—Ah... —Rin se quedó sin palabras, a veces no sabía si clasificar a Sesshoumaru como un desvergonzado o como alguien genuinamente curioso e inocente… no, de inocente no tenía nada, pero al verlo ahí con su cara impertérrita como si fuera completamente normal entrar por la ventana de alguien a exigir un beso, bueno, inhumano definitivamente sí era —a ver, siéntate. —Lo tomó de la mano y lo sentó en la silla de su escritorio. Así sentado a penas y le sacaba media cabeza quedándole a la altura perfecta para besarlo.
Las cálidas manitas de Rin se posaron sobre su cara, como para asegurarse de que no huyera. Ella cerró los ojos y lentamente acercó su cara. Se veía adorable, vulnerable y con esas mejillas en encendidas; deliciosa. No podía dejar de verla. Finalmente, esos hinchados labios chocaron contra los suyos, eran cálidos y suabes. Sintió un enorme deseo por lamerla, pero se contuvo para esperar más instrucciones.
El mentado beso terminó rápido y ella se alejó demasiado pronto para su gusto. Rin abrió los ojos y se sorprendió un poco, luego sonrió —Puedes cerrar los ojos, ¿sabes? —le sugirió.
—No quiero dejar de verte.
Rin adoptó un tono aún más rojo —Sólo inténtalo, se siente diferente si los cierras.
Él obedeció y los cerró. Como buen perro, no es como que dependiera mucho del sentido de la vista, pero ciertamente podía comprender la conexión entre cerrar los ojos y entregarse "ciegamente" al prójimo, era como un salto al vacío que le resultaba bastante estimulante.
Sintió nuevamente los labios de Rin sobre los suyos, pero esta vez el resto de sus sentidos se pusieron más alertas ante la obscuridad y como cereza del pastel, la húmeda lengua de Rin se paseó por su labio inferior, eso por supuesto que despertó su instinto y abrió la boca para lamerla a ella ahora, sin embargo, antes de que pudiera hacer algún movimiento, la experta lengua de Rin fue más rápida inmiscuyéndose en su boca succionando y lamiendo todo a su paso.
Así comprendió que los humanos también se lamían. En las esporádicas películas de humanos que llegó a ver, siempre le dio curiosidad qué hacían en esos mentados besos, donde solo parecía que conectaban sus bocas y se pasaban aire, ahora todo tenía sentido, y les tenía que dar crédito, este invento del beso era verdaderamente adictivo.
Todo iba deliciosamente bien, hasta que Rin se sentó a horcajadas sobre él y el corazón no fue lo único que se le paró, debía detenerla, pero en lugar de eso sus manos cobraron vida propia y recorrieron la piel desnuda de los muslos femeninos deteniéndose donde comenzaba el short del pijama, se estaba sofocando y si no detenía aquello, no quería ni imaginar qué más podía suceder.
—Rin...R... —el olor del cuarto cambió y se estaba volviendo muy intoxicante dificultándole la tarea de pensar —es… humm pera… —pero ella en lugar de escucharlo, gimió sobre su boca, ante lo cual su miembro dio un pequeño salto de alegría, topándose con la intimidad de Rin. Eso pareció asustarla lo suficiente como para que se bajara de la silla abruptamente llevándose las manos a la cara tratando de ocultarse.
—Perdón Sesshoumaru, me dejé llevar.
Sus puños se cerraron clavándose un poco las garras en la palma de la mano como si su cuerpo supiera que un poco de dolor lo calmaría, exhaló pesadamente y con las fuerzas que le quedaban caminó hacia la ventana en busca de aire fresco sin hacer mucho esfuerzo por ocultar la tienda de campaña en sus pantalones. Al abrir la ventana, entró el aire húmedo de verano —Mierda —maldijo en un susurró y en eso escuchó el sonido del aire acondicionado, sorprendiéndole gratamente que Rin podía leer su mente.
Cerró la ventana y se dirigió al futón —ya es hora de que duermas.
Rin seguía tapándose la cara, aunque no entendía muy bien para qué si sus dedos estaban separados justo frente a sus ojos permitiéndose ver todo. Ella asintió y se acostó en el futón y después él se acostó con ella, ganándose una mirada de terror puro.
—¿Vamos a dormir juntos?
—No voy a hacerte nada. Mañana me iré al amanecer.
—Bueno... —Rin aceptó rápidamente contradiciendo un poco la mirada de miedo que mostró al inicio, dejándolo a él más confundido.
—¿Vamos a dormir juntos diario? —ella volvió a hablar y él se giró a su izquierda para verla de frente.
—No siempre —fue sincero. La verdad es que, desde su pelea en la playa, él la había pasado muy mal resignándose a dejarla ir después de haber analizado a fondo sus propias contradicciones y cuando ella lo obligó a afrontarla en el recreo, le quedó claro que definitivamente quería a Rin para él solo y si tenía que aprender y adaptarse a los rituales humanos para conseguirlo, lo haría. Por lo que decidió imitar a su padre, quien siempre lograba conseguir el perdón de Izayoi después de una buena sesión de besos humanos y acurrucarse con ella en el sofá. Fue así que llegó volando hasta el cuarto de Rin para acurrucarse con su "novia" y recibir el perdón por haberla hecho pasar un mal rato.
—Oye, solo para aclarar, ya no vas a ver a tus amigas para hacer cosas raras, ¿verdad?
—No Rin, desde hace meses que no las veo.
—¿Y estás bien con eso? Creí que te gustaba la libertad.
Por primera vez se cuestionó seriamente su definición de libertad, ciertamente estar comprometido con alguien no era sinónimo de ser libre, pero si libremente se elige estar preso de alguien; entonces era libre. Aunque desde que conoció a Rin sintió como si poco a poco ella lo hubiese embrujado y le hubiera quitado un pedazo de su libre albedrío y lo peor de todo es que le encantaba sentirse así, como un esclavo —Elegí libremente esclavizarme a ti. —Sí, él lo decidió.
—Eso suena a que soy una malvada bruja.
—Sí lo eres y me encanta —al haber entendido la estructura del beso, sintió la suficiente confianza en sí mismo como para ser ahora él quien asaltara la boca de Rin.
.
.
.
Abrió abruptamente los ojos y se espantó un poco al sentirse aferrado a algo, pero rápidamente recordó que anoche había ido a visitar a Rin. Miró hacía abajo y se dio cuenta que tenía a la pobre como si de un salvavidas se tratase. La soltó con cuidado de no despertarla y se giró a su derecha para ver el reloj del escritorio…5:30am «pero qué carajos» maldijo mentalmente, se supone que solo iba a ir a velar su sueño, no a dormir con ella. Definitivamente Rin tenía poderes, el poder de inducirlo al sueño, esta era la tercera vez que se quedaba completamente dormido a su lado y definitivamente no era algo normal.
Se retiró de la cama con cuidado de no despertarla y después salió por la ventana volando hacia su propia casa y así poder alistarse para la escuela.
Sabía que todos hablaban de él y de Rin a pesar de que sus compañeros guardaran absoluto silencio por donde él pasaba. Estaba harto y eso que había dormido toda la noche y apenas era martes. Se sentó en su pupitre y sacó un libro para distraerse, cuando unas garras aparecieron en la parte superior del libro bajándolo e impidiéndole leer más.
—Buen día señor el-noviazgo-es-cosa-de-humanos-y-yo-no-salgo-con-humanos. —Toran lo saludo como queriendo que él terminara con su vida.
—¿Celosa?
—No me hagas reír, esa mocosa no tiene nada que no tenga yo.
—Tiene lo suficiente como para hacerme cambiar de opinión.
—Idiota —Respondió Toran con despecho y se alejó. Ahora se preguntaba si todas las mujeres con las que tuvo algo que ver le iban a ir a reclamar el no haber querido un noviazgo con ellas, «qué fastidio» pensó, por primera vez se arrepentía de haber tocado a más de 20. Ya no iba a poder ni entrenar en paz en el dojo.
Desde que salió de su casa y se topó con las primeras compañeras de escuela, supo que sería un día horrible, las chicas "susurraban" casi a gritos un sinfín de improperios en japonés y en inglés. Se sintió sumamente insegura caminando por el bosque bajo la mirada asesina de algunas compañeras youkai que la veían como un saco de boxeo.
Por otro lado, la mayoría de los chicos comentaban "no sé qué le vio", "seguro se dejó coger por ambos lados", "es que las extranjeras son muy fáciles" y cosas así. Llegó a su butaca casi con el corazón a punto de salírsele por la boca, estaba muerta de miedo, o quizá era ansiedad, quién sabe, pero se sentía fatal. De pronto una mano se posó en su hombro y ella gritó asustada cerrando los ojos esperando un golpe o algo.
—¿Rin? —La voz de Kagome sonaba preocupada.
—Ay perdón Kagome, creí que eras alguien más.
—Perdóname tú a mí, con todo lo que está pasando debes estar abrumada, pero trata de ignorarlos, sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero al final de cuentas, el que decidió estar contigo fue él y ustedes dos saben bajo qué circunstancias, nada de lo que los demás digan importa.
—Tienes razón, pero, aunque me imaginé que tendría a sus fans haciéndome la vida imposible, no sopesé que fueran tantas y mucho menos pensé en que también recibiría comentarios de los hombres.
—Son unos idiotas, sus vidas son tan aburridas que viven del chisme, pero los chismes pasan de moda rápido, verás que al mes ya les habrá aburrido este asunto y estarán molestando a alguien más.
—Ojalá y pase rápido... ¿y tú cómo estás, algún avance?
—No, de eso quería hablarte…
—Perdóname, dije que te ayudaría y no he planeado nada, pero ya tengo unas ideas, después de clases podemos hablar sin el susodicho presente.
Kagome la miró con ojos llenos de esperanza y le dio las gracias.
A la salida se quedaron de ver en el cementerio, era un lugar a donde la mayoría de los alumnos no se acercaban y podían hablar sin temor a ser escuchadas por algún compañero youkai.
—Antes de que me hiciera novia de Sesshoumaru, pensé en que lo mejor sería jugar botella entre todos —Rin le explicó a grandes rasgos la dinámica del juego, —pero obviamente Sango no iba a dejar que Miroku participara e iba a ser muy extraño jugar tú y yo contra los hermanos.
—Y estoy segura de que Sesshoumaru jamás aceptaría jugar ese juego —Kagome respondió con ironía.
—Sí... ahora veo que fue un mal plan… pero, qué tal si hacemos una pijamada, en casa de alguien sin mucha supervisión de un adulto y como ya hay dos parejas, podemos irnos a algún lugar a pasar un tiempo romántico y eso los obligaría a quedarse a ustedes dos solos, sintiéndose extraños por ser los únicos que no están haciendo cosas, a lo mejor con esa presión encima, Inuyasha hace algún movimiento. ¿Cómo ves?
—Conociéndolo, se va a quedar viendo películas hasta que ustedes acaben de fajar…
—Ay no me digas eso… —Rin se desinfló, no tenía ni idea de qué más podía hacer para que su amigo cayera en la tentación… —¡Tentación!
—¿He?
—¡Tienes que tentarlo! Sesshoumaru me dijo que a los perros les gusta lamer y ser lamidos, hum… hay que comer algo con chocolate derretido y luego tú puedes tomar de pretexto su mano manchada y lamerla ¡kyaaa!
—¿Heee?
—O podemos jugar con agua, tú te llevas ropa blanca que pueda transparentar, ¡y así no podrá resistirse!
—Ok, creo que estoy entendiendo por dónde vas y quizás el mejor lugar podría ser la casa de Miroku.
Ya habían pasado 4 horas estudiando ese sábado y ahora Rin le platicaba un absurdo plan para conseguir juntar a su hermano con Kagome, no entendía cuál era la fascinación de los humanos por querer meter mano en la vida de los demás, pero no iba a negar que la idea de poder estar con Rin a solas sin adultos en la periferia, sonaba muy tentador, así no tendría que estar planeando cómo hacer fechorías en lugares públicos como hoy. Lo único que tenían que hacer para que el plan funcionara, era emborrachar al abuelo de Miroku lo suficiente para que no se enterara de nada.
—No voy a participar en ninguno de sus juegos, excepto cuando sea momento de perdernos un rato —contestó completamente desinteresado, aunque en su mente ya estaba formulando algunas cosas que quería probar con Rin.
—Bueno, te lo agradezco —sonrió ella.
—Acompáñame a dejar este libro —tomó un libro de Spinoza que había leído esa semana por las noches, se levantó sin esperar una respuesta por parte de Rin y avanzó hacia el lado más despoblado de la biblioteca, dejó el libro en el lugar correcto, se giró con calma para acorralar a Rin y ella dio dos pasos hacia atrás. —¿Nunca te dijeron que no debes correr de un perro si no quieres que te persiga?
—Alguien podría vernos... —susurró asustada.
Era muy pequeña, no iba a poder besarla bien estando de pie. La cargó en un ágil movimiento y ella instintivamente se aferró a su cuello y rodeó su cintura con las piernas al mismo tiempo que soltaba un respingo —Shh, en 10 años que vengo a la biblioteca, nadie se ha paseado jamás por el pasillo de filosofía.
—¿Qué tal que justo hoy a alguien se le ocurre leer a… Nietzsche?
—¿Lo has leído? —No se esperaba que Rin supiera el nombre de algún filósofo.
—No, fue el único nombre famoso que pude recordar —confesó. Ese aspecto de ella le fascinaba, cómo ni siquiera se le pasaba por la mente el mentir para convivir, a sabiendas que podía ganar más puntos a su favor si dijera que sí le gustaba la filosofía.
—Bésame —exigió él, ella posó sus labios sobre los suyos y sonrió, eso lo desconcertó un poco y cuando abrió la boca para protestar, ella aprovechó para devorarlo.
