*Absinthe: Ajenjo, bebida alucinógena mejor conocida como "el hada verde", muy consumida por artistas en 1800.

*Jinbei: Short y playera de algodón o lino, con estampado tradicional. Usado únicamente en el verano y para eventos casuales o en los onsen.


No se atrevió a besarla con más fuerza por miedo a espantarla, pero la abrumante sensación de calor que recorrió por todo su cuerpo le gritaba que la tomara ahí mismo y solo había rozado sus labios, qué sería de él si escalaban las cosas.

Se separó de ella un poco y abrió los ojos, temeroso de recibir una cachetada, pero para su sorpresa, con una mirada desesperada y la boca entreabierta, Rin lo jaló de la nuca y estampó sus labios contra los de él.

Las manos le hormigueaban por abstenerse de recorrer la piel que tenía en frente como ya lo hacía su lengua en la hermosa boquita de Rin. El corazón le estaba taladrando el esternón amenazando con hacer estallar todo el lugar, jamás había sentido sensación más sublime y fuera de este mundo que ésta; Rin era su absinthe*.

Sus labios se dieron tregua para aspirar el aliento del otro, Sesshoumaru buscó en los ojos de ella alguna respuesta a una interrogante todavía inexistente, pero cuando vio que ella reflejaba su propio deseo en esa mirada cristalina, supo que la pregunta era, si podía hacerla suya.

Entonces se permitió besar su cuello y alentado por los tenues suspiros femeninos; él fue más y más lejos. Sus manos separaron el frente del jinbei azul marino con flores rojas de durazno e incapaz de contenerse más, su mano derecha aprisiono el seno izquierdo al tiempo que su boca atacaba el derecho. Ella soltó un respingo y hundió los delgados dedos en su cabellera, urgiéndolo a succionar más, a besar más.

Todo ocurría en total frenesí, el short del jinbei azul despareció de manera simultánea a su propia ropa.

Sus labios retornaron a los de ella y su mano serpenteó hacía el monte de venus, esquivando el único pedazo de tela que cubría el cuerpo de Rin. Sonidos húmedos inundaban la quietud de la noche, provocados por el vaivén de sus dedos.

Él había dejado de besarla, sus ojos registraban cada reacción en ese bello rostro ante el asedio de su mano.

Ofuscada, Rin trataba de detenerlo sin mucho éxito, murmuraba cosas, que algo quemaba, que algo ardía. Su espalda se arqueó, echó la cabeza hacia atrás y todo el cuerpo se tensó. Las pequeñas uñas se clavaron en la piel de su antebrazo y entonces lo vio, el momento justo en que ella llegó al paraíso ahogando un lascivo gemido. Ahora su propio miembro lloraba por unírsele, quería ir con ella a ese lugar.

Le quitó el pequeño calzoncillo de algodón y se posicionó frente a ella, alineando la punta de su erección en la mojada entrada de Rin, quien todavía disfrutaba de su paseo por las nubes. Empujó lentamente y con mucho trabajo logro meter la mitad del glande, dándose cuenta rápidamente que aquello era impenetrable si no utilizaba mucha más fuerza, entonces la mueca de dolor de Rin le reveló la verdad.

Inmediatamente salió de ahí y se echó para atrás, él pánico se apoderó de él y el estado etílico pareció evaporarse de sus venas en una milésima de segundo.

Alarmada, Rin se sentó mirándolo a los ojos en busca de una explicación.

—Yo, no sabía… —su voz rasposa titubeó.

—¿Es tan malo que sea virgen? —podía ver el dolor en los ojos de Rin.

—No, es solo que esto no debe ser así, tu primera vez no debería ser con un idiota alcoholizado que ni si quiera está soltero. No te merezco Rin, perdóname. —agarró sus ropas y huyó estrepitosamente del lugar. Al entrar a la casa, hasta Ah-Un lo veían con desdén.

Abrió la puerta del primer baño y se topó a Jaken durmiendo abrazado del retrete. Cerró la puerta y caminó a toda prisa al segundo baño encerrándose en éste. Abrió la llave de la regadera y dejó que le lloviera agua fría en la cara. La cabeza le daba vueltas, el alcohol mezclado con la adrenalina de haber hecho algo terrible le estaba jugando una mala pasada, podía hasta vomitar en ese momento.

¿Y ahora cómo enmendaría su error, podrían volver a ser amigos? ¿Podría el realmente conformarse solo con la amistad de Rin? …No.


Rin volvió a acostarse sobre sus ropas, mirando en contra picada los árboles de alrededor, cayendo hacia las estrellas del universo.

Había sido una gloriosa noche, conoció mucho más de Sesshoumaru en unas horas que en todos los meses que habían convivido juntos, estaba volando por los cielos y en un segundó el sueño se derrumbó, cayó desnuda sobre estrellas quebradas; trozos de cristal.

Incapaz de contener más el llanto, dejó que sus lágrimas escaparan de sus ojos.

Ungai tenía razón, ella era un demonio tentando a un buen hombre y alejándolo de su prometida.

Pero fue tan irresistible, todo atisbo de pensamiento coherente abandonó su mente en cuanto sintió la electrificante textura de esos labios sobre los suyos, nunca había experimentado tal asalto a sus sentidos, dejándola incapacitada de razonar, Sesshoumaru era como una amapola, hermoso, adictivo y letal.

Al menos había probado el sabor de su boca, si moría mañana, moriría feliz de haber experimentado un deseo correspondido. No sabía si eso era amor o no, pero estaba sumamente agradecida de haberlo compartido con Sesshoumaru.


Al día siguiente de vuelta a Naha, el único que hablaba era Jaken, pero Sesshoumaru no podía entender lo que decía, sus propios pensamientos se aglomeraban en su mente de manera ruidosa y carente de sintaxis.

Volvieron a dormir en la casa abandonada de hace una semana y cuando Jaken inició sus ronquidos, Sesshoumaru se giró en la bolsa de dormir para enfrentar a Rin —Rin anoche…

No importa, —sonrió ella —no importa porque ya solo me queda poco más de un año para dejar de amarte, ¿verdad? Porque el amor solo dura dos años.

Con esas crípticas palabras ella dio por terminada la conversación, cerrando los ojos y girándose a su derecha para darle la espalda. Mataría a Inuyasha y Kagome, estaba seguro de que ese par de hocicones le habían dicho lo que él opinaba sobre el amor, no había manera que un alma tan fantasiosa como Rin se pusiera a leer artículos científicos.

Pero era verdad, ¿o no? Aunque nunca antes había sentido una atracción de tal magnitud por otra persona, esto también se acabaría en dos años. Debía ser así, rogaba porque así fuera, porque si ese estudio científico era una falacia, estaba en serios problemas. Si el amor de verdad existía y esa obsesión desenfrenada que sentía por Rin era amor; entonces iba a pagar muy caro las consecuencias de haber creído en ese artículo.

Ni supo cómo o cuándo, pero la mañana siguiente ya iban en el ferry de regreso Kyuushu. En todo el día que les tomó estar de regreso en Kagoshima, Rin no visitó su habitación en el ferry, sin embargo, él como muerto en vida, a las 11 de la noche caminó rumbo a la habitación de Rin, se sentó frente a la puerta y quizás en algún momento se quedó dormido ahí en el piso.

Rin lo trataba como si nada hubiera pasado, lo cual dolía más. Quería que lo cacheteara, que lo golpeara, que le dijera que era un idiota y entonces él se hincaría y rogaría por su perdón, pero nada de eso ocurrió. Llegó tan muerto de cansancio mental que le pidió a Jaken que manejara en cuanto llegaron al estacionamiento del puerto de Kagoshima.

—¿Y a dónde vamos señor?

—De regreso a Hakata —dijo entre dientes antes de perderse en turbulentos sueños en el asiento trasero. De vez en cuando escuchaba la risueña voz de Rin, risas que no eran para él, conversaciones que no tenía con él.

Estuvieron dos semanas en Hakata hasta que Sesshoumaru decidió que regresar a Tokio sería lo más lógico al no haber encontrado más información. Quizá con sus descubrimientos del estrés bastaba para darle algo a los científicos qué investigar.

—¿Y yo? —Preguntó Rin un tanto triste.

—Pues vendrás con nosotros niña, no te vamos a dejar desamparada hasta que no estés sana y salva con tus papás o viviendo en excelentes condiciones de manera autosuficiente —Jaken contestó sin dudar.

La sonrisa de Rin no llegó a sus ojos, pero se veía más tranquila —no quiero ser una carga, pero les ayudaré en lo que sea hasta que esto acabe.

Un miércoles lluvioso de junio, después de haber limpiado la casa y hacer más preparativos para dejar definitivamente aquel lugar, el reloj les marcó las 3pm; excelente hora para sentarse a beber té.

Los 3 descansaban echados en el piso con su bebida en mano viendo la tele, mientras Ah-Un retozaban en el sofá, cuando su celular vibró. Normalmente lo ignoraría, pero al ver el nombre en la pantalla, contestó.

—Madre —saludó parcamente y oprimió el botón de mute en el control de la tele.

—Sesshoumaru. Me alegra saber que sigues vivo.

—Igualmente.

—Bien, te llamo para avisarte que Kagura huyó de la casa.

—Cómo va a huir si no era prisionera.

—Pues huyó como si lo fuera, el domingo 7 de junio en la mañana no bajó a desayunar, mandé a Kaede a despertarla y me dijeron que el cuarto estaba vacío, no solo eso, la muy corriente se robó el set de peines y cepillos de plata que estaban en el tocador. Le pedí a Mateo…

—Mathias, se llama Mathias.

—Como sea, le pedí que checara las cámaras, porque ellos insistían que un troll la había raptado por la noche y en las cámaras de seguridad se ve cómo sale de la casa a las 3 am con maleta en mano, así como criminal, se subió en un Mercedes conducido por un hombre… No me vuelvas a pedir que cuide a otra de tus noviecitas malagradecidas y vulgares.

—¿Es todo?

—Hum... bueno no te hablé hasta ahora por que Izayoi insistió en que quizás volvía o mandaba alguna carta, pero al ver que no, decidí que debías saberlo.

—Enterado. ¿Cómo van con los trolls allá?

—Hay muchísimos, estamos prácticamente en cuarentena, pero el gobierno nos manda comida y tenemos permiso de dispararles con los rifles, así que ya he matado unos cuantos que se acercan al perímetro de la casa.

Eso lo puso tenso, su madre era una excelente tiradora, estaba acostumbrada a cazar para comer, pero los Genin eran una cosa muy distinta —El sonido los atrae, solo traten de no hacer mucho ruido de noche.

—Hmmm… en fin. Ya me voy, acá son las 8 de la mañana y tengo mucho que hacer. Adiós.

La única persona que le colgaba a él era su madre.

—Joven Sesshoumaru... —murmuró Jaken.

Estaba seguro de que, a pesar de no haber puesto la llamada en altavoz, sus compañeros alcanzaron a escuchar algo de lo que dijo su madre —Kagura se fue de la casa con otro hombre —le confirmó a Jaken

—Lo siento mucho señor... yo… yo sabía que esa mujer era no era de fiar, porque la vez que fuimos a… —En lo que Jaken despotricaba contra su ahora ex prometida, él miró a Rin de reojo. Ella miraba hacia el suelo, perdida en sus pensamientos.

Y es que a pesar de que todo parecía estar moviéndose a su favor, la verdad es que él había sido igual de traidor que Kagura, no tenía derecho a enojarse, si se la volvía a topar en la vida, con qué cara le iba a reclamar, si él tenía casi un año de tener habitando a otra mujer en su corazón y so pretexto de no dejar en la calle a Kagura, nunca tuvo los huevos de decirle la verdad. Todo habría sido más fácil para él y para Kagura si tan solo hubiera hecho una llamada.

Pero los hubiera no existen y por más que quisiera decirle a Rin que corriera a sus brazos porque por fin eran libres de amarse, la verdad es que él había quedado como un infiel, aprovechado y cobarde. Tenía primero que cambiar él, reestablecer sus prioridades y una vez que todo estuviera en orden, entonces iría por Rin, de la manera correcta, sin alcohol y sin pendientes a cuestas.