Capitulo 1: La misión

— Te deseo… — susurró Po al oído de Tigresa, su mano firme sobre su cadera, mientras se acercaba lentamente a sus labios. Habían pasado ya un par de años desde que él se atrevió a confesar sus sentimientos, un acto temerario pero necesario. Había sido un largo camino de inseguridad y dudas, pero con el tiempo, Tigresa había comenzado a abrirse, y ahora, con los ojos fijos en él, Po sabía que lo que sentían era real, que ambos compartían un amor profundo que ninguno deseaba negar.

— Espera… — dijo ella, su voz suave pero firme, como un suspiro que cortó el aire. No era que lo que ocurría entre ellos fuera algo nuevo, de hecho, habían experimentado ya esos momentos juntos, pero ahora, algo parecía distinto. Al principio, Tigresa se había mostrado reacia a todo tipo de contacto físico, un choque con su naturaleza reservada, pero con el tiempo se había soltado, permitiendo a Po adentrarse en esos territorios desconocidos para ella.

Él la miró, esperando. Tigresa no estaba acostumbrada a compartir sus sentimientos tan fácilmente, pero sabía que debía decirle.

— Tengo algo que decirte. — La felina murmuró y lo miró directamente a los ojos, y por un instante, Po sintió un nudo en el estómago. ¡Dios mío!, su voz era tan seductora que parar implicaría un esfuerzo superior para él

— ¿Puedes decirme luego? Aprovechemos el tiempo… — insistió, casi rogando con sus mordisqueaba suavemente una de las orejas de ella.

Pero ella lo apartó suavemente y se sentó en la cama. La actitud de Tigresa se tornó seria. Po sabía que algo importante estaba por suceder.

— Lo digo en serio, Po — le dijo, con voz firme, y Po se detuvo, su rostro preocupado.

— Puedes decirme lo que quieras, amor — dijo el panda, mirando a Tigresa con una mezcla de ternura y ansiedad.

— Shifu me encargó una misión en el Valle de las Sombras. — Sus palabras cayeron como una sombra sobre la habitación, más pesadas de lo que Po esperaba.

— ¿Por cuánto tiempo? — preguntó, su voz temblando apenas perceptible. A pesar de la fuerza con la que ella siempre enfrentaba cualquier desafío, él no podía evitar sentirse vulnerable.

— Solo unas semanas. No te preocupes, estaré bien. — Tigresa lo miró fijamente, buscando calmar sus temores. Sabía que él se preocuparía, pero confiaba en que ella siempre regresaría, siempre había regresado.

— Prométeme que estarás bien sin mí. — La mirada de Po se suavizó al escuchar sus palabras. Él siempre hacía todo lo posible por no mostrar sus inseguridades, pero este tipo de misiones donde ella debía ir sola, le costaban.

— Intentaré no meterme en problemas — dijo él con una sonrisa, tratando de restarle seriedad a la situación. Tigresa sonrió, una sonrisa que fue un bálsamo para el panda, pero también una advertencia silenciosa de lo que vendría.


En la sala de entrenamiento, el resto de los Cinco Furiosos estaba ocupado con sus entrenamientos, pero cuando Tigresa y Po llegaron, su presencia se hizo notar. Después de unos minutos, Shifu interrumpió, llamando a Tigresa para hablar en privado.

— Me temo que tendrás que partir antes de lo esperado — dijo Shifu con tono grave. — Recibimos un reporte de una joven aldeana desaparecida en las cavernas. Necesitamos que te encargues de ello esta misma noche.

Tigresa asintió sin dudar.

— ¿Esta misma noche? — replicó ella, la tristeza nuevamente asomándose en sus palabras.

— Así es. — La voz de Shifu no dejaba lugar a dudas.

— Entiendo, maestro. Estaré lista. — Tigresa, aunque preocupada, no dejó que su rostro mostrara su ansiedad. Era su deber como maestra del Kung Fu, proteger a los inocentes. No había espacio para dudas. Pero, por dentro, sentía un vacío que no podía ignorar.


Mientras empacaba las pocas cosas que necesitaba para su misión, Tigresa no pudo evitar que su mente se llenara de pensamientos sobre Po. Sabía que tenía que partir, que el deber la llamaba, pero una parte de ella deseaba quedarse. No era solo la misión lo que la inquietaba, sino la idea de estar lejos de él. Había pasado tanto tiempo en su compañía, que la idea de no sentir sus abrazos o escuchar su risa durante semanas le parecía casi insoportable. ¿Cómo iba a enfrentarse al vacío que dejaba su ausencia? Ella que siempre había sido tan fuerte, tan independiente… ahora parecía que una parte de su alma se quedaba atrás con él. Tigresa apretó los dientes, tratando de disuadir esos pensamientos. No podía permitirse ser débil ahora. La intimidad que compartían, esos momentos que antes le eran ajenos, se habían convertido en algo esencial para ella. Se arrepintió de no haber aprovechado mejor el día con él, pero la misión era lo primero.

Alguien tocó la puerta.Víbora entró con su habitual sonrisa, pero Tigresa apenas la notó. Su mente seguía en Po. La pregunta de su amiga sobre si estaba lista para la misión hizo que Tigresa pensara en lo que dejaba atrás. Po había cambiado tanto su vida. Tigresa nunca pensó que alguien podría llegar a ocupar un lugar tan grande en su corazón. Al principio, la idea de abrirse a alguien le resultaba aterradora, pero Po había sabido, sin palabras, cómo derretir las barreras de su corazón. ¿Cómo le explicaba ahora que aunque no lo dijera, él significaba todo para ella?

— ¿Ya te vas? — preguntó la serpiente, con tono ligero pero una sombra de preocupación en su mirada.

— Sí, al Valle de las Sombras — respondió Tigresa con calma.

— ¡Eso suena aterrador! — exclamó Víbora, sus ojos se abrieron levemente.

— No tengo miedo. — La respuesta de Tigresa fue firme, como siempre lo era. Nadie mejor que ella para misiones difíciles. Sin embargo, un recuerdo doloroso se coló en su mente: la vez en que casi perdió a Po, cuando lo creyó muerto aquella vez en Gongmen. Esa sensación helada, ese vacío. Sacudió la cabeza y se concentró en la misión.

Víbora se acercó y susurró en voz baja:

— Ten cuidado, Tigresa. Ya sabes lo que dicen de ese lugar, sobre lo que le pasa a las mujeres...— Una leve preocupación nubló la mirada de la serpiente.

Tigresa sonrió levemente, restando importancia a las supersticiones.

— Estaré bien, lo haré tan rápido que ni notarás que me fui. — Luego, se acercó a Víbora. — ¿Puedes avisarle a Po? Adelantaron mi partida para esta noche.

Víbora asintió sin hacer preguntas. Tigresa necesitaba tiempo a solas, un espacio para centrarse antes de partir, quería meditar un poco, era una especie de ritual que tenía antes de cada misión y quería brindarse ese espacio como un pequeño acto de autocuidado.


Cuando la noche finalmente cayó, Po estaba en la entrada, junto con los demás, observando a Tigresa prepararse para partir. Los Cinco Furiosos la rodearon, deseándole suerte y seguridad. Po la rodeó con sus brazos, apretándola contra él, como si temiera que se desvaneciera en el aire. Tigresa lo abrazó de vuelta, aunque una parte de ella deseaba no tener que soltarse nunca. El calor de su cuerpo, la seguridad de estar en sus brazos, era algo que había aprendido a valorar con el tiempo. En el fondo, sabía que la distancia pondría a prueba su relación, y aunque confiaba en Po, el pensamiento de separarse le arrancaba una sensación incómoda en el pecho. Nunca antes había tenido a alguien que realmente le importara tanto. ¿Cómo iba a soportar la espera? Pero también sabía que él lo entendería. Era lo que siempre hacía, siempre la apoyaba, incluso en los momentos en los que ella no podía demostrar cuánto lo necesitaba

— Hmm, Po… no puedo respirar… — jadeó Tigresa, riendo suavemente.

— Lo siento, es solo que… me harás mucha falta — murmuró Po, apretándola aún más.

— No se va a ir por un año, Po. — Mono bromeó, provocando una risa nerviosa entre los demás, aunque Po no podía sonreír en ese momento.

Po besó a Tigresa suavemente en los labios, y ella correspondió. El beso fue corto, pero cargado de emoción. Grulla carraspeó incómodo, y Víbora, siempre protectora de su amiga, le dio un ligero latigazo con la cola para callarlo por su imprudencia.

Tigresa se inclinó, saludando con la mano derecha en puño, un gesto de respeto que siempre había aprendido a dar. Pero en ese momento, la despedida no se sentía como una simple formalidad. Cada uno de sus movimientos estaba impregnado de una angustia callada, un miedo creciente que ni ella misma podía disimular. Miró a Po una vez más, su corazón retumbando en su pecho. ¿Qué pasaría si no regresaba? El pensamiento la aterraba más de lo que quería admitir. Lo había prometido a Po, lo había prometido a sí misma, pero en el fondo de su alma, no estaba segura de que todo saliera bien. Sin embargo, no podía permitirse flaquear. Era su deber, y como siempre, cumpliría con su misión..

Estaba llena de incertidumbre, no por el peligro, sino por la idea de estar lejos de Po. Nunca había sentido tanta ansiedad al partir. Siempre había estado acostumbrada a misiones solitarias, sin que nada ni nadie la detuviera, pero ahora algo había cambiado. A lo lejos, vio a Po, su figura recortada por la luz de la luna, y un escalofrío la recorrió. Por un instante, deseó que el destino le diera una excusa para quedarse. Pero no había vuelta atrás. Al menos no podía demostrarle a los demás ni a él mismo cuánto le costaba despedirse.

Con una sonrisa enigmática, comenzó a descender las escaleras hacia la oscuridad de la noche, dejando atrás la calidez de su hogar y el abrazo de su amado..


¡Hola a todos! Vaya llevo años sin entrar a fanfiction, me acorde de una historia y vine por curiosidad a leerla y se me vino a la cabeza una idea. Me inspiré en un fanfic que ahora esta abandonado y en unas ideas raras que tenia en la cabeza jajaja . En fin, espero la lean , les guste, dejen reviews para saber lo que piensan y ya está. ¡Un abrazo!