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(Phantomhive manor: Bathroom)

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Aren: Quiero conservarlo - sentencia con una expresión sería

Tanaka: Usted desea… ¿quedarse con él? - expresa con duda mientas Aren se aferra a sus prendas - pero joven, esa ropa está muy sucia y tiene demasiados agujeros - toma su ropa para detallarla un poco más

Aren: Pero pueden arreglarlo ¿no es así?

Tanaka: Imposible, la tela está muy desgastada y un arreglo de esta magnitud implicaría muchos parches - niega con resignación - ¿no sería más apropiado confeccionar uno parecido?

Aren: ¡Nunca! - grita, arrebatándole el vestuario - ¡esto es muy valioso para mí, todo lo que llevo es importante y no pienso deshacerme de nada!

Tanaka se sorprende al ver la reacción tan explosiva que tuvo Aren al saber que su traje sería cambiado. Al final deja ir un suspiro y esboza una amable sonrisa, recordando lo receloso que llega a ser el conde con el anillo de los Phantomhive.

Tanaka: Muy bien, joven maestro, haré todo lo posible por arreglarlo sin remplazar ni una sola pieza

Aren: ¿Cómo puedo confiar en ti? - alza una ceja - ¿cómo sé que no mientes?

Tanaka: Puede añadirle algo a la ropa luego de que me retire, entonces no sabré lo que es hasta no arreglarlo - ante sus palabras Aren entrecierra sus ojos, haciendo un puchero al adentrarse a la bañera sin mojar la ropa

Aren: Bien…

El hombre más viejo asiente y realiza una reverencia.

Tanaka: Dejaré que se bañe, usted puede dejarlo ahí. Vendré a recogerlo después - antes de retirarse Aren alcanza a tomar una de las coletas de su frac, impidiendo que avance

Aren: Señor mayordomo espere - el susodicho se da vuelta - ¿podría recordarme su nombre?

Tanaka: Claro. Yo soy Tanaka, pero usted puede llamarme como guste

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En las frías y solitarias calles de Londres, en un establecimiento que ya cerró, pero que aún no duerme se puede observar la danza de una vela a punto de fundirse en si misma. La niebla callejera que camina bajo la luz de una gran luna blanca la observa desde afuera, cubriendo todo cual nube que ha descendido del frío cielo británico.

En el interior del lugar, aquella antigua vela añade ligeramente calidez a su entorno mientras su último cliente parece estar cada vez más ceniciento. Con cuidado, añade a sus parpados cerrados un tenue color rosa, con el que le daría algo de vida a su rostro. Para sus labios, aquel hombre optó por algo mucho más descarado usando en ellos un tono profundo y vivaz.

Por otra parte, el sonido de un mesclador de cristal termina desconcentrándolo por completo, obligando al más alto a llevar su atención a quien lo ha interrumpido.

¿: ¿Por cuánto tiempo planeas maquillar a ese cadáver?, ya me estoy aburriendo - menciona inexpresivo

Undertaker: Mi ocupación requiere de tiempo - ignorando las miradas fulminantes de la persona que lo acompaña, continúa con el retoque final, pintando sus labios con un frío, pero elegante rojo, dejándola perfectamente lista…

Para ser llevada a la oscuridad.

Aquel hombre de blanca cabellera cerró el ataúd y se encaminó al mostrador, guardando todos y cada uno de los implementos que usó, recordando con cierta melancolía cuando tuvo que usarlos hace tres años.

Por otro lado, su atención recae en la rosa que ha quedado sobre la mesa, cayendo en cuenta que ha olvidado ponérsela a la agradable persona que lo estuvo escuchando toda la noche; sin embargo, antes de tomar la flor una mano golpea la superficie, aplastando la delicada rosa. Al levantar la mirada, reacciona ante el brillo de un cuchillo aproximándose a él.

Undertaker: Veo que eres ágil - esboza una sonrisa - pero…

Antes de que su rival fuese capaz de conectar su ataque, el enterrador despliega su guadaña y lo golpea con el mango de su arma, lanzando a su oponente a un ataúd cercano.

Undertaker: Has olvidado que yo no soy igual a los hombres que has matado en el pasado - sin borrar su expresión avanza lentamente mientras su Hoz va desapareciendo poco a poco

Por otra parte, el más joven lucha por incorporarse; no obstante, le resulta difícil hacerlo, su cuerpo se ha vuelto pesado, imposible de levantar por sí mismo.

¿: ¿Qué diablos eres? - frunce el ceño al tenerlo de frente

Undertaker: Esa es tu debilidad - acerca su rostro - te vuelves impulsivo y te impacientas con facilidad, eso nubla tu juicio. Eres ágil ciertamente, pero yo soy más rápido

¿: Da igual que seas mejor que yo, solo déjame ir - relaja su expresión, pero ante sus palabras aquel peliblanco no dudó en soltar una carcajada, acción que lo sorprendió ligeramente

Undertaker: ¡Claro que te dejaré ir! - su sonrisa se amplía mientras su tono de voz se vuelve cada vez más ronco - solo porque me has hecho reír - lo toma del cuello de la camisa y lo sienta - pero antes de que te vayas…

Sin soltarlo, rebusca usando su mano libre entre su ropa hasta sacar un objeto. Aquel se trata de un reloj, donde las manecillas giran en sentido contrario. Undertaker lo posiciona frente a él, dejando que se balancee ante sus orbes oliva.

Undertaker: Sería una pena ir sin invitación y no llevarle un presente adecuado como bienvenida al nuevo miembro de la familia… - como si se entendieran, sus miradas chocan entre sí, siendo tan diferentes la una con la otra, pero llevando los mismos ojos

¿, Undertaker: Aren Phantomhive

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(Phantomhive manor: Bathroom)

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La noche se estremece en un fuerte relámpago que ilumina el cielo. Aren observa la ventana desde la bañera, aquella se encontraba cerrada, pero con las cortinas desplegadas, permitiendo que la luz ingrese por los ventanales.

Los rayos siempre eran presagios de fuertes lluvias en Inglaterra, entonces debería estar preparado para una fría jornada nocturna. Es lo que piensa el pelirrojo. Cuando estaba por salir de la bañera otro relámpago lo sobresalta, escuchando al mismo tiempo algo metálico que se ha estampado contra el suelo.

El ojiverde voltea asustado en dirección al ruido anterior, algo se ha caído del lavamanos. Aren se incorpora lentamente, tomando la toalla que Tanaka dejó en el biombo para él. Una vez listo se encamina hacia el objeto, percatándose que es nada más y nada menos que su reloj.

Aren: ¿Cómo te has caído? - al levantarlo, verifica que no se haya dañado por el golpe; no obstante, se sorprende cuando al darle vuelta este ha empezado a funcionar - ¡¿cómo?! - lo ve detalladamente - ¿no que no daba la hora? - menciona sin quitarle la vista de encima. Sumergido en sus teorías es abruptamente sorprendido

Tanaka: ¿Joven maestro, ya está listo?

Aren: ¡Aun no, no tengo con que lavarme los dientes!

Tanaka: En el lavamanos he dejado su cepillo y crema dental - el ojiverde observa la cajita con sus nuevas pertenencias - por favor dese prisa, ya ha pasado su hora de dormir

Aren: ¡Ya voy!

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Tras lavarse los dientes, Tanaka lleva a Aren al cuarto para que pueda ponerse la pijama. El lugar es bastante espacioso, quizá demasiado. No poseía cosas exuberantes ni exageradas como muchas de las mansiones en las que se había inmiscuido en el pasado, aun así, está se encontraba completamente impoluta y parecía estar dotada solo de lo más necesario, pero sin perder la elegancia y el prestigio que su cargo exigía.

Aren: ¡Cielos! - gira sobre sí mismo - esta no puede ser la habitación de una visita normal - observa al mayordomo quien avanza hacia las ventanas - ¿a quién pertenece este lugar realmente?

Tanaka: Es muy observador, joven maestro - responde, cerrando sus ojos por un segundo - es verdad que este no es el cuarto de cualquier invitado - procede a cerrar las persianas mientras habla - esta habitación es la del Conde, lord de la mansión - ante sus palabras los orbes de Aren se amplían

Aren: ¡Ja, ya decía yo! - al caer en cuenta de lo que está pasando su sonrisa desaparece - e_espera un momento, acaso me está diciendo que y_yo yo… - se apunta a si mismo - ¡¿que yo voy a dormir aquí?!

Tanaka: Está en lo correcto, pues de no ser así no me hubiese atrevido a guiarlo hasta aquí - se da vuelta para mirarlo - ¿por qué se sorprende?, pensé que ya lo había adivinado

Aren: ¡¿Cómo podría haberlo adivinado?!, ¡es la habitación de un Conde, ¿por qué dejarían a un extraño usarla?!

Tanaka se desplaza hacia la chimenea, haciéndole una seña al menor para que se acercara. Aren no muy seguro avanza hacia él, pero tan pronto como estuvo a su alcance el mayordomo lo tomó, sentándolo en el sillón más cercano al fuego.

Tanaka: Será una noche fría, le recomiendo calentarse junto a la chimenea - se arrodilla, quedando casi a la altura del menor, tomando sus manos - usted no es ningún extraño, joven maestro. El amo me ha ordenado tener todo listo para su llegada

Aren: ¿Su amo? - levanta una ceja - ¿acaso ese hombre me conoce?

Tanaka: Así es y es quien ha permitido que usted pueda dormir cómodo y seguro aquí, además me ha pedido que lo trate como todo un Conde de ahora en adelante - al escuchar eso su contrario niega

Aren: ¡No tiene sentido, yo no provengo de una familia de Condes, yo no soy un Conde! - frunce el ceño, recordando los rostros indiferentes de aquellos que nunca los ayudaron - ¿por qué se empeña en saber de un desconocido?, nunca he estado aquí - aleja las manos del mayordomo - ¡yo no lo conozco o ¿será que desea que baje la guardia para así usarme como su juguete?! - mira directamente a los ojos del mayordomo - ¡o peor, devolverme a ese lugar solo por dinero! ¡¿cuánto pidió su amo por mi regreso al orfanato?! - se incorpora del sillón - dígale que gracias por la comida, pero no seré nada de eso - se gira para mirarlo - quiero mi ropa devuelta, me voy

Tanaka: Por favor no diga más - se endereza - el amo jamás haría algo tan terrible como eso, además, desconocemos el hecho de que ha estado en un orfanato y por esa misma razón no dejaríamos que regresara a ese lugar si es lo que lo inquieta

Aren: ¿Cómo sé que no mientes? - lo enfrenta - cómo puedo asegurar que no ha sido su amo quien les ha obligado a hacer un voto de silencio - empuña sus manos - ¿dónde está él ahora? quiero rechazar su "oferta de buena fe" personalmente y decirle que no voy a darle lo que quiere

Tanaka: Imposible, el amo no se encuentra en la mansión; sin embargo, la orden que me dio fue bastante clara - lo ve esta vez con seriedad - él me ordenó recibirlo, pero nunca creí que llegaría antes de lo esperado, aun así, si el Conde realmente deseara infringirle algún daño ¿cree usted que se hubiese tomado la molestia de pedirme el tratarlo como un Conde?

Ante sus palabras Aren se queda en blanco sin saber que decir, dándole la razón al mayordomo internamente. Tanaka al ver su expresión suaviza la suya, acercándose nuevamente a él.

Tanaka: Joven maestro…

Aren: Soy Aren, no su joven maestro y ya entendí, no me harán daño - frunce el ceño

Tanaka: Hagamos un trato, si en su estancia aquí nota algo sospechoso dejaré que se vaya sin más - sonríe - ¿qué opina?

Aren lo ve con una ceja levantada. No había razones todavía para no creerle así que decidió probar suerte y estrechar su meñique con el suyo, dándole una mirada segura y convencida.

Aren: Tenemos un trato, no puedes faltar a tu palabra

Tanaka: Muy bien, es momento de que descanse

Aren: Pero aún tengo dudas

Tanaka: Con toda libertad, podrá preguntarme lo que le inquieta mañana y yo responderé a cada cuestión suya - responde mientras le ajusta el asegurador a la chimenea y evitar cualquier incendio, acto seguido lleva su atención al menor quien ha dejado escapar un bostezo - veo que ya está cansado

Aren: Para nada, tengo mucho ánimo todavía - menciona, queriendo parecer energético; sin embargo, no podía ocultar el hecho de que realmente está agotado por lo sucedido

Por otro lado, el mayordomo avanza hacia la gran cama y la prepara para él, invitando al pelirrojo a recostarse. Aren no refuta nada y en silencio se acomoda en el mullido colchón, siendo arropado con la caliente sábana.

Aren: Señor Tanaka, ¿por qué es tan bueno conmigo? - lo mira fijamente - no sé quién es usted y fui grosero antes, pero usted está siendo amable, ¿por qué?

Tanaka: Bueno, comprendo sus razones para desconfiar de quienes desconoce completamente y está bien - se incorpora - han pasado muchas cosas esta noche y no espero que digiera todo y confíe en nosotros sin más - toma el candelabro del nochero - aun así, mi deber es convencerlo de que mientras se encuentre en la mansión Phantomhive estará cómodo y seguro, usted no sufrirá ningún tipo de daño y de ser así, toda la servidumbre de la que dispone el lugar lo protegerá

Antes de marcharse, aquel mayordomo nota que el menor no parece dispuesto a quedarse dormido, más bien solo mira el techo de la cama.

Tanaka: ¿Qué ocurre, joven maestro, no está a gusto? - se vuelve hacia él - ¿no logra conciliar el sueño?

Aren: ¡S-sí, no hay nada de malo es solo que...! - sus mejillas se ruborizan - no, no es nada, hasta mañana señor Tanaka - sin querer hablar se acurruca entre las almohadas, evitando el contacto visual con el contrario. Aquel sonríe ligeramente

Tanaka: Si hay algo que le incomode siéntase libre de decírmelo

El bulto que se había formado bajo la cobija se sacudió en negación; sin embargo, al cabo de unos pocos segundos asomó su característico mechón rojo.

Aren: ¿Puedo desvelarme?

Tanaka: ¿Por qué razón querría usted desvelarse? Ya es tan tarde - pregunta con cierta impresión, aun sin apartar la mirada del menor - no es recomendable para su salud, pero si me permite saber la razón quizá pueda ayudarlo

Aren: Es que... no puedo dormir...sin algo... que abrazar - respondió con palabras apenas entendibles y entrecortadas

Tanaka no pudo evitar soltar una pequeña carcajada, cosa que avergonzó aún más a Aren quien se encogía bajo las sábanas.

Tanaka: Si se trata de eso solo tiene que pedirlo, joven maestro - sonríe - espere aquí, por favor

Cuando el mayordomo abandonó el lugar Aren solo tuvo que esperar algunos segundos antes de dejar de oír sus pasos, entonces se desarropa, observando la puerta atentamente.

Aren: Realmente se fue…

Con total cuidado se incorpora, avanzando hasta estar frente a la salida. Al abrir, decide asomarse primero y verificar que realmente se haya ido. Efectivamente, no se avistaba por el pasillo. De aquel semblante que mostraba desinterés y seriedad se dibuja una sonrisa llena de pillería, abandonando la habitación también.

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(Phantomhive manor: Corridors and lounges)

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Sebastian cierra detrás suyo la puerta. Había empezado su ronda más temprano de lo habitual, aprovechando que los otros sirvientes se fueron a la cama pronto ya que, según las palabras de Tanaka, él mismo se haría cargo del huésped.

Aquel avanza por los pasillos llevando un candelabro, cerrando ventanas y puertas que hayan quedado ocasionalmente abiertas. Normalmente este trabajo sería dado a un guardia nocturno, pero la falta de personal obligó al Conde a imponerle esa labor al mayordomo así que su último deber antes de poder irse a "descansar" sería verificar que todo se encuentre en su correspondiente lugar para el día siguiente, además de ser responsable de todas las llaves de la casa.

Sebastian se dirigía al siguiente salón; sin embargo, una presencia extraña lo alertó. Rápidamente, sus orbes se tiñen de un rojo vivo, llevando su atención a lo largo del corredor. De aquel extremo, un niño transitaba lentamente, ignorando el ser visto mientras guarda sus manos en los bolsillos y segundos después, ve al huésped siguiendo el mismo camino, en su caso, queriendo no ser descubierto. Aquel suceso dejó sorprendido al luciferino. En ese instante no pudo controlar el hambre que surgió dentro de sí, como si fuera un niño observando un apetecible caramelo.

Sebastian entrecierra sus ojos, cerrando nuevamente la puerta y dispuesto a seguirlos; no obstante, a solo unos pasos de su ubicación se percata de una luz que se acerca a su persona, quien al final resulta ser Tanaka. Aquel se detiene.

Sebastian: Tanaka, ¿aun despierto? - levanta una ceja con duda, su contrario sonríe

Tanaka: Señor Sebastian - inclina la cabeza en un saludo - está en lo cierto, ya estoy preparándome para ir a descansar, solo estoy culminando este día con la última orden del joven Lord Phantomhive, aun así, me resulta muy oportuno el encontrarlo

Sebastian: ¿Lord Phantomhive? - susurra mientras su mirada pasa de él y se concentra en aquel pasillo por el que minutos atrás había transitado el menor - al contrario, soy yo quien iba a su encuentro, aunque honestamente ya lo hacía dormido por lo que es una sorpresa encontrarlo rondando todavía - sonríe falsamente. Su contrario niega ligeramente y empieza a caminar

Tanaka: En realidad, tengo dos peticiones que hacerle, señor Sebastian - su contrario levanta una ceja - y ya que nos hemos encontrado, ¿sería usted tan amable de acompañarme?, parece ser que el joven maestro no logra conciliar el sueño si no tiene algo que abrazar

Sebastian: ¿Algo que abrazar? - deja ver su impresión por un segundo - que curioso - sonríe de forma burlona - en ese caso, será un placer

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Sus orbes verdes observan con atención su entorno, verificando que no haya nadie para descubrir su pequeña escapada. En su andar, se pregunta dónde es que estaba ese lugar, recordando que no hace mucho estuvo ahí. Al llegar a una puerta de gamuza roja algo le dice que por fin lo ha encontrado, siendo que hasta tuvo que bajar al primer piso.

Dudoso de abrir la puerta trata de asomarse por una de las ventanillas tras notar una luz y ruidos saliendo de este; sin embargo, tan pronto como se empinó sintió como alguien lo empujó, cayendo de rodillas al suelo. Algo aturdido y sorprendido levanta la mirada. Efectivamente, ha llegado a la cocina la cual se encuentra completamente sola. Aren se incorpora rápidamente y gira sobre sí mismo, llevando su atención hacia el pasillo, sintiendo todavía aquellas manos sobre su espalda.

Aren: ¿Alguien me empujó o solo me caí? - frunce el ceño con desconcierto

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(Phantomhive manor: Administration and finance room)

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Sebastian observa su entorno, escaneando todos los juguetes nuevos que ha producido la compañía

Sebastian: ¿Cuál debería tomar?, aun desconozco los gustos del joven lord - mira al más viejo quien avanza hasta llegar a su escritorio

Tanaka: Tiene mucha razón, Señor Sebastian - sonríe - por eso se lo confío, creo que usted sabrá que escoger para él

Sebastian: ¿Yo? - se pone serio - bueno, si me permite - detalla por última vez toda la línea de juguetes hasta que uno en el fondo llama su atención. Aquel levanta una ceja al recodarle al pequeño pelirrojo y esboza una sonrisa que solo él sabría, es maliciosa

El luciferino avanza hacia la gama de conejos de la temporada mientras la mirada de Tanaka lo sigue; no obstante, seguro de lo que Sebastian estaba por escoger, se sorprende al ver que pasa del peluche más grande para tomar uno de tamaño mediano que se encontraba detrás del mismo.

Sebastian: Este es el correcto, estoy completamente seguro

Tanaka: Es una buena elección - sonríe

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Luego de haber escogido el juguete perfecto para el huésped se retiran de aquella oficina, siendo Sebastian el último para cerrar con llave la puerta. Al estar afuera, el luciferino se gira hacia el más viejo.

Sebastian: ¿Y bien, de que se trata su segunda petición? - menciona con una expresión agradable, aunque claramente fingida. Tanaka asiente y con un ademán le indica que lo siga

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(Phantomhive manor: Administrator's office)

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Sebastian levanta una ceja con duda, observando lo poco que queda de un conjunto lleno de agujeros e hilos sueltos.

Tanaka: Verá, estaba por deshacerme de su vieja ropa; sin embargo, el joven maestro se ha negado - suspira - incluso le sugerí mandar a confeccionar uno nuevo, pero lo rechazó rotundamente - observa el traje - me dijo que este atuendo es muy importante para él y que no desea remplazarlo por nada del mundo, por lo que me vi obligado a remendarlo lo mejor posible - menciona mientras Sebastian recibe el conjunto - honestamente, no soy bueno con la costura; no obstante, reconozco que usted es excelente con la aguja - lo ve directamente - he lavado la ropa yo mismo, aun así, no consigo sellar los agujeros sin dejar parches visibles, por eso, esta es mi segunda petición - se inclina ligeramente

Sebastian: ¿Me pide que lo arregle? - observa al mayordomo

Tanaka: Por favor, el joven maestro realmente espera volver a obtener su ropa y no deseo ir en contra de esa petición, por eso he acudido en su ayuda, señor Sebastian

Aquel luciferino permanece en silencio por un momento, entonces sonríe.

Sebastian: No se preocupe, Tanaka, yo me haré cargo - cierra sus ojos por un segundo - como mayordomo de los Phantomhive, qué pasaría si no fuese capaz de hacer esto

Tanaka: En ese caso, se lo encargo

Al regresar al pasillo cada uno toma su respectivo candelabro de mano que habían dejado colgado al ingresar.

Sebastian: Bien, si no hay nada más en lo que pueda ayudar, terminaré mi inspección por la mansión - menciona con voz agradable

Tanaka: Señor Sebastian - llama su atención antes de que se fuera - agradezco de antemano toda su colaboración, realmente no habría podido escoger un mejor peluche para el joven maestro y menos arreglar un atuendo que está por desaparecer

Sebastian: Para nada - sonríe ampliamente - mi deber es ayudar en todo lo que necesite y más cuando tenemos a un huésped tan importante, ¿verdad?

El sirviente más viejo asiente, despidiéndose uno del otro y siguiendo cada quien su camino.

Por otra parte, tras abandonar aquel pasillo Sebastian muestra una expresión burlona.

Sebastian: Un huésped importante, ¿eh? - susurra, recordando haber visto al menor merodear por el lugar - que gracioso - oscurece su semblante

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(Phantomhive manor: Lord's room)

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Tanaka: Mis disculpas por la tardanza - ingresa a la habitación, cerrando detrás suyo la puerta, solo para encontrarse con el menor sentado al borde del colchón

Al acercarse a la cama los orbes del ojiverde se abren como platos al ver al más alto con un peluche en sus manos. Había pasado mucho tiempo desde que Tanaka tuvo la oportunidad de ver a un infante emocionarse tanto por un juguete.

Tanaka: Espero que no sea demasiado infantil para su gusto

Aren: ¡Wow!, ¡es perfecto, nunca había visto uno que se pareciera tanto a mí! - ríe alegremente, tomando al conejo con gusto - ¡gracias, ahora si voy a poder dormir bien! - lo abraza con fuerza y vuelve acurrucarse mientras permanece con la sonrisa que hizo feliz al más alto

Tanaka: Me deja tranquilo el haberlo complacido - toma el candelabro que se encuentra sobre el nochero - entonces, no siendo más, por favor descanse - realiza una reverencia y procede a retirarse, deseando no ocurran más inconvenientes que hagan al Phantomhive desconfiar más de ellos

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(Phantomhive manor: The Earl's Office)

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Sebastian se detiene, dejando el candelabro colgado en la pared. Del bolsillo de su frac saca un aro de llaves de diferentes formas y escogiendo una de entre tantas abre la puerta, ingresando sin más. Su mirada recae en el tablero de juegos que se encuentra tirado en el suelo.

Meyrin parece haber olvidado limpiar este lugar antes de irse a dormir y eso lo hace fruncir el entrecejo. Ya estaba acostumbrado a sus despistes, pero no se salvaría de la reprimenda que recibirá junto al dúo mañana.

Por otra parte, Sebastian se acerca y toma cuidadosamente el objeto; sin embargo, observa que de esta cae una tarjeta ajena al juego. Sin reacción alguna recoge la susodicha y le da vuelta, encontrando un mensaje grabado en ella: «E ludo es, specta me sic vicit». El luciferino frunce el ceño, está escrito en latín y reconoce muy bien a quien pertenece aquella letra.

Sebastian: Que desagradable broma - molesto por la nota que le ha dejado su joven amo decide entonces acercarse a la chimenea y quemarla lentamente

Su rostro inexpresivo observa como las llamas la consumen hasta quedar hecha ceniza. Sin más, pone todo en su lugar y antes de abrir la puerta chasquea sus dedos, apagando la chimenea.

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Sebastian avanza, ingresando por cada habitación para invitados, cerrando y apagando todas y cada una de las chimeneas y verificando las cerraduras de las puertas como ya es costumbre, pero al llegar a la última sus ojos se entrecierran y su expresión se contrae por un momento.

Aquel toma el pomo y saca de su frac el aro de mil y un llaves, verificando que la cerradura funcione bien, incluso llegando a cerrar la puerta por completo, pero con mucho cuidado de no despertar a su inquilino, pues no deseaba perturbar sus dulces sueños.

Una vez hecha su labor final, se aleja de los pasillos con la certeza de que todo ha sido asegurado y que ahora por fin podrá ir a "descansar". Tras llegar a su cuarto, se dispuso a organizar y revisar las labores y actividades del día siguiente, siendo que su trabajo nunca termina.

Una vez que finalizó con la agenda de mañana su atención se eleva hacia el reloj en su pared. Para un akuma aún es temprano por lo que optó por cumplir con la petición del más viejo.

Sebastian toma las prendas que recibió de Tanaka. Aquel le había pedido que lo arreglara, esbozando una sonrisa burlona tras recordar lo que dijo el mayordomo sobre sus habilidades de costura. Está claro que para un humano enmendar un desastre como ese es casi imposible; sin embargo, para el luciferino no es más que otro de sus trucos más simples.

Mientras lo deja como nuevo, observa en la etiqueta del atuendo una letra marcada: F. desconocía si se trataría de algún nombre, aun así, decidió no borrarlo. Distraído en su labor, escuchó como la cerradura de la puerta de la habitación del Conde había sido abierta, sintiendo aquella presencia que despertó su hambre anteriormente.

Con premura se encaminó hacia el cuarto del lord, observando aquella silueta ingresar al lugar. Aquel luciferino esboza una sonrisa que deja ver sus colmillos, caminando lentamente hacia la puerta, al mismo tiempo en el que sus orbes se vuelven carmesíes.

Sebastian: Ese niño, Aren Phantomhive… - relame sus labios al sentir ahora una sola presencia, una mucho más fuerte y jugosa - que interesante - susurra. En ese instante, cae un relámpago, iluminando aquel oscuro pasillo