Un Masaje para Gen
Era una tarde tranquila en la aldea Ishigami. El sol se filtraba entre los árboles, proyectando luces doradas sobre el suelo. A lo lejos, Senku y Chrome discutían sobre experimentos científicos, mientras Kohaku blandía su espada con energía. En medio de esta calma, Gen Asagiri, con su clásica sonrisa de zorro, tenía una idea traviesa en mente.
Últimamente, sus encantadores engaños habían estado más enfocados en la ciencia y la estrategia, pero hoy... hoy quería darse un gusto. Y qué mejor forma que logrando que la dulce y amable Ruri le diera un masaje. Por supuesto, pedirlo directamente no era una opción; necesitaría desplegar todo su encanto.
—Oh, qué destino más cruel... la carga del conocimiento pesa tanto en mis pobres hombros...— exclamó Gen, colocándose una mano dramáticamente en la frente. —Oh, mi dulce Ruri-chan, temo que mi frágil cuerpo no pueda resistir mucho más. Han sido días enteros de tensión, ayudando a nuestros queridos amigos con sus arduas tareas. La ciencia, la estrategia, las palabras... todo pesa sobre mis pobres hombros. ¿Es este el precio de ser un genio de las palabras? Si tan solo hubiera alguien con manos tan suaves como las nubes para salvarme de esta agonía...—
Ruri, que estaba ocupada clasificando hierbas medicinales, levantó la mirada con una ceja arqueada. Sabía perfectamente que Gen era el rey del engaño, pero había algo en su postura que, quizás, indicaba un poco de verdad.
—¿Otra de tus exageraciones o de verdad te duele?— preguntó con escepticismo.
Gen llevó una mano a su corazón, teatral. —Oh, Ruri-chan, tu desconfianza me apuñala. Juro que mis músculos están más tensos que la paciencia de Kohaku cuando Chrome dice una tontería.—
En ese momento, Chrome apareció con una gran sonrisa, pero al ver a Ruri acercando sus manos a los hombros de Gen, su expresión cambió a una de sorpresa y alarma.
—¡Oye, oye, oye! ¿Qué pasa aquí?— exclamó.
Gen suspiró dolido. —Ah, Chrome, amigo mío... ¿Es un pecado desear un poco de alivio en este mundo despiadado? Nuestra amada Ruri-chan, en su infinita bondad, ha decidido ayudarme. ¡Dichoso yo!—
Chrome frunció el ceño. —No sé si esto me gusta.—
Kohaku, acercándose con su espada al hombro, intervino con una sonrisita.
—Yo sí sé. Esto huele a uno de tus trucos, Gen.—
—¡Oh, Kohaku-chan, qué cruel eres! No todo es engaño. A veces, el cuerpo de un genio también necesita cuidados. ¿O acaso tú nunca has sentido tensión en los músculos?— replicó Gen.
Kohaku sonrió con picardía. —Sí, pero yo la descargo golpeando cosas. ¿Quieres ser mi próximo saco de arena?—
Senku, que había estado observando con su típica expresión de fastidio divertido, dejó su matraz a un lado.
—Hah, y yo pensaba que Gen solo manipulaba para el progreso de la ciencia. Me equivoqué, claramente.—
Ruri suspiró. No tenía muchas opciones: si no lo ayudaba, Gen iba a seguir con su actuación hasta que terminara involucrando a toda la aldea. Y, para su sorpresa, al posar las manos en sus hombros, notó que en efecto estaban más tensos de lo esperado.
—Bueno, ya estoy aquí... así que sólo será un masaje rápido.—
Gen sonrió como un gato que acaba de engañar a todo un gallinero y cerró los ojos con satisfacción.
—Ahhh... divino... esto es mejor de lo que imaginaba...—
—¡Deja de hacer esos ruidos raros!— protestó Chrome.
—Si sigues así, lo próximo que sentirás será un masaje de mi puño en tu cara.— advirtió Kohaku.
Pero Gen no podía evitar disfrutarlo. Era cálido, relajante... y sobre todo, había logrado lo que quería. A medida que Ruri masajeaba con suavidad, realmente sintió lo tensos que estaban los hombros de Gen. Para su sorpresa, parecía tener contracturas, lo que la hizo dudar por un momento si todo había sido una farsa o si en verdad necesitaba ayuda.
—Ruri-chan, querida, ¿segura que no quieres extender esta sesión? Yo no me opondría si quisieras bajar un poco más...—
Ruri sonrió dulcemente. —Oh, claro, Gen. Déjame solo presionar aquí...—
De repente, aplicó un poco más de fuerza en un punto de tensión, y Gen soltó un sonido que fue una mezcla entre un suspiro y un quejido incontrolable.
—¡O-Ouch! ¡Ruri-chan! ¿Eso fue necesario?—
—¿Oh? Pensé que te gustaba esto...— respondió ella con una sonrisa inocente.
El silencio fue roto por la carcajada de Kohaku y Senku, mientras Chrome negaba con la cabeza, murmurando algo sobre que todo esto era una estupidez. Gen, frotándose el hombro con un puchero, había aprendido que incluso los ilusionistas pueden ser víctimas de sus propios trucos.
Y así, entre burlas y risas, el atardecer en la aldea continuó. Gen, un poco adolorido pero sonriente, y Ruri, demostrando que bajo su dulzura también había una chispa traviesa capaz de poner en su lugar al maestro del engaño. Todos los demás se cuestionaban cuánto del 'dolor' de Gen había sido real. Pero al final, sabían que el mentalista nunca dejaba pasar una oportunidad de salirse con la suya.
