Capítulo 24: Una oportunidad
El día había comenzado bastante extraño para el Heeler mayor. Su novia le envió un mensaje durante la noche para avisarle que llegaría tarde y que no le esperara. Eso ya debió haber sido un mal presagio.
Cuando se despertó, las sábanas estaban arrugadas donde Frisky había estado acostada. Rad consideró que realmente necesitaba dormir, porque no pudo recordar en ningún momento cuando su novia llegó o se metió a la cama. Ahora aquí estaba, sentado en la mesa de la cocina con el desayuno que su novia le preparó, mientras que ella estaba apoyada contra el fregadero, salvaguardando distancias, sosteniendo una taza de té.
Ambos comen su comida en silencio, un silencio realmente incómodo que solo se ve interrumpido por los sonidos de masticación provenientes del macho, el tic-tac del reloj de la pared o algún vehículo que pasaba cerca.
La cocker spaniel temía la conversación que sabía que tendrían que tener sobre cómo estaban las cosas entre ellos ahora. Después de lo ocurrido el día anterior, serían unos tontos si intentaran actuar como si nada hubiera cambiado. Pero conocía a su novio lo suficiente como para saber que él iba a intentar hacer exactamente eso, intentar fingir que todo era normal a pesar de todo lo que había sucedido, ya que de alguna manera él no quería lastimarla, por lo que quizás buscaría cualquier cosa que él pudiera decir durante la conversación real, aunque aún lo ponía en duda.
—"¿Quieres algo de beber, Rad?"
Esperó a que su novio respondiera algo, pero él guardó silencio. Lo miró y notó una mirada lejana en sus ojos.
—"¿Rad?"
Él la miró inquisitivamente. Era una sensación terrible, como ver un insecto en tu habitación y no saber a dónde se arrastraba, sabiendo que podía saltar sobre ti en cualquier momento.
Frisky estaba cada vez más preocupada. Justo cuando estaba a punto de preguntarle si se encontraba bien, él finalmente se decidió a hablar.
—"… ¿Hay algo que quieras decirme?", preguntó.
—"¿C-cómo dices?", parpadeó, algo sorprendida.
Rad resopló. "¿Hay algo que quieras decirme sobre Wendy?", reformuló su pregunta.
La cocker spaniel desvió su mirada. "N-n-no realmente…", respondió torpemente.
—"Frisky…", soltó él, como si la estuviera regañando.
La cocker spaniel no respondió.
—"No tienes que mentir…", suspiró él, "Bandit me lo contó todo ayer"
La cocker spaniel cerró los ojos con fuerza mientras se mordía el labio con ansiedad.
—"Escucha, no tienes que hablar si no quieres", inhaló y exhaló bruscamente. "No debería haber preguntado..."
—"¡No! ¡Si quiero!", interrumpió, girándose bruscamente y su novio se quedó callado. "¡De verdad que quiero! Es solo que… realmente me cuesta hablar de esto", es lo que susurró, porque no sabía otras palabras para expresarlo.
Por un momento, ambos se quedaron en silencio.
—"Te contó lo de la cámara, ¿Verdad?", preguntó ella con preocupación y su novio asintió en respuesta. Suspiró. Ahora que esto había sido mencionado, no lo dejaría pasar. "Sé lo que te prometí esa noche, pero realmente tenía mis dudas. Por eso lo hice", explicó, acercándose a Rad. "Entiendo que estés molesto, y tienes todo el derecho de estarlo. No debí haberlo hecho, lo reconozco...".
De repente, la cocker spaniel se sentó a su lado, tomó su mano y entrelazó sus dedos con los suyos.
—"Yo... De verdad me arrepiento", agregó, con un dejo de melancolía.
El Heeler azul pudo sentir que la mano de su novia estaba fría. En su mirada notó remordimiento. En sus palabras, sinceridad.
—"Entiendo…", murmuró él.
—"Pero tienes que saber que...Yo me disculpé con ella esa misma noche", hizo un gesto vago con la mano libre.
El Heeler mayor no hizo comentario al respecto. En cambio, le apretó un poco la mano a su novia.
La cocker spaniel se sorprendió un poco por la reacción de su novio. Pero él le dedicó una sonrisa comprensible, algo que la alivió.
—"Bandit también me dijo eso", le hizo saber, con un tono tranquilo.
—"Oh, qué bueno…", dijo por lo bajo, secándose el sudor de la frente con la mano libre.
—"Solo tengo una pregunta…", dijo, manteniendo la voz neutra y apretándole nuevamente la mano. "¿Ayer fuiste a ver a Wendy?"
Entonces una ola de pánico se apoderó de la cocker spaniel.
—"¿Pasa algo?", preguntó él al notar su reacción.
Frisky apartó la mirada por un momento. "Yo... uh", tartamudeó y luego se quedó callada, insegura de si mencionar lo que hizo el día anterior sería apropiado o no.
—"Lo hiciste, ¿Verdad?", él la observó asentir en silencio. "¿Puedo saber… por qué?", preguntó lentamente.
Se quedan en silencio, después de eso, y todavía no es cómodo. Frisky sigue sin mirarle directamente y elige permanecer sin hablar, creyendo que tal vez si los silencios se vuelven demasiado impenetrables, su novio simplemente desistirá sobre el tema.
Rad, a su vez, descubrió que, aunque a Frisky no le gustaba hablar, decía bastante. Aprendió a juzgar su rostro y su cuerpo por sus reacciones, incluso una leve mueca significaba decepción, pero era mucho mejor para transmitir enfado. Solía permanecer inmóvil mucho más cuando estaba nerviosa o emocionada. Estas diferencias hicieron que el Heeler mayor la adorara mucho más y quisiera encontrar la manera de comunicarse adecuadamente.
La observación le dice que su novia probablemente evitará la conversación seria. Sin embargo, hoy parece ser la excepción a esa regla, y Frisky desearía sorprenderse de que Rad decida romper el silencio en lugar de dejar que se encone.
—"Fuiste a verla para decirle lo que pensabas…", dijo él, después de que el silencio se extendiera hasta convertirse en un océano.
La cocker spaniel asintió. "Sé que puede ser...", empezó diciendo ella, sin saber cómo terminar la frase. "Quiero decir, sé que tú piensas que yo... a lo mejor…"
—"Está bien, puedes decirlo", le sonrió con confianza.
Sintiéndose un poco más relajada, la cocker spaniel inhaló y exhaló profundamente.
—"Sí, obviamente no me pude quedar callada…", alegó ella mientras apretaba la mano de su novio con fuerza. "¿Cómo esperabas que me sintiera luego de lo que Chilli me dijo? Y peor ¡Luego de que Wendy me dijera que no pasó nada!", el tono de las palabras se desploma, convirtiéndolo de una pregunta en una afirmación. "Entonces…"
La cocker spaniel hizo una pausa, nuevamente sin saber exactamente cómo utilizar correctamente sus palabras. Se maldijo a sí misma por ello en un momento en que lo necesitaba tanto.
El Heeler mayor se limitó a mirar en silencio a su novia, sin impresionarse.
—"¿Entonces…?", pronunció el, instándola a continuar.
Frisky exhaló audiblemente. "Entonces le dije de todo…", reconoció, con un dejo de vergüenza.
El Heeler mayor siguió mirando a su novia, sin impresionarse.
—"Y… ¿Ella?", inquirió él.
—"Ella…", pronunció antes de volver a desviar su mirada por completo.
Después de que Frisky había permanecido en silencio durante varios largos segundos, Rad finalmente le recordó: "Sabes que puedes decírmelo".
—"Sí, sí, lo sé", asintió salvajemente. "Solo que… no es fácil", asegura ella, avergonzada, pero aún empeñada en continuar.
El Heeler mayor asintió significativamente. "Tómate tu tiempo".
La cocker spaniel resopló, entrecerrando los ojos.
—"Ella… me gritó", pudo soltar, como si lo tuviera atascado en su garganta. "Obviamente ella se molestó por todo lo que le dije… así que… podía gritarme todo lo que quería"
Rad asintió e hizo un comprensible "Hmm".
El silencio volvió a llenar el aire a su alrededor por un momento.
El Heeler mayor observó cómo su novia respiraba profundamente varias veces por la nariz. Esta vez fue ella quien lo rompió primero.
—"Discutimos mucho al principio", admitió, "Yo… solo quería que me dijera la verdad y… me pasé demasiado con mis palabras".
Una pequeña sensación de temor apareció en su pecho, una sensación que tenía casi cada vez que se daba cuenta de que había cometido un error fatídico. La sensación era menos dolorosa cuando estaba con alguien de confianza, pero seguía ahí.
Rad le dirigió una mirada escéptica.
—"¡Pero todo mejoró luego!", agregó inmediatamente, tratando de quitarse de encima la incómoda sensación en su pecho. "Incluso… estuvimos cerca emocionalmente. Quiero decir… Nos la pasamos hablando entre nosotras. Ella me contó sus secretos y sentimientos más profundos. Sé que quizás suene raro, pero… de algún modo… eso me hizo conectar con ella".
El Heeler mayor se preguntaba si su novia realmente le estaba siendo honesta o simplemente era un parloteo para tranquilizarse a sí misma.
La cocker spaniel dejó escapar un profundo suspiro. Parpadeó y, reunió el coraje para volver a hablar.
—"Al final… le confesé algo que me dijo Chilli"
Aquella declaración hizo que las cejas del Heeler mayor se arquearan y sus oídos se agudizaran.
—"¿A qué te refieres?", preguntó él, bastante intrigado.
—"Bueno… no sé si Bandit ya te habrá dicho algo…", respondió ella, con más paciencia de la que probablemente necesitaba.
La cocker spaniel finalmente confiesa el acto indigno que había realizado su amiga.
Al finalizar, el Heeler mayor se quedó callado. No dijo nada, ni para responder ni para instarle a continuar. Cuando vio la reacción de su novia, notó que mantuvo una expresión abatida, con los ojos apuntando hacia abajo. Quizás lo más sorprendente para él era presenciar como ella admitía haberle confesado ese hecho a la chow-chow sin ningún tipo de inflexión en su tono.
—"Chilli… ¿Sabe lo que hiciste?", preguntó con preocupación.
La cocker spaniel hizo una mueca y se encogió de hombros. "Probablemente…", respondió por lo bajo, casi como un susurro. "Sé que Wendy fue a casa anoche", avisó, "Yo estaba en el jardín con las niñas y luego se unió su hija. Pude sentir que Wendy y Chilli estaban discutiendo adentro, aunque no escuché nada y traté de las niñas tampoco lo hicieran", alegó, "Luego Wendy regresó y se llevó a su hija. No me dijo mucho, solo se disculpó y se fue, pero pude ver su rostro y noté que había estado llorando".
El Heeler mayor reflexionó sus palabras. Fue entonces que se percató de un detalle.
—"Espera, ¿Por eso llegaste tarde anoche?"
Frisky asintió, cabizbaja.
—"Chilli me interrogó", le hizo saber, "Fue después de que las niñas se durmieran. Ella quería saber si yo le había dicho algo a Wendy"
—"Y ¿Tú que hiciste?"
—"Le mentí", de repente, su garganta se sintió seca y su mano apretaba con fuerza a la de su novio. "Traté de hacerle creer que no había hablado con Wendy y que no sabía cómo se había enterado de lo de ella y Pat"
—"¿Te creyó?"
Frisky movió la cabeza de un lado a otro, lentamente.
—"No estoy segura…", resopló, "Me bombardeó con muchas preguntas y se puso muy insistente con el tema", hizo una mueca al recordarlo, "Ya sabes cómo es ella cuando tiene algo en la cabeza…"
—"Sí, lo sé…", convino Rad.
—"Al final tuvimos que dejar la conversación", agregó ella luego, "No llegamos a nada, era muy tarde y no queríamos despertar a las niñas".
Rad asintió significativamente. "Entiendo…"
Ambos vuelven a permanecer en silencio por unos segundos.
—"Solo tengo una pregunta…", pronuncia Rad, "¿Por qué decidiste contárselo a Wendy?"
Frisky hizo una mueca, y la pregunta, aunque debería haber esperado en algún momento, la tomó desprevenida.
—"No lo sé…", responde, con la mente todavía en blanco sin saber cómo explicarlo.
La cabeza del Heeler mayor se inclinó ligeramente. "¿Cómo qué no lo sabes?"
La cocker spaniel dejó escapar un suspiro. Claramente, no iba a dejar la pregunta en el corto plazo.
—"Ya te lo dije, yo al principio estaba molesta con Wendy porque confíe en ella y… cuando descubrí lo del beso… obviamente me sentí engañada", argumentó, "pero cuando hablé con ella… yo creo que realmente me fue sincera", admitió. "Ella nunca me negó lo del beso, pero insistió en que nunca se acostaron"
—"Qué curioso…", soltó, casi esbozando una sonrisa, "Bandit también me dijo lo mismo"
La cocker spaniel parpadeó, con la boca abierta. "¿En serio?", preguntó y su novio asintió en respuesta. "Y… ¿Qué más te dijo?", susurró.
—"No mucho. De hecho, fue un poco difícil hacerlo hablar", le aseguró.
—"¿Tú… le creíste?", preguntó, curiosa.
—"Conozco a mi hermano desde que nació, así que puedo darme cuenta cuando está mintiendo, cuando está diciendo la verdad o… cuando está pasando por un mal momento", dijo con firmeza.
La cocker spaniel lo había sentido como un golpe. Una nueva sensación de incomodidad y vergüenza empezaba a invadirla.
—"Rad, yo…", empezó a decir con cautela. "Lo que dije ayer sobre Bandit…", se interrumpió, incapaz de formular la oración con tacto.
—"Está bien, no tienes que mencionarlo", prorrumpió él inmediatamente.
—"Por favor, déjame terminar", pidió, mirándolo con pesar en los ojos. Él asintió y se disculpó; entonces prosiguió. "Sé que quizás no debí llamarlo como lo llamé… y quizás me pasé", le dijo, percibiendo la amargura en su propia voz. "Aún si no fuera cierto lo que ambos dicen, eso no quita que él engañó a Chilli… aunque tampoco voy a actuar como si lo que hizo ella fuera mejor…"
Por un momento, El Heeler mayor notó que los ojos de su novia eran aún más pálidos que su piel; parecía mirar profundamente dentro de ella e impresionarse por lo que veía.
—"Entonces… ¿Por eso decidiste contárselo a Wendy?", intentó deducir, volviendo a la pregunta anterior.
—"No lo sé…", repitió. Su tono era defensivo, pero esta vez no miró a su novio a los ojos, y Rad podía sentir lo nerviosa que estaba.
—"¿No lo sabes?", volvió a preguntar el Heeler mayor, bastante confuso.
—"No…", respondió ella con firmeza. "No lo sé".
—"Entonces, ¿Simplemente decidiste decírselo así nada más?", preguntó él, manteniendo su tono desenfadado. "O… ¿Acaso esperabas que ambas se pelearan entre sí?"
La cocker spaniel sacudió la cabeza salvajemente. "¡No! ¡Por supuesto que no!".
—"Entonces, ¿Por qué?", volvió a insistir, mirándola fijamente. "Si no pensaste en eso, ¿Qué pensaste?"
—"Pensé...", suspiró ella. "No sé… Supongo que pensé que… era lo mejor".
—"¿Lo mejor?".
—"Sí. Pensé que… tal vez… Wendy no merecía pasar por todo eso y… quizás Chilli necesitaba un golpe de realidad".
Él mismo asintió, como en confirmación. "Entonces… ¿Quisiste matar dos pájaros de un tiro?", vaciló.
—"¡Rad!", amonestó ella, "¿¡Qué acaso no te das cuenta de lo grave que es todo esto!?".
Él retrocedió, un poco asustado. "Yo… entiendo que…"
—"¡No! ¡No lo entiendes!", interrumpió ella, mientras sacudía la cabeza. "¡No está bien lo que hice! ¡Nada está bien!", dijo luego, soltándolo de su agarre. "Traicioné la confianza de mi mejor amiga y… Ni siquiera sé si fue correcto decirle eso a Wendy", habló con indecisión.
La cocker spaniel se frotó la cara con una mano, resistiendo a duras penas la tentación de suspirar profundamente.
Ambos se quedaron inmediatamente en silencio, la conversación pasó a un segundo plano, hasta el punto de quedar prácticamente olvidada.
Ahora, totalmente inquieta, y sin nada que ocupe su mano, Frisky enterró la cara entre las manos.
Rad pensó por unos momentos. Recordaba haber hablado con su novia sobre asuntos similares y, sin embargo, en este caso en concreto carecía de mucha reacción. Un cuestionamiento leve que luego superaban con humor. Obviamente la situación actual no se alineaba con la lógica, pero esa era claramente la forma en que ellos interactúan. Las expectativas tradicionales son las más razonables, y en ese momento tampoco sabía realmente sobre el alcance.
—"Frisky, cariño…", empezó diciendo con calma, "Quizás no puedo entender…"
—"¡No! ¡No puedes!", replicó ella, golpeando la mesa con ambas manos.
—"Pero eso no significa que no trate de comprenderte", alegó él, rápidamente.
La cocker spaniel miró a su novio por un momento, claramente tratando de leer algo en su rostro. El hecho de que él no se inmutara ante el estruendo ni ante su reacción fue bastante llamativo para ella.
—"Si quieres mi opinión, yo creo que hiciste lo correcto", comentó Rad. "El hecho de que decidieras contárselo a Wendy demuestra que te preocupaste por ella y consideraste que Chilli cometió un error y… de algún modo querías que alguien se lo dijera".
Ella se encogió de hombros. "Supongo… que puede ser", dijo cabizbaja.
—"¿Empezaste a dudar luego de que Chilli te interrogara?", inquirió.
—"No lo sé…", musitó.
—"Frisky, por favor", le espetó. "Te dije que estoy tratando de comprenderte, solo te pido que me ayudes", se acercó más para mirarla a los ojos. "¿Acaso piensas que eres una persona terrible por lo que hiciste?"
La cocker spaniel apartó la mirada y se mordió el labio.
—"No soy una terrible persona…", murmuró.
—"Sé que no lo eres", coincidió él, "Y no tienes por qué pensar eso", declaró con firmeza, "Sé que quizás puedes pensar que cometiste muchos errores, pero no por eso significa que debes de torturarte con lo que está pasando".
Frisky podía negarlo todo lo que quisiera, pero sabía que era verdad lo que su novio estaba diciendo. Aun así, se mostraba bastante insegura.
—"Ella se molestó…", eligió decir en su lugar. "Estoy segura de que me odiará si le digo la verdad...", su garganta se sintió seca. "Desde que nos conocimos… Yo… Yo siempre, siempre he guardado todos sus secretos y… nos hemos ayudado tanto que…"
La cocker spaniel se quedó sin palabras y volvió a cubrir su rostro con una mano. El Heeler mayor, lentamente se acercó y tomó su mano libre. Ella giró su cabeza inmediatamente y notó como su novio la miraba con cariño mientras le apretaba la mano.
—"Está bien, no hace falta", la tranquilizó.
La mirada de la cocker spaniel se suavizó.
—"… Yo habría hecho todo por ella", admitió finalmente.
—"Lo sé…", dijo entonces, acariciando suavemente su palma. "Eres sin duda alguna la amiga que todos desearían tener", afirmó con una sonrisa.
La voz de Rad era bastante tranquila. A Frisky le da un poco de vergüenza sentir alivio. Esta empatía era abrumadoramente confusa y antinatural para ella. En cualquier caso, parece animarla escuchar eso.
—"No tengo muchos amigos como tú...", se expresó ella, haciendo una mueca, parecía avergonzada.
Rad le apretó la mano un poco más fuerte. Frisky Inhaló profundamente, tratando de ordenar sus pensamientos. Intentó concentrarse en la sensación de los dedos de su novio entrelazados con los suyos, en la frescura de su piel.
—"Está bien…", pronunció el Heeler mayor, "No todos tienen la suerte de conocerte". Automáticamente, levantó su mano libre y le acarició la mejilla, "Y yo soy muy afortunado", dijo, pero sonrió con esa sonrisa que a su novia le encantaba, y podría haber saltado sobre él en ese momento.
Ella sonrió suavemente. "¿Cómo lo haces?"
—"¿Qué cosa?"
—"Para siempre animarme a pesar de todo"
—"Alguien tiene que hacerlo", vaciló.
La cocker spaniel se rió entre dientes, incluso se atrevió a bromear, ignorando el dolor en el pecho.
—"¿Qué crees que pase ahora?", preguntó ella después de que permanecieron en silencio durante dos minutos enteros Intercambiando una sonrisa tímida.
—"¿A qué te refieres?", preguntó él, arqueando una ceja.
—"A lo de Bandit y Chilli", respondió ella.
Rad frunció los hombres y levantó los brazos. "No estoy seguro…"
Aunque la reciente conversación se había llevado consigo la molestia e incertidumbre que sentía, y ahora podía volver a pensar con claridad, la cocker spaniel se sentía cansada.
—"Si tan solo hubiera algo que pudiéramos hacer…", se lamentó un poco.
—"Bueno, en realidad sí hay algo que podemos hacer", avisó.
Frisky se sorprendió con aquella declaración. "¿En serio?"
—"Así es", asintió, "De hecho, justamente por eso necesitaba hablar contigo sobre este asunto", suspiró mientras se preparaba para lo que iba a decir a continuación. "Bandit me dijo que había un video en tu cámara"
La cocker spaniel tragó saliva. "¿Ah sí?"
—"Sí, y de hecho me dijo que ese video probaba que no pasó nada entre él y Wendy aquella noche".
—"Oh… sí…", pronunció apenas, desviando un poco su mirada.
—"Frisky…", dijo él, notando su reacción. "No tienes de qué preocuparte", alegó, "Bandit me explicó por qué no quisiste contármelo, así que no estoy molesto".
—"No es eso, es que…", le tembló la voz, otra vez incapaz de continuar.
—"¿Qué pasa?", le preguntó él, con voz cautelosa y suave, inclinando su cabeza para estar más cerca de ella.
La cocker spaniel, inhalando profundamente, se armó de valor de nuevo.
—"No tengo ese video", expuso, con un tono de lamento.
El Heeler mayor parpadeó constantemente. "¿Cómo?"
—"Yo… lo borré", declaró, con un dejo de vergüenza.
—"Ohh…", soltó él, decepcionado por la respuesta. "Pero… ¿Cómo…?"
—"Fue poco después de que fui a buscar la cámara", explicó, interrumpiéndolo. "Estaba un poco avergonzada por lo que pasó ese día que solo quise borrarlo y hacer de cuenta que nada pasó".
Rad dudó por un momento. "Pero… ¿Borraste el video cuando interrogabas a Wendy o…?"
—"Borré ambos", respondió rápidamente, interrumpiéndolo nuevamente. "Lo siento", se disculpó, "De verdad creí que no valía la pena conservarlos".
El Heeler mayor asintió en reconocimiento de su declaración. "Entiendo".
Vuelven a quedarse en silencio por enésima vez. Rad reflexionó las palabras de su novia, hasta que tuvo una idea.
—"¡Espera!", exclama al cabo de un minuto, sobresaltando un poco a su novia. "¿Por casualidad descargaste el video en tu notebook?"
—"Ah… Sí, ¿Por qué?", preguntó algo extrañada.
—"¿Lo llegaste a ver?"
—"No… bueno… un poco… solo por curiosidad", admitió, "Pero, ¿Eso qué tiene que ver?"
—"Tal vez aún tengamos una oportunidad", declaró con esperanza, ante la atónita mirada de su novia.
—"¿Cómo dices?"
—"Mira, allá en la plataforma me hablaron sobre un sujeto que vive en esta ciudad y es muy bueno con las computadoras", informó, "Me dijeron que, si tenía algún problema, aunque sea absurdo, él era el indicado para resolverlo".
Frisky arqueó una ceja. "¿En serio?"
—"Así es", asintió, "Solo tengo que buscar entre mis contactos y pedirles que me pasen su número. Mientras hago eso, ¿Podrías buscar tu notebook?", pidió amablemente. "En cuanto logre comunicarme con él, iremos a verle"
—"Rad, me gustaría acompañarte, pero…", resopló, "En veinte minutos tengo que ir a ayudar a Chilli"
Rad hizo una mueca. "¿Cuánto tiempo más se supone que permanecerás en su casa?"
—"Bueno… me pidió que solo me lleve a las niñas por unas horas y… me aseguró que, si todo sale bien hoy, todo volverá a la normalidad", le hizo saber.
El Heeler mayor se extrañó ante ese comentario.
—"¿Qué habrá querido decir con eso?"
—"No estoy segura…", frunció los hombros y levantó los brazos, "Pero después de lo que pasó anoche tampoco sé si quiero saberlo"
Rad asintió significativamente. "Entiendo…", suspiró. "Está bien, no te preocupes. Yo me encargaré de todo"
Frisky dejó escapar un breve suspiro contemplativo y puso una mano en la cadera. "Los dos estamos bastante jodidos, ¿Verdad?", vaciló un poco.
El Heeler mayor miró a su novia mientras comenzaba a reírse, al igual que ella. No había nada gracioso en ello, pero de alguna manera, ambos se estaban riendo.
—"Es gracioso, ¿No? Podemos hablar de lo que sea y aun así reírnos juntos", reflexionó ella, luego su rostro se tuerce en un puchero pensativo. "Pero… ¿Por qué terminamos en esta situación?".
Él le sonrió. "Porque los dos somos tenemos mala suerte…", declaró, apretando la mano de su novia, "y también somos afortunados".
MIENTRAS TANTO
En la planta baja, se puede oír al chow-chow de traje discutiendo con su empleado. Incluso con su voz algo controlada, la tensión es palpable, se filtra a través de las tablas del suelo.
—"Adam, ¿Cómo pudiste comprar albahaca roja en vez de verde?", reprendió.
—"Es que la roja era más barata", respondió, intentando justificarse.
—"Richard, son detalles sin importancia…", dijo Dolon con sencillez.
—"No puedes escatimar en los detalles. Son la esencia", replicó con seriedad. "Yo soy un hedonista. La vida como la comida hay disfrutarla, no masticarla con cara agria… como una albahaca roja", aseveró, mirando de mala gana al landseer.
El aussiepoo de lentes parpadea por un momento, sin saber si disminuir la tensión con algunas bromas alegres o concentrarse en tranquilizar a su amigo.
—"Si quieres, puedo ir a buscar de la otra", se ofreció, pero su amigo se negó.
—"No-no-no-no-no", agitó el dedo índice con vehemencia, "No hará falta. Podemos descartar la salsa", dice rotundamente.
—"Y ¿La sopa?", proclama Adam en un tono ecuánime e imparcial.
—"Tampoco será necesaria", responde Richard tajante. "Con todo lo demás considero que basta y sobra".
El landseer soltó un suspiro aliviado, mientras se secaba el sudor de la frente.
—"Entonces, ¿Cuál es el siguiente paso?", pregunta Adam, con una mirada tentativa pero complacida en su rostro.
—"Pues empezar a cocinar, por supuesto", respondió el chow-chow de traje, como si fuera obvio.
—"Espera-espera-espera-pera-pera", repitió el aussiepoo de lentes mientras agitaba las manos. "¿Vas a cocinar tú?", preguntó, señalando a su amigo.
—"Así es", asintió positivamente.
—"Oh…", soltó Dolon, casi como un susurro.
Richard arqueó una ceja. "¿Qué ocurre?", preguntó extrañado al notar el tono de su amigo.
—"Nada-nada", intentó disimular.
—"Dolon…", mencionó, como si lo estuviera regañando.
El aussiepoo de lentes inhaló y exhaló profundamente antes de hablar.
—"Es solo que… hace mucho que no cocinas", confesó, con un poco de pena.
Richard frunció el ceño. "Sí, ¿Y?"
—"Y… no sé si es buena idea volver a hacerlo en un momento como este", expresó sus dudas.
—"¡Por favor, Dolon!", replicó, "Nunca es tarde para volver a retomar aquello que dejaste sin razón aparente", alegó con franqueza.
—"Pero… ¿Sabes cocinar alguno de los platillos que planeas servir?", cuestionó.
El chow-chow de traje pensó por un momento. "Bueno… no… pero… ¡No está de más intentarlo para aprender!", se defendió, elevando un poco el tono.
—"¿Y si mejor ordenas comida a domicilio?", dijo Adam con un acento de humor.
—"Lo mismo dije yo…", mencionó Dolon.
Richard hizo un ruido desdeñoso. "Sería cruel y desconsiderado de mi parte invitar a alguien a casa para que termine comiendo algo que perfectamente puede consumir en otro lugar, ¿No creen?", espetó, tratando de hacerlos entrar en razón.
Dolon optó por ignorar el tono. "Funciona muchas veces cuando alguien no tiene tiempo ni ánimos de cocinar", intentó justificar, "Solo es cuestión de ver qué tipo comida suele ser pasable como algo que cocinaría uno mismo… y en tu caso, teniendo en cuenta que ella nunca te vio cocinar, creo que cualquier cosa sirve", bromeó.
El chow-chow de traje miró a su amigo juzgadoramente. "No pienso ordenar nada"
—"¿Ni siquiera el postre?", preguntó Adam.
—"Ni siquiera el postre", respondió Richard de mala gana.
—"Y ¿Cómo planeas cocinar todo?", volvió a cuestionar el aussiepoo.
—"Tengo toda la tarde para eso, así que no será problema", dijo con seguridad.
—"¿No olvidas otra cosa?", inquirió Dolon.
Richard arqueó una ceja. "¿Cómo qué?"
—"Como… ¿Qué tipo de vestimenta usarás?"
El chow-chow de traje chasqueó los dedos. "¡Tienes razón! ¿Cómo pude olvidarlo?", dirigió su mirada a su empleado. "Adam, ¿Llamaste a Paco para consultarle sobre mi traje?"
—"Por supuesto", asintió, "Dijo que lo tendrá listo para mañana".
Los ojos de Richard se abren de par en par. "¿¡Mañana!?", exclamó.
El aussiepoo de lentes no pudo evitar reírse ante la expresión de sorpresa de su amigo.
—"¿No trataste de negociar para que lo tenga listo para hoy?", manifestó Richard.
—"Lo intenté, pero dijo que tenía demasiados pedidos pendientes, y que un traje de tus características es imposible que esté listo en tan poco tiempo", respondió el landseer.
—"Me lleva…", maldijo Richard por lo bajo.
—"¿Qué clase de traje pediste?", preguntó Dolon con curiosidad.
—"Uno de lino ibicenco beige", comentó con emoción.
—"¿Por qué no usas alguno de los que están en tu armario?", señaló Dolon.
—"¿Te has vuelto loco?", replicó Richard suavemente. "Ella me ha visto con todos y cada uno de los que tengo"
—"Bueno, de seguro debe de haber alguno que aún no usaste", trastabilló.
—"Si quieres te puedo prestar alguno de mis trajes", ofreció Adam.
Richard se enfadó de nuevo. "No gracias", respondió rápidamente, como si la mera idea de tener que usar algo de su empleado lo llenara de repugnancia.
—"Dudo que le quepan", vaciló Dolon.
—"Puedo hablar con Dasha", aludió el landseer, "Ella siempre hace milagros con la ropa".
—"... Eso me consta", dijo Richard, mirándolo de reojo en señal de reconocimiento.
—"Incluso una vez te ayudó a confeccionar un traje", le recordó Adam.
Aquella declaración hizo que el chow-chow de traje se pusiera un poco rígido.
—"¿En serio?", Dolon se puso ceñudo mientras miraba a su amigo, "¿Ella te ayudó en eso?".
Richard apenas abre la boca para tratar de responder, pero es Adam quien habla en su lugar.
—"¡Claro que lo hizo!", afirmó con emoción, "Ella misma me dijo que la felicitaste por hacer un buen trabajo".
El chow-chow de traje no hizo ningún comentario al respecto. El aussiepoo de lentes miró cada vez más extrañado a su amigo.
—"¿Por qué nunca me lo dijiste?", inquirió.
—"Yo…", pronunció apenas, pero su empleado le interrumpió.
—"Es por eso que ella sería una buena opción en este momento, aunque…", el landseer se frotó la barbilla pensando. "No estoy seguro de que ella esté disponible ahora"
Dolon dirigió su mirada al empleado de su amigo. "Ella es… ¿Costurera?", mencionó, tratando de recordar.
—"Modista", corrigió Adam, en buen tono.
—"¡Oh! ¡Cierto-cierto!", reconoció el aussiepo de lentes, aunque otra duda invadió su mente. "Pero… ¿No era modelo?"
—"Lo era", asintió el landseer afirmativamente, "Pero alguien como ella siente que su cuerpo no da para mucho después de los 40… Y sobre todo después de tener 3 hijos".
—"Ohh…", soltó Dolon, sin saber que decir por un momento, "Bueno… aun así… ella es bastante guapa".
—"Lo sé", Adam se rió entre dientes, "Se conserva bastante bien para su edad, ¿Verdad, Richard?", preguntó, mirando a su jefe.
—"…Sí…", concedió él, con una mueca, como si hubiera mordido un limón.
—"Por cierto, Richard, aún no me has dicho quién es la afortunada de la cita", alegó con curiosidad.
Al final Richard decidió no ir por esa peligrosa ruta y cambió abruptamente de tema.
—"¡Dolon! ¿Realmente crees que debo tener algún traje que nunca he usado?", preguntó en un tono más tranquilo.
—"Pues… supongo", respondió, extrañado por el repentino cambio de su amigo.
—"Entonces, ¿Por qué mejor no me acompañas y me ayudas a revisar en mis armarios?", pidió, con una sonrisa forzada.
—"Ahh… claro".
—"Y ¿Yo qué haré?", preguntó Adam.
—"Tú te encargarás de preparar la comida", ordenó el chow-chow de traje.
Los ojos del landseer se abrieron como platos. "¿Qué cosa?"
—"¿Cuál es el problema?", cuestionó Richard.
—"Es que… yo no tengo ninguna habilidad para cocinar", confesó, avergonzado. "En casa es Dasha la que se encarga de la comida".
—"Bueno, nunca es tarde para aprender", dijo el chow-chow de traje con franqueza. "Además, no tendrás que hacer toda la comida, solo preparar lo justo para que luego yo pueda encargarme del resto", informó.
—"Sí, pero…", trató de objetar, siendo interrumpido por su jefe.
—"Mira, no puedo dejar esta tarea en mejores manos que no sean las tuyas", alega, fingiendo seriedad, "¿Podrás encargarte de algo tan simple?"
Adam duda, parece nervioso, pero asiente. "Um… ¿De acuerdo?".
—"Mi libro de cocina está allí", le señaló, "Si tienes alguna duda solo revísalo", aseveró.
Richard miró a su empleado con falsa solemnidad y le desea buena suerte para luego dirigirse a su habitación, con su mejor amigo siguiéndole. Adam esboza su característica media sonrisa avergonzada pero complacida al oír las palabras de su jefe. Ni siquiera esperó a que repitiera su petición, porque sabía nunca repetía nada dos veces. O bien debía cumplir con lo solicitado la primera vez, o recibía una sanción de su parte.
Colocándose un delantal, Adam se prepara y lee el cuaderno de cocina (muy detallado) sobre la encimera.
—"Bueno… no puede ser tan difícil, ¿Verdad?", se decía a sí mismo con un dejo de preocupación.
El dormitorio de Richard era, lo que Dolon esperaba que fuera, una habitación tan grande como una sala, completamente impoluta, con apenas unos cuadros minimalistas, un baño propio y mantas cuidadosamente dobladas verticalmente a lo largo del extremo de la cama.
A Dolon siempre le pareció una persona limpia, incluso si su actitud alborotadora traicionaba cualquier noción preconcebida de organización. Su amigo era un líder que hablaba de su organización mental para mantenerla funcionando y creciendo, por lo que este rasgo de hacer su cama cada mañana y doblar las mantas a lo largo del extremo era un vacío de conocimiento que no dejaría sin llenar.
El armario principal era otra cosa, parecía un cuarto aparte; contaba con un probador, así como una escalera para acceder a los artículos en los estantes más altos. Pero ese era solo el comienzo: una elaborada escalera de caracol conduce a un segundo piso completo del armario y más espacio de almacenamiento. Cada prenda de ropa estaba perfectamente confeccionada y guardada.
—"Siempre dije que este lugar sería apropiado para mis figuras de colección", dijo Dolon al aire, con su mirada perdida en el lugar.
—"¿Qué acaso no te queda más espacio que se pueda exprimir?", preguntó Richard de mala gana, mientras inspeccionaba los estantes.
—"Oye, ya me conoces…", hizo un gesto de desdén con la mano, "Con suerte puedo entrar en mi cuarto".
El chow-chow de traje puso los ojos en blanco. "Quizás deberías hacer más limpieza", reprendió sin ningún motivo real.
Dolon decidió ignorar ese comentario.
—"Oye, ¿Por qué nunca me dijiste que la esposa de Adam te ayudó?", repitió su pregunta de hace unos momentos.
—"No era importante", respondió rápidamente.
—"No, es cierto", convino, "Pero aun así me parece mal que no me hayas contado", dijo fingiendo estar ofendido.
—"Ya te lo dije. No era importante y no hay nada que hablar al respecto", manifestó con dureza, tal vez pensando que le había preguntado con algún motivo oculto, cuando no era el caso.
Dolon se muestra confundido por la reacción de su amigo. "¿Estás bien?", pregunta con un dejo preocupación.
—"¿Qué pasa?", volteó a verlo, "¿Por qué tantas preguntas ahora?", inquirió, con un ligero tono de ansiedad en su voz.
El aussiepoo de lentes titubea solo un poco, frunciendo el ceño, "Um, solo preguntaba si estás bien, es todo".
Al ver la desazón en el rostro de su amigo, el chow-chow de traje resopla y su rostro se suaviza.
—"Tienes que entenderme, Dolon", dice, más calmado. "Estoy… un poco nervioso por esta cita".
—"¡Ohh! ¡Con que es eso!", exclama, un poco aliviado, "No tienes de qué preocuparte. Todo saldrá bien"
—"Te recuerdo que aún no tengo nada bueno que usar", soltó su inquietud.
—"Bueno, algo debe de haber…", miró a su alrededor. "¿Seguro que usaste todo esto?"
—"Así es", asintió, "algunos de esos atuendos se me han quedado pequeños y otros solo los guardo en caso de emergencias… y hasta esos ella los ha visto".
—"Entiendo…"
El aussiepoo de lentes siguió caminando por el gran armario y algo capta toda su atención.
—"Oye, ¿Qué es eso?", señaló a un rincón.
El chow-chow de traje rápidamente se puso en frente, cubriendo aquella prenda que estaba a la vista. "¡No es nada!", exclamó.
Una sonrisa tan llena de intriga y asombro infantil se dibuja en los labios de Dolon.
—"¿Es eso lo que creo que es?"
—"¡No! ¡Ya te dije que no es nada!", clamó, como si ofendiera su propio ser.
Su rostro petulante hace reír al aussiepoo de lentes. El chow-chow de traje le lanza una mirada irritada.
—"Esto no es gracioso…".
—"Oh, Chardie...", inclina la cabeza hacia un lado, con una sonrisa burlona en su rostro. "… Al contrario, ¡Es genial!".
Richard frunce el ceño y entrecierra los ojos antes de resoplar y apartarse. Para este punto, entendía que no tenía sentido lo que estaba haciendo. Su amigo se acercó a la prenda que tanto estaba sacando de su visión, la cual reconocía a la perfección.
—"¿Sabes? Me parece tierno que aún la conserves", alegó con una sonrisa.
El chow-chow de traje se quedó en silencio ante el júbilo que mostraba el rostro de su amigo, sin mencionar el hecho de que le había dicho eso con sinceridad.
—"Creo que podrías usarlo esta noche", sugirió.
El chow-chow de traje miró a su amigo juzgadoramente. "¿Te has vuelto loco?", se cruzó de brazos, "Recibí esto como regalo y solo lo he usado una vez". Se encoge de hombros, ahora mirando el artículo que tiene frente a él.
—"¡Por eso es perfecto!", insistió.
Richard hizo una mueca. "No lo sé…", soltó por lo bajo.
La inseguridad que crecía en él era palpable. Para el aussiepoo de lentes este era un acontecimiento que rara vez se daba. Su amigo, tan perversamente atractivo que era difícil resistirse, un imán para las mujeres que se lanzaban a por él como polillas al fuego, alguien que podía conseguir a cualquier hembra con un abrir y cerrar de ojos... de repente se mostraba inquieto y nervioso ante una cita con una conocida. Solo podía recordar una vez que una mujer le hizo sentir eso.
A pesar de no ser el mejor consejero, el aussiepoo de lentes se acercó lentamente y le pasó la mano por el hombro.
—"Descuida, yo estaré aquí por si pasa algo", declaró, con una mirada relajada.
Richard soltó un lejano "¿Hmm?" en respuesta. "¿Haciendo qué exactamente?", inquirió.
—"Pues… puedo ser el camarero", trató de proponer, medio en broma.
—"Oh, no-no-no-no", negó con la cabeza, alejándose un poco. "No te quiero aquí"
Dolon se mostró ofendido. "¿Por qué no?"
—"Porque a Samantha le incomoda tu presencia", respondió con toda la honestidad del mundo.
Aunque el aussiepoo de lentes tratara de negarlo, sabía que era verdad. Incluso él mismo recordaba algún que otro momento donde llegó a fastidiar en broma a la secretaria de su amigo estando presente.
—"Pero ¿Sabes una cosa? Realmente me gustaría que estuvieras esta noche aquí", agregó luego, "Al menos tu presencia me calma un poco", reconoció.
La sonrisa de Dolon se ensanchó.
—"Tranquilo bro. Sé que estás tratando de ser realista. Sé que estás jugando. Juegas tranquilamente como todos los demás", empezó diciendo, "pero ella es una buena chica que puede ver como tu alma brilla con un fuego sutil a través de sus ojos que son como ventanas de un mundo interior", se expresó con pasión, "Si de verdad la quieres, solo debes pensar mejor las cosas".
El chow-chow de traje lo miró en silencio, un poco asombrado.
—"No me di cuenta de que podías ser tan profundo, Don-Don".
El aussiepoo de lentes jadeó con emoción.
—"¡Me acabas de llamar 'Don-Don'!", exclamó, "¡No me has dicho así desde hace años!"
—"No me di cuenta de que eso te agradaba, Dunty-Don", agregó, burlonamente.
—"Ahora lo estás haciendo a propósito", lo miró pícaramente.
—"No, no lo estoy", mintió.
—"Sí, sí lo estás", se echó a reír y rápidamente le dio un puñetazo semiduro en el hombro.
Richard hizo una mueca por un segundo, cubriéndose el hombro, mientras su amigo rápidamente se llevó las manos a la boca, como si se lamentara de lo ocurrido.
—"Y… ahora te he hecho daño", murmuró Dolon.
—"Técnicamente, esto es culpa mía por tratar de ser suave", replicó Richard en voz baja.
Algo capta completamente el olfato del aussiepoo de lentes.
—"Oye… ¿Estás ardiendo de la bronca? O… ¿Algo se quema?"
Richard inmediatamente se percató del olor a quemado.
—"¡ADAM!", exclamaron ambos al mismo tiempo.
El duo rápidamente se dirigió a la cocina, solo para presenciar el desastre que había ocurrido: El landseer quemó el arroz tres veces, prendió fuego a la olla de fideos, convirtió los huevos en carbón revuelto, transformó los ingredientes del aderezo para ensaladas en una baba negra irreconocible e hizo explotar el pescado.
—"Ahh… ¡Richard! Te sorprenderá saber que... ¡No quemé tu delantal!", dice Adam, extremadamente nervioso.
El chow-chow de traje resopló y puso los ojos en blanco. No entiende cómo alguien puede ser tan malo cocinando. ¡Hasta su amigo puede al menos hacer una tanda decente de arroz!
Su ira, molestia y frustración brotan sin cesar. Por un segundo se frota las sienes, necesitando un momento para estabilizarse. Si seguía haciendo eso, terminaría explotando algún día. Tenía demasiado potencial para desmoronarse. Pero no se da por vencido. Aún tiene una última carta que jugar.
MAS TARDE
La tarde estaba nublada; el sol se escondía tras capas de nubes grises y humeantes, y con él desaparecían muchas de las vistas y sonidos habituales de los autos. Se acercaba el frío de verano; La perra mestiza podía sentirlo en la piel, el ligero frío que recorría silenciosamente el aire. Afortunadamente, llevaba la chaqueta de mezclilla que su amiga le había prestado.
Ella se miraba en el espejo de bolsillo, con el nerviosismo recorriendo su cuerpo a medida que caminaba. Se reprendió a sí misma por dudar de que la noche no le daría nada menos que alegría mientras se daba una última mirada. Había apostado por un look sencillo: una camisa sin magas y una minifalda. Nada de vestidos extravagantes, ni maquillajes ni ningún retoque en su cabello. Esta vez quería ser ella misma.
Finalmente llegó a su destino. Está mortificada, casi asustada, con los ojos fijos en la puerta principal. La caminata no había servido mucho para calmar sus nervios. Aun así, no iba a echarse hacia atrás. Ya estaba aquí, y el momento que siempre soñó estaba a un paso de hacerse realidad. Inhaló y exhaló profundamente antes de tocar el timbre. Pudo escuchar los pasos de alguien que se acercaba a toca velocidad. Entonces, la puerta se abrió del todo y contempló a su exjefe de pie, con aspecto aturdido.
—"¡Bienvenida!", exclamó él, con una gran sonrisa.
La perra mestiza no hizo ningún comentario. En cambio, observó a aquel chow-chow con ojos inquisitivos durante unos segundos. Su aspecto no dejaba de llamarle la atención: vestía una camiseta con la frase 'Jimmy Eat World', mientras que su pelo estaba levantado en ángulos extraños.
Cuando ella no responde de inmediato, él hace saber su impaciencia.
—"¿No quieres entrar?", pregunta, ladeando la cabeza, con su tono ligero, pero genuinamente curioso.
La perra mestiza se sacudió la cabeza de sus pensamientos.
—"¡No! ¡No es eso!", dice rápidamente, aclarándose la garganta, "Es solo que… Es la segunda vez que te veo con camiseta"
—"Ah sí, es que… mis camisas están sucias", alega él, medio mintiendo.
—"Ahh…", suelta por lo bajo. "Y… ¿Theressa no debe...?"
—"Theressa ya no trabaja aquí", responde sin darle tiempo a terminar.
Samantha parpadea sorprendida. "¿Cómo dices?"
—"Te lo explicaré todo… claro, si quieres pasar", invitó, con un poco de picardía.
El chow-chow se hizo a un lado mientras su exsecretaria ingresaba a la casa. Una vez cerrada la puerta, él levantó los brazos y se acercó a ella. La perra mestiza, al notar el extraño movimiento de él, se cubrió por completo.
—"¿¡QUÉ HACES!?", exclamó con voz tensa y aguda.
Su jadeo silencioso y horrorizado lo hizo retroceder un poco. "Nada, solo quiero quitarte la chaqueta", trató de explicar, algo asustado.
—"Ohh… lo siento". Sale de su boca antes de que pueda revisar o estructurar el pensamiento, soltando las palabras como una idiota. Su rostro se enrojece de un profundo escarlata.
Mientras el chow-chow cuelga la chaqueta de su invitada, ella nota un aroma en el aire que le resulta familiar.
—"¿Qué hiciste que huele bien?"
—"Cerdo al caramelo", respondió con una sonrisa. "Espero que te guste"
—"No, no me refiero a eso. Es otra cosa…"
La hembra se inclinó para olfatear levemente a Richard, quien no pudo evitar encontrar un poco raro aquel comportamiento.
—"¿Te pusiste perfume?", preguntó ella.
—"Ah, sí, es de una botella que encontré en mi armario", hizo un gesto de desdén con la mano.
—"¿No es la que te regalé hace dos años?", inquirió, mirándolo con una ceja levantada
Richard se puso un poco tenso. "Tú… ¿Tú crees?"
—"Sí, yo creo", respondió la rubia obstinadamente, cruzándose de brazos.
—"Uh…", tartamudeó él, tratando de encontrar las palabras. "¿Qué te parece si mejor vamos a la sala?", propuso, tratando de desviar el tema.
Haciéndole caso, la perra mestiza siguió al macho hasta el comedor, y lo que vio casi la deja sin palabras. Había colocado velas y pétalos por toda la mesa, además de haber atenuado las luces para crear el ambiente adecuado; Incluso, de fondo sonaba suave música italiana, lo que se suma al encanto del lugar. Era absolutamente romántico. Su corazón se saltó un par de latidos en ese momento, sintiendo calor tanto por el ambiente como por el aroma de la comida.
—"¿Gustas sentarte?", invitó mientras acomodaba una silla para ella.
—"Gracias…", agradeció, sentándose en el lugar propuesto.
—"La comida estará lista en unos minutos", informó, "Pero podemos empezar con unos aperitivos mientras tanto", agregó luego y ella hizo un pequeño gesto de asentimiento. "Ah, por cierto…"
El chow-chow fue hasta la cocina y regresó segundos después con una botella.
—"Sé que no sueles beber…", mencionó, y por un momento parecía que ambos se ponían tensos al recordar ese fatídico día, "… Así que me tomé la molestia de buscar algo más apropiado para ti", aseveró.
Al mostrarle la botella, la perra mestiza pudo constatar que se trataba de sidra, lo cual le vino perfecto, así que tenía el visto bueno.
—"¿Me permites tu vaso, Samantha?", solicitó dulcemente.
Aquel comentario hizo que la perra mestiza dejara escapar un suave y pequeño bufido.
—"¿Qué pasa? ¿No te gusta?", preguntó él con una expresión neutral, con un dejo de confusión al captar la reacción de su exsecretaria.
—"¡No, no! ¡No es eso!", respondió ella inmediatamente. "Es que…"
—"¿Qué?", preguntó, mirándola preocupado.
Ella resopló. "¿Podrías por favor no llamarme por mi nombre completo?", pidió mientras miraba hacia abajo, apenada. "No es que me moleste, es solo que… se siente extraño ahora que no estamos en el trabajo", trató de explicar, "No estoy acostumbrada... a una cita…. Y menos contigo".
—"Ah… De acuerdo", pareció comprender. "Entonces… ¿Te digo solo 'Sam'?"
Ella asintió levemente, con una pequeña sonrisa. "Sam estaría bien"
—"¿Me permites tu vaso… Sam?", volvió a repetir, esta vez cambiando la última palabra con un tono humorístico.
Ella se rió inesperadamente, luego se mordía el labio mientras veía a aquel macho servirle una copa de sidra. Después de eso, el chow-chow fue a la cocina y trajo los aperitivos. Al principio, cuando se sentaron juntos, ambos parecían estar algo tensos, ya que les costaba iniciar la conversación. Para tratar de romper ese silencio incómodo, Richard optó por mencionarle la renuncia de su empleada, así como su amorío con su jefe. Samantha no pudo evitar jadear, llevándose las manos a la boca. A partir de ahí, las cosas parecían fluir con normalidad.
Cada tanto, Richard se levantaba de la mesa para comparar y terminar los últimos toques a la cena principal. Samantha le insistía en que no tenía que por qué cocinar tanto, pero él ya estaba insistiendo, hablando de cómo ya tenía el plan de comidas perfecto. Ella solo quería sentarse y disfrutar de una buena charla entre los dos.
Pero cuando él tiene en mente algo, no puedo disuadirlo.
La perra mestiza tenía que admitir que ver a su exjefe cocinando era algo que admiraba, y a la vez la hacía sentir cohibida, puesto que ella se amilanaba en la cocina.
—"¿Sabes? Aún no puedo sacarme de la cabeza lo que me hiciste esa noche…", mencionó él.
—"Ohh…", soltó ella por lo bajo, encogiéndose de hombros. "Yo…".
—"¡Descuida-descuida!", agitó la mano con vehemencia al notar su reacción. "No estoy molesto. Al contrario, estoy impresionado".
Ella parpadeó constantemente, sorprendida. "¿Impresionado?"
—"Así es", asintió, "La verdad… tengo que admitir que… todo eso que hiciste… fue algo extraordinario, incluso viniendo de ti", reconoció, arrastrando un poco las palabras.
La perra mestiza esbozo una sonrisa. "Bueno… ¿Qué puedo decir? Supongo que soy una buena actriz", vaciló un poco.
Él se rió entre dientes. "Deberías pensar en convertirte en una", planteó, "Incluso creo que harías un estupendo trabajo como actriz de voz".
—"¿Con esta voz?", preguntó ella, haciendo el tono de aquella noche, lo que provocó que ambos se rieran.
—"Créeme que si me hablaras así por teléfono no te hubiera reconocido", dijo, medio mintiendo. "Pero… No tenías por qué inventarte cosas absurdas, como que te gustaba el heavy metal", soltó una carcajada.
La perra mestiza se quedó inmóvil ante ese comentario.
—"Richard, no me inventé nada…", dijo de manera neutral, "Realmente me gusta el heavy metal".
La sonrisa pícara del chow-chow desapareció rápidamente cuando mencionó eso.
—"¿De-de-de verdad?", tartamudeó un poco.
Samantha asintió. "Así es. Incluso he ido a algún que otro concierto", afirmó, "Espera…"
La perra mestiza sacó su teléfono y buscó en su galería. "¡Aquí está!", exclamó mientras le mostraba una foto. El chow-chow quedó absorto: Se podía ver a su exsecretaria junto a una chica, ambas mirando a cámara, con la lengua afuera y haciendo seña con el dedo corazón, en lo que parecía ser un concierto de fondo.
—"Oh… vaya…", soltó él, sin saber que decir exactamente. "Yo… no me esperaba eso de ti".
—"¿Acaso te molesta?", cuestionó ella.
—"¡No-no-no! ¡Nada de eso!", respondió él con vehemencia, como si la idea de avergonzarse alguna vez de los gustos de ella fuera un anatema. "Simplemente… no sabía que tenías ese lado", agregó, nerviosamente.
—"Yo no, mi amiga sí", alegó ella. "Cuando nos conocimos, a veces ella solía planificar ciertas salidas de última hora o me arrastraba a ciertos eventos musicales", relató, "Al principio no me gustaba mucho, pero con el tiempo le empecé a tomar el gustó", reconoció avergonzada. "Claro que dejé de hacerlo cuando me empecé a concentrar en mi vida profesional", aclaró.
—"Oh, vaya…", dijo él, algo aliviado. "Y… ¿No extrañas ese tipo de cosas?"
—"No realmente", respondió con franqueza, "Demasiado ruido y bullicio ya no me agradan, aunque… tampoco lo negaría si me lo propusieran", reconoció.
Una duda invadió al chow-chow. "¿Qué tipo de cosas hacen ustedes juntas?"
Samantha frunció los labios, pensativa. "Mmm... La mayoría del tiempo nos sentamos juntas en silencio. Por ejemplo, a ver alguna novela, película o serie y ese tipo de cosas. Simplemente disfrutamos de la presencia de la otra"
Richard frunció el ceño. "Eso suena un poco aburrido".
—"Para ti, quizás. Pero para nosotras es agradable", aseveró, con una sonrisa. "Es una buena manera de relajarse después de un largo día. Mientras te guste estar con la persona con la que pasas el tiempo, casi cualquier cosa puede ser divertida".
—"Pero… ¿Qué hacen ustedes dos para divertirse?", inquirió.
—"¿No te acuerdas lo que te dije cuando fuimos a comer con Judo?", trató de refrescarle la memoria.
—"Sí-sí. Películas, musicales, obras de teatro…", enumeró, recordando. "Pero… Aparte de eso, ¿Hay algo más?"
—"¿Por qué tanto interés?", cuestionó ella.
—"Es solo que… me llama poderosamente la atención que alguien con alma fiestera cambie todo eso por una vida tan monótona y aburrida".
Ella frunció el ceño. "Richard, en primer lugar, yo no tengo un alma fiestera, ya te lo dije aquella vez", clarificó. "En segundo lugar, ¿Por qué crees que tendría una vida monótona y aburrida?".
—"Bueno… es que pensé que tal vez… tal vez tú… tú…", trató de encontrar las palabras, pero no le salieron.
—"Mira, si quieres saber más, algunas veces ella y solemos cantar karaoke, ir a los videojuegos o… simplemente pasear por la ciudad y charlar", expresó suavemente. "Yo solía trabajar mucho y ella tiene un horario inestable en su trabajo, así que aprovechábamos cualquier oportunidad para pasar tiempo juntas".
Richard asintió en silencio. "Y… ¿Qué haces ahora?"
Samantha tardó un momento en responder. "Pues… supongo que nada, ya que estoy desempleada".
—"Oh…"
Ahora era el momento de decir algo, para tratar de mitigar las consecuencias, entonces, ¿Por qué solo parpadea como un conejo asustado? Se siente culpable, se da cuenta mientras el calor de la vergüenza lo atraviesa, como un niño atrapado con la mano en el proverbial frasco de galletas.
—"Asumo que sabes que tu amiga está saliendo con Dolon, ¿Verdad?", preguntó, para tratar de desviar el tema.
Ella hizo una mueca de disgusto, apartando la mirada. "No me lo recuerdes…"
La conversación pareció detenerse justo allí. La perra mestiza se mostró realmente malhumorada con aquella simple mención. El chow-chow trató de remontar la charla.
—"¿Sabes? Realmente tienes unos ojos preciosos", dijo como un cumplido.
Ella volteó inmediatamente. "¿De-de veras?", preguntó y él asintió en respuesta. "Gracias…", musitó, sonrojándose.
—"¿Por qué siempre usas gafas?", preguntó con curiosidad.
—"Las gafas son parte de lo que soy. Si a alguien no le gusta, entonces es su problema", afirmó.
—"Pero… ¿Por qué en la foto no las tenías?", cuestionó.
—"Tenía que usar los lentes de contacto, ya que no quería perderlas al bailar mosh", respondió con sencillez.
Él arqueó una ceja. "¿Mosh?"
—"Es un baile muy popular. Si quieres te explico…"
La perra mestiza no pudo evitar notar que esta noche su exjefe estaba actuando un poco diferente. Era más romántico y tierno, lo cual para ella era algo nuevo. No es que no sea dulce con ella, pero normalmente lo hace a su manera. En ese momento, casi parecía que estaba de muy buen humor.
El no había hablado de trabajo durante todo el rato que estuvieron conversando. La mayor parte del tiempo había sido sobre ella y su día, y cuando está callado no puedo evitar ver algo en sus ojos. Está concentrado y pensando en algo. Ella puede notarlo por la forma en que él frunce el ceño.
Y mientras le daba los últimos toques a la cena, ella jura que lo escucha tararear.
En lugar de concentrarse demasiado en ello, disfruta de ese momento excepcional y se entrega un poco a él. Verlo así le llena el corazón. Le recuerda las razones por las que se enamora de él. Eso hace que esta cita valga aún más la pena.
El chow-chow finalmente trajo la comida a la mesa, colocándola frente a ella, y le acercó un pequeño plato de pan. Ella sonreía, estaba claro que se le hacía agua la boca por todos los deliciosos olores.
Cuando él le explicó el plato, ella no podía esperar tanto para probarlo. Él se dio cuenta fácilmente.
—"¿Gustas probar un poco?", le ofreció, acercándole un plato de comida a unos centímetros de su cara.
—"Richard, yo puedo hacerlo", dijo Samantha mientras se pasaba la mano por el cabello, con un brillo decidido en sus ojos dorados.
—"Lo sé… Aunque eso no significa que no pueda consentirte", le guiñó un ojo, lo que hizo que ella se mordiera el labio y se riera un poco en voz baja.
—"Bueno, no me habías dicho que me estaban tratando como a una reina", se rió entre dientes.
—"Yo no iría tan lejos", espetó, "Aunque eso no significa que te voy a dar de comer en la boca durante toda la cena"
—"Oh, pero ¿Podrías?", levantó las cejas, bromeando un poco con él.
Él negó con la cabeza, pero se rió. Las palabras se silenciaron cuando ella soltó su risita dulce. Al darse cuenta, se tapó la boca inmediatamente.
—"Yo…", soltó avergonzada.
—"Me encanta ese sonido", declaró él, dejándola completamente absorta.
No es una frase seductora. No es el tipo de frase que hace que a la perra mestiza se le calienten las orejas. Ciertamente no es una frase que le haga sentir un escalofrío en la espalda.
Pero lo hace, porque Richard le está hablando con esa voz tan profunda.
—"No son muchas las veces que lo escucho, pero es la mejor sensación del mundo", agregó luego, suavemente.
La forma en que alargaba la palabra interminablemente como si fuera caramelo caliente, hace que ella se sobresalte. Las vocales son deliciosamente largas, decadentes como una cucharada de miel, y cada una resuena en el cuerpo de Samantha hasta que cada centímetro de su piel pica, despierta, ansiosa.
Ella cerró su boca rápidamente con una sonrisa aún más grande. En este momento, su corazón está extremadamente lleno y feliz. Cada vez considera que venir aquí fue la mejor decisión.
Richard le dijo que comiera antes de que se vuelva loca. Samantha se sorprendió por completo. Aunque él le aseguraba que todo lo que me preparaba es delicioso, son especialmente platos como este en los que puede ver que pone todo su corazón.
Después de un rato, ella sentía que él le miraba fijamente con bastante intensidad.
—"… Entonces, cuando terminé la escuela, mi mamá quería que yo fuera monja o enfermera", dijo ella mientras jugaba con su comida.
—"¿En serio?" murmura él.
Ella asiente. "Pero, de todas formas, ella me apoyó cuando le dije que quería vivir en la ciudad", alegó, con una pequeña sonrisa y reanudando su comida.
Richard se inclina para mirarla fijamente a los ojos, que brillan con picardía.
—"No estarás pensando en presentarme a tu madre, ¿O sí?", preguntó suavemente.
Samantha se encoge de hombros. Jugando con su tenedor.
—"Tal vez…", es lo que alcanza a responder, con el corazón latiendo desbocado.
Fue una velada muy agradable. Pasaron un par de horas más juntos. Para Samantha, Richard había sido muy bueno con todo, por supuesto. Respondió con paciencia a todas sus preguntas y mostró sus intereses de una manera muy dulce y alegre, completamente diferente al jefe que estaba acostumbrada a ver. Para Richard, haber descubierto más cosas que desconocía de su exempleada hicieron de esta cita algo bastante fascinante.
—"La cena estuvo increíble", elogió. "No tenía idea de que cocinabas tan bien"
—"Bueno, ¿Qué puedo decir?", puso una mirada de suficiencia, "Es una receta que aprendí de Wendy"
El rostro de Samantha cambia por completo con esa simple declaración.
—"¿Tu ex te enseñó a cocinar?"
—"Así es", asintió, agarrando su vaso.
—"¿A pesar de que solo estuvieron juntos un año?"
—"Sí, pero aprendes cosas en un año", se ríe entre dientes. "Créeme"
Ella asintió con indiferencia. "Te creo…", resopló, cabizbaja. "¿Me pides un taxi?"
Richard casi escupe su bebida. "¿Y-y-ya?"
—"¿Me propones otra cosa?", preguntó con voz neutral.
—"Bueno, yo… yo había pensado que… ya que estás aquí… bueno… a lo mejor querías… pasar la noche aquí y…", tropezó con sus palabras.
Sam interrumpe, poniéndose de pie. "¿Sabes qué? Mejor caminaré. El aire fresco me hará bien", afirmó con frialdad, pero la forma en que lo dice delata lo incómoda que está en realidad.
Ni una despedida. Ni una palabra, ni una mirada, ni una respuesta. El chow-chow se quedó atónito, inmóvil, mientras su exsecretaria se retiraba; ni siquiera se atrevía a mirar los dorados de ella. Finalmente, emitió un gruñido silencioso mientras se ponía de pie y se dirigía a la entrada.
—"Sam, no te entiendo", manifiesta él, molesto. "Te juro que estoy haciendo mi mejor esfuerzo, pero no te entiendo"
—"Eres muy encantador, Richard, sobre todo cuando te esfuerzas…", dijo, recogiendo su chaqueta, "pero no confías en las mujeres".
—"No, pero tampoco es fácil, porque en cuanto me doy la vuelta o me abandonan o me apuñalan por la espalda", declaró, quejándose.
—"Yo no quiero irme ni apuñalarte…", se acercó lentamente hacia él. "Solo quiero pasar un momento agradable contigo".
Él apenas abre la boca para tratar de decirle algo, pero ella simplemente continúa.
—"Quiero ser la razón por la que despiertas todos los días", dijo con sinceridad y su voz casi se quiebra.
Él parpadeó constantemente y la miró fijamente en silencio, antes de que continuara.
—"Quiero que me ames de la misma manera en que yo te amo", clamó, "¿Eso es mucho pedir?".
Ella lo miró y vio un destello de frustración o tal vez desesperación. Resopló y se acercó, presionando un casto beso en los labios de Richard.
—"El día en que tu corazón sea libre, por favor dame una oportunidad", se expresó con melancolía. "Es cierto, no soy perfecta. Me sobran defectos. No sé cocinar, pero soy muy buena en los negocios… y te puedo dar muchos niños preciosos", alegó con honestidad.
Un mueca de decepción apareció en el rostro de la perra cuando su exjefe siguió sin emitir algún comentario, por lo que desvió la mirada y abrió la puerta: "Buenas... noches", fue lo último que dijo antes de retirarse.
Él la vio marcharse. Nunca había sentido una mezcla de emociones todas juntas. Había adoptado la mirada de un ciervo atrapado por los faros. Resopló en silencio. Cerró la puerta.
