~Olimpo~

Todo comenzó con el secuestro del príncipe. Cuando esto sucedió los Dioses entraron en un estado de enojo y tristeza muy fuerte, enviaron a todo ser que conocieran en búsqueda del pequeño Harrison Di Olimpo.

Los Tres Grandes sabían que el niño estaba con vida, podían sentirlo mas no ubicarlo. Algo impedía que pudieran rastrearlo y eso los tenía frustrados.

Los Dioses buscaron durante años y la búsqueda continuaba hoy en día.

Era de noche y los Dioses estaban en medio de una reunión importante, llebaban todo el día debatiendo si debían juntar los campamentos, romano y griego, ahora que sabían el uno del otro. Habían tenido una guerra con Gea donde ambos lados habían estado involucrados. Habían ganado, por supuesto, ya que ellos habían participado activamente a pesar de la locura que sentían al estar sus dos lados involucrados, no podían dejar a sus hijos solos.

Algunos semidioses estaban presentes en la reunión. Desde el nacimiento de Harrison los Dioses habían tomado la decisión de estar mas presentes en la vida de sus hijos, los protegían y les demostraban que los amaban.

Estaban a punto de comenzar una discusión cuando la puerta de la sala fue abierta repentinamente.

Todos voltearon para ver quién se había atrevido a interrumpirlos.

La Diosa Hecate, una mujer hermosa de cabellos negros, largos y risados, con unos ojos increíbles de color gris oscuro, unos labios que invitaban a ser besados y una figura sin igual. Rara vez se dejaba ver ya que se pasaba todo el tiempo vigilando que el mundo que sus legados habían hecho no saliera a la luz y los mortales los descubrieran. Ella sabía lo que pasaría si descubrieran a sus criaturas mágicas o a las brujas y magos. Los mortales buscarían eliminarlos por temor o envidia.

Zeus estaba molesto por ser interrumpido de esa manera, en realidad todos los Dioses lo estaban pero no tuvieron tiempo de manifestar su disgusto ya que Hecate se adelantó.

– Mis señores – dijo con voz emocionada – les tengo una excelente noticia que espero hará me perdonen por interrumpir de esa manera.

– ¿De qué se trata? Debe ser realmente interesante para que dejemos pasar tu comportamiento, Hecate – dijo Poseidón con voz calmada y un tanto molesto por tal falta de respeto.

Desde la desaparición de su pequeño, el Dios había cambiado. Ya no era el mismo Dios risueño y bromista, ahora era un Dios serio y formal.

En realidad todos los Dioses habían cambiado, aunque no fue algo tan radical como Poseidón.

– ¡Lo encontré! ¡Encontré al príncipe!

Los Dioses, especialmente los Tres Grandes, se iluminaron ante las palabras de la Diosa. No lo admitirían ante nadie pero habían comenzado a perder las esperanzas de encontrar a Harrison con vida y ahora llegaba Hecate a decirles ¡que lo había encontrado! ¡No lo podían creer! No querían hacerle falsas ilusiones, seria un dolor muy grande que al final resultara que no era verdad.

Los semidioses por otra parte, estaban muy confundidos. Ellos nunca habían escuchado de un príncipe del Olimpo, aunque pensándolo bien era un poco obvio ya que desde tiempo atrás se habían dado cuenta de la existencia de un pequeño trono en el que nadie tenía permitido siquiera tocar o mirar.

– ¿Cómo que lo encontraste? ¿Cuando? ¡¿Dónde?! – Zeus estaba impaciente por ir a buscar a su hijo, no quería perder ni un segundo mas.

– Está en uno de los mundos de mis legados, señor. Específicamente en Londres. Hace un par de horas una de mis criaturas mágicas, un duende llamado Braggok, hizo una invocación. Los duendes manejan la economía de mis legados, los magos, y ellos son severamente estrictos en eso, cada mago, bruja o criatura que va a su banco y que tenga una cuenta ahí tienen que pasar por revisiones de sangre, así se dan cuenta si son las personas que dicen ser y no simples impostores. Cuando respondí a su invocación él procedió a explicarme lo que pasaba. Un par de horas antes un hombre y un joven se habían presentado en el banco para reclamar el Señorío de sus respectivos apellidos. Cuando terminaron de hacer eso ellos eran conocidos como Lores y jefes de sus respectivas familias. El hombre era Lord Black y el joven era Lord Potter...

– ¿Por qué no vas al punto y nos dices qué tienen que ver esas personas con Harrison? ¿Ellos saben dónde está? ¿Está con ellos? – Hades no tenía la paciencia suficiente para estar escuchando toda una historia, quería saber el paradero de su hijo y cómo estaba. Poco le importaban ese Black o Potter.

– Perdón pero todo esto es importante – dijo Hecate con voz conciliadora – Prosigo: Braggok los iba a despedir pero el joven hizo una pregunta al hombre que sorprendió a Braggok. El hombre de uno de sus bolsillos sacó esto – la Diosa enseñó la pulsera y los Dioses contuvieron el aliento, conocían a la perfección esa pieza, era imposible que lo olvidaran –Braggok los reconoció al instante y preguntó dónde los habían encontrado. El hombre respondió que esa pulsera la traía el joven que se encontraba a su lado el día que la familia Potter lo habían encontrado en la puerta de su casa, abandonado. Braggok para asegurarse que el joven, curiosamente llamado Harry, fuera el príncipe hizo que se realizara una prueba de sangre. – la diosa presentó a los Dioses el pergamino con los datos del joven.

Aunque ocultó una pequeña pero importante información que contenía el papel. Era decisión del Príncipe el decirles a sus padres quién era su alma gemela, además que el propio Príncipe no lo sabía aún. Sería una sorpresa gigante para todo el mundo.

Los Dioses no creían lo que escuchaban. Los semidioses ni se diga. Estaban muy sorprendidos por toda la información dada por la Diosa Hecate. Ahora entendían muchas cosas.

El pergamino pasó de mano en mano, todos los Dioses leyeron la información permitiéndose albergar la esperanza.

– Como pueden ver el joven Harrison Potter, llamado Harry de cariño, es en realidad el príncipe Harrison, su hijo. Braggok le pidió que le permitiera quedarse con la pulsera para presentarla como evidencia si no creían en el contenido de la prueba de sangre, él no le dio ninguna información sobre ustedes ya que imaginó que el príncipe no le iba a creer. Solo le mencionó que tenía hermanos. Le pidió un par de días para organizar un encuentro con ustedes y el príncipe aceptó inmediatamente. Cuando terminé de hablar con Braggok decidí que investigaría un poco al joven y fui a su casa, me convencí cuando lo vi. Es idéntico a ustedes aunque su apariencia está atenuada por un ligero hechizo de glamour. Mostró un poco de todos los dones que le otorgaron y en su habitación hay dibujos del Olimpo, de sus castillos y de ustedes pegados en sus paredes – les mostró los dibujos y todos quedaron encantados con ellos – también lo vi hablando con los animales del bosque que rodea la casa. No me quise inmiscuir tanto y proseguí a investigar al hombre, Sirius Black; resulta que no es peligroso para el Príncipe, Black solo piensa en quererlo y cuidarlo. Solo quiere que el príncipe sea feliz.

Hecate vio cómo los Dioses inconscientemente se relajaron con esa información, ellos no mostrarían misericordia ante nadie que quiera dañar a su hijo. Y a ese hombre, Sirius Black, se asegurarían de agradecerle lo que estaba haciendo por su hijo.

– Él está bien, está vivo y pronto lo tendremos con nosotros – dijo Zeus, en su voz se podían apreciar todos lo que sentía, algo raro ya que él nunca dejaba que eso pasara y dejó impactados a los semidioses que se encontraban en la sala. – ¿Dónde lo veremos, Hecate? Queremos reunirnos con él cuanto antes.

Los demás Dioses apoyaron eso, ahora que sabían que Harrison estaba vivo no podían esperar para verlo. Ellos aun lo veían como el bebé que llenaba de alegría sus vidas.

– El lugar no esta definido aún pero, si me permite, le recomendaría que fuera un lugar donde el Príncipe se sintiera cómodo, un lugar que ya conozca. Pienso que así afrontaría mejor saber que ustedes existen y que son su familia. Además que le permitan llevar a alguien en quien confíe y se sienta seguro a su lado.

– ¿Qué lugar nos recomiendas, Hecate? Después de todo tu conoces a la perfección ese mundo. – Atenea había estado analizando todo el asunto y no es que no estuviera ansiosa por volver a ver a Harrison sino que era precavida.

Podría ser una trampa, después de todo los Dioses tenían muchos enemigos. Y aun no encontraban a la persona que se llevó a su hermano.

– Un lugar cerca de Hogwarts. Hogwarts es un colegio en donde se enseña a controlar la magia para que los niños no hagan daño accidentalmente, así como las diferentes ramas de la magia. Ahí recibe clases el Príncipe, ahora todos los alumnos están de vacaciones y sería un lugar ideal ya que el Príncipe siente el colegio como un hogar. Cerca de Hogwarts hay un pueblo, tal vez pueda ser ahí. O en una casa que está apartada de todo ojo público pero igualmente cerca de los terrenos en los que el Príncipe se siente protegido. Debo decir que esta última no es el lugar mas limpio pero estarían seguros que nadie intentaría interrumpir. – dijo Hecate pensando en todos los lugares posibles.

– Me gusta mas esta última, es ideal para un encuentro sin curiosos y sería mas cómodo para todos. Tenemos que apresurarnos a organizar todo; envía a alguien para que le notifique el lugar, el día y la hora. – Hera ansiaba ver a Harry ya que es el único hijo de su marido al que llegó a amar, tal vez tendría que ver que no fue concebido por ninguna infidelidad.

Las palabras de Hera si que sorprendieron a los semidioses presentes, nunca la habían escuchado hablar así de un hijo de Zeus, tal pareciera que amaba al joven y eso era algo inconcebible en la mente de los semidioses. Ella nunca trató bien ni a Jason o a Thalia.

– Muy bien, mi señora. Iré yo misma. ¿A qué hora quieren que sea la reunión? – Dijo Hecate

– A medio día, Hecate. Tenemos que preparamos, y hacermos a la idea que lo volveremos a ver después de tantos años –si bien Hades estaba que se moría por ir él solo a ver a su hijo sabía que tenia que esperar pocas horas ¿y qué eran unas pocas horas en comparación con todos esos años que no lo han tenido? Años en los que todos habían sufrido horrores por no tener a su niño con ellos.

– Estará todo listo, dentro de dos días a las doce del medio día el príncipe los estará esperando en la Casa de los Gritos. Yo vendré para llevarlos a todos ustedes. –Y así, la Diosa Hecate se desapareció del Olimpo para visitar al Niño Que Vivió y que resultó ser el pequeño Príncipe del Olimpo.