Rene gracias por tu comentario, pasarán muchas cosas macrabras

JackelB grcias por tu comentario, definitivamente un experimento no es.


Casi 6 horas después de que condujo por caminos poco concurridos, el día estaba por llegar a su fin, por lo que decidieron detenerse a dormir en una cabaña abandonada que encontraron cerca de la carretera y frente a un río.

—¡No tengo internet aquí, señor! —lloriqueó Jaken.

—Excelente. —Así no tendría que seguir escuchando más noticias que Jaken encontraba en internet. —Noto, si quieres bañarte ve ahora al río.

—Sí señor. —Rin se veía feliz de poder refrescarse. No iba a decirle, pero tendría que vigilarla un poco durante el baño, para asegurarse de que no la atacaran, todavía había luz, pero no quería tomar riesgos.

Dejó de encargado a Jaken para hacer la cena y salió so pretexto de verificar el perímetro. A lo lejos divisó la blanca figura de Rin que contrastaba con lo verde del bosque, bañándose en el río. No observó a detalle y rápidamente le dio la espalda, agudizó su oído y espero a que saliera del agua. Cuando por fin escuchó que se vestía, dio un rápido vistazo; estaba a salvo. Regresó a la cabaña antes de que Rin terminara de vestirse.

Después él se fue a bañar al río y al último Jaken.

Para poder dormir bien, prendieron un katorisenkou* para ahuyentar mosquitos y colocaron unos cascabeles que compraron esa mañana, alrededor de la bolsa de dormir de Rin y así despertar en caso de que ella se transformara. Jaken quería amarrarla como puerco, pero él no lo dejó, aunque fuera una buena idea.

Sesshoumaru intentaba conciliar el sueño confiando su vida y la de Jaken en el cuchillo debajo de su almohada; cuando una dulce voz lo llamó. Confundido abrió los ojos, tomó el cuchillo y se levantó. Verificó que sus dos compañeros estuvieran dormidos y recorrió la cabaña en busca de amenazas. —Señor Takahashi —la dulce voz de Rin lo llamaba a lo lejos, pero algo estaba mal, Rin estaba dormida justo atrás de él, debía ser una trampa.

Salió de la cabaña, afuera era de noche, pero podía ver bien, como si una luz lo guiara en su camino.

Divisó en el río una figura desnuda y brillante de alabastro que lo llamaba con la mano, se acercó con el cuchillo de frente y sigilosamente, listo para matar.

Era Rin, pero él sabía que no era la verdadera, era una impostora.

—Báñese conmigo, por favor… —El cuerpo húmedo de la ninfa salió del río, su largo cabello azabache con ondulaciones, cubría sus pechos, tentándolo a quitarlo del camino, la mujer acortó la distancia entre los dos, las delgadas y frías manos femeninas subieron por la piel ardiente de su torso para terminar aferradas a su cuello. Al intentar zafarse se dio cuenta que no podía moverse, lo había hechizado, él había caído como un puberto cualquiera ante la trampa más evidente de la historia. Los dulces y gélidos labios rozaron su boca y se dejó llevar.

Justo cuando creyó que tendría una muerte estúpida pero alucinante, a medio beso desenfrenado, la mujer le arrancó la quijada de una mordida… sus manos intentaban sostener su cara y su lengua, la sangre se desbordaba entre sus dedos y con gran horror vio frente él al monstruo masticar su mandíbula como si se tratase de una manzana crujiente y jugoza… "chirín"… "chirín, chirín" los cascabeles sonaron.

Abrió los ojos de golpe y el techo de la cabaña apareció frente a él, tomó una bocanada grande de aire, sentía que el corazón se saldría de su pecho por el fuerte palpitar y cuando intentó incorporarse algo se lo impidió. No podía moverse.

Aún con los nervios de punta, tomó el cuchillo tratando de no hacer ruido y parpadeando varias veces para ajustar su vista a la obscuridad, bajó la mirada y delineó un delicado brazo blanquecino sobre su pecho, más abajo una pierna humana descansaba lánguidamente sobre su pelvis.

Rin humana. Dejó escapar un sonoro suspiro de alivio y el resto de la noche ya no durmió.


Ya estaban de nuevo trepados en el carro, el señor Takahashi por alguna razón estaba de muy mal humor, les había prohibido hablar a ella y al señor Jaken durante todo el viaje. Lo bueno es que ya faltaba poco para llegar a Osaka y ella ya había acabado su ballesta de madera con un arco de tubo de PVC* que encontró en la cabaña. Justo lo que necesitaba, un material duro pero lo suficientemente flexible para lanzar flechas. Aunque si lograba huir con su familia ya no la iba a necesitar, quizá el señor Takahashi se beneficiaría de ésta ya que no hacía ruido como su revólver.

Cuando se acercaron a Kioto la señal del celular regresó y le llegaron mensajes de hace un día de su madre, diciéndole que hiciera lo posible por llegar a Canadá, ni una palabra más. También tenía llamadas perdidas de su papá. Ella marcó a ambos, pero nadie contestó. Cada cuando marcaba a sus celulares sin recibir respuesta, también mandó un mensaje a sus hermanos, preguntándoles si ellos sabían dónde estaban sus papás, pero por la diferencia horaria no iba a recibir respuesta hasta más tarde. Casi 4 horas después de evitar el tráfico llegaron a la casa de Rin.

Estaba muy nerviosa, bajó del carro temerosa, las piernas le temblaban al caminar hacia la puerta, tenía la sospecha de que sus papás ya no estarían ahí. El señor Takahashi y el señor Jaken se quedaron en el carro esperándola, al menos los tenía a ellos, aunque por tiempo limitado. Abrió la puerta y la cerró tras de ella. —¿Madre? ¿Papá? —llamó sin atreverse a caminar más adentro.

No había nadie. La sangre abandonó su cuerpo y sintió frío.

Recorrió corriendo todas las habitaciones buscando una nota, algo. Nada. Marcó al celular de su mamá y nada, al de papá y nada. El refrigerador estaba vacío y desconectado, todos los electrodomésticos estaban desconectados. Todo estaba en silencio y vació.

Se dejó caer de rodillas en la cocina llevándose las manos a la cabeza y jalando su largo cabello de total desesperación. Pues qué esperaba, si ya habían pasado 6 noches, sus papás estaban urgidos por escapar, era obvio que no la iban a esperar. Ellos contaban con que ella huiría con su tía de manera legal a Corea, su mamá no podía esperar, ella tenía prioridades: sus gemelos. Pero lo que no podía perdonar es que su papá también la hubiera abandonado, él, aunque nunca fue un padre muy presente, siempre la trató mejor que su mamá y aun así se había ido sin ella, ¿qué tenía ella que no valía la pena, por qué nadie quería quedarse a su lado, porqué todos trataban de deshacerse de ella? Rin era un estorbo para todos, por su culpa hasta el señor Takahashi había tenido que desviarse de su camino, ¿y para qué?, para nada.

Estaba hiperventilando, no podía respirar, su garganta se constreñía, pero aun así logró gritar de dolor y sin querer se rasguñó la cara de desesperación.


Sesshoumaru estaba esperando dentro del carro, Jaken le contaba qué harían después de deshacerse de "la mocosa" mientras él observaba la casa. Todas las cortinas estaban cerradas, los aires acondicionados no estaban funcionando y eso era casi un suicidio para el verano japonés, en la cochera había espacio para dos carros y faltaba uno. Esto iba a salir muy mal.

Un doloroso berrido lo alarmó y salió disparado del carro, entró corriendo a la casa, miró hacia todos lados hasta que los llantos desolados de Rin lo guiaron hacia la cocina. Ella estaba en el piso hecha bolita, llorando con sus brazos cubriéndole la cara y sus uñas clavándose en la coronilla de su cabeza.

Sintió horrible, nunca se había sentido tan mal por otra persona. Se hincó frente ella y jaló sus brazos para que no siguiera lastimándose y la abrazó. Se la llevó cargada a la primera habitación que encontró en la planta baja. Jaken se asomó a los pocos segundos.

—¿Sss señor? ¿Está bien la niña?

—Jaken, conecta el refrigerador, los aires acondicionados y ve por comida. Rápido, antes de que anochezca.

—¡Sí señor!

Sentado en la cama con Rin aferrada a él como koala bebé, escuchó los pequeños pasos de su asistente correr por la casa y cerrar la puerta principal. Su mirada recorrió la silueta de Rin en su regazo, no sabía qué decirle. Se limitaba a sostenerla fuertemente y esperar a que se calmara y dejara de llorar.

Como policía había visto muchas cosas, desde mamás que se avientan al tren con sus bebés, mamás que tiran a sus hijos por la ventana y luego se avientan ellas, papás que matan a su familia a cuchilladas y luego se suicidan, familias que deciden suicidarse todos juntos en el carro con monóxido de carbono. Estaba acostumbrado a ver lo peor del ser humano, pero nunca iba a poder comprender por qué un padre puede llegar a ser tan cruel con un hijo.

Aun cuando su papá dejó a su mamá por otra mujer, a Sesshoumaru nunca dejó de procurarlo, su papá siempre estuvo ahí apoyándolo, hasta había construido su nueva casa con un cuarto para él a pesar de no vivir con ellos. Ni si quiera su mamá que es un témpano de hielo lo abandonaría así. Por asares del destino su madre ahora vivía en Suecia, pero incluso en medio de esta hecatombe, su mamá le tendió la mano recibiendo a su prometida en su propia casa e instándole a huir del país también.

No entendía cómo los papás de Rin habían podido irse a sabiendas de que su hija viajaba con dos hombres desconocidos rumbo a Osaka pera reunirse con ellos, inaudito.

Casi media hora después, sintió que la fuerza de Rin se desvanecía, se había quedado dormida. La recostó en la cama y salió del cuarto a inspeccionar la casa. Buscó en las mesas, el refrigerador, las puertas, pero no encontró ninguna nota donde se dejara alguna explicación. Al recorrer toda la casa se dio cuenta que en la mayoría de las fotos en la pared salían una familia de cuatro; mamá, papá y dos hijos. Había retratos de los gemelos desde que eran bebés hasta que se graduaron de la universidad, en la sala estaba un portarretrato de los gemelos en una montaña nevada. Rin solo aparecía en dos fotos con sus hermanos, no había una sola foto donde apareciera ella solita o con sus papás.

También notó que el cuarto de abajo donde descansaba Rin era el más pequeño y en el piso de arriba estaban dos enormes cuartos, uno con una cama matrimonial y el otro con dos camas individuales. Dedujo que el cuarto con dos camas era el de los gemelos, aunque al estar lleno de objetos de mujer, supuso que la madre dormía ahí y el padre dormía en la otra habitación. Una dinámica extremadamente común en el país, pero lo que no era común era el evidente rechazo hacia la hija más pequeña.

Bajó hacía el cuarto de Rin y con cuidado de no despertarla, analizó la habitación. Había peluches de animalitos, dibujos de cosas fantásticas como dragones y hadas pegados en las paredes. Torres de libros de arte y novelas que fungían como mesa, figurillas de madera, ropa de muchos colores y no había maquillaje… sí era una chica muy infantil, se notaba que se refugiaba en la fantasía para afrontar el día a día.

Escuchó la puerta principal abrirse y salió para hablar con Jaken —¿Cómo viste la ciudad?

—Creo que comienza a escasear la comida, señor. Aunque hay letreros donde se insta a no comprar de más. La gente me dijo que nadie sale en la noche. La venta de cuchillos de cocina se disparó. Se habla de una pandemia, de hombres lobo que atacan familias, por las noches… y los bares están quebrando —reportó Jaken mientras sacaba la comida que compró.

—Come —ordenó Sesshoumaru, sin decir más.

—¿Y la niña no va a comer? Le traje pollito frito…

—Déjala descansar.

Jaken asintió algo triste y guardó la comida en el refrigerador. Se sentaron en el comedor y abrieron los bentos; saba asado con arroz y verduras para él y Jaken se compró un niku udon*. Tampoco tenían mucha hambre, pero comieron de todos modos.

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Sesshoumaru estaba soñando con un caso de asesinato del pasado, uno donde un psiquiatra y su hija habían decapitado a un joven, cuando un ruido lo despertó. Se encontraba recostado en el sillón más largo en la sala de la casa de Rin, Jaken dormía en el sillón para dos personas que estaba a su costado. Escuchó cosas que se caían en el primer piso, tomó el cuchillo bajó el cojín de la sala y despertó a Jaken tapándole la boca para que no hiciera ruido, con la adrenalina apoderándose se sus cuerpos, los dos caminaron sigilosamente al cuarto, descubriendo que éste ya estaba abierto y no había nadie en el interior. En el piso la ropa que Rin traía ese día estaba hecha girones.

Pensó lo peor, se adentró en el cuarto para investigar más a detalle la ropa en busca de sangre, pero no había, luego verificó la ventana, pero estaba cerrada.

De pronto el vello de la nuca se le erizó, había alguien respirando atrás de él y estaba seguro de que no era Jaken.

—¡Señor, corra! —Gritó Jaken desde la puerta del cuarto y pegó carrera escaleras arriba, siendo perseguido por el Genin, pero obviamente que Sesshoumaru no huiría, corrió tras ellos y antes de que el Genin mordiera un acorralado Jaken, Sesshoumaru le hizo una rajada en la pantorrilla. El Genin se giró hacia él y se le fue encima haciendo que ambos cayeran rodando escaleras abajo, perdiendo así el agarre del cuchillo.

Sesshoumaru forcejeaba con todas sus fuerzas, pero el monstruo era demasiado poderoso, él lo golpeó y alcanzó a enterrar sus uñas en el brazo que trataba de estrangularlo logrando así zafarse del agarre. Corrió hacia la cocina abriendo todos los cajones a su alcance y agarró un cuchillo largo para cortar sashimi. El Genin entró a la cocina caminando sigilosamente en cuatro patas y cuando estuvo como a un metro cerca de Sesshoumaru, se irguió de manera amenazante, provocando que la luz de los focos del exterior le pegaran en la cara, ahí pudo ver que el monstruo tenía marcas de rasguños en las mejillas, como los que Rin se había hecho esa tarde.

—Rin —suspiró Sesshoumaru, delatando así su exacta ubicación para que el Genin lo atacara.

Alcanzó a clavarle el cuchillo en algún lugar del pecho, pero el monstruo sólo se enterró más la hoja haciendo que ésta saliera por la espalda y acortando así la distancia entre ambos.

Las fauces del monstruo se abrían para cerrarse en su cuello como vidrios filosos que desgarraban su piel. Eso era todo, le iba a arrancar la yugular y moriría desangrado como en su sueño, siendo comido por la ninfa de la vida real.

Cerró los ojos preparándose para el final, —Rin... —susurró su nombre una última vez y absurdamente abrazó a la muerte.

Pero ésta nunca llegó, los colmillos se retractaron y el crujir de unos huesos que no eran los suyos le hizo abrir los ojos de golpe. Entre sus brazos estaba el frágil cuerpo de Rin cubierto en sangre y con el cuchillo de sashimi sobresaliendo por la espalda alta.

Saliendo del shock inicial, se incorporó con ella en brazos, salió de la casa, la depositó en el asiento trasero con cuidado de que el cuchillo no se moviera. Entró corriendo por una toalla que encontró en el baño y salió a toda prisa para cubrir la desnudez de Rin con eso mientras marcaba a su hermano y arrancaba el auto.

—¿Sesshoumaru?... ¿Vas a morir? —La voz de su hermano muy sorprendido se escuchó por la bocina del auto, mientas él conducía a toda prisa por la ciudad.

—¿En dónde trabaja Kagome? —contestó él impaciente.

—¿Qué?

—¡Nombre del hospital, Inuyasha!

—¡Entonces sí te vas a morir!

—El que va a morir eres tú si no…

—Te mando la ubicación por Line, ¿estás en Osaka? ¿No debías estar en Nagasaki?, padre dijo que… —Sesshoumaru cortó la llamada y condujo rumbo a la avenida principal esperando que el idiota de su medio hermano le mandar la ubicación lo más rápido posible.

*Katorisenkou: Como el incienso en espiral de Raid que ahuyenta mosquitos.
*Arco de tubo de PVC: funciona, hice una ballesta en la preparatoria con un arco de tubo de PVC y la flecha superó los 80 metros.
*Niku udon: Caldo de pasta gruesa con carne u otros ingredientes.