Aquí vamos otra vez… La sexta creo. Aunque teóricamente esto no cuenta como historia.
Advertencias:
-Sexo: va a haber narraciones de situaciones subidas de tono.
Nada más que aclarar.
Sin más dilación (no hubo mucha hoy), procedamos con la ficción…
~~o~~
Yoru no Karasu
One-shot
Capítulo Único: Cuervos a Medianoche
~~o~~
De cuando en cuando, detestaba su trabajo. Aborrecía el día en que juró a los cuatro vientos que se convertiría en el próximo Hokage, o que lo sería en algún momento de la vida, en el orden en el que le tocara. Pobre de aquel niño elocuente que creyó fervientemente en sus convicciones, parado enfrente del monumento de las máximas leyendas, inflando el pecho, pensando: «Yo algún día seré Hokage, y así me respetarán y tendrán que corear mi nombre». Vaya iluso que pensó que ser Hokage, el líder de la Aldea Oculta de la Hoja, sería una labor atiborrada de emociones y grandes pugnas. Ciertamente, agradecía no estar en guerra; el papeleo se quintuplicaría sin dudarlo, comandando ejércitos de aquí para allá, expresando órdenes oficiales a sus generales en la vanguardia (Hiruzen alguna vez le había comentado de aquello, que su peor enemigo después de Ōnoki habían sido la tinta y el pergamino). Lo prefería así en verdad, aunque fuere jodidamente exasperante.
Se rascó su melenudo cabello rubio, en su mano derecha una pluma que garabateaba a velocidades supersónicas, esperando que, de alguna manera mágica, la pila de finos y delicados papeles decreciese y no aumentase como solía hacer cada que despejaba la vista de ella. En serio, casi parecía cobrar vida propia, multiplicándose con Jutsu de clones de sombra en el momento de menor distracción por su parte. Y Naruto, más que nadie, sabía perfectamente sobre Ninjutsu de multiplicación. Era su técnica insigne, después de las que había heredado de su padre o al mismo nivel.
Un ojo azul no se despegaba de los documentos por firmarse (el otro se centraba en los garabatos que pretendían ser firmas y palabras legibles. Pretendían), con el miedo insano y latente de que recurriese a su hechicería malévola para incrementarse y engordarse, como único objetivo joder al idiota del Hokage que siempre llegaba tarde, si es que lo hacía, a su dulce hogar. Al menos, él estaba guarecido con decenas de ANBU rodeando su oficina; otros, no corrían con su misma suerte.
Al pensar en ello, Naruto despegó sus ojos azulados de lo que estaba haciendo y miró la luna creciente en los cielos. Hoy no regresaría, sino mañana. Y como el primer día, los nervios lo carcomían, pese a que supiese indiscutiblemente que nada le pasaría, da igual la misión o el adversario. A su Karasu no la vencería nadie. Nadie humano.
Naruto negó con la cabeza en silencio y volvió a su trabajo. Y para su tremenda incredulidad, con los ojos en blanco notó que la montaña de papeles se había duplicado; el doble, creció en un instante. La quijada casi se le cae de lo absurdamente incoherente que resultaba todo. Literalmente, quitó la vista cinco segundos, no más. Y allí ya se plantaba otra hora y media de trabajo a toda su velocidad y actividad mental. Suspiró derrotado, decaído, totalmente vencido por la adversidad en este punto. 'Habría preferido ser yo a quien se lo tragara el Shinigami, padre ¿Por qué me condenaron a esto?', pensó con amargura. Con el estúpido enfurruñamiento de un niño, reinició su labor por la que, en teoría, había soñado desde siempre. O así fue hasta que notó algo, o alguien.
Percibió una presencia disfrazada, algo se había inmiscuido en su oficina. Una cosa indefinida, e imposible de sondear con la vista, el olfato o cualquier otro sentido. Sea lo que sea, parecía más un fantasma que un invasor. Intentó detectar si sus ANBU aún lo vigilaban, pero demasiado tarde ya era.
La sala oscureció. Un filo desenvainado amenazó con cortarle el cuello. Realmente, no se inmutó. Más cerca de la muerte estuvo antes. Sí le sorprendió, pero momentáneamente, antes de percatarse de quién se trataba, de que lo atraparan con la guardia tan baja. Momentáneamente.
De refilón, rescató en las esquinas de su visión un largo cabello, suelto, tan negro como el plumaje de los cuervos. Mentalmente, Naruto desactivó el sello explosivo de debajo de su escritorio, diseñado para acabar con las amenazas de aquel tipo, pero de las que sí matan y no sencillamente apoyan sus indecentes filos en las yugulares de los Kages por una especie de demostración, o una excitación de la crudeza irreal de tener en la palma de su mano a quien podría ser el hombre más importante de las Naciones Elementales.
"Te atrapé. De nuevo." Musitó una voz femenina, diabólicamente sensual en algunos aspectos para el agotado y necesitado de atención Uzumaki. Naruto respiró lentamente, su pecho relajándose tras la primera impresión instantánea de que alguien lo quería matar.
"Sí… Lo hiciste, otra vez." Reconoció él. Hizo el ademán de girarse, pero se tuvo que contener para no cortarse él solito el cuello; su «atacante» no bajaba la guardia, y mantenía férreo su tantō apuntando a un desliz de acabar con su vida. Aunque sea, por lo menos, así no tendría que seguir firmando papeles todo el maldito día.
"Ah, ah." Hizo el cuervo en negativa. "No, todavía no. Primero quisiera hacerle unas preguntas, Ho-ka-ge-sa-ma." Dijo de un modo que, devuelta, casi hace temblar al rubio sentado.
"¿Sí, cariño?" Naruto preguntó, algo inseguro de adónde desembocaría dicha situación. Él no negaría que en su pecho se asentaba un calor especial por saber que ella estaba bien, y a su lado nuevamente. Deseó que nunca más se separaran, a pesar de sus extrañas circunstancias.
"Karasu. Llámame Karasu, Hokage-sama." Corrigió la morena que lo tenía presionado con su filo, la mano diestra de ella bien tensada. Con un pie calzado con sandalias, le tanteó la entrepierna al rubio (ella era manca, por supuesto). Y Naruto supo lo que buscaba: una erección. Ella no quería provocarla, pero sí quería asegurarse de que no hubo allí otra recientemente. O quizás eso es lo que Karasu pretendía lograr. Quién sabía con una mujer de tantas mañas y rarezas que, en realidad, a Naruto lo embelesaban.
De repente, el filo se enfundó, pero antes de que el rubio pudiese suspirar aliviado, la muchacha, una ANBU de cabello azabache y máscara de cuervo, lo tomó por el cuello y lo obligó a mirar a unas cuencas dispares, integradas por un fulgurante, rabioso ojo de rojo y otro parsimonioso de amaranto. Ella se pegaba a su silla cual animal viperino a punto de atacar a la yugular de una presa.
"No te has masturbado, ¿cierto?" Ella preguntó, quebrando cualquier lógica en la conversación.
"No." Él respondió.
"No te habrás acostado con alguna de tus subordinadas, ¿no?" Ella preguntó con un tono increíblemente filoso, mil veces superior al filo del tantō que recientemente amenazaba con asesinarlo.
"Qué diablos…" Ella le pellizco la piel, esperando otra clase de respuesta. "¡Claro que no!" Repuso él, casi ofendido por tal cuestionamiento a su lealtad, a sus votos.
"¿Seguro? Yūgao parece una mujer en la cúspide de la vida, y tiene un cuerpo muy atlético y definido. Kurenai sigue soltera, al igual que la siempre joven Shizune. ¿Y qué me dices del amor de tu infancia, esa niña del color de los cerezos en primavera?"
"Solo decía eso para molestarte: siempre supe que tú eras débil a mis encantos y-agh…" Se quejó Naruto cuando ella le pellizcó por hablar demás.
"No te atrevas a tanto, pequeño zorrito." Los tomoes del Sharingan danzaron, en círculo y nunca perdiendo su centro, con gravedad. "Continúas estando bajo mi mano. Y podría hacerte sentir el verdadero dolor con un mero Genjutsu, o lo que fuere." Naruto chasqueó la lengua, sintiendo un ardor incómodo al fondo de su mente, causado por el centelleante ojo bermellón. El Rinnegan admiraba pasivo. "Pero, aun así, te creo." Concluyó allí la pesquisa de niña celosa de instituto. Ahora comenzaba lo trepidante.
El pie que aún descansaba sobre la entrepierna de Naruto había conseguido una dureza semienhiesta del pequeño amiguito del rubio. Victoriosa, la azabache rio, burlona.
"Ya sabes qué hacer si quieres una recompensa por tu fidelidad." Ella ronroneó, apoyando el mentón en el hombro de su amante, rodeando el cuerpo fornido del Hokage con su único brazo disponible. La máscara cubría cualquier expresión que la morena tuviera en esos momentos.
"En realidad…" Naruto dudó. "¿Qué es lo que exactamente tengo que hacer?" Soltó la pregunta sintiéndose un imbécil, y así se lo hizo notar la risa soberbia y contenida de ella, su Uchiha.
"Cuántos años juntos y todavía haces las mismas preguntas ingenuas…" Dijo Karasu. "La sandalia. Quítamela. ¿O acaso quieres que te pisotee el pene sin ir descalza?" Karasu, la ANBU personal y amante del Hokage, una Uchiha descarriada y pérfida, le acariciaba la barbilla con ternura a su amo, como buena y traviesa impostora de guardaespaldas.
"No, supongo que no." Dijo él.
"Entonces hazlo. Quítamela."
Seguidamente, Naruto desajustó el calzado de Karasu, dejando a la vista un blanco pie de impoluta pureza y divinidad. Ciertamente él nunca se fijaba en tales fechorías (prefería observar las cosas más… tradicionales), no obstante, era destable lo bien conservado de aquellas extremidades considerando que pertenecían a una shinobi en actividad. Aunque la Uchiha, en secreto, cuidaba muy bien de su imagen, muchísimo más de lo que la gente corriente daba crédito.
Con la planta del pie, rosada y moldeando chakra, ella lo continuó acariciando de un modo muy sexy y perverso. Las pulsaciones de Naruto se elevaban por los cielos, cohibido por la extrañeza de la práctica; su amante nunca antes le había hecho una masturbación con los pies. Él se preguntó como hacía para mantener el equilibrio, pero lo descartó rápidamente cayendo en la cuenta de que era una shinobi, una muy elástica y móvil. Él se dispuso a devolverle el favor a la ANBU acariciándole el muslo interno, por detrás de su silla, pero ella le apartó la mano de un cachetazo. La señal fue dada y obvia: ella mandaba aquí y ahora, y si no se lo pedía explícitamente, mejor que no se moviera.
"¿Por qué esta práctica sexual tan repentina, Karasu?" Dijo Naruto entre inspiraciones y expiraciones muy controladas.
"Lo he aprendido en mi última misión." Antes de que él pudiera analizar sus palabras, ella ya hizo su próximo movimiento.
De un tirón, ella le bajó primero el pantalón. Luego, enganchándolos con un dedo de los pies se dedicó a deslizar por la pierna del Hokage los bóxers de este. Un tanto despierta saludó la erección del rubio, un prominente falo. Ella inmediatamente comenzó a medir y sobar la masculinidad de su amo de la base, aplastando suave pero notable los testículos con la planta del pie, hasta la punta, ahorcando a la punta bulbosa y rosada entre los dedos del pie con la brusquedad justa para que sea excitante para el Hokage. Manteniendo el equilibrio cual gimnasta, Karasu le practicó una paja con el pie zurdo entretanto se encaramaba a la parte trasera de su asiento estando erguida, sujetándose de él como si dependiese el destino del mundo de ese simple acto.
Mientras tanto, con la mano diestra, ella le desabotonó su camisa anaranjada y le tocó los pectorales, apretando de cuando en cuando, pellizcando los pezones de él para tantear sus reacciones, él silbando por el doloroso placer que le causaba tanto eso como el agasajo con los pies que recibía su miembro viril, con manejo de chakra incluido. Aún Naruto rememoraba aquel día en aprendieron a trepar árboles, quedándose hasta tarde en los bosques del País de las Olas, dos jóvenes muy sudorosos e inconscientes apoyándose en el otro para, de algún modo, regresar a su hospedaje. Más de diez años después estaban aquí, actuando y haciendo cosas inimaginables para los niños que se querían irrefrenablemente pero que eran incapaces de admitirlo.
"Vaya… Pero si su majestad resultó ser un pequeño pervertido fetichista." Ella dijo, mientras lo masturbaba con su límpido y hábil pie (Naruto ya se había percatado de que ella se tomó la molestia de ducharse antes del encuentro, pasando por su casa compartida; el olor similar al de los frutos rojos que en ella se impregnaba cuando usaba sus cremas favoritas la delató).
"Si mi esposa me toca…"
"Shh…" Ella lo interrumpió, aplastando y estrujando la zona testicular con la planta del pie, más fuerte, abriendo y cerrando los dedos, como si estuviera acariciando una superficie terciopelada que daba sensaciones increíbles y excitantes a su ya de por sí terso pie. Ella parecía sufrir casi tanto placer como él, el masturbado, aún acariciándole los pectorales, el abdomen, el cuello y los hombros, en estos dos últimos dejando mordeduras y lamidas cual bestia que saborea su siguiente platillo a deglutir, su presa enjaulada y condimentada de pavor y sumisión.
"Es necesaria toda esta parafernalia, Satsu…" La enmascarada le tapó la boca, decidiendo que ya el Hokage la estaba incordiando con tanta cháchara.
"Silencio, Hokage-sama; estoy tratando de complacerlo. Es lo que un buen secuaz hace por su amo." Le retó la ANBU Karasu, su Sharingan transformándose levemente en Mangekyō en señal de que habría consecuencias si no seguía las órdenes dadas. La intrincada estrella roja cautivó o cohibió al personaje rubio, porque de ahí en más permaneció callado, a excepción de cuando daba a conocer su disfrute a través de gemidos y suspiros cuasi mudos.
Cortando la ensoñación de que su mujer lo complaciera de tan extraña pero placentera forma, Naruto se sorprendió cuando encima de su escritorio se elevó una columna de humo muy característica y reconocible. Un clon de sombra de Karasu, con la máscara de cuervo y el uniforme ANBU completo, excepto el par de sandalias, se arrellanó como una emperatriz en su despacho contra la regia madera, admirando todo con ojos juguetones. Naruto anticipó el movimiento, pero no por ello sintió menos deleite. El clon de su amada extendió su propio pie izquierdo para asistir a la original en su fructuoso trabajo que ya producía la exaltación traducida en emanación de fluidos preseminales.
"Agh." El rubio tuvo que contener con todas sus fuerzas los aullidos de jolgorio; el par de desvergonzadas estaban usando su chakra Raiton en sus extremidades para intensificar la sobrexcitación de Naruto, volviendo locas a sus neuronas. Explotaban cada debilidad del pobre, y quizás algo afortunado, rubio de ojos azules. Riendo y disfrutando de la caída del Hokage directo a las fosas de la locura, estaban las dos audaces ANBU; la piel pálida de ellas, veteada por lo rojizo de las plantas, magreando la recta, dura y turgente vara del Uzumaki. En un momento dado, la que se posicionaba enfrente de él, sentada con toda la sensualidad del mundo, hurgó entre sus ropas y desnudó un pecho fecundo y precioso, de pezones rosados, para que él la vea acunándolo, el clon dándose algo de placer a sí misma. Eso rompió con todos los límites del Hokage.
"Voy a…"
"Hazlo, no te contengas, amo." Karasu le susurró al oído de su amo.
Acto seguido, el rubio demostró unas fuertes contracciones únicamente contenidas por el abrazo contra la silla de su amante. Eyaculó, disparando varias veces por sobre los pies que hacía unos instantes lo mimaban. Viscoso y blanquecino el fluido que manchó e hizo un desastre entre las piernas del Hokage. Cuando liberó la cuarta carga, dejó de dar golpes impotentes de cadera; la viscosidad cayendo en una lenta cascada a lo largo de su virilidad.
"Eso fue mucho, amo." Dijo la Karasu de detrás de él, extendiendo los dedos enjuagados en simiente de sus pies; era la semilla de su amo, no se podía desperdiciar.
En una señal secreta y solo captada por los ojos de ambas Uchiha, la del escritorio rápidamente se agachó, quedándose adelante, a escasas distancia, del lío de fluidos y el pie de su original manchado. Sin que se lo dijesen, la azabache clonada se arrimó a la extremidad de Karasu, tomando el pie como si se tratara de un tesoro esencial y perdido, adorándolo con devoción inquebrantable, hizo la máscara a un lado, no revelando casi nada de su rostro desde la perspectiva de Naruto, y comenzó a lamerlo y limpiarlo. Aquello le causó cosquillas a Karasu, soltando una pequeña risilla complementada por la sonrisa perversa del clon, que se atisbaba en la esquina de su labio.
Naruto contempló la escena con muchas sensaciones, aunque predominaban la incredulidad y las irrefrenables ganas de tomar a las dos mujeres que se burlaban de él, a la vez. El clon sorbió sonoramente cada rastro del semen de su amo, y lo degustó con goce, experimentando cada matiz salobre en su ávida lengua, que devoraba como una lombriz rojiza el cuerpo sin vida de alguien a velocidades vertiginosas. Pasó por el contorno de las uñas blancas, se arrastró atravesando toda la planta baja hasta besar los tobillos, volvió y lamió en las rendijas de los dedos, las uniones de estos con la extremidad inferior. Cada centímetro del esplendoroso y hermoso pie fue atendido por el clon azabache. Cuando terminó, admiró su trabajo hecho.
"Perfecto. Excelente trabajo." Dijo casi sin voz la original; se estaban poniendo caliente las cosas en su centro, a Naruto, quien tenía nuevamente una orgullosa erección, no hacía falta que se lo dijeran para saberlo. Tanta perversidad corrompería a cualquiera. "Ahora termina tu trabajo, esclava." La Uchiha señaló con el dedo gordo del pie la punta bulbosa del pene de Naruto, manchada de blanco. "Esto sigue estando sucio y muy ansioso."
"Sí, mi lady." Respondió la sumisa Uchiha, que con la máscara medio de lado, apoyando las manos en las piernas del rubio, hizo lo que le fue dictaminado por su superiora.
Invisible para Naruto, la enmascarada clonada engulló su falo sin un solo ápice de retraimiento, atrapando toda la punta y avanzando hasta más allá de ésta en escasos instantes. Naruto conocía lo buena que era su esposa en esto, pero a veces no le venía mal recordarlo, con la práctica en carne y hueso, más carne que hueso. La Karasu original ayudaba, u obligaba, a la copia empujándola con el pie para que tragara más de la longitud del rubio; él gimiendo por lo bajo, tratando de no escupir sus gruñidos de disfrute. Con una mano, Naruto agarró del cabello a la copia azabache y la hizo profundizar aún más, llegando a la base de su masculinidad, haciéndole posar a la falsa Karasu la nariz brevemente contra su pubis; con la otra mano, él trató fallidamente de quitarle la máscara a la mujer que se estaba zampando su erección. Él temblaba demasiado. Tres meses sin interacciones sexuales de ningún tipo y sin masturbarse le pasaban factura incluso al hombre que gobernaba la mayor aldea militar de la historia.
"Quítate la máscara, esclava. El amo quiere verle el rostro a su pequeña servidora." Dijo Karasu, la perversión y la profundidad en aquellas palabras hicieron sentir un respingo eléctrico a Naruto, ¿o fue otra vez el maldito chakra Raiton?
Sea como fuese, la enmascarada se separó, para tristeza de Naruto, y se quitó el glande de la boca, para posteriormente deslizar su tapadera de blanco marmóreo con detalles en púrpura, que supuestamente buscaban emular rasgos córvidos. Detrás de la máscara estaba la belleza… No, detrás de la máscara estaba la misma definición de beldad. Ojos que debieron de ser carbón (al menos uno de ellos), pero que ahora centelleaban en rojo y amaranto; piel blanca, tan pálida como la luna, aunque ya antes vista cuando las dos lo masturbaron con los pies; facciones exquisitas y excepcionalmente proporcionadas, finas y delicadas, no dando la sensación de que aquella muchacha, en verdad, aparte de una hermosa dama y esposa, era una diosa de la batalla; su largo pelo negro, cual plumaje de cuervos, caía sin control, aún siendo sostenido con brusquedad por el ansioso rubio; de su faz, destacaban sus labios rojos, que ahora se disponían a reiniciar su felación, una sonrisa diabólicamente sensual dibujada en la línea de su boca. Ella era Uchiha Satsuki, su amada, su amor platónico de la infancia y su mayor obcecación durante toda la vida. Aunque esta, en concreto, no era más que un clon de la verdadera que se postraba detrás de él, acobijada todavía en la identidad secreta de los ANBU.
La copia de Satsuki se abalanzó. Atrapó con su única mano el pene del rubio y continuó lo de antes. No obstante, esta vez, aparte de que el Hokage recibía una deliciosa visión de un clon de su mujer, la copia desenmascarada y desfachatada decidió que sus testículos merecían un trato ecuánime; sin dudas, ella era más dada a dar placer con las manos y la boca que con los pies, y eso que él se corrió furiosamente cuando se lo hicieron con ellos. La copia avanzaba y retrocedía a gran velocidad, haciendo un obsceno ruido cuando su garganta atajaba el embiste indiscriminado del rubio, quien ya no podía contener la emoción y asistía, todavía un poco contenido por el brazo de su esposa, al clon en su labor. A su vez, la mujer clonada palpaba las gruesas bolsas que caían debajo de su virilidad, atrapándolas entre sus dedos y jugando con ellas como si fueren un par de pelotas muy divertidas. «Karasu», enroscada como una serpiente alrededor de su Hokage, animaba a su copia dándole caricias de cuando en cuando en las mejillas con el dorso del pie.
"¿Es esto lo que desearías, lord Hokage? Una perra sumisa y atenta a tus lujuriosas obcecaciones, a tu libido. Dime: ¿es esto lo que esperas de tus subordinadas, amo, de tu inocente secretaria Hyūga, que en estos momentos se debe de estar tocando del otro lado imaginándose lo que transcurre aquí dentro?
"Espera…" Dijo él apenas pudiendo hablar. "Ella está… pensé que tú…"
"Oh, sí, ella está del otro lado; espanté solo a los ANBU, y en especial a la viuda esa que nunca te despega la mirada. Estoy segura de que tu secretaria escucha a su líder máximo gimotear entretanto dos mujeres de verdad lo malcrían y maltratan por igual. Entretanto le muestran lo que alguien con agallas puede lograr, Hokage-sama." La voz de Karasu se elevó una octava, prediciendo el orgasmo a llegar del rubio. Naruto sintió algo especial, muy escalofriante, en las fauces del clon.
Y así fue. En un momento dado, él tomó la cabeza de la copia, destratándola gravemente (era un clon, esa era su desinhibición), tirando con todas sus fuerzas de sus cabellos azabache hasta penetrar con toda la gruesa y dura barra de carne que venían excitando con demasiada altivez el dúo Uchiha. Clavando su erección lo más profundamente posible, eyaculó y entregó su copiosa carga directamente en la faringe de la pelinegra. Los ojos de ésta se pusieron en blanco (exceptuando la cuenca del Rinnegan). Asimismo, los azules zafiros del Hokage rodaron hacia atrás, su boca abierta, un hilo de saliva saliendo de esta; sonidos confusos liberándose de su garganta. A Naruto no le cabían dudas: la Satsuki clonada había usado su chakra Raiton para hacer vibrar continuamente a su propia boca, produciendo un efecto obvio e inmediato en el no tan desafortunado rubio.
Cuando él abrió los ojos, ya había soltado del cabello a la pelinegra clonada; en un momento él pensó que le arrancaría el cuero cabelludo o que la haría desaparecer. Aparentemente, «Karasu» le dedicó bastante más chakra del que él se imaginó a la copia, que se encontraba con la cabeza apoyada en el regazo del Hokage, ladeada, de sus labios escarlata escapando un caudal de blanco, viscoso, cayendo en la colina voluptuosa de su único pecho desnudo. Ella vio su punto de concentración, y pidiéndole permiso con una mirada a la original, ella desnudó su otro pecho y los acunó juntos sobre su miembro para hacerle algo muy especial, algo que despegó la imaginación del rubio, haciéndole sentir vértigo… Sin embargo, tras unos segundos, la copia explotó en humo. Pero no se trataba porque el clon se haya quedado sin chakra o porque su ANBU personal lo haya hecho desaparecer. No. La corriente de poder masivo que la hizo desaparecer, y que hizo titilar a las luces de la oficina, provino del mismísimo interior del rubio. De la nada, Naruto había recuperado una claridad mental que, al parecer, se había esfumado junto a la llegada de su amada.
"Me he cansado de su ilusión." Sonó la voz rugiente de Kurama en la mente de Naruto. "Y tú eres tan imbécil e inútil como para no poder anteponerte al Genjutsu sin mi ayuda, aunque este tuviera el nivel de uno de la academia ninja."
'Kurama, ¿dónde mierda te habías metido.' Preguntó mentalmente el rubio, recuperando diafanidad en su psique. '¿Qué has hecho?'
"Durmiendo. Siempre estoy en tu mente haciendo lo mismo." Repuso lacónico el zorro. "Sentí una perturbación en mi descanso, y resulta que es tu pequeño cuervito haciéndose la lista con nuestra psique. Copúlala, o copúlense mutuamente, que más me da. Pero déjenme en paz. Nada de Genjutsus… Solo recuerda que ella dijo que aprendió eso que te hizo antes en su última misión… Saca tus propias conclusiones." Uno juraría que en plano real de las cosas se podía visualizar la sonrisa demoníaca del zorro, quien no disfrutaba de aquellos quienes se metían en la cabeza de su anfitrión, menos cuando se trataba de un infame Uchiha, personas de lo más desagradables y pérfidas, al menos en la opinión del Kyūbi.
Inmediatamente, Naruto recuperó total claridad de sus emociones y sentidos. Se convirtió en el mandamás de la habitación, en el Rokudaime Hokage de Konohagakure no Sato, reaccionando a las provocativas formas de su amada. Sus ojos salvajes se cambiaron por el rojo. Sus bigotes se hicieron gruesos. Líneas negras enmarcando su rostro feroz.
"Naru-ahh." Trató de hablar Satsuki, que fue tomada por sorpresa cuando, en un parpadeo, era presionada contra el escritorio vacío de la habitación; todos los papeles y pergaminos lanzados y revoloteando. Todo sucedió a la velocidad del rayo. 'Usó el Hiraishin.' Pensó Satsuki, detrás de su máscara una cara muy sorprendida. Había colocado un simple Genjutsu que volvía impotente y dócil al adversario sobre el Hokage cuando ingresó a su oficina. Pero, por lo visto, Kurama lo ayudó a romperlo.
La versión más salvaje y sexualmente activa de Naruto tomó el control, alrededor de él un aura roja lo abrazó (muy visible para ella gracias a su Sharingan y al Rinnegan), dándole un aspecto muy animal y haciéndolo verse tremendamente gigante en comparación con la pequeña ANBU dispuesta para su total satisfacción en la lisa madera. Sin preguntas, él se posicionó en el borde del escritorio y le arrancó el uniforme ANBU y le quitó la máscara. Él forzó el abrir de sus piernas, sonrió. Visible quedó la depilada entrepierna de la ahora sonrojada Uchiha, sus pechos blandos, lascivos y notables subiendo y bajando junto a su respiración nerviosa. Su cuerpo parecía el recipiente de un ser divino, perdido y extraviado en el mundo de los mortales. Tan blancamente puro. Tan perfecta y hermosa para el coito…
Hicieron contacto visual, entretanto él dirigía su masculinidad al orificio reluciente de humedad. De rosácea belleza aquella flor central que despedía su néctar angelical, dulcemente tierno, dulcemente delicioso. No obstante, Naruto pasó de largo, para la gran decepción inicial de Satsuki. Rápidamente la decepción mutó al pánico cuando se percató de las intenciones del hombre rubio. Más aun cuando Naruto parecía estar enojado, rabiosamente excitado.
"Na-Naruto, ¡no!" Dijo ella. "Más tarde quizás, pero prefiero que…"
Él la besó y la interrumpió. "No habrá más tarde hoy, Satsuki." Dijo, penetrándola, no por primera vez, analmente. Ella dio un gritó contenido por los labios interconectados.
No dolía tanto como la primera vez, pero el tamaño de Naruto, más que él no la había anticipado de su decisión, y por lo tanto humectado el área, complicaría las cosas. (También había otras razones secretas por las que Satsuki no quería que lo hiciera por allí.) Aunque esto último no tardaría en arreglarse cuando la propia excitación de ella enjuagara toda la zona, además de que Naruto ya estaba humedecido por la mamada de su clon. Otra cosa que sí no ayudó, fue la agresividad con la que acometió el rubio.
"¡Aaaah, Naruto!" Vociferó la Uchiha, sosteniéndose al borde de la mesa como pudo, teniendo la visión muy conmovedora del rubio semidesnudo golpeándola dura e irrefrenablemente; Naruto, en algún momento, se había desecho de toda su ropa menos los pantalones azules; ventajas de ser tan veloz como un chispazo.
Él sostuvo una pierna de ella contra sí, la otra siendo agarrada de la parte posterior de la rodilla para dejar más accesible el ano y la vagina de la Uchiha. Consciente de que talvez Satsuki estaba sufriendo un poco su embiste, Naruto usó el chakra de Kurama y la complació con una mano espectral de chakra dorado, halagando a su entrada superior y su núcleo encima de este. Inmediatamente causó que Satsuki se estremeciera y gritara con mayor potencia. Inclusive alcanzó su primer orgasmo en cuestión de segundos, chorreando el puente sexual entre ambos amantes, haciendo de la fricción algo sencillo y una preocupación descartable.
Se notaba que ella no había tenido sexo ni se había dado placer a sí misma por la facilidad con la que llegó al primer orgasmo. Eso, o realmente la excitó el tenerlo a él como a un muñeco de pruebas, como a un adolescente virgen e inexperto que es sorprendido por la voraz experiencia de una mujer hecha y derecha. Aun así, a Naruto lo turbaba sobremanera lo que ella dijo: «Lo he aprendido en mi última misión». Le preguntaría, eso sin dudas. Aunque seguro estaba Naruto de que ella no lo había traicionado. Ella le pertenecía, y ella lo sabía. Ella se había entregado a él en cuerpo y alma hacía años.
Enfrascado en sus pensamientos animales, Naruto aumentó su velocidad, para mayor jolgorio de ella y de él. Él despejó ambas piernas de ella a un lado, sin siquiera sacar su pene de su interior, y se arrimó para permanecer cara a cara con la Uchiha.
"¿Quién fue?" Gruñó él como animal embravecido, la voz sonando casi gutural. Ella no entendió del todo a qué se refería, quizás porque la estaban taladrando animadamente a la vez que complacían sus puntos más sensibles con pequeñas manos de chakra. "Enseñar. Pies. Tú aprender." Expresó él como si desconociese, o fuese muy limitado, en el idioma que hablaba. Los ojos rasgados inyectados en sangre, que refulgían a momentos con un color áureo y celestial.
"No me acosté con nadie. Estuve esperando por ti, pensando en ti, durante todo este tiempo." Satsuki repuso agitadamente. Naruto pareció amainar el embiste, calmándose un poco. Solo un poco. Siguió penetrando. "Nuestro cliente. En aquellas tierras lejanas. El hijo de puta era un engreído casanova, lo vi coqueteando con todas las muchachas del pueblo, algunas de ellas embarazadas por él. Inclusive lo intentó conmigo." Naruto bramó entre dientes, mostrando colmillos sanguinarios; muy posible que él anduviera pensando en ir y escarmentar a aquel indecente ser, como una celosa bestia de su amada, un espectro consumidor de almas, vengativo. Ella le sonrió, amando el rostro desfigurado en odio que él expresó, sintiendo un calor muy antinatural en su vientre. Definitivamente, no eran una pareja muy convencional: uno estaba más ido que el otro. "Aunque fracasó estrepitosamente, obvio." Aclaró, aunque no hacía falta. "Pero fue allí que vi cómo lo complacía una de sus tantas novias que lo querían abducir para ellas. Y entonces recordé que en mi hogar, en Konoha, mi amante es un famoso, guapo y cándido héroe de guerra que vuelve locas a todas las mujerzuelas a kilómetros a la redonda. Copié lo que ella hizo con mi Sharingan, y consideré fidelizarte de algún modo cuando volviera a casa."
Sorpresivo. Naruto paró sus embestidas. La incredulidad pintó su faz, antes enajenada en la cólera pura.
"¿Masturbarme con los pies era tu forma de volverme completamente fiel a ti, Satsu, en serio?"
Ella desvió la mirada a un lado, ruborizada. Su única mano apoyada en el ancho hombro del rubio. Estaban muy cerca sus caras, de la nada hablándose de manera bastante íntima.
"No solo pretendo hacer eso. Yo…" Hizo una pausa y tragó saliva. "Y-yo creo que estoy preparada para… intentarlo."
"¿Intentar el qué?" Preguntó él, realmente curioso, incapaz de interpretar las señales y la cara avergonzada de su queridísima esposa.
"Quiero… ser madre." Dijo tras uno segundos dubitativos. Los ojos azules se abrieron como platos. Naruto se quedó boquiabierto, sin una respuesta clara para dar.
"T-tú…" Tartamudeó él.
"Sí, Naruto, quiero ser madre. Y, por supuesto, eso te convierte a ti en padre… creo…" Lo último salió de su boca sin demasiada convicción. Después, reafirmó su postura y declaró con el corazón en la mano (y con el pene de su amante todavía en el ano): "Te he extrañado mucho, muchísimo en estos últimos tres meses. No veía el día para regresar contigo, arrastrarte fuera de la oficina y disfrutar de nuestros días en compañía del otro. Creo que ya estoy lista para retirarme, y pasar el resto de mis días junto a una familia que me ame y a la que cuidar. Unos niños a los que guiar, entrenar…" Ella acababa de soltar las palabras más dulces desde que se conocían, completamente fuera de lugar si se miraba las cosas que recién hacían, y la manera en que aún perduraban «conectados». "Y… además, no quiero que ninguna zorra se acerque demasiado a lo que me pertenece; se lo pensarán más de dos veces si eres padre. Y si lo hacen, me las pagarán dolorosamente." Pero obviamente tenía que condimentar tanta dulzura con algo de promesas sanguinolentas, muy clásico de su queridísima Uchiha, y eso sí que iba bastante acorde a la situación. Eran tal para cual. Por eso se amaban tanto: eran los únicos que podían resistirse al huracán que representaba el otro, tanto emocional como literalmente (ambos tenían el poder para deformar continentes).
"Entonces…"
"Ahora." Dijo ella, moviéndose para quedar totalmente abierta a él.
Naruto retiró su miembro de la cavidad trasera de Satsuki, apuntó a su entrada principal y lentamente se metió, gimiendo conjuntamente por el acto tan placentero que había adquirido un nuevo matiz tan excitante como agradable y precioso. Se abrazaron, compartiendo su calor, en variados sentidos. Desbocado, Naruto se hundió en ella, en su interior prieto y mojado. No importaba cuánto pasara o cuántas veces lo hiciesen: el goce siempre era igual de increíble, las entrañas de ella nunca lo dejaban de apretar y jamás dejaba de estar tan húmedo, como si fuera la primera vez en aquella prisión, con Satsuki maniatada y ciega y Naruto muy efebo y calenturiento como para rechazar; ni siquiera los barrotes pudieron impedir su primera vez. Tsunade de algún modo se enteró, y de ahí en más hizo todo a su disposición para sanear la mente de la Uchiha y reinsertarla a la sociedad.
Satsuki lo rodeó con sus piernas, él manteniendo su ritmo, a nada de ceder. Él pellizco, mordió y saboreó los pezones rosados de la Uchiha, imaginándose, de un modo perverso, que no dentro de mucho esas masas de carne crecerían aún más y, además, darían fruto, produciendo deliciosa y nutritiva leche materna.
'Mierda. Pasé demasiado tiempo con Jiraiya.' Pensó el rubio, muy avergonzado de sus insidiosas reflexiones dignas del Sabio Sapo. Por suerte Satsuki no le estaba leyendo la mente en esos momentos, si no la burla sería monumental. Esos pensamientos causaron su devenir. Traicionado por su propia perversidad, él no lo pudo contener por demasiado rato y explotó, por tercera ocasión en el día.
De la pierna de Naruto, se formó un apéndice de chakra dorado que, sin miramientos, se metió de lleno en la olvidada cavidad trasera de la Uchiha. Esto, sumado a la penetración vaginal y al juego que hacían los otras pequeñas extremidades y apéndices con su clítoris, llevaron a sus límites a Satsuki también, prácticamente llorando de deleite, siendo atendida en cada uno de sus puntos erógenos.
El resonante sonido de la carne chapoteando contra la carne se aceleró. También, los quejidos y gemidos de la Uchiha fueron creciendo en intensidad. Pero estos dos sonidos no fueron los únicos que continuaban en aumento, pues, para inconsciencia de los dos amantes calientes, el escritorio, que se componía de una madera común, era incapaz de resistir el embiste aumentado con chakra de los novios. El chakra de Indra y Ashura usado en sus últimos herederos y guerreros, pero no de la forma esperada por los dos antiquísimos hermanos, ni mucho menos su sabio padre.
Naruto dio la estocada final, corriéndose en el interior de su amada Satsuki, llenándola de una manera que nunca antes hizo. Ella le tiró de sus mechones rubios con su mano diestra, abrazándose a él mientras el mundo crujía a su derredor. Y crujiendo, éste se rompió. Cuando estaban alcanzando el clímax mutuo, el escritorio que usaban como apoyo finalmente cedió al poder de las dos mitades de Rikudo Sennin. La entremezcla de chakra morado y dorado vibraron en un plano irreal, solo captable con las habilidades sensoriales requeridas.
Lo que no necesitaba de aptitudes hipersensibles para saberse y para verse, era la abundosa semilla que de las entrañas de Satsuki escapaba. El Uzumaki salió de ella, solo para disparar otra vez sobre los labios inferiores y el pubis de ella. Los trozos de madera, astillas y el polvo se cernieron en la habitación. Naruto se percató y dejó de imbuir su energía hacia fuera, al menos calmándola lo suficiente para que un equipo ANBU no asaltase a la oficina pensando que su Hokage corría peligro. La Uchiha repitió el acto de su amado cuando recuperó algo de su consciencia.
"Eso fue estúpido: nos podrían haber descubierto." Dijo Satsuki. "Pero, aun así, fue el mejor polvo que hemos tenido." Ella dio un suspiro, sonriendo. No obstante, se dio cuenta de que un Naruto petrificado miraba a la puerta.
Satsuki giró su visión, teniendo el panorama del revés por su comprometida posición, y enseguida entendió por qué Naruto reaccionó así. Parada en la entrada a la oficina respetable e histórica del Hokage, Tsunade Senju vio como un par de jovenzuelos copulaban, o terminaban de copular, en el sitio donde alguna vez su abuelo fundador selló los primeros tratados de su ilustre aldea. Con los ojos en blanco y una vena fruncida en su frente, la Godaime resopló. Sin embargo, antes de que pudiera hablar o regañarlos, en un flash dorado los dos amantes concupiscentes se desvanecieron.
"Ahhh…" Suspiró frotándose las sienes. "Estúpidos niños. Nunca cambiaran."
~~o~~
Naruto la arrojó a la sobrecama, ya estando casi desnuda, con los restos de su atuendo ANBU asiéndose al cuerpo de ella con desesperación, no tuvo que pensar en mucho más que lanzarse encima de ella para, seguidamente, penetrarla a placer, sin demoras ni preliminares que entorpecieran su objetivo mayor. Sin nada de juegos con los pies o preguntas y respuestas. Sin embargo, a mitad del acto se detuvo y salió de ella. Se quedó arrodillado frente a ella, hundido profundamente en sus pensamientos. La boca un poco abierta, sus bigotes gruesos consiguiendo un aspecto infantil en vez de bestial. Satsuki habría soltado un «Ay, qué tierno» si es que esa ternurita no estuviera a nada de follarla como un animal en celo.
"¿Naruto?" Satsuki cuestionó algo insegura.
Como respuesta, Naruto sonrió salvajemente, mostrando colmillos crecidos y pupilas rasgadas e iris rojos. El zorro en su interior le dio otro golpecito de su chakra, pero en esta ocasión junto a una gran idea, un castigo muy especial y acorde a la situación, para la atrevida Uchiha que se coló en su oficina y lo torturó con su delicada sensualidad y sexualidad. Además, un modo de asegurar su impregnación.
El rubio cruzó los dedos en una posición de manos que, al hacerla, la memoria física de su chakra actuó por instinto. Columnas de humo explotaron alrededor de la entregada Uchiha, abierta de piernas, sudorosa, marcada en su pubis con los fluidos olientes de su marido y semirecostada en la amplia cama de la finca Uzumaki-Uchiha. Ésta abrió los ojos en una mezcla de pavor y sorpresa cuando el humo se alzó y de él se cernieron cinco hombres rubios: desnudos, musculados y erectos, listos para la acción con su amada y exuberante esposa. La esposa de Naruto: Satsuki Uchiha Uzumaki, prontamente madre.
Naruto vio el brilló en los ojos de la Uchiha, y se preocupó levemente por unos instantes, pensando que talvez la había intimidado sobremanera, que quizá se había pasado de la raya; él nunca la forzaría a tales prácticas si ella no lo deseaba, siempre esperando un acuerdo y un trato consensuado, a veces tácito como lo sucedido en la oficina. Cuando él iba recular, desvaneciendo a sus clones, ella extendió su única mano disponible a una de las virilidades y empezó a acariciarla. Satsuki se relamió y miró al Naruto original, una perversidad que solamente había visto en los ojos de Kurama, cuando aún se llevaban a matar, fue lo que ella expresó en sus ojos bicolores y su faz desfachatada.
"No hacemos esto desde la noche de bodas." Dijo ella con una voz ronca, recargada de lujuria.
Fin.
~~o~~
Anotaciones finales:
Me reí mucho escribiendo esta idiotez.
Cabe aclarar que no soy un especial fan de los pies, ni tengo ningún fetiche por el estilo (aunque no veo problema alguno de que esto le atraiga y excite a cualquiera); esto simplemente es una prueba pública para saber qué tan perverso y, a la vez, «romántico» (entre MUCHÍSIMAS comillas) puedo ser. Una escritura erótica que traspasa todas las barreras de lo indecente, con el objetivo de practicar las formas y maneras en las que escribiré escenas más serias (no Lemon vacío y sin sentido) en un futuro.
Si te ha gustado, házmelo saber; y si no, también.
Un gusto, y hasta la próxima.
