Bélgica saca un abanico de su bolsa, resoplando, después de volver de la pista de baile. Amablemente Escocia (quizás de manera sospechosamente amable) se había ido a buscar una bebida. Y ahí viene él con los dos vasos, sonriéndole y tendiéndole el correcto a ella.
—No te pongas muy cómoda, puede que quieras irte pronto después de esto.
—¿Irme? Nah, eso quisieras tú —sonríe, tomando el vaso y dándole un trago largo largo.
—Ya veremos cuando el vestido empiece a quedarte raro.
—No voy a engordar de un momento a otro —suelta una risita. El pelirrojo se encoge de hombros y toma un sorbo de su bebida—. ¿Qué estás planeando? —le mira con ojos entrecerrados y toma oootro trago de bebida.
—¿Yo? Nada. Tú bebida está envenenada.
—¡Envenenada! ¿Como la manzana de Blancanieves?
—No exactamente.
La belga le da un empellón, aun pensando que está jugando. Él sólo se ríe un poco.
—¿Sigues con ese asunto de la magia y ser un hombre?
—Yes.
—¿Estás consciente de que es imposible, verdad?
—Nop —sonríe de ladito, a lo que ella pone los ojos en blanco.
—Me encanta como ustedes no solamente se inventan esas historias, sino hacen que uno... intente creerles.
—Pues qué si no, si es la verdad.
Bélgica se ríe y... la voz le sale un poco más grave que de costumbre. Escocia lo nota y se pone un poco nervioso. La rubia carraspea y este le sale aun más grave.
—Tal vez sería mejor ir a un lugar más privado mientras esto pasa.
—¿De qué hablas? —y ahí la voz ya es completamente masculina, aunque sólo es eso... la voz. Se lleva la mano a la garganta —. ¡¿Pero qué... demonios?!
Y llévatela, por el amor de dios, llévatela a un lugar más privado, no le preguntes. Escocia se levanta y la toma de la mano, tirando de ella.
—¡¿Qué me diste?! ¿Sí oyes mi voz? —se levanta igual, tomando su bolso con su teléfono de manera bastante milagrosa, sí que vas a podértela llevar, maldito suertudo.
Irlanda, a la caja.
Escocia tira sin escucharla mientras que Bel sigue carraspeando y, para su susto, empieza a notar que tiene una interesante y extraña protuberancia en el cuello que sube y baja conforme traga... es tu manzana de Adán, querida.
El escocés entra al baño de los hombres y la mira. Para entonces, hay más cambios en ella. El pelo es más corto, la mandíbula un poco más afilada... hay barba y bigote bien rasurados en sus mejillas, pero se nota que existe en vez de tener la piel lisita de una chica.
—¿Q-Q-Qué está pasando?
—Te lo he dicho.
—¡No! —es que ni siquiera le sale la voz chillona como quisiera. Carraspea otra vez, confundida, porque además los zapatos empieza a sentir que le quedan pequeños.
—Te he dicho que te iba a cambiar de sexo.
—¡Y también me has dicho otras múltiples cosas raras!
—¿Cómo cuáles?
—Co-Co... ¡Dios mío con mi voz! —lo que sigue además es que se lleve las manos a los pechos y se mire hacia abajo y note que... ¡TODO ES UN DESASTRE! —. ¡AAAAAAH!
—¡Calma! ¡Calma!
—¡TENGO PELOS EN LAS PIERNAAAAS! ¡Y MIS PECHOS! —y espérate a darte cuenta que tienes unas partes nuevas.
—¿Eh? ¿Notas los pelos?
—¡Se ven! ¡Míralos! —levanta la pierna y es que... es sólo una pierna de chico.
—Mírate al espejo —pide mientras le mira la pierna y ahí va ella, quitándose los zapatos sin pensar mucho en ellos.
—¡Oh! IHHH! —Bélgica se lleva las manos a las mejillas, y al pelo —. E-Esto... es... yo... Alba!
—Cool, right?
—E-E-Es... ¡¿Qué brujería es estaaaaa?!
—Pues no podría asegurarte el tono exacto de gris, siempre he pensado que es blanca o negra dependiendo de qué se quiera conseguir con ella, no de la magia en sí.
—¡Dejadedecircosasraraaaas! ¡Mírameee! —lo medio sacude y se mira las manos que son más huesudas y masculinas —. S-Soy un... un... ih! ¡¿Tengo partes de hombre?!
Y es que no se atreve a tocarse.
—Yo diría que sí, partecitas pero sí —él sí se las mira, riendo.
—¿Partecitas? —le mira sin defenderse realmente ni negarlo, se cubre la cara —. ¡No, míramelas bien!
—No estoy seguro de querer hacer eso.
—¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!
—Well... los hombres... no son mi tacita de té.
El belga parpadea IN CRE DU LO.
—Pe-Pero soy yo... —un poquito desconsolado.
—Ehm... yes —tono de ¿y qué? El rubio frunce un poquito el ceño y hace una mueca.
—Ah, así que ahora si soy... hombre, ¡voy a ser así como tus hermanos!
—Of course not, ni que ellos me cayeran bien
Y aún con todo y el susto, Bélgica se ríe un poco.
—P-Pues yo sí voy a verme... —se levanta un poco la falda.
El escocés le mira también con curiosidad y ahí está, bastante salidito de la tanga de encaje negra que trae puesta. Que por cierto, es nueva. Sí, Bélgica hace esas cosas para Escocia.
El británico se queda demasiado pillado con la tanga para notar lo que importa. Para eso las compra la chica.
—Wait! ¿Llevabas esto y yo voy y te convierto en tío?
—Tengo... ¡TENGO! —se lo señala sin atreverse a tocarlo, da unos saltitos nerviosos en su lugar —. UGH!
—Yo tengo una enfermedad mental grave.
—¡Tengo pene!
—¡Yo me estoy muriendo!
—¡Yo más!
—¡No! ¡Yo más!
—¡No! ¡Es que no estás entendiendo, Alba! ¡Tengo PENE! —es que se lo toca con el dedo y debe entrar alguien al baño y verles con cara de... el travesti y el loco.
Creo que como entran, salen al verles a ambos, pero bien que se enteran.
—Oh, cielos... —Bélgica se sonroja un poco bajándose el vestido otra vez, olvidándose de su trauma.
—Oh... ¿Aun quieres quedarte aquí?
—No! Quiero... ¡No sé que quiero! E-Es que soy un... vámonos... pero antes... ¡Dame tu ropa!
—What?
—¡No voy a salir en vestido! ¡Ropa!
—¿Y quieres que yo salga en vestido?
—¡Tú usas falda siendo hombre! —da un paso hacia él.
—No es una falda, es un kilt —se mueve hacia atrás.
—¡Pero parece más... normal que mi vestido azul! Venga... ¡Dame la camisa o algo!
Escocia suspira e... igual se la quita.
—Vas a parecer el bailarín nudista —se ríe un poco girándose a que le baje el cierre —. ¿Me ayudas?
—¿Bailarín?
—Sí, sabes... una fantasía, el tipo con Kilt y... camisa. ¡Oye, no soy fea de chico! —asegura mirándose mejor al espejo.
—Pero pensaba que nos íbamos.
—¡Nos vamos, sólo que quiero salir del baño con algo más decorosito! —se pone la camisa encima —. ¿A-A donde vamos a ir? ¿A tu casa?
—Es... lo más cercano.
—¡Y tienes ropa de chico!
—Sí, claro, tengo mi ropa.
—Y... me vas a tener que explicar cómo usar todo esto. Venga... ¡Vámonos! —le toma de la mano y tira de él sin detenerse a pensar demasiado que... es... un hombre. ¡Un hombre de verdad! Uno raro que tiene algo colgante entre las piernas.
—¿Cómo funciona todo el qué?
—Pues... pues esto. El no tener un... agujero ahí y tener esto... colgante —aprieta los ojos —. Ya no digamos...
—¿Qué? —se deja tirar igual.
—Pues estando feliz...
—Bollocks! —aprieta los ojos.
—Pues nunca he tenido uno de estos...
—Es un... pene, estoy cien por cien seguro que sabes cómo funciona.
—Nunca he meado.
—Deja que fluya... y apunta. O siéntate si te vas a sentir más cómoda... cómodo...
—Cómoda.
El chico le mira de reojo y mira a sus tetas desaparecidas, queriendo darse un tiro y pensando en la comodidad...
—Deberías quitarte el sujetador.
—E-El sujetador...
—Seguro te aprieta.
—Sí... espera. Ugh... ¡Es RARÍSIMO no tener tetas, dios! Es tan... ¡Descansado!
Escocia lloriquea no tan silenciosamente mientras van por el coche y el belga se quita el sujetador y se lo entrega.
—¡Ahhhhhhhhhh! ¡La vida sin sujetador! ¡Esto es injusto! —protesta sosteniendo sus zapatos en la otra mano.
El pelirrojo diría algo pero... es que se lo acaba de quitar, aun está caliente. Bélgica se mira completa hasta los pies y toma aire.
—A-Alba no es... que este alucinando, ¿verdad? —le pregunta en un instante de auto reflexión.
—Eh... a lo mejor estarías más cómoda si te lo tomaras así.
—E-Es decir... es que pienso en... no me dejarías hacer algo de verdad vergonzoso, ¿verdad? —le mira de reojo —. Si hay algo que... si algo es demasiado, podrías pararme, ¿verdad? Porque estoy alucinando.
—Yes —asiente. El nuevo chico suspira y se relaja un poquito, aunque aprieta los ojos casi de inmediato —. What?
—Sí, definitivamente prefiero que estemos solos tú y yo si voy a alucinar ASÍ —asegura caminando más rápido hacia el coche.
Escocia sonríe un poco.
—Porque contigo al menos, bueno... seguro vas a acabar burlándote luego y eso, peeeeeroooo... eres tú. Cielos... esto es demasiado raro. Todo —se vuelve a tocar los pechos sólo que ahora, qué hay gente a su alrededor, de manera un poco más discreta.
—No tiene nada de raro, te he advertido.
—Sí, pero es que... ¡¿Cómo iba a creerte?! —le mira de reojo —. Hasta la voz me ha cambiado, es como de Harry Potter.
—No lo sé, ¿porque yo no digo mentiras? —sonríe.
—Pues... ¡Ya veo, voy a empezarme a tomar en serio TODO lo que digas! —sonríe un poquito también abriendo la puerta del coche al fin con un poco más de fuerza de la que usaría normalmente.
—¡Eh! ¡Eh! ¡Cuidado! —protesta un poco mientras se mete del otro lado.
—Pues... es que estos músculos —se mira la mano y se mete al coche cerrando la puerta ahora con cuidaaaado. Lo primero que hace es bajar la visera y mirarse en el espejito del coche, más de cerca. El escocés lo mira de reojo —. Soy... un chico.
—¿Qué músculos? Si fijo te puedo.
—¿Tú, a mí? ¡Claro que no! —le mira algo indignado.
—Desde luego que sí, mírate.
—Como si tú fueras tan... —sonríe de lado —. Tienes unos bracitos así delgaduchos.
—¿Perdona? —Escocia lo mira con incredulidad, haciendo reír al chico de los waffles.
—No lo niegues, creo que hasta como chica te puedo yo.
—Desde luego que NO
—Además tan indignado —se ríe otra vez.
—No, pues... ¡Es que esto es muy serio!
—Ah, ¿sí? ¿Es grave que tengas una novia que... es chico y que te puede?
—Lo sería, pero definitivamente no me puedes.
—Ahora que lleguemos a tu casa vas a ver... Pero mira como están mis manos —las abre y cierra —, siento el poder.
—A ver... —tiende la mano hacia él para comparar... el tamaño, evidentemente.
Pone su palma sobre la del escocés y es que... no es que sea enorme ni nada, pero es una mano de hombre así que es más grande de lo que suele ser. Escocia sonríe un poco porque... es importante para él ser el hombre, aun con todas sus historias súper pro igualdad de género, quiere impresionar a Bélgica.
El rubio mira las manos con la boca medio abierta porque le parecía que su mano era enooorme, y sí, es grande, pero la de Escocia aún gana.
—¡Oh! ¡Pensé que era más grande! —se lamenta un poco y es ahí cuando cae en la cuenta de una cosa que le dijo en el baño —. ¡Oye! ¡Dijiste que mis partes eran partecitas!
—Sep.
—¡Eh! ¡No deben ser tan partecitas! ¡No las he visto bien pero seguro son partes normales de chico! —se sonroja. Escocia le mira de reojo y se ríe un poco, ahora más tranquilo con la mano.
—¿Así que el tamaño sí importa?
—Pues no suele importar... porque yo tengo tetas mejores que tú. Pero... ¡Partecitas suena fatal!
—Ah, sí... las tetas.
—Pero no sé si ahora... no es que vaya a medir nuestras partes ni nada —aprieta los ojos —, eso es taaaaaaaaan de hombres.
—Well, no ahora, pero cuando lleguemos...
Bélgica parpadea y le mira, algo incrédulo.
—¿Qué vamos a... sacarnos el asunto y ponerlo uno al lado del otro para ver cual es más grande? ¿Hacen... eso así?
—Seh, bueno... en realidad se hace de formas diferentes, depende.
—Asumo que no vas a compararlo en paralelo con el de tus hermanos... ugh. ¿Con una regla? En realidad no me importa demasiado ponerlo al lado del tuyo, pero si te vas a burlar...
—Nah, el ganador invita las cervezas.
—Ah... eso no me importa. ¡Uhh! ¡Seguro siendo chico puedo beber tres veces más cervezas de las que puedo de chica! —las cosas que te importan, Bélgica...
—No eres tres veces más grande que una chica.
—Quizás sí tengo el estómago tres veces más grande... no tengo cosas femeninas aquí dentro —se señala la barriga, sonriendo —. Y soy más alta, ¿no? Me siento como más ancha de los hombros.
—Pero tienes cosas masculinas.
—No... queremos pensar en ello aún —confiesa apretando los ojos y riendo —. Vale, puede que no el triple, pero seguro me cabe una o dos cervezas más sin problema.
—Eso puede ser —asiente.
Aunque se piensa que, cerveza, Escocia no bebe mucha más que ella. El whiskey es otra cosa... eso sí.
—Has dicho antes de los chicos... que no son muy de tu gusto... Quizás sea este un buen experimento para probar tus límites —estira una mano hacia él y se la pone en la pierna.
—W-What?
Bélgica se ríe bajito porque la cara que ha puesto.
—Vamos, que yo te conozco, seguro que conseguiré que te guste —y se impresiona a sí mismo porque la voz es grave y extraña, como si no fuera suya.
Escocia levanta las cejas con eso y se revuelve, aunque si Francia podía... Bélgica se ríe un poquito más y quita la mano.
—Lo nervioso que te pones... —se burla un poco sin poder evitarlo.
—¿Eh? No! ¡Qué va!
—Siii. Un macho muy macho.
—Pues sí.
—Me gusta que seas un macho muy macho, en realidad... es que yo me siento una chica muy chica. Sobra decirlo con el vestido que traigo...
—Eh, no te metas con eso, yo llevo un kilt —bromea, en serio. El rubio le sonríe.
—Y guapo que te ves con él... ¡Más guapo que yo me veo ahora mismo con este vestido! —asegura levantando las manos y quitándose las perlas que trae al cuello.
—Mira, en eso no puedo llevarte la contraria —pica y se ríe cuando el belga pone los ojos en blanco.
—Pues... mira, me acabas de convertir en un hombre... pero no en uno cualquiera, en un metrosexual. Sólo dame un par de horas en el baño y verás como vuelvo a ser más guapa que tú.
—¿Eh?
—Pues... es que tengo pelos y... seguro cosas varoniles. Como mugre bajo las uñas, como tú —se las mira. Querida, sólo eres un chico.
—¡Yo no tengo mugre!
—Siempre tienes una poca... ¡Míratelas y veras!
—¡Qué va! —se las mira y aunque hay un pooooco para él es nada.
—Claro que sí y está bien... eres un chico normal. Todos, TOOODOS hacen eso.
—What? Pero si están limpias.
—No digo que seas propiamente guarro, digo que... hay cosas que pasan. Es como el asunto de las uñas de los pies.
—¿Ahora tampoco te gustan mis uñas de los pies?
—¡No he dicho que no me gusten! Sólo digo que no las cortas y las limas como una chica... las cortas así como puedes con el cortaúñas y luego te quedan picos y... cosas.
—¿Limarlas?
—Sí, para que queden redonditas —es que sonríe al notar que ni siquiera se le ocurre. Y a decir verdad eso le gusta... casi siempre ha estado alrededor de chicos que... bueno, siempre están muuuy en contacto con su lado femenino. Y Escocia no era en lo absoluto ese modelo, era el tipo de chico que nadaba desnudo y luego se sacudía y volvía a ponerse la ropa... todo un highlander pues
—¿Redonditas?
Bélgica se ríe un poco agudito volviendo a sentirse completamente ella al tener esta conversación.
—Me encantas, tonto —va con todo y golpecito en el pecho porque ahora piensa que... debe estarle tomando el pelo. El escocés se sonroja un poco —. Un día puedo ponerte las uñas redonditas... y pintártelas si quieres.
—Eh... No, no... —responde y si aun fueras una chica te habría dicho que sí, pero así no le atontas tanto.
—Ohh... qué aburrido. Tan guapo que te ibas a ver con las uñas rojas —le mira de reojo y se revuelve un poco en su lugar porque el tanga ajustado con esta nueva... ehm... conformación corporal, es bastante incómoda.
—Anda ya —ojos en blanco, haciendo reír a Bélgica.
—¿Quien te ve los pies más que yo?
—Si voy descalzo... todos.
—No sé si las ovejas vean a color o no...
—¡Seguro que sí y seguro se burlan!
—¡Quizás sea el método perfecto para deshacerme de ellas de una vez por todas!
El británico aprieta los ojos, nervioso porque es que... es difícil esto, se ve raro y suena raro.
—¿Qué? —pregunta Bélgica que se ha relajado bastante como para no pensar demasiado en este asunto.
—Qué esto es raro —confiesa y Bélgica suspira.
—Si sientes que es raro para ti... imagínate yo. ¿Sabes qué es además... extraño? No me siento rara ni siento que se me va la cabeza, ni veo luces ni nada... es como si trajera un disfraz... y hablara extraño.
—Well, es que no es que sea muy distinto.
—Supongo que para ti... si tú REALMENTE me ves así, es... como hablar con otra persona. Con un desconocido. ¿A quién te me figuro? ¿Qué piensas de... verme?
—Un poco, es decir... te pareces a ti pero... no.
—Es que yo me siento completamente... yo. Como Belgique con un disfraz, uno muy bueno... pero sí comprendo que tú... bueno, que sea raro —vuelve a mirarse en el espejito del copiloto—. Los ojos definitivamente son los míos, pero sí, la boca, y los pómulos y... es... es que, ¡¿qué tan fuerte es la droga que me diste!?
—No te preocupes, no te va a doler la cabeza y mañana te acordarás de todo —lo reconforta. El belga se acaricia la cara y las mejillas.
—¡Tengo barba! ¡Ha! Tanto que se burlaba mi hermano de que yo tenía mi periodo en vez de barba...
—Y vas a tener que afeitarte diario.
—Antes me afeitaba diario las piernas y... otras cosas. No creo que sea tan teerrible.
—Ya verás que la piel de la cara no es la de las piernas.
—Ah, ¿no? Bueno... quizás se parezca más a la de la entrepierna. Quizás me deje la barba de manera muy hipster.
—Me la dejaré yo también.
—Ugh... nooo. Si picas con barba de dos días. Vale, vale, la rasuro —se acaricia las mejillas —. Bueno... en sí esa es la única incomodidad masculina, ¿no? Todo lo demás debo tenerlo bajo control.
—¿Qué? ¡Claro que no!
—¿Qué incomodidad vas a inventarte? —le mira de reojo.
—No me la voy a inventar.
—Bueno, contarme... —levanta las manos.
Escocia frunce el ceño.
—No te enfades, sólo... bueno, quizás justamente esta es la mejor manera en la que yo cambie de opinión. Siempre me estás haciendo ver el mundo de mejor manera, ¿no? Y ya sabes que... bueno, nosotras tenemos la regla, y todas esas hormonas, y el embarazo, y no podemos ir al baño de pie... esas múltiples cosas que siempre pensamos que hacen nuestra vida femenina más difícil y dura que la de ustedes. O eso nos gusta pensar.
—Bueno, prepárate cuando tengas una erección. Quizás sin motivo... o peor, con motivo. Imagínate que es en un momento inadecuado.
El rubio se sonroja un poco.
—O aun peor... que no la tengas en un momento... inadecuado también.
—Ohh... —Bélgica aprieta los ojos —. Eso no... eso... debe ser vergonzoso, vale, admito que en cuanto a sexo ustedes no pueden fingir un orgasmo.
—Vosotras os quedáis embarazadas, pero nosotros no podemos estar casi nunca seguros de que el crio es nuestro hijo. O decidir si abortar o no un embarazo.
—Eso es verdad... pero no pretendo embarazar a nadie, te lo aseguro.
—Sólo hablo de las diferencias... e incomodidades —se encoge de hombros —. Por no hablar de lo que pasa cuando un hombre se queda a solas con cualquiera.
—¿Qué pasa? —levanta una ceja —. ¿Hablas de... que siempre se dice que el hombre la ataca o algo así?
—No, es que... es que es distinto. Las tías... las tías podéis compartir la cama, la ropa, el baño y hasta un probador. He visto a tías meterse juntas en un probador de una tienda de lencería y NO PASA NADA. Imagínate que lo hicieran dos tíos.
—Ah, eso... eso es verdad. Es decir... yo misma te lo acabo de decir con cara de asco —cae en la cuenta —, si tú te mides el pene con tus hermanos... ya le estoy poniendo una connotación rara. Cuando es cierto que uno puede probarse el mismo sostén que una amiga sin que pase nada.
—Exacto. Y no hablemos de si uno es un menor, se sigue pensando lo mismo y aun peor mientras que una mujer de pongamos... veinticinco con un chaval de doce no hay ningún problema.
—Mmm... —se lo piensa —, en realidad, en términos generales pensamos mas mal de los hombres, en general... qué bien. Como si todos fueran depredadores sexuales que están súper interesados en mirarnos.
—Exacto.
—Y no hablemos de todo ese asunto del acoso... si una mujer le toca el culo a un hombre en el metro no pasa nada. Pero si es al revés es acoso sexual...
—O si una mujer pega a un hombre no es violencia domestica, como si que alguien a quien quieres te golpea no hiciera daño, aunque no sea físico.
—El problema con eso es que en general... nos pueden. De tamaño, de fuerza, sí que nos puedes... tú mismo lo has dicho hace un rato. Cosa que va de alguna manera pegada al asunto de la caballerosidad.
—Ah, sí... ¿sabes? Es genial, porque si por cualquier cosa yo no te puedo... no es que tú seas fuerte, si no que automáticamente yo soy débil.
—Eso... ugh, eso también es verdad —confiesa apretando los ojos, aunque sonríe de lado —. Se espera en general que el hombre sea el fuerte. Aunque por ejemplo, con France a veces eso no pasaba.
—Y aun así, aun con eso, que tú llegaras por algún motivo al extremo de querer golpearme, aunque yo sea más fuerte que tú... ¿no crees que a mí puede afectarme emocionalmente? Bien, has perdido tu objetivización sexual con la perdida de tus senos... disfruta de tu nuevo estándar marcado por la sociedad sobre qué puede y qué no afectarte emocionalmente adquirido con tu pene.
—Pues... —le mira —, depende. Si hablamos de golpearte en serio... ¡Es que sería tremendo! Joo... no, creo que no es eso. Bueno... creo, es que ese asunto es otro. Ustedes siempre parecen mucho más fríos y menos emocionales que nosotras. A excepción del asunto de irse a los golpes, ahí en vez de ser fríos son irracionales.
—¡Porque si no eres frío y menos emocional eres débil, como si sentirte afectado de que alguien a quien quieres no te quiere fuera a quitarte fuerza y no a darte empatía! ¿Sabes qué pasa si tú lloras con una película? ¿Y qué pasa si lo hago yo?
—Ya, ya... si lloras eres un mariquita. Pero eso... por ejemplo tú. Tú defiendes muchísimo tu libertad en general, ¿no? Pero no me dirás que con tus hermanos... si nos peleamos, ¿no me dirás que vas a llorar o a actuar libremente sin guardar un poco las apariencias con Irlande por ejemplo?
—¿Y no te parece que eso es terrible? Qué tenga que reprimir mis emociones sólo porque... eso espera todo el mundo de un hombre. ¿No te parece que puede ser tan duro como que el mundo espere de ti que siempre te veas sexy y perfecta? Que por cierto, también se espera de los hombres que sean siempre sexys y perfectos, aunque el estándar sea más alcanzable. O al menos más saludable.
—Sí, sí que creo que es terrible. Y además creo que es... casi imposible de cambiar. Ambas cosas. Y... bueno, en parte es lo que me gusta de estar contigo, porque espero.. ESPERO que seas capaz de llorar conmigo en una película o de decirme que no te va lo de los bebés... y yo puedo no vivir a dieta toda la vida.
—No me estoy quejando de como son las cosas entre tú y yo, sólo digo que aunque no lo creas, ser hombre tampoco es fácil.
—No, en realidad... no lo había pensado del todo así... O sea contigo, de hecho justo contigo es que he estado pensando muchas más cosas de... igualdad de género más que de feminismo. Como esto de por qué has tú de mojarte para abrir la puerta, si te molesta mojarte tanto como me molesta a mí.
—Y al final no es tanto el problema que uno lo haga si no que alguien dé por hecho que así debe ser, con lo que no se convierte en un gesto amable, si no en una obligación. Y una descortesía si no es así.
—Sí... aunque también... bueno, está el caso de que la mujer es la encargada de cocinar y de recoger la casa, por ejemplo.
—Desde luego, es lo mismo
—Pero no es verdad que... la balanza sólo se inclina hacia la mujer. Los hombres también tienen esta carga de... llevar el dinero.
—Y de ir a la guerra.
—¡Oh! Ese asunto de la guerra... sí. Como si las vidas de las mujeres y los niños valieran más que las de los hombres. Aaaaunque, por ejemplo, un hombre puede tener una amante sin que sea TAN grave... es algo que la mujer puede perdonar. Pero una mujer con... Allemagne. Es siempre mal vista.
—Eso es porque del hombre se espera que quiera sexo y de la mujer amor. Es como un hombre sufriendo porque la chica lo dejó, como un hombre queriendo casarse, como un hombre... siendo como mi hermano, vamos.
(Gales hace los ojos en blanco.)
—Ustedes no son ningunos hombres normales, aunque crean serlo —Bélgica se ríe además, un poquito, cruelmente.
—¿Cómo que no?
—Es decir... todos se salen del estereotipo que estás describiendo.
—Bueeeeno...
—Aunque creo que son lo bastante buenos para ocultarlo como para que parezcan hombres muy hombres. ¿Bueeeeno qué? —le imita un poco.
—Sólo algunas cosas.
—Son... bueno, no sé ellos, pero tú eres muy sensible. Y dulce, y piensas estas cosas geniales de mí y de que puedo ser como soy y tú quererme tal como soy... por ejemplo.
—¿Eh? Eso te impresiona muchísimo y nunca sé por qué.
—Porque... a ti te parece una cosa muy normal, pero no lo es. O al menos nunca lo ha sido en las instancias de relaciones que yo he tenido.
—¿Y cómo era?
—Es que siempre hay que quedar bien, siempre verse bonita, y siempre sentirse un poco mal porque nunca es bastante. Y a ti... es que si me río con la boca abierta y comida adentro te da asco, supongo , pero... no pasa de eso.
—Asco...
—La comida... ¿no? Es como... ugh. Pero no me defines con ello. Creo que no te percatas de los superficiales que son muchos hombres. No te vayas más lejos...
—¿Ajá?
—Allemagne. Si llego sin maquillad a una junta, seguramente me preguntaría que qué me ha pasado. Esperaría verme... normal.
—Pero eso es porque el maquillaje es tremendo y cuando te acostumbras es como... si llegaras de repente sin camisa.
—De hecho puede que Allemagne sea un mal ejemplo, porque es más frío que un hielo... —se ríe.
—¿Y?
—Y puede que él no tenga estándares de belleza... a él sólo le importa que trabaje bien. Pero… sí hay un estándar social. Hasta las tallas de la ropa, que alguien te regale algo que no te va... ese tipo de cosas.
—No, en realidad... no lo había pensado del todo así... O sea contigo, de hecho justo contigo es que he estado pensando muchas más cosas de... igualdad de género más que de feminismo. Como esto de por qué has tu de mojarte para abrir la puerta, si te molesta mojarte tanto como me molesta a mí.
—Y al final no es tanto el problema que uno lo haga si no que alguien dé por hecho que así debe ser, con lo que no se convierte en un gesto amable, si no en una obligación y una descortesía si no es así.
—Sí, aunque también... bueno, está el caso de que la mujer es la encargada de cocinar y de recoger la casa, por ejemplo.
—Desde luego, es lo mismo.
—Pero no es verdad que... la balanza solo se inclina hacia la mujer. Los hombres también tienen esta carga de... llevar el dinero.
—Y de ir a la guerra.
—¡Oh! Ese asunto de la guerra... sí. Como si las vidas de las mujeres y los niños valieran más que las de los hombres. Aaaaunque, por ejemplo, un hombre puede tener una amante sin que sea TAN grave... es algo que la mujer puede perdonar. Pero una mujer con... Allemagne. Es siempre mal vista.
—Germany?
—Me refiero a un amante.
—Nada más es divertido que justo le nombres a él.
—¡L-Lo hago sólo porque... tu siempre le nombras! —Bélgica se sonroja un poco pensando que estos chillidos se oyen raros ahora con su voz grave.
De hecho no sólo se oyen raros, sin obstante ridículos. Carraspea un poco estirándose y mirándole de reojo, ahora pensando momentáneamente que cualquiera que le viera pensaría que es... femenino. Abre automáticamente un poco las piernas.
—Porque ES tu amante, ¿has visto como bailabais? —levanta un ceja. Bélgica se ríe y sonroja un poquito.
—Si fuera sólo por el baile tú y yo no seríamos ni conocidos.
—¿Ah, no?
—¿Pues cuanto hemos bailado hoy?
—Lo que has querido. ¿No?
—Nah, yo habría bailado más contigo —sonríe.
—Aun podemos ir a un bar.
—Antes yo tengo que cambiarme porque esto... —se señala —. Pero quizás estaría bien, sólo que no conozco un bar gay en tu casa.
—Es que somos muy rudos en las highlands...
—Bueno, pues ahora necesitaríamos uno... cielos... me siento tan rara con esto.
—Llama a France, él los conoce todos... aunque no creo que responda al teléfono hoy.
—Ni creo que tenga idea de quién soy, Alba...
—Podríamos hacerle una broma a alguien, decirle que te dejé por ahí y me ligué... bueno, a un tío —se encoge de hombros y el rubio se ríe.
—A Romano... aunque quizás te mate… ¡Oh! ¡A tu madre!
—Ella sabrá que eres tú... o quizás se alegre un montón.
—Ya lo sé yo que se va a alegrar... debería ir y seducirla y... Ugh! ¡Estoy diciendo de seducir a tu madre!
—Hazte un selfie conmigo y mándalo al grupo con mis hermanos a ver quien contesta.
—¿No me veo súper desastrosa? Tengo hasta el maquillaje aún puesto... van a pensar que yo qué sé qué hombre te conseguiste.
—Bueno, lo eres, ¿no?
—Soy... bueno yo no diría gay, soy como... transexual —se ríe.
—Sí, también. Aunque creo que a las mujeres transexuales que se hacen hombres les atraen otras mujeres.
Bélgica parpadea y le mira de reojo.
—¿Y si a mí...? ¿Crees que me atraen las mujeres ahora? —pregunta levantando las cejas.
—No lo creo pero quién sabe.
—¿Y si tú no...? ¿Y si me gustas menos? —le mira de arriba abajo.
—¿Lo hago?
—No... sé... no creo. No me siento diferente y tú eres tú, pero, ¿qué tal que... no me funciona?
—Estaríamos en paz, tú así no me gustas tanto —tan sincero.
—¿Qué? —el belga frunce el ceño.
—Sólo digo que no te pongas histérica si a mí no... me funciona tan bien.
—Cielos... —aprieta un poco los ojos con esa perspectiva —. Pero no será para tanto, ¿o sí? Es decir... bueno, sólo...
—¿Eh?
—Qué ya me estoy poniendo histérica sólo con la idea de que a ti no te funcione bien... —extiende la mano y se la toma a él. Escocia aprieta los ojos —. Pienso que sería así si... tú fueras una chica.
—¿Eh?
—Si en vez de ser yo un chico fueras una chica, seguro que no me gustabas nada nadita.
—Ah, ¿no? —le mira un poco desconsolado.
—Pues yo pienso que no... serías... sería súper raro. Quizás sí, sólo estoy diciendo que te entiendo —asiente. El pelirrojo se humedece los labios porque no es eso —. Al final seguro te parece que me faltan pechos y me sobran... bueno, partes. Y a mí me parecería que te faltan partes y te sobran pechos...
—Hum... bueno —carraspea porque no es eso.
—¿Qué? ¿Qué piensas? —se gira a él, frunciendo un poco el ceño.
—No sé... well, quizás sí.
—Aunque yo tengo... esperanzas en mis habilidades... —sonríe un poco y se talla las manos que se sienten raaaaaaaaras y graaaaandes.
—Ehm... creo que ese puede ser más el problema en sí que... tú.
—¿Mis habilidades? ¿O cual?
—Bueno, o sea es que... es una cuestión física nada más.
—En realidad, si te soy sincera, no creo que sea tan distinto para ti si nos ponemos en la posición apropiada. Más raro puede ser el sexo para mí...
—Pensé que precisamente querías probar... ese otro lado.
—Sí que querría... pero es que también entiendo que eso sería raro para ambos. Yo no estoy acostumbrada para nada a meter... nada en ningún sitio y menos ahí —le sonríe un poco.
—E-Entonces mejor no.
—Peeeeero... no sé. ¿Por qué no vemos ya que estemos en esas? ¿Cómo hacen las parejas gays? ¿Cómo hacías con Francia...? ¿Cómo decidían esta vez quien metía eso ahí?
—Solía hacerlo yo.
—Quizás no te gustaba con él porque era muy pequeñito y no podía satisfacerte... pero en cambio yo...
—¡No! NO —asegura, un poco tajante. Bélgica levanta las cejas y le mira de lleno.
—Vale... veo que France te parecía grande y... doloroso.
—Ehm... sí. Eso. Sí —nerviosita. El rubio se ríe.
—Quizás podríamos empezar con que lo hagas con la boca... si te duele, digo yo, así sabrás si soy demasiado grande... o no —bromea un poco, mas el chico aprieta los ojos —. ¡No te gustaaaa que tenga unooo! ¡Pero si no te quejabas de France!
—Eso lo dices tú.
—Nah, no es que lo diga... ¿O sí te quejabas? Por eso elegiste a una mujer tan guapa como yo en vez de a él... —se ríe.
—Exacto.
—Bueno, pues sólo hoy vas a tener que ser gay porque no vamos a... oh... bueno, a menos que quieras invitar a alguien más a nuestra cama.
—Ah... Seguro tú has visto a France hacer eso con Spain de ligarse una chica entre los dos, pero yo no tengo ni idea de cómo hacerlo, una vez lo intenté hacer con Eire...
—Y fue un desastre, seguro... Ugh, en realidad creo que sí lo podría hacer. Lo hacía con Romano...
—Ni siquiera llegamos a probar, no nos pusimos de acuerdo sobre qué chica y tampoco sobre qué íbamos a hacer si lo lográbamos, ni quién se quedaba la chica.
—Son unos idiotas —más risas —. Pero aquí en teoría... bueno querríamos llevarla a la cama ambos, ¿no?
—¿Y qué pasó con Romano?
—Maldito, me ganó al chico y luego lo botó por ahí... —protesta.
—¿En serio? —levanta las cejas.
—Pues claro, y era bastante obvio.
—No sé, joder, al menos podría haberte dejado tirártelo a ti si no le iba a hacer caso.
—Ya sabes cómo es él, dijo que no me convenía... al final del día, quizás no lo hacía, pero... era una competencia —sonríe un poco.
—¡Anda ya! Nadie te conviene según él —ojos en blanco.
—Ni tú... —se ríe un poco —. Lo hace con buenas intenciones... es un poco intenso nada más.
—¿Un poco?
—Para tus parámetros, sí... —le hace un cariñito en la mejilla como suele hacerle —. Y tú, para sus parámetros, también eres muy bestia, así que están igual.
Escocia pone los ojos en blanco.
—Mira la cara que poneeeees. Como sea, igual y ese hombre me hubiera enamorado... y no estaría aquí contigo.
—A lo mejor...
—Y no estaría aquí con partes de hombre entre mis piernas.
—A lo mejor estarías casada.
—Con un hombre aburrido —le mira de reojo y arruga la nariz —. Prefiero mil veces estar con uno divertido, que me haga cosas raras... Que estar casada.
El hijo de Britania se sonroja.
—Además era un vil mortal... —suenas a Alemania con esa declaración —, y no era pelirrojo.
—A lo mejor no era aburrido. Era súper serio y adorable y estaba encantado con tu familia.
—Aun así me gusta más que seas tú.
—¿Por?
—Porque tú eres tú y me gustas, tonto, ¿cómo que por qué?
Escocia se sonroja más y... acelera, nervioso, porque además están llegando.
—¿Ya sabes a dónde vamos a ir después entonces?
—No.
—Al bar donde siempre vas a hacer actividades de hombre.
—Ahí ya has estado.
—Quiero hacer algo muy masculino.
—¿El qué? —la mira.
—No sé... ¿qué te hace sentir hombre más que otra cosa?
—No lo sé, ¿tener un pene? ¿Qué te hace a ti sentir mujer más que otra cosa?
—Salir contigo.
—Tal vez sí deberíamos ir a tratar de ligar con una chica.
—Pero es que... preferiría estar contigo así antes de ir a buscar a alguien más, no tengo ni idea de cómo funciona este cuerpo.
—Es que, lo más masculino que se me ocurre es ir... a ver futbol al pub, tomando una cerveza y hablando de las mujeres de los demás.
—Cielos... —se muere de risa —. Es como decir que lo más femenino es ir a chismear con las chicas... que también lo es.
—También podemos... eeer... ver pelis de acción o leer novelas de aventuras —se encoge de hombros.
—O jugar a los dardos, o beber cerveza. En realidad... creo que es como ir a comprar ropa siendo chica. No. no... quiero ir a hacer algo que parezca de chico pero sea de chica —le sonríe.
—Pues es que en general... todo lo que hacemos los hombres lo pueden hacer las mujeres si quieren. Y al revés. Créeme, hay más misterio en el baño femenino —bromea, haciendo reír al otro chico.
—Sí que hay mucho misterio en el baño femenino en realidad.
—¡Ha! ¡Siempre lo supe! ¡SIEMPRE! —tan emocionado. Bélgica se ríe aún más.
—Bien podría haber misterio en el masculino pero ustedes no lo favorecen.
—Lo que pasa es que por alguna razón a vosotras no os llama la atención tanto.
—Pues los pedos y rasquidos...
—Aun así, ahora pruebas de mear de pie y me cuentas.
—Sin salir de la taza.
—Sí, eso también.
—Es que... prueba a que te bajará la regla y me dices si no te asustas.
—Yo decía lo de mear de pie como prueba infalible de que ser hombre es mejor.
—Yo decía eso otro como prueba infalible del misterio.
—Ah, entonces vale.
—Pero debe haber algo masculino misterioso que puedas querer enseñarme más allá de orinar de pie.
—Ni siquiera sé qué te estás imaginando.
—Algo como… el secreto universal masculino. Como lo que piensan y nunca quieren contarnos que están pensando.
—Ehm... ¿te refieres a las tetas?
—¿Piensan en tetas cuando yo te pregunto "¿Qué piensas?" y me dices "nada"?
—Ah, no.
—¿Entonces?
—Ehm... en nada. En serio. O sea... es como, yo qué sé, nada. A lo mejor sobre... el sexo de los caracoles o... sobre qué pasaría si de repente todo el mundo despertara con el pelo rosa. Nada es nada, no es "te digo nada porque es una cosa que me preocupa y no quiero compartir contigo o pienso que deberías saber por ti misma" es más bien un... "voy a decir nada no sea que se piense que soy gilipollas del culo".
—¿El sexo de los caracoles? ¿Quéeee? ¡Eso es lo más random... del mundo! Yo siempre he pensado que si es una cosa que te preocupa y no quiero... ¡justo eso!
—Ya lo sé, porque así sois las tías, lo he descubierto... o sea, por eso normalmente cuando vosotras decís "nada" nosotros nos quedamos tan tranquilos.
—¡Es que yo te digo nada y quiere decir justamente eso, deberías saberlo y no lo sabes así que deberías PENSAR!
—Ya lo sé, ya lo sé, y me cuesta recordarlo a veces.
—Como a mí me cuesta pensar que no estés pensando en nada... pero es que sí debe haber momentos en que piensen cosas que yo no piense. Como cuando ven el motor de un coche o así.
—¿Ajá?
—Deben pensar algo muy elaborado mientras yo canto la canción de moda.
—Nah, no te creas, sólo... supongo que el equivalente de lo que piensas tú cuando ves una novela de vikingos nueva.
—Yo pienso un montón de cosas con las novelas de vikingos —el niño del chocolate se sonroja.
—¿Ah, sí?
—Claro, aunque... admito que nada muy... bueno, muy normal.
—¿Cómo qué entonces?
—Cosas como... si Alba hiciera esto... —ejem... o si Alemania hiciera esto otro...
—¿Hacer qué?
—Pues cosas... de esas que hacen los vikingos —más sonrojo aún —. Son tonterías.
—Mmm... no parece —igual aparca.
—Lo son porque no vas a bajar de ningún barco con tus cuernos a arrasar mi villa, ¿o sí?
—A lo mejor...
—Si no tienes ni un barco... —se ríe algo nervioso porque han llegado ya.
—Podría alquilar uno —se encoge de hombros—. O pedirlo prestado de la Royal Navy.
—¿E irnos de vacaciones una semana en barco por el mar del norte? —pregunta cambiando del todo la idea inicial.
—Eh... ¿Y lo de arrasar no sé qué?
—Ah... ese... asunto. Bueno, es que si ya hay un barco a nuestra disposición creo que podríamos hacer mejores cosas con él que sólo tenerle ahí para verte bajar... Quizás el vikingo pudiera raptarme.
El highlander se ríe, sonrojándose más. Apaga el motor y se baja del auto. Bélgica se toma un poquito más en bajar, incómodo con la ropa que no le queda bien. Al final sí se baja y cierra la puerta del coche, dándole con más fuerza de la habitual.
Escocia aprieta los ojos al oírlo mientras abre la puerta de la casa. Al rubio le da un escalofrío porque además trae los tacones en la mano y está descalzo, sólo con las medias, va casi corriendo hasta la puerta. El escocés le deja entrar.
—Ah que maldito frío hace siempre aquí... —se talla las manos adentro, prendiendo la luz con naturalidad, adentrándose en la casa.
—Nah, no tanto —cierra la puerta y deja las llave en su sitio.
—Eso dices tú... —entra al salón y recoge sin pensar una lata de cerveza vacía que está por ahí y un plato, encaminándose a la cocina para dejarlos.
—Porque es verdad —se va al cuarto, quitándose la chaqueta y la corbata.
Bélgica echa agua al plato y arregla un poco por ahí, dos o tres movimientos simples que hacen que todo se vea tres veces más organizado.
—¿Me sacas algo de ropa... calientita? —grita y se toca la garganta porque... ¡cielos con esta voz grave! Se mira un poco la manos y la cara otra vez aún sin creerse que de verdad sea hombre
—¿Qué quieres? —pregunta el de las pecas, vistiéndose ahora.
—Una camiseta... una de tus sudaderas —ejem, qué raro —, ¿y unos jeans?
—Es que no sé lo que mides ahora.
—Ah... pues... no sé. A ver qué me queda —entra al cuarto también.
—No sé si te van a entrar mis pantalones con ese culo.
—¡¿Quéeee?! —manos al culo de golpe.
—Pues es que... —se gira él y le muestra que... apenas si tiene.
—Pero si no tengo tanto culo.
—Hombre, más que yo...
—Bueno a ver, préstame unos pantalones y a ver si me entran —pide. Escocia se encoge de hombros y le pasa unos —. Antes... ¿me prestas unos calzoncillos?
—De eso no tengo, ya sabes que no uso —creo que es una especie de coqueteo o algo.
—No mientaaaas —se ríe.
—Vale, vale... ¿Cuáles quieres?
—Los que te di, de aviones.
—Oooh... ¿no quieres el tanga de la bandera británica?
—Nooooo, tú quieres que...me crean... yo que sé.
El escocés se ríe e igual le pasa los calzoncillos de aviones aunque son sus favoritos.
—Me gustas en estos calzoncillos —confiesa el belga, sonrojándose un poco porque tiene que desnudarse.
Escocia se sonroja también porque le ha dicho que le gusta.
—Ehm... voy a ponerme los calzoncillos... —anuncia, pero no se mueve, vacilando un poquito y mirándose a sí mismo.
—¿A dónde?
—A-Aquí, ahora.
—Ah, era un... anuncio.
—A-Algo así —se mete los dedos al elástico del calzón de mujer que trae puesto y las medias medio hechas jirones. Y se los baja sólo un poquito, porque... le da vergüenza que le vea desnudo.
Mientras que Escocia le mira con curiosidad.
—Ehm... no te... no empieces con lo del tamaño, eh —advierte, dándose un poco de vuelta e intentando taparse al bajárselos.
—¿Por? ¿No quieres probar?
—¿Probar qué? —pregunta y es que él se lo mira un poquito de reojo y no le parece ni pequeño ni grande ni nada... le parece sólo un pene que no asocia para nada con que sea suyo.
—Pues ver el tamaño —se encoge de hombros. Bélgica se lo toca con cuidado y es que es raro como pocas cosas sentir al tocárselo...
—Está frío... tengo frío. Quizás no me funcione y lo tenga atrofiado o algo así.
—Está frío porque tienes frío, estás medio desnudo y no eres un highlander.
—¡Qué voy a ser un highlander! —asegura —. Dios mío es que un poco más y las... bolitas… las voy a traer en la garganta con lo pegadas que están. Esto es RARÍSIMO.
—Eso he dicho, que no lo eres... a ver —se acerca.
—Sí, sólo confirmo lo que has dicho —da un pasito atrás y se sonroja.
—Ah, está bien que lo tengas claro.
—V-Vas a... —se espera a ver si le toca o qué.
—A ver...
Con dificultades y sonrojo, el belga quita la mano. Ahí van las de Escocia, menos temblorinas de lo que irían porque él tampoco acaba aun de ligar el pene con Bélgica.
—Con cuidado... —advierte poniéndose de puntas para alejarse un poco.
—Ya lo sé, ya lo sé.
—Pues es que no sé... yo... cómo seas tú de gay, quizás te va eso de ser bestia.
El británico se sonroja un poco y va de nuevo pero más retraído.
—Espera... —pide el rubio en un susurro, deteniéndole de la muñeca y mirándole a los ojos.
Escocia carraspea y se queda paralizado cuando Bélgica se le acerca con toda la intención de darle un beso mientras le mira a los ojos.
—Si vas a tocarme ahí, quiero que al menos antes me hayas dado un beso... no sea que pienses que soy chica fácil —susurra Bélgica con los labios casi sobre los suyos.
—Ah... ehm…
El belga se humedece los labios, porque... en parte entiende que debe ser raro besar a un desconocido. No, es que otra vez le da vergüenza al escocés.
—Me gusta más cuando te gusto... d-debe ser raro que... un desconocido quiera un beso... —susurra.
—¿Eh? ¿Desconocido?
—¿N-No es eso?
—Ehm... no, sé quién eres.
—Pero me veo rara...
—Yes.
—Pero no te importa... pero... no te gusto... —un poco agobiada.
—¿Eh?
—¿No quieres darme un beso? —aprieta los ojos.
Escocia se asusta un poco y se lo da, sorprendiendo a la belga. Levanta las cejas pero le relaja bastante el que el escocés sí le besara, así que le abraza del cuello y se lo devuelve.
Ahora sí con esto es que al pelirrojo se le parece más Bélgica. De hecho, él mismo rubio se siente más Bélgica así, más aún cuando cierra los ojos e inclina la cabeza y profundiza el beso. Y después de un ratito se separa repentinamente de golpe porque ha sentido algo raro.
Escocia se queda casi con los labios aun puestos.
—Eh... e-esto... y-yo... pe-perdona —Bel baja la cara y se mira las regiones vitales que sólo... es que han reaccionado un poquito.
—W-What?
—C-Creo que me ha gustado tu beso —se le recarga un poco.
—Ah... oh... ¡OH!
—Ugh... esto de tener un medidor visible es un poco...
—¿Un... qué?
—E-Esto... —se cubre un poco con una mano—. Es como un medidor de... temperatura.
—Ah... ¡AH! —lo mira y se sonroja.
—Ugh... ¡A ti también te pasa!
—¿El qué?
—Esto con... eso.
—Pues... ehm... sí, un poco.
—E-Entonces no me molestes... ¡No puedo controlarlo!
—¿Cómo que no?
—¡No si me besas así!
—¿Así como?
—Pues así de... así de bien.
—Oh —risita tonta y recibe un codazo. Bueno, más bien un codacito —, vale, vale.
—Quizás sea mejor que me vista —taaan indignado.
—¿Eh?
—Pues es que... no sé cómo usarlo y tú sólo... ¿Sabes? No —va a desabrocharle el pantalón y meterle la mano.
—¡Uah!
—¡Yo también puedo hacer que reacciones! Por más niño que sea.
—Ugh! P-Pero... y-ya lo sé.
—¿Ya lo qué? —pregunta Bélgica moviendo un poco los dedos ahí dentro, bien que te conocen, querido.
—¡Sé! ¡Sé! —intenta apartarse.
—¡Eh! ¿A dónde vas? —no le deja del todo.
—Pues es que... —respiración agitada. Bélgica sonríe y saca la mano de ahí.
—¡HA! ¡Tú también reaccionas!
—¿Y cuando he dicho que no lo haga?
—Has dicho que quizás no reaccionarías igual conmigo, y ya vemos que sí que lo haces.
—¿Lo he dicho?
—¿Pues en el coche no decías eso? —le mira confundido, y es que lo que ocurre es que no entiende.
—Pero no... ¡Así!
—¡¿No así cómo?!
—Pues con... la mano o así.
—¿Con la mano no? ¡Pues si acabo de verte que con la mano sí!
—¡Por eso! ¡No me refiero a eso!
—¿Entonces?
—Me refiero a... con la penetración.
—Ah... ¿sólo con eso? Bueno... siempre es un poco incómodo...
—Yes...
—Pero para mí lo sería igual. No es como que por ahí detrás... y bueno, justo dicen que los hombres y el punto ese G suyo está ahí con la próstata y no sé qué, no será que... —frunce el ceño, pensando. El pelirrojo le mira, esperando que siga —. Quizás sólo es falta de práctica.
—Well, de todos modos, cómo sólo va a ser cosa se hoy...
—Oh... ¿no me puedo quedar así para siempre? —bromea.
—¡No!
—Es decir... no te disgusto pero no te da igual...
—Es que... además es magia, no es permanente, si quieres algo permanente va a tener que ser el método normal de operación quirúrgica.
—No, no quiero. Sólo me hace gracia.
—¿El qué?
—Que digas que no así como si te estuviera proponiendo una cosa terrible.
—Pues es que... —se pasa una mano por el pelo, apartando la cara.
—¿Qué pasa? —pregunta con voz más suave, haciéndole un cariño en la cara.
—Anda, ¿vamos a salir o no? —trata de cambiar de tema, mira que es difícil que lo diga él que hay que ARRASTRARLE. Bélgica levanta las cejas, sorprendido con esto.
—S-Sí. Sí. Si quieres. Me pongo la ropa —responde vacilando un poco pero sin querer insistir por ahora.
El pelirrojo asiente. Aún así Bélgica no puede evitar mirarle algo preocupado mientras de sube los pantalones y se los cierra... con bastantes esfuerzos. Y es que el maldito culo... debe ser culpa de España. Termina por cerrárselos, sí, pero el culo y el paquete se le marcan un montón. Aprieta los ojos.
—Te... ¿vas a poder andar? —pregunta cuando lo nota —. Tengo unos de chándal si prefieres... o un pijama.
—No voy a salir en chándal... menos en pijama —da un paso —. Ugh. Aunque quizás así me vean todas las chicas.
—Y digan "ugh" como tú. Pero no subestimes una buena forma de empezar una conversación —le guiña un ojo y el belga se ríe.
—Preferiría una más convencional. Vale, pásame el estúpido chándal.
—Puedo prestarte el Kilt, sino.
—Y que se me congele y caiga para que así no te lo quiera meter por ningún sitio...
—Un plan perfecto —sonríe.
—Mira tú qué listo. Prefiero el chándal —se ríe otra vez. Escocia le busca uno y se lo pasa —. Así vestido vas a conseguir tú a las chicas antes que yo...
—Eso también forma parte de mi plan perfecto.
—Veo que te lo tienes muy pensado.
—Sí.
—Cómo cambiar de novia en cinco simples pasos: primero la convierto en chico, la invito a salir, le pongo ropa fea, salimos y yo atraigo a las chicas, me llevó yo a la otra chica recientemente atraída a la cama.
—Salvo por algunos pequeños detalles, suena bien.
—¡No! Voy a tener que enamorarte yo y espantarte a las chicas. ¡Les diré que eres gay y que te gusta que te den por culo!
—Ugh!
—Le daré toda clase de detalles —se muere de risa, yendo a abrazarle un poco.
—Aun así, me encanta que pienses que habrá chicas qué espantar —le abraza de vuelta.
—Ah, ¿qué no hay mujeres en Escocia?
—Claro que sí, pero en el norte follar no es pecado, es milagro —es que siempre consigue que Bélgica se muera de risa.
—Pues tú y yo hacemos un montón de milagros... —le da un beso rápido en los labios y da un paso atrás—. ¿Cómo me veo?
—Rarísima.
—¿Rarísima bien o rarísima "me da pena salir contigo a la calle"?
—Nah... bien.
—Bien. Mmmm... Voy a lavarme la cara y nos vamos... —declara yendo hacia el baño.
Escocia asiente, dejándole pasar.
Y se va a tardar un raaato en el baño sólo despintándose y peinándose que le guste, pero halaaaaa, al fin sale. Creo que Escocia se ha tomado una cerveza de mientras. Bélgica le encuentra en la sala, satisfecho al fin con su peinado. Se le planta enfrente como siempre que se arregla y suelta la clásica pregunta...
—Y bien... ¿cómo me veo?
Escocia levanta la mirada a él y la verdad es que como hombre es... más guapo que él. No tanto como Francia, pero más guapo que cualquier británico. Parece que venga del gimnasio, no de estar por casa con el chándal.
Bélgica se sonroja un poco porque aún como chico... quiere gustarle.
—B-Bien.
—¿Sí? —tan ilusionada. El británico asiente. Bel sonríe un poco y le extiende la mano —. Venga, llévame a bailar.
—A... bailar, vale.
Bel le da otro besito rápido en los labios y se relame porque sabe a cerveza. Sonríe al ver que esto hace sonrojar al chico de las pecas y se sonroja un poquito en espejo, tirando de él hacia la puerta. Escocia se deja llevar.
—Quizás ahora que soy yo el hombre de la familia...
—Oh, ¿lo eres tú?
—Claro, el macho alfa —bromea.
—Ajá... ¿Y qué vas a hacer?
—Ser el caballero de la casa —le abre la puerta.
—Oh, mira qué bien.
—Esto es raro... ¿Qué va a pasar si alguien me molesta en la calle...? ¿Vas a defenderme o a esperar que lo haga yo sola?
—Tú eres el hombre ahora, ¿no?
—Yo no voy a liarme a golpes —arruga la nariz, valorando el asunto un poco mejor —. No sé si me va a ir tan bien esto de ser el hombre de la casa.
Escocia se ríe.
—No me importa abrirte la puerta, pero... yo no voy a meter la cabeza al calentador a ver por qué no prende o a desarmar la plancha.
—No es como que puedas elegir qué partes del rol te interesan y qué partes no.
—Sí puedo —sonríe —. Porque tú no vas a hacer el rol mío.
—Ah, ¿no? ¿Por?
—¿Vas a cocinar y a recoger y lavar ropa?
—Pues lo hago siempre para mí mismo.
—Alba... fríes la pizza.
—¡Y me queda de rechupete! —tan orgulloso, haciendo reír al rubio.
—¡Eres un guarro!
—Naaah.
Bélgica se ríe, subiéndose al coche al lado de Escocia habiendo olvidado, claro, abrirle la puerta.
—Si tú fueras mujer... a quién... ¿Por cuál hombre irías? —le mira de reojo..
—¿Eh? ¿Qué quieres decir?
—Pongamos que fueras mujer... ¿quién te gustaría?
—No... lo sé —Francia.
—Pero... no sé. ¿Alguna idea? Te gustaría... yo que sé, ¿Germania? ¿O Roma como a todos? —frunce el ceño, pensando. El escocés arruga la nariz —, ¿Romano?
—Mmm... —sigue arrugando la nariz porque no tiene muy buena relación con él.
—America? —sonríe de lado porque es que no quiere decir Francia.
—¿Eh? ¿América?
—Estoy sólo recordándote todas tus posibilidades. Russia.
—Posibilidades súper macabras.
—Nah, sólo... bueno, quiero asumir que ninguno de tus hermanos, aunque quizás con Galles...
—What? Cymru?
—Yo creo que harían una bonita pareja...
—Antes con Eire, ¿no? Al menos es pelirrojo como mi madre.
—Oh... Antes con él, ¿de verdad?
—No? —ni le creas, sólo bromea.
—Claro con tu gusto por los pelirrojos...
—O con England, con ese amor-odio que nos tenemos.
—En realidad creo que quedarías bien con England...
Escocia hace un gruñidito así en plan sexy-sarcástico y el belga se ríe.
—Mmmm... ya en serio, seguro irías tras de Francia, y terminaría por no funcionar... como nunca nada funciona con él, así que... tendrías que buscar a alguien más.
El highlander se humedece los labios y calla... porque quien calla otorga.
—Y yo que esperaba que me dijeras "estaría contigo aún siendo mujer e iría tras de ti y haría que fueras lesbiana por mí" —bromea un poco... o más o menos.
—¡No me diste esa opción!
—¡Debías pensarla tú solito! —esas cosas de mujeres. Bélgica eres un muy mal hombre.
—¡No! Tú dijiste "con qué hombre" y luego me liaste con esas atrocidades con mis hermanos.
—Tsk tsk tsk... aún no aprendes. Te gano al juego de "nunca vas a decirlo bien" aún siendo YO un hombre —se muere de risa.
—¡Pues no vale si cambias las reglas a tu conveniencia!
—Bueno y... ¿Estarías conmigo?
—Seguramente. O con otra chica, seguramente sería lesbiana.
—¿De dónde sacas eso? ¿Por qué? Es decir, no me molesta la idea... aunque no sé... bueno, no sé, qué haría si fueras chica, costaría más trabajo.
—Es... una impresión. Aun no me gustan los penes de otros tíos —se encoge de hombros.
—Es que para alguien que cuya única otra relación seria existente es con un hombre... eso es un poco difícil de creerse.
—Lo que pasa es que tampoco me gustan las personas. Y eso no fue serio.
—Te gustan las Bélgicas —sonríe.
—En realidad, sólo una —tan tierno. Bélgica estira la mano y le toca la mejilla con suavidad.
—Me alegra
—Pues es que muchas también agobian.
—Creo que con una basta... aunque otro día con tu magia podrías hacer cuatro Bélgicas.
—¡Cielos! —pone de cara de "¡cierto!". El rubio se ríe —. Si un día me dejas, me haré una de cañas y barro.
—¿Una Bélgica? Eso es lo más lindo que has dicho... creo que nunca.
—¿L-Lo es?
—Aunque en realidad... bueno, me preocupa que siempre dices lo mismo "si algún día me dejas"... eso no debería preocuparte.
—Supongo que hay una línea muy fina entre la dulzura y la psicosis.
—Psicosis... ya, bueno, no creo que vayas literalmente a hacer una de cañas y barro. Lo que pienso que quieres decir es que si algún día te dejo me extrañarás tanto que querías hacer una como yo, ¿no?
—Eh... sí, exacto —risa nerviosa.
—Ehm... confieso que suenas preocupantemente poco convincente...
—Nah... naaah…
—Pero a mí me preocupa más lo otro. Porque siempre lo sacas, "cuando me dejes"... ¿es como algo británico o qué? Siento que tus hermanos viven con ese agobio también.
—Bueno, sabemos que no somos personas fáciles —se encoge de hombros.
—Pero como todos los demás... es que yo nunca he pensando que vas a dejarme —apunta riendo.
—¿En serio?
—Pues… ahora me haces sentir mal por ello, pero no... lo que no quiere decir es que no pueda pensar objetivamente que quizás algún día nos separemos, la gente cambia con el tiempo, pero no, no es algo en lo que he pensado. "¿Qué voy a hacer si Alba me deja?"
—Eso es porque tú eres... sabes que no hay peligro.
—Pues justamente tú a estas alturas deberías estarlo también... bueno ahora que soy hombre y me puedo ligar a una mujer despampanante de lo guapo que estoy, quizás no tanto, pero de manera normal deberías estar totalmente seguro de que no voy a dejarte —le da un golpecito en el pecho que resulta ser menos suave que de costumbre.
Escocia se ríe y Bélgica le sonríe también, mirando por la ventanilla y notando que, ya deben estar por llegar dado que la zona ya empieza a parecer de discotecas, con gente por ahí caminando.
