5 Un nuevo camino

Despertó sintiendo un sabor metálico en la boca, abrió los ojos y en lo que sus pupilas se adaptaban a la obscuridad, tentó con su mano "la cama" en busca de su celular, pero se dio cuenta rápidamente que no estaba en la cama, estaba en el suelo y se sentía mojado, entró en pánico, miró a su alrededor y alcanzó a vislumbrar dos bultos al costado pegados a la pared siendo jalados y mordidos por algo que estaba debajo de las rendijas.

Lo más silenciosamente posible, se arrastró hacia su litera y subió, abrazó su cuaderno de dibujo, tomó el celular y marcó al policía.

—Señor Takahashi —en un susurró dijo su nombre, luego un gemido seguido de llanto le impidió hablar más.

—Noto, ¿dónde estás?

—En el hotel, piso uno, habitación 2…creo que están muertos…

—No te muevas y no hagas ruido. —El policía le colgó y ella derramó lágrimas tratando de no hacer ruido, su corazón latía a mil por hora y alcanzó a ver con la luz de su celular que su yukata estaba cubierto de sangre.

Casi media hora después, entró el policía alumbrando con una linterna, entonces Rin pudo ver la escena y deseó no haber visto nada. Los fetos gigantes estaban debajo de las rendijas pelándose por comerse a los hombres desvanecidos en el piso. Jalaban y mordían lo que cabía por las rendijas. El policía caminó hacia ella de manera fría y calculadora, era increíble lo bien que el señor Takahashi controlaba la situación sin importar lo terrible que fuera ésta.

La ayudó a bajar de la litera, Rin se acercó al casillero, sacó su mochila sigilosamente guardó el celular y su cuaderno y caminó al lado del señor Takahashi.

Salieron por una puerta trasera del hotel y el señor Takahashi comenzó a inspeccionar a Rin con la linterna.

—Te mordieron —dijo al ver su mano derecha y señaló dos lugares donde la sangre seguía saliendo. —Tienes heridas defensivas —observó otro tipo de rasguños en los antebrazos de Rin.

—Me voy a convertir en feto gigante come carne… —sollozó Rin extremadamente abatida por la situación.

—Todavía no sabemos si es contagioso. Andando.

Caminaron (ella en las pantuflas del hotel, poque había olvidado sus tenis en la entrada del hotel) por una calle aledaña rumbo a la estación de policías, ahí el señor Takahashi la llevó a unas regaderas donde solo había agua fría y después de que Rin se enjuagara toda la sangre y se cambiara de ropa, salió para que le curaran las heridas…

—¿Por qué los tienen encerrados? —preguntó Rin ya más resignada a su nueva realidad desconocida —¿me van a encerrar también?

—La gente de aquí los conoce como "Genin" significa plebeyo, pero usan esa palabra porque literalmente son los kanjis de "persona de abajo", comenzaron a aparecer hace más de dos meses, pero los pobladores los capturaron y los encerraron en lugares con sótanos; como los hoteles y el centro comercial. Reforzaron las coladeras con rendijas más resistentes y les tiran comida.

—¿Por qué no los matan?

—No lo sé.

—¿No va a matarme?

—No digas estupideces, Noto.

—¿Pero y si me convierto en uno de ellos?

—Será otro problema que debo resolver, guarda silencio y duerme en el sillón —señaló con su mano un sofá al fondo del cuarto y sin decir más resumió su trabajo en la computadora. Rin hizo un puchero, pero decidió que era mejor dejarlo en paz, se acurrucó en el sillón quedando dormida con el sonido rítmico del teclado de fondo.

A la mañana siguiente, el señor Takahashi la despertó muy temprano —Andando Noto.

Rin se sobresaltó al escuchar la voz grave, todavía no estaba segura si seguía soñando, pero aun así contestó —¿A dónde vamos?

—A investigar, me queda claro que tú no sobrevivirás sola.

—Lo siento señor Takahashi, no quiero ser una carga para usted, si quiere yo puedo…

—Guarda silencio y muévete.

Rin dejó de protestar, se lavó la cara y los dientes en el baño y salió al lado del señor Takahashi, quien iba con ropa más cómoda, unas botas negras, pantalón de mezclilla negro y playera de algodón negra. Primero entraron a una tienda de 100 yenes a que Rin comprara unas chanclas de playa, como se había puesto sus mini shorts de cuadritos morados y una playera azul turquesa, no desentonaba mucho, parecía que estaba en Tottori de vacaciones de verano con… su novio. Agitó su cabeza para deshacerse de esa fantasía, no había cosa más dolorosa que fantasear con alguien del mundo real, ella normalmente fantaseaba con tener amigos, mejor fantasear con seres inexistentes como elfos… «por los dioses, el señor Takahashi podría interpretar a un elfo sin problemas… ¡basta Rin!» se gritó a sí misma y salió de la tienda.

Después de recorrer el pueblo… bueno, el centro de la ciudad de Tottori, entraron a un café. Rin ordenó tamago kakegohan con natto* y el señor Takahashi salmón, arroz y sopa miso. Sin previo aviso, el policía se giró para hablar con la persona que estaba en la mesa de al lado. —Quiero hacerle unas preguntas.

El hombre viejito por supuesto que lo miró con desconfianza, así que Rin intervino para apaciguar las aguas.

—Disculpe es que mi primo y yo vinimos a visitar a unos tíos que no veíamos desde hace un año y no los encontramos en su casa… —dijo con pesar en la voz e incluso los ojos se le pusieron rojos como si fuera a llorar.

Ante lo cual el viejito se alarmó —Ho entiendo niña, pero no llores, yo les explicaré todo.

—¿Por qué mantienen a los Genin con vida? —Continuó el señor Takahashi con su tono autoritario que delataba su profesión de policía.

—Pues aquí no los matamos, dejamos que vivan tranquilamente, pero tomando precauciones. ¿En la capital los matan? ¿En Osaka? —Miró hacia Rin ya que ella hablaba con dialecto diferente al del señor Takahashi.

—Sí. —Contestó parcamente el policía.

—Yo no lo sé, creo que tiene poco que aparecieron en Osaka —comentó Rin, sin saber exactamente hasta dónde tenía permitido hablar —¿Quiénes son ellos? ¿Sabe de dónde vienen?

—Señorita, ¡qué pregunta tan profunda! Pues no lo sé, no sé de dónde vengan, así como tampoco sé de dónde venimos nosotros. Ellos comenzaron a aparecer hace unos 3 meses, o quizá más. Al principio creíamos que eran extraterrestres, pero algunos dicen que ellos siempre han estado aquí, solo que, con nuestras actividades humanas, hemos deteriorado su hábitat y ellos comenzaron a salir de las cuevas de las montañas para comernos, o sea ayakashis o youkais. Personalmente creo que ellos son los pobladores originales de la tierra y nosotros somos los extraterrestres, ¿ustedes qué piensan?

—No tenemos ni idea, ¡pero muchas gracias por su tiempo! —Rin le sonrió, dándose cuenta que la información del señor rayaba en lo fantástico y no era de ayuda para el señor Takahashi. Terminaron de desayunar y salieron del lugar.

Rin siguió al policía ciegamente, como un perrito callejero que sigue a la persona que le tiró comida hasta su casa.

Caminaron rumbo a un comercio de electrónica, en lo que el señor Takahashi inspeccionaba algunos artefactos, le habló a Rin sin voltear a verla. —Noto, ¿tu objetivo sigue siendo Corea?

—Creo que ahora debo regresar a Osaka, mis papás van a huir con unos colegas y me dijeron que regresara lo antes posible ¿y el suyo?

—Resolver este problema.

—Entiendo... —cuando se giró para verlo, él ya no estaba en el pasillo.

En el comercio el señor Takahashi compró un cargador de celular que se carga con la luz solar, pilas recargables, cables pasa corriente, entre otras cosas. Luego fueron a otro comercio especializado en campamentos y ahí compró una tienda de campaña pequeña junto otros utensilios. —Viajaremos de día y dormiremos en el bosque lejos de las personas y el ruido, compra lo que necesites o puedas cargar.

—Oiga y ¿no tiene armas?

—Una Nambu M60, pero hay un protocolo muy largo para usarla, primero tengo que disparar al aire y avisar en voz alta que voy a disparar. Aparte, el sonido atrae a los Genin por lo que no me conviene usarla.

El resto del día el señor Takahashi se la pasó entrevistando a los lugareños, incluso siguió utilizando la mentira que se inventó Rin de que eran primos buscando a sus tíos. Fuera de historias paranormales, no consiguieron más información útil por ese día.

Antes de que anocheciera entraron a un onsen para bañarse y saliendo de ahí se internaron en el bosque. El policía armó su casa de campaña tamaño individual y Rin… no había comprado una. Creyó en automático que compartirían la tienda, el policía se le quedo viendo un rato, luego exhaló —Entra.

Rin muy apenada entró y extendió su bolsa de dormir pegada a la de él y se recostó encima de la bolsa, hacía demasiado calor como para meterse en ella —Oiga y si me transformo durante la noche… y me lo como.

—Te estaré vigilando.

—¿No va a dormir? ¿Si me transformo va a matarme con el cuchillo?

—Lo decidiré cuando llegue el momento. Duérmete.


Sesshoumaru se sentó en una esquina contemplando a la niña, tenía que deshacerse de ella, pero al mismo tiempo dejarla en un lugar seguro. No podía llevarla hasta su familia, él tenía que ir a la universidad de Hiroshima en busca de un científico que le recomendó Jaken… quizá podría subirla al shinkansen, y que llegara sola a Osaka… según el correo que le había enviado su asistente Jaken hoy en la noche, los puertos estaban prácticamente secuestrados por la población y era imposible salir del país de manera legal. Los vuelos sí estaban funcionando, pero eran aviones de otros países que venían solamente por sus connacionales atrapados en el archipiélago y sus familias, no cualquier japonés podía abordar. Veía difícil que la familia de Rin pudiera huir.

A todo esto, no entendía por qué los papás de Rin la habían mandado a Hakata para luego hacerla regresar a Osaka, ¿acaso no habría sido mejor no separarse desde el principio? Pero eso no le incumbía, no era su problema, debía enfocarse en resolver este misterio, no en la misteriosa Rin.

El amanecer llegó pronto y para su sorpresa, la niña no se transformó, quizá el virus requería de más días de incubación. Apuntó esto en su bitácora y la despertó. Recogieron todo y caminaron a la Estación de policía para tomar uno de los carros blancos que se usa para interceptar malos conductores, por lo que a simple vista parecía un carro de civil. Condujo 4 horas y media a Hiroshima y llegó directamente a la universidad donde los recibió Jaken y el científico con quien iban a hablar. Dejó a Rin en la biblioteca y se metió con el científico y Jaken a una especie de laboratorio donde tenían a un espécimen muerto en un congelador.

—¿Qué han descubierto? —preguntó sin rodeos al científico.

—Pues es humano, pero no sabría decirle si es una evolución del humano actual, una mutación o alguna una rama del Neanderthal que se adaptó a vivir en las cuevas y aprendieron a sobrevivir ahí sin ser descubiertos hasta ahora. Aunque esto último suena muy inverosímil. Un compañero ruso me dijo que al norte de Rusia también han comenzado a aparecer.

—¿Qué más? —instó al científico a que siguiera mientras él leía los reportes sin entender mucho de la nomenclatura.

—Son ciegos, tienen las rodillas al revés porque esto les facilita caminar en cuatro patas en lugares estrechos como túneles o cuevas, aunque se pueden mantener erguidos si no caminan. Técnicamente pueden comer todo lo que come un humano, pero por alguna razón solo atacan a otros humanos, tenemos reportes donde familias enteras fueron aniquiladas pero el perro no fue lastimado. Sin embargo, no parecen tener consciencia. Tenemos datos de que definitivamente van en aumento, pero no hay evidencia aún de que sea contagioso, ya que hay muchos sobrevivientes con mordeduras que no se han transformado, aunque puede variar quizá por el sistema inmune de cada persona.

—De hecho, señor, si me permite —interrumpió Jaken sacando y extendiendo un mapa sobre la mesa, de metal que tenían en frente, estaba marcado con círculos rojos diferentes lugares —ya tenemos datos de lo que han reportado varios oficiales alrededor del país. Por supuesto hay más avistamientos en las prefecturas norteñas como Yamanashi, Iwate, Fukushima, Akita, Hokkaido, pero también hay numerosos encuentros en prefecturas muy poco pobladas como Wakayama. A todo esto, Tottori, el lugar donde estuvo ayer, es la prefectura con menos casos registrados. —Jaken dobló el mapa y lo guardó en su portafolio.

—Sí, como saben, no les gusta el sol —afirmó el científico.

—¿Es todo? — Sesshoumaru arqueó ligeramente una ceja, esperaba más de un científico.

—Hasta el momento sí señor —el científico adoptó una pose de firmes de manera inconsciente ante la voz del policía.

—Mantenme informado de novedades. — Sesshoumaru y Jaken salieron del lugar sin mirar atrás y se dirigieron al edificio donde estaba la biblioteca.

—Oiga jefecito, ¿qué hace con una niña? ¿La salvó?

—Guarda silencio Jaken. — Sesshoumaru siguió caminando sin decirle nada más a su asistente. Entraron a la biblioteca y encontraron a Rin en el área de las computadoras. —Noto, andando.

—Sí —Gritó ella con una sonrisa saltando de su asiento y corriendo hacia ellos.

En el camino Rin le contó a Jaken cómo se conocieron y Jaken hacia comentarios de lo mucho que Rin estaba estorbando en la investigación.

Se alejaron de la ciudad y acamparon en un parque cercano. Sesshoumaru dejó de encargado a Jaken de vigilarlos y le prohibió que se quedara dormido, él ya llevaba dos noches sin dormir y ya necesitaba recuperar fuerzas. Le entregó el cuchillo y le dijo que cualquier cosa atacara sin titubear, ante lo cual Rin bajó la mirada, pero no dijo nada. Ambos se tumbaron sobre las bolsas de dormir en la tienda de campaña y Jaken se sentó en una esquina, la tienda era tan pequeña que los cuerpos de todos rozaban entre sí y creaban un sauna nada agradable.

Los rayos del sol iluminaban la tienda de campaña y Sesshoumaru se despertó sorprendido de tener los brazos de Rin abrazándolo. Rápidamente miró a Jaken para reclamarle, pero se dio cuenta que su fiel asistente estaba completamente dormido con el cuchillo todavía entre sus manos. Se zafó cuidadosamente del abrazo y salió de la tienda para respirar aire fresco... pesado y húmedo aire de verano.

Las cigarras estridulaban alrededor y fuera del canto de uno que otro pájaro, el parque estaba en completo silencio. Despertó a sus acompañantes y manejaron rumbo un sentou* cerca de la estación de Hiroshima donde estaba el shinkansen, tomaron un baño rápido y después desayunaron en un konbini.

Finalmente estaban frente a las máquinas de boletos del tren, Rin intentó comprar su boleto rumbo a Osaka, pero pareciera que el destino no quería que se separaran porque al tocar la palabra "shinkansen" en el monitor, salió un aviso de que estaba cancelado el servicio hasta nuevo aviso. Jaken explicó que probablemente era porque pasaba por muchos túneles y la obscuridad era peligrosa. Rin se soltó a llorar en cuclillas frente a ellos, Jaken la veía incómodo sin saber qué hacer.

—Te llevaré en carro a Osaka. —No supo qué clase de demonio lo poseyó para decir eso, él no tenía el tiempo para andar de niñera o chofer, él tenía una investigación que resolver. Por primera vez en la vida había hablado sin pensar, tanto estrés estaba colapsando su mente y eso que él había entrenado toda su vida para ser el mejor policía de todo Japón y superar al comandante perro; su padre.

—Sss… señor... pero nosotros tenemos que ir a Nagasaki…

Sesshoumaru le lanzó una mirada de muerte y Jaken adoptó la pose de firmes cerrando el pico con extremada fuerza.

Rin se incorporó y sus ojos llorosos lo miraron fijamente —Perdóneme señor Takahashi yo no merezco…

—Vámonos, Noto —la silenció, no le gustaba escucharla pedir perdón.

Regresaron al carro, pasaron a un supermercado por víveres y otras cosas… de mujeres. Casi se le olvidaba que Rin no era una niña, sino una mujer de 22 años, era tan infantil e inmadura que le costaba verla como un adulto.

Además de que esas mejillas naturalmente rosadas hacían que luciera aún más tierna.

Y así comenzó el viaje de nuevo. Sesshoumaru veía por el retrovisor de vez en cuando a Rin quien se encontraba extremadamente concentrada tallando un tronco de madera con unas gubias. En el asiento del copiloto, Jaken estiraba sus cortas piernas mientas le comunicaba sin cesar todas las noticias que encontraba en su celular.

—Noto.

—Dígame señor Takahashi —esa mirada inocente chocó con la de él por el retrovisor y por un micro segundo su corazón dio un vuelco, exhaló suavemente y de manera casi imperceptible para calmar la abrupta reacción de su cuerpo.

—¿Qué haces?

—Una ballesta.

Bueno, hasta giró la cabeza hacia atrás para corroborar las palabras de la chica, incluso Jaken gritó de incredulidad —¡Cómo que una ballesta! Que no sabes que está prohibido portar armas, peor aún fabricarlas, niña tonta. ¡Te vamos a arrestar en cuanto lleguemos a Kyoto!

—Eso si sobrevivimos señor Jaken —contestó ella de manera sínica pero claramente honesta.

—¡Solo vas a acabar lastimándote, de dónde sacaste esa estúpida idea! —Jaken continuó gritándole.

—De internet, mientras ustedes me dejaron en la biblioteca, me puse a investigar sobre armas fáciles de fabricar en inglés… ya tengo todos los planos en mi cuaderno de dibujo…

*Tamago kakegohan con natto: huevo crudo sobre arroz y frijoles fermentados

*Sentou: baños públicos, parecidos a los onsen, pero sin agua termal; usan agua de grifo.