Aren: ¡Aléjate de mí!

Sus ojos se abren de golpe, levantándose de forma repentina mientras respira precipitadamente. Había tenido un extraño sueño que no tardaría en decirle a su compañero de cuarto, pero tan pronto como giró hacia su izquierda su decepción se hizo notable pues no había nadie, ni siquiera rastro de que haya habido una segunda cama en aquella habitación.

Aren: Oh, es cierto… - desvía su mirada, susurrando para sí mismo

Inmerso en las preguntas de lo misterioso que fue aquel sueño es abruptamente interrumpido por el golpeteo de la puerta. Llenándose de emoción, sonríe ampliamente y con premura se baja de la cama, corriendo para abrir.

Aren: ¡Mamá, mira que he soñado algo muy loco! - tan pronto como toma el pomo y abre se percata que no se trata de quien cree - oh, ¿papá?-¡eh-digo! - desvía su atención y se hace a un lado - eres tú…- susurra de forma incómoda, pues ante su parecido no logró notar la diferencia sino hasta después de verlo bien

Sebastian: Buenos días, Joven maestro - sonríe - espero no haberlo molestado - el menor se hace a un lado, indicándole al mayordomo que puede ingresar

Sebastian asiente con la cabeza y continúa su camino mientras Aren regresa a la cama algo confundido y avergonzado por haber pensado que un extraño sería su padre.

Sebastian: Usted debe extrañar mucho su hogar ¿no es así? - pregunta con cierta malicia, encaminándose hacia el ventanal. Aren por su parte lo mira dudoso

Aren: ¿Qué?, ¿a qué se refiere? - frunce el ceño, llevando con disimulo su atención al más alto. Sebastian amplía su sonrisa y tras efímeros segundos deja de apreciar el sombrío paisaje para terminar de organizar las persianas

Sebastian: Ah, discúlpeme, no pretendía importunarlo con mis banales preguntas

Aren: Vamos, habla - lo ve fijamente - ya me disté curiosidad - susurra. Sebastian toma la tetera y procede a servir la bebida cuidadosamente

Sebastian: Oh, bueno, el hecho de que me haya confundido con sus padres es suficiente para saber que usted extraña su hogar ¿no es así? - ante sus palabras el pelirrojo baja la mirada, dándole la razón - no tiene que responder si no lo desea, aun así, no debe preocuparse - con todo listo empieza a acercarse lentamente - usted se encuentra en un lugar conocido, después de todo, es un Phantomhive también

Aren: Eh, si…- toma la taza

Dicho eso el luciferino realiza un ligero ademán con la cabeza, adentrándose al cuarto de baño. Aren por su parte lo sigue con la mirada hasta perderlo de vista. Una vez solo, el menor suspira profundamente, analizando las palabras que el mayordomo le dio. Es verdad que si los extraña; sin embargo, no lo van a confundir y menos lograrán que baje la guardia.

Aren: No soy tonto…- entrecierra sus ojos, tomando un poco del cálido té, pero tan pronto como lo hace sus orbes se abren de golpe, frunciendo el ceño - ¿qué es esto…? - asombrado por haber probado algo así, detalla su contenido

Aquella bebida es espesa y de un sutil color dorado que brilla al menearlo. En su corta vida, había sido capaz de probar muchas cosas que hasta ahora considera deliciosas; no obstante, nunca pensó que tendría la oportunidad de degustar algo aún más exquisito. Sin darle muchas vueltas se apresura a tomarlo, disfrutando amenamente el té del que fue consentido.

Sebastian: Muy bien - antes de que Aren fuese capaz de beber la última gota Sebastian regresa a la habitación, sobresaltando al menor quien se apresura a dejar la taza encima del nochero - joven maestro, su baño está listo

Aren: ¿Bañarme? - observa la ventana - afuera aun llueve, ¿acaso quieren matarme con este frío?, ¡pues me niego! - se da vuelta, dándole la espalda al luciferino

Sebastian: No debe angustiarse por las bajas temperaturas, he tenido en cuenta el clima que tenemos por lo que me he asegurado de tibiar su baño como es debido

Aren: ¿Cómo puedo creerte? - se cruza de brazos. Su contrario suspira para sus adentros y con una falsa sonrisa se hace a un lado

Sebastian: Si no es capaz de confiar en mis palabras, entonces puede comprobarlo por usted mismo

Aren: ¿Qué dijiste? - frunce con molestia el ceño tras identificar la expresión burlona del contrario; sin embargo, algo surge en su mente y no tarda en mostrar el mismo semblante que el mayordomo - yo tengo una mejor idea…

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(Phantomhive manor: Bathroom)

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Una gélida y pálida mano toma la temperatura del agua, verificando que no esté muy caliente como para llegar a quemarlo, pero tampoco demasiado fría para no disfrutar de un relajante baño. Sebastian se incorpora lentamente, colocándose nuevamente el guante.

Por otra parte, Aren sonríe maliciosamente, permaneciendo detrás del mayordomo, expectante de las acciones del más alto.

•༒•

Aren: Jejeje, por la cara que debe tener ahora, seguro que calentó mucho el agua y terminó quemándose y pensar que iba a caer en ese truco tan barato, que ingenuo

•༒•

Aren: ¿Qué ocurre, acaso se quemó? - deja ir una pequeña carcajada - supongo que eso doli-

Sebastian: Es perfecta - interrumpe al menor, dándose la vuelta - la temperatura del agua es perfecta - sonríe, logrando que su contrario se impresione - ahora bien, joven maestro, es momento para que tome su baño antes de que el agua se enfríe completamente o ¿le gustaría comprobar usted mismo?

Aren: N-no, me bañaré ahora de una vez - desvía la mirada

No esperaba ansioso que se hiciera daño, pero juraba que de su mano salía humo por lo que el agua debía estar realmente caliente, aun así, parece que no lo sintió. Aquel luciferino acomoda su frac y pasa de él con aires de elitismo.

Sebastian: Tanaka me informó que no le gustaba que lo bañaran, entonces lo dejaré para que pueda hacerlo usted mismo - toma el pomo de la puerta - lo estaré esperando afuera, pero si necesita algo solo tiene que llamarme - sin dejarle responder cierra, dejando a Aren solo

••

Una vez que el menor terminó de ducharse Sebastian saca una caja envuelta en papel de regalo que se encontraba debajo del trasportador mientras Aren espera sentado sobre la cama, envuelto en una sedosa toalla blanca. El ojiverde observa con cuidado las acciones del mayordomo quien procede a sacar un conjunto que está de más decir, es para él.

A continuación, Sebastian procede a vestirlo con la excepción de su vestimenta interior ya que por petición del mismo Aren se vio obligado a apartarse hasta entonces. Por último, aquel finaliza con sus zapatos los cuales consisten en unas botas y una vez listo, el ojiverde no tarda en verse al espejo.

Aren: Vaya… nunca había usado ropa tan cara... - susurra para sí mismo, sonriendo ampliamente - me veo bien, me gusta - expresa mientras posa con orgullo, luciendo con elegancia y vanidad su nuevo atuendo - bueno, ya que estoy vestido me voy a desayunar, ya tengo hambre - soba sus manos, dispuesto a retirarse; no obstante, es detenido por el más alto

Sebastian: Espere un momento por favor - menciona, estirando su brazo derecho e impidiendo que avance - usted aún no está listo

Aren: ¿Más, que hay para hacerme?, yo estoy completamente bien ahora-¡ah ¿qué hace?! - pega un brinco al ver que toma las tijeras

Sebastian: Aun falta su corte de cabello. Los estándares de la alta sociedad inglesa incitan a que un elegante caballero debe portar estrictamente un corte que permanezca por encima de las orejas, su cabello está muy largo... cortarlo sería lo más apropiado

Aren: ¡¿Qué?!, ¡no! - da un paso en falso, alejándose del mayordomo - ¡¿por qué tengo que cortarme el cabello?, mira tú también lo tienes largo, ¡córtatelo tú! - lo apunta con tono acusatorio

Sebastian: Joven maestro, sobra decir que no hago parte de una noble familia de caballeros, condes y demás, yo soy simplemente un mayordomo - sonríe

Aren: ¡De ninguna manera permitiré que use eso conmigo, además tener el pelo corto es para cerebritos y yo no hago esas cosas!

Sebastian: Joven maestro, un estilo no define qué tan sabio es usted, pero dice mucho sobre su aseo personal y cómo se comporta

Aren: ¡No me importa, me rehúso rotundamente! - responde con molestia - ¡no tengo porque hacer feliz la vista de los demás, no me interesa lo que piensen de mí!

Sebastian: Joven maestro, intuyo que conoce muy bien las reglas de etiqueta ¿verdad? - lleva sus manos hacia su espalda, dándole una expresión seria - el cabello descuidado e irresponsablemente largo es una clara falta de cuidado personal y más si se trata de un señorito

Aren: ¡Me niego, solo péinelo nada más, además, mi pelo está bien cuidado! - cruza sus brazos

Sebastian: Tal parece que ha olvidado que siempre debe verse presentable sin importar que - Aren continúa negándose

Aren: ¡Di lo que quieras, este peinado es igual de importante como mi ropa y así se quedará!

Sebastian: Bien, en ese caso - su expresión se oscurece - le sorprenderá saber que su atuendo ya está listo; sin embargo, lo tendrá devuelta tan pronto como acceda

Aren: ¡¿Cómo?!, ¡¿por qué tienes tu mi ropa?!

Sebastian: El señor Tanaka me pidió que la arreglara, después de todo, soy el único que pudo dejarlo como nuevo - sonríe, observando al mortal desde su altura. Aren por su parte deja caer sus manos. Debía quitárselo a como diera lugar

Aren: ¡Dámelo!

Sebastian: No puedo hacer eso, hasta que usted esté dispuesto a hacerlo - lleva sus manos hacia la espalda, desviando la mirada - ¿y bien? - pregunta, llamando la atención del ojiverde - ¿qué es lo que planea hacer?

Aren permanece en su lugar, enrojecido por la ira y la desesperación de obtener lo que tanto aprecia. Viendo que el mayordomo no desea colaborar, empuña sus manos con impotencia.

Aren: Yo…- baja la cabeza, desviando la mirada - ¡quiero que me devuelvas mi ropa ahora mismo, escúchame y sigue mi orden ya! - grita

Un sepulcral silencio que duró segundos se posó en el ambiente. La sangre en sus venas hirvió con fuerza y sus orbes se iban manchando de un tono intenso, vivo y diabólico color carmesí.

Aquella palabra había frenado de golpe las acciones del mayordomo. Un rostro lleno de impresión fue lo que se pudo apreciar hasta cambiar a una expresión seria. Con lentitud, el luciferino se inclina hacia Aren quien observa algo confundido la escena.

Sebastian: Como ordene, joven maestro - sin más, el más alto se acerca al transportador y saca otra caja de color rojo

Tan pronto como lo tiene en sus manos se dirige al menor con respeto y le extiende el paquete. Aren por su parte, se muestra muy apenado para tomarlo, aun así, lo hace. Al abrirlo, encuentra su ropa perfectamente doblada, llevando la marca que dejó por sobre el cuello y así identificar que no fuese preconfeccionado o incluso nuevo.

Sus ojos se iluminaron, su traje está justo como se lo habían dado antes de empezar a dañarlo.

• •

Aarik: ¡Aren!

El ojiverde levanta la mirada, limpiando algunas de sus lágrimas. El más alto le hace un ademán con la mano indicándole que se acerque a lo que Aren obedece.

Aarik: Deja de llorar, eso no soluciona nada - lo ve con seriedad mientras seca su rostro - si no hubieses alzado la voz, las hermanas no te hubieran castigado - suspira - ya, ponte feliz - sonríe - tengo algo para ti - toma una muda de ropa

Aren: ¿Y esto? - lo ve con duda

Aarik: Es mío, pero ahora quiero que lo tengas tú

Aren: ¿Yo?

Aarik: Así es, ¿no me dijiste que querías ser como tu hermano? - amplía su sonrisa - entonces empieza a verte como yo

• •

Aren se encontraba agradecido; sin embargo, ahora se sentía culpable por haberle gritado. El nombrado frunce el ceño, si no lo hubiese hecho elegir él no habría explotado de esa manera. Con un ligero suspiro levanta la mirada, fingiendo que no se avergüenza de su reacción.

Aren: Perdón por gritar así - desvía la mirada - no es mi estilo y ya que cumpliste con mi petición, me cortaré el cabello…- le da la espalda, sonriendo por tener sus prendas devuelta

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(Phantomhive manor: Tea chapel)

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Los minutos transcurrían con lentitud, Aren se encontraba sentado, jugando con sus dedos al sentirse nervioso ya que había luchado para que su cabello se pareciera bastante al de Aarik, su amigo. Perdido en sí mismo es sacado de su trance al escuchar la voz del mayordomo.

Sebastian: He terminado - retira de su cuerpo la capa, acto seguido le entrega el espejo para que pueda verse

Su contrario suspira y lo recibe. Tan pronto como ve su reflejo se espanta. Aren se incorpora abruptamente, echándose hacia atrás y dejando ir el espejo el cual cae al suelo.

Aren: ¡¿Q-qué es eso?! - da un paso en falso - ¡¿qué le pasó a mi ojo?! - balbuceó tomando un fragmento de vidrio. En su ojo derecho, Aren era capaz de apreciar un extraño pentagrama que brillaba con intensidad - ¡cómo… cómo pasó esto, desde cuando!

Sebastian: Oh, ¿no lo había notado? - ante su desesperación el luciferino sonríe

Aren: ¿Qué? - lo ve impreso - ¿cómo podría saberlo?, no me digas que todos ustedes ya… - su contrario asiente

Sebastian: Pensé que ya lo sabía - menciona en un tono burlón

Aren: Eso quiere decir que siempre lo he llevado, ¿pero por qué nunca me di cuenta? - susurra para sí mismo - ¡no, no puedo dejar que nadie me vea así! - empuña sus manos - ¡eso eclipsará mi belleza! - menciona, incorporándose lentamente - tenemos que hacer algo - antes de tener la oportunidad de mirar al mayordomo este es tomado por las mejillas, obligándolo a levantar la mirada

Sebastian: Tiene mucha razón, joven maestro ¿qué haremos con ese ojo tuyo? - Aren frunce el ceño, apoyándose en las manos del más alto para sostener aquella posición

Aren: No quiero que nadie más lo vea - confesó, viendo como Sebastian tomaba distancia con una sonrisa en sus labios

Sebastian: Habrá que cubrirlo entonces

Aren: Pero ¿cómo y de qué manera?

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(Phantomhive manor: Dining room)

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Luego de haberse cortado el cabello Sebastian llevó a Aren al comedor donde podrá tomar el desayuno. Al llegar al lugar pudo ver que el viejo mayordomo también se encontraba ahí quien al ver su nueva imagen lo recibió con una agradable sonrisa. Sin tiempo que perder, el menor fue ubicado en una de las sillas, donde se le fue presentado los aperitivos de hoy.

Sebastian: Para el menú de esta mañana, el chef ha preparado para usted unos huevos a la Benedictine y un Macedonia de frutas que constan de unos Muffins Ingleses con huevos rebozados, envueltos en una salsa holandesa. El segundo plato consiste en un bol de frutas bañado en chocolate fundido con zumo de naranja recién exprimido - responde mientras sirve el té - y como acompañamiento pan tostado, bizcochos y pan francés. ¿Qué va a satisfacer su apetito hoy?

Aren: ¿Cuál? - observa los platillos mencionados, luego mira al mayordomo - ¿puedo tomarlos todos?

Sebastian: ¿Todos? - se sorprende ligeramente - ¡claro!, es libre de probar cuanto desee

Aren traga fuerte y su estómago empezaba a gruñir; sin embargo, había un pequeño inconveniente. Aquel pelirrojo eleva la mirada, observando al luciferino que permanece de pie a su lado, firme, impoluto, elegante.

Aren: Oye - jala una de las aletas de su traje, llamando su atención - no puedo comer si estás a mi lado, me pones nervioso

Sebastian: Discúlpeme, mi intención no era incomodarlo - hace una sutil reverencia - por favor, disfrute de la comida

Sin esperar respuesta se dispone a salir del salón, dejando solo a Aren el cual se quedó casi estupefacto ante su rápido accionar. El menor regresa su mirada al comedor pensando que podría haberse ofendido por su petición; no obstante, deja eso de lado y procede a degustar los deliciosos manjares servidos para él.

Después del desayuno, Aren suspira con satisfacción. Había pasado mucho tiempo desde que fue capaz de comer en generosas cantidades. Pasó solo unos segundos cuando el luciferino ingresó nuevamente al lugar.

Aren: Oye, mayordomo - llama su atención, tomando nuevamente una de las coletas de su frac - el desayuno estuvo muy rico

Sebastian: Me complace escuchar eso, joven maestro

Aren: ¿Dónde está el dueño de esta gran mansión?, ¿cuándo lo voy a conocer?

Sebastian: El Conde no se encuentra en este preciso momento, pero usted no tiene de que preocuparse, será capaz de verlo personalmente tan pronto como regrese

Aren: Oh, entiendo, ¿entonces ahora que he terminado que puedo hacer?

Sebastian: Lo más apropiado es que conozca las instalaciones y le presente a toda la servidumbre para que pueda familiarizarse con el entorno

Aren: Está bien - se incorpora - será divertido

Sin perder tiempo, el luciferino guía a Aren por los pasillos de la gran residencia, enseñándole cada habitación que Sebastian creía conveniente debía conocer. Aquel comprendía que sería difícil memorizar todo, por lo que se concentró en enseñarle solo los lugares en los que pensaría frecuentaría más como: habitación, comedor, baño, sala de té, biblioteca, oficina del Conde, la sala común y el salón de juegos, el resto debería ser acompañado por el mayordomo para que no se pierda mientras se entona con el lugar. Tras tomar el almuerzo, por fin es llevado a conocer a los responsables de todo.

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(Phantomhive manor: Common room)

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En la sala común los murmullos recorrían el inmenso lugar. Todos se encontraban expectantes cuando les informaron que serían presentados, mientras estos cotillean entre sí, Tanaka permanece firme y con una sonrisa al saber lo bien que ha quedado el nuevo Conde de Phantomhive.

Por otra parte, no pasó mucho antes de escuchar el ruido sordo de unos zapatos, siendo acompañados por el eco que dejaba el luciferino al seguirlo. Desde su altura, Aren sonríe con alegría y cierta pillería pues era la primera vez que se encontraba en una posición parecida. Con lentitud y fingiendo elegancia baja los grandes escalones imperiales hasta llegar a toda la línea de sirvientes quienes permanecían formados por cargos.

Tanaka, Bardroy, Meyrin y Finnian: ¡Buenas tardes, joven maestro!

Aren algo sorprendido los saluda con un ademán que recordó en el pasado de un distinguido noble, usándolo para él en esta ocasión. Sin más, Sebastian da un paso al frente, presentando a cada uno y su deber en la mansión, dejándoles la oportunidad de intercambiar algunas palabras entre amo y sirviente.

Sebastian: Y para finalizar… - se pone al lado de Tanaka - me presento, yo soy Sebastian Michaelis, el mayordomo principal de la familia Phantomhive - realiza una sutil reverencia, enseñando una agradable sonrisa - desde ahora será un placer estar a su servicio y seré el encargado de asistirlo cuando lo requiera, solo debe decir mi nombre e inmediatamente acudiré a usted

Ante sus palabras el ojiverde escanea a todos con cierta duda. Algo no estaba para nada bien en ese lugar y lo notó tras verlos mientras bajaba los escalones.

Aren: ¿No será esta una broma? - cruza los brazos, dejando algo sorprendidos a los demás - ¿realmente son todos? - observa su alrededor - ¿dónde están los demás, por qué no me saludan ellos también?

Sebastian: Oh, mis disculpas, joven maestro - menciona - el Conde es un hombre muy reservado y meticuloso, debido a eso ha preferido tener una cantidad muy limitada de sirvientes para sí mismo - levanta la mirada - simplemente no le gusta arriesgarse

Aren: ¿Qué? - levanta una ceja, frunciendo el ceño - ¿entonces ella limpia todo por su cuenta? - apunta a Meyrin quien se sobresalta - ¿y que sucede cuando reciben invitados o hacen grandes fiestas? - vuelve a cruzar los brazos - ¿acaso el chef lo cocina todo en tiempo récord, que clase de cocinero tiene el Conde entonces?

Sebastian: Si ese es el caso - se acerca al menor - no tiene que angustiarse por algo tan banal como esto - Aren levanta la mirada, notándose algo nervioso ante su peculiar expresión - como sirvientes de los Phantomhive, ¿qué pasaría si ninguno de nosotros fuese capaz de realizar labores tan sencillas como estas?

Aren: ¿Será eso cierto? - se queda pensativo - no sé, no puedo creerte - susurra para sí mismo, levantando una ceja aun con duda. La idea de que tres simples y bastos sirvientes se hicieran cargo de toda una mansión es básicamente una locura - bueno, supongo entonces son todos - lleva sus manos detrás de su espalda por un segundo, luego sonríe - muy bien, espero contar con su ayuda - ante sus palabras la servidumbre asiente

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(Phantomhive manor: Game room)

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Aren: Un poco más lento...- susurra. Su mirada permanece fija en la esfera blanca hasta que la golpea finalmente. Aquella choca con otra, encestando un punto - ¡oh, genial! - da un brinco celebrando su victoria - ¡ja, te gané! - le grita al vacío mientras pone una expresión egocéntrica - ahora dígame señor, ¿cómo debería compensarme por haber triunfado? - lleva algunos de sus mechones hacia atrás - qué ¿qué dice, que puedo escoger lo que yo quiera de la barra? - sonríe con burla - muy bien, lo haré - con arrogancia se encamina hacia el botellero, escogiendo uno de los tantos vinos que se encuentran en la estantería

Aren deja la botella sobre el mostrador y toma una copa de la alacena, verificando que el mayordomo no esté presente. Tras confirmar, lucha por destapar el vino; sin embargo, termina por usar sus dientes y así dañar el tapón de corona. Ignorando por completo el hecho de que la exquisita espuma del vino se está desperdiciando sobre la barra se sirve generosamente.

Aren: ¡Esto es justo lo que necesito!

Con una sonrisa acerca el cristal a sus labios, pero a escasos segundos de poder degustar la deliciosa bebida una mano enguantada baja la copa.

Aren: ¡Ah, oiga! - frunce el ceño. Al levantar la mirada se sobresalta al ver de quien se trata, soltando la copa es salvada por el mayordomo - ¡Sebastian, ¿de dónde has salido?!

Sebastian: Joven maestro, no debe consumir esa clase de bebidas

Aren: ¿Qué, por qué no? - frunce el ceño al ver cómo el luciferino aparta el vino de su lado

Sebastian: Porque usted aún es muy joven - tapa la botella - podrá hacerlo una vez que alcance una edad más adecuada

Aren: ¡Tks! - desvía la mirada, hasta que una idea surge en su mente - que aburrido, en la mansión de mis padres si tengo permitido beber lo que yo quiera, incluso alcohol - hace un puchero

Sebastian lo observa inexpresivo, analizando todo lo que su contrario hace. Aren le dirige la mirada, tratando de no ponerse nervioso y que sus palabras suenen lo más convincentes posible. El luciferino ignora aquel comentario y devuelve la botella al botellero, recuperando todo su contenido y cambiando el corcho del mismo.

Sebastian: Joven maestro - llama su atención - ¿sus padres no le han enseñado que mentir no es de caballeros? - lo ve con seriedad. Ante sus palabras Aren se prepara para refutar con molestia; sin embargo, termina rindiéndose y dejando ir un suspiro mientras deja caer la cabeza sobre la barra

Aren: Tienes un punto, entonces dame algo que pueda beber… - frunce el ceño

Con una amplia sonrisa el luciferino obedece a su orden y posa frente a él una taza de té.

Aren: Ah, esto...- susurra con desánimo - claro, debí esperarlo - al probarlo se da cuenta que se trata de la misma bebida de la mañana - ¿cómo se llama esto?

Sebastian: Es Golden Tea, no es muy común poseerlo y normalmente se sirve como té frío; no obstante, en la mansión también se prepara caliente y solo es degustado en eventos especiales - lleva su atención hacia la mesa de billar - y veo que usted se encuentra en uno - sonríe. El ojiverde observa la taza con atención

Aren: Bueno, si tú lo dices - deja ir un suspiro - aunque sería más divertido si hubiera con quién jugar - tan pronto como calla, su atención recae en el mayordomo de forma insistente - juega conmigo

Sebastian: ¿Yo? - pregunta con cierto asombro

Aren: Así es, eres el único que está presente y no veo que tengas algo que hacer más tarde además de vigilar mis pasos - ante sus palabras Sebastian levanta una ceja

Sebastian: Joven maestro, realmente tengo otros deberes que hacer

Aren: Pero eres mi mayordomo ¿cierto, o será que no sabes jugar? - pregunta con una sonrisa socarrona

••

Había trascurrido la tarde y el brillo del ocaso se filtraba por las ventanas. Eran muchos los intentos, pero siempre marcaban un único ganador: Sebastian Michaelis.

Sebastian: He ganado, nuevamente - sonríe de forma burlona

Aren: ¡No! - toma con fuerza alguno de sus mechones rojizos mientras Sebastian recupera su frac - ¡cómo puede un mayordomo ganarme! - lo observa - ¡dime la verdad, quien eres tú realmente!

Sebastian: Joven maestro, no comprendo lo que trata de decirme

Aren: Ya veo… ahora lo entiendo - cruza los brazos - ¡tú eres el Conde y has decidido disfrazarte de mayordomo para probarme!

Sebastian: No debe confundirse, joven maestro - se posiciona para golpear la esfera blanca - yo solo soy un simple mayordomo que posee apenas bastos conocimientos, no podría ser tal persona - mientras habla una sonrisa se dibuja en sus labios - el Conde, quien es el amo de los juegos, no aceptaría jugar con cualquiera - ante sus palabras, sus orbes se iluminan al mismo tiempo en el que dispara, encestando todas y cada una de las bolas

Aren: ¡¿A qué te refieres con cualquiera?!, ¡yo no soy cualquiera, ah! - le apunta con el dedo - ¡da igual, me niego a perder contra ti, juguemos otra vez!

Sebastian: Me temo que tendrá que disculparme, joven maestro - deja el taco sobre la mesa y revisa su reloj de bolsillo - ya casi es la hora de la cena

Aren: ¡Pero no quiero, aún es muy temprano para cenar! - reorganiza todo - ¡vamos, juega, aún puedo ganar!

Sebastian: Oh no, joven maestro, usted puede quedarse cuánto deseé y mejorar en sus tiros mientras la cena está lista - menciona con burla

El ojiverde frunce el ceño, comprendiendo lo que quiso decir con "mejorar".

Aren: ¡Qué va, no es divertido si estoy jugando solo! - se aleja de la mesa - llévame a la biblioteca y avísame cuando ya esté la cena

Sebastian: Como ordene

In the morning

••

(Phnatomhive manor: Lord's room)

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Sebastian: Buenos días, joven maestro - abre las cortinas, dejando que la luz de la mañana irrumpa en la habitación - es momento de despertar

Aquel que se encuentra oculto bajo las sábanas deja salir un quejido lleno de molestia, mostrando un ojo después del otro. Al ver de quien se trata frunce el ceño.

Aren: Ahh, eres tú otra vez - frunce aún más el entrecejo - ¿esto se va a convertir en una costumbre entre los dos?, espero que no… - con desánimo se sienta al borde de la cama. Odiaba tener que levantarse temprano - sabes, cuando yo robab-eh-digo en mi casa me dejaban levantarme a la hora que yo quisiera y no era tan temprano - hace un puchero

Sebastian: No se convertirá en una costumbre joven maestro, es simplemente nuestro deber como amo y mayordomo - amplía su expresión - muy pronto se acostumbrará

Aren: Pero no quiero acostumbrarme…

Una vez abierta las ventanas Sebastian se apresura a dejarle sus pantuflas, acto seguido el menor se incorpora y se mete al baño, mientras Aren no está el luciferino prepara su atuendo y sirve un poco de té, luego con suma paciencia espera la salida del ojiverde.

Tras estar limpio y totalmente despierto el mayordomo procede a vestirlo y dejarlo listo para iniciar su día, finalizando con su cabello y el parche.

Aren: ¿Hoy me seguirás mostrando la mansión o reanudaremos nuestra partida de billar? - lo ve con emoción - ganaré esta vez, te lo puedo asegurar

Sebastian: Tendrá que disculparme, joven maestro - se incorpora lentamente - pero dudo que pueda ser capaz de acompañarlo ya que debo hacer algunas preparaciones y en su caso solo podrá jugar después del desayuno

Aren: ¿Qué? - frunce el ceño - ¿y ahora por qué no? - cruza los brazos

Sebastian: Porque hoy en la mañana tiene visitas, y se espera que pueda recibirlas adecuadamente - menciona con seriedad, encaminándose hacia la salida - le informaré en breve una vez que el desayuno esté listo

Con eso dicho, se retira, dejando a Aren totalmente fuera de lugar y más confundido que nunca. Aquel vuelve a tomar asiento sobre la cama y deja ir un suspiro. No lleva nada de tiempo en ese lugar y aun así siente que ya le han impuesto deberes que no son de su agrado y para empeorar las cosas ahora tendrá invitados que no invitó y que no espera ver.

Aren: Bueno, sí quiero seguir disfrutando de todo esto tendré que fingir ser un noble estoico y pretencioso como ellos, aunque todo sea solo una mentira - suspira con frustración

••

Después de tomar el desayuno Aren regresó al salón de juegos, optando por jugar ajedrez, aunque a su manera. Había cosas en la mansión que se veían costosas, aun así, robarlas no serviría de nada si planea quedarse y jugar al rol del noble caballero.

Pasados algunos minutos el menor se fue al jardín donde sería sorprendido por el mayordomo más joven quien lo observa comiendo vayas silvestres. Al ser descubierto el ojiverde emprende su huida dentro de la mansión. Algo que todavía disfruta es el ser perseguido; sin embargo, dejó de correr al darse cuenta que Sebastian no lo estaba siguiendo.

Aren: Y pensar que me estaba empezando a divertir un poco…- ralentiza su andar y se apoya en una ventana, observando el jardín desde su altura - este lugar es muy solitario… ¿cuándo podré ver al Conde?, me estoy aburriendo - susurra para sí mismo. Distraído en sus pensamientos un escalofrió escala su cuerpo, en un estado de defensa se da vuelta, espantándose al tener al luciferino detrás suyo - ¡ahh, ¿cómo llegaste tan rápido?!

Sebastian: Joven maestro, le pido que me acompañe

Aren: ¿Por qué? - levanta una ceja

Sebastian: Debe cambiarse lo más pronto posible - su visión pasa del menor y observa a través de la ventana

Aren: ¿Quiénes son? - fija su atención a lo que el más alto está mirando, percatándose que dos carruajes se detienen justo frente a la mansión

Sebastian: Son sus invitados, joven maestro - lleva sus manos hacia su espalda - hoy nos visita la Baronesa Angelina Burnett, doctora del hospital real y tía del Conde de Phantomhive - sonríe débilmente - y Lau, un hombre de la nobleza china, posee una compañía propia y es el gerente de la Sección Inglesa del Comercio Exterior Chino, además de ser máximo funcionario del sindicato chino Qīng Bāng y la dama que lo acompaña es Ranmao - menciona con seriedad

Aren: Espera un segundo - regresa su atención hacia el mayordomo, dando un paso en falso algo nervioso - ¡¿quieren que pase la tarde con estos desconocidos?! - frunce el ceño con incertidumbre

Sebastian: Así es, el Conde no está, pero usted se encuentra aquí; sin embargo, me veo obligado a decir esto - se inclina hacia él - le recomiendo mantener las distancias ya que - su semblante se oscurece - ambos son conocidos del Conde, pero también son aristócratas del mal