¿Porque el estaba siendo regañado? ¡Él era la víctima en todo esto!
Izuku pensó mientras volvía en sí después de unos eternos minutos en el que simplemente no pensó en nada. Aunque aún seguía sin prestarle atención a los arrebatos del oficial de policía y su maestro de gimnasia que lo había salvado, pero al parecer eso era un insulto para el hombre con alas de murciélago.
Tampoco le presto atención al paramedico claramente irritado qué trataba de curar las pocas heridas generadas por su fallido intento de suicidio.
Aunque aún no estaba seguro, si estaba molesto por atenderlo o por los gritos iracundos de su profesor de gimnasia.
Su atención tampoco se centró en la creciente multitud de estudiantes que veían la escena con morvida curiosidad, como si su intento de suicidio fuera un simple espectaculo más.
Su atención estba puesta en un punto fijo, más haya de todo y simplemente dejo vagar su cerebro que aparentemente había decidio volver a trabajar nuevamente.
¿Porque había saltado del edificio más alto de la academia?Desde que Bakugou se convirtió en su bully, nunca había dejado que sus palabras e insultos lo afectarán, se había acostumbrado a ser tratado con desprecio por todos por ser diferente que simples insultos de un adolescente inmaduro que creía que el mundo giraba a su alrededor no le afectaron.
Era más listo que cualquiera en esta maldita escuela, incluso más listo que los profesores. Pero eso no les importó, pare ellos, incluidos los profesores solo era el quirkles, algo inferior a ellos.
La mirada de Izuku ahora se enfocó en el suelo, justo en el luchar donde todo hubiera terminado. Se había lanzado de cabeza así que todo hubiera terminado rápido, pero... ¿Que hubiera pasado si el profesor de gimnasia no lo atapaba? ¿Como hubiera reaccionado su madre?... Ya estaban solos desde que su padre los abandonó, y su demás familia les dio la espalda.
Al parecer haber dado a luz a un quirkles también había marginado al ostrasismo a su madre. ¿Que hubiera hecho su madre?
Una fuerte bofetada saco a Izuku de sus pensamientos y solo vio con shock a su profesor de gimnasia que fue brutalmente empujado por el iracundo paramedico
--¡Ya es suficiente!-- exclamó el hombre bajito y algo robusto sin ningún rasgo distintivo. --¡¿Su estudiante trato de suicidarse y usted simplemente lo abofetea?!... ¡Él es la víctima aquí! --
El sonido de la bofetada resonó como un disparo en el silencio repentino. Izuku sintió el calor en su mejilla, pero el dolor físico era nada comparado con el vacío que se extendía en su pecho.
Los murmullos de la multitud de estudiantes se mezclaban con el zumbido en sus oídos: "¿Vieron? Casi logra morir de una vez", "Qué drama… ¿Creen que lo expulsen?", "Kacchan tenía razón, solo busca atención".
Los teléfonos grababan, las sonrisas burlonas se multiplicaban.
El paramédico, con una mano aún agarrando el brazo del profesor de gimnasia, se interpuso entre ellos. Su voz temblaba de furia contenida. --¡Ustedes le enseñaron a este niño que su vida no vale nada! ¡Mirenlos!... -- señaló a los estudiantes, cuyos ojos brillaban con el reflejo de las pantallas de sus dispositivos. --¡Todos son cómplices!--
El profesor, con la corbata desajustada y la cara roja de vergüenza y rabia, escupió: --¡Midoriya siempre fue un problema! ¡Hasta en esto arruina la reputación de la escuela…! --
El policía que se había mantenido al margen solo le dio una mirada áspera al profesor y después vio al paramedico. --Afortunadamente esta situación no pasó a mayores. El chico está fuera de peligro así que no veo necesaria su presencia aquí.--
Izuku, aún aturdido por la bofetada y el caos a su alrededor, sintió una mezcla de emociones que lo abrumaban.
El paramédico, con una mirada de determinación, se volvió hacia Izuku y le dijo con voz firme pero amable: --Vamos, chico. Necesito virndarte la atención médica en un lugar tranquilo.--
--Realmente no lo veo necesario.-- el director de la escuela habló haciendo notar su precencia. El hombre era bajo, con rasgos similares a los de un caimán, aunque sus escamas eran de un tono qué se camuflajeo con su color de piel natural. --El joven Midoriya esta bien. Como dijo el oficial, su precencia aquí ya no es necesaria.--
El paramedico solo vio con indignación al director, pero un sutil movimiento del oficial de policía que le mostró su arma lo detuvo de objetar.
Izuku solo vio todo, procesando qué el directo estaba intimidando a alguien con tal de salvar la reputación de su escuela y su estudiante dorado.
El sonido de las sirenas de la ambulancia se desvanecía entre el susurro del viento, pero el corazón de Izuku seguía golpeando como un tambor roto. Las palabras del director resonaban en su mente como un eco hueco: "Midoriya está bien". Esa frase cargada de indiferencia le apretaba el pecho como un yugo invisible. ¿Qué significaba estar bien? ¿Era estar invisible? ¿Ser ignorado incluso después de intentar desaparecer para siempre?
Sus ojos se movían de manera involuntaria hacia la escena delante de él: el paramédico, todavía con el rostro rojo de furia, miraba fijamente al oficial, al director y al profesor de gimnasia como si pudiera convertir su indignación en un arma. Izuku, sin embargo, había aprendido a no esperar héroes en su vida. No después de años de burlas, golpes y miradas de desprecio que lo trataban como un error más que como una persona.
"¿Por qué siquiera intentan salvarme si nadie quiere que esté aquí? ¿Es porque me necesitan vivo para culparme de algo más?"
Pero entonces, algo rompió la monotonía de sus pensamientos: el paramédico arrojó su maletín médico al suelo con un estruendo, rompiendo el incómodo equilibrio de poder que se había establecido.
--¡No pienso quedarme quieto mientras ustedes tratan a este chico como si su vida no importara!-- dijo, alzando la voz, que ahora se sentía como un trueno que sacudió incluso a los estudiantes curiosos que se amontonaban cerca.
--Claro que su vida nos importa.-- Dijo con falsa tranquilidad del Director. --Midoriya es uno de nuestros mejores estudiantes. Pero su presencia ya no es requerida... Nuestra enfermera puede hacerse cargo de cualquier cosa hasta que sus familiares vengan por él.--
El oficial de la policía solo dio un paso a delante, su in ponente tamaño superior a cualquier otro adulto y su mano sobre su arma dieron él mensaje al paramedico qué simplemente no pudo seguir haciéndose el valiente.
Le dio una mirada al director, y al profesor que parecía más engreído, y después vio con culpa y remordimiento a Izuku.
--Chico, esto no es el final. Lo que hiciste... no define quién eres. Pero necesitas ayuda. Alguien que te escuche.-- Dijo antes de empezar a recoger sus cosas y regresar a su ambulancia.
El profesor de gimnasia pareció más engreido y solo despedío burlonamente al paramedico pero una fría mirada del director vasto para cambiar drásticamente su actitud.
--Asegúrate con los demás profesores de que todos los estudiantes borren los videos que hayan tomado.-- Dijo el hombre con voz fria y autoritaria, antes de hacer una simple señal al policía antes de dirigirse a Izuku. --Acompañame a mi oficina.--
El camino hacia la oficina del director estaba envuelto en un silencio tenso. Cada paso que daba Izuku resonaba en los pasillos vacíos como un recordatorio de su aislamiento. El director caminaba delante de él, firme y con la espalda recta, proyectando una autoridad incuestionable. Los estudiantes, todavía dispersos fuera del edificio, apenas le dirigieron una mirada, como si la escena del intento de suicidio fuera un espectáculo pasajero, algo que pronto olvidarán.
Izuku mantenía su cabeza baja, pero su mente seguía trabajando, procesando cada detalle que había presenciado. La forma en que el director intimidó al paramédico con una sola mirada y usó al oficial de policía como herramienta de presión. La rapidez con la que decidió que los videos debían ser borrados. La forma en que se refirió a él como una perturbación, a pesar de todo. Era claro: este hombre no estaba preocupado por su bienestar, solo por la imagen de la escuela y los actos del "estudiante dorado", Bakugou.
"No les importa quién soy. Solo quieren mantener el sistema intacto, aunque sea podrido hasta los cimientos." Pensó mientras seguía caminando. Su cerebro ya estaba funcionando bien.
Finalmente, llegaron a la oficina del director. Era un espacio austero, sin adornos ni decoración que sugiriera alguna personalidad. Todo estaba meticulosamente organizado: carpetas alineadas, una placa dorada con su nombre en el escritorio, y detrás de él, una ventana desde la cual podía ver toda la academia, como un vigía en su torre.
--Siéntate.-- ordenó el director con un tono calculado mientras señalaba una silla frente a su escritorio. Izuku obedeció en silencio, sus ojos fijos en un reloj en la pared que marcaba las 4:17 p.m. Cada segundo que pasaba parecía alargar el momento.
El director, tomándose su tiempo preparo algo de te, pare él e Izuku.
El oficial de policía entró dejando una gran maleta negra a los pies de Izuku.
--Seré franco contigo.-- Dijo el director con voz más amable y un tono más cazual después de darle la taza de té a Izuku. --Eres el mejor estudiante qué a tenido este basurero. Y no entiendo y ni me interesa saber porqué decidiste hacer lo que hiciste...--
El hombre le dio un sorbo a su te disfrutando del sabor.
--Pero si se quien es el involucrado. Katzuki Bakugou... Ese niño realmente es un problema.--
Izuku se sorprendido por el genuino odio en la voz del director al mencionar a Bakugou.
--Pero lamentablemente "gente" le a puesto mucha fe a que ese sociopata llegará lejos en la carrera de héroe...-- el. Director hizo una pausa para ver a Izuku con genuina lastima. --El punto es que esa "gente" no querrá que su futura mina de oro piedra sus posibilidades de entrar a la U.A. por este... Desafortunado evento. Aunque esto les dará material de chantaje...--
El policía solo se acerco a Izuku y abrió la maleta dejando ver que estaba llena de dinero.
--Son 15 millones de yenes... Por tu silencio.--
Izuku no pudo evitar quedarse mirando el contenido de la maleta. Los fajos de billetes, cuidadosamente apilados y envueltos, parecían brillar bajo la luz fría de la oficina. Cada uno de esos yenes era un intento descarado de comprar su dignidad, de borrar lo que había ocurrido esa tarde como si nunca hubiera pasado.
El director sorbió otro poco de su té, el sonido rompiendo la pesada tensión del ambiente. --Sé que esto puede parecerte abrupto, Midoriya. Pero las cosas son así en este mundo. Hay momentos en los que debes entender tu lugar. Tomar este dinero sería una muestra de madurez de tu parte, una oportunidad para empezar de nuevo en un lugar donde puedas... encajar mejor.--
Sus palabras estaban teñidas de una condescendencia que hizo que los dedos de Izuku se tensaran alrededor de la taza de té que sostenía. El calor del líquido no lograba traspasar la sensación de vacío y rabia que se acumulaba en su interior.
El oficial de policía, que hasta ahora había permanecido en silencio, inclinó ligeramente la cabeza hacia Izuku.
--Es una oferta razonable, chico. Nada bueno saldrá de pelear contra esto. Tu vida puede cambiar para mejor con este dinero.--
Izuku levantó la mirada lentamente, sus ojos encontrándose primero con los del oficial, luego con los del director. Había algo diferente en su expresión ahora, algo que el director no pudo identificar al instante. Izuku ya no parecía abatido, ni perdido, ni siquiera aturdido. Había una frialdad calculada en su rostro, un brillo nuevo que se encendía en el centro de su mirada.
--¿Esto es lo que creen que vale mi silencio?-- murmuró, su voz apenas audible, pero cargada de una extraña intensidad.
El director arqueó una ceja, colocando la taza sobre el escritorio. --Tu silencio no vale nada, nos sería más fácil simplemente mataré o venderé como un juguete sexual par aun millonario fetichista. Es un regalo... Un regalo bastante generoso solo porque me agradas.--
Izuku mantuvo su mirada fija en los fajos de billetes, pero no veía el dinero. Veía las grietas en el sistema, las sombras que se extendían detrás de cada palabra del director. Cada afirmación que salía de su boca era una confirmación de lo que Izuku había sospechado durante años: el mundo de los héroes no era un faro de esperanza, sino un teatro de mentiras cuidadosamente orquestado.
El director, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos, se recostó en su silla. --Sabes, Midoriya, no todos tienen la oportunidad de empezar de nuevo. Este dinero puede ser tu salida. Puedes dejar atrás todo esto, encontrar un lugar donde nadie te conozca y construir algo nuevo.--
Izuku levantó la mirada lentamente, sus ojos encontrándose con los del director. Había algo en su expresión que hizo que el hombre se detuviera por un momento. No era miedo, pero sí una incomodidad que no podía explicar. Izuku ya no parecía un niño quebrado; parecía alguien que había encontrado una chispa en medio de la oscuridad.
--¿Y qué pasa si no acepto?-- preguntó Izuku, su voz baja pero firme.
El director dejó escapar una risa seca.
--Entonces, chico, te aseguro que tu vida será mucho más difícil. No solo aquí, sino en cualquier lugar al que vayas. Las personas como tú ya no tienen lugar en este mundo, son escoria, peor que la basura. Pero, por alguna razón, me agradas. Por eso te doy esta oportunidad.--
Izuku permaneció en silencio, procesando cada palabra. Finalmente, se inclinó hacia delante, apoyando los codos en sus rodillas y mirando al director directamente a los ojos. --¿Bakugo sabe que es un peón de la mafia?--
El director bufó, divertido por la pregunta. --Ese chico es un tonto e ilusuo. Cree que el mundo gira alrededor de él. Una vez tenga su licencia de héroe, los jefes se lo harán saber. Pero hasta entonces, es mejor mantenerlo en la ignorancia. Es más fácil manejar a alguien que no sabe que está siendo manipulado.--
Izuku asintió lentamente, como si estuviera procesando algo más grande que la conversación. Su mirada volvió al dinero, pero esta vez no había duda en sus ojos. Se levantó de la silla, dejando la taza de té sobre el escritorio con un movimiento controlado.
--Gracias por mostrarme como es realmente el mundo y lo podrido de esta sociedad.-- Izuku dijo Mié tras cerro la maleta y se la colgó al hombro, se sintió sucio por aceptarlo pero después de procesarlo lo mejor era aceptar, no por su seguridad, sino por la seguridad de su madre.
El director sonrió al ver que Izuku aceptó el dinero. --Por si te interesa, los restos de ese amable paramédico estáran enterrados en el parque detrás de tu casa. Ahí donde tu madre te espera cuando regresas de la escuela.--
Izuku apretó el agarre en la maleta, el mensaje era claro así que no dijo nada y solo salió de la oficina. El peso de la maleta en su hombro no era solo físico; cada paso que daba Izuku hacia la salida de la oficina del director lo sentía como una carga que aplastaba su espíritu. Las palabras sobre el paramédico resonaban en su mente, una sentencia fría y calculada que hablaba del verdadero poder que tenía aquel hombre y los sistemas que representaba. Izuku no era más que otra ficha en su tablero.
Cuando salió del edificio, el aire frío de la tarde golpeó su rostro, ayudándolo a despejar un poco la tormenta que se acumulaba en su mente. Sus dedos seguían apretando el asa de la maleta, como si soltarla significara soltar todo el control que estaba empezando a recuperar. Podía ver a algunos estudiantes aún dispersos en los alrededores, sus miradas curiosas y susurros alimentados por rumores. Pero Izuku ya no les prestaba atención.
Cuando llegó al parque su madre se sorprendió al verlo tan temprano. Como si fuera una niña descubierta haciendo una maldad, ocultó los dulces que estaba comiend, Izuku sonrió levemente aunque su atención rápidamente se dirigió a una parte concreta del parque.
Había tierra removida en una pequeña área donde claramente alguien había estado trabajando en las últimas horas.
--¡Izuku! ¿Que haces aquí tan temprano? ¿Sucedió algo?-- Cuestiono Inko al ver que Izuku estaba algo pálido.
--Me sentía algo mal así que dejaron que saliera antes.-- mintió Izuku mientras se acerco a su madre dándole un abrazo lleno de amor.
El abrazo con su madre fue cálido, familiar, pero no logró calmar el temblor que se acumulaba en su interior. Izuku cerró los ojos por un momento, permitiéndose disfrutar de esa efímera sensación de seguridad. Ella era la razón por la cual había aceptado el dinero, la razón por la cual se había tragado la rabia y el asco que sentía hacia el director, hacia el sistema, hacia sí mismo. Pero incluso mientras la abrazaba, su mirada se desviaba hacia el rincón del parque, hacia la tierra removida que cargaba un peso invisible.
--¿Izuku?-- su madre rompió el silencio, su voz llena de preocupación. --Te ves muy cansado, cariño. ¿Quieres que te prepare algo?--
--Sí, mamá, estaría bien.-- respondió Izuku con una leve sonrisa. Esa rutina diaria, esos momentos simples con ella, eran lo único que lo mantenía anclado. Pero sabía que no podía permanecer ahí para siempre.
Despues de unos segundos los dejaron de abrazarse y se dirigieron a su casa.
--Descansa un poco. Te prepararé algo.-- Dijo Inko con un poco de preocupación mientras caminaba a la cosina de la pequeña casa.
Izuku no dijo nada y solo entró a su habitación.
El lugar era un desastre, múltiples prototipos sin terminar de sus proyectos tecnológicos adornaban la pequeña habitación solo dejando un pequeño camino de la cama a la puerta libre. Izuku suspiro y solo dejo caer la maleta con dinero.
Izuku observó la maleta abierta, con los fajos de billetes perfectamente ordenados. El brillo de los yenes bajo la luz tenue de su habitación parecía insultarlo, una prueba tangible del precio que había pagado para garantizar la seguridad de su madre. Era dinero ensuciado por el sistema corrupto que había aprendido a odiar, un recurso que había aceptado, no por ambición, sino por obligación.
Su mirada recorrió los prototipos esparcidos por la habitación. Cada uno representaba un fragmento de su ingenio, de sus sueños de convertirse en alguien que pudiera marcar la diferencia en el mundo. Eran ideas abandonadas, acumulándose como testigos silenciosos de los años de humillación que había soportado.
Izuku tomó asiento en su escritorio, encendiendo su vieja computadora portátil. Mientras el sistema operativo iniciaba, su mente giraba en torno a las palabras del director sobre Bakugo y la mafia. El aire en la habitación se sentía pesado, como si el peso de sus decisiones estuviera tratando de aplastarlo.
Cuando la computadora inició por completo vio que tenia un correo nuevo. Recordando que había mandado unos planos para su examen de ingreso al curso de apoyo de la U.A. Lo abrio, aunque su entusiasmo desapareció rápidamente.
"Estimado postulante. Agradecemos su interés por inscribirse en el curso de apoyo de la U.A. pero lamentablemente no cumple con los parámetros para nuestro curso.
Su trabajo es increíble y esperamos que tenga un gran futuro. Att: Administración de la U.A."
Izuku releyo un par de veces más el correo antes de simplemente soltar un profundo suspiro. Quería llorar por tan abrupto rechazo pero las lágrimas no salieron, solo vio al techo de su habitación por unos largos segundos antes de retomar su rutina, entró a una carpeta.
"Estudio de héroes avanzado"
La carpeta pasaba a digital los apuntes que Izuku hacia diariamente de los héroes qué admiraba. Algunos patrones de comportamiento, estilos de pelea, quirks y las formas en las que los usaban, además de análisis más avanzados como posibles mejoras tanto en su uso de quirk como en equipos de apoyo.
Izuku miraba la pantalla de su computadora, los datos de su carpeta de "Estudio de héroes avanzado" parpadeando frente a él. Cada archivo era un testimonio de su dedicación, una acumulación de años de observación meticulosa, análisis y pasión. Ese entusiasmo por los héroes, por el ideal que una vez representaron, se sentía ahora como un recuerdo distante, algo que apenas reconocía en sí mismo.
Se apoyó en el respaldo de su silla y respiró profundamente, cerrando los ojos mientras su mente reconstruía las palabras del correo: "No cumple con los parámetros." Como si su trabajo, su talento, su intelecto, no fueran más que anotaciones descartables en un sistema que solo valoraba la fuerza de un quirk. Era casi irónico que, a pesar de todo su esfuerzo, el sistema que había venerado lo había relegado al papel de un observador sin importancia.
"No es que no cumpla con los parámetros. Es que tienen miedo de lo que podría hacer si realmente me dejaran competir. No quieren que alguien como yo, alguien sin quirk, les demuestre cuán defectuoso es su sistema." pensó dejando que su ira y frustración se apoderen de él.
Vio la bolsa de dinero, y después vio los proyectos sin terminar por falta de tiempo y recursos, tiempo y recursos que ahora tenía.
Con una nueva determinación Izuku se levanto de su escritorio.
Fin del capitulo.
Historia sin sentido que iré escribiendo conforme se me vaya ocurriendo algo.
Estoy abierto sujeresncias para este y otros fics.
