Capítulo 2: Una Pesadilla llamada Realidad (Parte 2)


Cuando Héctor, Lina y Rayleigh llegaron al cobertizo en el borde del bosque, el refugio parecía ser un alivio momentáneo. Lina, aun respirando con dificultad, dejó a Rayleigh junto a los pocos aldeanos que se habían refugiado allí. La calma fugaz del lugar contrastaba con el caos de la aldea en llamas.

—Quédate aquí, Rayleigh. —Lina le dijo con una voz temblorosa pero firme. —No te muevas de aquí. Necesito asegurarme de que estés a salvo.

Rayleigh asintió, mirando a su madre con ojos llenos de preocupación, pero también de miedo. Era evidente que no quería separarse, pero entendía que su madre debía hacer algo más.

Lina se giró hacia Héctor, que observaba en silencio la dirección de la aldea, su rostro tenso y lleno de preocupación.

—Héctor, ¿vas a ir tras Arlen? —preguntó Lina, su voz llena de angustia.

Héctor la miró con firmeza.

—Arlen está luchando solo contra un enemigo demasiado poderoso. No puedo dejarlo solo. —dijo Héctor, el brillo de su grimorio iluminando su rostro con determinación. —Te prometo que haré todo lo posible para traerlo de vuelta.

Antes de que Lina pudiera decir algo más, Héctor giró rápidamente sobre sus talones y comenzó a alejarse, tomando el camino de vuelta hacia la aldea, sabiendo que el tiempo apremiaba. Lina se quedó mirando su figura desaparecer en la oscuridad, sintiendo una mezcla de gratitud y miedo.

No pasó mucho tiempo antes de que Héctor llegara al campo de batalla. A medida que avanzaba por el bosque, la niebla de la noche comenzaba a disiparse, y el resplandor de las llamas de la aldea se alzaba cada vez más alto en el horizonte. Su determinación no flaqueaba; sabía que Arlen no podía resistir mucho más sin apoyo.

Sin embargo, cuando llegó al borde de la aldea, algo le heló la sangre. Un grito desgarrador resonó en el aire. Héctor se apresuró a acercarse, sin esperar más.

—¡Arlen! —gritó, mirando alrededor. Pero lo que vio a continuación fue algo que jamás podría haber anticipado.

Lugar: Pueblo de Rogden(ruinas)

Unos minutos antes:

Arlen se estaba enfrentando al comandante Hadeon y no le estaba hiendo muy bien—Magia de Alquimia: Abejorro de Hierro— de su espada más de 3 docenas de agujas de hierro se formaron todas imbuidas en mana comenzando a volar en todas direcciones alrededor de Hadeon quien parecía divertido.

—Magia de Descomposición: Barrera Corrupta—antes de que las agujas llegaran a tocarlo estas se descompondrían volviéndose polvo. Arlen chasquearía la lengua frustrado la mayoría de sus ataques no llegaban a tocarlo, la batalla se había desplazado hasta el pueblo y su reserva de mana no duraría para siempre, pero no se rendiría todavía aún tenía varios trucos bajo la manga.

—¿Que pasa te quedaste sin trucos rata de cam...? — no pudo terminar la frase ya que unas dagas salieron volando a su posición, Hadeon simplemente se reiría mientras su barrera aún seguía activa su magia era capaz de correr la magia y objetos hasta hacerla desaparecer nada podría penetrarlo.

Antes de que comenzara a reír al ver como las dagas se desintegraban poco a poco una explosión se produjo directo en su cara haciéndolo retroceder varios metros sujetándose el costado de su boca que estaba quemada y sangrando, con rabia y dolor levantaría la mirada viendo a Arlen sonreír son sorna mientras tenía la mano extendida con varias dagas similares flotando a su alrededor.

—Magia de Alquimia: combustión instantánea, puede que te protejas de la magia y las armas, pero no puedes descomponer las explosiones lo suficientemente rápido como para salir ileso— Las dagas saldrían volando en contra de su oponente que tenía su rostro oscurecido.

—Magia de Descomposición: Manos del Caos— unas manos flotantes grisáceas comenzaron a moverse a gran velocidad destrozando las dagas y haciéndolas explotar hasta llegar a Arlen, pero este ya no se encontraba ahí.

—Magia de Alquimia: Peñasco flotante, Magia de Alquimia: Flora salvaje— volando en un trozo de tierra Arlen se desplaza rápidamente evitando los ataques para después con una rama que estaba en sus manos crecería extremadamente rápida aplastando a Hadeon sin que su barrera pueda desintegrarlo por completo enterrándolo en suelo donde se forma un árbol del tamaño de una casa. —esto se acaba aquí— dijo mientras preparaba su ultimo hechizo sin embargo el grimorio de Hadeon pasaba de página activando un hechizo y en ese momento una gran parte del árbol desaparece junto al brazo derecho de Arlen hasta el hombro y parte de su costado soltando un grito desgarrador. —AAAAAAAAAAAAAAAAAAAH—

En este momento:

Héctor llegó a las afueras del pueblo justo cuando la explosión había lanzado a Arlen al suelo, su brazo derecho y parte de su torso destrozados por la magia de Hadeon. El caos de la batalla aún estaba lejos de terminar, pero el brutal ataque de Hadeon había dejado a Arlen gravemente herido, incapaz de continuar luchando con su fuerza habitual. La oscuridad de la noche se veía iluminada por las llamas de la aldea y el resplandor de la magia en el aire.

Héctor se lanzó hacia adelante, con su grimorio en mano, creando rápidamente una barrera de aire a su alrededor para bloquear los ataques de Hadeon que seguían viniendo, creando una muralla invisible que lo protegía mientras avanzaba hacia el herido Arlen. Los ojos de Héctor brillaban con una furia silenciosa. Sabía que no podía enfrentarse directamente a un poder tan destructivo como el de Hadeon sin una estrategia.

—¡Arlen! —gritó mientras se agachaba junto a él, intentando revivir la esperanza de su amigo. Héctor, aunque confiado en su habilidad con la magia de barrera, sabía que su verdadera fortaleza radicaba en su capacidad de control. Si bien no podía aniquilar directamente a su enemigo con magia de ataque, sí podía manipular el flujo de mana a su alrededor para proteger y desestabilizar.

Arlen, respirando pesadamente, levantó la cabeza, su rostro pálido y sudoroso por el dolor. —¿por qué demonios viniste?... —musitó con una sonrisa forzada.

Héctor apretó los dientes. —No voy a dejarte morir aquí, Arlen. Vine a hacer de Refuerzo envié un mensaje a la capital estarán aquí pero no creo que lleguen a tiempo. Debemos movernos.

Con una rapidez inesperada, Héctor comenzó a gesticular con sus manos, activando su magia de barrera. La atmósfera alrededor de él comenzó a comprimirse, creando un escudo de aire denso que rodeaba tanto a él como a Arlen. Mientras tanto, la furia de Hadeon no cesaba. El general del ejército enemigo avanzaba, su poder incontrolable desintegrando todo lo que tocaba logrando salir del árbol de Arlen.

—¡¿Crees que una barrera de aire puede detenerme?! —gritó Hadeon, con una risa macabra mientras levantaba su brazo para conjurar otro hechizo de descomposición.

Pero Héctor no retrocedió. El aire alrededor de él se distorsionó, y un resplandor azul rodeó a ambos, mientras usaba su habilidad para reforzar la barrera. El campo de protección se endureció, desafiando los poderes de Hadeon por un breve momento. Sin embargo, Héctor sabía que no sería suficiente para mantener la barrera por mucho tiempo, especialmente con la cantidad de magia que Hadeon estaba desplegando.

Con rapidez, Héctor pensó en su siguiente movimiento. Con un grito, levantó su grimorio hacia el cielo y usó un hechizo de transmutación cambiando la forma del escudo para alterar el entorno, creando un vórtice de aire en el que desestabilizó el terreno, levantando rocas y polvo para obstruir la visión de Hadeon. La visibilidad del general se redujo, lo que le dio a Héctor la oportunidad de mover a Arlen fuera de la línea de fuego.

—¡Arlen, agárrate de mí! —ordenó Héctor mientras lo levantaba y lo arrastraba a través del campo de batalla, utilizando su magia para mantener la barrera activa mientras se movían.

Héctor continuaba creando vientos y obstáculos a su paso, protegiendo a su amigo mientras se alejaban de la furia de Hadeon. A pesar de las heridas de Arlen y de la presión de la batalla, Héctor no iba a rendirse. No esta vez.

Arlen, exhausto y casi sin fuerzas, miró a Héctor con gratitud. —No sé... cómo logras... hacer esto... —dijo entrecortadamente.

—Porque soy una caja de sorpresas a pesar de todos estos años —respondió Héctor con firmeza, mientras guiaba a Arlen hacia un refugio improvisado al borde del pueblo, donde la batalla ya no llegaba con tanta intensidad.

Sin embargo, sabían que aún no habían ganado. Hadeon, furioso, ya estaba trazando su siguiente movimiento, pero por ahora, Héctor había logrado lo que parecía imposible: salvar a su amigo, al menos por el momento.

Al lado de una casa en ruinas Arlen y Héctor estaban donde atendían sus heridas—Magia de Alquimia: Transmutación— las heridas del torso y el brazo de Arlen se cerraban poco a poco dejando solo la superficie de la piel roja, pero dejando de sangrar.

Héctor miraría a Arlen con preocupación mientras se escuchaban los destrozos en el fondo—que debemos hacer ahora no creo que…— antes de que pudiera terminar Arlen lo interrumpió. —lucharemos tu y yo acabaremos con el aquí y ahora es demasiado peligroso para que lo dejemos suelto— su mirada decidida se dirigió a Héctor algo sorprendido, pero rápidamente tomo un semblante serio y decidido mientras Arlen sonreía decidido—Bien escucha este es el plan— diría mientras comienza contarle el plan.

Se podía ver al general Hadeon caminando destrozando todo lo que está en su paso con su magia, sus tenientes le avisaron de que la misión estaba terminada, pero él no querría marcharse quería encontrar a esos plebeyos que se atrevieron a herirlo de esta forma. Su búsqueda no duro mucho ya que delante de él estaba Arlen. —Ven a buscarme imbécil Magia de Alquimia: Peñascos flotantes— Varios peñascos se elevan en el aire con Arlen encima de uno de ellos moviéndose a gran velocidad alrededor del general que envuelto en su ira se puso a disparar hechizos en todas direcciones persiguiendo a Arlen.

—desgraciado! Magia de Descomposición: Ruina Devastadora— ondas expansivas van volando en todas direcciones destrozando y descomponiendo todo a su paso mientras Arlen se movía rápidamente evitando los ataques a duras penas.

El aire se impregnó de una energía oscura y corrosiva mientras las ondas de descomposición devastaban todo a su paso. Las casas en ruinas desaparecían en un instante, convirtiéndose en polvo bajo el poder abrumador de Hadeon.

Arlen apretó los dientes, saltando de un peñasco a otro con rapidez, sintiendo la presión de la magia de descomposición rozando su piel. Si lo alcanzaba directamente, no habría nada que lo salvara.

—¡Héctor, ahora! —gritó Arlen mientras cambiaba de dirección abruptamente.

Desde las sombras, Héctor ya había preparado su hechizo. Con su grimorio flotando y las páginas pasando velozmente, levantó ambas manos.

Magia de Barrera: Restricción.

Las extremidades de Hadeon fueron restringidas en el aire por unos cubos de mana atrapando las articulaciones de su cuerpo. Por un momento, el general quedó inmovilizado.

No, pero retrasarte es suficiente. —Arlen extendió su mano y su grimorio resplandeció— Magia de Alquimia: Lanzas de Platino.

Desde el cielo, varias lanzas afiladas descendieron con una velocidad vertiginosa, apuntando a Hadeon desde múltiples ángulos. El general levantó una barrera oscura a su alrededor, pero las lanzas, transmutadas para resistir la descomposición, lograron perforar su defensa, hiriéndolo en el hombro y el costado.

Hadeon gruñó de dolor y furia. Su magia se intensificó, y con un grito, liberó una explosión de energía oscura que destruyó las restricciones a su alrededor.

Arlen y Héctor retrocedieron, sabiendo que el combate aún no había terminado.

Malditos insectos… —Hadeon escupió sangre y levantó su grimorio. Una página brilló con un fulgor maligno. —Si tanto desean morir… entonces morirán juntos.

El aire se volvió pesado. Una esfera de pura descomposición comenzó a formarse en sus manos, su tamaño aumentando con rapidez.

Héctor miró a Arlen con seriedad. —Si lanza eso, no quedará nada.

Entonces, tenemos que acabar con él antes de que lo haga. —Arlen apretó el puño. —Este es el momento.

Ambos avanzaron usando sus mejores Magias defensivas envolviéndose en la explosión que comenzó a desintegrar todo a tu paso envolviendo casi todo el pueblo volviéndose polvo.

Lugar: Refugio

El refugio estaba en ruinas. Lo que alguna vez fue un santuario seguro para Lina y Rayleigh ahora era solo escombros y cenizas. Las paredes de madera y piedra se derrumbaban bajo el impacto de las explosiones cercanas, y el fuego, encendido por los soldados de la Pica, devoraba lo que quedaba del lugar. Llamaradas danzaban en la oscuridad de la noche, tiñendo el aire de un resplandor infernal.

Lina apretó con fuerza la mano de Rayleigh mientras corrían por los pasillos destrozados. El humo espeso nublaba su visión y quemaba sus pulmones. Su corazón latía con fuerza, y con cada paso, la presión en su pecho aumentaba. Sabía que no les quedaba mucho tiempo.

—¡Rayleigh, corre más rápido! —gritó, su voz entrecortada por el miedo y el esfuerzo.

El niño, con lágrimas surcando su rostro sucio, obedeció. Sus pasos eran torpes, pero no se detuvo. Entonces, una explosión sacudió el suelo con una fuerza brutal. Ambos fueron lanzados al suelo. Lina soltó un quejido, pero ignoró el dolor y rápidamente se incorporó, cubriendo a Rayleigh con su cuerpo.

—¡Mamá! —lloró el niño, con los ojos fijos en el pasillo derrumbado frente a ellos—. ¡Tenemos que salir de aquí!

Lina intentó levantarse, pero sus piernas temblaban. Sus fuerzas la abandonaban, y el miedo la atenazaba como una garra de hielo en el pecho. Miró a su hijo. Todo lo que había hecho, todo por lo que había luchado, siempre había sido por él. No podía fallar ahora.

De repente, su grimorio se iluminó con una intensidad cegadora. Las páginas se abrieron solas, respondiendo a su desesperación.

—Magia de Letra: ¡Protección! —susurró, con los ojos encendidos de determinación.

Un escudo invisible se materializó a su alrededor y envolvió a Rayleigh y a ella en un aura de luz. La barrera, formada con el maná natural del entorno, bloqueó las llamas y los escombros que caían a su alrededor. Pero Lina sabía que no resistiría por mucho tiempo.

El refugio continuaba colapsando. Paredes enteras se desplomaban, y la estructura crujía como si el mismo mundo estuviera desmoronándose sobre ellos. Lina podía sentir cómo su magia comenzaba a resquebrajarse bajo la presión del ataque enemigo.

Se giró hacia Rayleigh y, con ternura, tomó su rostro entre sus manos.

—Rayleigh... —susurró con urgencia—. No te alejes de mí, ¿de acuerdo?

El niño asintió, aunque sus párpados pesaban por la fatiga y el miedo.

Entonces, un estruendo ensordecedor rasgó la noche. Un rugido de poder sacudió el aire, y la barrera de Lina se fracturó. Las grietas en la protección se extendieron como venas de luz, y en un instante, la magia se desmoronó.

El fuego irrumpió sin piedad. El calor abrasador se volvió insoportable.

Lina, exhausta y herida, cayó de rodillas. Había logrado proteger a su hijo, pero su propio cuerpo quedó expuesto. Escombros y llamas la rodearon, atrapándola en el colapso del refugio.

Rayleigh se desplomó junto a ella. Su respiración era errática, su visión borrosa. El shock y la magia lo estaban arrastrando a la inconsciencia. Apenas pudo distinguir el rostro de su madre antes de que todo se desvaneciera en una negrura absoluta.

A su alrededor, la muerte acechaba. Cadáveres de aldeanos y niños yacían entre las ruinas. Sus expresiones de horror estaban congeladas en el tiempo, como sombras de una tragedia inevitable.

Lina, con la respiración entrecortada, sintió su energía desvanecerse.

Su única certeza era que su hijo seguía vivo. Y eso era suficiente.

—Rayleigh... —susurró, con las últimas fuerzas que le quedaban—. Sé fuerte... por mí...

Su voz se apagó.

Y con su último aliento, Lina desapareció entre las llamas, mientras Rayleigh caía en la inconsciencia, sumido en la oscuridad de la desolación.

Fin del Capitulo