ADVERTENCIA: Siguiente capítulo contiene material explícito R18, leer bajo responsabilidad.


CAPÍTULO 49

Otra vez ese dolor insoportable en el cuerpo.

La sangre corriendo entre sus piernas.

Una visión borrosa que no permitía aclarar la imagen de quien sea que estuviera delante de ella. Se reía de forma siniestra y ella no podía más que implorar la serenidad interior para controlar la situación.

"¿Por qué haces esto?"

No obtuvo respuesta ante la suplicante voz que salía de su garganta, solo la risa que se mofaba de ella y su dolor punzante.

Que suplicio tan agonizante, lo peor de todo era que sabía que aquello no era real, sin embargo, se sentía tan vivido que no dejaba de pensar que no era un sueño, sino la realidad.

"Por favor…"

De nuevo el ruego acompañado del temblor en sus manos. Tenía miedo. No, algo más fuerte que eso: terror.

¿Qué era lo que le asustaba tanto? No era el dolor, ni la sangre que brotaba fuera de su cuerpo. Era algo más, temía por algo que no era ella.

Despierta

Cálida y gentil era esa mano que tocaba su pecho y volvía su mente al mundo real.

Despertó con lágrimas en los ojos y no entendía el motivo. No tenía dolor. No había sangre. Estaba bien.

La mañana estaba llegando.

Utahime a tientas buscó en la cama un cuerpo que sabía no encontraría ahí, el instinto le hacía querer tener a Gojo al lado, sin embargo, eso no era posible la mayor parte del tiempo. En momentos como ese, desearía que estuviera ahí para abrazarla o al menos decirle alguna estupidez que cambiara su estado de ánimo.

No obstante, la llamada de Tanabe la devolvió a un más rápido a la tierra. Cuando escuchó la noticia palideció al imaginarse un catastrófico escenario. Salió de prisa sin siquiera pensar más en sus pesadillas u otra cosa.

La vida de un hechicero era un asco buena parte del tiempo. Nunca había la seguridad de salir con vida de la siguiente misión. Muchos morían jóvenes y de formas que nadie debería tener, sin embargo, era su trabajo.

—¿Qué sucedió? —preguntó Utahime a Tanabe, quien la esperaba en el hospital. Él había llamado para avisarle.

—Hibari y Akashi salieron a una misión la noche anterior —Tanabe le entregó los documentos a Utahime—. Pudieron exorcizar a tres categorías uno, aunque la señorita Akashi tuvo heridas severas a consecuencia de la batalla.

—Sé que tenemos mucha fe en sus habilidades, pero no deberíamos haberle confiado tareas de esta magnitud sin supervisión adecuada —renegó molesta Utahime mientras leía los detalles de la misión.

—Fue necesario.

—¿Cuál es su estado?

—Necesitará cirugía y transfusión de sangre. Ahora mismo están tratando de estabilizarla.

—Tenemos el mismo tipo de sangre, yo puedo ser donadora.

—Haré los arreglos correspondientes.

—Te lo encargo.

Vaya día que estaba siendo ese, si bien el peligro era inherente al trabajo, Utahime sentía que últimamente no iba tan bien como esperaba, hace dos meses casi pierde a Nishimiya y ahora Kei. Como profesora y colega, era difícil no encariñarse con los chicos, así que verlos pasar por dificultades también representaba angustia para ella.

Un día después Kei despertó del hospital. Lamentaba mucho que la situación hubiera terminado de esa forma, por otro lado, estaba contenta porque Hibari había salido bien librada. No era la forma en la que le hubiera gustado empezar su segundo año, encima estando el evento de intercambio a la vuelta de la esquina.

Utahime hizo su mejor esfuerzo por animarla, priorizando su recuperación para estar en condiciones de participar ese año, aunque de no poder hacerlo tampoco pasaba nada, solo era un evento amistoso.

Amistoso… bueno, no era precisamente la palabra que describiría la actitud actual de Satoru Gojo.

Gojo no esperaba recibir una desagradable visita del norte de Japón. Cuando Shoko lo llamó a la oficina, su cara no reparó en mostrar su desagrado, ya le habían mencionado que no sabía ser político.

—¿A qué se debe tu innecesaria visita a Tokio? —replicó Gojo con obvias ganas de provocación.

El peliblanco tomó asiento en uno de los dos sillones de la estancia en la oficina de la directora. Shoko rodó los ojos, pues ya se imaginaba que se pondría en ese plan. Se levantó del escritorio y le dio unos documentos a su amigo.

—No seas grosero con Kano —dijo Shoko por cortesía.

Oki sonrió para la directora y luego miró a Satoru de manera intensa.

—El año pasado no fue bien vista nuestra presencia en el evento de intercambio. Me disculpo por ello —habló de manera serena, contrario a su mirada que retaba a Gojo—. Así que ahora extendemos nuestro interés de manera formal.

—¿Cuál es su interés? ¿Buscar un nuevo recluta?

—Relájate, no es nada de eso. El año pasado quedamos fascinados con la dinámica, así que queremos volver a participar.

—No me agrada su presencia. Deberían meterse solo en sus propios asuntos, como siempre.

—Me cuesta comprender que seas tan cerrado ahora que pretendes cambiar las reglas de la hechicería por tu propia mano.

—¿Lo hacen por mera buena voluntad? —se burló Gojo—. No te creo.

—Estamos hablando sobre una posible afiliación con Hokkaido —intervino Shoko, para dar contexto preciso a la particular visita.

—¿Hablando? ¿desde cuándo? —se quejó Gojo, al parecer la noticia no le agradó nada.

—Puedes seguir leyendo, ahí está explicado todo —le indicó Oki las hojas que seguían en posesión de Gojo.

—¿El viejo lo sabe? ¿Qué dijo? —preguntó Gojo con evidente molestia en sus palabras. Tampoco los Altos Mandos habían hecho mención alguna.

—Estoy próximo a reunirme con el director Gakuganji el día de mañana, le he enviado por adelantado los documentos para que piense en su respuesta.

—No me gusta.

—Gojo, el mundo de la hechicería no te pertenece solo a ti —Oki se dirigió a Gojo de forma seria y autoritaria. El sentimiento de desagrado era mutuo al parecer.

—Claro, solo soy el único haciendo algo —dijo, muy despectivo. Tomó los papeles, que no leyó, y los deslizó sobre la mesa de té para que Oki los tuviera a la mano.

—Y yo no soy directora para mero adorno —nuevamente Shoko alzó la voz, imponiendo su autoridad ante los dos hombres—. Kano, permíteme un momento a solas con Gojo. Retomaremos nuestra charla después.

—Claro, directora. Con su permiso.

Una vez estando solos, Shoko despotricó contra el albino. Estaba evidentemente molesta y con sinceridad Gojo no entendía porque estaba tomando esa actitud.

—Estoy increíblemente enfadada contigo. Me parece inaudito que hayas decidido por cuenta propia instaurar un nuevo régimen político para la hechicería y no me hayas tomado en cuenta —decía con esa voz rasposa que no usaba nunca. Caminaba de un lado a otro, agitando las manos para evidenciar aún más lo mucho que le cabreaba la situación—. Encima de eso vienes y te quejas porque considero incluir a la gente de Hokkaido a la sede.

—¿Cómo te enteraste? —preguntó él, con cautela, el tema era delicado.

—¿Qué más da cómo me enteré? Me saca de quicio que vuelvas a excluirme de tus planes —Shoko se paró con los brazos cruzados junto a la ventana que usaba para fumar—. ¿Por qué no confías en mí?

—No es eso.

—Es que ni siquiera me lo dijiste para estar enterada. ¡Soy la directora de la escuela de hechicería de Tokio! ¿Eso no significa nada? ¿Piensas pasar por encima de todos, así como así?

—Te lo iba a decir más adelante, aún estamos planificando a detalle.

—¿Utahime lo sabe?

—No —afirmó tajantemente.

Shoko caminó hasta él y lo miró como si sus ojos castaños fueran filosas dagas dispuestas a clavarse en el pecho del albino.

—¿Sabes qué? deberías asumir la dirección también, de todos modos, haces lo que quieres.

—Escúchame —Gojo le tomó la muñeca—. Tiene un por qué, no debes alterarte.

—Siento que no te quiero escuchar —dijo aún más molesta. Trató de zafar su mano, pero no se lo permitieron.

—Lo hago por ti y por Utahime.

—¡¿Excluirme es hacer algo por mí?!

—Te necesito centrada en tu papel de directora de Tokio —dijo, apretando la muñeca de su amiga—. Además, Utahime será directora en un par de años, así que me gustaría que pudieras apoyarla.

—¿Qué? —Shoko levantó las cejas, asombrada por las palabras de su amigo.

—La verdad… No quiero darte más trabajo, y no quiero arruinar lo tuyo con Ijichi —dijo Gojo en un tono más melancólico. Soltó a Shoko y ella tomó asiento junto a él—. Lo del Jingikan será extenuante y prefiero que puedas conservar el estilo de vida que tienes, que ya de por sí no es muy ameno.

—No decidas por mí…

—Te necesito aquí, más que a nadie.

—Suenas tan convincente que casi te creo —confesó, con la irritación que pudo encontrar tras las palabras inesperadas de Gojo. Una parte de ella siempre había deseado ser considerada un apoyo para él.

—Es la verdad —Gojo sonrió, como pocas veces: con sinceridad.

—Si lo que dices es cierto: ¿Dejarás Tokio?

—Es probable.

Shoko se recargó en el sillón, incrédula de lo que estaba escuchando decir a Gojo.

—Debería traer a Ino como profesor… —dijo absorta en los escenarios que venían a su mente si planteaba a Gojo fuera de la escuela de Tokio.

—¿No te parece sospechoso? Qué justo ahora Hokkaido quiere afiliarse.

—No lo sé, están pasando muchas cosas en poco tiempo.

—Solo es el principio de los cambios que se avecinan —afirmó con su voz ronca. Shoko sabía que no era broma.

—En serio, ¿cómo puedes ser amigo del ex prometido de Utahime, pero odiar tanto a Oki?

—No lo odio, solo no me cae bien.

—Okey —suspiró más tranquila—. Aceptaré tus mediocres disculpas.

—Y… ¿Cómo te enteraste?

—Es confidencial.

—¿Ijichi?

—Con-fi-den-cial.

Al final de cuentas Gojo no pudo sacarle la información a Shoko, en si no había nada de malo con que lo supiera, sin embargo, no le agradaba que alguien lo hubiera hablado fuera de los que sabían, o tal vez, siendo más paranoicos, había alguien espiando sus movimientos o cuando menos a uno de los miembros de la mesa.

—¡Profe Gojo! —saludó Itadori desde la distancia. Agitaba su mano por lo alto sin parar.

—Yuuji, siento que no te veo hace mucho.

—Hemos estado ocupados.

—Te daré mejores misiones —y por mejores se refería a más difíciles.

—Usted también pasa más tiempo afuera, va mucho a Kioto —dijo feliz de saber que era por cuestiones personales y no trabajo.

—Es verdad.

—Por cierto ¿se enteró de lo que le pasó a Akashi?

—No. ¿Qué hay con ella?

—¿En serio no lo sabe? —dijo sorprendido de que no le hubiera llegado esa información, sobre todo porque eran alumnos de Utahime—. Pues, estuvieron en una misión y al parecer las cosas se complicaron. Tuvieron que hospitalizarla.

—No tenía idea —afirmó sin mucha sorpresa, después de todo, salir herido era parte inevitable de la profesión.

—Mire, justo ayer intercambiamos mensajes —Itadori le mostró una fotografía de ella en el hospital.

—¿Cuándo pasó?

—Hace tres días.

—Oye Yuuji… —Gojo sonrió con malicia, pero alguien tan inocente como Itadori no podría notarlo—. ¿Quieres ir a Kioto a visitar a una amiga?

—¿Quiere que vayamos?

—Claro, después de todo es mi aprendiz y es una buena compañera tuya ¿no?

—Sí, no sería mala idea.

—Okey —aplaudió—, alista tus cosas, nos vamos en una hora.

—¡¿Ya?!

Entre los arreglos gubernamentales que existían entre los hechiceros y el gobierno japonés estaba la atención médica para casos complicados como los de Kei y otros hechiceros. No había muchos que pudieran usar la energía maldita inversa y mucho menos quienes la supieran utilizar en otros, aun así, había un límite entre lo que podía hacer el ritual inverso y no, tampoco era algo milagroso. Así que tanto Tokio como Kioto tenían asignado un hospital y personal que tuviera conocimiento del trabajo de hechiceros y su excepción a los protocolos policíacos y burocráticos de una ciudadano común y corriente.

Kei había sido atendida en uno de esos hospitales, para cualquier otro, unas heridas como las de ella habrían sido reportadas a la autoridad y sometida a una interrogación, sin embargo, nada de eso había sucedido, los reportes escalaban a la sede donde se originó la misión y normalmente era el director quien terminaba el papeleo que, posteriormente, habría sido redactado por un director asistente. En pocas palabras, Kei solo tenía que descansar y recuperarse, lo demás lo verían desde la escuela, una vez recuperada emitiría su reporte y se anexaría al expediente de misión.

—Supe que te dieron una paliza, no vayas por ahí presumiendo haber sido entrenada por Gojo Satoru.

Fue lo primero que dijo Gojo al entrar a la habitación de Akashi. Seguido de un muy animado "Hola", para luego sentarse en el sillón de la habitación del hospital a pierna cruzada.

—Akashi, luces bien para haber salido de una cirugía hace pocos días —dijo Itadori, con una sonrisa encantadora.

—¿Qué hacen aquí? —dijo Kei, un poco extrañada de que ambos fueran a visitarla.

—Yuuji estaba preocupado y como soy tan gentil, lo traje para verte.

—¿Y usted no estaba preocupado? —preguntó Kei, con una lagrimilla sobre el ojo.

—Para nada —dijo jovialmente.

—Es cruel.

—Porque sé que eres una chica fuerte, algo así no te matará.

Gojo se inclinó hacía ella y le acarició la cabeza y le sonrió. Kei comenzaba a entender que Gojo no mostraba afecto de manera convencional y que sus palabras podrían herir, sin embargo, tenía pequeños gestos que lo hacían una persona cálida, casi considerada.

—¿Cuándo te dan el alta? —preguntó Itadori.

—Creo que un par de días, quieren asegurarse de que todo esté bien.

—Le preguntaré a Yuta si está cerca para que venga a verte —dijo Gojo mientras tecleaba en su celular.

—No es necesario, me recuperaré yo misma. Además, los médicos hechiceros de la escuela me han atendido bien.

—Okkotsu senpai es el mejor tratando a otros con energía maldita, no estaría de más.

—Le causaría molestias.

—Ya está, viene mañana —avisó el peliblanco.

—Profesor, no se hubiera molestado.

—Le agradeces a Yuta. Además, no quiero que pongas como pretexto este incidente cuando pierdan en el evento de intercambio.

—¡No vamos a perder! ¡Recuerde que vencí a Itadori!

—¿Podemos no recordar ese vergonzoso momento? —sugirió el pelirosa con desánimo.

—¡¿Dices que es una vergüenza perder otra mí?! —le reclamó Kei.

—No quise decir eso —se apresuró a recalcar Itadori—, pero la forma….

—Grandiosa trampa —se rio Kei.

—¡Pero gané en piedra, papel o tijera!

—Eso no cuenta.

—Claro que sí, un duelo es un duelo.

Después de un rato Gojo se despidió de los muchachos, le dejó indicado a Itadori que iría a la preparatoria de hechicería para hablar con Gakuganji y que se quedarían ahí esa noche para volver mañana.

La intención de Gojo era hablar con el viejo antes de que Oki lo hiciera al día siguiente, tratando de adelantarse a lo que pudiera decir ante el director, quería conocer la posición de Gakuganji al respecto, él tenía ya la información y sabía que venían por respuesta tentativa a la solicitud.

Quería ver a Utahime, pero eso tendría que esperar por ahora. Se dirigió inmediatamente a la dirección, trató de ser discreto, después de todo, aún sospechaba que alguien estuviera filtrando información.

—Abuelo, es hora del té —llegó anunciando Gojo con la socarronería que lo caracterizaba.

—Gojo, ¿qué haces aquí? —dijo con sorpresa.

Gojo recorrió con mucha confianza el gran salón para iniciar su conversación con Gakuganji. Sinceramente, el viejo ya estaba aclimatado a las insolencias del joven peliblanco, así que fue a sentarse nuevamente en su silla, no obstante, no pudo evitar arquear una ceja cuando lo vio subir los pies cruzados a la mesa, fue la primera señal a que Gojo no estaba particularmente de buen humor.

—Ya sabes a que vengo, no te hagas el desentendido —dijo sin particular enfado.

—¿Cuál es tu problema con Hokkaido? —preguntó con paciencia.

—Ninguno en específico, digamos que soy un tipo posesivo y celoso.

—¿Crees qué está mal su anexión a las sedes de Honshu?

—Creo que hay un motivo y sospecho que ese motivo no será particularmente de mi agrado.

—No tiene por qué agradarte, lo que implica que no necesariamente es algo malo —Gaku no lo estaba regañando, pero si le hablaba con firmeza.

—Así que ya lo decidiste, dar tu aprobación a la petición.

—No es algo que decida yo solo…

—Pero eres tú el líder de los Altos Mandos, viejo, si quieras convencer a los otros lo harías fácilmente.

—¿Quieres declinar su propuesta?

—Les daría más motivos para detestarme ¿cierto? —dijo con media sonrisa en el rostro.

—Ellos también son hechiceros.

—Yo no los vi aportando a la pelea contra Sukuna.

—Es verdad, sin embargo, su conocimiento sobre las barreras nos ayudó a mantener los vestigios de Tengen.

—Que alma tan bondadosa es Ando Umeko —dijo con ironía.

—¿Cuál es tu contrapropuesta? Si dimites una negativa querrán saber el motivo.

—No confío en ellos.

—¿Crees que insistirán con llevarse a Utahime? ¿Eso te preocupa?

—No tiene nada que ver con eso —aseguró molesto.

—Satoru —le habló Gakuganji, tan pacientemente que hasta al peliblanco le pareció extraño—. Has trabajado muy duro estos últimos años, continúas dando forma a la visión de una mejor hechicería. No solo son palabras, lo conviertes en acciones tangibles. Comprendo que te muestres reacio a esta inclusión y que estropee todo lo que has conseguido, sin embargo, ¿no crees que se contrapone esta inclusión con el trabajo en equipo que propones?

—Nuevamente soy el tipo frívolo que sólo ve por sus intereses ¿no es así? —chistó, ahora sí con mal humor.

—Creo que estás haciendo una acción noble, sin embargo, has decidido meticulosamente a todas tus piezas en el tablero. Eso puede generar conflicto.

—Y te recuerdo, viejo, que estuviste de acuerdo en todo.

—Recuerdo haber sido persuasivo en las cuestiones que consideré pertinentes, así como tú escuchar mi consejo.

Gojo se quedó callado, meditando las palabras de Gakuganji. No es que ahora fueran grandes amigos, sin embargo, habían aprendido a llevarse bien y considerar las ideas tanto del uno como del otro. El viejo que era un conservador y él que era un radical, chocar era inevitable.

El director de Kioto sabía lo que significaba la mueca en la cara del ojiazul: se lo estaba pensando. Gojo era un rebelde, claro que sí, pero al final del día era un chico bueno.

—Cita a Raku, lo hablaremos a detalle el día de mañana con Oki—concluyó Gojo al bajar los pies.

—Claro.

—Ahora eres más fastidioso, abuelo —dijo con una media sonrisa. Hasta él encontraba increíble que estuviera escuchándolo.

—Solo te faltaba madurar un poco.

—No te acostumbres —se puso de pie—. Te veré mañana.

Que día tan más agotador, desde lo ocurrido en el incidente de la misión de Kei y Hibari, las obligaciones estaban sumándose una tras otra en su agenda, eso sin contar las clases asignadas. Utahime estaba muriendo por tener un día libre y tirarse en el sillón a beber cerveza mientras usaba una refrescante mascarilla hidratante.

Por ahora, todo lo que podía hacer era llegar a casa, quitarse el uniforme y darse un baño con agua helada para sobrellevar el calor del verano y acostarse a dormir con la esperanza de que el día siguiente fuera mejor, claro, si sus pesadillas no volvían esa noche.

Pero, cuando entró a la habitación quedó patidifusa ante lo que sus cansados ojos estaban viendo.

"¡Oh, por Dios!"

Exclamó conmocionada, dando un brinco hacia atrás por la impresión —o susto—. Se tocó el pecho, el corazón le latía a mil por hora y no estaba segura de sí era por la súbita sorpresa o la emoción. Una parte de ella quería reírse y otra optaba por creerse incrédula.

Se quedó en el dintel de la puerta, observando detalle a detalle, centímetro a centímetro, a quien cómodamente posaba en la cama de forma relajada, viéndola a los ojos, apoyando su cabeza en la palma de la mano, con esa sonrisa cínica que había aprendido a amar.

¿Cómo es que había llegado a la conclusión de que aquello era una buena idea? O sea, sí lo era, pero… Bueno, de él podría esperar cualquier cosa.

Gojo estaba completamente desnudo sobre la cama, posando para ella, esperando a que llegara y ser descubierto como un regalo de bienvenida.

—No era precisamente la reacción que esperaba —confesó el peliblanco con una mueca que denotaba un poco de decepción.

—Gojo ¿qué haces en mi cama así? —el impacto inicial seguía dando vueltas en su cabeza.

—Nuestra cama.

—Estoy un poco conmocionada, no sé qué decir.

—No necesitas decir nada. ¿No es obvia mi invitación?

Satoru se acomodó de forma que hizo todavía más evidente lo que su cuerpo pedía a gritos. El corazón de Utahime latió apresuradamente y sus mejillas se enrojecieron al instante. Ya sabía que su novio era un lujurioso amante, aun así, nunca pasó por su cabeza qué hiciera algo como eso.

—Me daré una ducha rápido y…

—No mates el ambiente —gruñó con la voz ronca qué a Utahime le erizaba la piel. Su voz de dominancia que la ponía a sus pies.

—Okey.

Él se recostó boca arriba sobre la cama, con los brazos detrás de la cabeza, realmente estaba presumiendo todo su dotado cuerpo a la pelinegra. Le ofreció de manera directa absolutamente todo lo que tenía.

—Estoy a tu entera disposición —él sabía perfectamente que Utahime tenía la capacidad de tomar el control y hacer lo que se le viniera en gana.

Utahime se colocó a sus pies y observó jadeante todo lo que podía devorar a su entero gusto. Él se estaba ofreciendo a ser objeto de cualquier deseo que ella tuviera en mente. Ese encuentro sería liderado por ella con el permiso de Satoru.

Primero se quitó el sostén y aflojó un poco el kimono blanco del uniforme, quería que sus senos estuvieran más libres, pero sin dejarlos completamente a la vista.

Se arrastró a la cama, besando la rodilla del ojiazul, fue un pequeño beso de bienvenida. Lo siguiente fue su lengua, que saboreó las fibras musculares del muslo de Satoru, su piel olía a limpio, pero con un poco de sudor, la esencia de todo mezclándose en su nariz y boca era exquisita. La respiración de él fue más profunda, aunque intentó mantener la calma. Contrario a lo que podría predecir, Utahime pasó de largo su erección y en cambio le besó por debajo del ombligo. Le lamió el abdomen, pasando justo por el centro de sus músculos.

Sí, eso era lo que ambos necesitaban luego de un día tan intenso. La compañía, el calor, la esencia, el amor del otro. Era su mujer, la que tenía el inmenso poder de cambiar un día jodido a un mar de éxtasis.

Hundió sus dedos en la melena negra cuando ella comenzó a besarle el cuello. Fue inevitable no tirar un poco de su cabello cuando los dientes de Utahime se clavaban en su piel y succionaba con las obvias intenciones de marcar lo que ya todos sabían que era suyo.

En efecto, no había nadie en el mundo que se la pusiera más dura que ella.

—Bienvenido a casa, Satoru.

Le susurró Utahime sobre los labios. Gojo sonrió tiernamente ante sus palabras. ¿Era mucho pedir para alguien como él que ese fuera su día a día? ¿No se lo merecía después de tanto? Quería pensar que así era y que por eso mismo ahora estaba haciendo el amor con Utahime.

El siguiente beso lo inició él, lleno de pasión y ansias, Utahime suponía que su encuentro sería intenso, después de todo, estaba esperándola desnudo, totalmente listo para la acción. No es que antes no hubieran sido salvajes, por decir algo, simplemente esta vez se sentía distinto e incluso ella decidió experimentar algo nuevo.

Gojo quería ser atendido y estaba dispuesta a consentir los caprichos de su amado.

Utahime se escabulló de los besos feroces de Gojo, lo jaló de los brazos para hacer que se sentara casi al borde de la cama. La pelinegra, quien seguía con la ropa encima, se descubrió el torso, dejando al aire libre sus maravillosos senos. Se echó el cabello atrás y permitió que su novio los tocara entre sus dedos. Nunca fallaba, los senos de Utahime atraían a Gojo como una pollina a la luz. Aunque, ciertamente, prefería su trasero, ya sea para tocarlo, besarlo, lamerlo, morderlo o golpearlo, ESA, era su verdadera pervertida obsesión… Al menos hasta ese día.

Juraría que lo siguiente en acción sería un perfecto oral, después de todo, ella se había arrodillado entre sus piernas a escasos centímetros de una de las mejores erecciones que había experimentado. Gojo jadeó con tan solo imaginar los dulces y suaves labios de Utahime apoderarse de su hombría, era un deleite sin nombre el observar su saliva escurrir entre la comisura de sus labios y esa lengua acariciar la punta de su pene. Se relamió la boca, no quería tener que esperar más.

Cuán equivocado estaba, él había atacado esa noche, preparando su travesura de esperarla en casa. Tenía ganas de ser merecedor de las finas atenciones de su novia, quería sentirse amado, consentido y deseado, sin embargo, Utahime superó sus expectativas y le hizo ver que jamás tendría suficiente de ella.

Sería un fetiche más a su lista y ella tendría que ceder para hacerlo nuevamente, porque aquello que sentía era el paraíso.

Los pechos de Utahime, que no eran tan grandes como los de Mei, pero que tenían un buen tamaño para el trabajo, aprisionaron el sexo de Gojo. Eran lo suficientemente blandos y cálidos como para proporcionar la perfecta combinación entre presión y delicadeza.

Jamás le había escuchado un gemido tan sincero y desesperado, ni siquiera en su primera vez, Gojo estaba gozando el ver su erección ser estimulada con los senos de su novia. Era un tipo de masturbación de la que curiosamente no había experimentado. Gojo no era nuevo en el sexo y pese a ser un gran amante, siempre debía tener la guardia en alto, lo cual le había privado de algunas experiencias como esa. Utahime era otra historia aparte: ¿será porque hay amor de por medio? Eso haría que fuera distinto, pero incluso si ese era el caso…

No podía pensar, el estímulo físico y visual era demasiado, fue peor cuando ella comenzó a gemir también. Gojo echó la cabeza atrás, frustrado por no poder contener el éxtasis que se anunciaba por cada poro de su cuerpo. Quería aguantar más, quería seguir teniendo esos hermosos senos apretando su miembro mientras ella imploraba su nombre con deseo.

Su concentración se fue al carajo cuando agachó de nuevo la mirada, tan solo para ver como su pene surgía de entre los pechos para que Utahime le lamiera la punta de su erección al momento que iba al punto más bajo.

El semen se escurrió en Utahime, bañando su cuerpo desde la clavícula hasta los dos montículos responsables del orgasmo. Gojo jadeaba como si en realidad él hubiera hecho todo el trabajo.

—Te preguntaría si te gustó, pero es más que obvio —dijo con mucho orgullo la pelinegra tras ver que Gojo no había aguantado tanto como cuando, por ejemplo, lo hacía con su mano o boca.

—Eso fue increíble —dijo sorprendido y hasta cierto punto apenado.

—¿Continuamos? ¿O ya tuviste suficiente? —dijo de forma coqueta. Uta reposó su mejilla en el muslo de Gojo y lo miró con la inocencia que él bien sabía que no tenía.

—Hazlo otra vez.

—¿En serio?

Gojo asintió repetidamente con su cabeza de forma efusiva. Utahime se rio quedito y volvió a acomodarse entre sus piernas. El semen del ojiazul, que seguía sobre los senos de Uta, aportó una lubricación extra. Gojo apretó las sábanas y se mordió los labios, estaba pensando en la plática de mañana como un distractor para ocupar su mente en algo que no fuera el placer.

—Mierda —gruñó, irritado de que su escape no estuviera funcionando. La suavidad, la presión, chasqueo que ocasionaba su eyaculación, los gemidos de Utahime, todo lo estaba llevando al límite.

—Satoru ¿me detengo?

—De ninguna manera —resopló ipso facto—. Pensaré en cómo darte las gracias.

—Me sentaré en tu cara, entonces —dijo sensual y coqueta.

Cabrona, eso era un ataque a quemarropa el cual terminó de romper su concentración. Aguantó menos que la primera vez.

Se tiró de espaldas a la cama, tapándose el rostro. Había perdido en ese encuentro de manera lamentable. Escuchaba la risa de satisfacción de Utahime ante la humillación de su precoz orgasmo.

—Hime… ¿Qué clase de brujería es esa?

—Una técnica secreta que hace que hasta el más fuerte caiga rendido.

—Siento que mi horrible día ya no importa.

—Que bien, ya que yo también he tenido unos días difíciles.

Dicho esto, Gojo la sintió subirse a la cama, lo siguiente que supo es que las rodillas de Utahime se posaron entre sus orejas, se había dejado el kimono blanco puesto, aunque totalmente desatado.

—Mi pago —le ordenó tajantemente.

Amaba que tomara el control y le hiciera ver su suerte en la cama. Era divertido cuando él la tomaba por sorpresa y se ponía tímida, así como también lo era cuando entraba en su modo de leona para exigir y llevar las riendas.

La tomó de las nalgas y la empujó a su rostro, era un hombre de palabra que no dejaría nunca sin complacer a su mujer. Que maravilloso era el saborear tan cómodamente el elixir del deseo que escapaba de los adentros de la mujer que amaba, el sentir la suavidad de la piel y su calidez rosar sus labios, el olor del éxtasis acaparar su olfato.

—Ah… Sí…así —jadeaba Utahime en su insoportable placer, el que ella misma había ido a buscar.

Le gustaba cuando apretaba las piernas contra sus orejas en los momentos que él decidía ser más intenso, cuando estimulaba de la forma correcta su punto más sensible. El placer del tacto, el gusto, el olfato y el oído, todo aderezado con la locura del amor. Se hundió más en ella, en los rincones de su intimidad, si fuera a morir entre sus apretadas piernas y el peso de su trasero sobre sus clavículas, moriría dichoso.

El grito de placer anunció primero la culminación de su máximo éxtasis, luego Gojo sintió en su lengua los movimientos involuntarios del orgasmo femenino. Uta se quedó unos segundos, tomando aliento, aunque el que realmente necesitaba una bocanada de aire era el hombre que estaba debajo de ella.

—¿Estás bien? —le preguntó Utahime, aún sobre él.

—Perfecto —anunció, asomándose un poco de entre sus piernas.

—Satisfecha con mi recompensa —dijo mientras le quitaba gentilmente el cabello sudado de la frente.

—Puedo hacer esto toda la noche.

—Suena genial, pero… hay algo más que quiero dentro de mí.

—No dormiremos temprano ¿cierto?

Utahime negó con la cabeza mientras emitía una sonrisa tan cínica como las que Gojo solía darle.

No, el amor de su vida seguirá sin dejarle dormir temprano.

Ojalá y mañana fuera un día tranquilo porque para cuando acabaran, seguramente estaría sin energía alguna.


NOTAS:

Para los que me siguen en twitter ya lo saben, para los que no: este atraso fue debido a que tuve una situación familiar. Ahora mismo tengo mucha tristeza en mi corazón, sin embargo, estoy haciendo lo posible por retomar mis actividades de manera paulatina, entre ello se encuentra la escritura.

Quisiera decir más cosas sobre este capítulo, pero mi mood no es precisamente el más feliz ahora mismo. Si hay más errores de lo usual, una disculpa.

La próxima actualización será entre 25 y el 30 de abril. Gracias por seguir este fic.