Nueva historia, muy alejado del universo principal 616 para aclarar, este universo es muy similar al que conocemos de toda la vida, pero ligeros cambios , como los primeros juegos de marvel vs capcom de cierta forma son canon.
Esta historia se enfocará en el Ship de Spider x Morrigan, donde la reina sucubo ayudará a nuestro cabeza de red favorito en encontrar un equilibrio en su vida mientras que uno cae ante los encantos demoníacas y la otra caen en los encantos de la suerte parker.
Ninguna de las obras usadas en esta historia me pertenece, les pertenece a sus respectivos autores y empresas, sin mas comencemos.
Capítulo 1: New York y reencuentro.
El sonido de la lluvia golpeaba los ventanales de su apartamento, llenando la habitación con un murmullo constante. Peter Parker estaba sentado en la oscuridad, con los codos apoyados en sus rodillas, mirando fijamente la máscara en la mesa frente a él. El reflejo de los ojos blancos de la máscara lo observaba en el cristal de la ventana, devolviéndole una mirada vacía.
Había pasado por tanto en los últimos meses, pero todo se reducía a un solo pensamiento que no dejaba de repetirse en su mente: ¿Cómo llegué hasta aquí?
Cerró los ojos, dejando que los recuerdos lo golpearan como una ola imparable.
Cazado Como un Animal
Todo comenzó con Kraven. No el viejo Kraven, sino su heredero, el último de su linaje. Lo había cazado como si fuera un simple animal, despojándose de su traje, de su tecnología, de sus telarañas… de su identidad.
Peter recordó la sensación de estar acorralado, sucio, herido. De haber sido reducido a lo más básico. De haber tenido que pelear con las manos desnudas, como un hombre cualquiera. Y lo peor era que Kraven había ganado.
Porque aunque Peter había sobrevivido, aunque había escapado… algo dentro de él cambió después de eso.
Ya no se sentía invencible. Ya no se sentía el mismo Spider-Man.
Y entonces, llegó lo peor.
El Infierno Simbionte
El ataque de los simbiontes no fue una invasión común. Fue una plaga. Una epidemia que convirtió la ciudad en un infierno viviente. Carnage. Bedlam. Miles de personas perdiendo su voluntad, transformándose en monstruos oscuros, devorados por el veneno del caos.
Peter peleó.
Hasta que su cuerpo no pudo más.
El mundo se volvió un borrón de gritos, fuego y desesperación. Sintió el veneno recorrer sus venas, su mente deslizándose hacia la oscuridad…
Y luego, nada.
Oscuridad y Silencio
Cuando abrió los ojos, todo estaba en calma.
Un hospital. Tubos conectados a su brazo. Su cuerpo inmóvil. Semanas, quizás meses sin moverse.
Había caído en coma. Y mientras él dormía, el mundo siguió adelante sin él.
Miles Morales, Cindy Moon y Jessica Drew protegieron la ciudad. El vacío que dejó fue llenado.
Y cuando intentó moverse por primera vez… su cuerpo no le respondió.
Los médicos dijeron que era normal. Su musculatura estaba atrofiada. Había perdido peso, fuerza… y su sentido arácnido estaba en silencio.
Por primera vez en su vida, Peter Parker no podía ser Spider-Man.
Volver a Caminar, Volver a Pelear
La recuperación fue un infierno.
Cada día era un desafío. Primero, aprender a caminar sin tambalearse. Luego, volver a trepar paredes sin perder el equilibrio. Volver a balancearse entre rascacielos sin caer.
Su sentido arácnido tardó en volver. Su instinto de lucha estaba oxidado. Su velocidad, su agilidad, su precisión… todo se había ido.
Pero Peter no tenía otra opción que seguir adelante.
Cada golpe que recibía en los entrenamientos era una lección. Cada vez que caía de un edificio y lograba sujetarse con una telaraña en el último segundo, era un paso más hacia su regreso.
No podía rendirse. No podía dejarlo ir.
Y cuando finalmente pudo balancearse entre los edificios sin titubear, cuando sintió el viento en su rostro y la ciudad bajo sus pies…
Por primera vez en meses, creyó que podía volver a ser Spider-Man.
Pero entonces, lo perdió todo.
El Último Golpe: Mary Jane
Peter sabía que algo andaba mal cuando MJ dejó de responder sus llamadas. Sabía que algo había cambiado cuando su voz se volvió fría, distante.
Y cuando la vio con Paul… lo entendió.
Había seguido adelante. Con otro hombre. Con otra vida.
El impacto fue peor que cualquier golpe que hubiera recibido. Más fuerte que cualquier caída. Más cruel que cualquier villano.
No había batalla que pelear. No había un enemigo a quien culpar. Solo estaba él, enfrentándose a la realidad.
Después de todo lo que pasó, después de haberse levantado una y otra vez… perdió a la mujer que más amaba.
La máscara seguía en la mesa.
Nueva York aún necesitaba a Spider-Man. Sus amigos aún contaban con él. Había sobrevivido a Kraven, a los simbiontes, al coma…
Pero Peter Parker seguía roto.
La lluvia golpeaba el cristal. La ciudad estaba viva, bulliciosa, ruidosa… pero él solo escuchaba el eco de sus propios pensamientos.
Peter Parker había muerto tantas veces antes. Y siempre había vuelto.
¿Podría hacerlo otra vez?
¿Valía la pena?
El sonido de una notificación en su teléfono lo sacó de su trance. Miró la pantalla.
"Hey, Parker. Necesitamos hablar."
El remitente lo hizo fruncir el ceño.
Norman Osborn.
El zumbido del teléfono aún resonaba en su mente mientras Peter miraba la pantalla con el ceño fruncido.
Norman Osborn.
Si alguien le hubiera dicho años atrás que atendería un mensaje de Norman sin pensarlo dos veces, se habría reído en su cara. Pero ahora… ahora no tenía el lujo de ignorarlo.
Tomó aire y deslizó el dedo sobre la pantalla.
—¿Qué quieres, Osborn?
Su voz sonó áspera, cansada. Un reflejo de lo que sentía por dentro.
—Parker. Me alegra saber que sigues con vida.
No le devolvió el cumplido.
—Voy al grano —continuó Norman—. Quiero verte. En mi oficina. Ahora.
—¿Y si digo que no?
Un leve susurro de risa.
—Sabes que no puedes decir que no.
Peter apretó los dientes. El viejo Osborn estaba de vuelta.
Miró la máscara sobre la mesa, la telaraña de grietas en su reflejo. ¿Realmente quería seguir con esto?
Pero no tenía opción.
Se puso la chaqueta, se pasó la mano por el rostro y salió bajo la lluvia.
La torre Oscorp se alzaba sobre la ciudad como un monumento a los pecados de Norman. Desde afuera, era una maravilla de la tecnología moderna. Pero Peter conocía los fantasmas que se escondían dentro.
Cuando llegó a la oficina, Norman lo estaba esperando detrás de su enorme escritorio, con un vaso de whisky en la mano y una sonrisa calculadora.
—Peter. Te ves terrible.
—Tú no luces mejor.
Norman rió suavemente y le hizo un gesto para que se sentara. Peter se cruzó de brazos, sin moverse.
—¿Para qué me llamaste, Osborn?
Los ojos de Norman brillaron con algo que Peter no supo identificar.
—Porque necesitas algo que no quieres admitir.
El silencio entre ellos se alargó. Peter sintió la mandíbula tensarse.
—No necesito nada de ti.
—¿No? —Norman inclinó la cabeza—. Parker Industries murió porque nunca supiste jugar este juego. Pero ahora, sin Mary Jane, sin un propósito claro, sin nada… dime la verdad. ¿No te gustaría tenerlo todo de vuelta?
Peter sintió que un escalofrío le recorría la espalda.
—No estoy interesado en otro trato con el diablo.
—Oh, Peter… —Norman sonrió de lado—. No te estoy ofreciendo un trato. Te estoy dando una oportunidad.
Norman se levantó y se acercó lentamente.
—Te has estado preguntando si deberías seguir siendo Spider-Man, si aún tienes un propósito. Pero antes de ser el héroe de Nueva York, eras un genio. Parker Industries fracasó porque intentaste ser ambas cosas a la vez. Pero si te enfocas en lo que realmente importa… podrías cambiar el mundo.
Peter sintió el peso de sus palabras.
Porque en el fondo, sabía que tenía razón.
Norman le tendió un sobre.
—Este es tu pase para volver a la cima. Financiación. Laboratorios. Recursos. Todo lo que Parker Industries alguna vez tuvo… y más.
Peter miró el sobre. Su nombre estaba escrito en tinta dorada.
Era tentador.
—Si acepto… ¿qué esperas a cambio?
La sonrisa de Norman se ensanchó.
—Nada. Esta vez, Parker… quiero verte ganar.
Peter sintió un nudo en el estómago.
Esto no podía ser tan fácil.
Pero entonces recordó lo que había perdido. Recordó a Mary Jane alejándose, recordaba la impotencia de estar en coma, la sensación de ser reemplazado.
Si aceptaba… podría recuperar su vida.
Si aceptaba… podría volver a ser Peter Parker.
Salió de la torre sin haber dado una respuesta.
El sobre pesaba en su chaqueta más de lo que debería.
La lluvia seguía cayendo, envolviendo la ciudad en un manto frío y gris. Peter se apoyó en la baranda de un edificio cercano, mirando las luces de Nueva York parpadear en la distancia.
¿Podía confiar en Osborn?
No. Nunca.
Pero… ¿podía confiar en sí mismo para no repetir los errores del pasado?
Eso era lo que realmente le preocupaba.
Ser Peter Parker antes que Spider-Man.
Ese pensamiento lo había llevado hasta aquí.
Y quizás… tal vez Parker Industries era la respuesta.
Mientras meditaba su decisión, un sonido familiar llegó a sus oídos.
Un grito en la distancia.
Su instinto arácnido despertó de golpe.
Peter cerró los ojos.
Por primera vez en semanas, no dudó.
Se quitó la chaqueta. Tomó la máscara. Se la puso.
Y saltó.
El viento frío golpeó su rostro mientras se balanceaba entre los edificios de Nueva York.
Por primera vez en semanas, se sentía vivo.
El instinto arácnido le guiaba, sus músculos respondían de manera automática, como si su cuerpo nunca hubiera olvidado lo que era ser Spider-Man. Se movía con una precisión milimétrica, cada giro, cada salto, cada balanceo…
Y ahí estaba.
Una pandilla de matones tenía acorralado a un hombre en un callejón oscuro. Uno de ellos levantó un cuchillo.
—¡Eh, chicos! —La voz de Spider-Man resonó desde las alturas—. No me digan que planean hacer algo ilegal en mi ciudad.
Los matones miraron hacia arriba justo a tiempo para ver cómo Peter descendía con un giro ágil, aterrizando en el suelo con elegancia.
—¿Spider-Man? Pensé que ya no andabas por aquí…
Peter sonrió bajo la máscara.
—Sí, lo sé. Estoy en proceso de redescubrimiento personal. ¿Sabían que ahora recomiendan terapia en lugar de peleas? Pero, en fin… sigamos con lo de siempre.
Los tipos ni siquiera lo pensaron. Uno de ellos sacó una pistola y disparó.
Mala idea.
El sentido arácnido rugió en su cabeza. Peter esquivó con facilidad, saltando sobre uno de los matones y lanzándolo contra la pared con una patada.
Los otros intentaron rodearlo, pero él ya estaba un paso adelante.
Una telaraña atrapó el arma del segundo y, con un tirón, la envió volando lejos.
El tercer matón intentó atacar por la espalda. Peter se agachó, giró y le dio un golpe en el estómago que lo dejó sin aire.
Los otros dos se miraron y salieron corriendo.
Peter suspiró.
—¿Saben? Me gusta cuando los criminales deciden hacer cardio en lugar de pelear.
El hombre que habían estado atacando se tambaleó, mirándolo con asombro.
—¿Tú… tú has vuelto?
Peter le ofreció la mano para ayudarlo a levantarse.
—Algo así. ¿Estás bien?
El hombre asintió, aún incrédulo.
—Sí… gracias, Spider-Man.
Peter sintió algo cálido en su pecho. Había extrañado esto.
Pero cuando se alejó del callejón y se perdió en la noche, los pensamientos volvieron.
¿Realmente podría hacer esto otra vez?
Regresó a su apartamento casi al amanecer. Cerró la puerta con llave, se quitó la máscara y dejó escapar un suspiro largo.
El sobre de Norman seguía sobre la mesa.
Lo miró durante varios segundos, sopesando sus opciones.
¿Realmente valía la pena confiar en él?
No podía negar que la idea de reconstruir Parker Industries era tentadora. Ser Peter Parker antes que Spider-Man.
Pero al mismo tiempo…
Tomó el sobre, lo abrió y sacó los documentos en su interior.
El nombre de su empresa estaba ahí.
Las oportunidades.
Los recursos.
Las posibilidades de crear algo grande otra vez.
Pero en la esquina de la última página, en letras pequeñas, había algo que lo hizo detenerse.
Un solo nombre.
"Harry Osborn".
Peter apretó la mandíbula.
—Así que esto es lo que quieres, Norman…
No se trataba solo de darle una oportunidad.
Norman quería a su hijo de vuelta.
Y de alguna manera, Parker Industries era parte de ese plan.
Se dejó caer en el sofá, mirando el techo.
Su mente volvía a llenarse de preguntas.
¿Qué debía hacer ahora?
Si reconstruía Parker Industries, podría recuperar su vida.
Si volvía a ser Peter Parker… ¿podría dejar de lado a Spider-Man?
O peor aún…
¿Quería hacerlo?
No tenía respuestas.
Por ahora, solo tenía una ciudad esperando por él.
Y un camino incierto por delante.
El sonido de la ciudad lo envolvía mientras caminaba sin rumbo fijo.
Peter se había despertado más descansado, pero su mente aún seguía ocupada con los mismos pensamientos.
El sobre de Norman.
Parker Industries.
Harry Osborn.
Norman había pasado años empujando a su hijo al borde del abismo, y ahora quería traerlo de vuelta. ¿Por qué ahora? ¿Por qué con él?
Era difícil confiar en Norman Osborn, incluso cuando su voz sonaba sincera. Especialmente cuando sonaba sincera.
Suspiró, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta.
Y entonces lo sintió.
Un papel arrugado.
Peter frunció el ceño y lo sacó lentamente.
No recordaba haberlo puesto ahí.
Lo desplegó y vio una letra que reconocería en cualquier parte:
"Necesito verte. Ven al Sanctum Sanctorum. - Strange"
Peter se quedó en silencio por un momento, parpadeando.
—Genial… porque mi día no era lo suficientemente raro.
Metió el papel de nuevo en su bolsillo y se estiró.
Si Stephen Strange lo estaba llamando, significaba que algo grande estaba pasando.
Y no podía ignorarlo.
Suspiró y tomó un taxi hacia Greenwich Village.
La puerta del Sanctum se abrió antes de que Peter pudiera tocar.
Eso nunca era buena señal.
Entró con cautela, observando las paredes cubiertas de artefactos místicos y libros antiguos. El aire olía a incienso y algo que no podía identificar.
Strange estaba esperándolo en la sala principal, con los brazos cruzados y una expresión seria.
—Llegaste más rápido de lo que esperaba.
—Bueno, cuando el Hechicero Supremo te manda una nota misteriosa, no te tomas tu tiempo para un café. —Peter se encogió de hombros—. ¿Qué pasa? ¿El mundo está en peligro otra vez? ¿Una invasión multiversal? ¿Dormammu decidió jugar a la ruleta rusa con la existencia otra vez?
Strange suspiró, masajeándose el puente de la nariz.
—No, Peter. Nada de eso.
Peter parpadeó.
—…¿Entonces por qué la urgencia?
Strange lo observó por unos segundos antes de hablar.
—Dime, Parker… ¿recuerdas aquel conflicto que nos llevó a luchar junto a… individuos de otro mundo?
Peter frunció el ceño.
—¿A qué te refieres?
—No te hagas el tonto, Peter. —Strange entrecerró los ojos—. Sé que lo recuerdas.
Peter se quedó en silencio.
Y entonces, una extraña sensación de déjà vu lo invadió.
Sí. Lo recordaba.
Recordaba enfrentamientos con enemigos que no pertenecían a su realidad. Recordaba haber peleado junto a aliados improbables.
Pero al mismo tiempo, los recuerdos eran borrosos. Como si estuvieran envueltos en niebla, como si su mente intentara enterrarlos.
—Eso… fue real —susurró.
Strange asintió.
—Tan real como cualquier otra batalla que hayas enfrentado.
Peter negó con la cabeza.
—No, no, espera. Se suponía que eso fue… un evento aislado. Algo que simplemente… pasó.
—Nada en la magia es "solo algo que pasó", Parker. —Strange cruzó los brazos—. Y menos cuando los hilos del destino han comenzado a enredarse otra vez.
El sentido arácnido de Peter cosquilleó levemente.
—Déjame adivinar… ¿esto significa que mi descanso ha terminado?
Strange esbozó una leve sonrisa.
—Peter… ¿alguna vez has tenido un verdadero descanso?
Peter bufó.
—Buen punto.
El Sanctum Sanctorum estaba tan silencioso como siempre, pero el aire tenía un peso extraño. Como si el lugar mismo estuviera expectante.
Peter observó a Strange, cruzándose de brazos.
—Okay, Doc, suelta lo que sea que estés ocultando. Porque si esto tiene que ver con aquello… necesito respuestas.
Strange asintió, girándose hacia una mesa con un viejo pergamino desenrollado. Con un gesto de su mano, el papel brilló con un tenue resplandor dorado y empezó a mostrar imágenes en movimiento.
Eran como vislumbres de otro mundo. De otros mundos.
Peter observó con atención. Distintos paisajes se mostraban uno tras otro: una ciudad con edificios extravagantes, un castillo rodeado de sombras, un bosque donde una figura alada se movía con gracia…
Nada se veía roto, ni inestable.
Era diferente a la última vez.
—No hay colisiones dimensionales esta vez —explicó Strange—. No hay grietas desgarrando la realidad, ni entidades forzando el cruce entre mundos.
Peter levantó una ceja.
—¿Entonces qué está pasando?
Strange giró su mano, haciendo que las imágenes se desvanecieran.
—Estos mundos… están intentando coexistir.
Peter parpadeó.
—…¿Coexistir?
—Es como si algo o alguien hubiera suavizado la fricción entre ellos —Strange comenzó a caminar lentamente por la sala—. En vez de enfrentamientos violentos y caos, esta vez las dimensiones están estableciendo un vínculo.
—Okay, pero ¿por qué?! —Peter exhaló, frotándose la frente—. No quiero sonar como el tipo que cuestiona todo lo raro que ocurre en su vida, pero después de la última vez, esto no me suena a algo natural.
—No lo es. —Strange se detuvo frente a él—. Y es por eso que te necesito, Parker.
Peter lo miró con incredulidad.
—Doc, eres el Hechicero Supremo. Puedes convocar a dioses, enfrentarte a demonios del más allá y manipular las fuerzas de la realidad. ¿Qué podría hacer yo que tú no puedas?
Strange sonrió de lado.
El peso de las palabras de Strange aún flotaba en el aire cuando un nuevo sonido interrumpió la conversación.
Tac. Tac. Tac.
Unos pasos suaves resonaron en el suelo del Sanctum.
Peter sintió un escalofrío antes de ver una figura familiar emergiendo de entre las sombras.
Un vestido ceñido negro y morado.
Cabello esmeralda ondeando con cada movimiento.
Ojos seductores que parecían brillar con picardía.
Y esas inconfundibles alas de murciélago sobresaliendo de su espalda.
Peter sintió que el tiempo se detenía por un momento.
La recordaba.
Recordaba la sonrisa juguetona, el aire de confianza desbordante, la sensación de que siempre tenía el control de la situación.
Morrigan Aensland.
La súcubo avanzó con una gracia imposible, deteniéndose justo frente a él con una sonrisa traviesa.
—Sabía que te recordaría, arañita.
Peter abrió la boca, pero por un momento no encontró palabras.
No era como los recuerdos difusos que tenía de aquel evento olvidado.
No.
Esto era real.
Strange chasqueó los dedos para llamar su atención.
—Como te decía… ya hubo un primer contacto.
Peter parpadeó, sacudiendo la cabeza.
—¡¿Cómo que ya hubo un primer contacto?! ¿Y nadie me avisó?
Strange cruzó los brazos con paciencia.
—Te lo estoy avisando ahora.
Peter frotó su sien.
—¿Sabes qué? No debería sorprenderme.
Morrigan sonrió, ladeando la cabeza.
—Bueno, Peter, parece que el destino nos ha juntado otra vez… y esta vez no necesitamos que el mundo esté en peligro.
Peter la miró con cautela.
—Ajá… ¿Y qué es lo que necesitas exactamente?
Morrigan se llevó un dedo a los labios, pensativa.
—Digamos que soy una turista en este hermoso mundo tuyo. —Sus alas traseras se agitaron levemente—. Y me vendría bien un buen guía.
Peter la miró incrédulo.
—¿Quieres que yo sea tu guía?
Morrigan sonrió, acercándose un poco más.
—¿Quién mejor que un héroe amigable y confiable para enseñarme Nueva York?
Peter suspiró, mirando a Strange.
—¿De verdad esto es necesario?
Strange esbozó una ligera sonrisa.
—Considera esto parte de tu "misión".
Peter resopló, antes de mirar a Morrigan.
—Está bien, te haré el tour.
Morrigan aplaudió suavemente.
—Oh, esto será divertido.
Peter tenía un mal presentimiento.
Pero bueno… al menos no tenía que pelear con nadie esta vez.
El Sanctum Sanctorum volvió a sumirse en el silencio una vez que Peter y Morrigan se marcharon. La magia en el aire seguía vibrando levemente, como si la realidad misma sintiera el peso de lo que estaba ocurriendo.
Strange exhaló lentamente y levantó la mirada.
—Ya puedes aparecer.
El espacio pareció distorsionarse por un instante antes de que una silueta se materializara en la penumbra de la sala.
Un ser alto, de cabeza prominente y ojos insondables, cuya presencia parecía trascender el concepto mismo del tiempo.
El Vigilante, Uatu.
El silencioso observador de innumerables realidades.
—Esto debía pasar, Hechicero Supremo —su voz resonó con una calma absoluta, como si hablara desde un punto fijo en la eternidad—. De lo contrario, el ancla perdería su luz… y este universo estaría condenado.
Strange mantuvo su expresión imperturbable, aunque sus ojos se afilaron ligeramente.
—Ya veo. Así que todo esto… no es un simple cruce de dimensiones.
—No —confirmó Uatu—. Es una corrección.
Strange entrecerró los ojos.
—Explícate.
Uatu desvió la mirada hacia donde Peter había estado momentos antes.
—Las líneas del destino han sido alteradas una y otra vez. En cada cambio, el ancla ha sido forzado a soportar más peso del que le corresponde. Si este proceso continúa… colapsará.
Strange meditó sus palabras.
Peter Parker… ¿un ancla?
No era un concepto extraño. Sabía que ciertos individuos tenían un papel más profundo en el equilibrio cósmico de su realidad. Pero si Uatu estaba advirtiéndole ahora, significaba que la situación era peor de lo que imaginaba.
—Dices que esto es una corrección —Strange cruzó los brazos—. ¿Entonces este cruce de dimensiones no es un error, sino un ajuste?
Uatu asintió levemente.
—Los eventos han tratado de forzarlo a la oscuridad. Ahora, este universo intenta restablecer el balance.
Strange cerró los ojos por un momento.
Un equilibrio… que se centraba en Peter Parker.
—Y supongo que la súcubo es parte de ese "balance" —murmuró.
Uatu no respondió de inmediato, pero la luz en sus ojos se intensificó levemente.
—Toda fuerza necesita un contrapeso.
Strange soltó un leve suspiro.
—Si esto es realmente necesario… entonces lo vigilaré.
Uatu inclinó levemente la cabeza.
—Entonces que así sea.
Y con esas palabras, el Vigilante comenzó a desvanecerse, volviendo a su eterno papel de observador.
Strange permaneció en silencio, meditando lo que acababa de oír.
La realidad estaba intentando corregirse.
Peter Parker era el punto clave en ese ajuste.
Y Morrigan Aensland…
Era parte de la ecuación.
Las calles de Nueva York estaban cubiertas por una ligera capa de nieve, y el aire frío de invierno soplaba con fuerza. Sin embargo, ni el clima helado podía competir con la presencia de Morrigan Aensland.
Peter no podía evitar mirarla de reojo mientras caminaban juntos.
Llevaba un suéter de lana color azul marino, ajustado de forma casi pecaminosa a su figura. Su bufanda lila combinaba perfectamente con su cabello esmeralda, y el abrigo que llevaba encima apenas podía disimular su silueta. A pesar de que su magia ocultaba sus rasgos no humanos, Morrigan seguía siendo… bueno, Morrigan.
Y eso era un problema.
Peter sacudió la cabeza. Concéntrate, Parker.
—Así que… ¿cuál es el plan? —preguntó Morrigan con una sonrisa pícara.
—Primero, sobrevivir al invierno sin morir congelados —respondió Peter, metiendo las manos en los bolsillos de su chamarra—. Y segundo, llevarte a la mejor pizzería de Nueva York.
Morrigan arqueó una ceja con curiosidad.
—¿La mejor?
Peter sonrió.
—Oh, sí. El viejo Stan hace la mejor pizza de la ciudad. Es un clásico.
Morrigan soltó una ligera risa.
—Bien, confío en tu buen gusto, arañita.
El lugar tenía un aire acogedor, con paredes de ladrillo, decoraciones antiguas y el inconfundible aroma de masa recién horneada y queso derretido. Había varias fotos enmarcadas de clientes famosos y una en particular llamó la atención de Morrigan.
Una imagen en blanco y negro de un joven con gafas, con la sonrisa más boba del mundo, sosteniendo una rebanada de pizza mientras un hombre mayor con bigote blanco le revolvía el cabello.
—¿Ese eres tú? —preguntó con una sonrisa burlona.
Peter se sonrojó levemente.
—Sí… el viejo Stan ha estado aquí desde que era niño. Solía venir con mi tío Ben.
Morrigan sintió un leve cambio en su tono de voz, pero decidió no presionar.
Ambos se sentaron en una mesa junto a la ventana mientras un mesero les dejaba dos refrescos.
—Entonces, dime, Peter… ¿qué ha pasado desde la última vez que luchamos juntos? —preguntó Morrigan, entrelazando los dedos sobre la mesa.
Peter soltó un suspiro y miró la mesa por un momento antes de hablar.
—Bueno… ¿recuerdas cuando casi terminamos convertidos en partículas cósmicas por evitar que los mundos colisionaran?
Morrigan rió suavemente.
—Oh, sí. Qué noche aquella.
—Bueno, después de eso mi vida fue… complicada —Peter tomó su refresco y bebió un sorbo—. Digamos que el universo tenía otros planes para mí.
Morrigan lo observó con interés.
—¿Qué tipo de planes?
Peter miró por la ventana.
—Estuve en coma por un tiempo. Luego tuve que recuperarme con un entrenamiento infernal. Perdí mucho. Recuperé algunas cosas. Y… —Se detuvo un momento—. Y también terminé con MJ.
Morrigan alzó una ceja.
—¿La pelirroja?
Peter asintió.
—Sí.
La súcubo notó la tensión en su mandíbula. No era una ruptura cualquiera.
—¿Quieres hablar de eso?
Peter soltó una leve risa sin humor.
—No hay mucho que decir. Simplemente… terminó.
Morrigan apoyó el rostro en una mano, observándolo con interés.
—Las historias de amor nunca son tan simples, Peter.
Peter le devolvió una mirada cansada.
—Créeme, me gustaría que lo fueran.
En ese momento, la pizza llegó a la mesa, interrumpiendo la conversación.
Peter tomó una rebanada y la mordió sin pensarlo dos veces. Morrigan lo observó por un instante antes de hacer lo mismo.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Mmm… vaya, esto sí es bueno.
Peter sonrió con orgullo.
—Te lo dije.
Por primera vez en mucho tiempo, la conversación de Peter Parker no giraba en torno a problemas, enemigos o tragedias.
Solo estaban él, Morrigan y una pizza caliente en medio del frío invierno neoyorquino.
Peter estaba disfrutando la pizza cuando, de repente, una sombra se acercó a su mesa.
—Aquí tienen, chicos, la especial de la casa —dijo una voz ronca pero amigable.
El viejo Stan colocó la pizza con una sonrisa y miró a ambos con una expresión traviesa.
Morrigan le devolvió la sonrisa con naturalidad. Peter, por otro lado, sintió un escalofrío… no por miedo, sino por instinto. Algo en la mirada de Stan le decía que estaba tramando algo.
Terminaron de comer entre charla ligera y risas, disfrutando de la calidez del lugar mientras la nieve seguía cayendo afuera.
Cuando se acercaron a la caja para pagar, Stan se cruzó de brazos y los miró con una sonrisa burlona.
—Bueno, veo que esta es una ocasión especial, así que les haré un descuento.
Peter arqueó una ceja.
—¿Descuento?
Stan asintió con una expresión que parecía contener una risa.
—Sí, descuento de pareja.
El cerebro de Peter colapsó por un segundo.
—¡Espera, espera! ¡Nosotros no somos pareja! —dijo, alzando las manos.
Morrigan, por su parte, solo sonrió con diversión mientras le daba un sorbo a su refresco.
El viejo Stan soltó una carcajada y señaló sus lentes.
—Mis ojos jamás fallan, chico. Sé lo que veo ante mis cuatro ojos.
Dicho eso, Stan ajustó sus gafas con un gesto dramático antes de guiñarle un ojo a Morrigan y volver a la cocina.
Antes de desaparecer, levantó una mano y con su inconfundible voz exclamó:
—¡Excelsior!
Peter se quedó ahí, atónito, con la boca ligeramente abierta.
Morrigan dejó su vaso sobre el mostrador y le lanzó una mirada juguetona.
—Vaya, vaya… parece que el viejo Stan sabe cosas.
Peter suspiró y pasó una mano por su cara.
—Voy a necesitar más pizza para lidiar con esto.
Morrigan rió suavemente.
—Te digo, no hay nada como disfrutar una pizza al estilo neoyorquino —dijo Peter, levantando una rebanada con una sola mano y doblándola ligeramente antes de darle un gran mordisco.
Morrigan lo miró con curiosidad antes de imitar su movimiento.
—¿Así?
—Exactamente —respondió Peter con la boca aún llena—. Si la comes de otra forma, automáticamente te deportan a Nueva Jersey.
Morrigan soltó una risita mientras mordía su pizza, saboreando el queso derretido y la mezcla de especias.
—Mmm… debo admitirlo, esto es un placer terrenal.
Peter sonrió con orgullo.
—Te lo dije. No hay problemas, no hay villanos ni crisis cósmicas. Solo buena pizza y buena compañía.
Morrigan apoyó el codo sobre la mesa y lo miró con una expresión relajada.
—Así que así se siente ser Peter Parker en lugar de Spider-Man.
Peter dejó su rebanada sobre el plato y la miró con un destello de sorpresa.
—¿Eh?
—Digo, estás tan acostumbrado a saltar entre rascacielos, luchar contra tipos con planes ridículos de dominación y salvar el día, que esto… —Morrigan hizo un gesto con la mano hacia la pizzería— …se siente como algo raro para ti.
Peter la observó por un momento antes de soltar un suspiro.
—Tienes razón —admitió—. No recuerdo la última vez que me senté así, sin preocuparme por lo que viene después.
Morrigan sonrió.
—Tal vez deberías hacerlo más seguido.
Peter no dijo nada, pero en el fondo, esa idea sonaba tentadora.
Por un instante, no había responsabilidades, no había el peso del mundo sobre sus hombros.
Solo eran Peter y Morrigan, disfrutando una pizza en una fría noche de Nueva York.
Con el estómago satisfecho y una sensación de tranquilidad en el pecho, Peter y Morrigan se levantaron de la mesa y se dirigieron hacia la puerta.
Por primera vez en mucho tiempo, Peter no sentía el peso de sus responsabilidades oprimiéndolo. No tenía que preocuparse por villanos, por la ciudad o por la próxima batalla. Solo era un joven disfrutando de una noche neoyorquina en buena compañía.
El frío aire invernal los envolvió en cuanto salieron, pero no fue suficiente para borrar la sonrisa de satisfacción que se dibujaba en el rostro de Peter.
—Así que… ¿primera vez probando la auténtica pizza de Nueva York? —preguntó con una sonrisa mientras metía las manos en los bolsillos de su chaqueta.
Morrigan, con su bufanda de lana y sus largas botas de invierno, se estiró perezosamente y dejó escapar un suspiro placentero.
Mientras Morrigan se estiraba con una expresión de satisfacción, su bufanda de lana se deslizó ligeramente, permitiendo que la ajustada tela de su abrigo de invierno delineara aún más su figura. Su generoso busto se acentuó con el movimiento, atrayendo inevitablemente algunas miradas de los transeúntes cercanos.
Algunos intentaron disimular su sorpresa con un rápido desvío de ojos, mientras que otros simplemente se quedaron mirando con asombro, como si estuvieran hipnotizados. Peter, por su parte, se percató de la situación y soltó un suspiro, llevándose una mano al rostro.
—Genial, ahora Nueva York va a tener accidentes de tránsito —murmuró en tono de broma.
Morrigan notó su reacción y sonrió con picardía.
—Oh, ¿acaso te pone celoso, tigre? —preguntó en un tono travieso, dándole un suave codazo.
Peter rodó los ojos y bufó.
—Nah, solo me preocupa que alguien termine cayendo en una alcantarilla por no ver por dónde camina.
Morrigan soltó una risita divertida antes de acercarse más a él, como si buscara refugio del frío.
—Entonces, supongo que será mejor que nos movamos antes de causar más estragos, ¿no crees?
Peter negó con la cabeza, pero no pudo evitar reírse.
—Definitivamente. Vamos antes de que alguien choque contra un poste.
El dúo siguió caminando, dejando atrás las miradas curiosas y los murmullos, perdiéndose entre las luces nocturnas de la ciudad.
—Debo admitirlo… ahora entiendo por qué tanta gente habla de ella. Aunque creo que la compañía también influyó en la experiencia.
Peter sintió que un ligero calor subía a su rostro, pero lo disimuló con una risa.
—Bueno, bueno, no me hagas sonrojar, ya tengo suficientes problemas con mi sentido arácnido.
Morrigan sonrió divertida y le dio un suave golpe en el brazo.
El dúo continuó caminando por la acera, perdiéndose entre las luces nocturnas de la ciudad.
Dentro de la pizzería, el viejo Stan observaba a los dos alejarse mientras secaba un vaso con un paño.
A su lado, su esposa, una mujer de cabello canoso y una mirada amable, lo observaba con ternura.
—Has visto a ese chico crecer, ¿verdad? —preguntó ella en voz baja.
Stan asintió con una sonrisa nostálgica.
—Sí… pasó de ser un niño flacucho con demasiadas preocupaciones, a un hombre que finalmente aprendió a darse un respiro.
La anciana sonrió, apoyando una mano en el brazo de su esposo.
—Se ve feliz.
Stan soltó una suave risa y se encogió de hombros.
—Bueno, ya era hora, ¿no crees?
Dicho eso, ambos volvieron a su rutina, atendiendo el negocio como si nada hubiera pasado.
El sol aún brillaba en lo alto del cielo, bañando la ciudad con su luz dorada mientras Peter y Morrigan recorrían las calles de Nueva York. A pesar del frío del invierno, la ciudad mantenía su incesante ritmo de vida, con taxis tocando el claxon, turistas tomando fotos y vendedores callejeros anunciando sus productos con entusiasmo.
—Bien, bien, bien, sigamos con el recorrido —dijo Peter animado, con las manos en los bolsillos—. No puedes decir que visitaste Nueva York sin ver estos lugares.
Morrigan, con su ropa de invierno ajustada que resaltaba su figura, sonrió con curiosidad.
—Sorpréndeme, tigre.
Peter la llevó primero a Central Park, donde algunos niños jugaban con la nieve mientras los adultos paseaban tranquilamente por los senderos cubiertos de escarcha.
—Este es el pulmón de Nueva York —explicó Peter, extendiendo los brazos—. A veces, cuando la ciudad me vuelve loco, vengo aquí a despejarme.
Morrigan observó el paisaje con interés.
—Es un bonito contraste con el resto de la ciudad. Aunque… —Se llevó un dedo a los labios con picardía—, no me imagino a Spider-Man relajándose en un parque.
Peter se encogió de hombros con una sonrisa.
—Sí, bueno, supongo que tengo mis momentos de calma... cuando no estoy columpiándome entre edificios o esquivando explosiones.
Siguieron caminando hasta Times Square, donde la multitud se movía entre enormes pantallas de anuncios y tiendas llamativas. Morrigan miró con fascinación los carteles brillantes y el ajetreo de la gente.
Mientras caminaban por Times Square, Peter notó cómo algunas personas se detenían a mirar a Morrigan. No era de extrañar, ya que incluso con su magia ocultando sus rasgos sobrenaturales, su belleza seguía destacando entre la multitud. Su largo cabello verde contrastaba con la ropa de invierno que se ajustaba perfectamente a su cuerpo, resaltando su figura de manera natural.
No tardó mucho en pasar lo inevitable.
—¡Oye, señorita! —gritó un fotógrafo callejero con una cámara profesional—. ¿Modelo de pasarela? ¿Actriz de cine? ¿Superestrella internacional? ¡Déjeme tomarle una foto, por favor!
Peter se quedó boquiabierto al ver cómo en cuestión de segundos, más fotógrafos y turistas se unían, tomando fotos de Morrigan como si fuera una celebridad.
—Uhh… ¿qué está pasando? —susurró Peter, sorprendido.
Morrigan, lejos de sentirse incómoda, sonrió con diversión y se acomodó el cabello de manera seductora, adoptando una pose natural para las fotos.
—Parece que Nueva York sabe reconocer la belleza cuando la ve —dijo con coquetería, guiñando un ojo a Peter.
El fotógrafo tomó varias fotos y revisó su cámara con emoción.
—¡Dios mío, estas tomas son increíbles! —exclamó—. ¿Tienes redes sociales? ¿Agente de modelos? ¡Podrías ser la próxima gran estrella!
Peter sintió una mezcla de orgullo y preocupación. Por un lado, era gracioso ver cómo Morrigan se divertía con la atención, pero por otro, temía que llamara demasiado la atención de los medios.
—Bien, bien, gente —intervino Peter, poniendo una mano en el hombro de Morrigan—. Apreciamos la atención, pero estamos de turistas. ¡Vamos, sigamos!
Con una sonrisa traviesa, Morrigan le tomó del brazo mientras se alejaban de la multitud.
—Vaya, Parker, ¿será que estás celoso? —preguntó con picardía.
—¿Yo? ¿Celoso? —se rió nerviosamente Peter—. ¡Claro que no! Solo… no quiero que termines con una valla publicitaria de "la mujer más hermosa de Nueva York" en menos de una hora.
Morrigan rio suavemente y apoyó su cabeza en su hombro por un momento.
—Eres adorable cuando te preocupas.
Peter resopló, pero no pudo evitar sonreír.
—Vamos, aún hay mucho por ver antes de que te conviertas en la sensación viral del día.
—Debo admitir que este lugar tiene su encanto caótico —comentó mientras observaba a un grupo de artistas callejeros haciendo malabares con fuego.
—Sí, Times Square es como una caja de sorpresas. Un día puedes ver un anuncio de perfume y al otro, un tipo disfrazado de Elmo bailando por propinas —dijo Peter con humor.
Después, visitaron el Empire State, donde Peter compartió algunas anécdotas sobre las veces que tuvo que detener a villanos intentando usar el edificio para planes malvados.
—Así que, sí, técnicamente este lugar debería tener un letrero de "cerrado por reparaciones" al menos una vez al mes —bromeó.
Morrigan rió con diversión.
—Vaya, y yo que pensaba que mi mundo era caótico.
El recorrido continuó con una parada en la heladería de su vecindario, donde Peter compró un helado de vainilla para él y uno de fresa para Morrigan.
—¿Helado en invierno? —preguntó ella, arqueando una ceja.
—¿Y por qué no? —respondió Peter con una sonrisa—. Es una tradición de Nueva York.
Morrigan le dio una probada a su helado y asintió satisfecha.
—Mmm, no está mal. Aunque no sé si es mejor que la pizza.
—Ah, así que estás aprendiendo lo importante —dijo Peter, divertido.
Mientras paseaban con sus helados en mano, Peter sintió algo diferente. No tenía que preocuparse por villanos, ni por salvar el día. Otros héroes estaban manejando las cosas.
Mientras la noche caía sobre la ciudad que nunca duerme, Peter y Morrigan tomaron asiento en una pequeña mesa al aire libre cerca de una cafetería, justo enfrente del Daily Bugle. El letrero iluminado del periódico parpadeaba en lo alto del edificio, recordándole a Peter los viejos tiempos en los que corría de un lado a otro, tomando fotos de sí mismo para venderlas a Jonah Jameson.
—Nueva York de noche tiene otro aire, ¿no crees? —comentó Peter, observando las luces de la ciudad reflejarse en las ventanas de los rascacielos.
Morrigan asintió, cruzando las piernas con elegancia mientras sostenía una taza de café humeante entre sus manos.
—Es encantador —dijo con una sonrisa—. No tiene la magia de Makai, pero hay algo especial en este lugar. Es como si la ciudad misma respirara.
Peter sonrió, sintiéndose extrañamente relajado. No había villanos interrumpiendo, ni caos de otro universo colapsando con el suyo. Solo estaba él, disfrutando de una noche tranquila con alguien que, para su sorpresa, le resultaba fácil de estar cerca.
—Solías trabajar ahí, ¿cierto? —preguntó Morrigan, señalando el Daily Bugle con un gesto de su mano.
Peter soltó una carcajada nostálgica.
—Sí… y créeme, fue un trabajo muy peculiar. Imagínate tener que vender fotos de ti mismo a un tipo que te odia pero no puede evitar comprarlas porque son demasiado buenas.
Morrigan rió suavemente.
—Debe haber sido divertido jugar con eso.
—Oh, ni te imaginas… —Peter tomó un sorbo de su café, disfrutando del calor en medio del aire frío de la noche—. Pero lo dejé hace mucho. Ahora Jameson tiene su canal de noticias y sigue con su odio hacia Spider-Man, solo que con más presupuesto.
Morrigan lo miró con una expresión curiosa.
—¿Y qué hay de Peter Parker? No de Spider-Man… sino de ti.
Peter bajó la mirada un momento, dejando la taza sobre la mesa.
—Esa es la pregunta del millón, ¿no? —susurró—. Durante años, cada decisión que he tomado ha sido pensando en Spider-Man. Pero ahora… ahora no sé bien qué quiero para mí.
Morrigan lo observó con interés, viendo a un hombre que, por primera vez en mucho tiempo, se permitía reflexionar sobre sí mismo sin el peso de su otra identidad.
—Quizás esta noche no tengas que ser Spider-Man —dijo ella suavemente—. Quizás solo puedas ser Peter Parker.
Peter la miró, sorprendido por lo fácil que Morrigan hacía que todo sonara. Por primera vez en mucho tiempo, sentía que podía bajar la guardia sin que el mundo colapsara a su alrededor.
—Solo Peter Parker, ¿eh? —repitió, dejando que las palabras se asentaran en su mente.
—Solo Peter Parker —afirmó Morrigan con una sonrisa misteriosa, antes de tomar otro sorbo de su café.
Peter sintió su garganta secarse al ver a ella.
Mary Jane Watson caminaba del brazo de Paul, ambos sonriendo, disfrutando de la noche como cualquier pareja normal. Sus risas eran suaves, pero para Peter, parecían resonar más fuerte que todo el bullicio de Nueva York.
Sin darse cuenta, su mano sobre la mesa se cerró en un puño. No era rabia, no era resentimiento… era ese peso sordo en el pecho, ese nudo en el estómago que le recordaba todo lo que había perdido.
Morrigan notó el cambio inmediato en Peter. Sus ojos ya no reflejaban la calma de hace unos minutos. Siguiendo su mirada, vio a la pareja alejarse sin siquiera notar la presencia de Peter.
La súcubo no dijo nada. En su larga vida, había visto muchas veces ese tipo de dolor. La pérdida, la nostalgia, el deseo de lo que alguna vez fue y nunca volvería a ser.
Con delicadeza, deslizó su mano sobre la de Peter, sus dedos rozando suavemente su piel antes de ejercer una leve presión. Un toque sutil, pero firme, como un recordatorio de que no estaba solo.
Peter sintió el calor de la mano de Morrigan sobre la suya y, por reflejo, sus dedos se relajaron. Suspiró lentamente, dejando escapar un poco del peso que oprimía su pecho.
Ella no le dijo que lo olvidara. No intentó restarle importancia a lo que sentía. Simplemente estaba ahí, haciéndole saber, sin palabras, que podía seguir adelante.
Peter exhaló, forzando una sonrisa antes de mirar a Morrigan.
—Gracias —susurró, apenas audible.
Ella le sonrió con esa expresión misteriosa y juguetona de siempre, pero sus ojos reflejaban una calidez distinta.
—No tienes que cargar con todo tú solo, Peter —dijo suavemente—. A veces, es bueno dejar que alguien más te ayude a llevar el peso.
Peter observó en silencio cómo Mary Jane y Paul se alejaban, su figura perdiéndose entre la multitud de la ciudad. Aún sentía el eco de la presión de la mano de Morrigan sobre la suya, pero antes de que pudiera procesar más sus emociones, un fuerte estruendo sacudió la calle.
¡BOOM!
El concreto explotó, el asfalto se agrietó y los gritos de los transeúntes llenaron el aire.
—¡Bienvenidos a la fiesta, neoyorquinos! —rugió un hombre alto y musculoso con un casco de metal en la cabeza. Wrecker, líder del Escuadrón de la Demolición, alzó su enorme barra de hierro, riendo con arrogancia.
Detrás de él, sus compañeros Thunderball, Piledriver y Bulldozer destrozaban la zona, volteando autos y reventando vitrinas.
Peter reaccionó de inmediato. Miró alrededor: ni Miles, ni Jessica Drew, ni Johnny Storm. No había héroes cercanos.
—Tsk, justo cuando quería seguir siendo un guía turístico —murmuró.
Con un rápido movimiento, se giró hacia Morrigan.
—Voy a encargarme de esto.
Morrigan, con los brazos cruzados y una sonrisa entretenida, se dispuso a intervenir, pero Peter levantó una mano.
—Ah, no, no, no. Tú eres una invitada. No quiero que te metas en líos en tu primera noche en Nueva York.
—Peter… —Morrigan ladeó la cabeza—. ¿De verdad crees que necesito protección?
—No es eso, es que… mira, es cosa de rutina para mí. Prometo que lo termino rápido y volvemos a lo nuestro.
La súcubo suspiró, mostrando una sonrisa juguetona.
—Está bien, Spidey. Pero si necesitas ayuda, no dudes en pedírmela.
Peter le guiñó un ojo antes de correr hacia un callejón y, con la rapidez de los viejos tiempos, se cambió a su icónico traje rojo y azul.
Cuando emergió nuevamente como Spider-Man, su postura era completamente diferente. Se trepó a un poste de luz y gritó con su tono burlón habitual:
—¡Oigan, muchachos! ¿No es un poco temprano para su sesión de destrucción urbana? Digo, al menos esperen a que salga el sol.
Los cuatro villanos giraron al unísono y gruñeron al reconocerlo.
—¡Maldito Spider-Man! —bramó Wrecker—. ¡Chicos, hagan pedazos al arácnido!
—¡Hora de bailar, feos! —exclamó Spidey, lanzándose hacia ellos con una telaraña.
La pelea había comenzado.
Spidey se lanzó hacia el Escuadrón de la Demolición con la confianza de siempre, disparando telarañas para inmovilizar a los matones. Pero no pasó ni un segundo antes de que Thunderball balanceara su enorme bola de demolición directo hacia él.
—¡Bienvenido de vuelta, Spidey! —gritó el villano con una sonrisa burlona.
Peter intentó esquivar con una voltereta, pero su movimiento no fue tan preciso como recordaba. Aunque evitó el golpe directo, la fuerza del impacto generó una onda de choque que lo lanzó contra una pared cercana.
¡CRACK!
El concreto se partió, y Peter sintió un fuerte golpe en la espalda. Su traje absorbió parte del daño, pero el sonido de tela rasgándose le indicó que no iba a salir de esta sin un par de agujeros en su vestimenta.
—Ugh… ya me acordé por qué me tomé un descanso… —gruñó mientras se ponía de pie.
Sin darle respiro, Piledriver cargó contra él con su puño reforzado, intentando aplastarlo como a un insecto.
Peter reaccionó lanzando una telaraña al suelo y usándola para impulsarse al aire. Sin embargo, su cálculo fue un poco impreciso, y en lugar de aterrizar con gracia, terminó tambaleándose sobre la marquesina de una tienda.
—Sí, sí… definitivamente necesito más práctica.
El villano no le dio tregua. Bulldozer embistió el edificio con su casco metálico, partiendo la estructura. Peter, sintiendo el peligro, saltó justo a tiempo, pero no antes de que algunos escombros rasgaran más su traje. Ahora, tenía una gran abertura en el torso y una manga desgarrada.
—¡Oye, este traje no es barato! —se quejó, aunque en su cabeza, su preocupación real era otra: su cuerpo no estaba respondiendo al cien por ciento.
Durante los últimos meses, había estado entrenando, sí, pero aún no había tenido una pelea real. Y se notaba. Sus reflejos no eran tan afilados como antes, y sus movimientos carecían de la fluidez que solía tener.
—¡Spider-Man, qué pasa! ¿No eres tan ágil como antes? —se burló Wrecker, girando su barra de metal con facilidad.
Spidey aterrizó en el suelo y respiró hondo.
—Nah, solo estoy calentando…
Pero la verdad era que estaba sintiendo la fatiga más rápido de lo normal. Morrigan, que observaba desde la distancia, frunció el ceño.
—No está en su mejor forma…
Peter, sin embargo, no tenía tiempo para preocuparse por eso. Se obligó a concentrarse, esquivando otro golpe de Wrecker y respondiendo con una patada en la cara. El impacto lo hizo retroceder, pero Peter notó algo alarmante: su golpe no tenía la misma fuerza de antes.
—Genial… no solo estoy más lento, también pego como un niño de secundaria.
Apretó los dientes. No podía permitirse perder esta pelea. Tenía que recordar quién era Spider-Man.
—Muy bien, chicos, es divertido y todo, pero necesito terminar esto rápido —murmuró para sí mismo.
Con un nuevo plan en mente, volvió a la carga, esquivando mejor y buscando puntos débiles en los movimientos del Escuadrón de la Demolición. Sabía que si quería recuperar su ritmo, tendría que empujar su cuerpo al límite… y ganar esta pelea a la antigua.
Con el Escuadrón de la Demolición asegurado y SHIELD llevándose a los villanos, la noche neoyorquina volvía a la relativa calma. Solo quedaban tres figuras en medio de la escena del combate: Spider-Man, aún con su traje hecho jirones; Johnny Storm, flotando con una expresión de satisfacción; y Morrigan, quien se acercaba con paso elegante hacia su "guía turístico".
—Vaya, Peter, parece que estos tipos te dieron más problemas de los que esperabas. —dijo con una suave sonrisa, inclinándose un poco para observar mejor su estado.
Antes de que Spidey pudiera responder, Johnny aprovechó el momento para hacer su gran entrada, inflando el pecho con confianza.
—¡Johnny Storm, la Antorcha Humana! Encantado de conocerte, preciosa.
Con un movimiento teatral, extendió la mano para que Morrigan la tomara, acompañando la acción con su clásica sonrisa de chico carismático.
La súcubo simplemente ladeó la cabeza y lo ignoró por completo, centrando toda su atención en Peter.
—¿Te sientes bien? ¿Nada roto?
Johnny parpadeó.
—...Oye, eso fue brutalmente frío.
Peter, por su parte, no pudo evitar reír entre dientes al ver la expresión de su amigo.
—Bienvenido a mi mundo, amigo.
Mientras tanto, Morrigan inspeccionaba con la mirada el traje dañado de Peter. Había varios cortes en el torso y piernas, y una de sus mangas estaba casi completamente arrancada. No podía evitar notar la cicatriz en su costado, resultado de una de las tantas batallas que había enfrentado.
Johnny, aún con el ego un poco herido, decidió contraatacar con humor.
—Sabes, Spidey… el único pelo en tu pecho está claramente a la vista con ese traje roto.
Peter suspiró dramáticamente.
—¡Oh, qué tragedia! Mi única barrera de masculinidad expuesta al mundo.
Morrigan soltó una pequeña risa, disfrutando de la dinámica entre los dos. Era evidente que su relación estaba llena de bromas, pero también de confianza genuina.
Johnny chasqueó los dedos.
—Vamos, mejor arreglemos eso antes de que las abuelas de Nueva York se desmayen de la impresión. Reed puede arreglarlo en la Torre Baxter.
Peter abrió la boca para protestar, pero Johnny ya lo estaba arrastrando—figurativamente hablando— hacia su destino.
—No acepto un no como respuesta, Parker.
—¿Alguna vez lo haces?
Morrigan observaba la interacción con diversión.
—¿Vamos en auto o…?
Peter negó con la cabeza y se inclinó levemente hacia ella, ofreciéndole su espalda.
—Si quieres un verdadero recorrido por la ciudad, agárrate bien.
Los ojos de Morrigan brillaron con interés, y sin dudarlo, se aferró a él, rodeando su cuello con los brazos y asegurándose con las piernas.
Peter no pudo evitar sentir el contacto de su cuerpo presionando contra su espalda, mientras Johnny los miraba con una ceja levantada, claramente envidioso.
—Hey, hey, hey. ¿Cómo es que él consigue llevarse a la chica volando y yo no?
Peter se encogió de hombros mientras se lanzaba al vacío, con Morrigan riéndose suavemente por la sensación de balancearse entre los edificios.
—Lo siento, Johnny. No todas pueden resistirse a mi encantador tour aéreo.
Johnny, con el ceño fruncido, los siguió en el aire, dejando una estela de fuego detrás.
—Esto es injusto. ¡Quiero una queja formal en el club de solteros de Nueva York!
Morrigan solo sonrió, disfrutando de la experiencia.
Peter, por su parte, trataba de ignorar la sensación de los pechos de la súcubo apretándose contra su espalda mientras se balanceaba entre los edificios.
Definitivamente iba a ser una noche interesante en la Torre Baxter.
Morrigan no estaba acostumbrada a este tipo de viaje. Había volado muchas veces antes, pero siempre por sus propios medios. Sus alas le permitían moverse con libertad por los cielos, pero esto era completamente diferente.
La sensación de ser llevada por Peter mientras él se balanceaba entre los rascacielos de Nueva York era una mezcla única de emoción y adrenalina. El viento cortaba su rostro con cada giro y caída, su cabello verde ondeaba con la velocidad, y su cuerpo se pegaba instintivamente contra la espalda del héroe cada vez que descendía bruscamente.
Podía sentir la fuerza con la que Peter se impulsaba con sus telarañas, el control preciso que tenía sobre cada balanceo, cómo su cuerpo se tensaba ligeramente justo antes de lanzar otra línea, preparándose para el próximo movimiento.
Por primera vez en mucho tiempo, Morrigan sintió lo que era dejarse llevar completamente.
A pesar de que ella era quien solía tener el control en la mayoría de las situaciones, ahora dependía enteramente de Peter, confiando en que él la llevaría de forma segura entre los rascacielos. Y lo disfrutaba.
—Esto es… emocionante. —murmuró contra su oído, con una sonrisa de pura diversión.
Peter, que estaba concentrado en su ruta, sintió un escalofrío recorrer su espalda al notar el tono seductor en su voz.
—Me alegra que lo disfrutes. Pero no hagas que me distraiga demasiado, ¿sí? —respondió en tono medio burlón, aunque en el fondo realmente intentaba no perder la concentración.
Morrigan soltó una suave risa.
—Oh, pero eso es la mitad de la diversión.
Cada vez que Peter realizaba un giro brusco, Morrigan sentía la presión del aire empujándola hacia él, sus piernas se apretaban más fuerte contra su cintura y su agarre se hacía más firme.
Era una sensación intensa. Era salvaje.
Cuando Peter realizó un giro más cerrado de lo habitual, lanzándose en picada por un par de segundos antes de recuperar altura, Morrigan dejó escapar un pequeño jadeo de emoción.
—¡Ah~! Esto es mucho mejor que simplemente volar.
La súcubo podía sentir su propio corazón latiendo con fuerza por la experiencia. No era miedo, sino pura euforia.
A diferencia de su vuelo natural, donde ella controlaba cada movimiento, aquí había un elemento de sorpresa, de incertidumbre. No sabía exactamente hacia dónde iría después, solo podía aferrarse y dejarse llevar.
Johnny, que los seguía de cerca, resopló con evidente envidia.
—¡Oh, vamos! ¿Por qué no me miras a mí con esa emoción?
Morrigan lo miró de reojo con una sonrisa juguetona.
—Porque tú eres predecible, querido.
Peter, tratando de no reírse, finalmente divisó la Torre Baxter acercándose.
—Prepárate, vamos a aterrizar.
Morrigan exhaló profundamente, aún saboreando la experiencia.
—Qué lástima… Estaba empezando a acostumbrarme a esto.
Mientras descendían, una sola idea cruzó por la mente de Morrigan:
"Definitivamente quiero repetir esto."
Aterrizando con suavidad en la azotea de la Torre Baxter, Peter dejó que Morrigan bajara de su espalda. La súcubo se estiró ligeramente, todavía con la emoción del viaje reflejada en su expresión.
Johnny aterrizó a su lado con los brazos cruzados y una sonrisa arrogante.
—Bienvenidos a la base de los héroes más grandiosos del mundo.
Peter se cruzó de brazos y alzó una ceja.
—No digas eso muy alto, o los Vengadores se pondrán celosos.
Johnny se rió y los guió por la entrada principal. Mientras caminaban por los pasillos impecables de la torre, Morrigan miraba con curiosidad los avanzados dispositivos tecnológicos y las paredes llenas de pantallas holográficas mostrando datos en tiempo real.
En poco tiempo, llegaron hasta el laboratorio de Reed Richards, el brillante líder del equipo. Al verlos entrar, Reed apartó la vista de su consola y ajustó sus gafas.
—Ah, Peter. No esperaba verte tan pronto.
Antes de que Peter pudiera responder, una figura enorme se acercó y le dio una palmada en la espalda con tal fuerza que casi lo hace tropezar.
—¡Arañita! ¡Cuánto tiempo sin verte! —rugió Ben Grimm, alias La Mole, con una gran sonrisa.
Peter se recompuso y sonrió.
—Hey, Ben. No cambias nada.
Ben soltó una risa profunda y cruzó los brazos.
—Sí, sí, lo que sea, Parker. Entonces, ¿quién es la belleza que trajiste contigo?
Antes de que Peter pudiera responder, una voz femenina interrumpió la conversación.
—¿Peter? ¿Qué sorpresa verte aquí?
Era Sue Storm, la Mujer Invisible, quien entraba al laboratorio con una sonrisa amigable. Justo detrás de ella, dos pequeños niños corrieron hacia Peter con entusiasmo.
—¡Tío Spidey! —gritaron Franklin y Valeria Richards al unísono antes de abrazarlo.
Peter rió mientras les revolvía el cabello, notando que habían crecido un poco desde la última vez que los vio.
—Vaya, ustedes dos están más grandes cada vez que los veo. ¿Qué están comiendo? ¿Puro superpoder?
Los niños rieron, mientras Sue sonreía con ternura.
—No puedo evitar notar que vienes acompañado.
Todas las miradas se posaron en Morrigan, quien respondió con una sonrisa elegante y juguetona.
—Un placer conocerlos a todos. —dijo con un tono seductor, haciendo que Johnny se inflara un poco con orgullo por traer a alguien así de llamativa.
Ben, sin embargo, arqueó una ceja y miró a Peter con una expresión divertida.
—Así que ya tienes una nueva chica, ¿eh?
Peter rodó los ojos y suspiró.
—No empieces…
Morrigan sonrió con travesura y se acercó más a Peter, apoyando suavemente una mano en su hombro.
—Oh, ¿acaso es un problema?
La reacción de Peter fue inmediata: se puso tenso y su rostro se sonrojó levemente, lo que causó risas en Ben y Johnny.
—Definitivamente me agrada esta chica. —comentó Ben con una carcajada.
Peter suspiró profundamente.
Johnny se cruzó de brazos y miró a Reed con una sonrisa confiada.
—Oye, el traje de Spidey está hecho pedazos, ¿puedes hacer algo al respecto?
Reed observó a Peter de arriba abajo y se llevó la mano al mentón en un gesto pensativo.
—Hmm... Veamos...
Se acercó, inspeccionando con detalle cada rasgadura en la tela. Luego suspiró dramáticamente y negó con la cabeza.
—Esto no tiene arreglo. Es un caso perdido, Peter.
Peter parpadeó sorprendido.
—¿Es en serio? ¡No está tan mal! Solo necesita unos cuantos remiendos y estará como nuevo.
—No, no, es imposible. —dijo Reed con fingida solemnidad—. El daño es irreparable. No hay solución...
Peter frunció el ceño, sintiendo que algo andaba mal con la actitud de Reed.
—Entonces... ¿qué hago? ¿Peleo con un saco de papas?
Fue entonces cuando Reed chasqueó los dedos y presionó un botón en el panel de su laboratorio. De una cápsula de seguridad emergió un pequeño reloj de diseño avanzado.
—Afortunadamente, he estado trabajando en algo mucho mejor.*— Reed sonrió— Te presento un traje hecho con nanotecnología de partículas inestables.
Peter tomó el reloj y lo examinó con curiosidad.
—¿Un reloj? ¿Cómo se supone que esto me ayuda?
—Presiona el botón, Parker.
Peter siguió las instrucciones y, en un instante, cientos de nanobots emergieron del dispositivo, envolviendo su cuerpo en cuestión de segundos. Lo que apareció fue una versión completamente nueva de su traje, inspirado en su viejo diseño, pero con una apariencia más moderna y tecnológica.
El traje tenía una base azul oscuro con detalles rojos en la parte superior. El símbolo de la araña en su pecho era más grande y estilizado, extendiendo sus patas hasta los hombros. La máscara tenía lentes blancos más alargados, capaces de ajustarse dinámicamente para expresar sus emociones.
Además, el traje poseía una larga capa roja de nanotela adherida a la parte superior de su espalda, similar a un biomimetismo de alas. No era solo un adorno; Reed explicó que podía extenderse para planear o ayudar con su maniobrabilidad aérea.
—¡Vaya! Esto se parece mucho al traje que usé en... bueno, en otro universo. —dijo Peter mientras se inspeccionaba—. ¿Seguro que es para mí y no para un vampiro de Nueva York?
Reed sonrió con orgullo.
—Está basado en múltiples mejoras de diferentes realidades.
—¡Y lo mejor de todo es que no se rompe con cada golpe! —interrumpió Johnny con entusiasmo—. Puedes recibir una paliza y aún tendrás tu dignidad intacta.
Reed asintió y continuó con la explicación:
—El traje se repara solo mientras más del 70% de los nanobots permanezcan intactos. Además, lo diseñé con mejoras específicas para tus necesidades:
Modo de invisibilidad, para que no puedas ser detectado por sistemas de vigilancia avanzados.
Protección antisimbiontes, basada en tecnología que bloquea intentos de posesión de organismos alienígenas.
Rastreadores mejorados, para que puedas seguir objetivos sin que ellos lo noten.
Lanzadores de telarañas optimizados, con una variedad de tipos basados en los diseños de tus antiguos cartuchos, ahora integrados en el traje.
Peter se quedó sin palabras, maravillado por la tecnología avanzada en su nuevo atuendo.
—Esto es increíble... pero, espera... ¿cuándo hiciste esto?
Reed cruzó los brazos y miró a Johnny con una sonrisa burlona.
—Hace tiempo.
Peter giró la cabeza hacia Johnny, quien de repente miró hacia otro lado, claramente incómodo.
—¿Qué? ¿Por qué me miran así?
Reed sonrió y continuó:
—En realidad, Johnny me pidió que lo hiciera para ti hace un tiempo. Pero él mismo no sabía cómo dártelo sin que afectara su imagen de "chico cool".
Peter se quedó en silencio por un momento antes de soltar una risa burlona.
—¡No me digas! ¿Johnny Storm, avergonzado de hacer algo amable?
Johnny gruñó y se encogió de hombros.
—¡Bah! No es nada. Solo pensé que el viejo traje se veía patético y necesitabas algo mejor.
Morrigan sonrió divertida y se acercó a Johnny, dándole un pequeño golpe en el hombro.
—Eres más tierno de lo que aparentas, ¿verdad?
Johnny se sonrojó y apartó la vista con una mueca molesta.
—¡Cállate!
Peter sonrió dentro de su nueva máscara.
—"Vaya, parece que hoy es mi día de suerte..."
Peter se miró en un reflejo cercano, admirando su nuevo traje mientras flexionaba los brazos y estiraba las piernas.
—Vaya, esto se siente como estrenar un auto nuevo.
Johnny rió entre dientes y le dio una palmada en la espalda.
—No sé, Spidey, no te veo como un tipo de autos deportivos. Más bien eres de los que manejan un sedán usado con 200,000 kilómetros encima.
Peter suspiró dramáticamente y puso las manos en la cintura.
—Tristemente, ni siquiera eso. Lo más cercano que he tenido a un auto fue el Spider-Móvil... y ya sabemos cómo terminó.
Johnny no pudo evitar soltar una carcajada.
—Oh, sí, el legendario Spider-Móvil. ¿No lo lanzaste por un edificio o lo dejaste en un desierto?
—Primero, fue un accidente. Segundo, técnicamente, no lo dejé en el desierto… se quedó atrapado ahí.
Morrigan levantó una ceja, curiosa.
—¿Spider-Móvil? No me imaginaba que tuvieses un coche con telarañas.
Peter suspiró y se pasó la mano por la máscara.
—Era una larga historia... y ahora es solo chatarra.
Johnny se cruzó de brazos con una sonrisa burlona.
—Y ahora tienes este traje de última tecnología. Lo que significa que, por fin, algo en tu vida es más moderno que un radio de los 80.
Peter chasqueó la lengua y le dio un codazo a Johnny.
—Tienes suerte de que me guste este traje, porque de lo contrario, te haría pagarme un auto nuevo.
Johnny rió y levantó las manos en señal de rendición.
—Hey, hey, si quieres un auto, hablas con Reed. Aunque... no me imagino a Spider-Man manejando.
Morrigan sonrió, disfrutando la dinámica entre ambos amigos.
—Supongo que, después de balancearte entre rascacielos, un auto debe sentirse aburrido.
Peter se encogió de hombros y miró nuevamente su reflejo.
—Bueno, al menos este traje no se quedará atrapado en un desierto.
Johnny se acercó y le dio un codazo juguetón.
—Eso dices ahora...
Johnny y Reed guiaron a Peter hasta una amplia sala de entrenamiento en la Torre Baxter, equipada con tecnología de vanguardia y paneles holográficos. Al entrar, Peter silbó impresionado.
—Vaya, esto hace que mi viejo gimnasio en la universidad parezca un parque infantil.
Reed activó la consola principal, y las paredes se iluminaron con una cuadrícula de luz azul.
—Aquí podrás probar las funciones del traje sin preocupaciones. Está diseñado para adaptarse perfectamente a tu estilo de combate.
Peter flexionó los dedos y miró sus manos, notando cómo el material del traje respondía al más mínimo movimiento. Luego, dio un salto mortal hacia atrás, desprendiéndose de lo ligero que se sentía.
—¡Oh, esto es increíble! Se mueve como una segunda piel.
Johnny cruzó los brazos y sonrió con orgullo.
—Lo sé, lo sé. Puedes agradecerme después.
Peter rodó los ojos mientras se ponía en posición de combate.
—Entonces, ¿qué más puede hacer?
En la consola, Reed activó un holograma de la interfaz del traje, mostrando un esquema detallado con diversas funciones.
—Este traje está hecho con partículas inestables, lo que significa que se adapta automáticamente a cualquier daño menor y puede repararse solo siempre que conserve al menos el 70% de su estructura.
Peter asintió, impresionado.
—Eso significa que ya no tendré que pasar horas cosiendo mi traje con hilo barato.
Reed continuó con la explicación, señalando la interfaz dentro de la máscara de Peter.
—También cuenta con un sistema de monitoreo avanzado. Detecta tu ritmo cardíaco, nivel de oxígeno y resistencia en tiempo real. Y por supuesto, he integrado tecnología anti-simbiontes, rastreadores mejorados y lanzadores de telarañas personalizables.
Peter se agachó y disparó una telaraña hacia el techo, columpiándose por la sala antes de aterrizar perfectamente.
—¡Wow! Se siente más preciso que mis antiguos lanzadores.
Johnny chocó los nudillos y sonrió burlonamente.
—Bueno, eso es porque Reed es un genio. A diferencia de ti, que antes usabas chatarra de feria.
Peter le lanzó una mirada fingidamente ofendida.
—Eh, mi traje era artesanal, hecho con amor y sudor.
Morrigan los observaba desde la distancia, apoyando el mentón en su mano con una leve sonrisa.
—Debo decir que este traje te queda bastante bien, Peter. Aunque… aún me pregunto si el viejo se veía más encantador.
Peter se rió mientras hacía otra prueba de acrobacias.
—Bueno, si quieres, puedo conservar algunos de los remiendos viejos para la nostalgia.
Reed presionó un botón en la consola, y de repente, los hologramas de varios drones de combate aparecieron a su alrededor.
—Bien, ahora probemos sus defensas. ¿Listo para una prueba de combate?
Peter giró los hombros y se puso en guardia.
—Siempre lo estoy. Vamos a ver de qué está hecho este traje.
Horas despues.
Tras paser la noche en la torre baxter. Peter se quedó en silencio por un momento, parpadeando un par de veces mientras asimilaba la revelación.
—Espera, espera… ¿me estás diciendo que no tienes un lugar donde quedarte?
Morrigan asintió con una sonrisa despreocupada, como si no fuera un gran problema.
—Así es. No tenía planes de quedarme mucho tiempo, así que no me molesté en buscar un alojamiento.
Peter se frotó la cara con ambas manos y suspiró.
—Y me lo dices ahora…
No podía dejarla en la calle. Y aunque Strange probablemente podría ofrecerle un lugar en el Sanctum Sanctorum, Peter dudaba que el hechicero estuviera de humor para hospedar a una súcubo bajo su techo.
Las opciones eran pocas. Y realmente, solo había una solución lógica.
—Mira… no es un hotel cinco estrellas, pero si no te importa dormir en un sofá viejo y con un par de resortes traicioneros, puedes quedarte aquí por la noche.
Morrigan sonrió con diversión y se inclinó un poco hacia él.
—¿Y si prefiero compartir la cama contigo?
Peter casi se atraganta con su propia saliva y agitó las manos rápidamente.
—¡Oh no, no, no! ¡Sofá! ¡Definitivamente el sofá!
Morrigan rió ante su reacción, encontrándolo adorablemente nervioso.
—Está bien, está bien. Solo bromeaba.
Peter suspiró aliviado y sacó una manta del armario, dejándola en el sofá.
—Si necesitas algo, solo dime. Aunque dudo que mi apartamento tenga lujos que puedan interesarte.
Morrigan se sentó en el sofá, cruzando las piernas con elegancia, mientras lo miraba con una sonrisa juguetona.
—Oh, no te preocupes. Solo tu compañía ya hace que valga la pena.
Peter rodó los ojos y se dirigió a su habitación.
—Sí, sí… buenas noches, Morrigan.
Mientras cerraba la puerta, aún podía escuchar la risita divertida de la súcubo.
La noche caía silenciosa sobre la ciudad, y el apartamento parecía estar sumido en una calma profunda. Peter dormía profundamente, agotado por los eventos del día. Afuera, la ciudad seguía su curso, pero dentro de la habitación, el tiempo parecía haberse detenido para Morrigan.
Ella se encontraba frente a la puerta de la habitación, inmóvil, con el rostro algo inclinado hacia abajo. Las manos presionaban la puerta, como si al apoyarse en ella pudiera aferrarse a los recuerdos que aún la atormentaban. El silencio en el aire era pesado, pero en su mente, los ecos de un pasado lejano resonaban con intensidad.
La escena en su mente se desplegó con claridad como si hubiera estado ocurriendo de nuevo. En un campo de batalla devastado, donde las luces brillaban de manera imparable, los cuerpos de héroes caídos se desintegraban, desapareciendo ante la poderosa fuerza de la luz. Entre ellos, uno de los cuerpos que más le dolía ver era el de un hombre viejo, un compañero que había sido su guía en los momentos más oscuros de su vida.
Él yacía en sus brazos, su rostro demacrado por el paso del tiempo y las cicatrices de muchas batallas.
—Lo siento… no pude salvar a todos, especialmente a ti —había susurrado, su voz desvaneciéndose junto con su aliento.
La luz los envolvió a ambos, y en un instante, él desapareció junto con el resto de los héroes que se desvanecieron en la oscuridad. Morrigan, atrapada entre el dolor y el deber, sintió cómo la luz la tragaba también, pero en ese momento, ella no se había rendido.
De vuelta al presente, la mirada de Morrigan se endureció. Un brillo de determinación llenó sus ojos, reemplazando la tristeza con una fuerza decidida. Ya no era la misma de antes. La tristeza se había convertido en un fuego interno, algo que no se podía apagar fácilmente.
—Tu ya me salvaste... esta vez me toca a mí salvarte.
Las palabras fueron un susurro firme, como un juramento solo para ella misma. Morrigan, con una última mirada hacia la puerta del cuarto de Peter, se alejó y caminó hacia el sofá. El futuro estaba frente a ella, y ella estaba lista para enfrentarlo. El dolor del pasado seguiría siendo parte de su historia, pero ahora tenía un propósito que no podía ignorar.
Había una nueva misión, una nueva razón para seguir adelante. Y no dejaría que nada ni nadie la desviara de ella.
Con esto damos por finalizado este capítulo 1, más que nada para el ship de Spidey x Morrigan, aunque con la suerte Parker quien sabe, quizás haya más pretendientes.
Será una mezcla entre el ultimate spider con el que siempre conocemos, claro sabiendo como está pasando actualmente el del 616, en este universo que todavía no le tengo un numero, pero debe llevar 616.
Y viendo cómo le está yendo en el canon, mejor tratar de darle algo bueno en este universo alejado del canon. Quiero tratar de escribir un slice of life, pero manteniendo la acción de Marvel. donde no solo veremos solo de marvel sino que también del universo de capcom, bueno , quienes han participado en marvel vs capcom , solo tomare antes del infinite.
Como vieron, traje, nueva (estilo unlimited) , y una potencial pareja. que más le espera a nuestro cabeza de red, descúbrelo dando apoyo a esta historia, para que se pueda seguir escribiendo más.
Sin más nos vemos hasta la próxima, chau, hasta luego.
