CLI

Dos años, seis meses y seis días luego de la desaparición de Henry

(continuación)

Es posible que esta sea la última vez que escriba en mi diario. No es mi intención, claro, pero…

Pero dentro de una hora iniciaremos el «operativo rescate», como me explicó papá. Iremos papá, mamá, Jonathan, Nancy —a quien Jonathan ya ha puesto al tanto de todo hace un par de años—, Robin —la amiga de Steve— y yo.

Will se quedará a cuidar de Poe. Ya me despedí de él: lo acaricié largamente y besé su cabecita repetidas veces, hasta que él mismo lo consideró suficiente y se apartó de mi regazo. Está bien: espero volver a casa y poder molestarlo de vuelta.

En cuanto a Kali y al Dr. Owens, ninguno nos acompañará.

El científico, después de todo, no es hábil con las armas y papá considera que solo será «un estorbo», mientras que Kali considera que esta no es «su batalla». No puedo culparla por priorizarse, en especial cuando ya me ha ayudado a recuperar mis poderes (sin mencionar que sus habilidades son más bien mentales, apoyadas en lo psicológico).

Así que se despidió de mí con un fuerte abrazo, y me aseguró que yo prevalecería. La confianza de Kali en mí —así como la de todos los miembros de mi familia— me da fuerzas.

Otra persona que vino a verme para despedirse de mí fue Max. Ella, por supuesto, lo sabe todo, y está bastante enojada por no ser incluida. Desafortunadamente para ella, soy yo quien no quiere que vaya. Es más: iría por mi cuenta si pudiera, pero no puedo negar que necesito ayuda (además de que no hay manera de disuadir a papá, mamá ni a Jonathan de acompañarme). Además, todos ellos saben manejar armas; ese no es el caso de Max.

—Voy a dejar de hablarte para siempre si no vuelves.

La contradictoria amenaza de Max me causó bastante gracia, pero le prometí que no tendría razón para preocuparse: la única manera en la que puede terminar todo hoy es conmigo de vuelta. Sí, nada de pensamientos lúgubres: estaré de vuelta tras haber rescatado a Steve.

Y… a Henry.

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Por supuesto que no hay manera de que la promesa de Eleven —con todo y lo bienintencionada que es su amiga— sea suficiente para tranquilizarla.

No, claro que no: ahora que sabe que su amiga ya debe encontrarse en la otra dimensión, Max está que camina por las paredes. Bueno, su tráiler es muy pequeño, así que en realidad está caminando sobre el césped, pateando cuanta latita vacía encuentra a su paso.

—¿No quieres ver una película o algo? —le pregunta Billy desde la puerta del tráiler, obviamente preocupado por su hermana menor, aunque no comprenda qué ocurre.

Las palabras de preocupación de su hermano la conmueven. En especial si recuerda el papel de Eleven en reparar —¿o construir, para empezar?— este vínculo entre ambos.

—Estoy bien. —Le ofrece la mejor sonrisa de la que es capaz—. Solo tengo un examen importante mañana —miente.

—¿Y entonces no es mejor que estudies o algo? —replica él.

Max enarca las cejas y lo mira como si estuviera mal de la cabeza.

—¿Acabas de decirme que estudie? ¿, Billy?

Con una mueca y un encogimiento de hombros, Billy reconoce la negativa por lo que es y retorna al tráiler.

—¡Y ponte una camisa! —le grita Max.

Una risotada es toda su respuesta.

Max sacude la cabeza, una sonrisa afectuosa en su rostro.

Y entonces escucha los pasos detrás de sí. Su mamá no debería estar de vuelta aún. Entonces, ¿a qué se debe que…?

Las palabras se le quedan atoradas en la garganta al voltear y ver de quién se trata.

Sus manos cruzadas —puede saberlo incluso sin verlas— detrás de su espalda. Su sonrisa inescrutable. Su cabello rubio.

Sus ojos de un azul más profundo que los suyos.

—Tú…

Henry ladea la cabeza en ese gesto tan característicamente suyo.

—Buenas noches, Maxine. ¿Podría robarte unos minutos de tu tiempo?

Claro que este tipo se aparecería así, como si nada hubiese pasado.

Como si no le hubiese roto el corazón a su amiga.

Max se fuerza a esbozar una sonrisa y entorna los ojos al responder:

—Claro que sí. Pero primero…

Y antes de que Henry pueda reaccionar, envía el hombro hacia atrás y le asesta un puñetazo en la cara.