie, qué lástima que nos falte ese "algo".
—Oh, pero qué dices, si tú ya tienes ese "algo" con alguien más.
—¡De qué hablas! Claro que no, hasta este beso solo estabas tú en mi mente…
—En tu mente, porque tú así lo decidiste, pero en tu corazón está alguien más…
El rostro de Kagome le pasó por la cabeza —no ella no, me cae mal.
—¿Qué te cae mal?
—Que sea una hipócrita igual que todas las japonesas, que siempre finja amabilidad e inocencia, cuando claramente ella no es así.
—Pero estás siendo muy duro con ella, Kagome hace lo que se debe de hacer en este país para sobrevivir.
—¿Y por qué tú no lo haces entonces, por qué tú y Sango sí pueden ser auténticas?
—En mí pesa mucho la cultura, a mí me enseñó mi mamá desde chiquita que ser hipócrita era algo malo, pero a los japoneses les enseñan lo contrario, ser hipócrita aquí es una virtud. No puedes juzgar tan mal a Kagome por seguir con lo que dicta su cultura. Quizás Sango no siga esas enseñanzas porque ella es lo suficientemente fuerte para defenderse y enfrentar a posibles bullies, no sé. Si lo ves por ese lado, Kagome es muy inteligente, engaña a todos con su dulzura falsa, pero no pierde su verdadero yo y sabe que con nosotros puede ser libre y verdaderamente feliz.
—Quizás... —Inuyasha fijó su vista en el obscuro mar que tenían al frente, el ligero sonido del pequeño oleaje le invitaba a considerar las palabras de Rin con calma, ciertamente nunca lo había pensado de esa manera, Kagome era muy astuta, llevando la fiesta en paz con todos y no por eso se alejaba del grupo de los apestados, bueno ahora el grupo de los youtubers.
—¿Y tú porqué eres tan rebelde, he? —La alegre pregunta de Rin lo sacó de sus cavilaciones.
—Porque literalmente soy único y original jaja, sin siquiera intentarlo me destaco por ser fruto de un escándalo.
—Sé que ha sido duro para ti y tus papás, pero debes estar orgulloso de ser el producto de un verdadero amor, uno que desafió todos los tabúes y prejuicios a su alrededor. No cualquiera, la mayoría de nosotros somos accidentes "felices" o el deber ser de un matrimonio de papel. Pero tú, ¡tú eres épico amigo!
—Mm —murmuró Inuyasha incapaz de deshacer el nudo en su garganta y cerrando los ojos tratando de retener las lágrimas que finalmente acabaron por abandonar sus ojos al sentir los pequeños brazos de su amiga abrazándolo. Había sido muy difícil, hubo días en los que maldijo a su madre por ser humana, otros donde maldijo a su padre por no serlo, otros donde sonreía al ver lo mucho que se querían sus padres. Rin tenía razón, él debía estar orgulloso de ser el hijo de un amor épico y no el producto de uniones apresuradas y si una pisca de cariño, como era el caso de la mayoría de sus compañeros.
Después de un rato en silencio decidieron que era mejor entrar a la casa y cuando se giraron Inuyasha captó de inmediato una presencia "maligna" aunque, al ver esos ojos rojos destellando en la obscuridad supo quién era —Sessh…ughhh —en cuestión de segundos una mano aprisionaba su garganta, las garras le introducían veneno y tenía el hocico de su hermano a punto de iniciar transformación a milímetros de su cara. Él rasguñaba también la mano de Sesshoumaru para que lo soltara y lo dejara hablar.
—Suéltalo Sesshoumaru ¡por favor! —Rin rogaba con lágrimas en los ojos y como si la palabra de Rin fuera ley, lo soltó. —Vete Inuyasha, yo hablaré con él. —Rin rápidamente se interpuso entre los dos para darle chance de escapar.
—Pero no...
—Está bien, no pasa nada, ahorita regreso a la casa.
A sabiendas de que su hermano no le haría daño al único ser que lo soportaba, caminó hacia las escaleras del jardín de la casa.
Una vez que Inuyasha estuvo fuera de su vista, Rin se dirigió a Sesshoumaru para hablar, pero en segundos él la tomó de ambos brazos jalándola hacia su cuerpo y olfateándola la increpó —¡Qué hiciste con Inuyasha! ¿Te acostaste con él?
—¡Qué! ¡Por supuesto que no!
—No me mientas, puedo olerlo sobre ti y tu boca… — ante esas últimas palabras Sesshoumaru bajó la roja mirada.
—Sí, nos besamos levemente para que él se diera cuenta que en realidad no está enamorado de mí y luego nos dimos un abrazo, es todo.
Volvió a mirarla a los ojos con mucha ira, pero se veía que se estaba esforzando por controlarse y no volver a iniciar la transformación, ya que la esclerótica estaba recobrando su tono blanquecino.
—¿Y acaso piensas besar a todo aquél que diga estar enamorado de ti solo para hacerle ver que está equivocado? ¿Piensas lanzarte a los brazos de todo aquel que necesite consuelo? ¿A cuántos más has besado? ¡Por qué soy el único que no tiene ese privilegio! —Acabó casi gritándole y Rin se asustó, se sentía confundida, culpable, avergonzada y hasta sucia.
—Perdón, yo no sé... —Pero no pudo acabar de justificarse porque Sesshoumaru la soltó y se alejó en una bola de luz. No volvió a verlo lo que quedó de las vacaciones de verano.
