Disclaimer: Los personajes de Final Fantasy pertenecen a Square-Enix. Tan solo los inventados son de cosecha propia
CAPÍTULO 23
Squall, quien no podía quitarse el extraño comportamiento de Kramer, cerró la puerta de su despacho tras de sí y corrió hasta su mesa dispuesto a hablar con Eleone. La voz de la joven no se hizo esperar al otro lado de la línea.
- Squall, ¿cómo estáis? -fue lo primero que preguntó la chica-.
- Estamos bien -resumió-.
- Me alegro. He llegado hace tan solo media hora a Esthar, pero en el trayecto he aprovechado a llamar a Laguna. Le he contado todo y efectivamente, Edea y el llevan algunos días investigando sobre esos tres hermanos. Parece ser que hace ya algunas semanas, desde Esthar notaron algo extraño…
- ¿Algo extraño? -interrumpió Squall sin llegar a entender-.
- Si, como una especia de energía fuera de lo normal.
El joven comandante se quedó pensativo durante unos instantes, hasta que la voz de Eleone lo trajo de vuelta.
- Mañana irán a Balamb y os contarán que es lo que está pasando. Yo debo quedarme aquí, pero iré para el baile del sábado -comentó esperanzada la joven-.
- Está bien -suspiró sonoramente-.
- Laguna me ha dicho que mañana te llamará para concretar un lugar para veros, por el momento tened mucho cuidado -finalizó antes de despedirse del chico-.
Pero antes de que el comandante pudiera colgar, la voz de Laguna se escuchó al otro lado de la línea.
- ¿Squall?
El chico se quedó algo sorprendido y tardó en reaccionar.
- ¿Squall? ¿Estás ahí?
- Eh… sí, sí.
- Tened cuidado ¿me oyes?
- Pero…
- Mañana os lo explicaremos, pero por favor, no os acerquéis a ellos, son… peligrosos -acertó a decir con deje preocupado-.
Squall frunció el ceño, Laguna no solía hablar en ese tono, parecía realmente alarmado y aquello le inquieto aún más.
- Y ¿Rinoa? -preguntó el hombre con urgencia en la voz-.
- Que pasa con Rinoa -sentenció Squall-.
- ¿Estás bien con ella? No es momento de enfadarse por tonterías.
- Laguna, me estás preocupando.
- Sé lo que sientes por ella, Squall, y sé perfectamente como te hace sentir cuando estás a su lado…
Parece que la voz de Laguna se quebró momentáneamente.
- ¿Laguna?
- Yo no pude proteger a Raine y ella era… lo era todo Squall…
- Tranquilo ¿vale? No pienso dejar que la pase nada, ni a ella ni a nadie -dijo con seguridad-.
Otro silencio en el que tan solo se escuchó un suspiro.
- Bien, mañana te llamaré de nuevo para concretar la hora y el lugar.
Tras el último comentario ambos hombres se despidieron. Cuando Squall colgó, se sentía realmente inquieto, ¿qué era todo eso que le acababa de decir? Meneó la cabeza de forma negativa y se dejó caer en su silla mullida. A pesar de la conversación, tenía un atisbo de esperanza, por fin parecía que alguien más, a parte de ellos, sabía lo que estaba pasando.
La mañana había transcurrido lenta, demasiado lenta pensó Rinoa, quien salía de su última clase. La pelinegra había estado toda la mañana alerta, no queriéndose encontrar con Yinna, ni con sus hermanos, aunque después de lo ocurrido, difícilmente se dejarían ver.
Por otro lado, Seifer había acudido a todas sus clases y siempre se había sentado unos pupitres alejada de ella, pero en su ángulo de visión, como si no quisiera perderla de vista, algo que a Rinoa no dejaba de parecerle extraño.
- ¡Rinoa!
La voz de Seifer la detuvo antes de que pudiera perderse escaleras abajo. La mujer cerró los ojos y suspiró cuando le oyó pronunciar su nombre por segunda vez.
- ¿Podemos hablar? -le dijo llegando hasta ella-.
La mujer se giró, pero alejada varios pasos de él, necesitaba esa distancia de seguridad. Un par de estudiantes se atravesaron entre ellos y Seifer resopló ante la situación.
- Vamos Rin…
- No me llames así -interrumpió clavando sus ojos oscuros en los de él-.
El chico rubio se sorprendió de aquella mirada llena de odio y rencor.
- ¿Podemos hablar? -insistió Seifer-.
- No, Seifer, no podemos -exclamó Rinoa girándose para marcharse de allí-.
El joven no insistió, pero mientras ella bajaba las escaleras hacia el nivel inferior pudo escucharlo como la decía que no permitiría que nada la pasase. Rinoa, al oír aquello, no pudo evitar poner los ojos en blanco, ¿en serio, de repente, ese tipo quería ayudarla? La bruja resopló una vez más y negando con la cabeza, se dispuso a encontrarse con Squall en el hall.
Eran las dos del mediodía cuando el joven comandante salía del ascensor. Se dirigió a las escaleras y mientras las bajaba observó que el jardín empezaba a llenarse de familiares, amigos y demás personas invitadas al baile de conmemoración que se celebraría ese mismo fin de semana.
El comité llevaba varias semanas preparando aquella fiesta, entre ellos, Yinna. Cuando lo pensó un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza. Al final había sido mejor que expulsaran a Selphie del comité, así no había tenido que verse la cara más con esa mujer.
Cuando llegó abajo, pudo divisar la silueta de Rinoa acercándose hasta él. Ella sonreía como tiempo atrás, como si nada malo hubiera pasado.
- ¡Hola! -saludó ella de manera jovial mientras se ponía de puntillas y lo besaba en los labios-.
El chico correspondió aquel beso y después envolvió la cara redondeada de ella con sus manos.
- ¿Todo bien? -preguntó con deje preocupado-. ¿Alguna… visión? ¿Yinna? ¿Seifer?
Rinoa sonrió y acariciando las manos de Squall, las retiró de su cara para entrelazarlas.
- Tranquilo, todo bien. Seifer no ha parado de "vigilarme" -comenzó a explicar-. Me ha dicho que no va a dejar que me pase nada.
Un sonido molesto pudo escucharse por parte de Squall.
- ¿En serio?
Rinoa se encogió de hombros y cogiendo a Squall del brazo, se encaminaron hacia la cafetería. Tras servirse algo para comer, tomaron asiento en una mesa del lateral derecho.
Mientras almorzaban, Squall se fijó que Rinoa parecía extrañamente ¿feliz? Era como si nada hubiese ocurrido, como si el hecho de que Yinna casi se adueña de su mente, nunca hubiera existido. Aquello le inquietaba, ya que no sabía si la joven estaba intentando no preocupar a nadie o había algo más tras ese comportamiento.
- Te veo… bien -comentó Squall llevándose un bocado de comida mientras la miraba de reojo-.
La pelinegra sonrió.
- Y ¿eso es malo? -inquirió-.
El chico negó con la cabeza.
- No, solo digo que después de lo ocurrido…
- ¡Estoy bien! -exclamó sin dejar acabar la frase a Squall-.
- Bien… -musitó él-.
Squall, no queriendo remover más aquel tema, aprovechó para comentarle que había estado hablando con Eleone y que mañana quedarían en Balamb para explicarles lo que habían descubierto. La pelinegra pareció alegrarse, al final parece que alguien se ponía de su parte, más tarde se lo contaría a los demás.
Irvine, quien había estado fuera en un evento en Galbadia, había quedado en reunirse con Selphie en el hall. Se había duchado y había aprovechado para redactar el informe que debía entregar a Kramer. Mientras bajaba las escaleras, observó que Selphie acababa de llegar. Lo saludó con esa hermosa sonrisa y algo revoloteó en su estómago, haciendo que una sonrisa tonta se dibujara en su cara.
Cuando llegó hasta ella, la rodeó de la cintura y la estrechó entre sus brazos para luego besarla.
- ¿Sabes? Te he echado de menos hoy -susurró el vaquero contra su cuello-.
La chica dejó escapar una risa y volvió a besarlo. Aun no podía creerse que estuviera saliendo con Irvine Kinneas.
- ¿Vienes del despacho del director? -quiso saber Selphie-.
El hombre asintió mientras emprendían sus pasos hacia los jardines exteriores, donde Squall les había citado a todos.
- Le he notado realmente extraño, Squall ya nos lo había dicho, pero verlo así… no sé -comentó preocupado-. Es como si algo lo estuviera consumiendo.
- Lo sé, muchos alumnos e instructores también parecen ausentes. Desde hace días el ambiente es realmente extraño. ¿Crees que Yinna tiene algo que ver? -preguntó con algo de miedo-.
Irvine suspiró sonoramente y asintió sin dudar.
- Lo creo y me preocupa mucho.
- Ya…
La pareja se dirigió hasta una de las pasarelas de los jardines exteriores donde Squall les había citado para contarles algo que, a juzgar por el tono, parecía importante.
Cuando llegaron pudieron divisar en uno de los bancos del fondo, a los demás. Estaban refugiados de la lluvia que los había acompañado durante todo el día.
Quistis llegó tan solo unos minutos más tarde y se recostó contra la pared.
- ¿Qué es eso que tenías que contarnos? -preguntó desde su posición la instructora-.
Squall, quien se encontraba sentado en el respaldo del banco con Rinoa entre sus piernas, hizo un rápido recorrido visual entre sus amigos y se dispuso a contarles las noticias.
- Está mañana me ha llamado Eleone y me ha comentado que había podido hablar con Laguna y Edea.
El chico hizo una breve pausa.
- Dice que desde hace días llevan investigando algo extraño.
- "Extraño" -repitió Zell quien se encontraba sentado al lado de Rinoa-.
Squall desvió la vista hasta él y asintió.
- Si, no os puedo dar más detalles porque no han querido contarme más. Mañana nos dirá hora y lugar para vernos -explicó sin rodeos-.
- Pero ¿no te ha dicho nada más? -preguntó Selphie algo nerviosa-.
El comandante suspiró.
- Me ha insistido que tengamos mucho cuidado, que no nos acerquemos a ellos bajo ningún concepto.
- ¡Muy alentador! -comentó Irvine con sarcasmo-.
- Ya… -contestó Squall con media sonrisa-.
Los jóvenes se quedaron un rato pensativos, intentando entender del por qué tanta precaución. Aun no sabían a que se estaban enfrentando, esperaban que Laguna tuviera más respuestas que las que ellos tenían.
Seifer acababa de salir de la cafetería, había decidido cenar con Viento y Trueno y disculparse por su comportamiento reciente. No quiso entrar en detalles, simplemente les advirtió que nos se acercasen a esos tres alumnos nuevos. La pareja asintió y pareció entenderlo, por fin, desde hacía semanas Seifer volvía a sentirse "normal".
De camino a su habitación se cruzó con algún conocido a quien saludó sin mucha gana y fue entonces, cuando a los lejos, divisó a Quistis. Desde esa mañana no la había vuelto a ver y la verdad, se moría de ganas de pasar tiempo con ella.
Aceleró el paso y en pocas zancadas consiguió alcanzar a la chica.
- Seifer, me has asuntado -comentó desviando la mano hasta la del joven, quien retenía la suya con delicadeza-. ¿Todo bien?
- Si, es solo que…
Ahora que lo pensaba no sabía muy bien que decirla. Tan solo quería estar en su compañía.
- ¿Cómo está tu herida? -preguntó de pronto Quistis con deje realmente preocupado-.
- Bien supongo, creo que sobreviviré –contestó irónico-.
Vio a la chica sonreír débilmente.
- Oye, lo de esta mañana en la cafetería, igual no ha sido lo más acertado, pero he visto a Rinoa y después de lo que me habías contado, no he podido evitar acercarme.
- Ya, bueno, creo que todos se han quedado algo sorprendidos. No esperaban que tú te plantases allí y simplemente dijeses que quieres ayudar.
- Lo sé -suspiró Seifer-.
- Siguen sin fiarse de ti -comentó elevando la vista hasta él-.
- ¿Sí? No me digas, no lo había notado -contestó sarcástico-.
Quistis soltó el aire de sus pulmones en un sonoro suspiro y se recostó contra la pared que había tras ella.
- Laguna y Edea vendrán mañana a Balamb, parece ser que han estado investigando y han descubierto algo sobre esos tipos.
Quistis hizo una pausa y después buscó la mirada de Seifer.
- Puedes venir… si quieres…
Una risotada socarrona interrumpió las palabras de la instructora quien observó como el chico se giraba y negaba con la cabeza.
- ¿Alguna vez te tomas algo en serio? -dijo de pronto Quistis realmente indignada ante el comportamiento del chico-.
Éste se giró y la miró entre divertido y sorprendido.
- ¿Sabes? Pones un gesto muy gracioso cuando te enfadas -comentó Seifer acercándose hasta ella y señalando su entrecejo-.
Quistis suspiró y llevándose una mano hasta su cara se dispuso a marcharse de allí, parece que aquel hombre volvía a ser el de siempre. Le enfurecía que no se tomase las cosas en serio, siempre bromeando y restándole importancia a absolutamente todo en la vida.
Justo cuando se disponía a abandonar el lugar, la mano de Seifer en su cintura la impidió seguir caminando.
- Seifer, déjame -advirtió en tono serio-.
El chico ignoró completamente aquella petición y llevando su otra mano a la cintura, la arrastró de nuevo contra aquella pared donde se encontraba con anterioridad. Allí la acorraló poniendo sus manos a cada lado de su cabeza, imposibilitándole el marcharse, y se encorvó hasta quedar a escasos milímetros de su cara.
- ¿Qué pretendes acorralándome así? -preguntó dudosa y a la vez intimidada al comprobar que el cuerpo del joven la tapaba completamente y le sacaba una cabeza-.
- Eres una cabezota, solo estaba bromeando contigo ¿sabes? –dijo relajando la postura y dejando a la chica más espacio-.
Quistis lo miró sin perder la compostura.
- Siempre te tomas toda a risa y esto es muy serio –añadió apartando la mirada mientras se colocaba bien el uniforme-.
- Lo siento ¿vale? –se disculpó poniendo su cara a la altura de ella y buscando su mirada-.
Quistis le miró algo confusa y vio sinceridad en sus ojos, como muchas otras veces le había pasado con él.
- Bueno, sobre lo de antes… creo que paso… -dijo apartándose de la mujer-. No me sentiría cómodo en vuestras reuniones de Boy Scouts.
- Seifer… -dijo con un ápice molesto en la voz-.
- Lo siento, es la verdad, además no creo que sea bien recibido. Prefiero que me lo cuentos tú -añadió con una sonrisa algo picara-.
Quistis le observó por encima de sus gafas, le entendía perfectamente. No sería fácil ganarse la confianza del grupo, así que no insistió más sobre el tema.
- Está bien… -suspiró-. Si quieres mañana quedamos y te lo cuento -comentó esperando una respuesta afirmativa por parte de Seifer-.
Éste la miró y asintió.
- Quedo a su entera disposición señorita Trepe -bromeó mientras se inclinaba en un gesto de cortesía-.
La mujer rubia no pudo esconder una media sonrisa ante aquel comportamiento y lo vio caminar hacia su habitación mientras le guiñaba un ojo. Pensó entonces lo agradable que le parecía verlo como tiempo atrás, bromeando y haciendo que cada palabra que soltaba, la sacase de sus casillas.
Eran las diez y media cuando Squall llegó a su habitación. Tras haber estado con los demás, había decidido ir a entrenar, ya que Rinoa había quedado con las chicas para hablar del baile, seguramente sobre la ropa que llevarían.
Salió del baño envuelto en una toalla y su pelo goteando por la espalda. Con rapidez se puso un pantalón de chándal gris y retiró el exceso de humedad de su cabello. Como bien había predicho, aquella ducha le había sentado bastante bien. Le había ayudado a calmar la adrenalina que aún recorría algunas partes de su cuerpo tras el entrenamiento.
Tras recoger alguna que otra cosa de la habitación, cogió un taco de folios con unos presupuestos y se tiró en la cama dispuesto a adelantar algo de trabajo para mañana, pero unos nudillos en su puerta le interrumpieron. Suspiró malhumorado y se levantó de un ágil salto.
Cuando abrió se encontró con Rinoa y esa sonrisa que lo desencajaba por completo. Aquello le sorprendió, no habían quedado en verse, pero a la vez, le alegró. Estaba deseando pasar la noche con ella.
- Rinoa -pronunció en ese tono realmente sexy que a veces utilizaba el muchacho-.
La pelinegra se perdió momentáneamente en esa mirada azul profundo. Lo vio pasarse la mano por su pelo aun húmedo y encorvarse levemente para besarla y hacerla pasar dentro. Rinoa suspiró casi sin darse cuenta y su corazón latió deprisa, ¿cómo era posible que aun la hiciera sentir aquello?
Cuando entró dentro, se sentó en la cama y observó como Squall recogía de la cama unas hojas y las ponía sobre la mesa de manera ordenada. Sus ojos viajaron por el torso desnudo, parándose a observar cada músculo que lo componían y sin ser consciente, mordió su labio inferior. Pero ella no había ido allí para eso, estaba preocupada por él. Sabía que la conversación con Laguna esa mañana, había sido más larga, pero él solo les había contado lo imprescindible. Y también sabía que hablar con Laguna, a veces, le entristecía.
- ¿Qué tal con las chicas? -preguntó curioso mientras se recostaba en la mesa de estudio y cruzaba sus brazos-.
- Bien, bien -contestó con una sonrisa exagerada cuando se dio cuenta de que no podía dejar de mirar aquel cuerpo-.
Rinoa suspiró y te tumbó en la cama boca abajo intentando borrar esos pensamientos y centrarse en intentar que Squall le contase como se encontraba. Le oyó sonreír y lo vio caminar hasta el borde de la cama, donde se dejó caer hasta el suelo, recostando su espalada en el borde de la cama.
- No habíamos quedado en vernos ¿todo bien? -siguió preguntando mientras buscaba la mirada de ella-.
Rinoa ladeó la cabeza hacia el lado donde se había sentado Squall y con delicadeza, acarició su pelo.
- Lo sé, pero quería saber si estabas bien -se sinceró sin dejar de deslizar los dedos entre los suaves mechones-.
Squall cerró los ojos momentáneamente ante el agradable contacto.
- ¿Y tú?, es a ti la que una chiflada ha intentado apoderarse de tu mente -comentó con algo de inquina-.
Rinoa suspiró, era más que consciente de que ella misma intentaba no preocupar a los demás más de la cuenta. Claro que estaba asustada, demasiado, no sabía si Yinna intentaría entrar en su mente en cualquier otro momento. Aunque se sentía mas fuerte, como si algo dentro de ella hubiera cambiado y ahora la protegiera, también sabía que una pequeña parte de su mente había quedado expuesta, pero no quería decirlo. Detestaba preocupar a sus amigos y más a Squall.
- Squall -lo llamó haciendo que el chico echase la cabeza hacia atrás para buscar su mirada-. Estoy bien, de verdad. Tengo miedo, si es eso lo que quieres escuchar, pero me siento protegida, por ti y por los demás. Me siento fuerte ante esto que está por venir -confesó con sinceridad-.
Observó el rostro perfecto de aquel chico, que ahora se mantenía en silencio, y lo acarició.
- Necesito que confíes en mi cuando te digo que estoy bien, no quiero preocuparte continuamente. Todos estamos en esto ¿vale?
Lo vio resoplar y farfullar algo que la hizo sonreír.
- Y ¿qué tal con Laguna? -preguntó de pronto cambiando de tema-. Sé que esta mañana habéis hablado de más cosas a parte de Yinna y sus hermanos -añadió-.
El silencio se hizo en la habitación. Rinoa le dejó su tiempo, le conocía y sabía que necesitaba desahogarse.
- Me dijo… que te protegiera –contestó sin rodeos desviando la mirada al techo-. No sé, creo que echa de menos a mi mad… a Raine -corrigió con rapidez-. Me dijo que él no pudo protegerla -añadió en tono más bajo-.
De pronto Squall se levantó y se dirigió a la ventana. Rinoa observó sus movimientos en silencio, sin querer presionarlo. Clavó sus ojos marrones en aquella espalda y se perdió en las formas de cada músculo, parecía realmente tenso. Reparó entonces, que en aquellos meses, el cuerpo de Squall había cambiado. Su musculatura más pronunciada, por el exhaustivo y continuo entrenamiento, le hacían parecer más ancho, incluso diría que había crecido algunos centímetros desde que lo conoció. Estaba claro que iba camino de convertirse en un gran soldado.
Rinoa, tras aquel silencio, decidió levantarse y seguirle hasta la ventana. Se paró tras él, sin saber muy bien que decir. Debía ser duro para él saber de la existencia de su padre y su madre, aunque a ésta no la hubiera conocido. La historia de su infancia no era mucho mejor que la suya propia. Con cuidado acercó su mano a la espalda del muchacho y dibujó los surcos de ésta para después, acabar apoyando su frente en ella, mientras lo abrazaba por detrás.
- ¿En qué piensas…? -preguntó mientras pegaba su cuerpo aún más al de Squall-.
El joven no dijo nada, simplemente siguió con la mirada fija en la oscuridad del exterior. Rinoa aun debía acostumbrarse a esos silencios en los que ni siquiera sabía si la escuchaba.
- Vaya, silencio incomodo –bromeó ella intentando relajar el ambiente-.
Le escuchó soltar el aire por la nariz a modo de risa mientras cogía una de sus manos y la besaba con cariño.
- Sé qué harás todo lo que esté en tu mano para que no nos pase nada -comentó Rinoa poniéndose de puntillas y besándolo en la nuca-.
Squall cerró los ojos ante el contacto de esos labios en aquella zona tan sensible y cogiéndola de la muñeca, la colocó delante de él.
- Y si… ¿no puedo? –dijo bajando la cabeza-.
Rinoa acarició el rostro de aquel hombre para hacer que la mirara.
- No debes cargar con todo tu solo Squall, lo sabes, ¿no? Ahora tienes a los demás, a Laguna, a Edea, y… me tienes a mí -añadió en un susurró-.
Cuando Squall la escuchó decir aquello, no pudo resistirse más y la besó. La única manera que tuvo de expresar lo que sentía en ese instante, fue con ese beso lleno de ternura infinita. La rodeó por la cintura y sin dejar de besarla, la llevó hasta la cama.
Rinoa sintió las manos de él subir hasta su espalda y tumbarla con cuidado, mientras se acomodaba entre sus piernas. Cada vez que ese hombre la trataba con ese cuidado y cariño, ella se derretía por dentro, queriéndolo todo de él.
- Yo no había venido a esto -dijo con voz sensual la pelinegra cuando sus labios se separaron-.
Squall sonrió de medio lado y ella se desarmó por completo.
- Puedes irte, si quieres -contestó él mientras volvía a recostarse sobre ella y la besaba en el cuello sin darle tregua-.
Rinoa no pudo evitar que se le escapara una risa ante el cosquilleo que le proporcionaban los labios del chico sobre su cuello.
- Bueno, el pasillo de las chicas es un jaleo constante, no paran de ir de un lado para otro, corriendo y riendo, dudo que se pueda dormir allí -explicó recordando como estaban de alteradas las cadetes en la zona de su habitación cuando había salido-.
El chico se irguió sobre sus brazos y miró a Rinoa.
- Ya le dije a Kramer que no levantara el toque de queda antes del baile, pero no me ha hecho ni caso.
- Bueno… puedo quedarme aquí -comentó ella con un desinterés falso que hizo sonreír a Squall-.
- ¡Oh! ¿no era ese tu plan desde el principio? -bromeó él mientras se levantaba de la cama-.
Antes de que pudiera dar dos pasos, Rinoa le lanzó un cojín, el cual, esquivó sin ningún problema.
- ¡He venido a ver como estabas! -exclamó cruzándose de brazos-.
- Lo sé, lo sé -contestó mientras sacaba una camiseta de color azul oscuro y se la daba a la chica-. Ponte esto, si quieres.
Rinoa cogió la pendra y mientras se dirigía al baño, se embriagó del olor de esa camiseta, olía a detergente y también a Squall. Cuando salió vio que el chico ya estaba metido en la cama, así que corrió hasta él y metiéndose entre las sábanas, se enredó en su cuerpo.
- Laguna parecía realmente preocupado, eso es extraño en él ¿sabes? -comentó el muchacho mientras pasaba un brazo tras su cabeza y fijaba la vista en el techo recordando las palabras de su padre-.
La joven pelinegra no dijo nada y simplemente pegó su cuerpo más a de él.
- ¿Y si está vez no podemos con lo que está por venir? -dijo Squall casi en un susurro-.
- ¡Eso no va a pasar! -rebatió Rinoa irguiéndose para buscar la mirada del chico-.
Squall sonrió de medio lado al ver la actitud de la joven y besándola en la frente la hizo recostarse de nuevo en su pecho. Aun no sabía que les contaría mañana Laguna, pero por la conversación mantenida con él, no parecía nada bueno. Aquello le mantuvo un rato despierto pensando en que, si a Rinoa le pasaba algo, no sabría como continuar, hasta que el sueño acabó por vencerle.
Eran casi las cinco y media cuando todos fueron llegando, poco a poco, a la entrada del jardín. El último en aparecer por allí fue Zell, quien debía entregar el informe de la última misión a la que había acudido.
Cuando estuvieron todos reunidos emprendieron su camino hacia el pueblo portuario de Balamb. Aquel día, el tiempo les había dado una tregua y por lo menos no llovía, aunque la temperatura era algo baja para las fechas en las que se encontraban.
Quistis no pudo evitar echar la vista hacia atrás cuando cruzaron la gran puerta forjada de la entrada. Un despunte de esperanza la había hecho creer que Seifer aparecería en el último momento, pero siendo realistas, eso no sucedería y seguramente sería mejor así. No podía pedir al grupo que confiasen en él de la noche a la mañana.
Fue Selphie quien se percató del estado de su amiga y con cautela, se acercó hasta ella.
- ¿Todo bien? -preguntó agarrándose de su brazo-.
Quistis se sobresaltó levemente cuando escuchó la voz de la Seed junto a ella.
- ¡Eh!, sí, sí -sonrió sin mucho ánimo-.
- ¿Es por Seifer? Querías que viniera ¿verdad?
Selphie era la única que sabía que Quistis había tenido una charla con Seifer la tarde anterior y que le había propuesto ir con ellos.
- Quistis, creo que es mejor así -sentenció Selphie de manera seria-.
- Lo sé, pero…
- Si es cierto que quiere ayudarnos, deberá mostrar más empeño ¿sabes? Sé que eres la única de nosotros que tiene una relación más estrecha con él, pero nosotros, creo que necesitamos más tiempo -dijo intentando no sonar demasiado pesimista-.
- Ya…
El suspiro que soltó la instructora hizo que su amiga soltara una sonora carcajada.
- Cualquiera diría que te mueres por sus huesos -bromeó Selphie mientras la hacía una mueca-.
Quistis puso los ojos en blanco y decidió no entrar en ese juego ignorando el comentario. No quería que ninguno de ellos notase los sentimientos que se estaban despertando en ella poco a poco.
Durante el camino ninguno habló demasiado. Estaba claro que una leve inquietud se había apoderado del grupo. El que Laguna junto con Edea, hubieran quedado fuera del jardín, ya les hacía sospechar que las noticias que tenían que darles no serían buenas.
Cuando llegaron al bar, Squall fue el primero en asomarse y comprobar que Laguna le hacía un aspaviento con la mano. ¿Por qué ese hombre siempre parecía no preocuparse por absolutamente nada? El chico, lo saludó sin entusiasmo y juntos, se acercaron hasta la mesa donde estaba la pareja.
Cogieron algunas sillas de más y pidieron algo de beber, tampoco querían levantar sospechas, debían parecer un grupo de amigos que se habían reunido para pasar la tarde. Cuando todos estuvieron acomodados una creciente tensión se hizo presente en la mesa y tras un silencio algo incomodo, Laguna carraspeó para comenzar a hablar.
- Antes de nada, Rinoa, ¿cómo te encuentras? Eleone nos ha contado lo ocurrido -comentó el hombre posando una mano sobre la de ella-.
Ésta asintió y sonrió como siempre hacía para tranquilizar al resto.
- Estoy bien.
Squall, quien estaba sentado a lado de Rinoa, se removió nervioso y emitió un leve sonido de molestia. A veces no entendía por qué esa mujer ocultaba lo que realmente estaba sintiendo, aunque desde luego, él no era el más indicado para dar lecciones a nadie.
- ¿De verdad? ¿no has vuelto a tener visiones? Ni ¿has vuelto a estar con esa mujer? -preguntó esta vez Edea, quien empezaba a conocer mejor a esa joven y la cual, se había vuelto bastante importante en su vida-.
- De verdad, no os preocupéis, estoy bien y desde hace días no hemos visto a esos tres hermanos ¿verdad, chicos? -comentó buscando la afirmación del resto del grupo-.
Los demás asintieron dando la razón a Rinoa.
- Esta bien, por donde empezamos.
Laguna tomó una bocanada de aire y se acomodó en su asiento dispuesto a comenzar con aquel relato que, desde luego, les dejaría con la boca abierta.
- Bien chicos lo que os vamos a contar, se sale un poco de la normalidad.
Laguna observó como esos jóvenes se removieron inquietos antes esa primera confesión.
- Pero quiero que sepáis que lo tenemos bajo control y que…
- ¡Laguna, por favor, cuéntanos que está pasando de una vez! -exclamó Squall interrumpiendo al hombre-.
Rinoa desvió sus ojos hasta el comandante y lo vio realmente preocupado. Sin dudar, posó su mano sobre la pierna del chico, la cual no dejaba de mover en un gesto de nerviosismo absoluto.
- Esta bien, hace ya unas semanas, en Esthar notaron una fuerte subida de energía, una energía que los expertos no pudieron reconocer. Cuando Edea habló de esos tres hermanos con Squall, vino a verme y tras contarme sus sospechas, comprobamos que las fechas encajaban.
Laguna miró a Edea y cruzaron una mirada cómplice.
- ¿Qué fechas? -preguntó Irvine sin llegar a entender-.
- La subida de energía coincidía en hora y fecha con la llegada de los tres hermanos al jardín.
Todos se miraron con extrañeza. Laguna, antes de que ninguno preguntase lo evidente, continuó con la explicación.
- Desde que derrotasteis a Artemisa, en Esthar se han llevado a cabo un sinfín de cambios, entre ellos está la creación de un departamento dedicado a identificar y analizar irregularidades que pudieran surgir tras la compresión del tiempo.
- Pero, la compresión no llegó a completarse, ¿a qué irregularidades te refieres? –preguntó Rinoa con curiosidad-.
- Si, lo sé, pero algunos científicos descubrieron que el espacio-tiempo había quedado dañado, algo parecido a una brecha en el tiempo. No parece ser nada grave, pero a veces, se cuelan objetos por esa brecha, los cuales llegan a nuestra atmosfera. Nosotros nos encargamos de analizarlos, de saber si son peligrosos, si están compuestos por algún material dañino, etc.
Los jóvenes intercambiaron miradas de sorpresa.
- No tenía ni idea de todo esto –comentó Squall confuso-. Es decir, que esos objetos, ¿no son de nuestra época? –preguntó mirando a Laguna con extrañeza-.
- Bueno… algo así –contestó con despreocupación-.
- Vale, vale, pero ¿qué tiene que ver todo esto con esos tres? –preguntó Selphie con impaciencia-.
Laguna dejó entrever una media sonrisa ante las dudas de aquellos Seeds.
- Los objetos que se filtran desprenden una energía determinada, pero ninguno del nivel que observamos en aquella ocasión, con la llegada al jardín de esos tipos.
- Entonces, eso tres ¿vinieron en una nave? –preguntó el joven luchador con ironía-.
Edea no pudo ocultar una risa ante la ocurrencia de Zell.
- No, no, claro que no -rio Laguna mientras agitaba la mano de forma negativa-. En ese momento no tuvimos datos de que un objeto hubiese atravesado la atmósfera, pero sí que teníamos una fuerte subida de energía que no pertenecía a ningún objeto que hubiésemos visto, de ahí nuestra confusión.
Squall y los demás miraban atentamente a Laguna, no querían perder detalle de la historia que, al parecer, no había hecho más que comenzar. Parece que aquella situación, como bien habían predicho, no iba a ser nada sencilla.
El joven comandante dirigió entonces, la mirada hasta Rinoa. Ésta permanecía con la mirada fija en su bebida. Estaba preocupada, Squall lo sabía, pero seguramente no lo expresaría. Antes de que Laguna prosiguiera con la historia, el chico se acercó más a ella y entrelazó su mano con la de ella bajo la mesa. Rinoa, lo miró y tras sonreírle, apretó su mano haciéndole ver que agradecía el apoyo.
- Bien, estuvimos varios días contrastando datos de días anteriores por si se nos había escapado algo, pero no era así. Todo empezó a encajar cuando Edea vino a vernos, después de hablar contigo –dijo señalando a Squall-. Nos preguntó a ver si veníamos notando cosas extrañas en días pasados. Ella tampoco se fijó en ellos la primera vez que los vio y después de lo hablado con Squall, intuyó que algo estaba ocurriendo. Así que tan pronto como pudimos, nos pusimos a investigar a los tres chicos, lugar de procedencia, edad, familia… Cuando hemos tenido todo lo necesario es cuando nos hemos puesto en contacto con vosotros.
- Entonces, ¿sabéis lo que son? –preguntó Rinoa con cautela-.
En ese momento la cara de Laguna se tornó a una de preocupación, Squall miró a Laguna y después a Edea, quien desvió la mirada momentáneamente. Un silencio incómodo volvió a formarse en aquella mesa.
- ¿Qué es lo que pasa?, suéltalo ya, tío –dijo Irvine de manera nerviosa mientras se quitaba el sombrero y se incorporaba en la silla-.
Laguna soltó un largo suspiró.
- Parece que las cosas no serán tan fáciles como creíamos –acabó diciendo el hombre con tono preocupado-.
- Creemos que vienen del futuro -dijo de pronto Edea quien se había mantenido en silencio durante todo el relato de Laguna-.
La mirada de los seis jóvenes se clavó sin remedio en la mujer de larga melena, quien carraspeó algo nerviosa, tal vez había sido demasiado directa, pero no podía guardar más aquella confesión.
- Pues sí, parece que son del futuro, o eso es lo que hemos podido deducir, aún no está claro del todo –añadió Laguna intentando dibujar una sonrisa tranquilizadora en su cara, como siempre hacía-.
- ¿Del… futuro?, ¿cómo Artemisa? ¿en serio? -preguntó esta vez Quistis realmente sorprendida-.
- Si, pero de un futuro muy lejano, demasiado lejano para que nuestra mente humana pueda si quiera llegar a entenderlo -aclaró Edea quien parecía demasiado tranquila frente a todo aquello-.
- ¿Y cómo estáis tan seguros de eso? -inquirió Squall de manera seria-.
Edea se incorporó hacia delante en su silla y tras posar sus brazos sobre la mesa, se dispuso a hablar.
- Nosotros, al igual que vosotros, creímos que el símbolo con el que marcaban a sus víctimas tenía algo que ver en todo esto. Empezamos a investigarlo y descubrimos que perteneció a una familia de origen muy antiguo. La leyenda cuenta que practicaban brujería. Durante siglos fueron perseguidos por el pueblo hasta que, por fin, se creyó a la estirpe completa extinta.
La mujer hizo una breve pausa y se fijo en las caras de perplejidad de esos chicos.
- Seguimos estudiando la historia de la familia y puede ser que eso tres chicos pertenezcan a esa estirpe -concluyó-.
- Y ¿el símbolo? -preguntó de nuevo Quistis-.
- La marca de la familia era el símbolo que encontrasteis en aquel libro. En aquella época lo utilizaban a modo de sello y servía para mantener bajo control a quienes quisieran. Con ese símbolo podían hacer perder el control sobre uno mismo y pasar a ser controlado por ellos. Utilizaban la ira de las personas para ponerlas en contra y llevar a cabo cualquier fechoría, robar, matar… lo único que hacía falta era tener un sello cerca de la persona o marcarlo con él.
- Seifer… -susurró Quistis-. Entonces Seifer… -continúo dirigiéndose a Squall de manera algo alterada-.
- Si, lo sé… -suspiró el joven sin dejarla acabar la frase-. Supongo que dice la verdad.
- Además con dicho símbolo robaban energía vital, la cual utilizaban en su propio beneficio. Durante años no envejecieron ya que se alimentaban de la energía de sus propios vecinos.
Hubo una pausa en la que todos parecían demasiado pensativos. Entonces la voz del artista marcial se dejó escuchar en aquella mesa.
- Espera, espera, pero el símbolo que ahora utilizan no es igual ¿no?
- Es muy parecido -aclaró esta vez Laguna-. Seguramente habrá sufrido alguna modificación en todo este tiempo. Ahora sabemos por qué en ocasiones los alumnos del jardín parecen estar aletargados, es muy probable que hayan colocado sellos en las habitaciones de algunos de ellos y casi seguro en el despacho del director.
El hombre observó como el gesto de Squall se contraía al escuchar aquello.
- Creemos que utilizan los sellos para extraer la energía de quien esté cerca o lo porte y también para teletransportarse -aclaró Edea-.
- Por eso estaban en Trabia –interrumpió Selphie-.
- Eso es y creemos que utilizan a Seifer como vínculo entre su tiempo y el nuestro, aparte de ponerle en vuestra contra, claro. Sabían de antemano todos vuestros puntos débiles. Supongo que os estudiaron a fondo antes de llegar aquí -añadió esta vez Laguna-.
- Por eso apareció el símbolo en su pecho cuando intentamos destruir el colgante -apuntó Quistis recordando el momento-.
Laguna miró a la instructora y asintió con cautela, seguramente esos tres seres no dejarían a Seifer tan fácilmente.
Otro momento de silencio se formó en el grupo. Todos parecían estar asimilando aquella gran cantidad de información. Por fin, las cosas empezaban a encajar. Rinoa fue quien, con voz algo quebrada, rompió el silencio.
- ¿Y la profecía del libro? –preguntó con miedo en la voz-. ¿Qué es lo que quieren?
Laguna negó levemente con la cabeza.
- Eso aún no lo sabemos. La profecía es muy antigua, pero si es eso lo que quieren llevar a cabo, hemos pensado que tal vez querrán resucitar a su matriarca, quien fue la primera asesinada de la familia. Pero solo son conjeturas. Es difícil saber que quieren realmente, vienen de un futuro incierto que no conocemos.
- ¿Y Rinoa? ¿qué tiene que ver con todo esto? -preguntó Squall con ese tono calmado que lo caracterizaba-.
Edea miró a la joven bruja y después a Squall.
- Tampoco lo sabemos -suspiró al parecer cansada-.
Squall reparó en ese momento que la mujer parecía realmente agotada, unas leves ojeras adornaban sus ojos. Al parecer habían estado trabajando duro desde Esthar.
- Y, ¿entonces? -habló Irvine con cierto aire irritado. El vaquero tenía la sensación de que aquella charla no había servido para mucho-.
Laguna hizo un recorrido visual entre aquellos Seeds y tras fijar la vista en Irvine, se dispuso a contestar.
- Necesitamos llevarlos a Esthar y desde allí, mandarlos a su tiempo, borrando todos los sellos y por supuesto, eliminando la marca de Seifer -explicó haciendo ver que el plan era de lo más sencillo-.
Squall soltó un sonido a modo de risa sarcástica y se irguió sobre la mesa, mirando fijamente a Laguna.
- Así de fácil ¿no?
Laguna dibujó media sonrisa.
Squall negó con la cabeza y volvió a recostarse de mala gana sobre el respaldo de su asiento.
- Y ¿cómo pretendes que llevemos a cabo tu plan? -preguntó de manera retadora el comandante-.
- Eso es lo que tenemos que planear –respondió despreocupado mientras se cruzaba de brazos-.
Squall rodó los ojos hacia el techo y soltó un sonoro suspiro. Aquel hombre y su tranquilidad ante cualquier situación, le sacaba de quicio.
- Y, y… ¿mandarlos a su tiempo?, cómo demonios…-añadió Squall realmente crispado-.
- Tranquilo -dijo posando una de sus manos en el hombro del joven-. Eso déjaselo a nuestros investigadores, están trabajando en ello, pero para finalizar el trabajo les necesitamos a ellos -acabó diciendo mientras miraba al resto de chicos-.
Durante unos segundos, todos los allí presentes cruzaron miradas. ¿Realmente podrían llevar a cabo ese plan? Los Seeds no estaban tan seguros, aunque parecía que Laguna lo tenía todo bajo control, cosa de la que Squall dudaba.
Poco a poco, comenzaron a levantarse de la mesa, estaba claro que poco más podían hacer allí. Sería mejor volver al jardín y descansar. Además, Laguna y Edea se quedarían allí todo el fin de semana, por el baile. Aun tenían algo de tiempo para llevar a cabo un plan.
Notitas…
Lo sé, he tardado la vida, creí que me costaría menos seguir la historia, ya que estaba escrita, pero… bueno tengo altibajos, jeje. Gracias por leer Hasta la próxima.
