*Chikan: Acosador, pervertido
*Gaijin: extranjero, mucha gente usa esta palabra peyorativamente.
La última noche que estuvieron en Hakata, Sesshoumaru acompañó a Rin a ver el río en la noche, armados hasta los dientes caminaron sigilosamente por la callecita detrás de la casa hasta que llegaron al espectáculo de luciérnagas. Sesshoumaru podía ver que Rin estaba extasiada, contenía con sus manos suspiros y gritos de alegría. No podían hablar, pero las miradas llenas de agradecimiento que le mandaba de vez en cuanto, valían por mil horas de conversación.
Después de casi una hora de admirar a las hadas del bosque y sus reflejos saltarines en el espejo del río, decidieron volver a casa.
Por la mañana del 15 de junio, dejaron el hogar de la tía como si nunca hubieran estado ahí, vaciaron el refrigerador, bajaron las pastillas de la luz, pero dejaron puestas las láminas de madera. Rin dejó una carta a su tía explicándole que, en caso de que siguiera habiendo Genin para cuando ella regresara Japón, le convenía dejar las láminas de madera como protección.
Después de 6 horas de manejo, se quedaron a dormir en el taller abandonado de Okayama, de paso destruyeron algunas de las lanzas que tenían ahí para no dejar armas peligrosas al alcance de algún idiota. Al día siguiente Jaken manejó de Okayama hacia Tokio.
Llevaban 5 horas de viaje, justo iban pasando por Nagoya, la carretera iba a vuelta de rueda cuando un fuerte golpe los aventó hacia adelante, Ah y Un comenzaron a ladrar como locos al lado de Rin.
—Espera aquí —ordenó Sesshoumaru, mientras él y Jaken se bajaban a ver qué había ocurrido.
Un joven se había quedado dormido y se estampó en el trasero del Mazda 8, el pobre chico trató de negociar con ellos sin saber que eran policías, al final de cuentas llegaron las patrullas, las compañías de seguro y el Mazda 8 se fue a un taller de reparación, dejándolos en medio de la ciudad con ballestas y cuchillos en una caja, sus maletas y dos perros.
Sesshoumaru apenas y alcanzó a rentar un auto antes de que cerrara la agencia, pasó por sus acompañantes y a duras penas lograron encontrar una choza derruida en medio de la ciudad. El techo de la casa estaba casi por completo derribado, las paredes de arena y bambú tenían más hoyos que una flor de loto; lo bueno es que ya hacía calor.
—¿Vamos a estar aquí los 15 días que tarda la reparación? —preguntó Rin mirando con recelo las paredes mohosas del lugar.
—Obvio que no niña, mañana hay que ir a buscar otra casa abandonada, hoy porque ya no había tiempo… —respondió Jaken
—Mañana vamos más cerca de Gifu, allá hay más ríos y estaremos más alejados de la ciudad —finalizó Sesshoumaru.
Los únicos que durmieron esa noche fueron Ah y Un.
Para deleite de Rin, acabaron en Sekigahara. De día recorrían los lugares donde ocurrió aquella batalla legendaria, Sesshoumaru le resumía los hechos históricos como si de un guía turístico se tratase y de noche se quedaron en una enorme akiya al lado del río Imasu.
En junio amanecía a las 4:50 am y Ah-Un como buenos seres de la naturaleza, despertaban a Rin a las 5 am para que los sacara a hacer pipí. Con plena confianza en la protección que le brindaba el amanecer, Rin sacó a los peludos y de paso ella también hizo sus necesidades.
Justo cuando se lavaba la cara en el río, Un aulló y Ah gruñó hacía el bosque. Rin asustada le pidió que regresara, pero Ah la ignoró y se abalanzó hacia algo en el bosque, Un siguió detrás. Ella desarmada y preocupada por sus bebés corrió tras de ellos.
Era un Genin gimiendo de dolor tratando de arrastrarse hacía la sombra del bosque, siendo detenido por Ah-Un quienes tenían entre sus fauces las piernas del monstruo. El corazón de Rin latía desenfrenadamente, ¿cómo atacar? ¿Cómo proteger a sus bebés?
Buscó frenéticamente a su alrededor alguna vara lo suficientemente gruesa para noquear al Genin, cuando de pronto, algo crujió.
Estupefacta, vio cómo las rodillas del Genin se voltearon, la piel se estiró, el cabello se regeneró y frente a ella estaba en hombre desnudo tendido sobre la hierba boca abajo, posiblemente extranjero por el color del cabello.
Se sobresaltó al escuchar pasos aproximarse atrás de ella, pero con alivió descubrió a Sesshoumaru y al señor Jaken.
—Pero qué... —Sesshoumaru susurró para sí mismo.
El señor Jaken tenía la boca abierta y todavía apuntaba su ballesta hacía el hombre.
—Ah-Un, ¡ya suéltenlo! —gritó Rin y automáticamente Ah y Un dejaron de morder al hombre.
—¿Un chikan*? —Preguntó Sesshoumaru acercándose amenazantemente y apuntándole con la ballesta a la cabeza.
—Era un Genin, se transformó frente a mis ojos —Rin estaba aún en shock, había escuchado del señor Jaken y de Sesshoumaru cómo era más o menos la transformación que ella sufría, pero nunca la había presenciado hasta ahora.
Sesshoumaru dejó de apuntarle con su arma y rápidamente volteó el cuerpo para ver la cara.
—¡Rin, voltéate, no veas! —Gritó el señor Jaken jalando a Rin para que no viera al hombre desnudo de frente.
—Parece ser un extranjero —escuchó decir a Sesshoumaru atrás de ella.
El policía llevó a cuestas al hombre al interior del akiya y le pusieron unos pantalones que encontraron en el closet, probablemente del dueño fallecido de la casa.
Por si acaso, lo amarraron y le colocaron el bozal de cuero. Al ver que no despertaba, desayunaron y se relajaron un poco. El hombre acabó despertando cerca de las 3pm. Intrigados, el grupo de tres se reunió alrededor el hombre, Ah-Un a los pies esperando cualquier provocación para volver a morderle las piernas.
Sesshoumaru le quitó el bozal al ver que el hombre batallaba por abrir la boca.
—¿Dónde estoy? —Preguntó en un perfecto inglés, tan perfecto que ni Rin ni el señor Jaken entendieron qué dijo.
—En una casa abandonada de Sekigahara —Contestó Sesshoumaru.
—¿De dónde eres? —preguntó el extranjero sentándose para verlos mejor.
—Half sueco y japonés, ¿tú?
—Soy de Australia.
Rin le mandó una mirada de desesperación a Sesshoumaru al no entender el inglés, entonces él preguntó—¿Hablas japonés?
—Sí.
—¡Jaken, la bitácora! —exclamó Sesshoumaru. El señor Jaken corrió por la bitácora para anotar todo lo que se hablara en la bizarra entrevista.
—¿Sabes que eres un Genin?
—Sí…
—Cuéntame cómo sucedió.
—Pero, ¿quiénes son ustedes? —El australiano los veía desconfiado.
—Policías, Takahashi, Jaken y Rin. Habla.
El hombre exhaló visiblemente derrotado cerró los ojos y amarrado, tirado en el tatami de la casa, comenzó su relato. —Mi nombre es Oliver y mi vida acabó hace más de un año. Una noche de mayo, salí de trabajar a las 8pm, como ya era costumbre, llegué a la casa y me recibió Bony mi border collie. Al dar unos pasos más, noté que todo estaba más callado de lo habitual, pero deduje que quizás mis hijos y mi esposa se habían ido a la cama temprano. Cuando llegué a la sala, sentí cómo mi alma abandonaba mi cuerpo, el lugar estaba vacío, no quedaba un solo mueble y mis pocas pertenencias yacían en el piso. Le marqué a mi esposa mientras recorría la casa vacía con horror, no había dejado ni un retrato de mis hijos. La llamada me mandaba a buzón. Le marqué a mis suegros y me cortaban la llamada. Como quizás tú por ser half sabrás, uno como extranjero no tiene verdaderos amigos japoneses, nadie contestó mis llamadas. Días después me llegó la solicitud de divorcio. Yo metí abogados, invertí todo mi dinero, pero mis abogados me dijeron "olvídalo, es un caso perdido, te aconsejamos que regreses a tu país y tengas otros hijos" como si nuevos hijos pudieran remplazar el dolor de perder a los que engendré con mi ex esposa —gruesas lágrimas salieron de los ojos del australiano, Rin estaba a punto de llorar también, no entendía nada sobre estas cosas de divorcios, pero sonaba terrible.
—El primero que secuestra a los hijos se queda con la custodia —resumió Sesshoumaru, como si fuera algo muy normal.
—Así es, uno de cada seis recién nacidos japoneses no volverá a ver a uno de sus padres debido a la custodia monoparental en Japón. Yo no lo sabía, si hubiera sabido que un país de primer mundo tenía una ley tan absurda, creo que jamás hubiera tenido hijos con una japonesa.
—Los secuestros de infantes son muy comunes hasta entre japoneses, solo que los japoneses se resignan rápido a que no volverán a ver a sus hijos, pero los extranjeros al ver esto como injusto, se aferran a luchar hasta las últimas consecuencias —explicó Jaken.
—Yo luché como buen gaijin* todo idiota creyendo que mis hijos me extrañarían. Después de investigar por días, perdí mi trabajo, pero encontré la nueva escuela a donde asistían mis hijos, me acerqué a la reja a la hora del recreo y le grité a mi hijo mayor "¡Mike, Mike, soy papá!" el corrió hacía a mí, con lágrimas en los ojos y cuando estuvo frente a mí, me escupió en la cara, me dijo "púdrete, maldito golpeador de mujeres". Yo nunca le puse un dedo a mi ex esposa, nunca.
Rin ya estaba llorando, no podía creer que algo tan horrible le pasara a este pobre hombre, que tu propio hijo te despreciara todo por una disputa entre padres.
—Ese día, —continuó el hombre llorando —yo decidí que ya no valía la pena vivir, mi vista estaba fija en una rama del árbol de la casa y me colgué. Desperté desnudo en la montaña cubierto de sangre, al lado mío estaba Bony lamiendo mi cara. Los días siguientes trabajé como zombie en un konbini, vendí la casa, me mudé a un apartamento extremadamente pobre con Bony y una noche que bebía en un parque pensando en nuevas formas de acabar con mi vida, desperté de nuevo cerca de la montaña desnudo, pero esta vez no estaba Bony solo mi deseo de verla. Para entonces ya se corría el rumor sobre monstruos que atacaban en la noche, no me costó trabajo darme cuenta que yo era el monstruo. Meses después, la policía comenzó a cazarlos, ahí me di cuenta que yo no era el único y que, si la policía me mataba, Bony quedaría desamparada. Desde ese día comencé a amarrarme antes de dormir, me colocaba hasta cinta canela en la boca.
—¿Conoces a algún otro que se pueda transformar? —Interrumpió Sesshoumaru francamente interesado en el tema.
—Sí, pero ya está muerto. Lo conocí en un grupo de internet de padres extranjeros con hijos secuestrados, era un español de Osaka que todavía no encontraba el paradero de sus hijos, me dijo que no descansaría hasta encontrarlos. Un día hicimos una videollamada y él me confesó que sentía que un demonio lo poseía por las noches, entonces le conté mi caso. Dedujimos que éramos Genin y le aconsejé que se amarrara por las noches.
Rin estaba tan estresada por la situación que ni cuenta se dio en qué momento Sesshoumaru la arropó con su fuerte brazo. Miró al señor Jaken quien tomaba notas a la velocidad de la luz, definitivamente ellos tenían la piel de acero como buenos policías; ella estaba destrozada por el relato.
—¿Cómo sabes que está muerto? —Preguntó Jaken.
—Yo quedé de visitarlo un sábado, estuve marcándole al celular, pero la llamada no entraba, de todos modos, fui hasta su casa en Osaka por carro, cuando llegué, el departamento estaba con cintas amarillas, pregunté a un vecino y me dijo que unas noches antes escuchó ruidos raros, llamó a la policía quienes llegaron fuertemente armados y mataron al Genin que se había infiltrado en el lugar, lo habían encontrado atado sobre el futón. Dedujeron que el gaijin había amarrado al Genin en su departamento y después huyó del país. Pero yo sé que el Genin era Marco, mi amigo.
—Lo lamento —murmuró Rin entre lágrimas.
—No se preocupe señorita, al menos mi amigo ya está descansando, espero que su espíritu haya sido capaz de encontrar a sus hijos.
—¿Por qué estabas hoy en el bosque, que no se supone que te amarras? —Sesshoumaru cuestionaba al hombre sin ningún rastro de empatía, pareciera como si no le perturbara nada de lo que pasaba.
—No lo sé, recientemente pierdo el conocimiento fácilmente, quizás al salir de la konbini, me desmayé antes de llegar a la casa.
Después de haber finalizado su historia, lo desataron y lo llevaron a su departamento en la ciudad de Ogaki donde Bony lo esperaba completamente extasiada de verlo.
Rin se quedó un rato a jugar con la perrita en lo que Sesshoumaru y el señor Jaken le tomaba los datos de Oliver.
Antes de que Oliver cerrar la puerta, Sesshoumaru lo detuvo —Regresa a Australia, no hay manera de que vuelvas a ver a tus hijos, quizás cuando ellos sean mayores de edad y se lleguen a enterar de esta problemática, ellos mismos te busquen. Mantén tus redes sociales con tu nombre completo para que te encuentren fácilmente.
