Fiebre Secreta.
Era un día caluroso en la aldea Ishigami, y la luz del sol iluminaba cada rincón del lugar. Ruri, la hermana de Kohaku, había comenzado a sentirse mal por la mañana. No era algo grave, pero tenía fiebre y se sentía débil. Al principio, pensó que era solo el calor, pero con el paso de las horas, su estado empeoró un poco.
Chrome había ido a buscar minerales para un nuevo experimento, y Ruri estaba sola en la pequeña choza que compartía con su hermana. Kohaku, preocupada por su bienestar, estaba en el campo trabajando, pero pronto se dio cuenta de que Ruri no se encontraba bien.
En ese momento, alguien tocó suavemente la puerta.
—¿Ruri? —la voz de Gen resonó a través de la madera.
Ruri, acostada en su cama, levantó la cabeza con esfuerzo y miró hacia la puerta.
—Oh, es solo Gen —dijo, aunque su tono de voz sonaba algo débil.
La puerta se abrió con un chirrido y Gen entró, con su sonrisa característica en el rostro. Su mirada se fijó en Ruri, y al instante se dio cuenta de su malestar.
—¿Te encuentras bien, Ruri? Te ves... solo un poco menos radiante de lo habitual —dijo con su tono juguetón y ligeramente burlón.
—Es solo un poco de fiebre —respondió Ruri, tratando de restarle importancia a su estado—. Chrome debería estar de vuelta en poco rato.
Gen caminó hacia ella, acercándose con pasos tranquilos y calculados. Se sentó al borde de su cama y la miró con ojos brillantes, una chispa traviesa en su mirada.
—Bueno, si él no está, yo podría quedarme a cuidarte —ofreció con una sonrisa ladina—. ¿Qué te parece? Seguro que con mis habilidades, podré hacer que te sientas mejor en un abrir y cerrar de ojos.
Ruri lo miró con una mezcla de desconfianza y diversión.
—No sé si es buena idea... no quiero ser una carga —murmuró, aunque la fiebre la hacía sentirse vulnerable.
En ese momento, Kohaku irrumpió en la habitación, con una expresión seria en el rostro. Al ver a Gen cerca de Ruri, frunció el ceño.
—¡Gen! ¿Qué haces aquí? —preguntó con un tono protector—. Ruri está enferma, ¡y no confío en ti para que te quedes a solas con ella!
Gen levantó las manos en señal de rendición, pero su sonrisa nunca desapareció.
—Tranquila, Kohaku. Solo quiero ayudar a Ruri. No seas tan desconfiada. Después de todo, soy el único aquí con los "poderes curativos" adecuados —dijo, burlándose de su propia "habilidad" para manejar cualquier situación.
Kohaku lo miró con desdén, pero antes de que pudiera protestar más, Senku apareció en la puerta.
—Kohaku, necesito tu ayuda —dijo sin rodeos, mirando a su hermana. Luego se dirigió a Gen—. ¿Tú? ¿En serio? Bueno, si estás aquí para hacerle algo raro a Ruri, mejor vete. Pero si estás dispuesto a ayudarme en algo realmente importante, entonces escucha.
Kohaku, al ver a Senku, suspiró y dejó de hacer tanto escándalo. Aunque no le gustaba la idea de dejar a su hermana al cuidado de Gen, sabía que Senku tenía un proyecto en mente que necesitaba su ayuda urgente.
—Gen —continuó Senku, sin tomarse tiempo para hablar de más—. Estuve trabajando en una nueva fórmula para estabilizar la energía, pero tengo que hacer un experimento con componentes peligrosos. Necesito tu ayuda para que todo salga bien.
Gen, que había estado jugando con una pequeña piedra en la mano, levantó la mirada con una sonrisa aún más amplia.
—¿Un experimento peligroso? No gracias, prefiero cuidar de la preciosísima Ruri —dijo, señalando a la joven que estaba aún en la cama.
Senku lo miró con desaprobación, pero sabía que no podía hacer mucho en este momento. Se volvió hacia Kohaku, que ahora parecía más indecisa.
—Leona, si no me ayudas, no podremos continuar con el experimento. ¿No tienes confianza en que Gen pueda cuidar de tu hermana? Ya que lo mencionas tanto, parece que te preocupa... mucho.
Kohaku bufó, mirando a su hermana, que ahora sonreía suavemente, a pesar de su malestar.
—¡Está bien! —exclamó Kohaku, sabiendo que Senku tenía razón. Estaba claro que no tenía muchas opciones—. Pero no te acerques demasiado a ella, Gen.
Gen simplemente asintió, su sonrisa más amplia que nunca.
Cuando Kohaku salió de la habitación, Senku se retiró rápidamente para continuar con su experimento. Y ahora, solo quedaron Ruri y Gen en la habitación.
—Te voy a cuidar, Ruri —dijo Gen, inclinándose hacia ella con una mirada intensa y juguetona. Se sentó en el borde de la cama y tomó la mano de Ruri entre las suyas—. No te preocupes, lo haré lo mejor que pueda.
Ruri se sonrojó ligeramente ante la cercanía, pero su fiebre la hacía sentir más vulnerable de lo habitual.
—No es necesario, Gen... pero gracias —dijo con voz suave, aunque sentía una extraña calidez al tenerlo cerca.
Gen, viendo la oportunidad, se inclinó aún más hacia ella, acercando su rostro al suyo. Ruri intentó apartarse ligeramente, pero no podía evitar sentirse atraída por la cercanía de él. Gen, siempre astuto, aprovechó la situación y, sin decir palabra, le dio un tierno beso en la frente.
—Descansa, Ruri. Te recuperarás rápido —murmuró con suavidad, su tono ligeramente más serio.
Ruri cerró los ojos por un momento, sus pensamientos confundidos entre la fiebre, el cansancio y la extraña sensación de calma que había experimentado con el gesto de Gen. Aunque su mente sabía que él era solo un poco más que un bromista, no pudo evitar sentir que había algo más en su gesto. Algo que la hacía sentirse más conectada con él de lo que habría esperado.
Ruri se quedó mirando al techo, tratando de despejar su mente. La fiebre no parecía ceder, pero algo en la forma en que Gen la había mirado, la había tocado… la hacía sentirse extraña. Como si sus emociones estuvieran enredadas, como un nudo en su estómago. Nunca había prestado tanta atención a sus gestos antes, nunca había sentido algo más allá de la amistad y la admiración por él.
Gen, por su parte, parecía haber notado el cambio en la atmósfera. Había un silencio incómodo entre ellos, pero su sonrisa nunca se desvaneció. Se recostó al lado de la cama, cruzando los brazos detrás de su cabeza mientras miraba el techo.
—Así que dime... ¿has avanzado algo con Chrome? —preguntó de repente, sin girar la cabeza hacia ella, como si su voz flotara en el aire.
Ruri, sorprendida por la pregunta, lo miró rápidamente. Su rostro se puso un poco más rojo, una mezcla de incomodidad y calidez.
—A...Algo —respondió, aunque su voz sonaba incierta, casi como si estuviera buscando sus propias palabras. No era que no amara a Chrome, pero había algo que la hacía sentirse desconectada últimamente. Como si algo faltara.
Gen giró la cabeza, fijando su mirada en ella con una intensidad casi palpable.
—¿Es especial para ti? —su voz era más suave ahora, como si estuviera sondeando su alma. Su mirada penetrante hacía que Ruri no pudiera evitar sentirse expuesta.
Ella tragó saliva, buscando algo de fortaleza en sus pensamientos.
—Sí, Chrome es... especial para mí. Siempre me ha apoyado —dijo, aunque no estaba tan convencida de sus propias palabras. Un suspiro escapó de sus labios—. Pero últimamente... siento que las cosas no son tan sencillas como parecen.
Gen arqueó una ceja, sus labios curvándose en una sonrisa traviesa.
—¿Te has estado preguntando qué pasaría si... un cierto otro "hombre" estuviera más cerca de ti? —su tono era más profundo, un susurro que parecía desafiarla a decir algo que no estaba lista para admitir.
Ruri no supo qué responder, y por un momento, la fiebre pareció empeorarle. Se recostó más sobre la almohada, cerrando los ojos para calmarse, pero las palabras de Gen la seguían, envolviéndola como una niebla densa.
Gen notó su incomodidad, pero en lugar de apartarse, se acercó un poco más. Sin previo aviso, le rozó la mano con la suya, su toque suave, como si quisiera asegurarle que estaba ahí, que podía confiar en él.
—Ruri, sabes que estoy aquí para ti, ¿verdad? —dijo, su tono ahora más serio, aunque su mirada todavía mantenía ese matiz de picardía. Sin embargo, había algo más, algo sincero en su voz que no solía mostrar.
Ruri, aún con los ojos cerrados, asintió lentamente. El calor de su fiebre la envolvía, pero la cercanía de Gen le producía una sensación extraña. No sabía si era solo la fiebre o si sus palabras realmente resonaban en ella.
—Gracias, Gen —susurró, su voz apenas audible.
Justo cuando la habitación se llenaba de ese silencio cargado, se escuchó el sonido de pasos afuera de la choza. Chrome había regresado, y su voz resonó al entrar.
—Ruri... ¿cómo te sientes? Me dijeron que estas enferma —preguntó con una preocupación genuina, pero al ver a Gen tan cerca de ella, algo en su rostro cambió. Sus ojos se estrecharon, aunque trató de no mostrar su incomodidad.
Ruri abrió los ojos, sorprendida al ver a Chrome. A pesar de su fiebre, se incorporó lentamente, no queriendo parecer demasiado débil frente a él.
—Chrome... estoy bien, solo un poco de fiebre —dijo, sonriendo débilmente para tranquilizarlo. Sin embargo, la preocupación en sus ojos no pasó desapercibida para Gen.
Gen se levantó de la cama con una sonrisa amplia, como si estuviera en control de la situación.
—No te preocupes, Chrome. He estado cuidando de ella todo este tiempo. No ha sido necesario que te preocupes por nada. Ya sabes, soy bastante bueno con las "heridas", incluso las del corazón —bromeó, aunque su mirada hacia Ruri no perdía esa intensidad, como si estuviera probando algo más allá de las palabras.
Chrome no pareció divertirse mucho con la broma de Gen. Aunque había algo en su tono que lo hacía sentir incómodo, intentó mantener la calma. Se acercó a Ruri, poniendo una mano sobre su frente para comprobar su fiebre.
—¿Te sientes más fría? —preguntó, mirando con atención el estado de salud de su novia.
Ruri asintió, sintiendo que su mente comenzaba a nublarse nuevamente. Su corazón latía rápidamente, pero no sabía si era por la fiebre, por la cercanía de los dos hombres o por lo que acababa de suceder entre ella y Gen.
Gen se quedó observando en silencio, sus ojos fijos en Chrome, y luego desvió la mirada hacia Ruri, casi como si estuviera evaluando la situación. Una sensación de tensión flotaba en el aire, y él no podía dejar de sentirse intrigado por las emociones no resueltas que había visto en ella. Pero, por ahora, se quedó en su lugar, manteniendo su sonrisa de siempre.
—Bueno Ruri, parece que por ahora ya no me necesitas más. Chrome, Te dejo que te encargues del resto —dijo, comenzando a alejarse hacia la puerta—. Pero, si alguna vez necesitas un "cuidado especial" nuevamente, sabes dónde encontrarme.
Ruri, aún atónita por todo lo que había sucedido, miró hacia Gen mientras se iba. Esa sensación de incertidumbre seguía latente en su pecho, como una chispa encendida que no sabía cómo apagar.
Chrome se quedó junto a ella, mirando hacia la puerta con desconfianza, pero al ver que Ruri parecía más tranquila, se relajó un poco.
—Voy a quedarme contigo el resto del día, ¿está bien? —preguntó, tomando su mano con suavidad.
Ruri sonrió, aunque su mente seguía ocupada por los momentos con Gen.
—Está bien... solo... quiero descansar un poco —respondió, cerrando los ojos.
Pero dentro de ella, algo seguía girando. No sabía qué sucedería después, ni cómo debía sentirse respecto a Gen. Tal vez era solo una pequeña distracción momentánea... o tal vez, estaba comenzando a descubrir algo mucho más complicado de lo que jamás había imaginado.
El sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo con tonos anaranjados y rosados mientras la tarde se desvanecía. En la choza, la quietud se mantenía, pero en el aire había algo cargado de tensión, algo que ni Ruri ni Chrome podían ignorar.
Ruri, aunque se había quedado dormida un rato, despertó poco después, aún con la fiebre en su cuerpo, pero con la mente más clara. Miró a Chrome, que estaba sentado junto a ella, aún preocupado por su salud.
—Gracias por quedarte conmigo, Chrome —dijo con una sonrisa suave, agradecida, pero algo distante en su mirada. Algo que no podía identificar.
Chrome la miró con ternura, pero su rostro estaba algo tenso, como si algo lo estuviera molestando.
—No es nada, Ruri. Lo único que quiero es que te mejores —respondió con un tono cálido, pero sus ojos reflejaban un destello de incertidumbre—. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme por qué Gen estaba tan cerca de ti antes. ¿Por qué de repente parece tan interesado en ti?
Ruri lo miró fijamente, sin saber qué decir. La verdad era que no había nada explícito entre ella y Gen, pero su actitud en el día de hoy había sido diferente, más invasiva, más... cercana. Su pecho se apretó al recordar el toque de sus manos, el beso en la frente que le había dejado una sensación extraña y cálida. No sabía si debía contárselo a Chrome. No quería preocuparlo innecesariamente.
—Gen solo estaba... cuidándome —respondió con suavidad, aunque sus palabras sonaban vacías, como si estuviera tratando de convencerse a sí misma de que todo estaba bien.
Chrome la observó por un largo rato, su expresión aún seria. Se inclinó un poco más cerca de ella, tomando una de sus manos con gentileza.
—Ruri, sabes que siempre puedes confiar en mí, ¿verdad? No tienes que esconder nada —dijo, su voz baja, casi como un susurro. Pero, al ver que ella no respondía de inmediato, un pequeño destello de duda cruzó sus ojos—. Solo... me preocupa que estés tan cerca de alguien como Gen, que... no sé si te está tratando con las mejores intenciones.
Ruri se sintió herida por las palabras de Chrome, aunque no era su culpa. Él no conocía la complejidad de lo que había sucedido entre ella y Gen, y ella misma no sabía cómo describirlo. Solo sabía que había algo en él que la hacía sentir cosas que nunca había experimentado antes, algo que la desconcertaba, algo que la perturbaba y al mismo tiempo la atraía.
—Chrome... no tienes nada que temer. Gen solo está siendo... él mismo —respondió, intentando restarle importancia. Aunque su corazón no estaba tan seguro.
Esa misma tarde, después de que Ruri se quedó dormida, Gen, que había regresado al laboratorio para continuar con el experimento con Senku, no pudo evitar pensar en lo que había sucedido. Sabía que había cruzado una línea, pero su instinto siempre lo llevaba a esos territorios peligrosos, donde podía jugar con las emociones de los demás y manipular las situaciones a su favor.
Estaban en medio de preparar los ingredientes para el siguiente paso del experimento cuando Senku lo interrumpió.
—¿Qué pasa, Gen? Te noto distraído. ¿Algo más en tu mente además de tus típicas bromas? —preguntó Senku, con su mirada fija en los tubos y frascos que tenia en su mano.
Gen, que estaba al lado de una mesa con frascos y papeles, levantó la vista hacia él y sonrió de manera juguetona.
—Oh, no te preocupes, Senku-chan. No he dejado de pensar en la ciencia... pero también en... otras cosas —dijo con una sonrisa enigmática, sabiendo exactamente lo que quería sugerir.
Senku lo miró con una expresión que dejaba claro que no estaba interesado en ese tipo de distracciones.
—Te conozco, Gen. No me vengas con juegos. Sé que algo te está rondando por la cabeza. ¿Qué pasó con Ruri? —preguntó, dejando la pregunta en el aire, sin un atisbo de sorpresa. Senku era un hombre de lógica, pero había algo en la manera en que Gen hablaba que le decía que había algo más detrás de sus palabras.
Gen dejó de sonreír por un momento, mirando hacia el suelo como si evaluara si debía seguir o no con esa conversación.
—No pasó nada, Senku-chan —dijo, cruzando los brazos con gesto tranquilo—. Solo... hay algo en el aire. Algo que ni tú ni yo podemos ignorar. Pero no te preocupes. No haré nada impulsivo. Solo... me divierto jugando con las posibilidades.
Senku lo miró fijamente, como si buscara entender qué significaba esa respuesta ambigua. Pero al final, no dijo más. Sabía que Gen nunca actuaba sin tener un plan en mente, y no quería meterse en sus asuntos personales.
—Mantén tu enfoque en lo que importa. Ruri está enamorada de Chrome y él de ella. Ya sabes lo que eso significa —dijo Senku, volviendo a su trabajo con rapidez, consciente de que la mente de Gen siempre estaba ocupada en algo más.
Gen dejó escapar un suspiro, tomando una copa con un líquido brillante, y levantándola ligeramente como si brindara en silencio por algo que él sabía que pronto sucedería.
—Sí, Senku-chan... pero todo tiene su tiempo —dijo, casi para sí mismo.
Mientras tanto, en la choza de Ruri, ella despertó nuevamente. La fiebre había disminuido un poco, pero aún no se sentía completamente bien. Chrome estaba sentado a su lado, observándola en silencio, como si esperara que ella dijera algo.
Ruri se sentó lentamente, mirando hacia la ventana, donde la luz de la luna comenzaba a iluminar todo.
—Chrome... —comenzó, su voz suave—. He estado pensando mucho últimamente. No sé qué está pasando, pero siento que algo no está bien. No solo por la fiebre. Hay algo dentro de mí que no puedo ignorar.
Chrome la miró preocupado, pero antes de que pudiera decir algo, ella lo detuvo levantando la mano.
—No estoy hablando solo de la fiebre, Chrome. Estoy hablando de mis propios sentimientos. Y... hay algo en mí que aún no entiendo bien. Algo que ha cambiado... desde que Gen... —sus palabras quedaron suspendidas en el aire.
El silencio se apoderó de la habitación mientras Chrome procesaba sus palabras. La mirada de Ruri era distante, como si estuviera buscando algo en el horizonte.
—Ruri, ¿qué estás tratando de decirme? —preguntó con un tono suave, casi temeroso.
Ella lo miró, sus ojos buscando una respuesta, pero no la tenía.
—No sé lo que quiero, Chrome. Pero algo dentro de mí me dice que las cosas entre nosotros podrían no ser lo que pensaba... —respondió, y por primera vez, no sabía cómo continuar.
La noche había caído por completo, envolviendo la aldea Ishigami en un manto de calma, pero en el interior de la choza de Ruri, el aire estaba cargado de una tensión palpable. Ruri no podía quitarse la sensación de confusión que la envolvía. La fiebre había bajado, pero sus pensamientos seguían revueltos. Sentía que algo estaba cambiando dentro de ella, algo que no sabía cómo manejar.
Chrome, por otro lado, no pudo evitar sentirse vulnerable al escuchar sus palabras. Había algo en la voz de Ruri que le hizo entender que no era solo la fiebre lo que la hacía hablar de esa manera. Ella estaba luchando con algo más grande, algo que ni siquiera ella misma comprendía por completo. El brillo de incertidumbre en sus ojos lo inquietaba.
—Ruri... —dijo Chrome, acercándose a ella con cautela. Sus manos temblaban ligeramente mientras las extendía hacia ella, buscando apoyo—. Si hay algo que no entiendes, algo que te hace dudar, quiero que me lo digas. Sabes que siempre estaré aquí para ti. Pero no quiero que te sientas presionada.
Ruri lo miró, sorprendida por la sinceridad de sus palabras. Chrome siempre había sido su apoyo, su refugio en los momentos de inseguridad. Pero, ¿y si lo que sentía por él ya no era suficiente? ¿Y si las emociones que había comenzado a descubrir por Gen eran algo que no podía ignorar?
—No es que no te quiera, Chrome... —dijo en voz baja, casi como si temiera que sus palabras pudieran herirlo—. Es solo que... las cosas han cambiado dentro de mí. No sé cómo explicarlo. Siento como si... como si ya no fuera la misma persona. Y no sé qué significa todo esto.
Chrome la miró, su rostro mostrando una mezcla de dolor y comprensión. Tomó una profunda respiración antes de hablar, intentando mantener la calma.
—Ruri, yo... —Comenzó a hablar, pero las palabras se atoraron en su garganta. No sabía cómo pedirle a Ruri que no cambiara, que no lo dejara atrás. Pero tampoco podía obligarla a quedarse si no lo sentía así.
Ruri miró sus manos, incapaz de encontrar las palabras correctas. El silencio llenó la habitación, pesando sobre ambos como una carga invisible.
Mientras tanto, en otro rincón de la aldea, Gen se encontraba bajo la luz tenue del laboratorio de Senku. No podía dejar de pensar en lo que había sucedido ese día. En cómo había tocado a Ruri, cómo había jugado con sus emociones. No le preocupaba que Chrome estuviera allí, ni que Kohaku desconfiara. Para Gen, todo eso era parte del juego. Pero había algo en el aire que no podía ignorar: la conexión que había sentido con Ruri, esa chispa que había encendido algo dentro de él. Y aunque sabía que no debía involucrarse, no podía evitarlo.
Estaba sentado en una mesa, observando las notas del último experimento que estaban haciendo, pero su mente seguía regresando a Ruri. Se levantó con un suspiro, recorriendo el pequeño espacio mientras daba vueltas en su cabeza.
No es solo un juego, pensó. No lo es… no esta vez.
Justo cuando estaba a punto de continuar con su trabajo, escuchó un suave golpe en la puerta. Gen se giró, y al ver que no era Senku, su curiosidad aumentó. Abrió la puerta y se encontró con la figura de Kohaku, que lo miraba con una mezcla de desconfianza y determinación.
—Gen, tenemos que hablar —dijo Kohaku, sin preámbulos, entrando sin esperar permiso.
Gen la observó, con una ligera sonrisa en los labios.
—¿Acerca de qué, Kohaku-chan? —preguntó, adoptando su actitud de siempre, aunque podía notar la tensión en el rostro de la joven.
—No me gusta cómo has estado actuando cerca de Ruri. Sabes que no confío en ti, pero... ahora hay algo más. Algo que no puedo ignorar —dijo Kohaku, sus ojos fijos en los de él con una intensidad que rara vez mostraba.
Gen se cruzó de brazos, sin dejar que su expresión cambiara.
—¿Y qué es lo que no puedes ignorar, Kohaku-chan? No soy el culpable de los sentimientos de tu hermana —respondió con tono desafiante, aunque sus palabras sonaban más frías de lo que realmente quería mostrar.
Kohaku dio un paso hacia él, su voz más baja, pero no menos firme.
—Lo que no puedo ignorar es que, cada vez que estás cerca de ella, me siento como si estuvieras jugando con algo que no entiendes. Ruri es vulnerable, y no quiero que la lastimen. Sé que no eres tonto, Gen. Tú sabes cómo manipular a las personas, y no me importa si no lo haces de manera consciente. Pero no voy a quedarme de brazos cruzados mientras juegas con los sentimientos de mi hermana.
Gen la miró por un momento en silencio, notando la seriedad en sus ojos. De repente, la atmósfera cambió. La broma ya no estaba presente, y un lado más oscuro de él emergió, como si finalmente estuviera dispuesto a ser sincero.
—Tienes razón en algo, Kohaku-chan... —dijo en voz baja, casi en un susurro—. Estoy jugando. Pero no con ella, no con Ruri. Estoy jugando conmigo mismo. Porque no sé lo que estoy sintiendo. Y es aterrador.
Kohaku se quedó en silencio, observando a Gen, sorprendida por la vulnerabilidad en su voz. Por un momento, olvidó la animosidad entre ellos, como si, por un fugaz instante, pudiera entender la lucha interna que él estaba atravesando.
—No quiero que la lastimes, Gen —dijo finalmente, su voz más suave pero firme—. Porque aunque no lo creas, yo también me preocupo por Ruri. Y si tienes alguna intención real hacia ella, lo sabrás en el momento en que lo hagas. Pero si solo la ves como un juego... te aseguro que no te lo perdonaré.
Gen la miró con seriedad, pero la chispa traviesa de siempre brillaba en sus ojos.
—No soy tan tonto como para lastimarla a propósito, Kohaku-chan. Aunque... no sé qué haré con estos sentimientos que ni yo mismo comprendo. Y eso me asusta más que cualquier otra cosa.
Kohaku lo observó un momento más, con la sensación de que había algo más grande en juego que lo que ambos podían ver. Con un último suspiro, dio media vuelta y salió de la habitación, dejando a Gen solo con sus pensamientos.
De vuelta en la choza de Ruri, la conversación entre ella y Chrome continuaba, aunque las palabras ya no eran suficientes para resolver lo que sentían. La tensión entre ellos había aumentado, y ambos sabían que algo debía cambiar, aunque ninguno de los dos sabía por dónde empezar.
Ruri, al final, miró a Chrome con una expresión decidida.
—Chrome, te aprecio más de lo que puedo decir... pero no puedo seguir pretendiendo que todo está bien cuando no lo siento así. —Tomó una pausa, su pecho apretado por la angustia—. Necesito un tiempo para pensar, para entender lo que realmente quiero.
Chrome la miró, y por un momento, la tristeza y la comprensión cruzaron su rostro. No era lo que esperaba, pero sabía que era lo que necesitaba escuchar. El silencio entre ellos se alargó, pero ninguno de los dos podía negar lo que acababa de suceder.
Ruri se recostó en su almohada, mirando el techo, sus pensamientos vagando entre los recuerdos de su relación con Chrome y los momentos que había compartido con Gen. Todo parecía confuso, como si estuviera atrapada entre lo que sentía y lo que debía sentir.
El futuro, para Ruri, era incierto. Pero una cosa era clara: las emociones no siempre seguían un camino recto. A veces, el corazón no entendía lo que la mente quería. Y ahora, más que nunca, se encontraba en medio de un torbellino emocional que no sabía cómo detener.
