Sin esperanza, espero.
Espero que los días sigan así, sabiendo que cambiarán. Me mantengo esperando no tener que irme, no tener que hacer nuevos amigos de nuevo, no romper nunca el contacto con Hikaru y Jun.
Espero seguir viendo a Tsubasa reír, seguir oyéndolo hablar de sueños; seguir ayudándolo a cumplirlos. Espero seguir jugando soccer con los compañeros de siempre, que ese siempre pase de meses a aún más meses.
Espero que mi padre siga en casa cuando llego, que me pueda ver más seguido, que termine pronto el cuadro del monte Fuji, que lo venda, lo reconozcan y ya no necesite trabajar tan duro todos los días para ganar tan poco dinero.
Espero tanto, tanto. Soy un chico tan codicioso, aunque fingí que no. Aunque quise engañarme, engañarlos a todos, diciendo que no soñaba con nada grandioso.
Miro al cielo y veo pasar un avión. Miro al frente y veo a mis amigos, a quienes quiero llamar así hoy incluso si no sé si podré llamarlos de esa manera en el futuro. Espero que puedan resolver sus conflictos.
Sonrío.
Si tengo que confesar el deseo que más fuerte he sentido desde que me mudé aquí, me gustaría volver a verlo. Me gustaría agradecerle por lo que hizo por mí, aunque no sé expresarlo con exactitud. Me gustaría dar las gracias por ser mi amigo, aunque él dijo que no me consideraba como uno.
Si no voy a volver a verlo en el futuro, me gustaría verlo hoy, al menos, para despedirme adecuadamente por última vez. Entonces no sentiría que quedó algo pendiente qué hacer de lo que podría arrepentirme luego.
De todas formas, por algún motivo, esto no se siente como una despedida. Algo me hace creer que tendré la oportunidad de verlo y hablarle pronto. Sé a dónde fue y voy a crecer, después de todo.
No estoy solo. Tengo un amigo muy inteligente que me puede ayudar, Jun, y un padre que ha viajado por el mundo y ya conoce cada rincón. Tengo a Hikaru y Tsubasa, quienes nunca se rinden y seguro que en alguna ocasión le enviarán una carta a su domicilio.
He lidiado tantas veces con los cambios sin anunciar, que ya no me asusta lo que venga después. La vida cambia, pero hay cosas que permanecen. Es la gracia de las rutinas y de días comunes y corrientes como los míos.
