Disclaimer: Pokémon no me pertenece.

Capítulo 1: Secreto en Pueblo Paleta

El sol se despedía en el horizonte de Pueblo Paleta, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados. En la vasta pradera que se extendía a las afueras del pueblo, tres figuras yacían sobre la hierba fresca, disfrutando de la brisa suave y el sonido de los pokémon pájaro como Pidgey, Pidgeotto y Pidgeot surcando los cielos.

Red, Green y Blue habían pasado incontables tardes en aquel lugar cuando eran niños, jugando, discutiendo y forjando lazos que los iban a acompañar hasta la adultez y más allá.

Ahora el tiempo había pasado y sus lazos se habían vuelto más profundos. Red era el campeón indiscutible de Kanto, permanecía tranquilo como siempre, pero en su expresión serena había una ternura reservada solo para aquellos que amaba. Green, el líder del Gimnasio de Ciudad Verde, mantenía su actitud desafiante, pero en este momento no había arrogancia en su mirada, sino calma y comprensión. Y Blue con su carisma natural y mirada pícara, se encontraba entre ellos, sintiéndose amada y adorada por igual.

Blue se removió un poco en el césped, apoyando su cabeza en el hombro de Red mientras deslizaba su mano sobre la de Green. La calidez de sus cuerpos le resultaba reconfortante, una afirmación silenciosa de que los tres estaban juntos en esto.

Las yemas de los dedos de Red trazaban lentas figuras en el brazo de la chica, mientras Green, con más confianza, deslizaba su palma por todo su muslo, sintiendo la suavidad de su piel bajo la falda corta de color rojo que llevaba.

Blue cerró los ojos un momento, dejándose llevar por la sensación.

— Es increíble, ¿no? — murmuró la chica, con una sonrisa, disfrutando de las caricias entregadas por los chicos — Todo lo que hemos pasado, y ahora estamos aquí… juntos.

Red deslizó su mano por el brazo de Blue, su toque era gentil y pausado, disfrutando cada centímetro de ella. Green por otro lado llevó sus labios hasta su cuello, dejando un beso fugaz que la hizo estremecer.

— Siempre tan impaciente, Green. — bromeó Blue, volviendo su rostro hacia él para robarle un beso en los labios.

Green sonrió con aire travieso, pero antes de responder sintió los labios de Blue abandonarlo para posarse en los de Red.

El campeón, aunque más calmado, no dudó en corresponder el beso con suavidad de la chica, sus dedos acariciando la cintura de Blue con ternura. Era una danza perfectamente sincronizada. La entrenadora moviéndose entre ellos con naturalidad, disfrutando de la atención de ambos. Red estaba atento a sus reacciones, buscando no abrumar mientras que Green, tomando la iniciativa sin imponerse, siguiendo el ritmo que ella marcaba.

Blue mordió su labio inferior, sus pensamientos viajando al pasado.

Hubo un tiempo en que se sentía atrapada entre ellos dos, incapaz de decidir a quién amar para entregar su corazón y su cuerpo. Red, con su calma y su fuerza silenciosa, la hacía sentir segura, como si siempre pudiera apoyarse en él sin miedo. Green, con su energía y determinación, encendía en ella un fuego incontrolable, haciéndola reír y desafiar todo.

— Mmm! — gimió la chica de ojos azules ante el tacto de sus muchachos, con Red besando su cuello y Green besando sus labios para silenciar sus gemidos en medio de la pradera.

¿Cómo podía elegir entre los dos cuando ambos eran parte de ella?

Durante mucho tiempo la chica pensó que estaba siendo egoísta, que era una mala persona por no poder decidirse. Pero cuando reunió el valor para confesar lo que sentía, Red y Green no la rechazaron. No la juzgaron.

En cambio, se miraron entre ellos, y luego a ella, y le dijeron que no tenía que elegir.

Esa noche, Blue lloró. No eran lágrimas de tristeza, sino de alivio.

Desde entonces, su relación había florecido de una manera que jamás imaginó posible. No había celos ni rivalidad, solo el deseo de estar juntos y hacerla feliz.

Las manos de Red se deslizaron por su cintura, atrayéndola más hacia él, mientras Green movía los dedos más arriba por su muslo, levantando ligeramente la tela de su falda con picardía. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Blue.

— ¿En qué piensas? — preguntó Green, notando su expresión.

Blue sonrió, sintiendo su corazón acelerarse.

— En cuánto los amo. — confesó mirándolos con sus ojos azules — En cómo nunca podría elegir entre los dos… porque los quiero sólo para mí.

Green rio suavemente, acercando su rostro al suyo hasta que sus labios quedaron a centímetros de distancia.

— Mmm! — gimió Blue ante el beso de Green, sintiendo como Red acariciaba su cuerpo con detenimiento en la zona de su abdomen, con el líder de gimnasio apretaba sus muslos con firmeza.

Blue suspiró en su boca, sintiendo que el calor en su cuerpo aumentaba. Apenas pudo reaccionar cuando sintió los labios de Red en su cuello, dejando besos lentos y húmedos en su piel.

— Red. — gimió Blue.

Él no respondió, simplemente continuó pasando su lengua rozando la línea de su clavícula antes de subir hasta su oído. Mientras tanto, Green estimulaba más a la chica, subiendo su mano por debajo de la falda sintiendo con las yemas de sus dedos la tela de sus bragas blancas.

Blue sintió su piel arder. Saber que los dos estaban completamente enfocados en ella, que cada caricia y cada beso eran solo para hacerla sentir amada y deseada, la hacía estremecer de emoción.

Red llevó una mano a su pecho, acariciándolo suavemente sobre la ropa, sintiendo cómo su respiración se volvía más entrecortada. Blue apoyó la cabeza en su hombro, dejando que el placer la recorriera mientras Green hacía lo mismo deslizando su mano muy cerca de su zona íntima.

— Ahhh! — gimió Blue por el tacto tan íntimo que estaban experimentando.

Ella se sentía afortunada.

Afortunada de tener a los dos para ella, de que la amaran sin restricciones ni dudas.

Afortunada de que, en una región tan conservadora donde su relación sería vista como algo prohibido y en contra de cualquier mandamiento divino, ellos estaban dispuestos a desafiarlo todo sólo para poder estar con ella en alma y en cuerpo.

Los minutos pasaron entre besos y caricias todas enfocadas en la fémina. Blue sentía cómo sus manos recorrían su piel, cada roce encendía un fuego cálido dentro de ella. Mientras Red besaba sus labios con dulzura, Green bajaba sus labios hacia su clavícula, dejando pequeñas mordidas juguetonas.

Blue se estremeció, soltando un suspiro placentero al sentirlos en sintonía, uno recorriendo sus muslos y zona íntima con su mano traviesa, otro deslizaba la suya por debajo de su camisa sin mangas de color celeste para alcanzar sus pechos directamente notando qué no estaba usando sostén.

Green se inclinó hacia su oído, su voz baja y provocadora.

— Nos encanta verte así, Blue. — susurró el chico de ojos verdes

Ella respondió con una sonrisa entrecortada y el rostro sonrojado, volviendo a capturar sus labios en un beso. Red sin querer quedarse atrás, deslizó sus dedos por sus muslos imitando a Green, acariciándola con una suavidad que la hizo contener el aliento y teniendo su otra mano tocando sus pechos con cuidado.

La sensación de tener a ambos tan enfocados en ella, tocándola y besándola con devoción, le llenaba el pecho de un calor que no tenía nada que ver con la temperatura del atardecer. Era perfecta, era adorada, era todo para ellos.

El calor en el ambiente comenzó a intensificarse con el movimiento de sus cuerpos, Red y Green se acostaron de forma lateral cada uno a un lado de Blue acercando lo más posible sus cuerpos hacía el de ella. Las manos de ambos estaban muy cerca de la pelvis de la entrenadora, haciendo figuras demasiado cerca de su intimidad.

— Queremos que siempre te sientas así, Blue. — susurró Red, con su voz calmada pero cargada de emoción.

Blue sintió que su corazón latía con fuerza. En ese momento, entre sus dos amores, supo que no había lugar más seguro ni más perfecto para ella. Quería quedarse así para siempre, sintiéndose deseada y protegida a la vez, el centro de su mundo.

Sus caricias y besos no eran solo deseo, eran adoración, una forma de decirle sin palabras que la amaban más que a cualquier otra cosa.

De un movimiento ambos chicos usaron sus manos para abrir ligeramente las piernas de Blue y levantar un poco su falda, dejando al descubierto sus bragas blancas un tanto humedecidas por las constantes caricias que había sentido sumado a los roces traviesos de los chicos.

Blue abrió los ojos, con las mejillas completamente sonrojadas, sus pensamientos ya estaban sumergidos con lo que vendría a continuación.

— No pueden esperar. — dijo Blue mirando a ambos. — Y yo tampoco.

La chica de pelo café sentía el roce de los bultos de sus amantes frotarse en sus muslos, teniendo más que claro la emoción que estaban experimentando al aire libre.

Los chicos decidieron cambiar de posición junto a su novia. Green se sentó en el césped y haciendo que Blue se sentará frente a él dándole la espalda.

— Mmm! — Blue reprimió un gemido al sentir como Green le levantaba su camisa y comenzó a presionar sus pechos.

Las grandes manos del líder de gimnasio de Ciudad Verde tocaban los senos de la chica con una mezcla de detalle y poder, usando sus dedos para apretar sus pezones mientras frotaba su entrepierna ligeramente contra el culo de Blue.

Red no se quedó atrás en la acción, queriendo complacer a Blue a la par de su amigo, inclinándose hacia adelante para tener su rostro a la altura de la entrepierna de la fémina. Con cuidado levantó su falda e hizo a un lado sus bragas para poder contemplar de la húmeda intimidad de Blue.

— ¡Red! — gimió la chica sintiendo como el campeón de Kanto hundió sus labios en sus pliegues vaginales.

Ambos chicos estaban sumamente concentrados en atender a Blue, a sabiendas qué su nivel de confianza no podía crecer más y una forma de concretar y demostrar su devoción por ella, era a través del acto íntimo.

El campeón pasaba su lengua por todo el coño de Blue, escuchando sus gemidos mientras sus manos mantenían separados los muslos de la chica que sentía espasmos de placer por los múltiples actos de placer en simultáneo.

Green y Red sabían coordinar sus movimientos de tal manera de no opacar su trabajo en el cuerpo de Blue. Cuando eran más jóvenes habrían competido sin problemas, pero ya no eran los mismos muchachos que se peleaban constantemente por todo. La chica en medio de los dos merecía ser tratada como el centro de su atención, una Diosa entre sus manos qué debía ser complacida y tratada como tal.

Blue no podía parar de jadear, tratando de controlar sus expresiones orales de placer en la pradera la cual quedaba muy cerca de sus hogares. Sería un verdadero horror que sus familias se enteraran de su relación, dado al estigma social impuesto por lo conservadora que era la región de Kanto.

— Ahhh! — gimió Blue cuando los dedos de Red comenzaron a juguetear con la entrada de su intimidad.

Green procedió a besar su cuello haciendo un camino de besos por su espalda, mientras sus manos no se apartaban de sus pechos y pezones. Las manos de los entrenadores recorrían todas las zonas erógenas de la chica, sabiendo cómo hacerla sentir bien.

En dicha situación parecía que los chicos tenían el control de la situación, sin embargo, era Blue quien era el centro de esa interacción pecaminosa y mal vista. Ella era el centro de todo, y ellos lo sabían a la perfección.

Red tomó a Blue por la cintura para hacerla quedar recostada contra el suelo, con Green acomodándose, quedando sentado de rodillas cerca del rostro de la chica.

La respiración de la muchacha era entrecortada cuando sintió como Red bajaba su rostro nuevamente a su intimidad, reprimiendo un gemido al sentir la lengua del campeón de Kanto recorrer toda su esencia.

Green no quería quedarse atrás, tomando la mano izquierda de Blue para dirigirla a su entrepierna y que sintiera de primera mano lo excitado que se encontraba de estar con ella en esa situación en medio de la pradera.

El rostro de Blue estaba bastante sonrojado mientras jadeaba y se emocionaba al confirmar que los chicos se sentían a gusto en esa situación sin nada de incomodidad. Ella no era la única que se sentía excitada, palpando la erección de Green por sobre su pantalón haciendo que el líder jadeara en respuesta y queriendo una experiencia más directa.

— Mmm! — gimió Blue en represión al sentir como Red jugaba con su trasero.

El campeón procuraba complacer toda la zona inferior de la chica, tanto su húmeda vagina como su estrecho culo, pasando su lengua alrededor formando círculos a la vez que introducía un par de dedos en su interior.

Dicha acción hizo que una corriente eléctrica recorriera todo el cuerpo de Blue, haciendo que arqueara la espalda y qué no se diera cuenta que Green se había bajado la cremallera de su pantalón para liberar su miembro erecto.

La mano de Blue fue directamente al pene del líder de gimnasio, generando una presión inicial que hizo que el chico reprimiera un gemido ante la burlesca y traviesa mirada de la entrenadora, la cual sabía que tenía el control del muchacho en esa situación.

— Ahhh! — gimió Blue cerrando un ojo, los actos de su amante de ojos rojos se intensificaron en sus agujeros inferiores.

Parecía increíble que Red le estuviera proporcionando un increíble sexo oral a su novia, ante los ojos del público era un entrenador bastante reservado y silencioso qué prefería guardar distancia de las personas, siendo además el más tranquilo y sereno del trío en general.

Los jadeos de Blue no se detenían, se sentía bastante estimulada, querida y deseada por sus más grandes amores. Sin embargo, sabía a la perfección que sus novios necesitaban mucho más y avanzar a algo mucho más concreto.

La erección de Green en la suave mano de Blue decía a gritos que quería ir al siguiente nivel, con la chica sintiendo como el miembro de su novio palpitaba en función a su necesidad de atención.

Blue podía garantizar que Red se encontraba igual de excitado que Green, sabiendo que sus caricias y estimulaciones a su cuerpo iban a tener una conclusión placentera.

El trío debía cambiar nuevamente de posición, debían estructurarse en una forma en la que todos los participantes pudiesen experimentar placer, manteniendo la constante de que Blue era el centro de la vinculación.

Red se apartó de la entrepierna de la chica, contemplando con calma como sus dos agujeros inferiores se encontraban lo bastante estimulados para facilitar lo que iba a venir a continuación.

— Los quiero a los dos. — dijo Blue en un susurró de súplica únicamente audible para sus novios al ver cómo ambos estaban muy excitados.

Los tres entrenadores comenzaron a acomodarse con completa naturalidad, la confianza y coordinación era tal que parecía que todo estaba ya planificado, aunque simplemente se movilizaban bajo el deseo y el amor por la chica.

Red se encontraba acostado en el césped, con Blue sentada en su regazo frotando su intimidad contra el gran bulto que tenía el campeón en su pantalón. Green se posicionó detrás de la fémina, frotando a su vez su miembro erecto desnudo contra el trasero de Blue.

— ¡Green! — gimió la entrenadora por la impaciencia de su novio.

Blue ayudó al campeón a liberar su erección, la cual palpitaba igual que la de Green en una necesidad de estar dentro de la chica.

En dicho escenario en medio de la pradera de Pueblo Paleta no podían darse el lujo de despojarse de todas sus prendas de vestir así nada más, ya que estaba el peligro constante de que algún entrenador o familiar los descubriera en el acto. Sin embargo, la emoción del ambiente les estaba exigiendo qué debían concretar y finalizar lo que habían empezado.

El trío se acomodó con cuidado, Blue ayudaba a sus novios a alinearse en ella y que todos puedan disfrutar del momento íntimo.

— Mmm! — gimió la entrenadora, nuevamente silenciado sus gemidos de placer.

Ambos entrenadores se iban introduciendo en el interior de la fémina, iniciando despacio para no lastimarla hasta estar en completitud dentro de ella.

Red se dejaba llevar por el peso de los dos tercios encima suyo, mientras que Green no debía ser tan brusco y atrevido en un inicio al estar metiendo su miembro en el estrecho culo de Blue.

La chica se retorcía por la constante estimulación qué su parte inferior estaba recibiendo, sintiéndose llena y a la vez emocionada de tenerlos a los dos en lo más profundo de su ser.

Green y Red sentían la presión que les ejercía el interior de Blue a sus miembros, siendo una sensación cálida de buen recibimiento, pero a la vez demostraba que el eje de toda la dinámica era ella al presionar sus pollas con sus paredes anales y vaginales.

— Voy a comenzar a moverme. — susurró Green al oído de Blue, inclinando su cuerpo más sobre ella con una voz que denotaba deseo y al mismo tiempo una necesidad de urgencia de moverse.

— ¡Chicos! — gimió en voz baja la entrenadora al sentir como el chico de ojos verdes comenzaba su vaivén embistiendo su culo.

Red observaba el rostro sonrojado de su novia, posando sus manos en los pechos desnudos de ella a la par de Green, que tenía sujetada a la chica por el culo mientras le levantaba la falda para exponer su trasero.

Blue se retorcía por la sensación de ser tocada por todas partes por sus amantes, quienes comenzaron a moverse dentro de ella provocando una cálida sensación de fricción en sus agujeros inferiores con cada embestida.

Sentía como Red llegaba hasta lo más profundo de su intimidad, tocando su útero con la punta de su pene. El miembro de Green por su parte expandía sus paredes anales con cada estocada a su culo, tratando de moldear ese agujero para él.

Los jadeos de los chicos se combinaban a la perfección con los gemidos de la entrenadora, emocionados por el hecho de concretar su unión con ella de una forma mucho más carnal. También estaba el hecho del lugar donde lo estaban haciendo, una zona muy desprotegida donde fácilmente podían ser vistos y exponer su secreto al mundo.

— Ahhh! — gimió Blue en medio de la doble penetración que sus amantes le estaban haciendo, intensificando más sus embestidas por todos los estímulos que tenían a su alrededor.

Cuando eran niños, esa pradera era el lugar dónde solían divertirse y jugar con inocencia a la espera de crecer y poder explorar el mundo. Ahora siendo más grandes, ese lugar se volvió un cómplice silencioso de su secreto de amor, un amor que si era descubierto sería mal visto por toda la región.

— ¡Red, Green! — gimió Blue el nombre de sus dos novios, sintiendo un calor abrasador por todo su cuerpo, sintiéndose demasiado querida por ambos.

Dicho acto sexual también era un símbolo de su amor y deseo, la doble penetración simbolizaba la unión de los tres y su perfecta sincronía. Un modo de sellar su amor en dicho sitio y decirle a todo el mundo que nada podía separarlos ni hacerlos cambiar de opinión.

— Ahhh! — gimió Blue con un poco más de fuerza, sintiendo como Green se movía con fuerza contra su culo mientras se inclinaba más para apegar más su cuerpo al de Red.

El trío estaba bastante unido, con los chicos moviéndose constantemente dentro de la chica, generando un calor por el choque de carne con carne y las embestidas qué le ejercían al cuerpo femenino. Los entrenadores se veían bastante conectados, sin querer separarse de Blue.

Los tres no podían soportarlo más, estaban en un punto de quiebre en que debían acabar y finalizar su acto dejando su huella en un lugar tan especial y nostálgico para todos.

— Mmm! — gimió Blue siendo besada por Red, silenciado su gemido en medio del tan aclamado clímax.

Los cuerpos de la triada se relajaron sobre el césped, con el campeón de Kanto sintiendo todo el peso de los otros integrantes de la relación encima suyo.

Blue permanecía pegada al cuerpo del muchacho de ojos rojos, pausando el beso y acostando su cabeza en el pecho de Red.

Green por su parte relajo su cuerpo acostándose más sobre Blue, causando qué su miembro se introdujera más en el recto de la chica.

— ¡Green! — gimió la chica en un susurro, aferrada al pecho de Red temblando ligeramente por la intromisión anal.

Los penes de ambos seguían dentro de los agujeros de Blue, liberando su esencia con la finalidad de llenarla por completo, de entregarse de lleno a ella.

Ese lugar ya no tenía una connotación de inocencia e infancia, ahora era un santuario secreto para ellos. Un cómplice que guardaría la relación de los tres en silencio, qué no los iba a juzgar por el hecho de que una chica pueda entregarse en corazón y cuerpo a dos hombres al mismo tiempo, y que ellos no tengan problema alguno en compartirla, quererla y protegerla.

El tiempo pasó, y los chicos acabaron por separarse de Blue, dejando una mancha con sus fluidos en medio del campo, sonriendo en complicidad y travesura al saber que solo ellos entendían su dinámica de pareja.

— Deberíamos ir a casa. — murmuró Blue con una sonrisa traviesa, mirándolos con picardía — Allá podemos seguir sin preocuparnos por ser descubiertos.

Green soltó una risa baja, y Red asintió con su característica tranquilidad.

Los tres se levantaron y acomodaron sus ropas para evitar sospechas. Se tomaron de las manos mientras caminaban de regreso a sus hogares, con Blue en medio de ambos entrenadores.

En la soledad de la pradera, su amor era libre, aunque el mundo no lo aceptara. Pero eso no importaba, porque mientras estuvieran juntos, siempre encontrarían la manera de hacer que funcionara.

Continuará.


Espero que les haya gustado, comenten que les pareció.