Los personajes de H.P. no me pertenecen, yo solo los tomo prestados.

Capítulo 18

1.-

Tomo el autobús con un suspiro. Es el segundo que pasa, el primero, lo he dejado pasar, esperando todavía que Hermione pase por mí después de haber salido de su colegio. Pero es obvio que algo ha pasado, porque ya son más de la 5:30 pm.

De camino a mi casa no puedo evitar que mis pensamientos giren en torno a ella; en su sonrisa cuando le he pedido el sábado que sea mi novia.

Hermione no lo sabe, pero es la primera vez que le pido esto a alguien. Con mis otras parejas, bastaba solamente un par de salidas para dar por hecho de que estábamos en una relación. Con Amelía también fue así.

Pero Hermione es una niña.

Me gusta que lo sea. Todo en ella grita una inocencia que yo fantaseo, muy en mi interior, con corromper. Aunque debo decir que también me recrimino por esto. Quizá debí dejar que ella tuviera otra experiencia, un novio más de su edad y que solo se conforme con llevarla al cine, agarrarse de las manos y darse uno que otro beso...

De solo imaginarla haciendo esto con otro me dan ganas de llorar, algo que tampoco me había pasado, lo que me vuelve a corroborar que lo que siento por Hermione es más que una cuestión de gustarme. Es más que claro que me estoy enamorando de ella en serio. No sólo deseo hacerle el amor, sino que también me encuentro fantaseando con verla despertar en mi cama cada mañana.

Hermione es una niña sí, pero con ella todo es tan sencillo. Siempre tiene una respuesta acertada para lo que le digo y no trata de saber más que yo porque es más mayor. Sin embargo, tampoco es que quede por debajo de mí porque yo, esta vez, soy el mayor en la relación. Más bien yo diría que estamos a la par, exceptuando, por su puesto, que ella es virgen y yo no.

Me remuevo un poco en mi asiento y trato de pensar en otra cosa para no tener una erección en pleno transporte publico, agradeciendo, a su vez, que mi parada sea la sieguiente.

Toco el timbre y el autobús se detiene. Yo me bajo y solo me toma cinco minutos llegar a mi casa. Pero, antes, observo el carro de Hermione estacionado en frente. Camino hacia él y ella baja el vidrio de la ventanilla. Posa sus brazos cruzados en el resquicio y luego apoya su mentón en ellos.

—Hola —dice con una sonrisa, lo cual me hace sonreír a mi tambien—. Siento que hayas tenido que gastar tu dinero; el novio de Ginny fue hoy al colegio y me ha tocado llevarla hasta su casa. —explica el hecho de no haber pasado a tiempo por mí, para traerme a casa.

Yo ruedo los ojos y, tengo la intención de rodear al carro y subirme en él, para saludar a mi novia como quiero, pero ella me detine.

—No, espera — me dice, bajándose del carro. Yo me detengo y ella cierra la puerta, recostando su cuerpo en ella—. Esta vez quiero conocer tu casa. —me hace saber a la vez que se sonrroja mientras juega con su manos entrelazadas.

Yo alzo una ceja ante su sugerencia.

—Hermione... —digo su nombre con la voz ronca y el paladar hecho agua por lo que implicaría tenerla, a solas, dentro de mi casa—. ¿Estás segura de que quieres eso? —ella baja la mirada, juega con sus pies y asiente. Yo largo un suspiro y asiento también.

Camino hacia ella y la tomo la mano, para guiarla hacia la entrada. Saco las llaves del bolsillo de mi pantalón sin soltarle la mano y abro la puerta. Solo entonces, dejo de sujetarla.

—Bienvenida a mi casa —la invito a pasar primero. Hermione entra con paso dubitativo, echándose un mechón de su cabello castaño, detrás de la oreja. Es obvio que está nerviosa. Pero no tiene que preocuparse, yo no le haré nada para lo que ella no está preparada aún... Aunque me está muriendo por ello—. ¿Quieres algo de tomar? —le ofrezco, una vez también entro y cierro la puerta. Ella gira y asiente. Aun tiene el rostro sonrojado—. Si quiere sientate donde gustes, mientras voy a la cocina por un refresco. —señalo la sala. Hermione camina hacia el mueble de tres puesto y se sienta. Deja su bolso al lado de ella y entrelaza sus manos otra vez. Yo me dirijo hacia la cocina, riendome por su comportamiento.

—Aquí tienes. —le alcanzo el vaso con el refresco cuando estoy de regreso en frente de ella. Lo toma y puedo notar cómo le tiembla la mano mientras lo hace—. Hermione, no te haré nada que no quieras, así que ya puedes dejar de estar preocupada. —la tranqulizo. Sin embargo, ella me mira, toma un poco de su refrezco y luego deja el vaso en la mesita central.

—Es que sí quiero... —dice, logrando descolocarme, ya que no esperaba esto, cuando el viernes me ha dicho que quería que fuésemos lento.

Yo me paso una mano por mi cabello, echándolo hacia atrás y después tomo asiento al lado de ella. Sujeto sus manos que ha vuelto a entrelazar y la insto a mirarme.

—¿Estás segura? —le pregunto, para corroborar. Hermione mueve su cabeza afirmativamente.

Yo inspiro, sintiendo como mi pene comienza a tensarse ante su respuesta.

Llevo una de mis manos a su rostro, acerco el mío para besarla muy lentamente y excitarla. Si voy hacer esto, quiero que lo disfrute y la necesito lo suficiente húmeda y expandida para entrar en ella y no causarle tanto dolor.

Bajo mi otra mano a la camisa de su uniforme y comienzo a sacársela de dentro de su falda sin dejar de besarla. Poco a poco, desabrocho cada uno de los botones, dejándola abierta.

Acaricio su estómago el cual se contrae por el contacto y Hermione comienza a jadear en mi boca mientras la sigo besando.

Llego a su brasier y lo bajo, liberando sus senos. Muero por verlos, así que, muy a mi pesar, ya que me gusta saborear su lengua, dejo de besarla para hacerlo. Son realmente hermosos; pequeños y firmes, como manzanas. Sus orealas son de color rosa y sus pezones también. Están erectos, exigiéndome que yo les dé atención.

Tenerlos en mi boca sin una tela de por medio hace que me vuelva loco de deseo.

Hermione gime y gime, cuando se los chupo y juego, aleteando mi legua en ellos.

Mi pene está que no aguanta más. Pero primero, debo corroborar que ella esté lista, así que meto mi mano por debajo de su falda, encontrándome empapada su ropa interior. La hago a un lado y no tengo que ni siquiera humedercer su clítoris como la vez anterior de lo húmeda que se encuentra.

—Harry... —susurra, cerrando de repente las piernas, lo que me deja saber que ella está más que lista.

—Espera... —le digo, poniéndome de pie. Comienzo a sacarme la chaqueta y Hermione me observa con su mirada oscura, a la vez que se muerde los labios, lo que hace que yo me apresure porque yo debo ser el que se lo esté mordiendo.

Me saco la franela, luego desabrocho mi correa y el botón de mi pantalón para volver a a sentarme en el mueble. Hago que Hermione se gire y recueste su cabeza en el brazo de él y que suba sus piernas. Deslizo su ropa interior por sus piernas y me coloco encima de ella. Meto la mano entre los dos, saco mi pene y cierro los ojos cuando la punta entra en contacto con su entrada. Ella se arquea y yo estoy apunto de correrme como si fuera un adolescente que está teniendo su primera vez en vez de ella.

Inspiro para tratar del calmarme.

—Esto te va a dolor un poco. —le advierto.

—No importa —dice—. Es lo que quiero.

Sus ojos me muestran una seguridad que me insta a continuar.

No hay medias tintas; lo hago de una sola estocada. Hermione suelta un grito que amortiguo con mi boca. La beso efusivamante para que se concentre en el beso mientras me muevo de adelante para atrás dentro de ella, y así el dolor se covierta en excitación para Hermione. Sé que funciona cuando comienza abalancearse conmigo, buscando más fricción a la vez que continuamos besándonos.

Su vagina me aprieta y palpita y sé que ha llegado, pero yo continuo moviéndome, disfrutando aun de su orgasmo. Sin embargo, no tardo en apretar mis testículos, llegando también, adentro de ella. Mi imaginación no le hace justicia, hacerlo es la puta gloria.