~Casa de Campo Black, lugar desconocido~

Era por la tarde y Harry no creía lo que veía, estaba maravillado ante la hermosa vista. El lugar en donde lo había llevado su padrino era maravilloso.

Había un camino de tierra y a lo lejos se veían algunas montañas, la casa era de dos plantas, hermosa y estaba rodeada de un jardín con plantas florales y frutales, incluso alcanzó a ver un árbol con manzanas rojas y estuvo tentado a cortar algunas.

El jardín era muy extenso y mas allá comenzaba un bosque, Harry se imaginó a si mismo corriendo y hablando con los animales que ahí vivían.

Sirius estaba igual que su ahijado, maravillado. Pero no por el lugar, no, sino por la mirada de Harry. Se notaba ilusionado, feliz, nunca lo había visto así y se prometió que haría que esa mirada se mantuviera. Siempre tenía una mirada triste o resignada pero en esos momentos sus ojos brillaban.

– Sirius, ¿puedo decirte algo? –dijo Harry tomando por sorpresa al animago.

– ¿Qué pasa Harry? ¿Hay algo que no te gusta?

Harry no sabía cómo decirle a Sirius de su pequeño secreto.

Había traído con él a alguien de Hogwarts.

El pequeño basilisco, Syn, le había pedido que no lo dejara en el Bosque Prohibido porque se sentía muy solo, los otros animales le temían y eso lo entristecía. Siempre que Harry se iba, Syn extrañaba a su padre.

Para el pequeño basilisco Harry era su padre, él lo había ayudado a salir del huevo, le había dado de su magia y eso de alguna forma los unió y además lo había cuidado desde que salió del huevo. Por eso Harry no pudo resistirse a sus pedidos.

– Sirius, tengo algo que decirte – dijo nervioso mientras metía su mano al bolsillo de su capa al que había encantado para que se mantuviera en la temperatura indicada para Syn – O bueno, alguien a quien presentarte, espero no te enojes por no haberte avisado antes.

– No me enojaría nunca contigo, cachorro – dijo Sirius tratando de tranquilizar a su ahijado – ¿Qué pasa?

– Es que no podía dejarlo solo – dijo Harry retorciéndose las malos.

– ¿A quién? Cachorro me estas poniendo nervioso.

– A mi hijo, lo que...

–¡¿Qué?! – Sirius tenía el rostro lívido y sus ojos casi se salían de sus cuencas – ¿Hijo? – dijo con una voz tan baja que creyó que Harry no lo escuchó.

– ¡Espera, Sirius! No te apresures ¿esta bien? – Sirius solo pudo asentir por su aturdimiento – Syn es mi hijo por magia, yo lo ayudé a nacer dándole de mi magia durante varios días, semanas incluso, y gracias a eso él pudo nacer. Él me considera su padre y yo lo considero mi hijo. – A Harry le hacia gracia la reacción de su padrino, nunca esperó que se pusiera así. Sacó a Syn de su bolsillo y se lo mostró a Sirius, el basilisco media unos 20 centímetros aproximadamente, podía medir mas pero había decidido permanecer pequeña para no asustar al humano, él era importante para su padre – Él es Syn, mi hijo. Es un pequeño basilisco pero no te preocupes, aun no desarrolla por completo su mirada de muerte y ya le dije que no tenía permitido atacarte de ninguna manera, es muy protector conmigo.

– Me diste un buen susto, Harry. – Dijo con un suspiro, aliviado – Tu hijo es muy bonito ¿Lo puedo tocar? – Harry asintió y le habló al basilisco, Sirius supuso que le dijo que no lo atacara. Sirius acercó su mano y tocó la pequeña cabeza de la serpiente sorprendiéndose de lo suave que se sentía – Lo vuelvo a decir, es muy bonito.

Harry estaba feliz por saber que su padrino no lo haya regañado por lo de su pequeño basilisco y que además se atreviera a tocarlo.

– Bueno, ahora si hay que ir a instalarnos. Recuerda que tenemos que ir al banco cuanto antes ¿O ya no quieres ir?

– Claro que quiero ir, Sirius.

El mayor se había comunicado con el banco hacia unas horas por medio de una carta y se sorprendió gratamente cuando obtuvo una respuesta rápida.

Los goblins les habían facilitado un traslador, por un costo, que los llevaría a la oficina del encargado de las cuentas Black. A los goblins al parecer no les importaba que Sirius fuera un prófugo buscado por toda la comunidad mágica. Mientras haya oro de por medio todo era posible para ellos.

~Callejón Diagon, Banco Gringotts~

Braggok, el duende encargado de las cuentas Black, los estaba esperando en su oficina. Estaba ansioso porque por fin habría un Lord de la familia Black y, según tenia entendido, de la familia Potter.

Ambos magos hicieron su aparición, se presentaron e inmediatamente comenzaron con los negocios.

A Sirius le dieron el anillo que tendría que llevar como Lord Black. Para los duendes el que Sirius fuera un prófugo no les importaba en absoluto, les importaban los posibles ganancias que harían con los negocios.

Después de terminar con el tema de Sirius pidieron saber quién estaba a cargo de las cuentas Potter.

Les informaron que ya que Harry no había tomado el mando de su herencia no había nadie que manejara su fortuna y debido a eso no podía hacerse ninguna inversión ni movimiento en las cuentas hasta que Harry tomara el mando como Lord Potter. Por ahora solo podían controlar quiénes podían sacar dinero de la bóveda a la que tenía acceso.

Sirius entonces les informó a los Duendes que sospechaba que le estaban robando a su ahijado, ellos por supuesto no le creían puesto que nadie tenía permitido hacer tal cosa.

Prosiguieron a investigar y entonces supieron quiénes eran las personas que le estaban robando a Harry y el principal era Dumbledore, había sacado 5,000,000 de galeones desde que Harry tenía dos años, la señora Weasley también había retirado dinero a su nombre, fueron 100,000 galeones en cuatro años. Ron y Hermione no sé quedaban atrás con 50,000 galeones cada uno y libros que Granger había sacado, afortunadamente los devolvió, seguramente creyendo que serían de ella algún día. Eso enfureció a Harry y a Sirius. A Braggok tambien se le notaba molesto, no podía creer que esas personas habían estado robando enfrente de sus narices. Él se encargaría de investigar qué Duende les permitía tal cosa, y lo pagaría con su vida.

Aunque eran grandes sumas de dinero, la fortuna Potter era tan extensa que realmente no afectaba la falta de ese oro. Pero era un delito que todos los involucrados pagarían.

Braggok, Harry y Sirius solucionaron eso rápidamente, el dinero robado sería devuelto a la bóveda de Harry. En realidad Harry no necesitaba el dinero de vuelta, no cuando las personas que supuestamente lo apreciaban eran las que le daban puñaladas por la espalda. Aunque él ya sabía de la falsa amistad de Hermione y Ron.

Pero ese asunto no era importante, él fue al banco por una sola razón y lo expondría ahora mismo.

– Sirius ¿la pulsera? – Harry estaba ansioso por averiguar de sus padres biológicos. Era el verdadero motivo por el que había aceptado ir al banco.