Sinopsis:

Ella busca información acerca de la verdadera naturaleza del que parece ser el amor de su vida. Él está dispuesto a todo por salvar a la mujer que cree amar. Ambos creen tenerlo todo aunque en realidad no tienen nada. Saben que sus vidas son malas, pero desconocen que juntos podrían ser muy buenos.

(Sucede en el viaje de Bella y sus amigas a Port Angeles, y durante la 2da temporada de The Vampire Diaries) (Basada principalmente en la canción "So good" de Halsey)

Los libros de Twilight es propiedad de Stephanie Meyer. Los libros de The Vampire Diaries es L. J. Smith. También la historia puede contener partes de las películas y la serie de los respectivos libros.


He tomado fragmentos de los capítulos 16, 17 y 18 del libro "Twilight". Hice las adaptaciones para concordaran con la historia, pero si ven o reconocen algo del libro original, ya saben porque fue.


Isabella POV

(Elena)

.

.

.

.

.

Abro la puerta de la casa, el aire frío y húmedo de este lugar me recibe como lo ha hecho por el último par de días. Ya quiero volver a casa, a ese pueblo igual de miserable que este pero donde al menos sale el sol.

Un claxon me obliga a mirar hacia la calle. Un auto convertible de color rojo se estaciona frente a la casa del tío Charlie.

—¡Bella! —una voz chillona y cantarina grita mi nombre al mismo tiempo que el rostro sonriente de Alice se asoma por fuera de la carrocería. La rubia a su lado se inclina y me brinda una sonrisa alentadora. —¡Ven, Bella!

Yo no soy Bella, pero sé que me hablan a mí. Sobre todo, porque me están haciendo señales para que me acerque al auto.

Giro mi rostro hacia la derecha, Petunia está allí, junto al auto patrulla del tío Charlie. Estoy muy tentada a correr hacia ella, tirarme sobre la lámina de color rojo oxidado y rogarle y suplicarle que encienda y que me lleve a la escuela. No quiero estar en el mismo auto que las dos vampiras, ya tengo suficiente de ellas en clases.

—No va a volver a encender —Charlie murmura cuando se acerca a mi lado. —Al menos si no dejas que Rosalie la repare.

Después del episodio de "Buscando a Petunia", y de los tres ataques de pánico que me dieron cuando la perdí después de abandonarla en la carretera, me resigné a volver a casa dispuesta a llamar a mi prima y confesarle que había perdido su camioneta. Para mí buena suerte, Charlie la había visto cuando salió de la comisaría a hacer una de sus rondas policiales, se había acercado preocupado de que algo me hubiera pasado, pero rápido se dio cuenta que el problema era que ese cacharro ya no quiso encender. Llamó a la grúa y pidió que la remolcaran hasta su casa.

Cuando llegué y la vi allí junto al camino de la entrada de la casa, me solté llorando cual Magdalena. Rosalie se ofreció a -de nuevo- a repararla, pero yo me negué, eso ya sería demasiado arriesgado y lo menos que deseaba era tener otra discusión con Isabella respecto a la Tía Petunia.

Así que ahora estoy condenada a depender de alguien para que me lleve a la escuela. Ayer fue Charlie, pero pasé todo el día enfurruñada por haber llegado en la patrulla al instituto, de regreso, Jasper se ofreció a traerme a casa. Al parecer el día de hoy, llegaré en el precioso convertible rojo.

—Vámonos o llegaremos tarde —Rosalie bufa y suena el claxon de nuevo.

—Diviértete —el tío Charlie murmura con una sonrisa bailando en sus labios y moviendo su bigote. ¿Se estaba burlando de mí? Le doy una mirada confundida, pero él sacude la cabeza, baja los escalones del porche, saluda a las chicas con las manos mientras se dirige a la patrulla.

—¡Vamos, Bella! —Alice continúa haciéndome señales. Suelto un suspiro lleno de resignación y caminó hacia ellas. Al mal tiempo darse prisa ¿o cómo era?

—Hola, Alice, Rosalie —grito para hacerme escuchar por sobre el alto volumen de la música de las Spice Girls que sonaba por los altavoces. —¿Dónde están los chicos?

Cerré la puerta de un portazo y me puse las manos sobre los oídos. Era demasiado alto el volumen. Rosalie me sonrió y redujo el volumen hasta un nivel donde no causara una hemorragia en mi oído, Alice se giró sobre su asiento al mismo tiempo que escuchaba los seguros de las puertas colocarse.

Oh no. Cuando alguien pone los seguros de las puertas sin siquiera arrancar el motor es una señal de un mal presagio.

—¿Qué es lo que pasa? —pregunto con la voz temblorosa. Empezaba a sentirme inquieta y que ellas no dijeran ni una palabra no estaba ayudando. El motor del auto arrancó y mi ansiedad se disparó.

—Los chicos no irán hoy a la escuela —Alice responde encogiéndose de hombros y sin borrar su alegre sonrisa.

Ahora luce como una muñeca poseída, como la versión vampírica de Annabelle.

—Ah —es mi respuesta. —¿P-porque me miras así?

¿Mencioné que la Annabelle me da miedo? Bueno, creo que ahora es Alice quien me aterroriza más.

—Todos los chicos se han ido a primera hora, incluido Carlisle, así que, nosotras ¡tendremos una fiesta de pijamas! —anuncia elevando el volumen de su voz cantarina y saltando sobre el asiento.

—¿Una fiesta de pijamas? —repetí como una tonta. Me gustan las fiestas de pijamas, pero cuando yo ayudo a organizarla, no cuando se siente como un secuestro.

Un momento...

—¿No te hace ilusión? —Rosalie se burla. —Vas a pasar 24 horas con nosotras.

¿Yo sola? ¿Con ellas? ¡¿Voy a pasar una noche en la casa de unos desconocidos vampiros?! ¡¿Yo sola?!

Mis ojos se encuentran con los ojos dorados y muy animados de Alice. Se ven felices, entusiasmados, peligrosos.

—M-me están secuestrando, ¿verdad?

Ambas se echaron a reír, pero asintieron sin dar muestra de remordimiento. Me vuelvo hacia la ventanilla con un rechinar de dientes que estoy segura que no pasa desapercibido para ellas.

Me contengo de hacer un berrinche, o de soltarme a llorar. ¿Porque siempre me quitan la oportunidad de decidir qué hacer con mi vida?

—¿No estás emocionada? —Alice pregunta.

—Sí —respondo mordazmente. —Nada mejor que una fiesta de pijamas con vampiros.

Alice se echó a reír. —Te haré la pedicura y todo eso —me promete.

—Esme va a comprar comida italiana de la buena —Rosalie me dice. —Ya sabes, del restaurante ese de Port Angeles.

—Al menos… ¿Puedo volver a casa saliendo de clases para recoger mis cosas? No suelo llevar mi pijama al instituto —pregunto. Quizás pueda esconderme el suficiente tiempo como para que se aburran de esperar y se vayan.

—Ya nos hemos ocupado de eso —Alice dice moviendo su mano para restarle importancia.

—Al menos ¿tengo permiso para llamar por teléfono? —pregunto. Si no me comunico con mi prima, le va a dar un ataque.

—Charlie sabe dónde estás.

¡Por eso me brindó esa sonrisa burlona! Me cruzo de brazos y me hundo en el asiento del llamativo auto rojo.

—No voy a telefonearle a él —hago una mueca.

—No estoy del todo segura...

—¡Alice! —me quejo. — ¡Vamos! Quiero hablar con Angela y con mi prima.

—Está bien —responde poniendo los ojos en blanco. —¡Ahora vamos a clases!

—Maldita tortura —murmuro bajándome del costoso auto. Cierro la puerta de un portazo y camino furiosa al interior de la escuela mientras dos risas cantarinas vienen detrás de mí.

Saco mi teléfono.

"S.O.S. Vampiras secuestrando humanos"

Mando el mensaje y empujo la puerta del salón de mi primera clase. Lanzó mi mochila al piso y me dejó caer en la butaca. Alice se sienta a mis espaldas, supongo que a mi lado es el lugar donde suele sentarse Angela. Tarda un poco, pero mi celular vibra alertando que he recibido una respuesta.

"Diviértete"

Suelto un bufido. Esa maldita traidora dijo que ella me ayudaría a lidiar con los Cullen, ese mensaje no es ninguna ayuda.

Para mi total desagrado, el profesor entra poniendo orden y comenzado la primer tortura de mi día.

Durante el resto del día, cada clase me recuerda lo mucho que odio la escuela y lo mucho que soy diferente a mi prima. Sus clases son más avanzadas y por consecuencia no entiendo demasiadas cosas, si no fuera por Alice que me ha estado ayudando a resolver los ejercicios o solo diciéndome las respuestas para que yo pueda decirlas en voz alta, estoy segura que mi prima tendría que repetir este año. Además, extraño mis prácticas de porristas, aquí tengo que fingir ser introvertida y esconderme por los pasillos, en casa puedo ser yo misma, la amable, sociable, entusiasta y porrista Elena.

Quiero volver a casa.

De regreso con las vampiras con complejo de secuestradoras; juro que intenté escaparme, mentí diciendo que iba al baño acompañada por ¿Jazmine? ¿Jessica? En cuanto entramos al baño tomé mi mochila y corrí hacia la puerta de la escuela, pero de alguna maldita manera, los dos rostros angelicales pero depredadores ya estaban esperándome a las afueras del edificio. Cada una me tomó de un brazo y entre ambas me arrastraron hasta el convertible rojo.

Así que aquí estoy, una tonta que se saltó la última hora de clase solo para terminar en un camino a la mitad del tenebroso bosque. ¿No era así como terminaba la protagonista de una película de terror? ¿Me escapé de que un vampiro me matara solo para que otros vampiros lo hicieran? ¡Vaya suerte, Elena!

Cuando giramos bruscamente en un camino sin pavimentar, sin señalamientos y sin más autos, estaba dudando si debía comenzar a rezar para encontrar algún tipo de paz en mis últimos momentos antes de morir, o si debía impulsarse hacia los asientos delanteros y preguntar a mis supuestas amigas a donde me llevaban. ¿O quizás debía quedarme callada?

Poco a poco los árboles fueron teniendo más espacio entre ellos y de repente nos encontramos en un claro… ¿o es un jardín? Confirmé mis sospechas cuando una enorme casa de tres pisos apareció en mi campo de visión.

—¡¿Esta es su casa?! —jadeo.

—¿Si? —Rosalie levanta una ceja mirándome por el retrovisor mientras apaga el motor del auto. —¿Por qué suenas tan sorprendida? Ya has estado aquí.

Me remuevo incómoda. ¿Ya lo arruiné, verdad? Por supuesto que este cuerpo ya ha estado aquí, pero resulta que ¡yo no!

—Es que… se ve ligeramente diferente —carraspeo y desvió la mirada. Bajo del auto sin mirar a las dos vampiras secuestradoras.

—Gracias por notarlo, querida —una señora aparece en la puerta de la casa. Mi cuerpo salta. —Lamento asustarte, Bella. Es solo que estoy emocionada de verte.

La mujer se disculpa con una sonrisa, pero viene directamente hacia mí para envolverme en un suave, tierno y frío abrazo.

No dejes que se note el pánico, Elena. ¡Controla tus expresiones! No puedes permitir que una extraña y desconocida vampira note que no sabes quién es. Se supone que sabes quién es ella.

—Y-yo… yo también me alegro —digo forzando una sonrisa. —Parece que han pasado años desde la última vez.

—Que dramática —la rubia resopla. —La semana pasada, antes de ir a Mystic viniste junto con Angela.

—Ves, mucho tiempo —me encojo de hombros. La mujer que aún sigue rodeando mi cuerpo con su frío brazo se ríe.

—Vamos adentro —tira de mí. Resignada, dejo que me lleve por donde ella quiera. Caminamos a mi paso humano hacia el porche de la casa.

En el interior, tuve que morderme la lengua para no soltar otro jadeo de asombro.

—He hecho algunos pequeños cambios desde la última vez que viniste —me dice la mujer. —Ya sabes, Emmett y Jasper seguido destrozan las paredes cuando alguno pierde en los videojuegos.

Asiento intentando parecer comprensiva. Aunque si puedo imaginarlos haciendo eso.

—Vamos, debes tener hambre, Bella —la mujer continúa llevándome a su lado por todo el interior de la casa. —La comida aún está caliente.

Mientras me lleva hacia el comedor, yo no finjo, ahora me dedico a ver descaradamente cada detalle que hay en el interior; las paredes blancas, el espacio luminoso y espacioso, los muebles y adornos que parecen aún más viejos de lo que puedo imaginar pero que continúan dando ese matiz anticuado a la casa tan moderna.

Es incluso más grande que la mansión Salvatore, es como una versión mejorada, una versión mucho más hermosa y moderna. ¡Incluso es más moderna que cualquier casa en este maldito pueblo, estoy segura!

—Fui a la bella Italia —me comenta. —Sé que la comida de allí es tu favorita.

—Oh, err… —carraspeo. La mujer coloca frente a mí varios platos de distintas comidas. —Gracias.

Las tres mujeres se colocan a mí alrededor. Alice frente a mí, Rosalie a mi izquierda y la mujer que ahora sospecho se llama Esme, se coloca a mi derecha. Los tres pares de ojos dorados están fijos sobre mí aumentando mi paranoia y ansiedad.

—Come Bella, se va a enfriar la comida —me insiste Esme. Yo muevo mi cabeza afirmativamente, pero no hago el mínimo esfuerzo de moverme.

¿Cómo les explico que a mí, Elena, no me gusta la comida italiana?

Ya tengo demasiadas cosas italianas en mi vida como para detestar la cocina de ese país. Lo único que tolero son los espaguetis porque es lo que mejor puede cocinar Jenna, y las pizzas, pero seamos honestos, las pizzas que venden aquí son una versión demasiado americana.

—Yo… —mis ojos se colocan fugazmente en los tres rostros en busca de una excusa que ellas se puedan creer. —Es que… no tengo hambre.

—Pero casi no almorzaste —Alice levanta ambas cejas.

—En el auto venía rugiendo tu estómago, claro que tienes hambre —Rosalie se cruza de brazos. Claro, tienen un súper oído.

—Bella, fui hasta Port Angeles a traer comida especialmente para ti, fui a tu restaurante favorito —la mujer pone una expresión de inmensa tristeza. La culpabilidad me golpea. —¿No quieres comer? ¿Te sientes mal?

—Deberíamos llevarla al hospital —Rosalie propone.

—¡No! —chillo. —No estoy enferma, no necesito ir al hospital.

Mis dedos toman el tenedor y comienzo a servir pequeñas cantidades de las diferentes pastas que hay frente a mí. Espero que sean pastas, no quiero saber si es otra cosa. Llevo un poco a mi boca obligándome a tragar la comida, mi garganta se resiente con el primer bocado, así que la segunda vez que llevo comida a mi boca me aseguro de masticar un par de veces para que sea más fácil que mi garganta deslice la comida. Tras el tercer bocado, las tres mujeres tienen una sonrisa de satisfacción en sus rostros ¿y yo? Yo estoy a punto de vomitar.

—¡Oh! No le avisé a Charlie que ya estaba aquí —saco mi celular de mis bolsillos traseros y muevo mis dedos lo más rápido posible para enviar el mensaje antes de que alguna de ellas tenga curiosidad por mirar.

"Si termino en el hospital por una intoxicación, te hago completamente responsable"

Al instante recibo una respuesta.

"Vomita"

Casi me río. Casi. Si supiera que estoy luchando con todas mis fuerzas por no hacerlo.

"Un bocado más de esa cosa italiana y te juro que lo haré"

Espero que detecte la amenaza en mis palabras.

"No es mi culpa que te encante la comida italiana. No tienes autocontrol cuando la comes"

La odio.

La odio con todo mi ser.

—¿Vamos a comer palomitas? —pregunto escondiendo mi celular de nuevo. Necesito distraerlas para que no me obliguen a seguir comiendo esto.

—Pero por supuesto —Alice dice como si la hubiera ofendido con mi pregunta. Respiro aliviada. —Vamos a comer palomitas, helado con chocolate y pizza.

Bendito cliché de las fiestas de pijamas. Puedo comer todo eso, de hecho, amaría comer todo eso en este momento.

—¿Y esperan que me coma todo esto? —señalo los platos frente a mí. —Me va a dar una indigestión.

Las tres se miran.

—Come lo que quieras, querida —Esme me mira con una sonrisa comprensiva.

Asiento, tomó algunos panecillos de esos que tienen mantequilla con ajo y que sirven para acompañar las comidas italianas, rápidamente son los que devoro, son de las únicas cosas que hay frente a mí en este momento que mi paladar puede tolerar.

Comienzo a hacer preguntas para intentar desviar la atención de las vampiras de mi plato, por suerte funciona y cuando anuncio que he terminado, ya he bebido tres vasos de limonada, me he comido casi todos los panecillos y solo he ingerido aproximadamente cuatro bocados de la horrorosa comida. Ninguna insiste en que siga comiendo.

—Vamos —Alice tira de mi mano. —Vamos a hacerte pedicura.

Perdí la noción del tiempo, lo siguiente que supe fue que estábamos distribuidas por la sala de estar, todas usando pijamas y mascarillas y viendo la película "Pd. Te amo"

Debo admitir que no estuvo tan mal, excepto por el hecho de que me estaban reteniendo en contra de mi voluntad en esta lujosa mansión. Pero fue divertido pasar el tiempo hablando de los galanes de Hollywood mientras nos arreglábamos las uñas, o mientras nos poníamos mascarillas hidratantes en el cabello y el rostro.

De vez en cuando Esme se desaparecía y volvía con un bowl de palomitas de maíz, o con helado cubierto de chocolate. Incluso se fue por unos 20 minutos para traer una pizza del pueblo, la cual fue mi cena.

Conforme iban pasando las horas, mi miedo y ansiedad por estar a solas con las vampiras disminuyó. No son tan malas como creí, sí, son vampiras de otra especie que yo no conozco, una especie que me han contado es más volátil y peligrosa, pero no dejan de ser mujeres que hablan, piensan y sienten, como yo. Ahora comprendo porque Isabella les tiene un gran cariño, les quiere tanto que ha hecho lo posible para llevarse el peligro de este pueblo y no afectar el intento de vida casi humana que estas personas llevan. Se fue para alejar a Klaus de aquí y así evitar que esta familia salga lastimada.

—¿Hasta qué hora quieres quedarte despierta? —me preguntó Alice en algún momento de la noche. ¿Cerca de medianoche? ¿Quizás más tarde?

—Mañana tenemos instituto, debería irme a dormir ya —suspiro. —De todos modos, ¿dónde voy a dormir?

—Edward había comprado una cama para ti —dice Esme, la nostalgia en su rostro me hace sentir pena por ella. Supongo que no es fácil ver el rostro de la exnovia de tu hijo en tu propia casa.

Hago una mueca, Alice hace una mueca, Rosalie hace un ademán como si fuera a vomitar.

—Eso sería horriblemente incómodo —la rubia niega. Estoy de acuerdo.

—Podemos sacarla y llevarla a la habitación que está al lado —Alice propone mirando a Esme de reojo. La mujer asiente pero se puede notar el pesar en su rostro.

¿Qué fue lo que pasó entre mi prima y Edward? ¿Por qué parece un tema doloroso y prohibido en estos lugares?

—Vamos, te ayudaré a moverla —Esme mira a Alice al decir esas palabras, la pelinegra asiente y ambas suben las escaleras. Rosalie y yo las seguimos a mi ritmo humano, pero ellas ya estaban terminando de arreglar la que será mi habitación por esta noche.

Cuando pasamos por el pasillo, vi la puerta de la derecha entreabierta, supongo que esa era la habitación de Edward. Mis manos pican por empujar la puerta y husmear al interior para conocer al frío que había deslumbrado a mi prima.

—Tu habitación está lista, querida —la dulce voz de Esme me sobresalta. Me siento como un niño al que han atrapado en medio de una travesura.

—Sí, ya voy —respondo agitada.

Alejo mi atención de la puerta y fijo mis ojos en la mujer que me sonríe, camino hasta ella y le permito que me instale en la habitación. Me explica donde se encuentra el baño, las toallas y cualquier cosa que pueda llegar a necesitar en el transcurso de la noche. O de lo que resta de la madrugada.

—¿Te ha gustado la fiesta de pijamas, Bella? —pregunta Alice usando un tono empalagoso. Se deja caer al borde de la cama, se acuesta sobre su estómago y menea las piernas al aire.

—Sí, ha sido divertido —admito mirando mis uñas color rojo sangre.

Rosalie cierra la puerta de la habitación con un portazo y coloca el seguro. El pánico nace de nuevo en mi pecho.

—Ok. ¿Quién carajos eres tú y qué has hecho con Bella? —la rubia pregunta agresivamente.

Estoy jodida.

—¿D-de qué hablas? —pregunto cautelosa. Mis ojos se van al rostro de Alice que me mira con los ojos entrecerrados y al de Esme que me mira con una mueca de disculpa.

—Ya me escuchaste —la rubia deja su posición cerca de la puerta y se acerca peligrosamente a la cama.

Si, definitivamente este es mi fin.

Me van a descubrir, me van a delatar y me van a matar. Después mi prima me va a revivir y me va a matar ella misma con sus propias manos por haber sido tan idiota como para exhibirnos y dejar que nos descubrieran.

—Pues no entiendo de que hablas —es mi respuesta.

—No quisiste la comida Italiana que resulta es tu favorita, pareces asombrada de ver la casa que ya conoces como la palma de tu mano. Te hicimos manicura, pedicura, mascarillas, tratamientos para el cabello, te usamos de Barbie humana real y ni siquiera te quejaste —Rosalie enumera las cosas con sus largos y pálidos dedos. —¿Quién carajos eres tú y qué mierda has hecho con Isabella Swan?

Siento una helada gota de agua deslizarse por mi espalda causándome escalofríos pero me las arreglo para no moverme y no exhibirme, más de lo que aparentemente ya he hecho. Si, estoy sudando frío. Mi mente está trabajando a máxima velocidad buscando una respuesta a las acusaciones que me están haciendo.

¿Cómo iba a saber que mi prima, la sexy, manipuladora, elegante, risueña, sociable y vanidosa Isabella, fingiera ser un patito feo en este lugar?

Pero hay algo que sé muy bien sobre mi prima, siempre usa el drama a su favor.

—¿Y qué esperabas que hiciera? —le pregunto, ahora soy yo quien se cruza de brazos. —Se aprovecharon que mi camioneta no funciona y me trajeron a su casa en contra de mi voluntad, organizaron y prepararon todas esas cosas sin siquiera preguntarme qué maldito color quería usar en mis uñas.

Al menos las vampiras tienen la decencia de lucir avergonzadas.

—¿Querías que me quejara? ¿De qué me sirve? —ahora uso un tono lastimero para provocarlas. —Sabían que iba a terminar accediendo a hacer lo que ustedes quisieran. No es como si pudiera salir corriendo y huir, me alcanzarían antes de que siquiera pudiera resbalar por las escaleras.

—Lo sentimos, Bella —Esme, como la buena matriarca que es, trata de poner orden en la situación. —Pero es que estos días has actuado tan extraña que creímos…

Se interrumpe, mira alarmada a sus hijas. Pero no necesito que lo diga, Isabella me contó de lo que pasó con Alaric y como la familia Cullen participó en ese hecho. Supongo que son inteligentes al asegurarse que no estuviera pasando lo mismo con su querida Bella. Aunque bueno, sí, teóricamente su cuerpo si está poseído por un alma extraña.

—Creyeron que estaba poseída —completo su frase. Las tres asienten en silencio con sus cabezas. —Escuchen, estoy nerviosa y preocupada por Elena, por Ángela, por Damon, estoy preocupada por todos en Mystic y… ellos no me cuentan nada. Estar en la oscuridad me estresa.

—Oh, hija —la mujer se acerca a mi lado y me abraza. La palabra que ha usado me toma por sorpresa, nadie suele usar esa palabra para referirse a mí, al menos desde que mi mamá murió. Isobel nunca lo usó, tampoco. —Lo sentimos, no debimos poner en duda tus actitudes, pero con todo lo que ha pasado estamos algo nerviosos.

—Está bien, no pasa nada —le quito importancia. —Supongo que es mejor prevenir que lamentar ¿no?

Y así, damas y caballeros, es como se hace el control de daños de una situación crítica. Quisiera aplaudirme pero creo que eso volvería a hacer muy obvio que estoy escondiendo algo.

—Pero… ¿si te gustó la fiesta de pijamas? —Alice pregunta agitando sus pestañas.

—¡Por supuesto! —exclamó emocionada. —Deberíamos hacerlo más seguido.

¡Toma esto, primita!

Alice chilla de emoción y comienza a parlotear de todos los planes que tiene para el siguiente "tiempo de chicas". Yo muevo mi cabeza arriba y abajo afirmando a todo lo que dice, yo no tendré que soportarlo, ¿qué daño me hace alentarla?

—Ya es tarde —Esme la interrumpe. —Debemos dejar dormir a Bella, estoy segura que está cansada.

—Nos vemos por la mañana —se despide Rosalie. Alice sentencia que ella estará aquí para cuando despierte, y se deja arrastrar por su hermana fuera de la habitación.

De repente el silencio de la casa se vuelve asfixiante, pero yo estoy tan cansada que caigo dormida en cuatro mi cabeza toca la almohada.

A pesar de que el sueño era mayo, mis sentidos comenzaron a regresar cuando un ligero cosquilleo apareció en mi rostro, una briza se colaba de algún lugar causando que los mechones de cabello que estaban sobre mi rostro se movieran. Algo frío, completamente helado acaricio mis párpados, mis pómulos, la nariz, los labios.

¿Eran unos dedos?

Un momento… la única cosa con dedos helados que puede estar acariciando mi rostro es la muerte, ¿verdad?

Bueno, no lo voy a averiguar.

—¡Ah! —grito con todo el aire de mis pulmones. —¡Ayuda! ¡Me quiere llevar!

—¡¿Bella?! —alguien grita. Se escucha un golpe, ¿fue la puerta estrellándose contra la pared?

—¡Déjame! —continuo gritando y pataleando. —¡No, no! ¡No me lleves!

—¿Qué estás haciendo aquí, idiota? —otra voz pregunta. Se escucha furiosa.

—Bella, está bien —unas delicadas y frías manos tocan mis brazos presionándolos ligeramente contra la cama en la que me encuentro. —¡Deja de gritar, Bella!

—¡Me quiere llevar! ¡Me quiere llevar! —repito una y otra vez.

—¡Bella! —la voz ruge ansiosamente. —Abre los ojos, no pasa nada.

Mi cerebro reconoce la voz, es Alice. Obedezco a sus palabras, mis ojos se abren de golpe mirando su rostro, tiene la frente fruncida pero una sonrisa leve en sus labios.

—¿Qué mierda haces aquí? —escucho la voz de Rosalie. Mi cabeza se gira a buscarla, está empujando contra la pared a un hombre alto, delgado, cobrizo y de rostro consternado.

¿Es mi imaginación o se parece a Stefan?

Pues, tampoco quiero averiguarlo. Me cubro el rostro con mis manos.

—¡Dile que no me lleve! —suplico ahogadamente.

—¡¿Qué le hiciste, imbécil?! —Rosalie pregunta entre dientes.

—¡Nada! —el hombre jade con horror ante las palabras de la rubia. —Yo… yo estaba… bueno, yo… — titubea, su voz es melodiosa pero suena insegura.

—Edward —la voz de Esme irrumpe en la habitación.

Mis ojos se abren al máximo, mi mandíbula cae, las caen a mi regazo y mi cabeza se gira de nuevo para mirar al hombre acorralado en el fondo de la habitación. Con que este es el famoso Edward.

¡Ja! Si se parece a Stefan.

Quién lo diría, querida prima, parece que tenemos gustos similares.

—Hola, Esme —dice él. La mujer se acerca y lo abraza haciendo maniobras para esquivar las manos de Rosalie que no se han movido ni un centímetro, supongo que no confía lo suficiente en el hombre como para soltarlo. —Lamento haberme aparecido así, pero llamé a Carlisle para avisarle de mi regreso, y como no respondió pensé que todos estarían cazando.

—Todos los chicos se han ido, vuelven en algunas horas —la mujer le explica. En silencio observo cómo toma entre sus manos el rostro del hombre y mira atentamente a sus ojos. —¿Tú no necesitas ir a cazar? Aun puedes alcanzarlos.

Los ojos dorados del hombre se mueven hacia mí, me mira con una intensidad que me pone nerviosa y me obliga a desviar la mirada. ¿Es necesario que tengan esta conversación aquí, frente a mí, a escasos minutos de que amanezca?

—No, estoy bien. De hecho cacé antes de venir a casa —responde. —Tengo todo bajo control.

Mi frente se arruga, no estoy segura si esas últimas palabras las dice para nosotras o para sí mismo, pero pareciera que quiere convencer a alguien.

—Eso dijiste la última vez —Rosalie escupe mordazmente. —Y todos sabemos lo que pasó.

Las cuatro miradas se centran en mí. Tres son de pesar y una es de vergüenza. A mi mente llega el recuerdo de la conversación que tuve con Alice el lunes sobre que su hermano había intentado comerse a mi prima, bueno a mí. Un escalofrío recorre mi cuerpo, si él intentó comerse a Isabella, a su novia, a la mujer a la que se supone que ama, ¿qué puede hacerme a mí?

Oh, es cierto. Se supone que yo soy su exnovia, que yo soy Bella. Entonces lo peor que puede pasar es que se beba toda mi sangre, o que me transforme. ¡Oh, no! ¡Yo no quiero ser vampira, mucho menos ser uno como los fríos!

—Respira, Bella —Alice me dice con dulzura. Alejo mi atención del vampiro cobrizo y hago lo que me dice la pequeña mujer. No me había dado cuenta de que mi respiración era tan errática y que estaba al borde del ataque de pánico.

Poco a poco mi respiración se va normalizando.

—Bella… yo… —Edward, trata de hablar conmigo, sé que va a tratar de justificarse, de decirme que fue su culpa aunque no completamente y casi tengo la sospecha que me va a echar la culpa a mí, bueno, a mi prima. Parece ser de ese tipo.

—¡No! —grito interrumpiéndolo. —No quiero escucharte.

—Sé que ya habíamos hablado, pero… —intenta de nuevo.

¿Que está sordo? Dije que no quería escuchar sus tontas excusas. Que se las guarde a mi prima.

—¡Dije que no! —chillo y me cubro los oídos con mis manos.

—Edward, déjala en paz —Rosalie bufa.

—¿Por qué no dejamos que Bella descanse el poco tiempo que le queda? —Esme me mira, luego mira a sus hijos. —Por la mañana podemos seguir con esta conservación si ella así lo desea.

No espero respuesta de nadie, me giro en la cama arrastrando las cobijas por sobre mi cabeza, esperando que con eso desaparezcan las pesadillas. Escucho un coro de suspiros y finalmente el sonido de la puerta cuando me dejan a solas.

—Pero ya no me voy a poder dormir —me quejo. Me siento de golpe, pateo las cobijas y la colcha lejos de mi cuerpo. —¡Maldito tonto!

Miro mi celular, faltan veinte minutos para la hora en la que me tengo que levantar para ir al infierno, digo a la escuela, de nuevo.

"¿Adivina quién volvió?"

Envio el mensaje, no espero recibir una respuesta a estas horas así que lanzó mi celular a la mesita de noche, renegando me levanto de la cama, tomo las cosas que Alice me ha dejado, una toalla del armario y me dirijo hacia el baño. Cuando regreso a la habitación, me siento más relajada gracias a mi ducha con agua casi hirviendo. Veo que mi celular se ilumina anunciando el nuevo mensaje que he recibido.

"No dejes que te muerda"

Pongo los ojos en blanco. Lo dice como si me fuera a pedir permiso.

Acomodo un poco la habitación y bajo a la cocina siguiendo el delicioso aroma que desprende de ese lugar. Supongo que ahora Esme decidió cocinar en lugar de recalentar esa horrorosa comida Italiana.

—Buenos días —saludo cuando entró. Soy recibida por siete pares de cabezas que giran en mi dirección ofreciéndome mayoritariamente una sonrisa.

—¡Hola, Bella! —Emmett, Jasper y Carlisle me saludan.

—Oh, ya volvieron… —intento sonreír pero hay un instinto en mi interior que me dice que necesito escapar, necesito huir, necesito alejarme de este lugar. Es peligroso estar aquí.

—Bella… —la voz aterciopelada insiste de nuevo.

—Hola, Edward —me obligo a decir. Esta vez voy a intentar ser amable y dejar de lado la evasiva, espero que si cambio mi táctica deje de ser tan insistente.

—¡Termina tu desayuno, Bella! —Esme llama mi atención. —Se les hará tarde para el instituto.

Nadie se pone en contra de ella. Veinte minutos más tarde, estamos distribuidos en dos autos, yo voy de nuevo en el convertible de Rosalie, junto con ella y con Alice. Los chicos van en el auto de Edward, al parecer como suele ser siempre.

Esta vez, las clases del instituto fueron más tranquilas porque Jasper estaba de nuevo a mi lado ayudándome y explicándome. Él es mejor profesor que Alice. Pero a la vez, para cuando sonó la campana del almuerzo, yo estaba que me subía al techo de la escuela a lanzarme de él. Edward me ha seguido como un perro fiel a su dueño, a donde yo voy, él me sigue, incluso cuando traté de huir al baño, él se quedó afuera esperando por mí.

—Es… desesperante —bufo soltando de golpe la charola de mi almuerzo contra la mesa. Rosalie levanta una ceja y me brinda una sonrisa divertida.

—Yo te lo advertí —la rubia me dice. —Muchas veces te dije que cambiaras de novio.

—El amor nos vuelve unos tontos, ¿verdad, Bells? —Emmett dice en todo empalagoso y batiendo sus cejas a Rosalie. La rubia hace una mueca pero recuesta su cabeza en el hombre del grandote.

—Esa tonta —resoplo por lo bajo. —Debió golpearse la cabeza antes de mudarse.

Jasper levanta una ceja en mi dirección, pero no comenta nada. Me remuevo, decido que la manzana frente a mí es más interesante.

—Edward —Jasper llama la atención de su hermano. Es la única manera en la que el cobrizo aleja su mirada de mí. —Alice mencionó una gran tormenta para esta noche, y Emmett quiere jugar, ¿te apuntas?

Frunzo el ceño. Las palabras sonaban a cualquier frase que un hermano le diría al otro, pero había algo raro que resultaban poco comunes, algo en el contexto de la frase no estaba totalmente claro.

Los ojos de Edward se iluminaron apenas por un segundo, pero luego vacila y me mira de reojo.

—¿Está bien que la dejemos a solas? —pregunta. No necesita decir mi nombre, sé que se refiere a mí. —No sabemos si hay algo malo por aquí, acechándola.

—Ahora que lo mencionas… —hablo sin pensar. Un golpe en mi pierna hace que me muerda la lengua y cierre mi bocota.

—Bella va a venir, por supuesto —Alice dice jovialmente.

— ¿Quieres ir? —me preguntó Edward, animado y con expresión de entusiasmo. Todos los Cullen me miran de la misma manera.

¿En qué te vas a meter ahora, Elena?

—Claro —respondo con una falsa emoción. —Eh, ¿Pero dónde vamos a jugar?

—Ya lo verás —Jasper me sonríe. —Tenemos que esperar la tormenta.

— ¿Necesitaré un paraguas? —pregunto con evidente cara de idiota.

Toda la mesa se ríe. Me siento el doble de idiota ahora.

— ¿Lo va a necesitar? —preguntó Jasper a Alice.

—No —Alice se encoge de hombros. —La tormenta va a caer sobre el pueblo. El claro del bosque debería de estar bastante seco.

—En ese caso, ¡perfecto! —el entusiasmo de la voz de Jasper fue contagioso.

—Llamaré a Carlisle para preguntar si él y Esme quieren venir.

—Como si no lo supieras —le dijo Jasper a la pelinegra.

Ambos siguieron su camino con rapidez, pero Jasper se las arregló para dejar la puerta discretamente cerrada al salir.

— ¿A qué vamos a jugar? —quise saber.

—Tú vas a mirar —aclaró Edward—. Nosotros jugaremos al béisbol.

Pongo los ojos en blanco. Los vampiros se sumergen en una conversación y me dejan de lado, yo saco mi celular dispuesta a hacer la pregunta que ronda mi mente a la única persona que es capaz de responderme.

"¿A los vampiros les gusta el béisbol?"

"¿No lo sabías? Es el pasatiempo americano."

—¡Oh! —jadeo llamando la atención de toda la mesa. —Pero debo ir a casa para avisarle a Charlie. Y no, Alice, no puedo solo llamarlo.

—Bien —la mencionada se cruza de brazos, claramente no feliz con mis palabras.

Saliendo de la escuela, Rosalie y Alice me dejaron en la puerta de la casa de Charlie. Limpie un poco la casa y preparé una cena rápida para el tío Charlie, esperando que eso aminore su molestia cuando le diga a dónde iré y con quien.

—¡Hola! Bella, ¿estás ahí? —me saludó Charlie al entrar en la cocina.

—Hola, papá —dije mientras él se lavaba las manos en el fregadero.

—¿Qué tal estuvo la fiesta de chicas, o como se llame? —me pregunta.

—Fiesta de pijamas —digo con una sonrisa tímida. —Estuvo bien, me hicieron manicura.

Extiendo mis manos mostrándole mis uñas casi recién pintadas.

—Suena bien —murmura sin saber que más decir.

—Yo… hice la cena —señala la mesa. Él me sonríe y me hace una señal para sentarme con él. El tío Charlie disfrutaba de su comida en silencio, y entretanto yo me preguntaba desesperadamente cómo cumplir mi misión, esforzándome por hallar la manera de abordar el tema.

— ¿Qué has hecho hoy? —me preguntó, sacándome bruscamente de mi ensoñación.

—Bueno, tomé el desayuno con las chicas, fui a la escuela… —intenté mantener mi voz animada, pero sentía un vacío en el estómago. —Voy a ir a jugar béisbol con ellos en una hora… Edwardvaavenirarecogerme.

—¡¿Qué?! —el tío Charlie se atraganta con la comida.

—Que Edward Cullen va a venir a recogerme —repito hablando más claramente. Miro a Charlie, pareciera como si estuviera sufriendo un aneurisma… o un infarto.

Saco mi celular y tecleo rápidamente el mensaje.

"¿Charlie tiene alguna enfermedad cardiovascular?"

Miro a mi tío, aún no se ha movido, continúa con la misma cara de sufrimiento y dolor.

"La última vez que yo lo vi, no"

Leo la respuesta, miro de nuevo al tío Charlie… ¿Debería llamar al doctor? ¿Una ambulancia? ¿Conducir yo la patrulla y llevarlo yo misma al hospital?

"¡¿Qué carajos le hiciste a Charlie?!"

La pregunta trae consigo una amenaza implícita. Y ahora tengo miedo y preocupación. Si algo le pasa al tío Charlie, Isabella va a matarme, me va a revivir y va a volver a matarme.

—¡¿Estás volviendo a salir con ese cabrón?! —Charlie escupe la pregunta, se coloca bruscamente de pie causando que la mesa se tambalee.

—¡Claro que no! —niego furiosamente. —¿Crees que soy una tonta? No, espera, no me respondas.

—Bella… —se frota el bigote con fuerza. Está muy molesto, lo sé.

Y supongo que decirle que su hija sí es algo tonta puede que no ayude a dispersar ese sentimiento de él.

—Escucha… él solo va a venir a recogerme porque Alice no puede —le explico. Charlie aún no luce convencido. —Nos veremos con ellos en el claro para el juego, van a estar todos los Cullen. ¡También va a estar Jasper!

Sé que mi prima es muy amiga de ese par, y se que el tío Charlie les tiene cierto aprecio, o al menos son los que más le agradan de esa familia. Usarlos para mi beneficio no es malo ¿verdad? Digo, también es para su beneficio.

Charlie se gira para mirar por la ventana. Aprovecho para responder el mensaje en mi teléfono.

"Supongo que no le gustó la cena"

"¿Recuerdas que te dije que no hicieras ninguna estupidez? ¡Eso incluía no asesinar a Charlie!"

—¿Cuándo vendrá a recogerte ese idiota? —pregunta volviendo su atención a mí. Miro la hora en mi teléfono.

—Llegará dentro de unos minutos, creo.

— ¿A dónde te va a llevar?

—Te lo dije, vamos a jugar al béisbol con su familia —le explico lentamente.

Arruga la cara y luego suelta una carcajada que hace que su cabeza caiga hacia atrás.

— ¿Tú vas a jugar al béisbol? —pregunta. Se vuelve a reír.

—Bueno, más bien creo que voy a mirar la mayor parte del tiempo. —suspiro y pongo los ojos en blanco rogando en silencio que me deje en paz.

A las afueras de la casa se escucha el rugido de un motor, supongo que se ha detenido justo enfrente de la puerta de la casa. Pego un salto de la silla dispuesta a terminar con esta tortura.

—Yo voy —anuncia Charlie caminando hasta la puerta. Salgo disparada detrás de él, pero soy demasiado lenta y cuando lo alcanzo, ya está mirando fulminantemente a Edward. El vampiro luce algo cohibido. ¿Será prudente sacarle una foto? Quizás pueda serme útil más tarde.

—Entonces, Edwin —Charlie bufa. —Tengo entendido que vas a llevar a mi niña a ver un partido de béisbol.

De nuevo me siento en una comedia de Sci-fi. Solo en este pueblo alienígena es común que la gente salga a hacer deporte al aire libre cuando está lloviendo a cántaros. ¡Gente loca!

—Sí, señor, ésa es la idea —no pareció sorprendido de que le hubiera contado a mi padre la verdad.

—Bueno… —Charlie carraspea. —¿Tengo que recordarte que tengo un arma?

—Yo la cuidaré, jefe Swan —le promete el cobrizo.

—Sí, ya he escuchado eso —Charlie dice entre dientes, Edward lamento la he escuchado porque su expresión ahora está llena de dolor. —No vuelvas demasiado tarde, Bella.

—Bien, adiós —rodeo el cuerpo de Charlie y empujo el frío cuerpo de Edward antes de que la conversación entre ellos siga desarrollándose.

Edward me siguió hasta la puerta del copiloto del enorme Jeep y la abrió, salté al interior sin molestarme en calcular la distancia, por supuesto, casi me caigo, casi porque Edward alcanzó a detenerme por la espalda. Pero mi chillido la reacción de cuerpo tenso lo obligó a soltarme. ¿Porque reaccionó así si a mí no me ha lastimado? ¿El cuerpo de mi prima si lo recuerda y por eso los instintos me hacen reaccionar así por su presencia tan cerca? ¿O acaso mi paranoia no es nada y de verdad hay algo raro en este hombre?

Escucho el suspiro que suelta cuando cierra la puerta y se dirige al lado del conductor a un paso demasiado humano.

—Hueles deliciosamente a lluvia —comenta arrancando el motor del auto.

—Pero, ¿bien o mal? —pregunto con precaución.

—De las dos maneras —suspira. —Siempre de las dos maneras.

Por si acaso, bajo ligeramente la ventanilla del auto. Esta es la primera vez que yo, Elena, estoy a solas con él. Supongo que el plan de Alice es que ambos podamos hablar sobre la ruptura, pero el asunto es que yo no puedo hablar de ese tema con el ex de mi prima. Sería… ¿poco ético? Así que durante todo el camino me obligó a permanecer con la cabeza recostada contra la ventanilla del auto.

Entre la penumbra de la hora y el diluvio que seguía cayendo sobre nosotros, llegamos a una especie de camino forestal, mi cuerpo iba rebotando arriba y abajo en el asiento y eso ocasionó que ninguno de los dos hablara, para mi alivio.

Y entonces fue cuando llegamos al final de la carretera; los árboles formaban grandes muros verdes en tres de los cuatro costados del Jeep. La lluvia se había convertido en llovizna poco a poco y el cielo brillante se asomaba entre las nubes.

—Lo siento, Bella, pero desde aquí tenemos que ir a pie —anunció apagando el motor del auto.

Doy una mirada a nuestro alrededor, solo hay árboles, hierba y humedad.

— ¿Sabes qué? —le pregunto usando mi voz chillona, causada por la ansiedad que me recorre. —Creo que mejor te espero aquí.

—Pero ¿qué le ha pasado a tu coraje? —pregunta en tono burlón.

—Se quedó en casa —le digo. Y no es mentira, mi coraje se ha quedado en Mystic Falls, aquí solo soy una niña asustada y a punto de llorar.

Abre la puerta de su lado y se acercó tan rápidamente a mi lado del coche que apenas pude apreciar una imagen borrosa. Empezó a desatarme el arnés que funcionaba como cinturón de seguridad.

—Yo puedo soltarlos —le digo. —Tú, vete.

—Humm... —parecía meditar mientras terminaba rápidamente—. Me parece que voy a tener que forzar un poco la memoria.

Antes de que pudiera reaccionar, me sacó del Jeep y me puso de pie en el suelo.

—¿Forzar mi memoria? ¿Cómo? —pregunto sintiendo el corazón latiendo furiosamente en mi garganta…

—Algo como esto —me mira intensamente, pero con cautela, aunque había una chispa de humor en el fondo de sus ojos.

Apoyó las manos sobre el Jeep, una a cada lado de mi cabeza, y se inclinó, obligándome a permanecer aplastada contra la puerta. Se inclinó más aún, con el rostro a escasos centímetros del mío, sin espacio para escaparme.

Por favor que no me bese. Por favor que no me bese. Por favor, que no se le ocurra besarme.

—Ahora, dime, ¿qué es exactamente lo que te preocupa?

—Esto, bueno... —trago saliva. —Estamparme contra un árbol y morir.

Reprimió una sonrisa. —Bella, en realidad, no crees que te vayas a estampar contra un árbol, ¿o sí?

—Suena a algo que le pasaría a Bella —repuse.

—¿Crees que dejaría que te hiriera un árbol? —suena divertido.

—Sí —me encojo de hombros. El luce sorprendido por mi respuesta. —Tú preguntaste.

Tiene que aprender a quedarse callado y no hacer preguntas si no quiere escuchar las respuestas.

—Vamos, nos esperan.

Eso es todo lo que dice antes de echarme sobre su espalda. En automático mis piernas se enroscan en su cintura y mis brazos buscan la manera de sujetarme a su cuello con un abrazo casi estrangulador.

—No te olvides de cerrar los ojos —me advirtió. Hago lo que me dice; hundo la cabeza entre sus omóplatos, por debajo de mi brazo, y cierro con fuerza los ojos.

No podía decir realmente si nos movíamos o no, pero la brisa del viento acariciaba mi cuerpo suavemente que supuse que si estaba corriendo por el bosque conmigo a cuestas. No estuve segura de que habíamos parado de verdad hasta que no alzó el brazo hacia atrás y me tocó el pelo.

—Ya pasó, Bella.

Me atreví a abrir los ojos y era cierto, ya nos habíamos detenido. Salte de su cuerpo inmediatamente.

— ¡Ouch! —grité enfadada cuando me golpeé contra el suelo mojado.

Me miró sorprendido por algunos segundos antes de romper a reír. Ignorándolo, use toda la fuerza de mi cuerpo para levantarme y sacudir la tierra, el barro y ramitas la parte posterior de mi chaqueta y de mis pantalones. Eso sólo sirvió para que se riera aún más. Enfadada, empecé a andar a zancadas hacia el bosque.

— ¿A dónde vas, Bella?

—A ver un partido de béisbol. Ya que tú no pareces interesado en jugar, voy a asegurarme de que los demás se divierten sin ti —le respondo furiosa. —Además, le prometiste al jefe Swan que me llevarías a casa temprano, ¿recuerdas? Así que será mejor que nos pongamos en marcha.

—Sí, señorita —responde aun riendo. —Pero si no es por ahí...

Me di la vuelta sin mirarle, y seguí andando a zancadas en la dirección opuesta.

Me llevó unos cuantos metros más adelante y de pronto nos encontramos allí, al borde de un inmenso campo abierto. Tenía dos veces el tamaño de un estadio de béisbol, supe que era allí porque vi a todos los demás; Esme, Emmett y Rosalie, sentados en una lisa roca, Jasper y Alice estaban unos metros atrás lanzándose algo uno al otro, en el fondo, Carlisle estaba… no sé que haciendo.

— ¿Es a ti a quien hemos oído, Edward? —preguntó Esme conforme se acercaba mirándonos con una sonrisa

—Sonaba como si se estuviera ahogando un oso —aclaró Emmett.

—Era él —acepto pasando de largo a la mujer para acercarme a Rosalie.

Alice había abandonado su posición y ahora estaba a medias del campo. Nos miró a todos con una sonrisa traviesa, miró al cielo y de regreso a nosotros.

—Es la hora —anunció justo antes de que un trueno sacudiera el bosque.

—Raro, ¿a que sí? —dijo Emmett con un guiño antes de lanzarse corriendo para alcanzar a Alice. Mis ojos apenas pudieron verlo.

Sí, todos ellos son unos raros.

—Ven, Bella —Esme estira una mano en mi dirección.

—¿No vas a jugar con ellos?

—No, yo prefiero arbitrar —me explica caminando a mi lado—Alguien debe evitar que hagan trampas.

En ese momento, Esme se detuvo. Por lo visto, habíamos llegado a los límites del campo. Al parecer, ya se habían formado los equipos. Edward estaba en la parte izquierda del campo, bastante lejos; Carlisle se encontraba entre la primera y la segunda base, y Alice tenía la bola en su poder, en lo que debía ser la base de lanzamiento.

Emmett hacía girar un bate de aluminio, sólo perceptible por su sonido silbante, ya que era casi imposible seguir su trayectoria en el aire con la vista. Esperaba que se acercara a la base de meta, pero ya estaba allí, a una distancia inconcebible de la base de lanzamiento, adoptando la postura de bateo para cuando me quise dar cuenta. Jasper se situó detrás, a un metro escaso, para atrapar la bola para el otro equipo. Como era de esperar, ninguno llevaba guantes.

—De acuerdo —Esme habló con voz clara, y supe que Edward la había oído a pesar de estar muy alejado—, batea.

Alice permanecía erguida, aparentemente inmóvil. Su estilo parecía que estaba más cerca de la astucia, de lo furtivo, que de una técnica de lanzamiento intimidatorio. Sujetó la bola con ambas manos cerca de su cintura; luego, su brazo derecho se movió como el ataque de una cobra y la bola impactó en la mano de Jasper.

— ¿Ha sido un strike? —le pregunté a Esme.

—Si no la golpean, es un strike —me contestó.

Jasper lanzó de nuevo la bola a la mano de Alice, que se permitió una gran sonrisa antes de estirar el brazo para efectuar otro nuevo lanzamiento.

Esta vez el bate consiguió, sin saber muy bien cómo, golpear la bola invisible. El chasquido del impacto fue tremendo, atronador. Entendí con claridad la razón por la que necesitaban una tormenta para jugar cuando las montañas devolvieron el eco del golpe.

La bola sobrevoló el campo como un meteorito para irse a perder en lo profundo del bosque circundante.

Emmett era una figura borrosa que corría de una base a otra y Carlisle, la sombra que lo seguía. Me di cuenta de que Edward no estaba.

— ¡Out!—cantó Esme con su voz clara.

Contemplé con incredulidad cómo Edward saltaba desde la linde del bosque con la bola en la mano alzada. Incluso yo pude ver su brillante sonrisa.

—Emmett será el que batea más fuerte —me explicó Esme—, pero Edward corre al menos igual de rápido.

Comprendí el otro motivo por el cual esperaban que hubiera una tormenta para jugar cuando Jasper bateó una roleta, una de esas pelotas que van rodando por el suelo, hacia la posición de Carlisle en un intento de evitar la infalible defensa de Edward.

Carlisle corrió a por la bola y luego se lanzó en pos de Jasper, que iba disparado hacia la primera base. Cuando chocaron, el sonido fue como el de la colisión de dos enormes masas de roca.

—Están bien —anunció Esme con voz tranquila. —¿Qué te está pareciendo el juego?

—Una cosa es segura: no volveré a sentarme otra vez a ver esa vieja y aburrida Liga Nacional de Béisbol.

Esme me sonrió y volvió su atención al juego. Los demás se gastan bromas unos a otros como otros jugadores callejeros al ir pasando todos por la primera posición. De vez en cuando, Esme tenía que llamarles la atención. Otro trueno retumbó, pero seguíamos sin mojarnos, tal y como había predicho Alice.

Supongo que a partir de este momento no volveré a desconfiar de ella.

Carlisle estaba a punto de batear con Edward como receptor cuando Alice, de pronto, profirió un grito sofocado que sonó muy fuerte. Edward se giró para mirarla, sus miradas se encontraron y en un instante circuló entre ellos un flujo misterioso. Edward ya estaba a mi lado antes de que los demás pudieran preguntar a Alice qué iba mal.

—¿Alice? —preguntó Esme con voz tensa.

— ¿Qué pasa, Alice? —le preguntó Carlisle a su vez con voz tranquila, cargada de autoridad.

—Ellos… viajan mucho más rápido de lo que pensaba. Creo que me he equivocado en eso —murmuró. —No he podido verlo con claridad.

Jasper se inclinó sobre ella con ademán protector.

— ¿Qué es lo que ha cambiado? —le preguntó.

—Nos han oído jugar y han cambiado de dirección —respondió bajando su cabeza como si se sintiera responsable de lo que fuera que la había asustado.

Siete pares de rápidos ojos se posaron en mi cara de forma fugaz y se apartaron. Entonces supe que algo de lo que estaba pasando o a punto de pasar, tenía que ver conmigo.

—¿Cuánto tardarán en llegar? —inquirió Carlisle.

¿Llegar? ¡¿Quién viene?!

—Menos de cinco minutos. Vienen corriendo, quieren jugar.

—¿Puedes llevártela? —le preguntó Carlisle, mientras sus ojos se posaban sobre mí brevemente.

—No —Edward sacude la cabeza. —Además, lo que menos necesitamos es que capten el olor y comiencen la caza.

— ¿Cuántos son? —preguntó Emmett a Alice.

—Tres —contestó temblorosa. ¡¿Vienen otros tres como ellos?!

—¡Tres! —exclamó Emmett con tono de mofa. Flexionó los músculos de acero de sus imponentes brazos. —Déjalos que vengan. Podemos con ellos.

Carlisle lo consideró durante una fracción de segundo que pareció más larga de lo que fue en realidad. ¿Tan mala idea es que Emmett se encargue de ellos? ¡A mí me parece buena idea!

—Nos limitaremos a seguir jugando —anunció Carlisle con tono frío y desapasionado—. Alice dijo que sólo sentían curiosidad. Quizás se vayan rápido.

¡¿Van a dejar que vengan? ¿Que se acerquen a la humana?!

Pronunció las dos frases en un torrente de palabras que duró unos segundos escasos. Todos volvieron al campo, barriendo recelosos el bosque oscuro con su mirada aguda. Alice y Esme parecían intentar orientarse alrededor de donde yo me encontraba.

—Suéltate el pelo —ordenó Edward con voz tranquila y baja. Obedientemente, me quité la goma del pelo y lo sacudí hasta extenderlo todo a mí alrededor. —Quédate inmóvil, permanece callada y no te apartes de mí lado, por favor.

Intentó ocultar el nerviosismo de su voz, pero aun fue muy evidente que estaba al borde de la histeria. Sus frías manos tiraron de mi melena hacia delante, y la enrolló alrededor de mi cara.

—Eso no servirá de nada —Alice murmuró en voz demasiado baja. — Yo la podría oler incluso desde el otro lado del campo.

—Lo sé —contestó Edward con una nota de frustración en la voz.

Carlisle se quedó de pie en el prado mientras el resto retomaba el juego con desgana. Pasaron unos segundos y el juego progresaba, ahora con apatía, ya que nadie tenía ganas de golpear fuerte. Emmett, Rosalie y Jasper merodeaban por el área interior del campo. A pesar de que el miedo me nublaba el entendimiento, fui consciente más de una vez de la mirada fija y ansiosa de Rosalie en mí. Edward no prestaba ninguna atención al juego, sus ojos y su mente se encontraban recorriendo el bosque.

—Lo siento, Bella —murmuró ferozmente. —.Exponerte de este modo ha sido estúpido e irresponsable por mi parte. ¡Lo siento! Pero ya lo he hecho.

Me limité a mirarlo, intentando procesar sus palabras y buscando en mi mente alguna respuesta. ¿Qué podía decirle cuando estaba a punto de encontrarme con otros de su especie que quizás si quisieran matarme?

Noté cómo contenía la respiración y fijaba los ojos abiertos como platos en la esquina oeste del campo. Avanzó medio paso, interponiéndose entre lo que se acercaba y yo. Aparecieron de uno en uno en la linde del bosque a doce metros de nuestra posición.

El primer hombre entró en el claro, su complexión era delgada pero con aires deportivas, su caminar era despreocupado y aburrido, pero su cabeza se giró en mi dirección antes de apartarse para dejar paso a otro más alto, de pelo negro que se colocó al frente para mostrar de un modo quién lideraba el grupo, aunque esbozó una sonrisa agradable que permitió entrever unos deslumbrantes dientes blancos dispuestos a clavarse en cualquier garganta, la mía, para ser exactos. El tercer integrante era una mujer; desde aquella distancia, sólo alcanzaba a verle el pelo, de un inhumano matiz rojo, su aspecto parecía más salvaje que el resto de sus acompañantes.

Cerraron filas conforme avanzaban con cautela hacia donde se hallaba la familia Cullen, mostrando el natural recelo de una manada de depredadores ante un grupo desconocido y más numeroso de su propia especie. Los tres pares de ojos rojos se fijaron en Carlisle, que mostrándose alerta y siendo flanqueado por Emmett y Jasper, salió a su encuentro.

El moreno dio un paso hacia Carlisle sin dejar de sonreír.

—Creíamos haber oído jugar a alguien —hablaba con leve acento francés—. Me llamo Laurent, y éstos son Victoria y James —añadió señalando a los vampiros que le acompañaban.

—Yo soy Carlisle y ésta es mi familia: Emmett y Jasper; Rosalie, Esme y Alice; Edward y Bella —nos identificaba en grupos, intentando deliberadamente no llamar la atención hacia ningún individuo.

—¿Hay sitio para unos pocos jugadores más? —inquirió Laurent.

Carlisle acomodó su expresión ante el tono amistoso de Laurent.

—Claro —se encoge de hombros. —¿Por qué no? Algunos de nuestros jugadores ya se iban.

—Bateamos primero —dice la pelirroja. Jasper y Emmett soltaron un par de risas burlonas, Laurent y Victoria respondieron a ellas.

Pero el primer hombre, el rubio, continuo con sus ojos de color borgoña observándonos a cada uno de nosotros. Mi cuerpo se tensó evitando que me estremeciera por la sensación perturbadora y siniestra de su mirada.

Lamentablemente pasaron tres cosas a la vez; La suave brisa despeinó mi cabello, Edward se encorvo delante de mi cuerpo y el rubio, James, inspiró profundamente el aire que revoloteaba a mi alrededor, las aletas de su nariz se agitaron.

—Han traído un aperitivo —James habló por primera vez dando un paso hacia adelante y agazapado su cuerpo.

—Ella está con nosotros —Jasper sentenció exhibiendo los dientes y adoptando la misma postura defensiva. Todos los Cullen emitieron un rugido bestial.

—Deben irse —Carlisle dijo mirando fijamente a Laurent.

—Pero es una humana —protestó Laurent. Sus palabras no sonaban peligrosas, solo con un matiz curioso y sorprendido.

—He dicho que ella está con nosotros —replicó Jasper fríamente.

—Sí... —Emmett se hizo notar al lado de su rubio hermano con los ojos fijos en James. El hombre se irguió muy despacio y volvió a su posición normal, aunque las aletas de su nariz seguían dilatadas y no me perdía de vista.

Edward continuaba agazapado como un león delante de mí, pero su boca estaba cerrada, no profesaba ningún sonido o rugido como el resto de su familia. ¿Por qué él luce más tranquilo que los demás?

—Parece que el juego ha terminado —Laurent hablaba con un tono tranquilizador en un intento de suavizar la repentina hostilidad.

—Sin duda —la voz de Carlisle todavía era fría.

—No se preocupen, no le haremos daño a la chica humana —sus ojos se movieron rápidamente hacia mí y retornaron a Carlisle. — No cazaremos en vuestro territorio.

James miró a Laurent con incredulidad e irritación, e intercambió otra larga mirada con Victoria.

—Vámonos —Laurent dijo. James tardó en despegar su mirada de mí, pero acató las palabras del moreno, él y la pelirroja se dieron la vuelta y salieron disparados de nuevo al bosque. Laurent lo hizo apenas un segundo tarde.

—Llévate a Bella —Carlisle ordenó a Edward, le dio una palmada en el hombro y lo empujó para hacerlo reaccionar.

—Vámonos, Bella —ordenó Edward con voz baja y sombría.

Yo no me moví, mi cuerpo estaba totalmente inmóvil por el terror que me recorría. Edward bufó y agarró bruscamente mi codo para tirar de mi cuerpo y sacarme del trance en el que estaba atrapada y tirar bruscamente de mí para sacarme del trance. Tropecé con Edward, todavía aturdida por el miedo y la impaciencia del cobrizo no ayudaba a mi nulo equilibrio.

Sin dejar de caminar, Edward me subió encima de su espalda en cuanto llegamos a los árboles, esta vez no le importó si me mareaba o si un árbol chocaba contra mi cabeza y la arrancaba.

Llegamos al Jeep en muy poco tiempo. Edward apenas se detuvo antes de echarme al asiento trasero.

—Sujétala —ordenó alguien.

Giré mi cabeza solo para ver a Emmett deslizándose a mi lado. Alice se había sentado ya en el asiento delantero y Edward apenas le dio tiempo al motor de encenderse antes de pisar el acelerador y girar el volante para llevarnos al horrible camino.

Edward gruñía algo demasiado rápido para que pudiera entenderle, pero sonaba bastante parecido a un montón de palabrotas y blasfemias. Él golpeteo de mi cuerpo contra los asientos del auto fue mucho peor esta vez y la oscuridad lo hacía aún más aterrador. Emmett y Alice miraban por las ventanillas laterales como en busca de algún peligro. De alguna manera, supe que nos estábamos alejando del pueblo.

—¿A dónde vamos? —pregunté.

Nadie contestó. Ni siquiera me miraron.

—¡Maldita sea, Edward! ¿A dónde me llevan?

—Debemos sacarte de aquí, lo más lejos posible y ahora mismo —rugió sin mirar atrás, su vista seguía fija en la carretera. —James es muy peligroso.

—¿Y qué? ¡¿Ahora va a venir por mí?!

De nuevo, nadie responde.

—¡Edward! —grito.

—James es un rastreador. La caza es su obsesión —Edward escupe las palabras con rapidez. —Nuestra reacción en el campo fue… Acabamos de convertir esto en la cacería más excitante de su vida.

—¡¿Y a dónde me llevas?!

—Lo más lejos que pueda —sentencia.

—¡Da media vuelta! ¡Tienes que llevarme a casa! —grite furiosamente. Mi garganta pagaría las consecuencias más tarde. —¡Edward, no puedes hacer esto!

—Tengo que hacerlo, Bella.

— ¡No! ¡Tienes que devolverme a casa! ¡Detente, idiota!—grito de nuevo, esta vez goleando su asiento con mis manos. —¡No puedo irme de Forks! ¡No lo hagas! ¡No lo eches todo a perder!


Ay, Elena. ¿En que te metiste ahora?

jijijiji

Oigan, estoy comenzando a subir mis historias a Wattpad, por si quieren darse una vuelta por aquellos rumbos y comentar en vivo y en directo.

Nos leemos en el siguiente.