Una hora después ya más calmada recapituló lo que llevaba en la mochila, de haber sabido que esto se trataba de una huida hubiera llevado consigo un álbum de fotos, el perrito de peluche que le regaló su papá en su cumpleaños número 1 o quizá un cuchillo de cocina… aunque llevar cuchillos y navajas en Japón era ilegal, ni siquiera estaba segura de que viajar con las gubias fuera legal, «bueno al final de cuentas cuando mueras no te llevarás nada» pensó para tranquilizarse un poco.
Siguió analizando el sentido de su vida mientras abrazaba su mochilita de mano sobre su pecho; de qué había servido aprender tanto, leer tanto, haber sacado notas perfectas, si al final ella moriría y no se llevaría ni la maldita conciencia, lo que más ama el ser humano, de lo que más se jacta; eso muy probablemente se perdía con la muerte.
Envidiaba tanto a sus compañeros como Okamoto que vivían alegremente el día a día, felices con beber cerveza y tener sexo casual con amigas y no pensar más allá de lo necesario. Y ella iba a morir virgen, ni siquiera iba a morir sabiendo lo que era la experiencia más codiciada por el ser humano, el amor. Y de qué le servía huir a un lugar más lejano sólo para ir a morir a una tierra que no era suya, lejos de sus papás y compañeros.
Sin darse cuenta, tanto rumiar sus pensamientos catastróficos hizo que se cansara demasiado y se quedara dormida.
Se despertó al escuchar un murmullo lejano, al principio creyó que algunas personas discutían en alguno de los de los vagones más lejanos, el ruido cesó y cuando sus párpados se cerraron nuevamente, el grito agudo de una mujer la despertó de golpe, el aire gélido que antes había sentido en los pies por el aire acondicionado, se le subió a la cabeza, su corazón comenzó a palpitar a mil por hora, pero ella no se movió. Seguía escuchando gritos y como si se aventaran cosas. La gente de su vagón comenzó a levantarse y una señora dijo que iría a ver qué pasaba en el vagón de atrás. Ella quiso gritarle que no, que era un feto gigante que se los comería a todos, pero ¿y si era otra cosa como una pelea? ¿Y si no le creían?
Fuera lo que fuese, Rin se levantó, tomó su maleta y camino hacia el vagón de hasta adelante.
La gente se le quedaba viendo raro, sobre todo porque ella solo tenía permitido sentarse en el asiento que compró y no podía ir parada en otros vagones. Pero ya nada le importaba a Rin, de qué servían las reglas cuando a todos se los iba a cargar la chingada en unas cuantas horas.
Se acurrucó en el piso cerca de las puertas. Sentarse en el piso del tren con shorts, no sonaba para nada higiénico, pero temía molestar más a la gente si se sentaba en un asiento vacío que no era el que pagó, aun así, algunas personas sí se acercaron con una mueca de molestia a preguntarle si estaba bien, con el claro objetivo de hacer que se levantara y regresara de donde vino; pero ella hizo como si no escuchara. Se sentía un poco mal, bueno, bastante mal por no advertirles al resto de las personas sobre el feto come carne que los asechaba, pero al mismo tiempo sabía que nadie le creería.
Pronto el ruido llegó al vagón de atrás. Un hombre joven con cara rostizada por el sol, se dirigió a la puerta con intención de abrirla.
—¡No la abra! —Gritó Rin por instinto, todavía tenía la esperanza de que este vagón se salvara si nadie abría la puerta —Yo me salí del vagón 5 huyendo de eso y mire, ya nos alcanzó.
—Vaya ahora sí hablas, dinos de qué exactamente vienes huyendo —exigió el hombre.
—No lo sé, tanto como puede ser un suicida de esos que no quieren morir solos u otra cosa peor.
—¿Otra cosa peor que los locos? —rio el hombre.
—¡El vagón se tiñe de rojo! —Grito una mujer señalando hacía la puerta del otro vagón.
—¡Dinos exactamente qué está pasando ahora! —Exigió el hombre enérgicamente acercándose a Rin de manera acechante.
—¡Ya le dije que no lo sé! Pero creo que concuerda conmigo en no abrir el vagón.
Un niño cachetón con playera anaranjada dio un salto desde su asiento hasta la puerta presionando el botón de emergencia. Rin no estaba segura de si esa fue una acción inteligente o no, sabía que el tren pararía y esto sería un caos. Verificó en su celular y comprobó que al menos ya estaban cerca de Hakata, igual y si lograba huir, podría tomar un tren local para llegar a casa de su tía.
Todos se acercaron a las puertas, esperaban el momento en que la puerta del conductor se abriera, pero éste parecía estar llamando por radio a alguien. Se escucharon vidrios romperse y luego nada, así permanecieron en silencio lo que se sintió una eternidad.
El niño cachetón caminó hacia Rin sentándose al lado de ella y por alguna extraña razón, inició una conversación con ella —¿Oiga señorita, vamos a morir verdad?
Nadie pudo objetar ante la opinión del niño y el grupo se desintegró para seguir hablando entre ellos. La abuela del niño le dijo que se alejara de la muchacha, pero él ignoró a su abuela y permaneció al lado de Rin.
—No lo sé —respondió Rin sinceramente.
—Pues espero que nosotros nos salvemos.
—¿Pero por qué nosotros nos salvaríamos y los demás no? ¿Crees que merecemos vivir más que el resto?
—No, pero en las caricaturas siempre dicen que debemos luchar por sobrevivir. —El niño tiró unos golpes al aire como luchando con algo invisible.
—Y para qué esforzarse por sobrevivir si acabaremos solos sin nuestros seres queridos —el niño se desinfló y bajó la mirada. Rin no estaba segura de que fuera buena idea dejar al niño hablando con ella —bueno, no importa ya que tarde o temprano vamos a morir, pero si sobrevives, aprovecha al máximo el tiempo que te queda, disfruta mucho a tu abuelita.
Increíblemente el niño le sonrió, le dio las gracias y corrió a abrazar a su abuela y a decirle lo mucho que la quería.
Minutos después llegaron un montón de policías y sacaron a todos del vagón, Rin se sentía un poco más a salvo con la policía ahí, sin embargo, seguía muy atenta a que el feto gigante no los atacara repentinamente, pero para su sorpresa, el día soleado y sumamente sofocante afuera del vagón estaba muy tranquilo y silencioso, salvo el estridulo de las cigarras. Algunos policías entrevistaban a las personas sobrevivientes mientras otros inspeccionaban los vagones traseros.
Rin checó su reloj, si no llegaba al puerto mañana antes de las 15 horas estaba perdida, así que comenzó a caminar tratando de no llamar la atención.
Ya había logrado dejar atrás las patrullas de los policías y a toda la gente sobreviviente del tren, cuando una mano grande y fuerte la detuvo del hombro, ella se giró para toparse con un par de hermosos ojos dorados y un cabello corto platinado, el hombre debía ser un half*; el half más hermoso que habían visto sus ojos.
—El niño dijo que usted los salvó, necesito hacerle unas preguntas —habló el hombre trajeado.
—¿Y usted quién es?
—Agente de la NPA encubierto —Sacó su placa para que Rin pudiera verificar su identidad.
—Okeeey, pero yo me tengo que ir, mi ferry rumbo a Corea sale mañana a las 15 horas y…
—Yo la llevaré a donde se vaya a hospedar.
A Rin no le quedó de otra más que subir al carro del policía y ser llevada a un koban* cercano donde el hombre trajeado la sentó en un escritorio y comenzó a interrogarla sobre el incidente del tren.
Rin intentó mentir diciendo que no sabía nada, pero fue rápidamente desmentida por el policía que parecía poder leer su mente y acabó confesando lo que pasó en la exhibición de arte de su clase.
Él no pareció sorprendido y solo le dijo que estaban investigando y que no dijera nada de lo ocurrido a más personas. Luego miró su reloj.
—Ya es tarde, ¿dónde dormirá hoy?
—En casa de mis primos.
—Andando —El policía salió del koban sin esperar una respuesta por parte de ella.
Condujo hasta la casa de los primos siguiendo el GPS y esperó a que ella entrara en la casa, pero nadie abrió la puerta. Entonces Rin marcó al celular de su tía, pero nadie atendió, era como si tuviera el celular apagado.
El policía salió del auto y rodeó la casa alumbrando con la linterna las ventanas.
—La cochera está vacía. ¿Tiene otro lugar donde dormir?
—Mmmm no, pero está bien, buscaré un taxi e iré a algún hotel cercano.
—Noto, suba.
Rin se desinfló, tenía miedo de que a su tía le hubiera pasado algo y tenía más miedo de cómo reaccionaría su mamá al enterarse de que no logró encontrarse con su tía. Sin más a dónde ir, se subió de nuevo en el asiento del copiloto. No entendía por qué el policía a pesar de ser bastante serio y casi no hablar, estaba siendo sumamente amable con ella, pero con los fetos gigantes rondando afuera, no lo iba a desaprovechar.
—Noto, no salga de noche —habló de la nada el hombre mientras conducía por la ciudad.
—¿Por qué?
—Tengo la certeza de que esos seres salen en la noche y toleran los lugares obscuros.
—Pero cuando viajamos en el shinkansen era de día…
—Probablemente entró en un túnel y cuando le pegó el sol al tren, escapó por la ventana.
—Hum.. tiene sentido, entiendo, tendré cuidado.
Para pesar de Rin, el joven policía se estacionó en un hotel bastante caro, ella tenía la tarjeta de su papá y aunque eran de familia bastante bien acomodada, dada la situación de incertidumbre en la que se encontraba, no quería gastar de más por si requería usar ese dinero para algo más importante.
Llegó al lobby y se sorprendió al ver que el policía seguía caminando atrás de ella.
—No la estoy siguiendo —dijo como adivinando los pensamientos de Rin —estoy hospedado aquí, si vuelve a saber algo llámame. —Le entregó una tarjeta y desapareció rumbo a los pasillos de las habitaciones sin esperar ninguna respuesta. La tarjeta estaba a nombre de Takahashi Sesshoumaru. Rin guardó la tarjeta en su cartera y se dirigió a la recepción para hacer el check in.
Se desplomó en la cama de la habitación, estaba extremadamente cansada, desconcertada, triste. Ni siquiera había podido asimilar la muerte de sus compañeros cuando ya había presenciado otro ataque, no sabía dónde estaba su tía y sus primos, estaban pasando demasiadas cosas en un lapso de tiempo muy corto, en sus 22 años de vida jamás había vivido algo así.
Mandó un mensaje a su mamá avisándole que su tía no estuvo en su casa, omitiendo por completo el incidente del shinkansen. La mamá le contestó regañándola porque seguro había llegado tarde distrayéndose con estupideces en la ciudad y por eso no había llegado a tiempo con su tía, le dijo que por tonta ahora tomara el ferry sola. Rin le contestó pidiendo perdón, ya sabía que cualquier razón sería tomada como escusa, aun así, se atrevió a preguntar si su mamá sabía dónde estaba su tía, "no sé, si hubieras llegado a tiempo, a lo mejor yo sabría dónde está mi hermana." Fue el frío mensaje re recibió. Rin ya no quiso empeorar las cosas a sabiendas de lo rápido que su mamá cambiaba de estados de ánimo, así que pidió perdón y dejó a su mamá en paz.
La tripa le rugió de pronto y era obvio, no había comido nada en todo el día, se levantó para salir de la habitación e ir a un kombini, pero las palabras del guapo policía rondaron su mente "se mueven en la obscuridad". Acabó cenando en el restaurante del hotel el curry más caro de su vida, pero ese era el platillo más barato del menú, esperaba que su papá le perdonara esta racha de excentricidades si algún día volvían a verse.
A la mañana siguiente también desayunó en el buffet del hotel, a lo lejos divisó al policía, pero optó por dejarlo en paz. Con la panza llena subió a su cuarto a esperar unas horas más hasta que se acercara la hora de partida. Le mandó un mensaje a Matsunaga deseándole lo mejor y agradeciéndole por el primer y probablemente último beso en su vida. Matsunaga le contestó un mensaje kilométrico confesándole que estuvo enamorada de ella desde el primer día que la vio entrar por las puertas de la universidad y que si todo mejoraba le pediría que fuera su novia.
Rin, no quería romperle el corazón a Matsunaga a sabiendas de que lo más probable es que jamás se volverían a ver, así que le contestó que esperaría a que llegara ese día para darle una respuesta.
Llegó a la parada del ferry a las 14:40 y para su sorpresa ahí estaba el niño cachetón con su abuela.
—¡Señorita, creí que no la volvería a ver!
—¡Hola! ¿También van a Corea?
—¡Así es! Mi abuela dice que debemos salir de la isla.
Estuvo platicando con el niño cachetón, que de hecho se llamaba Kenta, hasta las 15 horas, pero el barco no zarpaba, podía ver a lo lejos que en las oficinas del puerto había una discusión. Para calmarse, se sentó en el suelo con el niño, sacó su cuaderno y se pusieron los dos a dibujar.
Previniendo que el desastre la seguiría, se puso su pantalón de algodón ultra ligero para poder ensuciarse con más libertad y no morir de un golpe de calor. Por lo que ella no estaba sufriendo tanto como otras personas que estaban paradas esperando y sudando como puercos.
La gente que estaba en la fila comenzó a desesperarse y muchos fueron a las oficinas para ver qué pasaba. Minutos después un encargado de la estación vino a decirles que el barco no zarparía ese día por problemas de unas personas que tenían unos boletos falsos y querían abordar a la fuerza.
—¿Y cuándo nos van a subir a los que sí tenemos boleto real? —Exclamó una señora.
—Estamos checando señora, por el momento vayan a casa —contestó el encargado.
Algunos sí se dirigieron a las puertas de la oficina y no regresaron, pero la mayoría de las personas seguían peleando y se quedaron en la fila. Incluso la policía llegó al lugar. Rin no había dimensionado el problema hasta que se acercó a las oficinas. Dejó su maleta con el niño y la abuela, y fue ver qué pasaba. Había un mar de gente tratando de pasar las puertas que daban al área de abordar, gritos de desesperación e insultos ensordecían sus oídos, se alejó rápidamente para volver con la abuela y el niño.
—Hay mucha gente que quiere entrar a la fuerza y creo que lo van a lograr, debemos salir de aquí.
—Pero ¿cómo? Si la única salida y entrada son esas puertas —la abuela señaló con sus manos alrededor de ellos para evidenciar que no tenían cómo huir.
Ya eran las 17 horas y faltaba poco para que cayera la noche, recordó perfectamente lo que dijo el policía «el policía…» su hermoso rostro se dibujó en su mente y sacó el celular. Él le había dicho muy claramente que le hablara solo si sabía algo de los fetos malvados, este problema con los ferrys probablemente estaba fuera de su jurisdicción, pero aun así sintió la imperiosa necesidad de hablarle.
—Bueno, señor Takahashi, estoy en el puerto del ferry y… sé que no le incumbe, pero hay mucha gente tratando de entrar y nosotros no podemos salir ni subir al barco, hay muchos policías en el lugar, pero creo que no lo van a lograr… el niño del shinkansen está aquí con su abuela y…
—Voy para allá —fue lo único que contestó y colgó.
Casi 20 minutos después pudo divisar a lo lejos una cabellera platinada que sobresalía por encima de la muchedumbre por lo alto que era. Con mucho esfuerzo logró pasar el mar de gente y habló con los policías que estaban haciendo una barrera afuera de las oficinas. Después de hablar caminó hacia la fila. La mirada dorada chocó con la de Rin, pero no se dirigió a ella, fue directamente a hablar con la gente del puerto, les mostró su placa y hablaron por largos minutos.
Ya eran casi las 18 horas, los últimos destellos del sol se veían reflejados en las nubes anaranjadas contrastando con el cielo morado cuando las puertas del ferry se abrieron.
—No irán a Corea, vamos a solicitar permiso de aterrizar en otro puerto de Japón, pero como no podemos sacarlos de aquí de otro modo, suban al barco por favor —gritó una persona con altavoz y la gente aceptó muy a regañadientes.
A penas habían comenzado a abordar unas cuantas personas, cuando los gritos de enojo se convirtieron en gritos de terror. El señor Takahashi corrió hacia donde Rin estaba, cargo a la anciana y les gritó que corrieran al interior del barco.
Hasta el staff del puerto se metió al barco y lograron cerrar las puertas antes de que la multitud de gente lograra atravesar la barrera de policías. Hubo personas que se lanzaron al mar queriendo subirse y cuando los tripulantes intentaron ayudarlos a subir con unas cuerdas, una persona del puerto los detuvo.
—No lo hagan, escuché que hay gente zombie, al parecer hay una enfermedad contagiosa, probablemente esta gente ya se contagió.
*Half: mitad japones y mitad extranjero
*Koban: puesto de policía de un barrio.
