Sumario: Atrapada en un mal matrimonio, sacrificando todo a cambio de nada. Algo cambió en Hanji cuando su esposo le propuso «abrir el matrimonio» para que no cuente como infidelidad, entonces algo se rompió dentro de ella. Lo que menos hubiera imaginado Hanji era que su esposo abrió una puerta, rumbo a una vida sin él, mientras al otro lado alguien la estaba esperando.


Capítulo 09: El poderoso Ackerman


Tal como Levi había previsto, la puerta de su oficina se abrió y, como si fuera el dueño del lugar, entró Smith Erwin yendo directamente hacia la barra para servirse una copa de whisky agregando unos cubos de hielo.

Después, con toda la calma del mundo, se sentó en un sofá cercano, mirando cómo Levi trabajaba en silencio en su programa de arquitectura, sin mostrar que ha reparado en la presencia del rubio.

Levi guardó el trabajo que estaba realizando y desvió la mirada azul gris hacia Erwin, al parecer queriendo escuchar lo que sea que su amigo querría decirle.

—¿Y ahora... quién fue?— preguntó Erwin en tono de regaño. —¿Al menos tuviste la decencia de preguntar su nombre?

Levi frunció el entrecejo.

—¿De qué mierda hablas?— replicó el Ackerman soltando un chasquido de fastidio.

—Supe de tu éxito en la licitación.— dijo en respuesta Erwin. —Y bien sabemos que, días antes de una presentación, te pones tenso y tienes tu... peculiar forma de quitarte el estrés.

Levi no refutó y aquello hizo sospechar a Erwin. El «Levi anterior» le hubiera salido con un comentario cínico tipo «A quién le importa el nombre, lo que importa es que no desee algo a largo plazo.»

Levi dejó a un lado el plano en el cual estaba trabajando y prefirió cambiar el tema.

—Te tengo un cliente...— dijo Levi, como si estuviera hablando del clima. —Es para una amiga que necesita tus servicios legales...— Erwin arqueó una ceja en señal de suspicacia. Cuando se habla de sí mismo suele decirse «es un amigo». —Necesita presentar una demanda de divorcio y es altamente probable que su esposo no esté dispuesto a concedérselo.

—¡Demonios, Levi!— acusó Erwin, como un padre que hubiera descubierto a su casta hija en la cama con un malandro. —¿Acaso te has involucrado con una mujer casada?

—Tsk... Imbécil.— respondió Levi, esquivando tácitamente la respuesta.

—¿Y estás seguro que quiere divorciarse?— preguntó Erwin con evidente sarcasmo. —¿Puede ser que, a ti el señor cínico de aventuras de una sola noche, te hayan engañado con una falsa promesa de divorcio?

Levi se contuvo de refutar. Odiaba que todos juzgaran a Hanji así tan simplemente sin darse siquiera un segundo de conocerla.

—Si empiezas con prejuicios, buscaré a otro abogado.— soltó Levi sin un astibo de sonrisa. Erwin pareció entender que el asunto sí era serio para Levi a tal punto de no aceptar ningún comentario en contra de la susodicha. —Ahora, si no te importa, seguiré con mis proyectos.

El rubio odió esa sensación de haber herido la integridad de una desconocida, pero en su profesión legal ha encontrado tantos engaños y él quería evitar que Levi cayera en una estafa de esposos.

—Necesito antecedentes de mi cliente, su Número de Identificación, causales de divorcio, pretensiones, si tienen bienes en común o hijos y que firme una autorización de representación legal para actuar en su nombre...— indicó, dándole un sorbo a su vaso.

Levi estuvo a punto de soltar la información que recordaba de la investigación de Kenny, pero reflexionó que aquello era mejor que Hanji se lo dijera.

—Puedo coordinar una cita con ella.— respondió Levi, sin despegar la mirada de su programa.

—Me parece perfecto.— indicó Erwin. —Estaré en mi despacho en la tarde.

Levi observó la hora en su computador. Hanji estaría en la Clínica Kenko para devolver el uniforme y agradecerle a Uri por su consideración.

—Cuando ella esté disponible te avisaré.— indicó Levi.

Erwin estuvo a punto de decirle que Levi parecía ser la secretaria de aquella misteriosa mujer, pero prefirió abstenerse porque notó que su amigo parecía bastante sensible respecto a ella.

Va a ser interesante conocer a la mística fémina que ha conseguido un cambio tan notable en Ackerman Levi.

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Hanji observó cuánto cambió la infraestructura de la Clínica Kenko desde que ella realizó las prácticas hace más de dos años. Antes las paredes se veían pálidas, las señaléticas lo suficientemente visibles y una pizarra era la guía informativa para todos los usuarios.

Ahora no solo las paredes habían recibido un adecuado mantenimiento. Las señaléticas eran claras, diferenciando el área administrativa de la médica. Sonrió al notar que el área de Emergencia no había sido cambiado de zona, pero sí parecían haber agregado nuevos pisos para las zonas gerenciales.

Utilizó el ascensor de la derecha para presionar el botón que la llevaría al último piso.

A los pocos instantes el ascensor del lado izquierdo se abrió, dejando salir a una pelirroja seguida de otro.

—¿Será cierto lo que dijo Weilman-sensei?— preguntó Nifa, sin buscar precisamente una respuesta, sino más bien emocionada por la propuesta.

—Bueno, es obvio que tendrá que jubilarse pronto.— razonó Moblit. —Así que tendremos que poner todo nuestro esfuerzo en Neurología e Infectología. No podemos fallar.

Nifa asintió, haciendo un puño con su mano derecha y chocándola con Moblit.

Unas enfermeras pasaron cerca de la pareja y los saludaron con una leve reverencia.

—Berner-sensei.— dijeron en grupo antes de continuar con su camino.

—¿Qué tienes pendiente?— preguntó Moblit, preocupado por ella.

—Por ahora nada, ya está renovada la residencia. ¿Y tú?

—Envié el borrador de mi caso clínico.— dijo Moblit con cierto temblor en la voz. —Espero que tenga la mínima cantidad de errores posibles.

Nifa miró a Moblit, con la evidente preocupación en su mirada.

—¿Estás seguro de seguir Infectología?— preguntó ella. —Es altamente riesgosa...

—Conozco perfectamente la proxilafis posexposición.— respondió Moblit aprisionando la mano de Nifa. —Y la Clínica Kenko está altamente equipada para un tratamiento inmediato en caso de exposición ocupacional con su correspondiente kit de medicación por los veintiocho días.

—Bueno, en esto la Clínica sí se encuentra completamente abastecida.— Nifa tuvo que admitir. Luego pareció recordar, como siempre, a su amiga faltante. —A ella le hubiese encantado ver cómo se transformó este sitio bajo la dirección de Reiss-sensei.

—Solo queda seguir rezando porque se encuentre bien.— murmuró Moblit. —Y seguir rogando porque podamos encontrarla.

Pero no era una investigación a la que pudieran dedicarse todo el día, con la exigente malla académica en la que se encontraban apenas tenían tiempo para ellos mismos.

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Cuando Hanji llegó al último piso notó a una joven rubia revisando unos documentos frente a la portátil. Hanji creyó que aquella joven era la secretaria de gerencia y carraspeó un poco para llamar la atención.

—Buenos días...— dijo Hanji siendo observada por unos ojos azules claro que parecieron analizarla tan profundamente en una sola mirada. —Estoy buscando a Reiss Uri. De parte de Zöe Hanji.

La otra ni siquiera contestó el saludo, solo levantó el intercomunicador.

—Uri-san. — dijo la rubia pero fue interrumpida de inmediato.

—¿Annie? ¿Qué estás haciendo ahí?— se extrañó Uri de la presencia de la rubia. —Si tu padre se entera...

—Solo estoy reemplazando a Riko durante un par de horas porque tuvo una cita médica.— dijo ella con un deje de sarcasmo en sus siguientes palabras. —En cinco minutos se cumple el plazo y no podrá usar de pretexto el tráfico para llegar tarde porque su cita médica es aquí mismo.

Uri suspiró profundamente del otro lado.

—Preferiría que no hables con tu padre de esto. Ahora mismo no tengo cabeza para cualquier problema...— replicó Uri.

Annie miró brevemente a la mujer frente a ella, pareciendo analizar si la despachaba. Al final decidió que fuera Uri mismo quien se negara a recibirla.

—Hay una mujer aquí. Zöe Hanji.— dijo la rubia.

Uri se mantuvo en silencio unos segundos.

—Que pase, por favor.— dijo el médico, quien parecía más preocupado por otro tema. —Y que tu padre no se entere de esto.

Annie asintió. No hubiera aceptado de hacer este favor a Riko si no fuera porque necesitaba dinero para comprar un regalo para el chico que le gusta. Y no podía pedirle dinero a su padre porque luego empezará a interrogar quién demonios era el desafortunado.

—Pase.— dijo la rubia casi como si fuera una orden.

Hanji agradeció y se dirigió a la puerta que tenía el nombre de Reiss Uri. Sus ojos de manera involuntaria se dirigieron hacia las escaleras cercanas notando que había otro piso adicional el cual ella no había visto en el ascensor.

Se olvidó de aquello al momento de tocar la puerta y recibir como respuesta un «Adelante.»

En la elegante sala gerencial Uri se encontraba revisando documentos y levantó la mirada. Sus ojos inusualmente violáceos la observaron y esbozó una débil sonrisa.

—Señorita Zöe.— saludó Uri levantándose y haciendo una leve reverencia hacia la fémina. —¿A qué debo el honor de tu presencia?

Hanji respondió el saludo con la misma breve reverencia, extendiendo al mismo tiempo el paquete en el cual se encontraba el uniforme.

—Quería agradecer por su amabilidad y tiempo, pero lastimosamente no podré realizar las prácticas...— dijo Hanji, intentando que su voz no sonara temblorosa. —Lo más probable es que asista a una universidad en el exterior...

Uri tuvo tantos pensamientos en un solo instante.

Hanji se iría al extranjero. Levi la seguirá. Se apartará de los tóxicos hermanos Ackerman. Y Uri hubiera dado toda su fortuna para también huir junto a ellos, pero dudaba que a Levi le agrade su compañía, seguramente lo sentiría como un tío fastidioso y entrometido, o espía de Kenny.

—Señorita Zöe... ¿Estás segura de ello?— preguntó Uri. —Aún cuando decidas asistir a una universidad extranjera, vas a necesitar un uniforme. Si es por el logo puedo requerir al Taller de Costura que te facilite más uniformes de su talla pero sin el logo de esta clínica.— Hanji no supo qué responder ante aquello, por lo cual el médico continuó hablando. —¿Por qué no tomas asiento y analizamos mejor sus opciones académicas?— preguntó Uri, pensando que si Kenny ha fracasado en convencer al decano de la facultad de medicina, entonces él usaría sus propios contactos en otras universidades de Japón.

Hanji se sonrojó ante la idea de sentarse. No es que le doliera precisamente su trasero, pero tomar asiento le hacía ser consciente de lo de anoche, aunque Levi fue bastante considerado y atento con ella posterior al desfogue sexual. Sacudió mentalmente aquellos recuerdos porque no era el momento para eso.

—Yo... Pues...— Hanji buscó las palabras para poder expresarse sin ofender al amigo de Levi y sin desear causarle más molestias. —Al parecer tengo problemas en la admisión a la carrera. Voy a solicitar la malla para continuar en el exterior la carrera. No quisiera causarle más molestias o pérdida de su tiempo...

Uri esbozó una sonrisa.

—Como diría mi amigo Kenny: «Yo no pierdo tiempo. Invierto.»— indicó el médico. —Señorita Zöe, en la entrevista que tuvimos noté un gran potencial médico. Y soy plenamente consciente de la exigencia física, mental y económica que requiere de nuestra profesión. Así que, si me permites, quisiera poder brindarte todas las facilidades posibles para que te concentres únicamente en llegar a tu máxima capacidad profesional y poder llamarte en un futuro cercano «colega.»

Hanji volvió a sonrojarse con mayor intensidad, usando el paquete del uniforme como escudo protector para taparse el rostro, sin saber cómo responder ante aquella oferta.

—Presiento que eso es lo que Levi ha visto en ti.— continuó hablando Uri. —Al igual que yo, que tampoco tuve nada para empezar, Levi no tuvo un inicio profesional fácil y desde la nada se formó en el exitoso arquitecto que ahora es. Es inevitable no reconocer en ti ese temple, capacidad y determinación por seguir su carrera profesional deseada.

Hanji asintió, haciendo todo su esfuerzo para no llorar.

—Muchas gracias, Reiss-sensei.— dijo Hanji, aprisionando más el uniforme contra sí misma, en una muda señal de aceptar el uniforme. —Daré todo mi esfuerzo para retribuir esa confianza que Levi y usted tienen en mí.

—Podemos comenzar con que me llames por mi nombre, señorita Zöe.— le respondió Uri, satisfecho al verla aceptar el uniforme. —Hace tantos años que dejé de ejercer la enseñanza y, viniendo de alguien tan joven como tú, me hace recordar aquella dura etapa... Me temo que no tengo la paciencia para ser profesor de medicina.

De hecho, analizó Uri para sí mismo, si su hijo hubiera estado vivo y hubiera elegido la carrera de medicina, sería dos años mayor a ella y quizá estuviera realizando su especialidad. Pudo ocultar perfectamente aquel fugaz dolor y se concentró en la reunión con Hanji. Iba a facilitarle los contactos de otros decanos de medicina cuando la puerta de la habitación fue abruptamente abierta, ingresando Kenny junto a otro hombre de mediana edad.

—Señorita Zöe.— saludó Kenny, analizando a la mujer por la cual su amado sobrino se atrevió a amenazarlo y lanzarle tremenda advertencia. No podía evitar sentirse resentido con ella, deseando poder equivocarse en su presentimiento, pero algo dentro de sí le gritaba que Zöe Hanji iba a agitar completamente la vida de Levi.

Y Kenny no quería ver sufrir a Levi. Se lo juró cuando su sobrino, siendo adolescente, había salido de su primera cirugía para eliminar las cicatrices. Levi no lo había escuchado en ese entonces, anestesiado como estaba.

Kenny amaba a Levi como si fuera su hijo, habiéndose peleado de por vida con Kuchel por criarlo y formarlo como un hombre de bien, para que no fuera un maldito codicioso como el bastardo y vago de su padre que nunca disimuló sus ansias de riquezas y poder.

Gracias a los cielos que su unigénita nunca resintió el cariño que Kenny sentía por Levi. Pero bueno, su hija era aún una niña que fue criada muy bien por Traute y supo guiarla de manera adecuada, lo suficientemente fuerte para no dejarse intimidar por nadie y lo idealmente inteligente para no ser una mocosa caprichosa.

—Señor Ackerman.— respondió Hanji al saludo e hizo otra leve reverencia hacia el acompañante. —Señor...

—Koslow...

—Es el Director Académico de la Facultad de Medicina.— Kenny ofreció un asiento a Hanji quien no tuvo más reparo que sentarse.

Kenny llevó otra silla junto a Uri y se sentó, como si estuviera dirigiendo una junta directiva y exigiera a un trabajador respuestas ante un error administrativo. Bueno, básicamente así lo veía Kenny. Un error administrativo que podía alejar a Levi de su vida, y eso era algo que él no iba a permitir.

Le pasó de inmediato el listado de los estudiantes a Uri y con la misma celeridad le entregó un bolígrafo y una hoja a Koslow, quien no entendía el por qué Kenny le daba aquello para escribir, como si el Decano fuera su secretaria particular.

—Como te indiqué con anterioridad.— Kenny dominó la charla con su habitual tono autoritario. —Desde que hice la inversión en esta Clínica he deseado lo mejor de lo mejor. El prestigio está siempre en la mira y no estoy dispuesto a arriesgarlo.

Uri notó que en el listado de aspirantes no se encontraba el nombre de Hanji. Soltó un suspiro silencioso y deseó no estar haciendo mal al confiar ciegamente en Kenny.

—¿Está seguro que es el listado de los mejores estudiantes de su facultad?— preguntó Uri.

—Por supuesto.— de inmediato refutó Koslow, tratando de no mostrarse ofendido. No podía perder el Contrato de Pasantías con la Clínica Kenko por nada del mundo, y Kenny fácilmente podría malinterpretar cualquier gesto. —Siempre estamos con la documentación actualizada...

Kenny levantó la mano, interrumpiéndolo. Presionó el botón de intercomunicador.

—¿Ackerman-san?— indagó en voz alta la voz de una mujer que Hanji no reconoció.

—Riko, facilítame los registros de la antigua administración de la Clínica Kenko que te solicité anteriormente.— dijo Kenny.

—De inmediato.— respondió la mujer.

La puerta fue tocada y se presentó una mujer de cabello rubio platinado y corto, vestida con uniforme ejecutivo, llevando un gafete en su blusa en el cual se leía «Brzenska Riko, Asistente de Gerencia.»

Entregó una carpeta violeta y gruesa que Hanji identificó como los registros de personal en la cual hace años los pasantes firmaban las entradas y salidas de manera manual. Al parecer habían consolidado un expendiente con los datos de ella.

Kenny revisó la carpeta, notando los registros de Hanji, información personal, datos de su domicilio (dedujo que era la dirección cuando ella estuvo soltera porque la esa dirección no coincidía con la que Dyuran le había informado) y copias de las notas académicas. Un retorcijón se formó en la boca del estómago de Kenny como un reproche por haberse equivocado, al menos en la parte en que pensó que Hanji era una idiota títere de Zeke.

La muchacha era más que inteligente y no hubiera necesitado ser manipulada por nadie para sobresalir en la vida. Sus notas académicas, más que sobresalientes, le habían conseguido una beca del ciento por ciento en la carrera de medicina. Era entonces tan cierto que, por el fallecimiento de sus padres, ella desistió de sus estudios, pues solo una razón poderosa pudo haber derrumbado a una persona, porque nadie era tan imbécil de perder una beca total en una carrera tan costosa.

—No veo en el listado el nombre de Zöe Hanji.— Uri le devolvió la lista a Kenny, notando que su amigo estaba impactado e inmóvil con la información sobre la capacidad intelectual de Hanji.

El Director Académico anotó de inmediato el apellido y nombre que había salido de la boca de Uri.

Y Kenny retomó de inmediato el control de la situación.

—Me extraña que en sus registros no tenga el nombre de una estudiante tan valiosa.— Kenny replicó en un tono de voz que esperaba que sonara lo suficientemente decepcionado. —Tengo entendido que ella es estudiante de la facultad que usted dirige.

—No tengo conocimiento...— dijo débilmente Koslow dejando de escribir. —Apenas tengo en el cargo...— su voz volvió a apagarse. No podía usar pretextos o quedaría como incompetente ante los gerentes de la Clínica Kenko. Carraspeó y se disculpó unos instantes, tomando su celular y pidiendo permiso para salir unos minutos y hacer una llamada a su secretaria.

—Tome su tiempo.— Kenny pareció autorizar la ausencia, viendo que el hombre se levantaba y salía de la oficina, llamando desde su celular. El Ackerman no pudo evitar la sonrisa de superioridad que de inmediato se cortó al oir la voz de Uri, quien había tomado el expediente de Hanji.

—Estabas a nada de la graduación, señorita Zöe. Según observo aquí, tu registro de prácticas está casi completo.— observó Uri. —No me queda la menor duda que pronto podrás ingresar a un postgrado de neurocirugía, hasta la subespecialidad... Te esperan seis años de intenso trabajo y estudio.

Kenny pareció sentir que, de manera indirecta, Uri le dijo el tiempo aproximado que Levi se alejaría del país si no conseguía que Hanji se mantuviera en Japón. No pudo decir nada al respecto porque Koslow ingresó con un firme paso a la oficina.

Hanji notó que su celular vibró por una notificación de mensaje de correo. El asunto indicaba «FE DE ERRATAS.»

La voces de los hombres parecieron un eco lejano mientras ella leía el correo informativo de la universidad en el cual presentaba las disculpas por el correo anterior de «SOLICITUD RECHAZADA», pidiendo que considere que ese correo queda insubsistente, indicando así mismo que la información correcta era la indicada en los siguientes párrafos, informando que se encuentra inscrita en el último módulo de la carrera de medicina general, con los requisitos a presentar previo a su graduación, recordando además que debe realizar el examen de su licencia médica.

El alivio que sintió Hanji fue tan poderoso que hasta sintió marearse.

—Bueno, la Señorita Zöe Hanji también iniciaría de inmediato su especialidad.— Uri dio la pauta para que ella expresara sus deseos.

Hanji miró a los hombres, volviendo a concentrarse en la reunión.

—Neurocirugía.— respondió de manera automática, como si aprovechara la oportunidad de oro en la que un genio le estuviera concediendo un deseo anhelado.

El Director Académico asintió.

—Señorita Zöe, le aseguro que tiene su plaza en la siguiente apertura de cupos para Neurocirugía.— aseguró Koslow, pensando para sí mismo que hablaría personalmente con el Subdirector de Docencia para ello. —La residencia...

—Obviamente la realizará aquí.— dijo Kenny en su habitual tono de mando. —Le recalco que quiero lo mejor de lo mejor, no espero menos de sus estudiantes.

Lo que pudiera haber sonado como sentencia de muerte para otros, para Hanji sonó a la liberación total del control de Zeke. Ahora sí no existía nada que evitara que retomara su carrera de medicina y cumpla con su único propósito en la vida.

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Levi no pudo evitar sonreír al ver el mensaje de invitación a comer que Hanji le hacía, agregando íconos de corazones morados, pasándole la dirección de un restaurante que tenía entre sus opciones comida internacional. Le confirmó que aceptaba su invitación.

Aquello le hizo más ligera la tarde y sintió que el tiempo se pasó tan rápido mientras avanzaba el proyecto actual.

Ya a la hora de su salida, se despidió de Petra y se fue directo al restaurante.

Estuvo buscando con la mirada a Hanji y la encontró al poco tiempo, revisando el menú. Ella sonrió mientras le pedía ayuda a Levi para decidir entre las diferentes pastas italianas.

—¿Algo que celebrar?— preguntó Levi luego de ordenar para los dos.

Hanji asintió, aprisionando la mano de Levi por encima de la mesa.

—Tu tío Kenny es espectacular.— fue lo que ella dijo con verdadero entusiasmo. —Aunque es bastante feroz, me daría miedo tenerlo de enemigo.— Levi sintió que la sonrisa se le congelaba. Hanji creyó que había dejado a Levi sin palabras, así que se apresuró en aclarar la situación, sin poder evitar reír ante sus recuerdos. —Logró que la universidad enviara un correo electrónico de disculpa y que fuera admitida nuevamente en la carrera de medicina, en el último módulo. Remitieron todos los requisitos. ¡Estoy oficialmente inscrita!

Hanji le pasó el celular en el cual estaba esa información.

Levi tomó de manera automática el celular, mientras leía el correo sintió que el aire regresó a sus pulmones. Así era el Ackerman Kenny que él admiraba desde su niñez, con sus métodos pocos convencionales y cuestionables, como cuando él era un niño y estaba demasiado lastimado tanto física como emocionalmente, habiendo perdido hasta las ganas de comer. Uri intentó todo para que Levi comiera, incluso inyectándole un medicamento para estimular su apetito. En cambio Kenny, siendo muy intimidante para un niño, le había ordenado directamente comer hasta ver su propio reflejo en el plato.

De manera automática Levi cumplió la petición y su cuerpo aceptó el alimento. En ese entonces Levi pareció creer que todo estaría bien si seguía a ciegas las órdenes de Kenny, así que no cuestionó y solo obedeció en silencio cuando Kenny le ordenó que empacara sus cosas y se fuera al extranjero.

Y luego le ordenó que terminara sus estudios.

Y después que eligera una carrera.

Y más tarde que formara su propia empresa.

Básicamente había seguido a ciegas cada orden de Kenny y le había funcionado. Hasta que estúpidamente Kenny acusó a Hanji de ser una espía.

Pero ahora lo estaba arreglando.

— Muchas gracias, Levi.— dijo Hanji sacando al hombre de sus pensamientos. —Te prometo que estarás orgulloso de mí. Y aunque deseo que nunca tenga que atenderte, si tu vida llega a estar en mis manos, haré hasta lo imposible para salvártela.

Levi no pudo evitar la risa espontánea ante la efusividad de ella.

—También espero nunca necesitar de tus servicios, en especial si eso significa que tienes que abrirme la cabeza.

Hanji sonrió sin poder evitarlo.

—La neurocirugía no solo implica el cerebro, también abarca la columna vertebral y el sistema nervioso.— reflexionó ella en voz alta. —Y realmente desearía nunca tenerte como paciente...

—Sé que si por alguna jugada del destino mi vida dependiera de tus manos.— replicó Levi. —...estoy completamente seguro que serías capaz de traerme de vuelta, incluso arrebatándome de la misma muerte.— Aquello hizo lagrimear a Hanji, sintiendo una punzada en el pecho que ella no sabría discernir si era emoción o dolor. Levi le pellizcó la barbilla para evitar que ella derramara lágrimas profundas por supuestos escenarios. —Quizá puedas ayudarme con los extraños dolores de cabeza que suelo tener...

—Es cierto.— razonó ella. —¿Te dan posterior a un estrés?

Levi asintió.

—Solía tomar dos aspirinas de 500 miligramos.— recordó Levi. —A veces solo una cuando no tenía más pastillas.

—La automedicación no es buena.— recordó Hanji. —¿Aparte de eso alguna otra forma de quitarte ese dolor?

Levi sintió que el rostro se le calentaba.

—Uh...sexo.— admitió, mirando la copa de agua que estaba en el lado de su mesa.

Hanji asintió, sin darle mayor importancia al pasado de Levi. Además no tenía derecho a reclamar nada, siendo ella la que estaba casada.

—Lo noté.— atinó a decir en cambio, de manera distraída, pareciendo recordar un momento en especial. —Después de dejar la maqueta en el Auditorio, esa noche...— Se sonrojó al rememorar la forma en que Levi simplemente la tomó contra la pared del departamento apenas habían cerrado la puerta. Había sido bastante apasionado, sin muchos preliminares, y al mismo tiempo había sido tan excitante. ¿Acaso era posible que dos personas fueran altamente compatibles en el sexo y siempre sus encuentros fueran tan... deliciosos? Hanji no podía pensar en otra palabra más adecuada para describir la intimidad que compartía con Levi. Sentía que empezaba a excitarse de solo recordar el placer, así que trató de concentrarse en la salud de Levi. —Quizá podría requerirse a un neurólogo.— consideró Hanji. —Apenas tenga las facilidades correspondientes podríamos solicitar pruebas de imágenes...

Levi entrelazó los dedos en la mano de Hanji.

—Entonces, ¿me aceptas como tu paciente?

Hanji asintió.

—Esperemos que tu problema de salud no sea lo suficientemente grave y pueda tratarte adecuadamente cuando tenga la especialidad terminada.— agregó ella.

En el aire quedó tácitamente el acuerdo que, si parte del tratamiento de Levi era el sexo, Hanji podría darle ese particular y exclusivo trato.

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Terminando su jornada laboral, Uri no pudo evitar abrir la parte posterior de su tablet y buscar en el cuero de protección la foto del bebé rubio que había tomado del escritorio de Kuchel. No sabía si ella iba a notar esa falta. También lamentaba no poder llamarla para averiguar sobre su estado, aunque lo más probable es que tuviera una ligera resaca y se la pasara recostada todo el día.

Uri le había dado instrucciones a la ama de llaves para que le diera un consomé y bastantes líquidos hidratantes. La anciana era la única mujer que había soportado tantos años junto a los Ackerman, aunque Kuchel nunca fue cruel con el personal de servicio (solo lo era con su «familia», «amigos» y a los que ella consideraba «amenaza») así que en ese sentido Uri sabía que Kuchel aceptaría lo que la ama de llaves le llevaría.

Acarició la imagen del pequeño rubio, cuyos ojos violáceos parecía estar fijos en él, de mejillas pequeñas e hinchadas, con unos finos labios que parecían querer esbozar una sonrisa hacia el padre que nunca llegó a conocer.

—Mi hijo...— murmuró Uri para sí mismo. —Hubiera deseado tanto... poder protegerte...

Guardó la imagen en su tablet, ahogando el desgarrador grito de dolor que quería salir desde su sangrante alma.

Quizá ese dolor es lo que tenía que cargar por el resto de sus días, por haber sido tan cobarde e imbécil.

Recordó la mirada dolorosa y las brillantes lágrimas asomarse en los ojos de color azul gris de Kuchel cuando, en aquella primera y única mañana juntos, él le había dicho que aquello fue un error.

Orgullosa y herida, Kuchel se levantó sin cubrirse con la sábana, su desnudez siendo tan impactante como tentadora que hizo por un momento dudar a Uri si era posible que ellos fueran felices siendo él un simple muchacho que apenas iniciaba la carrera de medicina y no tenía ni siquiera un techo bajo el cual resguardarse.

Siguió dudando de enfrentar a Kenny, incluso cuando ella salió dando un portazo. Y volvió a dudar una última vez cuando estuvo frente a la habitación de ella, escuchándola llorar tan desconsoladamente.

Uri pensó en ese entonces que Kuchel lo superaría y encontraría un nuevo amor, tendría a alguien más digno de ella, que le ofreciera estabilidad económica y emocional. Jamás imaginó que ella ese mismo día Kuchel escaparía de la mansión con pocos ahorros, apareciendo años después más delgada, pálida, con un esposo imbécil que la trataba como su muñeca inflable y siendo la madre de un inocente pequeño y desnutrido.

Uri siguió divagando en sus pensamientos.

A pesar de todo seguramente Kuchel fue feliz en su matrimonio, en cambio con él jamás hubiera podido tener siquiera una sonrisa, siendo él un cobarde incapaz de enfrentarse a Kenny por el amor de su querida hermana pequeña.

Hace años atrás Kenny era tan desalmado, siendo de primero atacar mortalmente y luego preguntar. Solo Traute y su enorme paciencia habían logrado hacer que Kenny fuera más abierto a escuchar, y aún así en ocasiones Kenny suele comportarse tan terco e imbécil sin importarle a quién arrastre con tal de cumplir con sus propósitos.

Y en esto último es tan jodidamente parecido a Kuchel.

Uri buscó entre sus contactos el nombre de Olympia. Una mujer de cabellos negros que le había dado consuelo físico en una sola ocasión que fue después de haber escuchado (sin desearlo) a Kuchel con su esposo. Uri había desfogado con Olympia su fantasía de un futuro junto a la única mujer que amaba. Uri buscó a Kuchel en otro cuerpo, sabiendo que nunca más volvería a tenerla.

Olympia incluso había usado lentes de contacto de color azul gris y ocultó con maquillaje el lunar de su mejilla que seguramente a sus otros clientes atraía.

Un segundo antes de presionar el botón de marcar, Uri desechó la idea. Es más, eliminó el contacto.

Kuchel estaba sufriendo, llevando su luto. Él no podría ser menos y evadir la realidad, tenía que acompañarla en ese dolor aunque ella nunca se enterara que no estaba sola en sus pesares.

Kenny se acercó a la oficina y lo sacó abruptamente de sus pensamientos.

—¿Estás listo para partir?— preguntó el Ackerman, ignorante de la tristeza de Uri.

Es más, si le preguntan a Kenny, él diría que su amigo tenía ese inmutable estado melancólico y calmado. Kenny lo atribuía a que la familia Reiss lo desheredó y lo dejó a la suerte cuando Uri había decidido estudiar una carrera tan costosa y asfixiante como medicina, no siguiendo el negocio familiar en inversiones bancarias.

Kenny silenciosamente se reía por esto último.

Por bien que maneje Roid las inversiones y haya hecho crecer el patrimonio de la familia Reiss, ahora Uri fácilmente lo duplicaba con las utilidades de la Clínica Kenko, independiente de las consultas particulares e intervenciones quirúrgicas en las que Uri participaba.

En la actualidad Uri no tenía que pedirle permiso a nadie. Si le daba la maldita gana podría irse un año sabático viajando por el mundo y en nada afectaría a su economía. Pero el hombre de baja estatura había decidido no parar de trabajar desde que se graduó como especialista, aunque ahora estaba más holgado en su agenda médica y tenía pocos casos, pero no por ello menos importantes.

Kenny dejó a Uri en su departamento y luego se dirigió hacia su propia casa, amando ese instante en el cual cruzaba la puerta y recibía el calor familiar de su pequeña pero bien amada familia.

Traute estaba terminando de servir dos porciones de vegetales fermentados con otros platos de salteado de carne, arroz, tempura y bollos de carne.

Al ver que faltaba un tercer plato Kenny no pudo evitar arquear una ceja.

—¿Solo dos platos?— preguntó de manera abrupta. —¿Acaso me olvidé de nuestro aniversario?

Traute soltó una risa.

—De haberlo hecho, te hubiera pateado en la mañana.— le respondió, dándole un beso de bienvenida, poniéndose de puntillas para alcanzar los labios de su esposo. —Nuestra hija dijo que va a salir con su prima...

Kenny no relajó su expresión.

—Mikasa apenas se ha casado, sabe una mierda de cómo cuidar a una niña.

Traute soltó un bufido de exasperación.

—Mikasa tiene diez años de relación con Eren...

—No se casó hace diez años.— interrumpió Kenny. —No entiendo qué demonios le vio la mocosa al tipo ese.— refunfuñó lo último, recordando que Eren era el hermano de Zeke, el arquitecto que nunca le dio buena espina. Según Kenny, Mikasa fue lo suficientemente estúpida para dejarse manipular por Eren y meter al enemigo en la empresa de Levi.

—Y nuestra hija no...

—...no debería involucrarse con esos calenturientos.— insistió Kenny. —No quiero que se le peguen esas horribles costumbres y le piquen las bragas antes de tiempo.

Traute se quitó el delantal de la cocina y con el mismo golpeó a Kenny.

—No seas hipócrita.— regañó Traute. —Al menos Mikasa y Eren se han casado. Te recuerdo que a la edad de ellos, tú ni siquiera me propusiste matrimonio y más aún, me sedujiste para llevarme a tu cama.

Kenny tuvo el descaro de mostrar una sonrisa de orgullo.

—Yo tengo buen ojo para ver personas de calidad.— replicó Kenny, deslizando las manos por la cintura de Traute. —Y a ti no podía perderte por nada del mundo.

La rubia aceptó los besos de Kenny en su cuello, estando a nada de pasarse directo al postre, dejándose llevar hasta el sofá cercano, para besarse como si fueran dos adolescentes viviendo un amor prohibido. Entonces ella recordó un tema que preocupaba bastante a su esposo y lo veía afectado día a día.

—¿Y esa mujer?— preguntó Traute, los labios temblorosos soltando un suspiro. —¿Su nombre es Zöe Hanji, verdad? ¿Realmente es tan mala como crees?

Kenny dejó unos instantes sus caricias, odiando nuevamente esa sensación de fastidio en su estómago.

—Hay algo en mis entrañas que me hacen sentirme defensivo.— soltó Kenny con la verdad, su barbilla descansando entre los senos de Traute. —Sé que su presencia no va a pasar sin dejar rastro en Levi. Solo temo cómo quedará Levi cuando ella se aparte.

Traute lo miró, deslizando un dedo en el entrecejo fruncido de Kenny, haciendo una pregunta que hasta ahora su esposo, con toda su suspicacia e inteligencia, no se había hecho en voz alta.

—¿Y por qué Hanji tendría que apartarse de Levi?

Kenny no tuvo una respuesta para ello.

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—¿A qué hora comienza tu guardia?— preguntó Levi, deslizando la mano por la espalda de Hanji.

—A las siete.— respondió ella, con los ojos cerrados, disfrutando de la caricia. Hanji se arrimó más al cuerpo de Levi.

—Iré a dejarte.— prometió él, subiendo su mano hasta el cabello de ella. —También pasaré con Erwin alrededor de la dos de la tarde. Hay una cafetería en la Sala Dos, Tercer Piso, del lado izquierdo. Es de uso particular. — recordó Levi. —Podríamos almorzar.

—Me encantaría mucho.— aceptó Hanji. —Lo de la cafetería... eso es nuevo.

—Aah.— aceptó Levi. —Las cafeterías para el personal están en la planta baja y en el Tercer Piso. A Kenny no le gustó que el personal se ausentara casi dos horas, buscando en los alrededores sitios para comer, así que negoció a una hora el almuerzo e implementó las tres cafeterías.

—Tu tío realmente es un gran visionario.— admitió Hanji en tono de admiración.

Con aquellas palabras que menguaron un poco el resentimiento de Levi hacia su tío, el último pensamiento del hombre fue el deseo para que pronto su tío deje de ver en Hanji una amenaza inexistente.

Continuará...