Nota: Solo AO3 y aquí son los sitios oficiales de ésta historia. He oido que alguien lo está publicando en wattpad, aclaro que no es oficial y en breve probablemente lo publicaremos alli tambien.
Capítulo 25: La pregunta del millón de dolares
Bandit mira el mensaje de texto un momento más antes de guardar el teléfono en el bolsillo. Respira hondo. Con cierta reticencia, levantó la cabeza y observó brevemente la puerta de su casa, intentando, aturdido, dar el siguiente paso.
La visita fue más una obligación con gritos de ira. Aquella mañana, su teléfono no paró de sonar insistentemente. Todavía recuerda cuando se despertó y entrecerró los ojos para mirar la hora: eran cerca de las 7:45 am. No era insoportablemente temprano, pero esperaba poder dormir un poco más luego de todo lo acontecido el día anterior, ya que estar inconsciente significaba que era algo más que furioso o miserable.
Al revisar su teléfono, se percató de que un número desconocido le estaba llamando. Al principio dudó, pero luego de recordar una plática con Marcus sobre haber encontrado un posible nuevo inversor en el proyecto en el que estaban trabajando, terminó atendiendo, y fue algo de lo que se arrepentiría al instante.
"… Tenemos que hablar"
Aquella voz. Con solo escucharla, se le heló la sangre. Cortó la llamada al instante. Su corazón latía con fuerza. Si necesitaba algo para mantenerse despierto, definitivamente lo había conseguido.
Había pasado poco menos de un minuto, mientras el Heeler azul permaneció sentado en su cama, completamente inmóvil. Su teléfono volvió a sonar. Esta vez eran varios mensajes, provenientes de la misma persona que le llamó. No sabe por qué, pero los terminó leyendo uno por uno. La persona le avisaba que sus hijas estarían fuera un par horas y tendrían la casa para ellos dos, además de recomendarle que se aproxime en una hora, ya que le daría el tiempo suficiente para prepararse en lo que ellas abandonaban la casa.
"No seas cobarde", decía el último mensaje.
El Heeler azul no sabe por qué aceptó hacer esto. Ir a casa era arriesgado, lo sabía. Una pequeña voz en su cabeza que suena sospechosamente parecida a la de su hermano mayor le dice que sabe exactamente por qué aceptó esto.
Para ser justos, Bandit no cree que haya nadie en el mundo que pueda mirar a Chilli a los ojos cuando ella lanza aquella mirada sombría con tanta frialdad y luego decirle que no. Es simplemente imposible.
La situación no había sido fácil entre ellos cuando huyó. Todos los días pensaba en qué habría pasado si no hubiera sido un gallina y se hubiera quedado en casa para afrontar las consecuencias de su acto. Todos los días, al menos una parte de él deseaba haberse quedado con su familia. Pero no lo había hecho. Había huido, y debía enfrentarse a las consecuencias una vez más. Ahora estaba aquí de pie, con la mirada clavada en la puerta, pero sin ganas de moverse. Estaba nervioso, demasiado nervioso. Jugueteaba con sus llaves y miró alrededor, buscando una distracción, o una manera para escapar.
"Solo es una charla, maldito idiota", se pateó mentalmente.
Ira, irritación, entre muchas otras emociones que no quería admitir, era lo que sentía a menudo en estos días. Miró sin ver al frente por un momento y luego, cuando sus ojos llenos de miedo finalmente se enfocaron, sintió una llamarada de dolor.
Tal vez estaba pensando demasiado en Chilli, pero es su esposa. Incluso con su rivalidad y su temperamento vigoroso, siguen siendo esposos y se supone que se cuidan mutuamente. A pesar de que en este momento no lo mencionaría, ni siquiera bajo tortura.
Pensó en su vecina, solo para liberar un poco la presión. Había sido un pensamiento que podría haber estado evitando en ese momento. O tal vez no la había considerado en absoluto, después de todo, no hay lógica en todo esto. Tal vez, había estado en una especie de aturdimiento: lo sabía, pero al mismo tiempo, no comprendía por qué.
La ira, la irritación que había persistido durante tanto tiempo, se había reducido a un susurro. Cerró los ojos y respiró hondo varias veces. Finalmente abrió la puerta y entró.
Lo primero que encontró fue a su esposa, de brazos cruzados, mirándolo fijamente. Su expresión era tan parecida a la de su padre cuando lo regañaba que le hizo retroceder un paso.
—"…Chilli…", pronunció apenas.
El Heeler azul se encogió de miedo cuando escuchó a su esposa hacer un gesto ruidoso. Y, mientras esperaba algún comentario, lo único que podía imaginar era que en algún momento lo regañaría, insultaría o simplemente le daría un golpe.
Sin embargo, ella no dijo nada, simplemente se dirigió al salón.
Ella podía tener una mirada tan pétrea como la de su padre, pero podía mostrarle un par de cosas cuando se trataba de una confrontación.
Bandit la siguió, desconcertado.
Una vez en el salón, permaneció en silencio. Ella estaba… inquieta. Apenas hizo un movimiento leve, pero el Heeler azul no pudo evitar notarlo. No cuando normalmente era tan estoica.
—"… ¿Cómo… están las niñas?", preguntó él, tratando de iniciar alguna conversación y no caer en un silencio incómodo.
—"Por fin te preocupas por ellas", refunfuñó.
El cerebro de Bandit ni siquiera registra las palabras y apenas tiene tiempo para procesarlas antes de que Chilli se enderece, con una mirada severa en su rostro.
—"Ellas están bien…", agregó luego, "Aunque deberías saberlo si estuvieras más tiempo con ellas", regañó.
Sus palabras le desconciertan. Un dolor punzante en su pecho comienza a formarse. Hay un nudo en su garganta.
—"¿Por qué no fuiste capaz de venir a verlas?", inquirió ella.
Él la miró fijamente, en silencio. Sus emociones se desvanecen lentamente hasta convertirse en aprensión. Sin embargo, a pesar de su expresión miserable, trata de mantenerse neutral.
Respiró hondo mientras cruzaba los brazos, "No podía…". Fue la única palabra que salió de su boca.
—"¿No podías?", espetó ella, haciendo un ruido desdeñoso. "¿Cómo que no podías?", repitió molesta.
—"… yo… simplemente… no podía volver", tropezó con sus palabras.
—"Cabrón…", lo miró con desprecio.
Un silencio comenzó a formarse. La conversación había desaparecido, y solo quedó una furia repentina como ninguna otra.
—"Al menos tuviste la dignidad de venir hasta aquí", reconoció Chilli de mala gana, un minuto después.
Bandit no respondió, simplemente asintió lentamente, cabizbajo.
—"¿Por qué no me devolviste las llamadas? O ¿Por qué no contestaste mis mensajes?", preguntó ella, mientras lo observaba con ojos inquisitivos.
Él decide desviar su mirada a otro lado.
—"… Necesitaba tiempo…", es lo único que elige decir.
—"¿No tenías tiempo para mí, pero sí para Wendy?", pregunta con frialdad.
Él levantó la cabeza de golpe para mirarla fijamente.
—"Sé que ella fue a verte", aseguró, con una mirada severa. "Y no me mientas. Ella estuvo aquí ayer y me lo confirmó", advirtió.
Él hizo todo lo posible por captar cada pequeño detalle ante la revelación de su esposa. De pronto su expresión de decepción se transformó en preocupación.
—"… ¿Qué fue lo que le hiciste?"
—"¿Acaso te importa más ella que yo?", inquirió con una mirada desdeñosa.
—"¿Qué? No…", levantó las manos apaciguadoramente. "Pero… te conozco y sé de lo que eres capaz", aseveró.
—"Eso no te incumbe", dice tajante, "Ahora responde, ¿Por qué ella?"
Los ojos de la Heeler roja estaban entrecerrados en una furia que hace que el Heeler azul quiera echarse para atrás. Refunfuña mentalmente, lamentándose por haber venido mientras que se maldice así mismo por no tener el suficiente coraje para responder.
—"… Necesitaba ver a alguien", fue lo que atinó a decir para justificar su decisión.
—"¿Ella era una opción?", siseó indignada.
—"¡No! Pero...", protesta él, siendo interrumpido.
—"¿Pero qué?", farfulló.
Su mirada seria y molesta hizo que Bandit se detenga en seco.
—"Yo…", pronuncia apenas, con una voz apagada.
—"Querías estar con ella", dijo con toda la seguridad del mundo.
Él se quedó inexpresivo. "Eso no es…"
—"¿Te atreves a cuestionarme?", vuelve a interrumpir, con un tono que parece amenaza.
Bandit baja los ojos. "No…"
—"Eres un ignorante incompetente", manifiesta en una furia que hace su esposo no diga nada más. Cree que se le puede quebrar la voz si lo intenta. "Al menos creí que tendrías un poco de dignidad ¡Pero no! ¡Me seguiste engañando con ella!"
—"Chilli…", pronuncia él en tono tranquilizador, "Cálmate…".
—"¿Calmarme?", pregunta, subiendo el tono. "¿¡Cómo pretendes que me calme!? ¿¡Acaso eres consciente de lo que está sucediendo!? ¡Me estás engañando con Wendy!".
—"¡Yo no te engañé!", exclamó, con su labio temblando un poco. "Ya te lo dije. Me besé con Wendy, pero no pasó nada más", pudo seguir, segundos después.
A pesar del tono convincente de su voz, la Heeler roja estaba lo suficientemente familiarizada con el lenguaje corporal de su esposo como para reconocer el miedo o el nerviosismo cuando lo veía.
—"Bésame", ordenó ella.
—"¿Qué?", preguntó torpemente.
—"Ya me oíste", farfulló.
—"… ¿Ahora?"
Chilli no hizo comentario alguno, simplemente se cruzó de brazos. Bandit tragó saliva ruidosamente, se acercó y le dio un rápido beso en la mejilla. Ella se queda callada significativamente, preocupada.
—"¿Te digo algo? Creo que te entiendo aun cuando no hablas", empezó diciendo, con una pequeña sonrisa. "Cuando amas tanto a alguien es como si pudieras ver su alma".
—"… ¿En serio?"
Chilli asintió. "Cuando alguien que te ama te besa no puede esconderte nada".
—"¿Qué pudiste ver?", la incredulidad tiñe su voz.
—"Que tú ya no me amas", responde bruscamente, volviendo a su mirada fría. "Cuando me besas piensas en alguien más", sentenció de una manera que a su esposo le desconcierta por completo.
—"Chilli, no inventes cosas…", ahora él se cruzaba de brazos. "Te besé esa noche que me confesaste todo", le recordó.
—"¿No pensaste en Wendy?", inquirió.
—"¡Yo solo te quería a ti!", clamó.
Chilli miró a Bandit con una expresión en blanco, a la que Bandit coincidió con la suya. Se miraron el uno al otro durante un tiempo incierto. Finalmente, después de una incómoda cantidad de silencio, ella decidió hablar.
—"Mira, ¿Sabes qué? No me interesa", hizo un gesto desdeñoso. "Solo quiero saber si vas a seguir viéndola"
El Heeler azul la estudia con aire calculado, aparentemente tratando de determinar las palabras de su esposa. Una mirada malvada y un ceño fruncido firme le demostraban que estaba hablando en serio.
El silencio después de aquella pregunta se siente tenso. Hay muchas cosas que Bandit podría decir. Sin embargo, elige hacerle una pregunta.
—"Tú… ¿Seguirás viendo a Pat?"
Ella casi se sobresalta, pero de todos modos logró mantener la compostura.
—"Yo estoy dispuesta a dejar de verlo a él o a quién haga falta con tal de salvar a esta familia", objetó.
—"¿Janelle sabe lo que hicieron?", preguntó más como contraargumento.
Ella no respondió. En cambio, hizo una mueca de desprecio y desvió su mirada. Él supo que había una vulnerabilidad inesperada en aquella pregunta debido a su expresión.
—"¿Te das cuenta de que arruinaste dos familias?", espetó él.
Ella volvió a mirarlo. "¿Yo?", se señaló a sí misma y resopló. "¡Por favor! ¡Yo no fui la que decidió acostarse con nuestra vecina en primer lugar!", alegó, con un dejo de fastidio.
—"¡Yo no me acosté con Wendy!", insistió, cada vez más molesto.
—"Entonces, ¿Qué estuviste haciendo todo el tiempo que yo no estuve?"
—"Disfruté una grata conversación con una mujer que no decía "¿Dónde está esto?", "¿Ya compraste aquello?" o "Encárgate de las niñas que yo no puedo"", explicó, lo más calmadamente posible.
La Heeler roja se calló por un momento, manteniendo su mirada fría y frunció el ceño más que antes.
—"Sabes que puedes tener conversaciones conmigo", musitó.
—"¿Cuando? Siempre estás trabajando, y cuando vuelves a casa estás cansada todo el tiempo", espetó. "Ya olvidé la última vez que hicimos algo juntos solo los dos".
El silencio después de sus palabras se vuelve a sentir tenso. La actitud fría y austera de la Heeler roja parecía haberse entibiado considerablemente.
Hay muchas cosas que el Heeler azul podría decir e ir directo al grano. Pero tenía que tener calma. Cada vez que se excedía en sus ansias, ella le encontraba algún defecto, y él solo le daba más municiones para provocarlo.
Chilli comenzó a caminar de un lado a otro. Parecía desesperada. Bandit sintió una punzada de culpa por haberle mordido verbalmente la cabeza por ello. Tal vez debería disculparse...
—"Escucha, Chilli, yo..."
—"Supongo que tienes razón…", lo interrumpió ella en voz baja, sin mirarlo a los ojos, con la expresión en blanco.
Él rebobinó la conversación anterior en su mente, tratando de encajar su respuesta en ella.
—"… ¿Qué?"
Ella Dejó de caminar. Cruzando los brazos y adoptando una postura amplia, ahora se encontró con su mirada. Su expresión pareció suavizarse un grado o dos.
—"Dije que supongo que tienes razón", repitió de mala gana. "Quizás tengas razón de que no disfrutamos de nuestro tiempo a solas… y quizás tengas razón de que no hemos conversado mucho últimamente", reconoció, a medias.
—"Oh…", soltó, sintiendo un alivio, "Bueno, es que…"
—"No he terminado", se apresuró a decir. "Pero ¿Eso te da el derecho de reemplazarme?"
Todo había quedado en otro absoluto silencio cuando soltó esa frase, que en apenas unos segundos logró darle una punzada en el pecho a su esposo.
—"¿A qué te refieres?", exigió respuestas.
—"¿Qué no es obvio?", preguntó, como si estuviera ofendida. "Quieres estar con ella porque crees es mejor mujer que yo"
—"Chilli, no hay mejor mujer que nadie", negó con la cabeza mientras hacía un gesto con las manos.
—"Entonces, ¿Me vas a negar que no la pasaste bien con ella?", preguntó, curiosa, intranquila, intrigada.
Bandit le dirigió una mirada extraña, pero consideró la pregunta su esposa. Empezó a moverse, tratando de averiguar cómo expresar sus pensamientos.
—"Sí. Quiero decir… Somos amigos, y… nos hemos ayudado mutuamente, supongo…", empezó a jugar con sus dedos, casi nervioso. "Disfrutamos del tiempo juntos. Reímos, nos divertimos, compartimos cosas y bueno...", detuvo la frase, al igual que sus movimientos. Sus ojos viajaban por todas partes menos hacia su esposa.
Chilli lo miró fijamente, parpadeando como un búho. "¿Y bueno...?", insistió.
Él suspiró. "Eso es todo", sentenció.
Hubo otro silencio incómodo, que Chilli decidió romper con más averiguaciones.
—"¿Confías en ella?"
Bandit asintió, lentamente. "Sí…"
—"¿Mucho?"
—"… Sí…"
La expresión de la Heeler roja se oscureció. "Entonces… ¿Decidiste contarle lo que hice con Pat?", soltó, con los ojos entrecerrados.
El Heeler azul quedó absorto ante aquella declaración. El hecho de que su vecina se enterara del acto reprochable de su esposa obviamente le había generado dudas cuando ella misma se lo dijo anoche. Estaba claro que ni él ni su esposa tenían idea de cómo se enteró de aquello.
—"¡Contesta!", clamó, cada vez más punzante.
El Heeler azul pareció indeciso por un segundo mientras pensaba brevemente sobre lo que iba a decir. Su labio tembló un poco y respiró hondo.
—"…Sí, lo hice", mintió, agachando la mirada.
—"¡LO SABÍA!", exclamó, apuntándole con el dedo. "Y yo que le había echado la culpa a Frisky…", se lamentó en voz baja. "Ahora dime, ¿Por qué lo hiciste?"
—"Porque… no es justo que ella esté pasando por esto", fue la primera excusa que se le ocurrió.
—"¿Vas a decidir qué es justo?", espetó.
—"Y ¿Tú sí?", objetó. "Quiero decir… Sé que la citaste para hablar y le echaste todo en cara, pero solo le dijiste lo que te convenía", prosiguió, con las palabras apresuradas.
Una mueca de desprecio empaña el rostro de la Heeler roja.
—"¿Crees que iba a quedarme así nada más? ¿Crees que era justo para mí que ustedes siguieran como si nada luego de lo que hicieron?", se expresó con ira.
—"Pero Chilli…"
—"¡Pero nada!", intervino. "¡Estoy hablando yo!", bramó e hizo un ruido de graznido.
El Heeler azul guardó silencio. La Heeler roja, aparentemente insatisfecha con esto, se puso cada vez más mordaz.
—"No le dije nada de lo que hice, es cierto", reconoció, "Era algo que creí que solo quedaría entre nosotros y estaba segura de que jamás se lo contarías, pero me equivoqué…", resopló. "De todas maneras debí habérmelo esperado. Ya traicionaste mi confianza…", alegó con todo su aire arrogante.
El Heeler azul aspira inmediatamente una bocanada de aire y cierra los ojos con fuerza. Su piel hormiguea. Traga saliva, con el estómago repentinamente inquieto.
Habían tenido años de felicidad conyugal, pero ahora ni siquiera podía mirar a su esposa a los ojos. La había amado. La había amado tanto. Pero nunca se había dado cuenta de que a veces el amor no es suficiente.
Bandit igualó la mirada de Chilli con firmeza. Apretó los dientes. Sus manos se cerraron en puños. Reprimiendo el impulso de gritarle, eligió sus palabras con cuidado.
—"¿Se supone que debo tomar eso como una especie de disculpa?", sus ojos brillaron; estaba enojado con ella, aunque trató de ocultarlo para que no se le notara en la voz.
—"¿Quién dice que me estaba disculpando?", le desafió ella, negándose obstinadamente a acercarse a él. "Además, no te pedí que vinieras para disculparme. Solo quiero que me digas, ¿Cuándo vas a terminar con tus payasadas y volver aquí?", replicó firme.
Sus palabras son feroces, pero el Heeler azul no quiere doblegarse bajo su mando, incluso cuando la ira amenaza con estallar salvajemente en su pecho.
—"¿Pretendes que vuelva aquí?", espetó, con un dejo de molestia.
—"Por supuesto", respondió sin rodeos.
—"¿Así como si nada?"
—"No, de hecho, ya tengo planes"
Él la miró con incredulidad durante unos segundos. "¿Planes?"
—"Así es", asintió, "Volverás aquí, pasaremos las fiestas juntos, reunidos en familia, y luego decidiremos sobre la mudanza en otra…"
—"Espera-espera-espera-espera…", la interrumpió de inmediato, creyendo haber escuchado mal. "¿Cómo que mudanza?"
—"¿Qué no es obvio?", preguntó, aunque no sonó como una pregunta.
Las cejas de Bandit se inclinaron en señal de preocupación. "No estarás hablando en serio…"
—"Hablo muy en serio", se cruzó de brazos. "Es lo mejor", sentenció.
—"¿Lo mejor para quién?"
—"Para todos"
A Bandit le temblaron las manos. La ira irracional y el miedo latían como lava al rojo vivo por sus venas.
¿Qué derecho tenía su esposa para tomar ese tipo de decisiones? Y peor aún, ¿Cómo estaba segura de que él cedería ante sus órdenes?
La tensión cayó en oleadas. No podía perder los estribos.
—"¿Qué acaso no pensaste en las niñas?", pronunció, con una respiración entrecortada y estresada.
—"Por supuesto que pienso en ellas, algo que tú no has estado haciendo todos estos días", protestó, deliberadamente cruel.
Él frunció el ceño. "¿Crees que no pienso en ellas? ¿De verdad crees que no pienso en ellas? ¡Pues te equivocas!", replicó molesto.
El tono de voz y su actitud hicieron que la Heeler roja se quedara en silencio. Entonces, el Heeler azul prosiguió.
—"Tú no tienes ni la menor idea de lo mucho que pienso en ellas todos los días, preguntándome constantemente cómo están o si…", se interrumpió, respiró tembloroso y volvió a intentarlo, "… O si me extrañan". Respiró hondo de nuevo. "Y yo… Ni siquiera sé cómo regresar y hacer de cuenta que todo está bien cuando...", las siguientes palabras salieron a toda prisa, "¡Cuando ni siquiera sé con qué cara mirar a su madre!"
La Heeler roja parpadeó repetidas veces cuando las palabras la alcanzaron. Ella retrocedió un poco. Su voz se redujo a un susurro cuando soltó: "Al menos podrías fingirlo".
—"¡No-no-no-no-no!", repitió, sacudió la cabeza con disgusto, "Tal vez para ti sea muy fácil, pero no para mí", señaló.
—"Sabes tan bien como yo que las cosas ya no volverán a ser como antes", advirtió, "Es por eso que tendremos que hacer un esfuerzo juntos hasta que todo se normalice un poco", alegó, con bastante firmeza.
—"Y ¿La mudanza?"
—"¿Qué hay con ella?"
—"¿Realmente crees que es lo mejor?", volvió a cuestionarla sobre el tema.
—"Por supuesto", asiente con seriedad.
—"Y… ¿Qué va a pasar con las niñas? O ¿La escuela?", inquirió.
—"No hay que preocuparse por eso", le aseguró. "Solo tenemos que explicarles y lo entenderán perfectamente, así como lo hicimos hace unas semanas", le recordó. "Además, no nos mudaremos a otra ciudad, solo lo suficientemente lejos de este lugar", clarificó, "Y con lo demás no pasará nada. Las niñas podrán seguir yendo a la misma escuela" sostuvo. "De hecho, creo que podremos encontrar perfectamente un lugar que esté cerca del trabajo y la escuela".
Bandit traga saliva por reflejo. Su boca sabe a amargura total. Ahoga un ruido que espera que Chilli interprete como un murmullo de desacuerdo.
—"¿En serio pretendes que abandonemos esta casa?", cuestionó, haciendo un gesto amplio con sus brazos. "¿Esta misma casa donde compartimos tantos recuerdos?"
—"Esos recuerdos ya no significan nada…", balbuceó, con cara seria. "Además, no tendremos que estar rodeados de gente indeseable".
—"Wendy no es indeseable", le espeta.
Chilli volvió a fruncir el ceño. "¿Vas a defenderla de nuevo?"
Él no dijo nada, solo sacudió lentamente la cabeza, mirándose los pies.
—"…Tú…", pronunció apenas luego de unos segundos.
Ella levantó las cejas como una señal para que él continuara. "¿Hmmm?"
—"…Tú… ¿También crees que Pat es alguien indeseable? O ¿Acaso estás intentando huir de las represalias de Janelle?", suelta, con la voz mucho más alta y temblorosa.
El estómago de la Heeler roja se congeló en una bola de hielo en ese segundo. Parecía que aquellas palabras la dejaron sin aliento. Su expresión cambió considerablemente.
—"E-e-e-eso no es asunto tuyo", parloteó, con un ligero temblor en su labio, luego miró hacia otro lado.
Por un momento, hubo silencio. Ni un solo susurro. Todo estaba opresivamente silencioso, hasta que estallaron bufidos que, en poco tiempo, llenaron la habitación de estática.
—"¿No te parece un poco hipócrita lo que estás haciendo?", espetó él, en un tono natural.
La Heeler roja dejó escapar una exhalación temblorosa. Nunca esperó que las palabras de su esposo le provocaran cierto impacto. Era una sensación indescriptible. De alguna manera, verlo cuestionándole sus propias actitudes la llenó de algo. ¿Decepción, tal vez? No, no era decepción, era una emoción demasiado deslucida para ser decepción. ¿Algo así como miedo? Ni siquiera lo sabía.
—"¿Por qué eres así?", gruñó Bandit.
—"... ¿Así cómo?", preguntó ella, sin mirarlo.
—"Sabes de qué estoy hablando", espetó, "Estás tan engreída y arrogante".
La Heeler roja se preguntaba si él había dicho eso solo por el simple hecho de lastimarla, sin precisión o motivos ocultos en mente, ignorando por ahora la vocecita en su cabeza que le decía que algunos de sus puntos tenían mucho sentido. Volvió a mirarlo y frunció el ceño obstinadamente, por alguna razón, desesperada por rechazar ese diálogo interno negativo. No sabía por qué lo había hecho, simplemente no se sentía bien en su cabeza.
El Heeler azul sabe que la frustración de su esposa ante sus comentarios es evidente en su voz cuando suelta: "¿¡Con que derecho te atreves a decirme eso!?". Un leve destello de dolor en su rostro que fue rápidamente enterrado.
—"Con el mismo derecho que tienes de acusarme", refunfuña.
—"¡Cállate!", replicó, "Yo tengo motivos más que suficientes para acusarte".
—"¿Y yo no tengo motivos para juzgarte?", rebatió.
—"¡Si hay un malo en esta historia, ese eres tú!", gritó como un pollo sin cabeza.
—"Nunca dije que hubiera un malo", alegó, con un dejo de molestia, "Y tampoco negué lo que hice o dije que estuviera bien"
Chilli contraatacó. "¿¡Te acostaste con Wendy!?"
—"¡No! ¡No lo hice!", Bandit estaba prácticamente gritando. "¿Cuántas veces tendré que decirlo? ¡Solo nos besamos! Fue todo un..."
Chilli interrumpió enojada: "Y si se te hubiera dado la oportunidad, ¿Lo habrías hecho?"
Hubo una pausa incómoda. Bandit le lanzó una mirada dubitativa.
—"¿Realmente quieres saber eso?", cuestionó.
—"Por supuesto", respondió ella con firmeza.
Él resopló con exasperación. "Ya te lo dije. Pude haberte engañado si hubiera querido, pero no lo hice", dijo sin preámbulos. "Tuve varias oportunidades para hacerlo y no lo hice. ¿Sabes por qué? Porque yo siempre pensé en ti y realmente quería que estuvieras a mi lado", arrulló. Cuando su esposa permaneció obstinadamente en silencio, él continuó: "¿Sabes una cosa? No sé qué me molesta más, que te hayas acostado con Pat o…", cerró los ojos con fuerza y volvió a resoplar, "… o que creyeras que yo realmente podía engañarte".
Otra vez vuelven a sumergirse en un silencio nada confortable. La ira de la Heeler roja se atempera un poco. Parpadeaba, constantemente, asombrada de que su esposo sacara eso a colación ahora. Dirigió una mirada inquisitiva a aquel macho.
El Heeler azul suspiró cansado, como si hubieran tenido esta discusión un millón de veces antes. Estas conversaciones casi siempre terminaban con Chilli ganando, pero esta vez tenía emociones contradictorias, y sus sentimientos originales eran dispersos.
Cuando quedó claro que Bandit no iba a responder con nada más que silencio, Chilli comenzó a hablar de nuevo, esta vez con cuidado.
—"¿Cómo sé que dices la verdad?", preguntó en voz baja, rompiendo su tenso silencio.
—"¿Por qué te mentiría con eso?", cuestionó él.
—"No lo sé…", ella hizo un gesto de impotencia con las manos, "… A lo mejor intentas protegerla"
El Heeler azul hizo una mueca y desvió su mirada. Reconocía que una parte de lo que su esposa decía era cierta. Sin embargo, teniendo en cuenta su temperamento y su actitud reciente, tratar de clarificarlo todo era bastante riesgoso.
—"… A lo mejor ya te cansaste de mí", soltó ella luego, incapaz de pensar en otra explicación razonable.
—"¿Qué?", pronunció, volviéndose finalmente para mirarle.
—"A lo mejor quieres que yo desaparezca con las niñas", su expresión se oscureció.
—"No-no-no-no", volvió a negar con la cabeza. "Eso no es…"
—"O a lo mejor quieres empezar una nueva vida con ella", interrumpió y su voz se alzó con frustración. "Eso quieres, ¿Verdad? ¿Eso quieres?", agregó rápidamente.
—"No, no, por favor...", suplicó en silencio, punzante. "Yo, solo…"
—"Muy bien, no podrás hacerlo", le interrumpió nuevamente, "Tienes una familia a la que debes de hacerte cargo", manifiesta con fiereza.
Cuando el Heeler azul miró fijamente a su esposa, notó que sus ojos estaban lívidos de ira, con un ligero barniz de tristeza debajo. Una emoción que no podía etiquetar, pero que oprimía fuertemente su conciencia. La inquietud convertida en cebada contenía miedo.
—"Siempre me hice cargo de mi familia, Chilli", su voz era tranquila, pero requirió mucho esfuerzo mantenerla así.
—"Lo hiciste?", preguntó retóricamente.
Bandit le lanzó una mirada de sorpresa y reproche.
—"Sí, lo hice", gruñó afirmativamente.
Ella hizo caso omiso de ese comentario y se limitó a mirarlo sin interés.
—"Me he hecho más cargo de esta familia y he estado más tiempo con las niñas del que tú deberías estar", manifestó él sin tapujos.
—"¡Basta!", masculló, callándolo de inmediato, "¡No te permito que me hables así!", su tono no dejaba lugar a discusión. "¡He pasado tanto tiempo o más que tú!"
Él frunció el ceño. "¿No recuerdas que prometiste tomarte vacaciones?", señaló.
—"No recuerdo nada", alegó con furia, aunque consideró sus palabras. "Tal vez tú lo supusiste, pero nunca lo expresé o lo consideré", aseveró.
—"Sí, lo hiciste..."
—"¿Cuándo?"
—"¡Antes de que te fueras de viaje!", exclamó.
Ella miró hacia otro lado. "Pues no lo recuerdo…", espetó, con cierta incredulidad.
Él resopló. "Por favor, Chilli, desde que aceptaste ese puesto ya no tienes tiempo para tu familia".
Chilli frunció el ceño, mirando a su esposo con recelo. "¡Te recuerdo que tú renunciaste a tu trabajo cuando tuviste un ascenso!"
—"¡No era algo que yo quería!", clamó, "Solo creí que…", su voz se fue apagando, "...que era lo mejor".
Sus palabras resonaron en ella. Sin embargo, no bajó la guardia y su rostro se mantuvo impasible.
—"Al menos gracias a mí trabajo tenemos una gran vida", replicó ella sardónicamente.
Bandit se mostró indignado. "¿Llamas a esto "una gran vida"?", soltó con avidez.
—"¡Sabes de qué hablo!", espetó, pero mientras trata de mantener su tono áspero, hay una confusión obvia que él puede notar.
—"¿Nunca consideraste nada antes de tomar esa decisión? O… ¿Siquiera pensaste lo que pasaría luego?", intentó cuestionar.
Ella movió la cabeza de un lado a otro. "No lo sé", soltó con cierta incredulidad. "Honestamente nunca consideré algo diferente..."
—"¡Bueno, ese es el problema!" señaló, con una voz levantada, aunque sin gritar, "Digo, soy tu esposo. ¿No te parece que debiste considerar mi felicidad también?".
Chilli se rió sarcástica. "¡Por favoooor! ¡Tú eras feliz! ¡Solo que ahora quieres hacerme creer que no lo eras!"
Bandit suelta un suspiro exasperado mientras se aprieta el puente de la nariz y trata de autocontrolarse.
—"¿Acaso tú me preguntaste si yo era feliz?", volvió a cuestionar.
—"No necesitaba hacerlo", dijo con desdén. "Además, tú mismo me dijiste que no querías viajar tanto y preferías quedarte con las niñas", le recriminó.
—"¡Claro que sí!", admitió con todas sus fuerzas, "Pero estaba logrando tantas cosas en mi trabajo", le hizo saber. "Había hecho tantas investigaciones y estuve a punto de descubrir muchas cosas que…"
Ella le interrumpe. "Desearías que yo no hubiera aceptado ese ascenso, ¿Es eso?", inquirió, sin darle tiempo a responder. "¡Pues lo lamento! ¡Esto es lo que pasó!"
Bandit no hizo ningún comentario. En cambio, se esforzó por no inquietarse ni alterarse.
Por su parte, Chilli continuó con su perorata, sosteniendo una mirada retadora.
—"¿Sabes una cosa? Me parece increíble que tengas el morbo para decirme todo eso", reprochó, "¿Acaso te quedaste sin excusas y estás buscando la forma de hacerme sentir mal? ¿¡Qué clase de hombre eres!?"
Decir que estaba molesto por el nuevo giro de la conversación sería quedarse corto. Agonía abrasadora. Siente que su pecho estaba en llamas. Todo era dolor y negrura y ni siquiera podía respirar, le dolía tanto...
—"Chilli…", pronunció apenas, pero su esposa le interrumpió.
—"Estás taaan inmerso en tu propio egoísmo que… ¡Ni siquiera puedes identificarlo como egoísmo!", acusó sin rodeos.
Su corazón late fuerte en su pecho y siente un regusto a bilis en el fondo de su garganta porque, solo por un momento, esto realmente le estaba desesperando.
—"Chilli...", volvió a pronunciar Bandit, intentando hablar, pero fue interrumpido nuevamente.
—"¿Qué me vas a decir? ¿Qué estoy equivocada? ¡Adelante! ¡Hazlo!", le desafió.
La voz de Bandit comienza a temblar. Ya no puede mirar a su esposa. Se sintió incómodo cuando una mirada de ese rostro frío como una piedra fue disparada hacia él. Parecía que iba a ceder ante sus demandas por más absurdas e injustas que fueran, como si sugiriera que la gravedad sube y las estrellas arden frías.
Ahora él se mira las manos. Inhala, exhala, inhala, exhala...
—"Lo sabía", se jactó ella con un dejo de molestia. Sus labios formando una delgada línea y su voz bordeada de un leve escepticismo. "Siempre fuiste un cobarde que solo sabe cometer errores y esconder la cabeza"
Bandit se llevó las manos a la cara y suspiró en voz alta. Solo intentaba hablar. Ahora tiene que lidiar con todo esto. Estaba llegando al límite de su paciencia.
—"Después de todos estos años, ¿A dónde se fue mi vida? ¿Acaso ya nada vale...?"
—"¡CALLATE, MALDITA SEA! ¡CALLATE!", Bandit le gritó en la cara a su esposa, interrumpiendo sus protestas, sus acusaciones, sus cavilaciones.
Chilli parpadeó, tan sorprendida como asustada por su repentino arrebato. Su voz bajó hasta casi un susurro y apenas pudo balbucear algo.
Hubo un silencio ensordecedor y el Heeler azul aprovechó la oportunidad para continuar.
—"¡He estado a tu lado, Chilli! ¡Siempre he estado a tu lado!", comienza, con la voz mucho más alta y grave. "¡He dado más de diez años de mi vida para estar contigo! ¡He hecho todo por ti! ¡Dejé todo por ti! ¡Quise que fueras feliz! Y… ¡Nada de eso importó!", gritó, soltando todas las emociones que normalmente mantenía reprimidas.
Las siguientes palabras son un poco difíciles de pronunciar. Las deja reposar en su boca antes de decirlas, dejando que se le escapen lentamente de la lengua una vez que estén maduras y listas para caer.
—"¿No crees que quise otras cosas? ¿No crees que tenía derecho a decidir? ¿No crees que tenía sueños, anhelos o deseos? ¿¡Qué hay de mí!?", sintió que el gruñido le quema la cara, las crueles palabras que le suben por el pecho como bilis. "Tú no eres la única que tiene prioridades. Tú también cometes errores porque no eres capaz de imaginar otros deseos que no sean los tuyos. Y siempre tomas decisiones sin consultarme. Pero acepté todo porque eres mi esposa y yo de verdad te quería, pero ahora ya no sé qué sentir", soltó, con una ira tan intensa que se le quebró la voz. "Te veo y… ya no sé a quién veo", sentenció, cerrando sus ojos con fuerza.
—"Oh...", era todo lo que Chilli podía reunir vergonzosamente.
La expresión del Heeler azul se endurece mientras vuelvan a caer en silencio. Es un largo silencio. La Heeler roja bajó la mirada, Ignorando la punzada en su pecho. Parece más herida que incomodada por esas palabras.
—"¿Sabes una cosa? Fue un error venir aquí", manifestó con furia el Heeler azul mientras se daba la vuelta para marcharse.
—"¡Espera!", la Heeler roja se acercó rápidamente y agarró a su esposo del brazo.
—"Déjame…", eso fue todo lo que le dijo.
—"Aún podemos hablar…", intentó razonar ella.
—"Ya no hay nada de qué hablar", alegó, con voz fría, negándose a mirarla mientras hablaba, y algo en su tono hizo que la sangre de ella se convirtiera en hielo en sus venas.
—"Bandit, por favor", suplicó, sintiendo que su corazón comenzaba a latir con fuerza en respuesta a su repentina crueldad.
—"¡Dije que me dejaras!", gruñó mientras intentaba zafarse de su agarre.
—"Tú… ¿Aún me amas?", preguntó, con desesperación. Sus ojos se pusieron vidriosos.
El Heeler azul se detuvo y pensó en su pregunta por unos segundos en silencio.
—"Siempre te querré sin importar lo que pase. Eres mi esposa y la madre de mis hijas", dijo con franqueza. "Pero no puedo estar aquí ni hablar contigo mientras tengas esa actitud".
Ella se estremeció ante su tono, pero a él ya no le importó. Entonces, otra duda la invadió.
—"¿Amas a esa mujer?"
La pregunta del millón de dólares para la que no tenía respuesta. Él giró la cabeza de golpe para mirarla fijamente: "Adiós, Chilli", pronunció. Luego siguió su camino y se fue sin decir una palabra más.
La Heeler roja no tenía la energía para enojarse ni para seguir hablando. Parecía que no tenía más que decir, no más acusaciones, no más exigencias, porque ya lo había dicho todo. Se pasó las manos por la cabeza y se detuvo un momento. Entonces, de la nada, soltó un grito y se tiró al suelo. Después de eso, inmediatamente respiró profundamente, tratando de recuperar la compostura.
La ira del Heeler azul se desvanece en un instante, aunque se siente tembloroso y vacío, mientras la tristeza lo recorre como una marea. Bandit se pregunta a dónde se ha ido el dolor desgarrador. Tal vez finalmente haya conseguido un cierre, aunque no puede decirlo con certeza. Da un último vistazo a la casa de su vecina, antes de subirse a su auto. Abandona el vecindario, limpiándose una lágrima.
