Primero que nada...
Te odio wartpad. Eliminaste mi cuenta y todas mis historias.
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Los personajes de esta historia no me pertenecen.
Prólogo, Naruto: el hijo prodigo del inframundo. DXD.
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Continente elemental.
Naruto se encontraba caminando lentamente, sus pasos pesados y desiguales, alejándose del campo de batalla de la Cuarta Guerra Ninja. Los vítores a causa de la victoria se escuchaban La devastación causado en la guerra quedaban cada vez más atrás, reemplazados por el silencio de un bosque sombrío. El aire estaba cargado de la fragancia de pinos y tierra húmeda, pero para Naruto, todo parecía distante y sin color.
Su piel muestra signos de agotamiento, con un tono pálido y sudor perlado en su frente. Uno de sus ojos está cerrado a causa de una herida reciente, con un corte visible que cruza su ceja y sigue hasta su pómulo, dejando un rastro de sangre seca. Su otro ojo está abierto, revelando el Rinne Sharingan que había obtenido de Sasuke antes de su muerte a manos de kaguya, su pupila brillaba en un contrasta con el cansancio reflejado en el resto de su rostro. Las líneas de expresión en su rostro están más marcadas, acentuando su estado de agotamiento.
Sus ropas, rasgadas y manchadas de sangre, ondeaban levemente con la brisa. Cada respiración era un esfuerzo, cada movimiento un recordatorio del dolor que lo consumía. Había decidido apartarse de sus amigos, de sus camaradas, con una resolución férrea: no quería que nadie lo viera en sus últimos momentos, no quería que nadie cargara con el peso de su muerte.
Naruto sabía que ellos intentarían salvarlo por cualquier medio, pero ahora su vida estaba más allá de la salvación, Ni siquiera había forma de reparar lo que se había dañado.
Sentía el peso de su propia existencia como nunca antes, un dolor profundo que no era solo físico, sino también espiritual y emocional, por las pérdidas de la guerra.
Encontró un claro solitario, bañado por la luz tenue del amanecer. El cielo se teñía de un rojo intenso, reflejando la sangre derramada en la batalla. Naruto se dejó caer al suelo, apoyando su espalda contra un árbol. Cerró los ojos por un momento, recordando los rostros de aquellos a quienes amaba: Sakura, Sasuke, Kakashi, y todos los habitantes de Konoha. Se sentía en paz sabiendo que había hecho todo lo posible para protegerlos.
El dolor en su cuerpo era insoportable. Sentía que Kurama, el Nueve Colas, estaba inquieto dentro de él, pero también sabía que su compañero estaba aceptando la realidad. Habían pasado por tanto juntos, y ahora, al final, compartirían este último momento en silencio.
Así que... este es el final. He llegado tan lejos... más allá de lo que muchos esperaban. Siempre soñé con ser Hokage, con ser alguien reconocido y amado por todos. Pero en este momento, me doy cuenta de que lo que realmente importaba no era el título, sino las conexiones que hice, las amistades que forjé, y la paz que traté de traer al mundo.
Recuerdo cuando era solo un niño, solo y despreciado por tener al Nueve Colas dentro de mí. Nunca entendí por qué todos me rechazaban... Pero encontré fuerza en ese dolor. Encontré determinación para demostrar que no era un monstruo, que podía ser más que eso.
Iruka-sensei, fuiste el primero en aceptarme. Kakashi-sensei, me enseñaste tanto, no solo sobre ser un ninja, sino sobre la vida. Sakura, siempre estuviste ahí, incluso cuando no veía las cosas claramente. Y Sasuke... siempre fuiste mi rival, pero también mi amigo. Quise salvarte, porque sabía que no podíamos lograr la paz si no estábamos juntos.
Hinata... fuiste mi luz en los momentos más oscuros de la guerra. Me diste la fuerza para seguir adelante cuando todo parecía perdido. Nunca olvidaré tu amor y tu valentía.
A todos los que lucharon a mi lado, a todos los que creyeron en mí... gracias. No pude haber llegado hasta aquí sin ustedes. Hicimos lo imposible, cambiamos el destino de nuestro mundo. Quizás no pueda ver el día en que la paz sea una realidad, pero sé que plantamos las semillas de un futuro mejor.
Kurama, siempre estuviste ahí, como una sombra oscura en mi vida, pero juntos encontramos una manera de coexistir. Gracias por tu fuerza y por confiar en mí al final.
Me duele dejar todo esto atrás, pero también siento una extraña paz. Tal vez, después de todo, encontré mi propósito. No como Hokage, sino como alguien que nunca se rindió, que luchó por sus amigos y por un mundo mejor.
Espero que mi legado inspire a otros a seguir adelante, a no rendirse nunca, sin importar cuán difícil sea el camino. Este no es el final de la historia, solo el final de mi capítulo. El fuego de la voluntad seguirá ardiendo en aquellos que vienen después de mí.
Mi tiempo se acaba... pero no me voy con rencor ni tristeza. Viví una vida plena, llena de retos y victorias, de lágrimas y risas. Alcancé a conocer la verdadera amistad y el amor. He dejado una parte de mí en cada uno de ustedes, y sé que seguirán adelante, fuertes y valientes.
Adiós, mundo. Adiós, Konoha. Mi espíritu siempre estará con ustedes.
Adiós, mundo shinobi. Gracias por todo. Y gracias a ti, pequeño Naruto, por nunca dejar de soñar fuiste vital para el hombre en que me convertí...
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Ubicación: Mundo humano, noroeste de Rusia
Una inmensidad de blanco cubría la tierra como un manto eterno. La nieve crujía bajo cualquier movimiento, y su pureza inmaculada se extendía hasta donde la vista alcanzaba. El aire era gélido, mordiendo la piel como pequeños cuchillos afilados. El viento silbaba a través de los árboles desnudos, sacudiendo la poca escarcha que aún colgaba de sus ramas. Todo en este lugar estaba atrapado en un silencio sepulcral, roto solo por el crujir de la nieve bajo unos pies descalzos.
En medio de este escenario gélido, un chico de cabello bicolor, rojo y plateado, se encontraba sentado en la nieve. Su piel pálida contrastaba con el brillo de su cabello, y uno de sus ojos, de un tono verde azulado intenso y el otro de un rojo carmesí, reflejaban la tranquilidad del lugar. Vestía solo un pantalón azul, lo que resultaba extraño considerando el clima, pero parecía completamente ajeno al frío.
A pesar de los trece años que aparentaba, sus ojos mostraban una madurez inusual, cargados con un brillo que denotaba una experiencia que pocos podrían comprender.
El niño levantó la vista al cielo, que comenzaba a teñirse de un gris oscuro mientras la noche se aproximaba.
"Me gusta el paisaje." murmuró, como si estuviera hablando consigo mismo.
Con un simple movimiento de su mano, un círculo mágico apareció frente a él, brillando débilmente en el aire helado. De ese portal sacó un teléfono móvil. Sin perder tiempo, comenzó a tomar fotos del entorno, capturando la belleza fría y desolada del lugar. Luego giró la cámara hacia sí mismo, ajustando el ángulo para tomarse unas selfies mientras posaba con una confianza natural, ignorando el suave pulso de una marca en forma de infinito que decoraba la parte posterior de su cuello.
"Supongo que el hashtag será Ice Boy. Sí, me gusta." comentó para sí mismo con una sonrisa ligera.
Naruto continuó tomándose fotos, cambiando de pose de ves en cuando, pero era evidente que no estaba completamente solo. Una mirada persistente lo observaba desde hace rato.
"Hazme caso, Naruto. Te he estado llamando."
La voz monótona, pero suave, rompió el silencio. Naruto apenas alzó la mirada del teléfono, sin molestarse en girarse.
"¿Qué pasa, Ophis? Estoy ocupado ahora." respondió con indiferencia, tomando otra selfie, esta vez con una sonrisa ladeada.
Desde el aire, una figura flotó hasta él. La fuente de la voz era una chica pequeña, con una apariencia que desafiaba la edad y una atmósfera que sugería que no era alguien común. Ophis, el Dragón Infinito, lo miraba con una expresión imperturbable mientras flotaba hasta ponerse frente a él.
"Ya te dije que no me uniré a tu equipo." añadió Naruto, todavía enfocado en su teléfono.
"Estoy formando un nuevo equipo." replicó Ophis mientras bajaba al suelo. Sin previo aviso, saltó sobre la espalda de Naruto, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello en un abrazo despreocupado.
Naruto apenas reaccionó, acostumbrado ya a sus excentricidades.
"¿Ah, sí?" dijo con desinterés mientras sostenía el teléfono frente a ambos. Su mirada se fijó en la pantalla. "Bueno, estás en mi selfie ahora, así que sonríe."
Ophis inclinó la cabeza para mirar su reflejo en la pantalla del teléfono. Su expresión apenas cambió, pero por un breve instante, una leve curva en sus labios dejó entrever una sonrisa casi imperceptible.
"Estoy dentro." dijo Naruto sacando la lengua para la foto.
Inspirada por él, Ophis replicó el gesto, sacando su pequeña lengua para la siguiente toma. Naruto soltó una risa suave.
"Entonces, ¿qué clase de equipo es este?." preguntó mientras guardaba su teléfono.
Ophis ajustó su agarre en el cuello de Naruto mientras él comenzaba a caminar, como si fuera un paseo habitual entre ellos.
"En realidad no es mi equipo. Es el del Dragón Emperador Blanco. Yo solo te recomendé, y él aceptó que te unieras."
Naruto arqueó una ceja, sin detenerse. Sus pies descalzos se hundían ligeramente en la nieve mientras avanzaban hacia el bosque cercano.
"Interesante. Aunque ya sabes que no soy fácil de convencer."
"Lo sé. Pero pensé que te divertirías." respondió Ophis con tranquilidad, sus ojos observando cómo la nieve caía suavemente a su alrededor...
"Te gusta mucho este lugar, ¿verdad?" agregó después de un momento de silencio.
"Supongo que este lugar es para mí lo que la Brecha Dimensional es para ti," respondió Naruto con naturalidad, observando el paisaje mientras sus palabras se mezclaban con el aire frío.
"Pero pasas más tiempo en la Brecha Dimensional que aquí," señaló Ophis, curiosa.
"Solo voy porque Baka Red me ayuda con esos sueños raros que tengo sobre ese mundo extraño. Aunque no he ido últimamente."
"No me gusta que te veas con ese Baka Red," dijo Ophis, frunciendo levemente el ceño. "Eres mío, y él quiere separarnos."
naruto rodó los ojos. "Nadie nos va a separar, Ophis."
Ella asintió, aparentemente satisfecha con su respuesta, mientras ambos entraban en un pequeño bosque. Después de unos minutos de caminata, llegaron a una cabaña sencilla pero acogedora, con humo saliendo de la chimenea y una suave luz cálida escapando por las ventanas.
Naruto abrió la puerta y dejó que Ophis saltara de su espalda. Ella se acomodó en un sofá mientras él hacía lo mismo en otro.
"Voy a ir a Italia. ¿Puedes llevarme?." preguntó Naruto mientras se dejaba caer sobre otro sofá, con los brazos cruzados detrás de la cabeza.
Ophis lo miró con calma.
"Italia es territorio de los Ángeles. Aunque suprimas bien tu aura demoníaca, un ángel de alto rango podría notarte."
Naruto se encogió de hombros, sin mostrar preocupación alguna.
"Hay un torneo de fútbol en Italia. Quiero ver algunos partidos."
La respuesta simple y directa pareció satisfacer a Ophis, quien asintió.
"Está bien, te llevaré."
Naruto asintió, satisfecho, y cerró los ojos por un momento.
"Por cierto, ¿cuándo conoceré a este equipo del Dragón Emperador Blanco?." preguntó con un bostezo, mostrando lo poco que le importaba el tema en realidad.
"Cuando esté completo. Todavía faltan algunos miembros." respondió Ophis mientras cruzaba las piernas y lo observaba con esa mirada eterna en su rostro.
Naruto soltó un suspiro.
"Espero que no sean aburridos."
Ophis inclinó la cabeza, pero no respondió. Afuera, la nieve seguía cayendo, cubriendo la cabaña en un manto de tranquilidad helada. Esto era solo el comienzo de algo mucho más grande.
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Ubicación: Mundo humano, Italia
El atardecer pintaba el cielo con tonos cálidos, y una brisa ligera recorría las calles empedradas de un pequeño pueblo al sur de Italia. Naruto caminaba con tranquilidad, sus manos en los bolsillos y su mirada vagando entre los edificios antiguos. Su cabello bicolor se agitaba suavemente con el viento, mientras sus ojos analizaban el lugar con desinterés aparente.
A lo lejos, un bullicio animado captó su atención. Se giró ligeramente y vio a un grupo de adolescentes jugando fútbol en una cancha improvisada, rodeados de espectadores entusiastas.
"Hace tiempo que no veo un partido callejero..." murmuró con un toque de interés en su voz.
Decidió acercarse y se sentó en unas gradas pequeñas a la mitad del campo. Sacó su teléfono del bolsillo y comenzó a tomar algunas fotos, capturando momentos aleatorios del juego. Mientras enfocaba la cámara en una jugada clave, una discusión cerca de la portería llamó su atención. Dos jugadores debatían acaloradamente si el balón había cruzado la línea o no.
"El balón no entró..." murmuró Naruto divertido, su tono relajado pero seguro.
"¿Estás seguro? Estamos bastante lejos para decirlo con certeza."
Una voz femenina y suave resonó a su lado, melodiosa y serena como una dulce melancolía convertida en sonido. Naruto no se sobresaltó, pero arqueó una ceja. Había sentido esa presencia siguiéndolo desde que llegó al pueblo, aunque había decidido ignorarla hasta ahora.
Giró ligeramente la cabeza y observó a su interlocutora. Era una mujer vestida con una túnica blanca y negra que cubría su figura por completo, con un velo que ocultaba su rostro. Aun así, podía percibir la suave curva de una sonrisa bajo la tela.
"Tengo buena vista, monja." comentó con indiferencia, aunque en su mente analizaba la situación. Así que ella es quien me ha estado siguiendo...
La mujer soltó una risa ligera, y aunque su rostro seguía oculto, su tono reflejaba cierta diversión.
"Puedes llamarme Gabriel."
Naruto ladeó la cabeza, fingiendo pensarlo.
"¿Gabriel, eh? Entiendo... Yo soy Naruto. Dime, monja, ¿te gusta el fútbol?"
"Te dije que me llames Gabriel." Insistió ella con un tono casi infantil.
Naruto casi podía imaginarla haciendo un puchero bajo el velo, lo que le sacó una leve sonrisa.
"Mi error." dijo con una media sonrisa. "Dime, Gabriel, ¿te gusta el fútbol?"
El fútbol era algo que le había interesado desde que vio un partido en vivo en Inglaterra años atrás. Había encontrado cierto encanto en la pasión de los aficionados y la intensidad del juego.
"En realidad no, pero vine solo para distraerme un poco." respondió Gabriel con calma.
Naruto supo de inmediato que mentía. No había venido por el partido, sino por él. Pero decidió seguirle el juego, ya que en realidad no le molestaba su compañía.
"Distraerse un poco es bueno." comentó con tranquilidad. "Esa es la razón por la que estoy en Italia."
"Oh, ¿en serio?" preguntó ella con genuina curiosidad.
"Sí, estoy aquí para ver el torneo de fútbol que se celebrará en este país." respondió Naruto. Era un evento que había estado esperando con ansias durante meses.
"Hmm... ¿Qué torneo?" inclinó ligeramente la cabeza.
Naruto la miró de reojo con una sonrisa burlona.
"No sales mucho de tu convento, ¿verdad, monja?"
"Oye, no soy tan ignorante." replicó ella en tono juguetón. "¿Y qué es este torneo?"
"Búscalo en internet." Naruto la despidió con un gesto casual. No había venido a Italia para dar clases a "monjas."
"¿Qué es internet?" preguntó ella con curiosidad.
Naruto la miró de nuevo, esta vez con incredulidad.
La risa melodiosa de Gabriel llenó el aire, pura y cristalina, como campanillas repicando suavemente al viento.
"Solo bromeo. Sé lo que es internet, pero no tengo teléfono." confesó ella, con un dejo de diversión en su voz.
Qué extraña... pensó Naruto, aunque no lo dijo en voz alta.
Pasaron unos minutos en silencio, observando el partido hasta que finalmente terminó. Naruto se levantó y comenzó a caminar tranquilamente por las pintorescas calles, pero no tardó en notar que Gabriel lo seguía de cerca.
"¿Por qué me sigues?" preguntó con tono desinteresado, sin girarse.
"¿Qué vas a hacer ahora?" ignoró su pregunta y lanzó otra en su lugar.
Naruto suspiró, ya esperando algo así.
"No lo sé, tal vez vaya a cenar o al cine. Lo que pase primero."
Tenía un poco de hambre, probablemente se decidiría por la cena.
"Genial. Te acompaño." Gabriel aplaudió con entusiasmo.
Naruto detuvo sus pasos y la miró de reojo.
"Solo por curiosidad... tienes dinero, ¿verdad?"
Para Naruto no era un problema el dinero, pero tenía curiosidad si la "monja" podía pagar sus propios gastos.
"No tengo nada." Gabriel negó con la cabeza con evidente diversión en su voz.
Naruto cerró los ojos un momento y suspiró más largo esta vez.
"Por supuesto que no tienes..." Naruto murmuro.
enserio tengo que cuidar de esta "monja."
El viento sopló suavemente, mientras los dos continuaban caminando juntos por las tranquilas y pintorescas calles italianas.
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Minutos más tarde...
El aroma de la comida inundaba el acogedor restaurante, un pequeño local con paredes de ladrillo visto y lámparas cálidas que creaban una atmósfera relajante. Afuera, la brisa nocturna recorría las calles adoquinadas del sur de Italia, donde las luces de los faroles y el murmullo de la gente daban vida al pueblo.
En la mesa, Gabriel llevó un bocado a sus labios, degustándolo con una expresión de puro deleite.
"Está deliciosa." murmuró, con una sonrisa suave y satisfecha.
La comida era un festín de la gastronomía italiana. Frente a ellos, platos humeantes de ossobuco alla milanese con un cremoso risotto de azafrán, cubierto con una generosa capa de gremolata que añadía un toque cítrico y fresco. Junto a este, una fuente de caponata siciliana, con berenjenas tiernas y pimientos cocidos en un denso sofrito de tomate, alcaparras y aceitunas negras. Finalmente, un pan recién horneado acompañaba la comida, con su corteza dorada y crujiente liberando el inconfundible aroma de la harina tostada.
Naruto, sin embargo, apenas prestaba atención a la comida. Su mirada estaba fija en Gabriel.
Cuando la comida llegó, la arcángel levantó ligeramente su velo, revelando su rostro sin siquiera darse cuenta del impacto que tenía en su acompañante. Bajo la luz tenue del restaurante, su piel parecía resplandecer con un brillo etéreo, como si la pureza misma tomara forma en ella. Sus ojos azules, más profundos que el cielo de verano, reflejaban una calidez inusual parecía casi divina. Sus labios, delicados y rosados, parecían diseñados por los dioses mismos, curvándose suavemente con cada palabra que pronunciaba.
Naruto se sorprendió a sí mismo observándola de más. No era solo su belleza lo que lo hipnotizaba, sino la serenidad con la que comía, disfrutando cada bocado con una dulzura que desarmaría hasta al más feroz de los demonios.
Sin embargo, sacudiendo ligeramente la cabeza, decidió concentrarse en su propia comida antes de que Gabriel notara cuánto la estaba mirando.
La cena continuó con comentarios ocasionales de la "monja", quien parecía completamente fascinada por la gastronomía.
"No esperaba que los sabores fueran tan vibrantes..." dijo mientras probaba la caponata—. "Es como si cada ingrediente contara su propia historia..."
Naruto sonrió levemente.
"Eso dicen de la comida del sur de Italia." respondió, tomando un trozo de pan y llevándolo a su boca. "esa es la razón por la cual vine primero al sur, suelo viajar para conocer bastante sobre las diferentes culturas."
Gabriel lo miró con una expresión encantada.
"Me gusta eso, tal vez puedas contarme historias de tus viajes..." dijo en voz baja, desando saber mas de lo que hace su "amigo."
Después de un rato, la cena llegó a su fin. Gabriel, aún con una sonrisa radiante, apoyó las manos sobre la mesa y miró a Naruto con emoción en los ojos.
"Entonces, ahora vamos al cine." Gabriel le dijo.
Naruto parpadeó, sorprendido por su entusiasmo.
"no tienes algún lugar donde estar." Naruto pregunto.
"para nada." Gabriel inclinó levemente la cabeza con un aire inocente. "ademas quiero seguir pasando tiempo con mi "amigo".
Naruto suspiró..
"Bien, bien. Vamos."
Ángel aprovechado, no se supone que ustedes sean así. Naruto pensó pero decidiendo complacer al ángel en su pedido.
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POV: Naruto Uzumaki
La noche pasó en un suspiro.
Las calles de la ciudad estaban tranquilas, casi desiertas a estas horas. Solo el sonido de nuestros pasos rompía el silencio. La luna brillaba con fuerza en lo alto, su luz plateada mezclándose con el resplandor cálido de las farolas. A pesar del aire fresco de la noche, la compañía de Gabriel mantenía el ambiente relajado.
"Entonces, ¿solo viniste a Italia para ver un torneo de fútbol?." preguntó Gabriel, dando un pequeño salto con gracia. Su voz sonaba ligera, pero era evidente que estábamos entrando en territorio serio.
"Es como dije." respondí, agitando una mano con indiferencia. "¿Acaso encontraste alguna mentira en mis palabras?"
"En realidad, no." admitió, con una expresión pensativa. "Pero no está de más asegurarse."
Le lancé una mirada de soslayo antes de soltar una risa ligera.
"Incluso si tuviera malas intenciones, ¿crees que te las diría?" dije con diversión. "La Biblia dice que nosotros, los demonios, no somos precisamente conocidos por nuestra honestidad."
Gabriel inclinó la cabeza ligeramente, evaluando mis palabras.
"Bueno, tienes razón." dijo al cabo de unos segundos. "Pero no pareces una mala persona."
Me detuve un instante y la miré con incredulidad.
"¿Dices que soy una buena persona?" repetí, casi burlón. "dices esto solo por que no me conoces bien."
Gabriel no respondió. En cambio, me sonrió con suavidad y siguió caminando. No insistí en el tema.
El silencio entre nosotros no era incómodo. Al contrario, tenía cierto aire de comprensión. Caminamos juntos por las calles empedradas, dejando que la brisa nocturna nos envolviera.
Finalmente, Gabriel se detuvo frente a un edificio con un aire antiguo pero majestuoso.
"Aquí es donde me quedo." dijo, girándose hacia mí con una expresión tranquila.
Yo asentí, pero antes de que pudiera despedirme, la vi levantar su velo con delicadeza. Una vez más, su rostro quedó completamente expuesto.
Era... hermosa.
Su piel tenía un resplandor etéreo, como si la luna misma la besara. Sus ojos celestes brillaban con una pureza difícil de describir, y su sonrisa irradiaba una calidez que contrastaba con la imagen solemne que muchos tendrían de un ángel. Era la clase de belleza que, incluso para alguien como yo, resultaba difícil de ignorar.
"Yo también quiero una." dijo de repente, con una sonrisa radiante.
Parpadeé, desconcertado.
"¿Una qué?" pregunte.
"Una foto." respondió sin dudar. "Antes estabas tomando fotos, ¿no? Yo también quiero una."
Su petición me tomó por sorpresa, pero solo me encogí de hombros y saqué mi teléfono. Gabriel se posicionó a mi lado con naturalid, acercándose lo suficiente para que nuestras cabezas quedaran juntas en el encuadre.
Tomé la primera foto sin problemas, pero en la segunda saqué la lengua de manera juguetona, arrancándole una risa ligera.
"Bueno, tener una foto con un ángel será un buen recuerdo de mi visita a Italia."
"Gracias, Naruto. Me divertí hoy." dijo Gabriel con una dulzura genuina en su voz.
No respondí con palabras, solo asentí antes de darme media vuelta. Al alejarme, levanté la mano en un gesto de despedida sin mirar atrás.
Era una escena simple, un momento tranquilo. Pero de algún modo, algo en esa noche me hizo sentir que no sería la última vez que nos veríamos.
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Meses después.
ubicación: desconocida.
El viento soplaba suavemente entre los árboles, moviendo las hojas como si fueran susurros del bosque. Naruto estaba sentado en la gruesa rama de un árbol con los ojos cerrados, su respiración tranquila, casi meditabunda. Entre sus brazos, Ophis descansaba cómodamente en su regazo, con su pequeña figura encajada perfectamente contra su pecho.
"Ya están aquí." murmuró Ophis con su voz suave y neutral.
Naruto abrió los ojos lentamente, su mirada zafiro y roja carmesí reflejando la luz de la luna. Justo frente a ellos, un círculo mágico comenzó a formarse en el aire, brillando con un resplandor etéreo antes de que varias figuras emergieran de él.
El primero en salir fue un joven de cabello plateado y ojos azul hielo. Su sola presencia emanaba confianza y poder. Vali, el líder del equipo y portador del Hakuryūkō, el Dragón Blanco de la Supremacía.
A su lado, un hombre alto y elegante apareció con una postura impecable. Arthur Pendragon, el portador de la legendaria Excalibur Ruler. Justo detrás de él, una joven de cabello dorado y vestimenta de hechicera sonreía con curiosidad. Le Fay Pendragon, la hermana menor de Arthur, descendiente de la famosa hechicera Morgan Le Fay.
Luego, una carcajada ligera se escuchó cuando un hombre de piel bronceada y expresión juguetona hizo acto de presencia. Bikou, el descendiente del gran Rey Mono, Sun Wukong. Sus ojos dorados brillaban en emoción.
Por último, una figura femenina se deslizó fuera del portal con gracia felina. Kuroka, la nekoshou, su cabello negro azabache cayendo en suaves ondas sobre su espalda, y sus ojos dorados mirándolo con un brillo travieso.
Naruto los observó en silencio, su mirada evaluando a cada uno sin mostrar emoción. Ophis se acomodó en su regazo sin prestarle mucha atención al grupo recién llegado, como si su presencia fuera irrelevante.
Kuroka observo y con movimientos felinos se movió, sus colas agitándose suavemente detrás de ella.
Arthur observó en silencio, pero Le Fay sonrió.
Vali fue el primero en romper el silencio, cruzándose de brazos mientras lo miraba con interés.
"Así que tú eres Naruto." Su tono no tenía burla, pero sí una ligera curiosidad, como si estuviera analizando la diferencia entre los comentarios escuchados por Ophis y la realidad.
Naruto no respondió de inmediato.
/
fin del capitulo
