~Casa de Campo Black, lugar desconocido~
Era de noche y los dos magos de la casa se encontraban cenando en silencio.
Cada uno pensando en diferentes temas pero coincidiendo en uno. La inminente reunión con los padres biológicos de Harry.
Sirius, por un lado, no sabía qué pensar. Temía que quienes fueran los padres del chico intentarían llevárselo. Estaban en su derecho, claro, pero no se quería separar de su cachorro y, teniendo en cuenta que él era un prófugo, no había muchas posibilidades de poder seguir viendo a Harry o estar en su vida. Braggok había dicho que "ellos" vivían en otro continente, tal vez no lo conocieran. Posiblemente no supieran que él estaba huyendo de los Aurores... Pero ¿A quién quería engañar? Todo el mundo pensaba que él solo era un asesino y estaba seguro que los padres de Harry también lo pensarían.
Harry, por otro lado, tenía pensamientos parecidos.
Se encontraba fantaseando con el posible recibimiento de sus padres. Imaginaba una madre amorosa y un padre que estaría orgulloso de él. Unos hermanos fantásticos. Una familia numerosa y unida. Estaba nervioso y asustado. Soñaba con ese recibimiento pero también cabía la posibilidad que fuera lo contrario. Era probable que una vez supieran quién era su hijo no quisieran saber de él.
Maldecía a los Dursley por implantarle ese tipo de pensamientos. Los tenía tan arraigados en su ser que lo hacía inconscientemente.
No pudo evitar pensar en el futuro de su padrino. Si sus padres intentaran separarlo de él, rogaría de rodillas si era necesario para que Sirius se mantuviera en su vida. Él era demasiado importante para dejarlo de lado.
Sirius había estado muy poco en su vida, pero ya lo quería.
Estaban tan concentrados en sus pensamientos que no sintieron la alerta de las barreras. Alguien estaba tratando de entrar en sus terrenos.
~Fuera de la Casa de Campo Black~
Hecate prefirió no alterar las barreras, simplemente las atravesó. Sabía que las barreras notificarían a los dueños de la casa que ella las había traspasado. Solo esperaba que detectaron que no iba con malas intenciones.
Llegó rápidamente a la puerta y tocó.
Mientras esperaba a que le abrieran no pudo evitar revisar los pensamientos de ambos magos. Entendía los miedos de Sirius pero eran miedos sin un fundamento real. Los Tres Grandes no lo separarían del príncipe porque si lo hacían dañarían a su hijo y eso es lo último que harían.
Los pensamientos del príncipe eran más complejos y ella estuvo de acuerdo con una decisión que tomó, aunque no sería necesario rogar.
La puerta se abrió y ella fijó su mirada en un pequeño Elfo Doméstico.
Tobby, el elfo que contrato Sirius, reconoció de inmediato a la mujer que estaba frente a él. ¡Era su Señora! ¡Su Creadora! Nunca imaginó tenerla tan cerca. De inmediato hizo una reverencia.
- ¡Mi Señora! ¡Tobby tiene el inmenso honor de conocerla! ¿En qué puede Tobby ayudarla?
- Hola, Tobby - la Diosa vio los ojos brillantes del Elfo - Me alegra conocerte. No les digas a tus amos quién soy, diles que mi nombre es Morgana, vengo por un asunto de los Dioses Mayores y requiero el mayor secreto en cuanto a mi identidad. ¿Crees qué puedas hacer eso? - Hecate vio como el Elfo asentía rápidamente.
- Claro que sí, mi Señora. Tobby hará eso encantado. Tobby entiende y no dirá nada.
- Te lo agradezco, Tobby. Ahora, ¿puedes llamar a tus amos? Diles que vengo del banco Gringgots.
–Si señora
Tobby llevó a su Señora a la sala y la instaló ahí. Se aseguró que estuviera cómoda y fue a buscar a sus amos.
- En un momento traeré al amo Sirius y al amito Harry.
- Gracias Tobby. –dijo la Diosa mientras se sentaba cómodamente.
~Con Sirius y Harry~
Habían escuchado que tocaron la puerta y esperaban a que Tobby informara de quién se trataba. Podían ir y presentarse pero no querían arriesgarse. Sabían que era imposible que alguien con malas intenciones pudiera pasar las barreras; pero era mejor no ponerse en peligro y tenían todo listo para escapar si fuera necesario.
No tuvieron que esperar demasiado al elfo.
- En la sala les espera una mujer, Tobby la dejó pasar y la instaló ahí. Dice que se llama Morgana y que viene de parte de Gringgots.
Ante esa información Harry y Sirius se apresuraron a encontrarse con la mujer. Cuando entraron en la sala la vista los sorprendió. Nunca habían vísto a una mujer tan hermosa como la que estaba en su sala. Si tuvieran que describirla usarían una palabra: Perfección.
La mujer al verlos se levantó inmediatamente y ellos se acercaron.
- Señor Black, señor Potter -Hecate hizo una pequeña inclinación - Espero no haber interrumpido nada. Mi nombre es Morgana, encantada de conocerlos. Lamento venir tan tarde pero los Duendes así lo ordenaron.
- ¿Viene a decirnos cuándo podré reunirme con mis padres? - Harry se olvidó de ser cortés, fue directo al punto.
- Así es señor Potter. Los Duendes se comunicaron con ellos y establecieron que la reunión será en dos días. Aunque están impacientes por volver a verlo, necesitan ese par de días para organizarse, tenga en cuenta que viven en otro continente. El domingo 30 de junio a las 12 del mediodía lo esperarán en la Casa de los Gritos.
- ¿En la Casa de los Gritos? - Preguntó Sirius extrañado. Era un lugar raro para una reunión tan importante.
- Si, señor Black, la Casa de los Gritos. Es un lugar poco común para esta situación pero ellos lo decidieron así. Creen que si ustedes están en un lugar conocido el shock no será tan grande y estarán abiertos recibir información delicada. Ahora, si no les parece bien el lugar que ellos eligieron, pueden decirme dónde quieren que sea.
- No, esta bien. Realmente el lugar no importa. - Harry ansiaba que esos dos días pasaran rápidamente. En cualquier momento la Orden o los Aurores podrían encontrarlos.
- Muy bien. También me pidieron que les informara que puede llevar algunas personas con usted. Es sobre todo para que se sienta seguro.
- Gracias señorita Morgana por la información que nos trae. - Sirius tomó la mano de Hecate y la besó.
Harry al ver eso se sintió raro. Supuso que era él siendo egoista porque no quería que su padrino encontrara a una pareja. No por el momento. Quería tener a su padrino para él solo aunque sea por un tiempo, había estado solo toda su vida y ahora que tenía a Sirius no quería perderlo por culpa de alguien mas.
- Ese es mi trabajo señor Black, que ya he cumplido asi que me retiro -dijo Hecate despidiéndose y retirando su mano.
Y sin más Hecate salió de la casa dejando a un joven mago molesto por las acciones de su querido padrino. Eso le causó gracia.
Dentro de la casa Harry estaba molesto y Sirius confundido por la visible molestia de su ahijado, no lo entendía. Sirius supuso que su ahijado estaba enojado por no poder reunirse con sus padres inmediatamente y tenía que esperar dos días.
Harry se fue a su habitación con la excusa de comunicarse con sus amigos y Sirius, ya más tranquilo, fue a comunicarse con Remus. Quería obtener información de los movimientos de la Orden.
~Hogsmeade, Las Tres Escobas, domingo 30 de junio 1996, 8:15 a.m.~
Llevaban veinte minutos sentados en una mesa, Harry había estado tan ansioso que tomó la decisión de irse desde temprano y Sirius, por supuesto, fue con él.
Tanto él como Sirius habían cambiado sus apariencias. A este punto no podían arriesgarse a que los reconocieran.
Harry iba con el cabello rojo oscuro, sus ojos verdes cambiaron a negros, en su cara se encontraban algunas pecas, no tenía los lentes y su característica cicatriz había desaparecido. Aún así, con otra apariencia, nadie podía negar que seguía siendo guapo. Muchas de las mujeres que estaban ahí siempre volteaban para poder verlo una segunda vez.
Sirius no sabía que sentir ante eso. Si orgullo, felicidad, enojo, o qué.
Sirius cambió su cabello a uno rubio. Al principio no quería salir, porque decía que lo confundirían con Lucius Malfoy, lo que hizo reír a Harry. Sus ojos eran de un color café claro y estaba usando lentes.
Por unos pocos cambios la gente nunca lo reconocerían como el prófugo de Azkaban.
Ninguno de los dos se dio cuenta de dos adultos y un joven que se encontraban en una mesa del fondo que no apartaban la vista del joven mago. Un trio de dioses que veían a Harry con los ojos brillantes.
Primero llegaron los gemelos. Le traían malas noticias a Harry. Al parecer Dumbledore fue a la casa de los Dursley a buscarlo y se dio cuenta que Harry no se había ido con ellos. Tanto Dumbledore como su madre los interrogaron pero ellos siguieron afirmando haberlo visto irse con esos muggles.
Ahora los de la Orden lo estaban buscando por ordenes de Dumbledore.
Después de esa mala noticia quedaron en un silencio tenso hasta que una hora después llegó Draco Malfoy.
Draco supo como mejorar el ánimo de Harry. No por nada era uno de sus mejores amigos y el que sabía todos sus secretos. Draco le demostró que podía confiar en él y Harry lo hizo, incluso le contó como fue tratado en su niñez por los Dursley y los raros poderes que tenía. Él lo estaba ayudando a investigar. Y no es que no confiara en sus amigos, pero nunca se había dado la oportunidad ideal para hablar con ellos.
Sirius no se sorprendió al ver a Draco, porque su ahijado había tenido la delicadeza de decírselo antes. Así como el nombre de sus otros amigos. Si bien no confiaba en todos, Sirius decidió que primero vería y después hablaría con Harry respecto a sus amigos.
Neville, Luna y Blaise llegaron cuando faltaba una hora para él medio día. Ahora que todos sus amigos estaban presentes decidieron partir hacia la Casa de los Gritos.
Justo estaban entrando cuando fueron cegados por una fuerte luz. Cuando los magos pudieron volver a ver quedaron impactados ante las personas que tenían frente a ellos.
Eran un gran grupo en donde habían adultos y jóvenes, hombres y mujeres. Todos diferentes pero iguales al mismo tiempo. En lo que mas se parecían era en la belleza de cada uno.
Al parecer los Dioses también tuvieron la idea de llegar antes.
