Esta obra es una creación original y está protegida por derechos de autor. Los personajes y elementos del universo de Fairy Tail pertenecen al autor mangaka Hiro Mashima


Fairy Tail: Nueva Extalía

Capitulo 24: Freyr I

Prologo del Arco del Distrito Desértico


1 de Marzo del x795. Faltan 98 días

Capital Real

En el reformado castillo real, dentro del salón del trono, Shaddick permanecía sentada en el trono real. Su postura relajada, con el cetro apoyado sobre el brazo del trono, contrastaba con la intensidad de las voces a su alrededor. Su mirada fría y calculadora recorría lentamente a cada uno de los ministros, un consejo mixto de Exceeds y MFs, que se turnaban para informar sobre los asuntos del reino.

Shaddick alzó su cetro con un movimiento fluido, silenciando al grupo y llamando la atención hacia ella. La atmósfera cambió instantáneamente, y todos los presentes se quedaron en silencio, atentos.

"Comencemos con el informe del reino," dijo con una voz firme, autoritaria, pero carente de agresión. "Quiero un estado detallado de cada sector. Ministro de Economía, usted primero. ¿Cómo está el flujo de ingresos y la estabilidad financiera?"

El ministro de economía, una zorra ártica (MF) de porte elegante, con un collar de cristal que reflejaba la luz del salón, dio un paso adelante. Su expresión era completamente seria, aunque una leve rigidez en sus hombros delataba su preocupación. "Su Majestad, las finanzas están estables," comenzó, manteniendo un tono profesional. "Las ciudades han mantenido un buen ritmo de comercio, especialmente en el distrito Nocturno, que sigue siendo un punto considerable de ingresos. Sin embargo..." Hizo una pausa, observando cuidadosamente la reacción de Shaddick antes de continuar. "Recomendaría revaluar los impuestos de la ciudad Drosera, o como lo suelen llamar el distrito Sobrenatural, temo decir que el tráfico comercial allí ha disminuido ligeramente, al menos hasta que las festividades lleguen."

Shaddick asintió, sus ojos destellando brevemente con interés. "Muy bien. Asegúrese de que los ajustes sean razonables. No necesitamos más descontento entre los comerciantes."

Dirigió su mirada hacia otro par de ministros. "Ministro de Transparencia y Ministro de Justicia. ¿Tienen alguna novedad?"

Los ministros, un par de Exceeds ancianos con pelaje gris, intercambiaron una breve mirada antes de negar con la cabeza. "Todo en orden, Majestad," respondió el Ministro de Transparencia, con una voz quebrada por la edad pero clara en intención. Pero antes de que la reina Shaddick pudiera hablar, el ministro de justicia hablo. "Sin embargo, el señor Wolfern, el capitán de inteligencia del Reino, tiene algunas consultas con respecto a lo sucedido hacer un par de noches."

Entonces otra persona, un lobo (MF), conocido como el Wolfern, dio un paso adelante con una expresión más seria que los anteriores.

"Majestad," comenzó, inclinando ligeramente la cabeza, "me temo que el informe de inteligencia no es tan agradable para que usted pueda escuchar. Con el apoyo del ministerio de infraestructura, aún estamos trabajando en la recuperación de las calles dañadas durante el incidente de hace un par de noches en la capital real. Los daños estructurales están al 70% de reparación, pero..."

"¿Pero...?" repitió Shaddick, fijando su intensa mirada en él.

Antes de que Wolfern pudiera continuar, otro ministro intervino, un Exceed de mayor tamaño encargado de la seguridad interna. "Majestad, salvo el incidente mencionado, no hay novedades relevantes."

Shaddick se levantó lentamente de su trono, dejando caer un silencio tenso en la sala. Su figura parecía aún más imponente bajo la luz que se filtraba a través de los vitrales del salón. "Veo que algunos de ustedes lucen incómodos," comentó, observando a cada uno de los ministros con una mirada penetrante. "¿Algo que quieran compartir?"

El Ministro de Justicia dio un paso al frente, tragando saliva. "Majestad, disculpe nuestra franqueza. Aún no hemos asimilado por completo su ascenso absoluto al poder. Aunque entendemos y respetamos la decisión de la reina Shaggotte de responsabilizarse por los delitos de su hija, la princesa Carla, tememos que la población pueda interpretarlo como una imposición y no como una transición natural."

Un murmullo de aprobación recorrió a los demás ministros. Shaddick caminó hacia ellos con calma, pero cada paso parecía cargar un peso adicional en el ambiente.

Shaddick levantó una mano, pidiendo silencio. La sala cayó en un tenso mutismo, y su voz resonó con serenidad, pero con una fuerza inquebrantable.

"Entiendo sus preocupaciones," dijo con voz serena, pero cargada de autoridad. "Pero quiero dejar algo muy claro: nuestras prioridades deben estar enfocadas en la estabilidad del reino y en el bienestar de nuestros ciudadanos."

Hizo una pausa, evaluando las expresiones tensas de los ministros. "Si creen que revelar la verdad sobre la situación de Shaggotte beneficiará de alguna manera al reino, adelante, háganlo. Pero recuerden que eso también significaría exponer sus errores como líderes al no haber prevenido sus acciones. Shaggotte cometió varios errores y actualmente ha tomado la responsabilidad, ahora está pagando por sus actos."

El Ministro de Transparencia bajó la mirada, mientras otros ministros intercambiaban miradas incómodas. Wolfern permaneció en silencio, observando con atención la dinámica.

"En cambio," continuó Shaddick, "proponemos una versión oficial. Diremos que Shaggotte ha decidido buscar inspiración en los humanos para avanzar en nuestro reino y me ha confiado el liderazgo durante su ausencia. Eso mantendrá la calma entre la población y nos permitirá trabajar sin interrupciones."

Los ministros asintieron lentamente, reconociendo la lógica de sus palabras. "Tiene razón, Majestad. Disculpe nuestra desconfianza anterior," dijo finalmente el Ministro de Justicia en representación de todos.

Shaddick sonrió levemente. "Bien. Ahora, retírense. He dicho todo lo necesario."

Uno a uno, los ministros comenzaron a abandonar la sala. Sin embargo, cuando Wolfern estaba a punto de cruzar el umbral, la voz de Shaddick resonó. "Wolfern, tú quédate." Enfatizó ella. "Necesito hablar contigo a solas."

El lobo se detuvo, tragando saliva con pesadez. Su postura, aunque erguida, mostraba una ligera tensión. Dio media vuelta y esperó hasta que la puerta se cerrara tras los demás.

"Majestad," dijo, su tono bajo y cuidadoso, "¿qué desea discutir?"

Shaddick caminó hacia él, sus ojos destilando una mezcla de seriedad y expectación. "Es sobre el incidente de hace dos días. ¿Hay algo que hayas escuchado, algún rumor sobre lo que lo sucedido?"

Shaddick observaba a Wolfern con una mirada penetrante. El silencio que se generó en la sala parecía acentuarse mientras la reina hacía su pregunta.

"¿Qué sabes de lo sucedido esa noche?", volvió a repetir Shaddick, su tono grave, exigiendo una respuesta. "Quiero saber cualquier cosa, cualquier rumor, cualquier información."

Wolfern, una persona de pocas palabras, tomó un momento antes de responder, su rostro sombrío reflejaba la gravedad del asunto. "Aparte de lo que le he informado previamente, Majestad... he escuchado rumores sobre los responsables de la destrucción. Se habla de Exceeds bastante conocidos en el reino: Happy, Carla y Touka, todos miembros de ese gremio conocido como Fairy Tail. Con la princesa Carla como la única confirmada."

La reina no mostró signos de sorpresa, pero su mente ya estaba procesando las implicaciones de esas palabras.

"¿Happy, Carla y Touka?", repitió Shaddick con un tono calculador. "¿Y qué más?"

"Happy, según los rumores, fue detenido por intento de asesinato a un miembro de la familia real. Y la princesa Carla... se dice que ella y Touka, una Exceed de otro mundo, conspiraron para liberar a Happy, y durante su escape, causaron destrozos importantes. La situación fue caótica, y su paradero actual es desconocido."

Shaddick levantó una ceja, fingiendo sorpresa, aunque la noticia no la tomó por sorpresa en absoluto. "¿Por qué no me dijiste esto antes? La afiliación sobre los tres al gremio de Fairy Tail puede ser importante.", preguntó con frialdad, la expresión de falsa sorpresa claramente visible. "Parece algo... importante."

Wolfern tragó pesadamente antes de explicar, con la voz tensa. "Majestad, la información no ha sido corroborada aún. Todo está basado en rumores, y si llegamos a difundir esto sin pruebas, podríamos estar sembrando el caos. Y, si todo esto es cierto... ¿qué dirán los civiles? Si descubren que la hija de Shaggotte ha conspirado, liberado a un prisionero peligroso y causado toda esta destrucción, las repercusiones podrían ser devastadoras. Antes se decía que la princesa había cometido delitos leves, pero esto es decir... Cargos por Infiltración, Conspiración, Destrucción de Propiedad... Usted me entiende. Es mejor, como usted diría, guardar las apariencias."

Shaddick lo miró en silencio durante un largo momento, sus ojos fríos y calculadores. Finalmente, exhaló con una pequeña sonrisa irónica. "Tienes razón. Wolfern... Pero"

"¿Pero qué?"

"Me ocultaste información importante. Por esta vez, te dejaré pasar tu... prudencia, Wolfern. Pero te advierto, la próxima vez no me guardes nada, incluso si se trata solo de rumores. La información es poder. Todo vale."

Wolfern asintió, aliviado de que su reina no le estuviera reclamando más por lo sucedido. "Entendido, Majestad."

Shaddick se recostó nuevamente en su trono, la mente trabajando a toda velocidad. La información sobre Happy, Carla y Touka era crucial, y la situación debía ser manejada con sumo cuidado.

Shaddick observó a Wolfern con detenimiento, su expresión seria, pero calmada. "Ya que estamos en esto, Wolfern, hay algo más que me interesa saber. Mi ascenso al poder... digamos que no todos lo aceptaron con agrado. Eso es evidente." Hizo un leve gesto hacia la puerta por donde los ministros se habían retirado momentos antes. "Y no me importa, mientras hagan su trabajo. Pero dime... ¿qué hay de ellos?"

Wolfern ladeó la cabeza, algo confundido. "¿Ellos, su Majestad?"

"Los Vestigios," aclaró Shaddick, con un tono casi impaciente. "Quiero saber cómo se lo han tomado. Y quiero detalles, Wolfern."

El lobo suspiró y desvió la mirada, cruzando los brazos como si eligiera cuidadosamente sus palabras. "Bueno... como usted sabe, los 12 Vestigios están divididos en dos bandos. Los Vestigios Solares, quienes fueron elegidos por la reina Shaggotte, y los Vestigios Lunares, quienes, por otro lado, fueron escogidos por usted misma."

Shaddick soltó un ligero suspiro. "Eso ya lo sé. No necesito una lección de historia, Wolfern. Habla claro: ¿qué opinan de mí?"

El capitán de inteligencia tragó saliva, incómodo por la intensidad de la mirada de la reina. "Las opiniones están divididas, Majestad. Los Vestigios Lunares, como era de esperarse, le son completamente leales, al menos eso dijeron. Su liderazgo siempre ha contado con su respeto absoluto. Sin embargo, entre los Vestigios Solares... bueno, hay ciertos desacuerdos."

"¿Desacuerdos?" repitió Shaddick, inclinándose ligeramente hacia él. "Sé más específico."

Wolfern suspiró con cansancio. "Algunos de ellos comprenden la situación. Entienden que la reina Shaggotte cometió errores y aceptan su decisión de relegar el poder. No por qué quisieran, sino por qué no tienen más opciones. Aunque no están del todo de acuerdo con cómo se llevó a cabo, han decidido acatar sus órdenes."

"¿Y los demás?" preguntó Shaddick, su voz más firme.

El lobo bajó la mirada, como si evitara un tema delicado. "Hay uno en particular... que se lo tomó bastante mal."

Los ojos de Shaddick brillaron con interés, y una ligera sonrisa apareció en sus labios. "¿Solo uno? ¿Y quién es ese?"

Wolfern suspiró pesadamente, sabiendo que no podía evitar responder. "Es Karl, el Vestigio Número 1 es decir el capitán personal de la reina Shaggotte. Desde el principio, siempre ha sido leal a la reina, y su devoción hacia ella roza lo personal. Para él, su caída del trono es algo... inaceptable."

Shaddick levantó una ceja, su expresión ahora era una mezcla de curiosidad y diversión. "Así que el honorable Capitán Karl no aprueba mi liderazgo, ¿eh? Qué interesante."

"Majestad, le aseguro que Karl no tomará ninguna acción contra usted. Es disciplinado y respeta la cadena de mando. Pero su descontento es evidente."

Shaddick se cruzó de brazos, inclinando la cabeza con un aire pensativo. "Hmm... lo imagino. Su lealtad a Shaggotte es admirable, pero puede convertirse en un problema si no sabe dónde están los límites. Vigílalo, Wolfern. No quiero sorpresas desagradables."

"Entendido, Majestad," respondió Wolfern, inclinando la cabeza.

Wolfern, con cautela, continuó hablando: "Por cierto, su Majestad, hay algo más que necesito discutir con usted. Es sobre... lo que ocurrió hace unos días. La aurora boreal roja que apareció sobre el reino."

Los ojos de Shaddick brillaron con un matiz de interés. "¿La aurora boreal roja? Sí... fue un espectáculo curioso."

"Así es," asintió Wolfern. "Pero hay algo que no me cuadra. Un fenómeno como ese no es común, al menos no de esa magnitud. Es decir, según testigos, este fenómeno 'natural' fue visto en todo el reino y no solo en la capital real. Por lo que deduzco que es eso no fue evento natural de la zona geográfica donde nos ubicamos. Sospecho que fue de carácter mágico, ya que no tiene ningún sentido, que todos los distritos hayan presenciado esto. Es imposible." Argumento Wolfern.

Shaddick levantó una ceja, con extrañeza. "Te estás acercando a una verdad que no necesitas saber." Pensó ella al ver las deducciones del lobo.

Wolfern siguió hablando. "Además eso, lo que me parece sumamente extraño es que ocurrió esto ocurrió exactamente la misma noche en que los prisioneros escaparon. No me parece una simple coincidencia."

Shaddick apoyó el rostro en una mano, observándolo con una sonrisa sutil. "¿Y qué crees tú, Wolfern?"

El capitán de inteligencia dudó antes de responder. "No lo sé... Pero si lo que digo es verdad, si esa aurora roja, tiene un origen mágico, entonces debemos considerar la posibilidad de que esté relacionado con los fugitivos. O incluso que haya sido la causa de su escape."

Shaddick entrecerró los ojos con una expresión inescrutable. "Hmm... una deducción interesante. Entonces, dime, Wolfern... si ambos eventos estuvieran relacionados, ¿qué implicaría eso?"

Wolfern frunció el ceño, pensativo. "Significaría que alguien dentro de la prisión, o alguien externo con un gran poder, provocó ese fenómeno. Y si los prisioneros lograron escapar esa misma noche... Entonces el responsable podría estar entre ellos."

Shaddick sonrió ligeramente y se recostó en su trono con elegancia. "¿Ves? Ya estás llegando a respuestas más concretas. Quizás deberías dirigir una investigación más profunda sobre la naturaleza de esa magia y su conexión con los prisioneros. Después de todo, si resulta que son parte de lo mismo, sería un gran problema... ¿no crees?"

Wolfern inclinó la cabeza, tomándose un momento para analizar sus palabras. "Lo investigaré, Majestad. Si encontramos algo concreto, se lo haré saber de inmediato. También trataré de ubicar a esos prisioneros."

Un silencio tenso llenó la sala mientras Wolfern observaba la reacción de la reina. Sin embargo, este silencio fue rápidamente interrumpido por un sonido inesperado: la puerta de la cámara se abrió de golpe. Un Exceed rojo, visiblemente adolorido y con parte de su cuerpo vendado, apareció en el umbral. Su rostro estaba demacrado, y su brazo derecho estaba inmovilizado por una férula. Caminaba lentamente, pero su presencia era notoria.

"Eso ya no será necesario", dijo con voz ronca, casi cansada, mientras daba un paso adelante. "Logré encontrar a dónde se dirigen."

Shaddick lo observó con una sonrisa burlona, sin hacer un movimiento. "No deberías estar de pie, especialmente en ese estado. Esas heridas fueron causadas por la princesa Carla, ¿no es cierto?" Su mirada se desvió hacia los vendajes que cubrían su cuerpo, como si no pudiera evitar divertirse con la escena. "Y aún tienes tinta en tu rostro. ¿No te diste cuenta?"

El Exceed, que era nada menos que Adrien, la mano derecha de Shaddick, se detuvo, molesto. La incomodidad en su rostro se reflejaba al tocar su mejilla con una mano, restregándose la tinta negra. "No me lo recuerdes," gruñó, claramente irritado. "Fue bastante difícil limpiarme con todo este vendaje."

Wolfern, que estaba en silencio observando la escena, levantó una ceja, sorprendido por el estado deplorable de Adrien. Este hombre (o mejor dicho, Exceed), es la mano derecha de Shaddick, conocido por su arrogancia y dureza, se encontraba ahora en una posición tan vulnerable. Wolfern también notó la incongruencia de la situación, preguntándose cómo era posible que Adrien, herido de tal forma, estuviera de pie y aún actuando con tanta determinación.

Sin embargo, el capitán de inteligencia no tenía tiempo para procesar más detalles. Era evidente que Adrien tenía algo importante que comunicar, y Shaddick no pareció preocuparse por el mal estado de su subordinado. "¿Qué has descubierto?" preguntó la reina con voz fría, siempre manteniendo esa calma que la caracterizaba.

Adrien, a pesar de su estado, parecía sereno. "Según mis informantes , hemos logrado rastrear, el equipo Exceed se ha estado moviendo hacia el oeste por días. Se encuentran en el territorio del Reino de Bellum, y hemos calculado su probable destino: la ciudad de Verbena, en el distrito desértico."

Wolfern, aún algo desconcertado por la escena, no pudo evitar pensar en cómo un detalle tan aparentemente trivial podría ser crucial. La información sobre la ubicación del equipo Exceed no solo aclaraba su paradero, sino que podría darles una ventaja estratégica. "¿Tal vez esa información sea relevante para una investigación?" Pensó él.

Antes de que pudiera hacerse más preguntas, el ambiente se volvió incómodo. Con la conversación girando hacia un tema tan serio, Wolfern sintió que no encajaba en el espacio de la sala, al menos no de momento. Su presencia solo interrumpía la interacción entre Shaddick y Adrien, así que, en un gesto de cautela, decidió retroceder unos pasos.

"Si me disculpan..." murmuró, decidiendo que sería mejor retirarse. "Volveré más tarde."

Shaddick le dirigió una mirada calculadora, pero no dijo nada. Mientras Wolfern se retiraba, se escuchaba el crujir de la puerta al cerrarse suavemente detrás de él. La reina se recostó en su trono, mientras sus ojos seguían fijados en Adrien.

"Ahora, Adrien..." comenzó Shaddick, con una sonrisa algo inquietante. "No te preocupes por tus heridas, tenemos tiempo para descansar después. Lo importante es que la información que trajiste es... valiosa. Ahora debemos hacer que los movimientos de ese grupo de Exceeds sean un poco más complicados."

Adrien, aún en pie y con esfuerzo, asintió. "Lo entiendo, su Majestad. Haré todo lo necesario."

Shaddick observó la sonrisa de Adrien, esa mezcla de arrogancia y furia contenida, y entrecerró los ojos, dejando que el silencio se alargara unos segundos más. Finalmente, su voz cortó el aire como una cuchilla.

"Antes de que hagas alguna estupidez, sería mejor que te recuperes de tus heridas," dijo, con una frialdad calculada. "No estás en condiciones de hacer algo productivo."

Adrien suspiró con frustración, bajando lentamente la mano, aún sintiendo el calor residual en su piel.

"Carla y sus amigos están de camino a Verbena, "insistió, con un tono casi suplicante pero disfrazado de determinación. "Si utilizo el arco de viaje, puedo llegar antes que ellos y acabar con esto de una vez." Explicó él.

Pero Shaddick agitó una mano con desdén, interrumpiéndolo.

"Te he dicho que descanses, Adrien. No eres útil para mí si estás medio muerto. "Su mirada se volvió más afilada. "Además, respecto a esos Exceeds… planeo reforzar la seguridad en ese distrito. Y si eso no funciona…" su sonrisa se ensanchó, venenosa. "Le daré la oportunidad a otra persona."

Las palabras resonaron en la sala como un eco helado. Adrien apretó la mandíbula, sus ojos chispeando con una mezcla de ira y humillación. Finalmente, exhaló con resignación.

"Como ordenes, Shaddick," gruñó, girándose hacia la salida. Mientras caminaba, murmuró para sí mismo, con una sonrisa torcida. "Espero que al menos la enfermera que me atienda sea atractiva."

Dio unos cuantos paso, pero no llegó muy lejos.

"Adrien," la voz de Shaddick lo detuvo, tan afilada como un latigazo. Él se giró lentamente, su expresión volviendo a ser neutral.

"¿Qué más?" Pregunto él.

"Prepárate. Esta noche daré un anuncio importante. Y dile a Marice que reúna a los medios de comunicación. No quiero retrasos." Ordenó ella con vehemencia.

Adrien asintió con una inclinación de cabeza, sin decir una palabra más, y salió del salón, sus pasos resonando en el pasillo de mármol.

Sin embargo, ninguno de los dos se percató de la figura que se ocultaba tras la gran puerta del salón real. Marice, la humana que representaba a los M.F. y era la mano derecha de Shaggotte, había escuchado cada palabra. Su rostro, habitualmente sereno y profesional, estaba ahora marcado por la preocupación. Llevó una mano a su pecho, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza.

El peso de lo que acababa de escuchar se hundía en su mente como una piedra en el agua. La seguridad reforzada, la amenaza velada contra el equipo Exceed, y lo más inquietante… ¿Qué planeaba realmente Shaddick?

Marice sabía que debía actuar con cuidado. Muy, muy pronto. "Espero que se encuentren bien, chicos... Happy..."


Mientras tanto

El equipo Exceed había avanzado por casi toda la mañana, sobrevolando un bosque seco que pronto dio paso a una tierra árida. La temperatura comenzó a subir rápidamente, volviendo el aire denso y sofocante. La transición había sido tan brusca que el calor ahora se sentía insoportable.

Touka, empapada en sudor y con el ceño fruncido, se quejó sin reservas. "¿A quién se le ocurrió venir por este camino? Hace demasiado calor."

Su mirada se alzó al cielo con desdén, como si culpase al mismísimo sol por su miseria.

"¿Quién decidió que este era el camino más rápido? ¿Fuiste tú, Carla?"

Carla, que la llevaba en su espalda mientras volaba, apenas reaccionó al comentario. Su mirada se mantenía fija en el horizonte, y aunque su expresión seguía siendo seria, había algo en ella que parecía distinto. Desde su conversación con Aoi, su semblante había cambiado, aunque no de forma evidente.

"No me mires a mí, Touka," respondió Carla con fingida molestia. "Fue Aoi quien sugirió que esta es la mejor ruta."

Touka dejó escapar un suspiro exasperado. "¿Y qué, exactamente, hace que esto sea 'lo mejor'? ¿Que nos rosticemos más lentamente?"

Desde el cetro real, Aoi respondió con absoluta calma. "Escucha, Touka. El desierto es enorme. Si intentáramos atravesarlo de frente, moriríamos de calor o de hambre antes de llegar a nuestro destino. Así que tomamos la ruta más sensata."

Touka hizo una mueca. "Pues tu 'ruta sensata' sigue siendo un infierno."

"Además si esta es la opción mas adecuada, no me imagino la ruta directa." Expreso Touka con frustración. "¿No entiendo por que?

Aoi suspiró, adoptando un tono condescendiente, como si estuviera hablándole a un niño pequeño.

"Voy a explicártelo con palabras simples, ¿vale? Estamos siguiendo el borde del desierto en lugar de cruzarlo directamente porque, sorpresa, no queremos morir deshidratados. Aquí el terreno es más soportable, hay sombra ocasional y—pon mucha atención a esta parte—hay más probabilidades de encontrar un tren que nos lleve al oeste sin que terminemos hechos polvo."

Touka entornó los ojos, cruzándose de brazos. "Sí, sí, ya entendí, señorita estrategia brillante."

"¡Ya chicas, compórtense!" Exclamó Carla. "No son niños como para que se comporten así."

"Aye..." Respondieron cabizbajas ambas chicas.

Carla se limito a seguir volando hacia al frente. Al parecer no estaba con ganas de romper su tranquilidad, con unas discusiones infantiles.

Fue entonces cuando Happy, que volaba cerca de ella, notó la ligera expresión de tranquilidad en su rostro. "¿Ella no está molesta?" Aunque el rostro de Carla mostraba una leve serenidad, su mente estaba ocupada con algo más. Fue entonces cuando Happy, notando el cambio en la expresión de Carla desde la mañana, le preguntó: "¿Estás bien, Carla?

Carla, al sentir su mirada fija sobre ella, rápidamente recuperó su expresión seria. "No es nada," respondió rápidamente, pero la forma en que había esquivado su mirada decía lo contrario. "Solo estaba pensando en algo."

Happy no se conformó con esa respuesta tan vaga. "¿Sobre Freyr?" preguntó, su voz llena de una mezcla de preocupación y curiosidad.

Carla se quedó en silencio por un momento, como si estuviera evaluando cómo responder. Finalmente, negó con la cabeza. "No es sobre eso," dijo con una calma que intentaba ocultar las complejidades de sus emociones. "Pero ya que estamos tocando el tema... estamos entrando en el territorio árido. Quizás sería bueno que tú continúes con tu relato, Happy. Y espero que esta vez sí cumplas con tu palabra de hablar sobre Freyr."

Happy, asintiendo con su característica energía, respondió con su típico "Aye". No necesitaba más palabras. Sabía que ahora tenía la oportunidad de hablar, pero aún así, sentía el peso de lo que debía contar. "Me quedé después de contarles sobre mi primer entrenamiento con Feith..."

Carla asintió. "Si, te quedaste en esa parte."

Happy empezó a recordar lo que seguia. "Después de eso, recuerdo que los primeros meses con Feith... No fue fácil," comenzó Happy, su voz teñida de frustración y una sombra de cansancio. "Después de esa primera prueba, Feith me sometió a todo tipo de entrenamientos. Todo era agotador, doloroso, y... casi cruel. Cada vez que pensaba que ya no podía más, él encontraba una nueva manera de hacer que mi cuerpo y mente se rindieran. No tenía descanso, no tenía tregua."

"Suena duro" Opinó Touka...

"Lo fue" Happy apretó el puño con fuerza, su cuerpo aún agobiado por los recuerdos, pero la determinación reflejada en sus ojos era clara. "Pero gracias a esos hubieron varios cambios..."

"¿Como cuáles?"

"Mi cuerpo cambió. Aunque no lo mostraba, me volví más rápido, más ágil, más fuerte. Mi pequeño cuerpo ahora podía soportar más de lo que jamás imaginé, pero… mi magia…" Happy hizo una pausa, como si las palabras le costaran. "Mi magia nunca mejoró. A pesar de todo ese esfuerzo, no podía aumentar mi poder. Y eso... me frustraba más que todo lo demás..."

"Eso es extraño." Carla frunció el ceño. En su propia experiencia, el entrenamiento físico y mágico le permitió alcanzar su forma humana. Entonces, ¿por qué Happy no había logrado nada con su magia? ¿Tendría que ver con Freyr o algo?"

"Entonces ¿que hiciste?" Pregunto Touka.

Happy suspiro, continuo con su relato. "A pesar de mi entrenamiento, no veía el resultado que yo esperaba, al menos así fueron hasta el quinto mes..."


Flashback

Hace 7 meses

Durante esos cinco meses, Happy vivió una rutina implacable de trabajo y entrenamiento, que puso a prueba tanto su cuerpo como su mente. Cada día, dividía su tiempo entre las tareas de búsqueda y recolección de los materiales necesarios para reparar a Freya y su entrenamiento físico y mágico con Feith.

Mientras Feith se encargaba de la reparación de la nave y le ayudaba a mejorar sus habilidades, Happy debía cumplir con una parte del trato, algo bastante crucial: encontrar las piezas necesarias para restaurar la nave Freya, cuya reparación era esencial para poder salir de ese mundo y regresar a su hogar . A pesar de la carga que representaba esta dualidad de responsabilidades, Happy cumplía a regañadientes, ya que el tiempo apremiaba, y sabía que ambas cosas eran igualmente importantes.

Cada vez que regresaba de una expedición, agotado y con las manos llenas de piezas y recursos, Feith lo esperaba con nuevos entrenamientos, a menudo más desafiantes que los anteriores. Happy se encontraba entre dos mundos: uno en el que debía completar su misión, y otro en el que estaba a punto de quebrarse por las intensas pruebas físicas y mágicas a las que Feith lo sometía.

A medida que avanzaba el tiempo, Happy comenzó a encontrar un equilibrio precario entre sus dos responsabilidades. Aunque al principio la fatiga lo dominaba y las tentaciones de abandonar lo abrumaban, pronto se dio cuenta de que las dos facetas de su vida se retroalimentaban.

Por otro lado, su progreso en el entrenamiento lo mantenía con la mente ocupada y alejada de las dudas que surgían de la búsqueda, ayudándole a mantenerse más centrado y decidido.

Ahora, en este punto, tras cinco meses, ya había experimentado todos los desafíos que Feith le había impuesto para mejorar sus habilidades físicas y mágicas.

Como por ejemplo, Happy había sometido a un sinfín de pruebas físicas diseñadas para empujar su cuerpo más allá de sus límites. Desde el atardecer hasta el anochecer, su vida se convirtió en una rutina de esfuerzo y dolor incesante.

Para fortalecer su fuerza y resistencia, Feith le hizo escalar un poste de madera con una enorme rueda de piedra atada a su espalda, una tarea que al inicio parecía imposible. También tuvo que cargar agua desde un manantial en lo alto de la montaña hasta la base, sin usar sus alas, forzando sus patas a soportar la carga.

Para mejorar su velocidad y control en el aire, debía volar con cargas de diferentes pesos, aprendiendo a ajustar su gasto de magia para no agotarse demasiado rápido. Volar contra corrientes de viento creadas artificialmente por Feith también era parte del entrenamiento, obligándolo a encontrar la forma más eficiente de moverse en el aire.

Pero esos eran solo algunos ejemplos de lo que había soportado. Hubo muchas más pruebas, algunas tan brutales que prefería no recordarlas. Noches enteras en las que sus músculos ardían de dolor, días en los que se preguntaba si realmente lograría resistir. Pero cada vez que pensaba en rendirse, Feith encontraba una nueva manera de empujarlo aún más lejos, exigiéndole más, sin darle tregua.

Los días pasaban, y aunque al principio cada entrenamiento parecía una sentencia de muerte, con el tiempo Happy empezó a notar cambios. Sus músculos respondían mejor, su resistencia aumentaba y sus reflejos eran más rápidos. Su cuerpo ya no se agotaba tan fácilmente, y ahora podía esquivar ataques y reaccionar con más precisión en caso de involucrarse en un problema.

Fue en este punto donde comenzó a ver los primeros resultados: no solo su cuerpo se había fortalecido, sino que su poder mágico también estaba incrementando. Los entrenamientos de Feith le enseñaron a canalizar su magia con mayor precisión y a manejar su energía con mayor eficiencia. Esto, a su vez, le permitió ser más efectivo en sus tareas de recolección, ya que sus habilidades mágicas empezaban a ser más útiles en las misiones, ayudándolo a sortear obstáculos con mayor facilidad.

Ahora Happy, se sentía a gusto con su progreso, a pesar de todo esto, había algo que no cambiaba…

A pesar de que poder mágico había incrementado, por alguna razón su magia se había quedado estancado. Todo por lo que estaba trabajando, estaba siendo obstaculizado por algo que no entendía. Y eso lo frustraba bastante.

Quería aprender a usar una forma humana, como Carla, para usarla en combate y aprender esa magia que le había dicho Feith, el estilo de viento. Pero hasta que no pudiera tener una forma adecuada, no podría enseñarselo y eso es algo que Happy comprendió por completo.

A pesar de las complicaciones, eso no detuvo, a Happy, ya sea que no estuviera avanzado, él seguía intentándolo, una y otra vez. Con la esperanza de que está vez pudiera lograr lo que busca, aprender más magia para proteger a las personas más importantes en su vida: sus amigos.

Happy estaba entrenando en la ladera de una montaña rocosa. Cargaba varios troncos atados, cada uno de ellos más pesado que el anterior. Su respiración era entrecortada, pero sus músculos seguían respondiendo. El sol se estaba ocultando en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos cálidos, y Happy sentía que su cuerpo ya estaba al límite. Sin embargo, no se detendría. No después de todo lo que había soportado en los últimos meses.

Mientras tanto, dentro de la pequeña carpa improvisada, Feith estaba concentrado, observando unos planos detallados de la nave Freya. Entre sus manos sostenía una taza de café, que no dejaba de mezclar, más por costumbre que por necesidad. Había pasado horas allí, revisando detalles y ajustando lo que quedaba por hacer.

"Ya hemos avanzado bastante en los últimos meses…", murmuró Feith para sí mismo mientras miraba los avances de la nave. "Casi un 40% reparado, aunque falta mucho para terminar…"

El sonido de los troncos siendo arrastrados por el suelo de tierra y las ramas crujir siendo flexionadas era lo único que se escuchaba por el lugar, hasta que de repente, Happy soltó los troncos de golpe.

El impacto fue tan fuerte que provocó un estruendo que resonó a lo lejos, sobresaltando a Feith, quien casi deja caer su taza de café. La bebida caliente estuvo a punto de salirse, pero gracias a un rápido reflejo, la sostuvo a tiempo. Sin embargo, el incidente hizo que su rostro se frunciera de incomodidad.

"¡Ya he terminado!" Happy anunció desde la distancia, sin mucho entusiasmo, mientras se acercaba.

Feith lo miró con una sonrisa irónica, la cual reflejaba cansancio pero también cierto nivel de cariño por su implacable compañero. "¿Ya has terminado? Me pregunto si también casi acabas con mi café…" bromeó, levantando su taza con una mueca.

Happy le rodó los ojos, divertido. "Voy a buscar más piezas. Ya sabes que tengo que seguir con la búsqueda…"

Feith lo miró con gesto serio, bajando la taza. "No. Hoy necesitas descansar, Happy. Ya has hecho más que suficiente. Además, no quiero que te caigas de cansancio como la última vez…"

Pero Happy hizo caso omiso a las palabras de Feith, levantándose con una determinación implacable, listo para marcharse. Su actitud obstinada se reflejaba en cada paso que daba. Feith, con un suspiro, volvió a mirar los mapas en la carpa, viendo cómo se estaba cubriendo casi la mitad del territorio que necesitaban explorar. "Sin ti, esto hubiera tomado un montón."

Feith sonrió para sí mismo, sintiendo una ligera mezcla de respeto y frustración hacia Happy. "Pero ahora…" comenzó, mirando su taza de café con cierto remordimiento. "…es hora de avanzar con el entrenamiento. Y, antes de que eso pase, debo terminar esto antes de que tú lo hagas por accidente…"

Casi en broma, Feith dio unos pasos, pero en ese momento, tropezó con una de las piezas de repuesto que estaban dispersas por el suelo. En un solo movimiento torpe, se resbaló y la taza de café caliente voló por el aire, derramándose completamente sobre él.

"¡Maldita sea!" Feith gritó, lanzando maldiciones al aire mientras se levantaba torpemente, limpiándose el café derramado sobre su ropa.

Desde lejos, Happy escuchó el caos y los gritos de frustración de Feith, y no pudo evitar reírse. Se dio cuenta de lo extraño que era que alguien tan eficaz en entrenarlo pudiera ser tan torpe y desastroso en todo lo demás.

Happy negó con la cabeza, alejando esos pensamientos. "Mejor sigo buscando piezas..." murmuró para sí mismo mientras se alejaba, con una ligera sonrisa dibujada en su rostro.


[...]

[...]

[...]


Unos días después

Happy estaba entrenando en la ladera de una montaña rocosa. Se encontraba volando a una conside altura, mientras cargaba varios troncos atados, cada uno de ellos más pesado que el anterior, al menos alrededor de 250 kg.

"¡Ugh! ¡Huff! ¡Puff! Vamos...Happy..."

Su respiración era entrecortada, pero sus músculos seguían respondiendo. El sol se estaba ocultando en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos cálidos, y Happy sentía que su cuerpo ya estaba al límite. Sin embargo, no se detendría, no hasta lograr obtener lo que busca.

"Esto no es nada..." Se decía a si mismo, para concentrarse en soportar ese enorme peso.

Mientras tanto, dentro de la pequeña carpa improvisada donde la nave se estaba reparando pieza por pieza, Feith estaba concentrado, observando unos planos detallados de la nave Freya. Entre sus manos sostenía una taza de café, que no dejaba de mezclar, más por costumbre que por necesidad. Había pasado horas allí, revisando detalles y ajustando lo que quedaba por hacer.

"Ya hemos avanzado bastante en los últimos meses…", murmuró Feith para sí mismo mientras miraba los avances de la nave. "Casi un 40% reparado, aunque falta mucho para terminar…"

La nave ahora parecía un poco más reconocible, pero aún se veía bastante dañada por varias partes. Feith había hecho un gran trabajo con su magia, pero para él aún no era suficiente.

"¡Ahhh!" Se escucho un grito a los lejos. Feith supo que era Happy esforzándose hasta el final. Aunque no lo admitiría, sentía algo de admiración de ver el progreso que había hecho Happy, a pesar de que este último se haya sentido frustrado por los últimas semanas, donde su entrenamiento para aumentar su poder magico, fallo varias veces, impidiéndole alcanzar la forma humana que Happy había dicho que quería alcanzar.

"¿Que sucede con la magia de Happy?" Se preguntó, pensando en las posibles respuestas pero ninguna parecía plausible. Estaba molesto por no ayudar a su pequeño amigo, pero este último ha estado enfocándose más entrenar que en lamentarse de su propio estado.

Por ahora sabía debería dejarlo solo para que continúe con su entrenamiento. Entonces Feith volvió a lo suyo y se centro de nuevo en esos planos.

Mientras tanto

Happy sentía que la fatiga lo invadía, pero su determinación seguía intacta. "Vamos... un poco más..."

Sin embargo, al ver que el sol comenzaba a ponerse, sintió que su cuerpo pedía un descanso. "Ya es tarde... Debería terminar..." Sin pensarlo dos veces, soltó de golpe todos los troncos que había estado cargando, a casi 100 metros de altura.

Al impactar contra el suelo, el golpe fue tan brutal que provocó un estruendo ensordecedor.

El suelo, seco y rocoso, absorbió el peso de los troncos con un retumbante crack. Las piezas de madera se desintegraron parcialmente al tocar el suelo, dejando una nube de polvo que se levantó hacia el cielo al momento del impacto. A lo lejos, un par de aves se levantaron alarmadas, volando rápidamente lejos de la zona.

El impacto fue tan fuerte que provocó un estruendo que resonó a lo lejos, sobresaltando a Feith, quien casi deja caer su taza de café. La bebida caliente estuvo a punto de salirse, pero gracias a un rápido reflejo, la sostuvo a tiempo. Sin embargo, el incidente hizo que su rostro se frunciera de incomodidad.

"¡Por el amor de…!" murmuró, casi regando su café. "Ese maldito gato..."

En ese momento, Happy, que ya había dejado caer los troncos, suspiró aliviado y se acercó a Feith, quien estaba mirando al suelo, visiblemente alterado por la inesperada sacudid

"¡Ya he terminado!" Happy anunció, sin mucho entusiasmo.

Feith lo miró con una sonrisa irónica, la cual reflejaba cansancio pero también cierto nivel de cariño por su implacable compañero. "Sí, y casi terminas con mi café también," respondió, sin perder su tono sarcástico.

Happy le rodó los ojos, divertido. "Voy a buscar más piezas. Ya sabes que tengo que seguir con la búsqueda…"

Feith lo miró con gesto serio, bajando la taza. "No. Hoy necesitas descansar, Happy. Ya has hecho más que suficiente. Además, no quiero que te caigas de cansancio como la última vez…"

Pero Happy ya no le prestaba atención. Hizo una ligera reverencia y se despidió, dirigiéndose hacia la carpa improvisada donde almacenaban los materiales. Feith suspiró profundamente, sabiendo que no podía detener la testarudez de Happy. Miró el mapa en la mesa, que había cubierto casi la mitad del territorio, y, aunque estaba agotado, no pudo evitar sonreír al pensar que sin Happy, el progreso sería mucho más lento.

Feith sonrió para sí mismo, sintiendo una ligera mezcla de respeto y frustración hacia Happy. "Pero ahora…" comenzó, mirando su taza de café con cierto remordimiento. "… creo que es hora de avanzar con su entrenamiento. Y, antes de que eso pase, debo terminar contigo antes de que Happy lo termine por derramar." Dijo Feith hablándole a la taza de café humeante.

Casi en broma, Feith dio unos pasos, pero en ese momento, tropezó con una de las piezas de repuesto que estaban dispersas por el suelo. En un solo movimiento torpe, se resbaló y la taza de café caliente voló por el aire, derramándose completamente sobre él.

"¡ARGH! ¡Maldita sea!" Feith gritó, lanzando maldiciones al aire mientras se levantaba torpemente, limpiándose el café derramado sobre él. "¡Como quema!"

Desde lejos, Happy escuchó el caos y los gritos de frustración de Feith, y no pudo evitar reírse. Se dio cuenta de lo extraño que era que alguien tan eficaz en entrenarlo pudiera ser tan torpe y desastroso en todo lo demás.

"Mejor sigo buscando piezas..." Dejando esos pensamientos atrás, Happy continuó su camino, desapareciendo entre las sombras del atardecer, mientras Feith, empapado de café, murmuraba maldiciones y reponía su dignidad.


[...]

[...]

[...]


Minutos más tarde

"Al fin, termine..." Happy suspiro cansado. Había encontrado algunas piezas (unos trozos de lo que parecía ser la cola de la nave) mucho más rápido de lo esperado, así que tenía tiempo antes de regresar.

"¡Ufff! Eso fue rápido..." Miro al cielo anaranjado, y sentir el viento recorrer su cuerpo. Una sensación de tranquilidad y relajación lo abrumó. "Tal vez, debería descansar..."

Happy se recostó en el suelo, con las patas cruzadas detrás de la cabeza, contemplando el cielo.

"Se siente bien..."

Las nubes se movían lentamente sobre Happy, formando figuras que se deshacían en cuestión de segundos. De alguna manera, le recordaban lo efímeros que eran los momentos, lo rápido que todo podía cambiar.

Aunque se sintiera relajado, algo su mente no dejaba de divagar. Su progreso en el entrenamiento había sido impresionante en cuanto a resistencia, fuerza y velocidad, pero había algo que lo seguía atormentando: su magia estaba estancada.

"¿Porque sigo pensando en eso?" Se preguntó frustrado. "Debo descansar..."

Sin embargo, los recuerdos de las últimas semanas lo invadieron. Se vio a sí mismo, golpeando el suelo con frustración, el cuerpo agotado, la respiración entrecortada. Había pasado días enteros intentando usar la magia de transformación para alcanzar su forma humana, siguiendo al pie de la letra las instrucciones que Mirajane le había dado en su momento, y los consejos de Feith, que eran sorprendentemente similares.

Pero nada.

A diferencia de la última vez, donde al menos había logrado un cambio parcial, ahora ni siquiera sentía que estuviera funcionando. No había hormigueo en su cuerpo, ni destellos de magia envolviéndolo, ni la más mínima señal de transformación.

"¿Por qué…?" susurró, cerrando los ojos con frustración, mandando al diablo, su momento de relajación. "¿Por qué?

Lo intentó una vez más. Se sentó con las patas cruzadas, colocando sus manos sobre sus rodillas, concentrándose profundamente.

Respiró hondo.

Recordó las palabras de Mirajane: "Para cambiar tu cuerpo, primero debes visualizarlo con claridad. Imagina cada detalle, cada rasgo. Visualiza en que quieres convertirte. Si no te concentras, la transformación fallará."

Lo intentó. En su mente, trató de visualizar su forma humana: la que había imaginado para si mismo. Una forma donde pueda ser suficiente para proteger a sus amigos. Imaginó su piel, su cabello, la sensación de estar de pie sobre dos piernas en lugar de cuatro.

Nada.

"Maldición" Frunció el ceño, forzándose a enfocarse más.

Concéntrate... si antes pudiste, ahora también puedes...

Pero de nuevo, nada ocurrió.

Happy apretó los dientes y golpeó el suelo con ambas manos, frustrado. "¡Maldita sea! ¿Por qué ahora no funciona?"

Había seguido cada instrucción, cada paso. Había hecho todo lo posible. Pero su magia no respondía. Ni siquiera mostraba señales de intentarlo. Era como si algo dentro de él lo estuviera bloqueando, algo que no lograba entender.

Se quedó ahí, respirando con dificultad, tratando de calmarse. Sentía el pulso acelerado, el cuerpo temblando levemente por la mezcla de cansancio, rabia, y un leve rastro de tristeza.

"Si esto sigue así... nunca voy a lograrlo." Murmuró cabizbajo. "Siempre seguiré siendo débil..." Esa idea le pesaba en el pecho más que cualquier entrenamiento extenuante.

"¿De qué me ha servido todo esto…?"

Esa pregunta le pesaba en la cabeza como una piedra. Había pasado cinco meses entrenando sin descanso, forzando su cuerpo al límite, soportando el dolor, la fatiga, la frustración... todo para ser más fuerte. Para proteger a quienes amaba. Pero ahora, al ver que su magia de transformación no respondía, todo ese sacrificio se sentía inútil.

"Si tan solo... hubiera ignorado esa pesadilla..."

Si nunca hubiera tenido ese sueño. Si nunca hubiera discutido con Carla. Si nunca hubiera decidido marcharse…

Las imágenes de su hogar en Fairy Tail pasaron por su mente como un eco lejano. Se imaginó a Natsu riendo despreocupado, a Lucy regañándolo con cariño, a Wendy sonriendo dulcemente, a los demás compañeros del gremio haciendo el caos habitual. Y Carla…

Carla…

Happy bajó la mirada. Su pecho se apretó con una sensación que no lograba entender del todo.

"Los extraño…"

Cinco meses sin verlos, sin escucharlos, sin sentir esa calidez de estar rodeado de su familia. El entrenamiento lo había mantenido ocupado, pero en momentos como este, cuando todo se sentía más difícil, la soledad pesaba más que cualquier carga.

Por un instante, se permitió imaginar qué habría pasado si nunca se hubiera ido. Seguiría en el gremio, haciendo misiones con Natsu y los demás. Probablemente seguiría siendo el mismo Happy de siempre, el que bromeaba sin parar, el que se metía en problemas, el que a veces era una carga para los demás…

"… una carga."

El pensamiento lo golpeó con fuerza. Era cierto, ¿no? Antes de irse, no era más que un pequeño Exceed sin ninguna habilidad especial. Solo podía volar y hacer chistes. En cada batalla importante, era más una responsabilidad para los demás que una ayuda. Por eso entrenaba, por eso se esforzaba…

Pero ahora… ¿realmente había cambiado algo?

Si no podía controlar su transformación, si no podía volverse más fuerte, si no podía proteger a sus amigos…

"Tal vez todo esto fue un error…"

Happy cerró los ojos con fuerza, sintiendo la frustración crecer dentro de él. Quería gritar, quería maldecir, quería golpear el suelo hasta que su cuerpo ya no pudiera moverse. Pero sabía que nada de eso cambiaría la realidad.

El viento sopló de nuevo, esta vez más fuerte, levantando una pequeña nube de polvo a su alrededor.

Fue entonces cuando recordó algo.

Las palabras de Natsu, su hermano mayor, su mejor amigo.

"Si te caes, solo tienes que volver a levantarte."

Las palabras de Lucy, siempre comprensiva y fuerte.

"No importa cuántas veces falles, Happy. Lo que importa es que sigas intentándolo."

Las palabras de Carla, serias pero llenas de verdad.

"Si realmente deseas ser más fuerte, entonces debes dejar de quejarte y actuar."

Y entonces, algo en él hizo clic.

Sí, era cierto que deseaba estar con sus amigos. Sí, era cierto que todo este entrenamiento había sido agotador. Sí, era cierto que las cosas no estaban saliendo como esperaba.

Pero también era cierto que él había llegado hasta aquí por una razón.

No iba a rendirse. No ahora.

Happy abrió los ojos. La melancolía seguía ahí, pero su determinación brillaba con más fuerza.

Se puso de pie de un salto, sacudiéndose el polvo.

"Natsu… Lucy… Carla… Los demás… Ustedes jamás se han rendido."

Apretó los puños, sintiendo su corazón arder con una renovada convicción.

"Si algo me han enseñado… es que a pesar de las caídas, uno siempre vuelve a levantarse."

Y él no sería la excepción.

Sin mirar atrás, Happy tomó aire profundamente y comenzó a caminar hacia adelante, hacia su siguiente desafío, hacia el futuro que él mismo estaba forjando.

No importaba cuántas veces fallara. Lo único que importaba… era seguir intentándolo.


[...]

[...]

[...]


El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y púrpuras. Happy regresó al claro donde Feith estaba trabajando en la nave, la pieza que había encontrado en sus manos. El trozo de lo que parecía ser la cola del vehículo. Aunque parecía pequeño, en ese momento representaba un avance, y Happy no pudo evitar sentirse aliviado por ello.

Feith estaba concentrado en su tarea, pero al ver a Happy acercarse, levantó la mirada.

"Hey Happy ¿Encontraste algo?" preguntó Feith, con una sonrisa que apenas disimulaba el cansancio en su rostro.

Happy asintió, entregando la pieza sin más palabra. Después, empezó a caminar hacia el arroyo cercano para asearse y relajarse un poco, pero antes de dar el siguiente paso, Feith lo llamó.

"¡Oye Happy!" llamó con un tono calmado, pero firme. "Espera un momento. Hay algo de lo que quiero hablar contigo."

Happy frunció el ceño, pero regresó sin dudar. "¿Que querría?" Penso él.

Feith lo observó por un momento, y luego señaló hacia la zona donde tenían montado el campamento. Allí, junto a la fogata, había un par de peces asados, algunos trozos de carne, setas comestibles y arroz.

La simple vista de la comida hizo que su estómago rugiera, y Happy se sintió aliviado al saber que podía relajarse un poco antes de seguir con el trabajo.

"Podemos hablar mientras comemos." Sugirió Feith, mientras se quitaba sus guantes lleno de grasa y aceite. "Vamos."

"Aye." Happy asintió.

Entonces ambos se sentaron junto al fuego. Feith sirvió la comida para los dos, y Happy no dudó en empezar a devorar los peces con gusto, disfrutando del sabor después de tanto tiempo de entrenamientos intensivos.

"Hombre, ¡Están deliciosos!" Exclamó Happy bastante contento.

"No es nada." Respondió Feith con algo de curiosidad en su mirada,había estado observando a Happy mientras comía, notó un cambio en su actitud. El joven Exceed estaba mucho más tranquilo que esa misma tarde. La tensión que lo había envuelto había desaparecido, al menos por un momento.

"Veo que ahora estás más tranquilo," comentó Feith.

Happy, con la boca aún llena de pescado, asintió con una sonrisa ligera.

"Sí... He estado pensando en mis amigos. En Natsu, Lucy, Carla..." dijo, su tono de voz calmado, pero con un toque de nostalgia. "Ellos me dan ánimos. Tal vez, pueda seguir adelante. Aunque no me siento... completamente seguro de todo lo que está pasando, al menos sé que no debo rendirme."

Feith lo observó un momento, como si estuviera evaluando sus palabras. Después de un silencio prolongado, habló.

"Lo entiendo, Happy, "dijo con tono reflexivo. "Yo también he estado pensando mucho en tu situación. Y creo que he encontrado una posible solución a lo que estás viviendo con tu magia."

Happy se tensó inmediatamente, casi atragantándose con el bocado de pescado. La esperanza brilló en sus ojos, y no pudo evitar mirar a Feith con una mezcla de incredulidad y emoción.

"¡Ugh! ¡Coff! ¡Coff! ¿De verdad?" preguntó Happy casi tosiendo, su voz más urgente que antes. "¿Es posible? ¿Puedes ayudarme a... a desbloquear mi magia?"

Feith no respondió de inmediato. En lugar de eso, tomó un bocado de arroz y masticó lentamente, como si estuviera eligiendo con cuidado sus palabras. Happy, impaciente, lo miraba con los ojos muy abiertos, esperando una respuesta.

Después de un breve silencio, Feith dejó el cuenco a un lado y lo miró con seriedad.

"No puedo decirlo con certeza," admitió finalmente, "pero tengo una teoría. Algo que podría explicar lo que está pasando con tu magia... y contigo."

Happy se quedó en silencio por un momento, procesando las palabras de Feith. Su corazón latía con fuerza, pero la incertidumbre lo envolvía. "¿Que es lo que pasa conmigo? Y, sobre todo, ¿qué debía hacer él para poder desbloquear ese poder?" Se preguntó. "¿Cuál es la razón?"

Feith observó a Happy con calma mientras él masticaba un trozo de carne. Cuando el chico terminó de tragar, Feith lo miró fijamente, como si evaluara cómo formular lo siguiente.

"Es posible que todo esto tenga que ver con la naturaleza de este mundo," dijo Feith con voz suave. "Quizás el problema no sea solo tu magia, Happy... Puede que el mismo mundo esté interfiriendo."

Happy frunció el ceño preguntandose que tenía que ver la naturaleza magica de este mundo.. "¿A qué te refieres?"

Feith suspiró, echándose atrás un poco. "Es bastante obvio, no se si lo has notado pero este mundo... no es normal. No hay humanos aquí, ¿verdad?"

"Sí. Eso es obvio..." Happy asintió sin darle demasiada importancia

"¿No te has preguntado él porque no hay humanos?" Pregunto Feith.

"No...Nunca había pensado mucho en eso... pero es raro, ¿no?"

Feith hizo una pausa, lo miró fijamente y luego dijo: "Eso no es lo más raro de todo, Happy. Lo más raro es que hemos encontrado varias aldeas abandonadas, pueblos enteros que no tienen más que ruinas... Y lo más extraño de todo es que esas aldeas no son tan antiguas como parecen. Han estado vacías solo un par de años, y alguien había en ellas. Alguien estuvo allí... y se fue. Y puede que ni siquiera fueran humanos." Admitió Feith, mientras se llevaba la mano a la barbilla, con una expresión de intriga marcada en su rostro.

"¿No eran humanos?" Happy frunció el ceño, comenzando a comprender que había algo mucho más profundo en juego. "Además ¿Se fueron? ¿Pero por qué?"

Feith lo miró fijamente, como si estuviera evaluando si debía soltar la siguiente verdad. "Eso es lo que me pregunto yo... ¿Qué pudo haber sucedido en este mundo para que todos se fueran? Algo obligó a esos seres a huir... y si no me equivoco, lo que los obligó podría ser lo que también nos está afectando a nosotros ahora."

"Ahora, pregúntate otra cosa," continuó Feith. "¿No has notado la naturaleza mágica de este mundo?"

Happy se encogió de hombros. "No mucho... He visto algunas zonas erosionadas, ríos secos, árboles marchitos... Pero eso parece solo... cosas naturales."

Feith negó con la cabeza. "No, Happy... Ese tipo de erosión no es natural. No creo que nada de lo que hayas visto sea natural."

Happy se quedó en silencio, procesando sus palabras. Su mente empezó a dar vueltas, incapaz de comprender por completo lo que acababa de escuchar. "¿A qué te refieres, Feith? Me estás asustando un poco."

Feith dejó que la tensión aumentara. No dijo una palabra por un largo momento. Finalmente, cuando Happy estaba al borde de la desesperación, Feith soltó la revelación que cambiaría todo.

"Este mundo está perdiendo magia, Happy. Su magia se está agotando. No solo la magia de este lugar, sino de toda su esencia. Y eso... eso está afectando a todos los que venimos aquí. Al menos esa es una de mis hipótesis."

El aire alrededor de Happy pareció volverse denso. Una sensación de vacío le invadió el pecho, como si de pronto el mundo que conocía ya no existiera. Sus ojos se abrieron, incrédulos. "¿Qué...?"

"Es... ¿Es posible?" murmuró, sintiendo que su corazón se aceleraba. "¿Por eso no puedo usar magia? ¿Por qué... el poder mágico está desapareciendo?"

Feith lo observó con gravedad. "Es posible que eso te esté afectando, pero no estoy completamente seguro. Puedes ver otras razones. Pero lo que es un hecho, es que algo haya cambiado el equilibrio mágico de este mundo."

Happy estaba incrédulo. El peso de esa revelación se asentó en su pecho. Miró alrededor, al vasto y desolado paisaje, sintiendo el peso de la incomodidad. Durante todo este tiempo, había estado entrenando, luchando por dominar su magia... Pero nunca pensó que algo tan fundamental como la misma energía del mundo estuviera en peligro."

"No puedo creerlo..." murmuró, casi para sí mismo.

Feith, sin embargo, no parecía sorprendido. De hecho, su expresión se suavizó un poco. "Pero no te preocupes, Happy. Para que la magia desaparezca de este mundo, calculo que tomaría alrededor de tres a cinco años para que se agote por completo. Lo que nos da tiempo de sobra para reparar la nave y salir de aquí."

Happy seguía procesando la revelación de Feith, pero sus pensamientos no lograban aclararse. El peso de las palabras aún le pesaba en el pecho, y la idea de un mundo perdiendo su magia parecía algo que no podía entender completamente. La atmósfera entre ambos era densa, la tensión palpable, mientras Happy miraba al suelo, buscando respuestas que no encontraba.

Feith lo observó en silencio por un momento, reconociendo la incomodidad de su compañero. Sabía que la noticia había caído pesado en él, pero no era eso lo único que quería decirle. Finalmente, rompió el silencio con tono más suave.

"Te dije que esa era una hipótesis... pero hay una más", dijo Feith, su mirada cambiando de seriedad a una leve preocupación. "Algo más personal."

Happy levantó la vista, su ceño fruncido. La última vez que Feith usó el término "hipótesis", no fue para algo tan tranquilizador. Un escalofrío recorrió su espalda. Dudaría por un momento, pero la curiosidad le ganó. "¿Qué quieres decir con algo personal?"

Feith se acercó, sus ojos evaluando a Happy con una intensidad inesperada. "¿Que estás haciendo?" El Exceed sintió una ligera incomodidad, preguntándose qué tipo de respuesta tan personal tendría Feith para él.

Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar, Feith le tomó el rostro con las manos, guiando su mirada hacia sus ojos primero, y luego hacia su abdomen y su cola, como si lo estuviera examinando cuidadosamente.

Happy intentó mantener la calma, aunque su cuerpo se tensó. Sabía que Feith, como explorador, tenía conocimiento sobre las peculiaridades de los Exceeds, pero esa inspección aún lo hacía sentir extraño.

"¿Qué... qué estás mirando?" preguntó Happy, sin poder ocultar un toque de incomodidad.

Feith, sin responder de inmediato, finalmente soltó sus manos del rostro de Happy, pero la expresión en su rostro era pensativa.

"Un Exceed joven y saludable como tú no debería tener complicaciones en aumentar su poder mágico", dijo, su voz con la firmeza de alguien que habla con conocimiento. "Hay algo más aquí, Happy. Algo que te está deteniendo."

Happy parpadeó, procesando las palabras de Feith. Su corazón dio un vuelco al darse cuenta de que había una razón detrás de su falta de magia, pero la ansiedad le hizo dudar. No estaba seguro de querer saber más.

Feith, sin embargo, no parecía dispuesto a detenerse. Se alejó rápidamente, dirigiéndose hacia una de las carpas cercanas que había montado y que fungía como su habitación improvisada. En pocos segundos, regresó con una caja pequeña en las manos.

La abrió con un clic, revelando lo que estaba dentro: una caja rectangular con una pantalla de lacrima rectangular con varios botones visibles debajo de esta. Happy la reconoció de inmediato, aunque era la primera vez que la veía de cerca.

"Eso... eso es una consola de lacrima..." dijo Happy, sorprendido. Había oído hablar de ellas, pero no las había visto nunca. Eran costosas y poco comunes, al menos en Magnolia. Algo que Feith poseía y que ahora, de alguna manera, estaba a punto de usar.

Feith asintió, con una ligera sonrisa en los labios, pero sin mostrar demasiada emoción. "Exactamente. Aunque tengo una leve sospecha, no sé exactamente qué como explicarte lo que te está pasando, esta consola podría ayudarte a entender mejor tu situación."

Happy miró el dispositivo con una mezcla de asombro y cautela. ¿Qué tenía que ver este aparato con su magia? Y más aún... ¿De que manera podría ayudarlo?"

Feith abrió la caja con un ligero clic y extrajo la consola de lacrima. La sostuvo en sus manos por un momento, antes de encenderla con un botón que brilló débilmente. La pantalla, aunque de baja resolución, comenzó a mostrar una serie de menús y opciones. Happy observaba con curiosidad, sin entender del todo qué estaba pasando. Feith, por su parte, parecía disfrutar del momento, con una ligera sonrisa que se desvaneció casi al instante.

"¿Vas a jugar?" preguntó Happy, un poco confundido. Feith le dio una mirada rápida antes de asentir con la cabeza.

"Sí... Es una forma de relajarme cuando tengo tiempo. A veces, uno necesita desconectar de todo." Feith presionó algunos botones y la pantalla mostró a personajes con estadísticas y habilidades. Happy miró fijamente la imagen en la pantalla, identificando lo que parecía un juego de rol por turnos.

Feith empezó a mover a su personaje por el mapa del juego, y Happy, sin apartar la vista, no pudo evitar preguntarse por qué Feith le estaba mostrando algo tan trivial.

"¿Por qué me enseñas esto?" preguntó Happy, frunciendo el ceño, aunque aún observaba los movimientos de Feith.

Feith no desvió la vista del juego, pero su voz sonó más calmada, aunque con una ligera nostalgia. "Bueno, supongo que es una lección... Pero antes de seguir, escucha una pequeña recomendación, Happy." Feith se detuvo un momento, su tono volviéndose más serio. "Este tipo de cosas... Los juegos... cuando te cases, se te olvidarán, créeme . Mi esposa siempre dice que estas cosas no tienen importancia... es una pena. Las prioridades cambian."

Happy asintió, sin decir una palabra, sintiendo que la tristeza de Feith se filtraba en sus palabras, pero no sabiendo qué decir al respecto.

Feith continuó, sin hacer una pausa en el juego. "De todas formas, mira esto."

La pantalla mostró a los personajes del juego titulado 'Monster Rise Slayers' preparándose para una batalla. Happy observaba cómo Feith, con facilidad, seleccionaba las habilidades y turnos de su personaje.

"Este es un juego de rol por turnos. Cada personaje tiene estadísticas, como fuerza, magia, velocidad y defensa. Estas estadísticas tienen límites, pero esos límites se amplían a medida que los personajes suben de nivel. Cuanto más avanzan, más poderosos se vuelven," explicó Feith, presionando rápidamente algunos botones.

Happy, algo pensativo, asintió. "Ah... ya sé lo básico de estos juegos. Cada personaje tiene habilidades y cada una tiene una estadística específica que puede mejorar con la experiencia."

"Exacto," dijo Feith, asintiendo mientras seguía jugando. "Y esas estadísticas tienen límites. Así como un personaje en este juego, tú también tienes estadísticas, Happy."

Happy frunció el ceño, comenzando a entender la analogía. "Entonces... ¿mi poder mágico es como una estadística?"

Feith no apartó la vista de la pantalla, pero la respuesta llegó casi al instante. "Sí, pero no solo eso. Estás igual que uno de esos personajes. Tienes tus propios límites, y estos límites pueden ampliarse a medida que subes de nivel. Tu entrenamiento en estos meses, todo lo que has estado haciendo... es por así decirlo, es subir de nivel. Eso incluye tu capacidad mágica."

Happy se quedó en silencio por un momento, procesando las palabras de Feith. Entonces, casi como si hubiera comprendido lo que Feith estaba tratando de decirle, abrió la boca para preguntar algo más.

Sin embargo, Feith levantó una mano sin apartar la mirada del juego, como si hubiera anticipado la pregunta. "No hables aún. Estamos en medio de una batalla."

Happy, sorprendido por la respuesta, se quedó callado y observó en silencio mientras Feith seguía jugando. La analogía de las estadísticas, los límites y el subir de nivel comenzó a dar vueltas en su cabeza. ¿Qué tan lejos podía llegar él mismo? ¿Qué tan grande era su verdadero potencial?

Feith terminó el nivel con un suspiro satisfecho y pausó su consola. La pantalla parpadeó por un momento antes de congelar la imagen del combate en curso.

"Uf… hacía tiempo que no jugaba algo tan bueno sin que mi esposa me regañe,x comentó con una sonrisa nostálgica, pero al ver la expresión tensa de Happy, su tono cambió". Perdón por distraerme, es que… bueno, volviendo al tema…"

Happy no apartó la vista de él, expectante.

"Esa analogía que usé… sobre el límite de tu capacidad mágica," prosiguió Feith, cruzando los brazos, "es mi segunda hipótesis. Creo que podría ser un problema más grande de lo que crees."

Happy frunció el ceño. "¿Por qué piensas eso? Se supone que he estado entrenando para aumentar mi capacidad mágica, ¿no?"

Feith asintió, pero su mirada se tornó más seria. "Sí, y de manera similar a los juegos, cada magia que aprendes ocupa cierto "espacio" dentro de ti. Si no tienes espacio disponible, simplemente no puedes aprender una magia nueva, por mucho que lo intentes."

Happy abrió la boca para responder, pero algo en la atmósfera cambió de golpe.

El aire se sintió más pesado. La fogata entre ellos redujo su intensidad, como si el mismo fuego dudara en seguir ardiendo.

Feith levantó la mirada, su tono de voz bajando apenas un poco, pero lo suficiente para que cada palabra se sintiera como el filo de una daga.

"Aquí hay un problema, Happy. Tú has entrenado para aumentar tu capacidad mágica… pero entonces, dime…" sus ojos se clavaron en los de él, afilados como los de un cazador, "Es sumamente raro, la magia Aera no ocuparía tanto espacio, y la magia de Transformación deberia entrar perfectamente en dentro de tu capacidad mágica."

Happy trago pesado. "¿A qué te refieres con eso?"

Feith se acercó y miró fijamente al Exceed. "¿Por qué se te imposibilita aprender otras magias?

Happy sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

"Yo… no lo sé…"

"Yo sí." Respondió tajantemente Feith. "He deducido que algo o alguien más puede estar ocupando tú poder magico. Eso no podría ser posible, a menos que...?

El fuego titiló violentamente antes de apagarse de golpe.

La oscuridad cayó sobre el campamento como un manto sofocante.

El aliento de Happy se aceleró. Sus ojos intentaron adaptarse a la penumbra, pero no podía ver nada, ni siquiera con su visión nocturna. Solo sentía la presencia de Feith frente a él… y, por primera vez, la voz del explorador sonó escalofriante.

"Así que dime, Happy…" la pausa que hizo fue casi insoportable. "¿Acaso me has estado ocultando algo que no me hayas dicho?"

El silencio que siguió fue peor que cualquier respuesta. Happy no podía responder debido al ambiente pesado a su alrededor.


Fin del Flashback


Era de tarde, el equipo Exceed estaba sobrevolando cerca de la frontera con el desierto, buscando una ruta férrea, esperando a que pase un tren para colarse, para viajar y descansar.

Happy continuaba su relato con cierto pesar en su voz, pero al llegar a esa parte de la pregunta de Feith, antes de que pudiera continuar, Carla lo interrumpió de golpe.

"¡Espera!" exclamó ella, sus ojos marrones brillando con sorpresa y preocupación. Touka que estaba siendo cargada, se dio cuenta que el corazón de Carla estaba latiendo más rápido, probablemente por algo que la alarmó.

Happy y Aoi (desde el cetro) se giraron hacia ella, sobresaltado por la repentina interrupción. Happy parpadeó, confuso por un instante, hasta que se dio cuenta de qué parte del relato había captado su atención.

Carla lo miraba con intensidad, como si necesitara confirmar que había escuchado bien.

"¿Feith insinuó que… alguien más estaba ocupando tu poder mágico?"

Happy tragó saliva. No quería responder, pero no podía evadirlo.

"Sí…" murmuró él.

El silencio se volvió espeso. Carla, aún asimilando la información, frunció el ceño.

"¿Era Freyr?" Pregunto Carla agitada, se notaba que estaba esperando una respuesta.

Happy desvió la mirada, evitando mirarla directamente a los ojos. "No lo sabía en ese momento… pero ahora… es bastante probable." Admitió él.

El viento sopló, avivando la fogata por un instante antes de que su luz titilara de nuevo. Nadie habló.

Carla apretó los puños sobre sus piernas, su expresión nublada por la incertidumbre.

Happy apenas podía mirarla. Él mismo no había querido enfrentar esa realidad en su momento. Pero ahora que las piezas encajaban, la verdad era difícil de ignorar.

El equipo Exceed no sabía qué decir. Pero una cosa era segura: lo que Happy acababa de revelar cambiaba muchas cosas.


Fin del Capítulo 24.


Buenas noches, mis queridos lectores, habéis llegado al final de este maravilloso capítulo, donde ha habido un montón de momentos interesantes, tanto para el futuro como para el presente de esta historia.

Nos estamos acercando al final del prologo y entrando al nuevo arco argumental, que a mí parecer, tiene una de las peleas que he estado pensando desde la planeación de esta historia hace como 7 años.


¿Que pasará entre Happy y Carla? ¿Realmente es Freyr el causante del problema de Happy? ¿Cual sería ese anuncio importante que Shaddick planea hacer?

Todas esas preguntas, pueden que tengan respuesta el próximo capítulo.


Si les gusto el capítulo, házmelo saber con una reseña o un mensaje privado, si quieres estar al pendiente de cada actualización de esta historia, solamente pon ese corazón de favoritos. Os estaré esperando.

InsideBlu se despide, hasta la próxima.

¡Good Bye!

Próximamente el Capítulo 25: Freyr II.