Desafío Pocky en la Aldea Ishigami.
Era una noche tranquila en el pueblo de Ishigami. Bajo la luz de la luna, un grupo de amigos se había reunido en la casa comunal para una pequeña celebración. Senku, Kohaku, Chrome, Ruri y Gen estaban disfrutando de algunos bocadillos modernos que Senku había logrado recrear con ciencia. Entre ellos, unas crujientes galletas Pocky.
Gen, con su característica sonrisa astuta, miró las galletas y tuvo una idea brillante, o al menos, una idea que lo divertiría enormemente.
— Oigan, ¿qué les parece si jugamos algo divertido? —dijo Gen, levantando una galleta Pocky entre sus dedos.
— ¿De qué hablas, Murciélago? —preguntó Kohaku, cruzándose de brazos con desconfianza.
— Es un juego muy popular en el viejo mundo —explicó Gen—. Se llama el Pocky Game. Dos personas muerden cada extremo de la galleta al mismo tiempo y el que se suelta primero, pierde. Es simple, ¿verdad?
— ¿Y cuál es el punto de eso? —preguntó Chrome, arqueando una ceja.
— Bueno, además de la diversión, el que aguante más... podrías decir que es el más valiente —respondió Gen con un tono travieso.
— Eso suena ridículo —espetó Kohaku—. ¿Cómo puede eso demostrar valentía?
Senku, que observaba desde un rincón con una taza de su recién inventado té en la mano, sonrió con ironía.
— Técnicamente, es un juego de resistencia psicológica y autocontrol. Aunque supongo que en este contexto... es más una excusa para ver a alguien ponerse nervioso.
Gen sonrió aún más. Todo iba según lo planeado.
— ¡Exactamente, Senku-chan! Y, ya que estamos en un ambiente relajado, propongo que nuestra querida sacerdotisa Ruri-chan sea la primera en jugar.
— ¿Eh? —exclamó Ruri, sorprendida.
— ¡¿Qué?! —Kohaku miró a Gen con desconfianza.
— Oh, vamos, no hay nada de malo en ello. Es solo un juego inocente —insistió Gen, asegurándose de que su tono sonara despreocupado—. Y claro, para hacer las cosas justas... lo jugaré con ella.
Los ojos de Chrome se entrecerraron.
— Espera un momento, Gen…
— ¿Qué pasa, Chrome? —preguntó Gen, sonriendo—. ¿Tienes miedo de que Ruri-chan gane?
Eso picó el orgullo de Chrome. Sabía que Ruri no era de las que se echaban atrás ante un desafío social, y además, todos estaban mirando. Si se negaba, parecería demasiado protector.
Ruri, por otro lado, sonrió con suavidad.
— No me importa intentarlo. Si es parte de la cultura del viejo mundo, quiero conocerlo.
— ¡Ves! ¡Ese es el espíritu! —Gen le ofreció una galleta Pocky—. Solo hay que morder cada extremo y… bueno, ¡el resto es historia!
Chrome apretó los puños pero se quedó en su lugar. Kohaku lo miró con cara de "no dejes que esto pase", pero Senku parecía más entretenido que otra cosa.
Ruri y Gen se colocaron frente a frente. Ella mordió un extremo de la galleta con gracia, mientras Gen, con su usual sonrisa de ilusionista, mordió el otro. Poco a poco, empezaron a acercarse a medida que mordían la galleta.
Chrome, con cada segundo que pasaba, estaba a punto de saltar, pero Kohaku lo agarró del brazo.
— Espera, si interrumpes, Ruri se enfadará contigo —le susurró.
Chrome resopló pero se mantuvo quieto.
Mientras tanto, Gen seguía avanzando con calma, acortando la distancia. Ruri mantenía la compostura, pero un leve sonrojo apareció en sus mejillas cuando sus labios estaban a centímetros de tocar los de Gen.
En el último momento, Gen dejó que la galleta se rompiera a propósito, y con una expresión triunfal, se llevó una mano al corazón.
— ¡Oh no! ¡Ruri-chan es la campeona! —anunció teatralmente.
Ruri solo parpadeó, sorprendida, mientras Kohaku rodaba los ojos.
— ¡¿Qué demonios fue eso, Gen?! —gruñó Chrome, adelantándose con furia contenida.
Gen levantó las manos en un gesto pacificador.
— Vamos, vamos, solo era un juego —dijo con una sonrisa inocente—. Además, nuestra preciosa Ruri-chan ganó. ¿No estás orgulloso?
Ruri, aunque sonrojada, solo rió suavemente.
— Fue... interesante. Gracias por mostrarme otro fragmento del viejo mundo, Gen.
Chrome seguía fulminándolo con la mirada, pero Senku se levantó y se estiró.
— Bueno, eso fue más entretenido de lo que esperaba. Ahora, si terminamos con los juegos absurdos, sigamos con algo más productivo.
Kohaku asintió, aún desconfiando de Gen, pero Ruri simplemente sonreía. Chrome, por otro lado, murmuró algo sobre "maldito Gen" y juró que no permitiría que se repitiera algo así.
Mientras tanto, Gen, satisfecho con su pequeña travesura, se alejó silbando, dejando atrás a un Chrome todavía rojo de rabia.
— Ahh, el amor y los juegos... qué combinación tan maravillosa. —musitó para sí mismo, disfrutando su victoria secreta.
