Potencial Ilimitado.

Escrito por RockmanGurlX, traducido por Fox McCloude.

Disclaimer: Mega Man y todos sus personajes son propiedad de Capcom. La historia original pertenece a RockmanGurlX, yo solo tomo crédito por la traducción al español. Todos los derechos reservados.


Capítulo 73: Leviatanes gemelos


¿Cómo pudo ser tan tonta? Debió haberlo sabido… no, ya lo sabía. Quizás siempre lo supo, pero todo y todos a su alrededor la convencieron de que mantener la guardia era innecesario. Le hicieron creer que sus preocupaciones y dudas eran infundadas. El miedo nublaba su juicio, evitando que ella viera la verdad. En su ceguera, fue cruel con alguien que estaba haciendo su mejor esfuerzo por enmendar sus errores.

Cruel… – murmuró, con la voz apenas más fuerte que un susurro. Se preguntaba por qué se molestaba en articular sus pensamientos. – Como si ya no hubiera sido lo suficientemente cruel. – gruñó, apretando sus puños a pesar de las ataduras que le impedían transformarse en su forma de Robot Master. – En todo caso, él fue cruel primero, ¿así que por qué no debería experimentar una cucharada de su propia medicina? – Hizo una pausa, apretando los dientes. – ¿O acaso el pequeño Baby Blues se siente mal por lo que pasó y no necesita un recordatorio tan pronto?

Dejando caer sus párpados, Tempo LaLinde bajó la cabeza nuevamente, con su cabello castaño cayéndole por los hombros como si fueran las hojas colgando de un sauce llorón. ¿Qué bien le haría lamentar su encierro? Más importante aún, ¿qué bien le haría seguir poniendo atención a esa escoria traidora de armadura roja y gris? La respuesta era muy clara: a él no le importaba. Nunca le importó. Ella tenía razón; todo lo que había hecho desde que vino a verla con su patética historia de lágrimas sobre que necesitaba ayuda, y cómo ella era la única en quien podía confiar, había sido una farsa. Una pretensa.

Todo lo que tenía que ver con él y lo que representaba, era una mentira.

Aunque ella no lo hubiese reconocido en ese momento, la forma en cómo se desenvolvieron las cosas hizo que su instinto inicial de alejarlo resonara dolorosamente en su memoria. Se sentía como un recordatorio implacable, regañándola por permitir que algo tan fugaz y poco confiable como una curiosidad momentánea y un sentimiento de pena que la carcomía le sobrepasaran su desdén arraigado por aquel que había causado ese desastre, no sólo en la vida de ella, sino con todos los demás.

Y no, mamá, no se trata de la pared. – continuó Tempo, con la voz calmada pese a la tempestad que hervía dentro de ella. Sabía en el fondo que esta conversación era inútil. – O la foto. – Hizo una pausa por un momento, sintiendo que el aliento finalmente le llegaba a la garganta. – Él… me lastimó. – confesó, con la voz temblándole como una frágil hoja en el viento. La androide mentalmente se regañó por permitir que sus receptores emocionales se encendieran en un momento tan crítico, y más todavía porque estas emociones estaban conectadas a él. – Aún si él y todos los demás insistieran en que no iba a lastimarme, todavía lo hizo. – se dijo, mordiéndose el labio mientras una humedad inesperada se filtraba de sus ductos, rodando por sus mejillas como una suave lluvia. – Me demostró que no le importaba. En ese momento, sólo fui otro objeto para él, un simple objeto en quien podía descargar sus frustraciones, una ventila para su rabia. ¡Lo único que le importaba era cómo se sentía, no le importaba nada yo ni nadie más! – Su grito de rabia hizo eco por toda la pequeña cámara, y el pequeño remanente de su declaración de ira lentamente se veía opacado por el ensordecedor silencio una vez más. – Aún después de que volvió, sólo fue para que analizáramos su núcleo. No le importaba enmendar nada. Sólo nos veía a mí y a la Dra. LaLinde como recursos que podía explotar. Todo lo que hace es sólo para sí mismo y su beneficio…

La primera lágrima bajó por su mejilla, un testamento silencioso de su conflicto, y empezó a hablar con la voz quebrada. – Yo… fui una tonta. Aún con lo que pasó con Rock y Roll, Blues, él todavía le dio al Dr. Light los medios para salvar al mundo. Así que pensé que, aunque odiara lo que había hecho, había encontrado algún valor en ayudar a los demás. Pensé que…

Sus hombros se desplomaron a medida que el peso de sus emociones se hacía mayor, una carga tan agotadora como aceptar la amarga verdad que siempre había sentido en los rincones de su mente, una verdad que sintió el impulso de ignorar, sin importar lo doloroso que fuese reconocerla.

Pensé… que si sabía sobre mí… tal vez entendería lo que se siente estar atrapado. – lloró, con la voz quebrada de tristeza, sintiéndose totalmente impotente mientras la cascada de lágrimas continuaba cayendo. En ese momento, estuvo consumida por un furioso odio hacia sí misma que no podía suprimir, como si su ser se estuviera rebelando en contra de la vulnerabilidad de la que no podía escapar. – Atrapada, sin lugar a dónde ir… – Hizo una pausa, mientras el pensamiento de lo inútil que era esto volvía al frente de su mente. Aun así, todavía se recordó rápidamente que, para cuando esto hubiera terminado, ya no tendría más nada que perder. Lo que fuera. – Él ya debe saber lo que se siente tener a alguien en quien confías, aunque sea sólo un poco, que te hace dudar de ti mismo y de todo lo que te rodea.

¿Por qué…? ¿Por qué se sentía así? ¿Por qué tuvo que tener el impulso de darle el beneficio de la duda, sobrepasando su raciocinio para tomar decisiones cuando se trataba de algo importante? ¡Ella debió saber que él no era nada bueno cuando le dijeron lo que les sucedió a Rock y Roll! ¡Debió haber sabido que él no estaba bromeando al decir que no necesitaba perdón, mucho menos que nadie más recibiera el suyo! ¡Ella debería haber sabido que él no sería genuino con su supuesto remordimiento o su historia triste! ¡Nada sobre él era genuino! ¡Nada! ¡Absolutamente nada!

entonces, ¿por qué le dolía tanto enterarse de la verdad? ¿Darse cuenta que no había esperanza?

Ni para él, ni para ella, ni para nadie más.

... te odio. – dijo con la voz ahogada, aunque supiera que no le haría ningún bien. Luego se hundió. – Porque… el pensamiento de que habría alguien que pudiera entender… si era verdad… la idea… creo… que realmente me gustaba.

El silencio volvió a apoderarse de todo a su alrededor.

... ¡squeak!

Al menos, durante unos pocos momentos.

... ¿huh?

Sí, pensó Tempo, desde la ventila de la derecha. Podía escucharlo, el tintineo de unas patitas metálicas sobre una superficie sólida, cuya fuente se acercaba poco a poco. Luego, la puerta de la ventila se salió de su lugar, y una pequeña bola redonda salió de ella, rodando y rebotando por el piso, antes de desenrollarse y presentar sus orejas y su pequeño pero reactivo hocico.

¿Mariachi?"

"Hey… ¡hey, niño! ¡¿Estás ahí?! ¡¿Hola?!

La pregunta de la sirena rubia perforó en el aire, dispersando la visión de X y la imagen de la Robot Master delgada y castaña, y del inesperado y chirriante roedor mecánico que correteaba cerca. Los rostros familiares de Tempo y Mariachi habían desaparecido, reemplazados por una figura nueva y sombría que irradiaba un aura de intranquilidad, donde antes estaba Proto Man.

– ¿Qué? – preguntó X, con un deje de confusión en su voz mientras cuidadosamente observaba sus alrededores una vez más. Era innegable que era el tiempo presente, pero la similitud permanecía entre la sensación de abatimiento que imaginaba en el robot, y el peso de la melancolía que flotaba a su alrededor como una niebla.

– Te pregunté cómo te sientes.

Registrando la pregunta de Marty, y dándose cuenta que se refería a él, X se miró a sí mismo mientras efectuaba una lectura a sus sistemas internos. – Hasta ahora, todo parece funcionar correctamente. – respondió, haciendo una ligera pausa. – Las armas aún están presentes, y la energía se mantiene en niveles normales. ¿Por qué?

– Bueno… – La sirena turquesa hizo un ademán de sentarse, pese a no tener extremidades inferiores. – Quiero decir, recibiste ese disparo a quemarropa. Sólo estaba viendo si quedaba algún daño potencial que se me hubiera pasado por alto. – Se le acercó. – Podría hacerte otro chequeo si…

– Está bien. – respondió X, alejándose cuando ella alargó su brazo. – Estoy bien.

La verdad, aunque nada parecía estar fuera de lugar, no estaba totalmente seguro de su condición. Cierto, todo parecía estar operando como debía, pero no pudo evitar preguntarse cuál habría sido el propósito de Octopus al ordenarle a Marty dispararle. Extravagante como era, el molusco se tomó toda la molestia de convertir este lugar en un tributo a los pecados y la depravación porque veía un propósito en ello, aunque una buena porción de ello fuese simplemente por presentar el hecho de que podía hacer lo que quisiera sólo porque quería. El rayo blanco que lo golpeó, tenía que haberle hecho algo, pensaba X. ¿Pero qué?

– El mecaniloide que Octopus se llevó está escondido aquí abajo. – le informó Marty al Maverick Hunter, con la voz firme mientras lo guiaba hacia un elevador que los esperaba. Este no era un descenso ordinario; su destino no estaba entre los pisos familiares que exploraron previamente. En lugar de eso, se hundió en lo profundo de la oscuridad, sobrepasando incluso las profundidades misteriosas de la cámara del Caracol, donde las sombras danzaban y los secretos yacían enterrados. – Por supuesto, dado que este lugar sigue repleto con sus fuerzas, necesitaremos sacarlo con un poco más de discreción de lo que él lo hizo con el suyo.

– Sí. – replicó X, asintiendo estando de acuerdo, con la voz tranquila, pero con un cierto deje de tensión. – Aunque, eso es de esperarse. Tú debes saber todo al respecto, ¿verdad? – preguntó, con un deje de insatisfacción en ella.

Marty dio un respingo, como si una aguja pequeña y afilada se le hubiese clavado en las profundidades más vulnerables de su ser. Sus ojos lo miraron con súplica, buscando que él la entendiera. – X, escúchame. Sólo le seguí el juego porque…

– Puedes explicarme tus razones una vez que la misión haya terminado. – la interrumpió X, con un tono que contrastaba totalmente con el reploide amigable que había conocido en medio del caótico dominio de Octopus. Su semblante usualmente calmado fue reemplazado por una expresión de urgencia que irradiaba de él, y con una determinación que afilaba sus rasgos. – En este momento, tengo un amigo que está en grave peligro, y una ciudad entera que está al borde de una devastación que no puede permitirse.

Captando la indirecta, y por doloroso que fuera de aceptar, Marty asintió con resignación antes de activar el elevador, cuyas puertas lisas se abrieron con un zumbido quedo. Al ingresar, el Hunter la siguió de cerca, con sus ojos muy agudos observándola con una intensidad que se sentía casi depredadora. Luego desvió su atención hacia el panel de control, examinando los botones y pantallas como si estuviese buscando alguna amenaza oculta o motivo subrepticio bajo su fachada de calma.

– ¿En dónde está? – le preguntó, con la voz tranquila y sin nada de confrontación. Pero el desapego de su tono perforaba el aire como si fuera una hoja fría, dejando una corriente gélida entre ambos. Era como si se hubiese deshecho por completo de sus emociones, para ser una máquina que operaba sólo en lógica. En ese momento, Marty podía sentir la tensión creciente entre los dos, lo bastante gruesa para cortarse.

– En el nivel más bajo. – replicó la sirena, con la voz apenas más fuerte que un susurro, como si el peso de su bravata pasada le hubiese sido arrebatada. Un deje de vulnerabilidad parpadeó en sus ojos, reemplazando su semblante temerario que antes llevaba como una armadura. Alargó la mano y presionó el botón situado abajo a la derecha en el panel del elevador, y el pitido suave hizo eco en el espacio confinado.

Con un suave "whoosh", las puertas del elevador se cerraron, sellando a los individuos adentro en lados opuestos, y creando una atmósfera pesada con la tensión. Mientras el rumor mecánico del elevador comenzaba a resonar alrededor de ellos, podían sentir que el viaje hacia abajo comenzaba, y la sensación era tanto intrigante como inquietante. La tenue luz parpadeaba sobre ellos, proyectando sombras que danzaban a su alrededor, presagiando las profundidades desconocidas que pronto encontrarían.


Mar de las Filipinas…

Aunque ciertamente era un golpe a su orgullo depender de otro para llegar a la costa de Abel City, mucho menos a Arcadia (Fujiwara lo consideraba demasiado impredecible para recibir las mismas mejoras que el Thunder Slimer) había un lado positivo en esta situación. Aunque sentía algo de frustración por tener que depender en una máquina sin inteligencia, tal vez este enorme aparato podría ofrecerle beneficios inesperados. No sólo sería una herramienta formidable en el viaje a Abel City, sino que también proveería fuerza y resiliencia de maneras que tenía todavía por reconocer. La experiencia podría transformar esta dependencia en una valiosa asociación.

O por lo menos, podría proveerle de una mayor ventaja sobre esos patéticos simplones a los que no podía creer que una vez llamó aliados. Aunque su piel no excretase naturalmente fluidos y aceites como los asquerosos humanos, el hecho de que todavía sentían apego por estas criaturas era suficiente para justificar su desprecio por esos tontos, casi tanto como con los monos sin pelo. Oh, tenía unos cuantos en mente a quienes no les importaría soltarles a su "mascota" en el momento que entrara en el área, y esos idiotas no tendrían más opción que defender la ciudad y a sus habitantes de la enorme arma a su disposición.

– "En todo caso, esta pequeña demostración podría hacer que esos monos pensaran dos veces antes de romper las reglas que les establecieron." – pensó el cefalópodo carmesí mientras sujetaba el timón del alargado mecaniloide. Iba surfeando por el agua en su espalda, con sus tentáculos sujetos a su carcasa de metal para mantenerse a bordo, y su mente corriendo de emoción mientras se imaginaba el espectáculo que haría este monstruo desatando el caos en la ciudad y en cualquiera que él decidiera.

Salvo por uno.


Fortaleza submarina…

– Nos estamos acercando al piso más bajo del edificio. – anunció Marty a su acompañante, lanzándole una mirada fugaz a su cara tensa. Pese a su actual desacuerdo, sentía que era necesario romper el silencio incómodo. – Este lugar en realidad tiene nueve niveles en lugar de siete. – continuó mientras su voz hacía eco en el escasamente iluminado elevador. Era más un comentario para sí misma que un intento de conversar, pero el silencio pesado de parte de X se volvía cada vez más perturbador.

»Le dije a Octopus que si quería mantener el tema que visualizaba para este lugar, entonces nueve niveles serían más apropiados que sólo seis. Eso capturaría realmente la esencia del Infierno de Dante, o lo que fuera que estuviera tratando de expresar. – explicó, con su ceño fruncido pensativamente. Cada nivel, ella creía, podría representar uno de los pisos del infierno, intensificando la experiencia para cualquiera que se atreviera a explorar. – Supuestamente ya hay "Siete Príncipes del Infierno" acorde con algunas sectas de la religión humana, así que es muy peculiar que haya elegido los animales como motivo temático.

Hizo una pausa, con su mente moviéndose a mil por hora con sus preguntas. – Pero ¿por qué decidió en realidad seguir con esto, de todos modos? ¿Qué le llevó a crear un laberinto tan complicado? – Tenía problemas para entender sus motivaciones mientras continuaban su descenso en las profundidades, y el aire se volvía más pesado con cada piso que pasaban.

Aunque X sólo escuchaba a medias los comentarios animados de la sirena, no se trataba solamente de tratar de apagarla. Más bien, su confusión y frustración en aumento provenían de la repentina oleada de imágenes que vinieron a sus ojos en su mente. Se vio obligado a cerrar los párpados con fuerza, en un intento inútil de alejar esas intrusivas imágenes, o al menos, dejarlas de lado para contemplación después. – "Vamos, por favor. Ahora no." – suplicó mentalmente, con su corazón acelerándose. – "¡Ahora no puedo lidiar con esto!"

Pero la fuente de dichas visiones intrusivas seguía implacable, y una vez más, se encontró como espectador reacio ante una escena de un pasado olvidado desde hacía mucho tiempo, ya fuese que lo deseara o no. Los colores eran vividos, incluso aunque el entorno en general no lo era, y los detalles eran dolorosamente claros, y aunque deseaba silencio, los ecos de ese otro tiempo lo arrastraron, hacia las profundidades de unas memorias que no eran las suyas propias.

¿Cómo en el nombre de Asimov se las arregló este diminuto roedor mecánico para meter una ganzúa completa entre sus mejillas? La idea parecía casi absurda, pero allí estaba. Lo más sorprendente era cómo esta pequeña criatura se las había para encontrar su ubicación y reconoció que tal vez necesitaría ayuda para escapar. Por lo que entendió, en particular con las conversaciones del Dr. Light con la Dra. LaLinde, Mariachi había sido basado principalmente en la diminuta raza Robovinski de hámster. Sin embargo, su coloración le daba la apariencia de un hámster sirio miniatura adornado con detalles dorados.

No pudo quitarse de encima de que, para extraer el dispositivo que había sido instrumental en abrir sus ataduras, el pequeño roedor de alguna manera debió haber almacenado una parte de él en su diminuto cuerpo. La mecánica de cómo eso era posible la dejó perpleja, pues la forma compacta del roedor sugería limitaciones, pero aquí estaba, una maravilla de ingeniería e ingenuidad, desafiando toda lógica. La inesperada naturaleza de las habilidades de Mariachi sólo añadía al misterio que lo rodeaba. ¿Cómo podía una criatura tan pequeña poseer tanta conciencia, agudeza y perspicacia? Las preguntas arremolinaban en su mente mientras intentaba comprender a dónde ir a partir de ahora.

Habiéndose liberado de su confinamiento, Tempo se había transformado en Quake Woman, una versión más defensiva de sí misma (aunque todavía con poca experiencia en el arte del combate). Se puso de pie en el corazón de un corredor de metal escasamente iluminado, con las paredes frías y sombrías contra su armadura. El aire era muy pesado y había una tensión inquietante, haciendo eco de la naturaleza siniestra de la fortaleza que la rodeaba. Aunque su armadura le ofrecía una sensación de protección ante lo que aguardaba adelante, y una duda que la atormentaba seguía presente sobre seguir adelante aventurándose más.

Si mi madre está aquí en alguna parte… – murmuró para sí misma, con el peso de sus circunstancias lentamente asentándose sobre ella – … tengo que encontrarla.

Justo entonces, una peculiar sensación le sacudió el núcleo, un zumbido inusual proveniente del contador Geiger interno que estaba instalado en ella, un signo irrevocable de los peligros desconocidos que acechaban en este maldito lugar. Aunque ese instrumento le había sido dado luego del incidente del derrumbe, una precaución de parte de la Dra. LaLinde sólo en caso de que encontrase cualquier pozo de radiación cuando tenía que aventurarse en el corazón de la Tierra, incluso si dicha tarea era mucho más simple que entonces, hasta ahora no se había encontrado ninguna fuente potencial de radiación, mucho menos propiedades radiactivas.

a excepción de una.

Un suave chillido del pequeño roedor mecánico llamado Mariachi atrajo la atención de Quake Woman de vuelta de sus pensamientos arremolinados. Sus vívidos ojos verdes se fijaron en sus ojos azules brillantes, que chispeaban con una sensación de urgencia. En un instante, echó a correr por el pasillo pobremente iluminado, con sus diminutas patas de metal golpeando contra el suelo. Quake Woman instintivamente sintió que él quería que ella lo siguiera, y el rítmico sonido de sus movimientos la urgió a seguir adelante.

Momentos después, otra voz le llamó. – … hey, oye, ya casi llegamos.

Justo cuando la sensación de anticipación comenzaba a echar raíces, la efímera visión abruptamente se desvaneció, siendo tragada por la dura realidad que la rodeaba. El eco reconfortante de las memorias se vio superado por el peso del presente, la tensión seguía colgando en el aire, tan palpable como las paredes de metal cerrándose sobre ella. Quake Woman se encontró atrapada en una situación precaria, con la mente corriendo a mil por hora con el conocimiento de que ella y el Robot Master que estaba observando estaban atados por circunstancias que se sentían cada vez más inescapables.

¿Realmente había conflicto a dónde quiera que mirase, fuese aquí y ahora, o incluso en el pasado?

– Hey, ¿no me oíste? – repitió Marty, notando que X no se mostraba totalmente receptivo a su mensaje. – Ya vasi llegamos.

– Oh, claro. – respondió X, sin estar exactamente tranquilo con la sirena de armadura turquesa. La repentina transición del pasado al presente había resultado ser algo desorientadora cuando ocurría. – Lo siento.

Aun así, todavía no entendía del todo por qué. O más bien, tenía poco menos que atender, salvo por el pequeño cachivache que se había traído desde Abel City.

– ¿Hm? – Marty escuchó un pequeño "click" y miró a un lado, viendo cómo X abría el compartimiento de su pecho y sacaba un objeto que llevaba guardado dentro. – ¿Qué es eso? – inquirió ella, señalando el topacio que X llevaba en su mano color marfil.

A pesar de la presente sospecha y animosidad entre ellos, X terminó contestándole su pregunta. – Para ser honesto, no estoy del todo seguro.

– ¿No estás seguro? – insistió Marty, perpleja ante lo que le dijo, mientras sus ojos violetas estudiaban la gema desgastada y agrietada por sí mismos. – Si me lo preguntas, parece que ha visto mejores días.

Dejando de lado sus reservas, X contempló lo que ella le dijo. – ¿Sabes qué? Creo que tienes razón. – le respondió, lo cual sorprendió un poco a la sirena. Luego murmuró ligeramente para sí mismo. – Tengo unas cuantas preguntas para Ray B. cuando regrese. Si es que Lifesaver y los demás son capaces de repararlo lo suficiente.

– ¿Quién?

X se mordió el labio y respondió rápidamente. – Nadie. Nadie de quien debas preocuparte, al menos.

– ¿Oh, en serio? – preguntó Marty, con los brazos en jarras. – Qué directo de ti asumir que no tendría ninguna reacción a lo que sea que sucede con esta persona de interés. ¿O es que acaso es como nosotros? Es decir, ¿no es humano?

El reploide contuvo su lengua al principio, preguntándose si debería compartir esa información, o incluso si se merecía saberlo, por mucho que el repentino subidón de desprecio no le hiciera sentirse bien. Tampoco lo hacía el deseo sutil de querer infligirle un poco de dolor emocional, pero aun así, esas cosas ya habían echado raíces en el frente de su mente, rehusándose a irse.

– Hey, ¿me vas a responder? ¿O es que estás muy hundido en tus pensamientos?

Él no le respondió, con los ojos fijos en el topacio triangular con grietas y abolladuras que tenía en su mano.

– ...o, si es que no quieres hablarme, eso está bien, supongo.

La verdad era que, incluso si se debatía en hablar o no con Marty, considerando todo lo que había ocurrido, no estaba quedándose callado simplemente porque deseara darle el tratamiento silencioso. Más bien, se encontraba luchando contra sus propias convicciones y pensando en las de los demás.

A medida que se desvelaban las visiones, X se encontró luchando con una profunda sensación de alienación por parte Quake Woman, quien llevaba el nombre "doméstico" de Tempo fuera de su rol como manipuladora de la tierra. Irradiaba un semblante helado, sus ojos reflejaban una frialdad que se sentía casi cruel en su rechazo a reconocer a Blues. Aunque el robot rojo y gris tenía su porción de fallos a través de su tumultuosa existencia, X creía que había dejado sus intenciones claras como el cristal: ya no estaba interesado en un camino alimentado por la venganza o de reanudar sus colaboraciones con Wily. Aunque se sentía indigno del nombre "Blues," rechazaba vehementemente el título de "Break Man" también. Pero, a pesar de sus esfuerzos para redefinirse a sí mismo, Tempo, con su piel bronceada y mirada penetrante, ya había tomado su decisión. Para ella, importaba muy poco el nombre que él había elegido; ella había decidido cortar todos los lazos con él y tratarlo con sólo un breve momento o dos de reconocerlo.

Sin embargo, pese a su deseo por una realidad diferente, el Maverick Hunter azul se encontraba confrontando una verdad perturbadora. Comenzaba a entender la perspectiva de la Robot Master, aunque pareciera frígida y sin emociones, bien podría tener sus raíces en dudas y miedos válidos que estaban más que justificados. El peso de su incertidumbre, o más bien, lo que alguna vez había sido, resonaba con él, forzándole a reconsiderar cosas que había asumido en medio del caos de su conflicto en curso.

– "Roll me dijo que Blues había sido absuelto de cualquier fechoría, al menos de lo que no hizo por su propia mano." – pensó X, cuando el elevador se detuvo al llegar al fondo de la fortaleza.

– Aquí es nuestra parada. – le informó Marty, aunque había aceptado que era más que probable que no recibiera una respuesta. – Vamos.

Las puertas se abrieron, pero X seguía inmerso en sus pensamientos. – "Pero por lo que he visto, no estoy seguro de qué creer sobre él." – Sus ojos se fijaron en la sirena que lo acompañaba. – "O de cualquiera en general, ya que lo pienso."

Mientras las puertas del elevador se abrían, X y Marty emergieron desde la pequeña y cerrada cámara, entrando en la enorme expansión del área de almacenamiento de armas que se ocultaba en la oscuridad de las profundidades de la estructura. El enorme espacio era aterrador, con estantes del piso al suelo llenos con toda clase de armamento y equipamiento, cuyos contornos eran obscurecidos por la escasa luz.

Con una mirada aguda, la sirena escaneó el entorno en sombras, hasta que su mirada se posó eventualmente en un objeto distante, apenas visible bajo el brillo errático de una luz parpadeante que colgaba desde el techo. Esta iluminación intermitente emitía un brillo tenebroso, revelando sólo una fracción del mecaniloide, cuya forma metálica acechaba ominosamente desde las profundidades, creando un contraste perturbador con las sombras que lo envolvían. La atmósfera estaba repleta con una sensación de peligros ocultos, y el silencio sólo era puntuado ocasionalmente por el rumor de alguna maquinaria en la distancia, bajo el ambiente subacuático de este océano del mundo.

– De acuerdo. – comenzó Marty, nadando hacia el mecaniloide durmiente. – Lleva un poco de tiempo encender a uno de estos, así que me tomaré unos momentos para… – Se detuvo, notando que X parecía estar distraído jugueteando por la esquina del ojo. – ¿Qué te pasa?

X al principio no le respondió, tratando de averiguarlo por sí mismo, aunque la respuesta no parecía ser algo que le gustaría.

– Mi buster. – murmuró el Maverick Hunter, tratando de sacar al menos una carga pequeña.

– ¿Qué pasa con él? – inquirió Marty con una ceja levantada.

Luego de algunos momentos de nada, la realización los golpeó a ambos. X finalmente habló: – Creo… que ese disparo consiguió su objetivo.


Mar de las Filipinas, Fortaleza Submarina, Área de Almacenamiento de Armas…

– ¡¿Qué quieres decir con que no puedes usar tu buster?! – exclamó Marty, perpleja al oír lo que el dueño del cañón había descubierto.

– Exactamente eso. – dijo X, con el tono algo más tajante de lo que quería, pero en última instancia, se dio cuenta que tal vez eso no importaba. – Mis niveles de energía siguen normales, y los chips de armas están en su lugar, pero por alguna razón, y probablemente haya sido por el disparo de tu pistola… – se apresuró a clarificar – … al parecer, los componentes presentes en ese disparo eran partículas inhibidoras que cancelan la formación de plasma.

– Oh. – Marty pensó en las palabras del Hunter mientras se disponía a activar al mecaniloide con forma de serpiente que los llevaría a los límites de Abel City. – Entonces, ¿qué hay con tus otros, cómo los llamaste, chips? – le preguntó, abriendo un panel en la cabeza circular de la máquina, revelando unos cuantos botones detrás de la cubierta protectora. – ¿Esos funcionan? Te vi utilizar algunos de esos en el campo, así que… – Se detuvo mientras ajustaba la configuración en el dial para la flotación y la resistencia a la presión del agua a niveles apropiados.

Luego, registró lo que X acababa de decirle.

– Espera. – dijo mientras se giraba para encararlo, viendo cómo el reploide evaluaba la condición de su medio de defensa más confiable. Al menos hasta ese momento. – ¿Mi pistola?

X se tomó un momento para cambiar a Shotgun Ice, descubriendo, para su alivio, que la mezcla química producía las reacciones necesarias para congelar a temperaturas bajo cero, disparando desde el barril. El proyectil de un pequeño pero cristalizado esplendor golpeó el costado de un Gulpher inactivo cercano, y las formaciones brillantes de hielo se esparcieron por su superficie.

– Por lo que parece, están operando como deberían. – respondió X, deteniendo la generación de hielo. – Por supuesto, incluso con eso, a diferencia de mi fuente de plasma natural, no son exactamente ilimitados, lo que significa que tengo que…

– No, eso no. – lo interrumpió Marty, esperando a que él se diera la vuelta y la encarara, pero se quedó en su lugar. Luego nadó hacia él. – ¿Qué quisiste decir con "mi pistola"?

Él la escuchó, y ella lo había dicho justo al lado de él. No había forma de que no hubiese registrado lo que acababa de salir de sus labios. Aun así, él aparentemente ignoraba su pregunta, ocupándose de sus propios asuntos como si se estuviera preparando para salir del negocio. – Por supuesto, dado que Fujiwara implantó a cada una de sus creaciones o colaboraciones con algún tipo de debilidad, podría encontrar una forma de explotarla… – señaló X, deteniéndose poco después. – ...asumiendo que tenga algo a la mano que pueda utilizar…

– ¡Hey, sé que me escuchaste! – La voz de Marty interrumpió sus murmullos internos, junto con una mano sobre su hombro. – ¿A qué te refieres con "mi pistola"?

X se mordió el labio. – ESTABA en tu posesión, ¿o no?

El cejo de la sirena se enfurruñó más. – Sí, Octopus me la dio antes de que tú entraras a enfrentarlo, pero no tenía idea de que iba a hacerte… esto.

Marty fue testigo de ello: los ojos que otrora habían sido de un verde brillante, pero inmaculados y aparentemente interesados en su historia y en ella como individuo, ahora se sentían como si hubieran perdido su brillo. Como si se hubieran apagado, tal vez, para su creciente terror, para nunca regresar.

La siguiente pregunta de X confirmó prácticamente todos sus peores temores. – ¿En serio? Eso es nuevo, considerando que casi todos los que solía considerar amigos o personas en quienes podía confiar me apuñalaron en la espalda con intenciones de matar.

– ¡Te dije que lo sentía, ¿ok?! – argumentó Marty. – ¡Yo no te quería ver muerto! ¡Me dijeron que sólo tenía que agotarte lo suficiente para que te recogieran y te llevaran con Sigma!

– ¿Y tienes alguna idea de lo que Sigma tiene planeado para los humanos en Abel City? ¡Ciertamente no planea darles la misma cortesía! – espetó X. El reploide giró la cabeza hacia un lado. – … ¿es que no viste cuando hizo el anuncio de su campaña?

Marty se quedó en silencio al principio, pero la expresión dura y fría de X indicaba que esperaba una respuesta de ella. – Sé lo que le ocurrió al Dr. Fujiwara. – confesó en última instancia. – No, no soy la mayor fan de los humanos, pero no quiero… eso. – Al terminar de decir eso, finalmente entendió lo que significaba la ejecución del científico humano, y hasta dónde llegarían las cosas. – Octopus dijo que Fujiwara nos habría traicionado eventualmente, o que trataría de tomar control de la operación. Según él, Sigma sólo estaba tomando una decisión difícil pero necesaria para los nuestros y el planeta.

– ¿Entonces estás dispuesta a permitir que él y sus fuerzas hagan lo que les place, mientras no le hagan daño al océano? – inquirió X. – ¿Es eso?

Marty se encontró incapaz de producir una réplica que lo satisficiera, pero dudaba que cualquier razón o explicación fuera suficiente de su parte.

– Entendamos esto… – empezó X, deteniéndose y pronto dándose cuenta de a qué clase de máquina lo trajo la sirena. – ¿Ese es…?

– Sip. – respondió Marty. – Y es el mismo modelo que Octopus tiene. Si ajustamos su velocidad casi al máximo, deberíamos poder alcanzarlo.

X asintió, aunque no había mucho optimismo en su expresión. – Con suerte, antes de que cause más daño serio.


Abel City…

Mirar hacia el agua que brillaba con el sol no haría que apareciera. El Hunter de armadura roja estaba muy plenamente consciente de la realidad y entendía la estupidez de esos pensamientos. Pero, a pesar de su decisión, se encontró en un trance inducido por el ritmo hipnotizador de las olas del océano, que golpeaban contra los bordes rocosos de la isla artificial. La isla, una maravilla de ingeniería, acunando la ciudad que se alzaba con orgullo en su fundación, cada edificio proyectaba reflejos que danzaban sobre el agua. El mar tranquilo, con sus tonos de azul profundo y ocasionales flecos de espuma, parecía casi susurrar secretos, atrayéndolo hacia un silencio contemplativo mientras permanecía allí, cautivado.

– ¿Disfrutando del escenario, señor?

El comandante de larga cabellera se giró para ver una figura sombría con una armadura oscura de pie lejos de él. Este imponente individuo superaba en estatura a su líder, dándole una presencia intimidante. El Comandante no pudo evitar sentir algo de intranquilidad; el contraste visual de Sigma mirándolo desde arriba mientras veía a otros por encima del hombro era un giro desconcertante de la perspectiva. El aire a su alrededor parecía rasguear con una tensión silenciosa, y sabiamente eligió guardarse sus pensamientos, consciente de que algunas observaciones era mejor no decirlas.

– Esa no es exactamente la intención, Signas. – replicó Zero, con la voz calmada pero con un deje de frustración. Mientras hablaba, desvió la mirada del Maverick Hunter, concentrando su atención en el vasto horizonte que se expandía frente a él. El interminable cielo azul sobre ellos se mezclaba con el azul del mar debajo de ellos, creando una asombrosa expansión de colores que se sentía a la vez calmante y distante. Azul, azul por todos lados, igual que la elusiva presencia que subconscientemente deseaba manifestar. – Aunque, supongo que no puedo evitarlo del todo. – concedió, perdiéndose en sus pensamientos debido a la tranquilidad del momento. – ¿Crees que yo debería haber ido con él? – preguntó, sin que realmente le preocupara con quién hablaba en este momento.

– ¿A qué se refiere, señor? – inquirió Signas, con el ceño fruncido de confusión. Sin embargo, cuando la pregunta se escapó de sus labios, la realización lo golpeó como un maremoto, y era muy claro a quién se refería el reploide de armadura roja. – Ah, se refiere a X, ¿verdad? – dijo finalmente, asintiendo pensativamente.

Los ojos azules del rubio se ensancharon de sorpresa, y un ligero rubor se apoderó de sus mejillas. – ¿Así de obvio? – admitió, con la voz dejando salir un deje de vergüenza.

– Bueno, aparte de su "hermana", él es el único que parece dominar sus pensamientos cuando se trata de preocupaciones de seguridad. – observó Signas, con el tono calmado pero serio. – Eso no significa que nuestro propio bienestar no sea importante; claro que lo es, pero…

– No hay necesidad de elaborar; entiendo tu perspectiva. – intervino Zero, interrumpiendo a Signas con una mano. Una chispa de alivio lo invadió mientras continuaba. – En todo caso, me alegra que no pienses que tengo favoritos. – Hizo una pausa, con la mirada de nuevo dirigiéndose hacia la vasta expansión del océano, con las olas chispeando bajo la luz solar. – Pero… tienes razón. – confesó, con el peso de sus sentimientos evidentes en su voz. – Cada uno de ustedes es mi prioridad, y las vidas de todos ustedes son importantes. Aun así, cuando se trata de X, hay algunas… medidas diferentes que tengo que tomar para asegurarme que permanezca entre los vivos. Y mientras tanto, debo asegurarme de que realmente cumpla con las expectativas de lo que puedo hacer.

Los labios del reploide de armadura azul marino se apretaron formando una línea firme, una señal de su conflicto interno. Supo precisamente lo que su nuevo líder estaba diciendo, pero el problema hizo surgir otra pregunta en su mente, uno que le había pesado durante algún tiempo. – Si me permite decirlo, señor… – empezó a decir, con la voz tranquila pero algo preocupada. – ¿Por qué continúa asignándole estas misiones a él? – Hizo una pausa brevemente, midiendo la reacción de su líder antes de presionar. – Usted es consciente de que su dificultad para tomar acciones decisivas en momentos críticos. Así que ¿por qué confía en él cuando las situaciones claramente demandan un enfoque mucho más decidido? – El reploide se enfurruñó aún más mientras buscaba claridad en el razonamiento de su líder, esperando tener perspectiva de una decisión que encontraba cuestionable.

Zero se quedó en silencio, contemplativo, mientras el sonido rítmico de las olas del océano creaba un fondo calmante que llenó los audio-receptores de Signas. Una ola de ansiedad lo invadió mientras se preguntaba si habría cruzado alguna línea, provocando que su mente empezara a correr para formar una disculpa que pudiera darle. Pero, el Maverick Hunter rojo no perdió su compostura; no había ninguna chispa de ofensa en su expresión. En lugar de eso, parecía casi aliviado, como si le hubieran quitado un peso de encima. Finalmente respondió, con su cabello rubio ondeando suavemente con la brisa del océano, con su tono tranquilo y reflexivo, lo que tomó a Signas por sorpresa. – En efecto, esa es una pregunta que me he estado haciendo desde que salió para investigar la situación en la región de las montañas de la isla.

Signas lo miró de nuevo, pensando en lo que le habían informado sobre las acciones de X durante sus últimas pruebas. – Encontró a Chill Penguin allá arriba, ¿no?

– Y a Marth. – añadió Zero. – Por supuesto, sólo uno de los tres volvió de ese lugar.

El Hunter de menor rango se quedó en silencio por algunos momentos. – ¿Qué hay de esos que encontró en la cámara de Penguin? – inquirió. – Por lo que me dijeron, sus cuerpos seguían intactos, aunque congelados.

– Cierto. – respondió el comandante de larga cabellera. – Pero sus componentes internos cesaron de funcionar hace tiempo. Por los escaneos que hicieron a los que lograron extraer del hielo, sus núcleos y otras funciones quedaron imposibles de reactivar. – Hizo una pausa, mordiéndose el labio. – Esencialmente, ya estaban muertos para cuando alguien llegó allí. Y Marth muy probablemente no habría logrado bajar de esa montaña sin algo de atención médica o un sistema de soporte vital hasta que pudieran estabilizarse. – Sus ojos azules se cerraron. – Por supuesto, también soy consciente de que, si las cosas no hubieran ido diferentes, podría haber sido X quien sufriera el mismo destino junto con él.

Signas estaba reacio a preguntar al principio, pero la pregunta seguía plagándole su mente de manera incesante, y luego formar palabras que danzaban en su lengua, prácticamente pidiendo que las dejaran salir. – ¿Fue por eso que decidió sujetar a Penguin para que X pudiera disparar?

Zero se quedó callado al principio, no debido a ninguna ofensa percibida por parte del otro soldado y su pregunta, sino más de contemplación por el escenario que le presentaban. – Y para asegurarse que X golpeara el dispositivo en Penguin que controlaba a los mecaniloides responsables de las avalanchas en el área. – respondió el Hunter rojo, suspirando. – Pero sí, creo que tu evaluación fue parte de la razón. Incluso si X hubiera traído a Marth al cuartel de emergencia, probablemente habría sido demasiado tarde para él.

– ¿En serio? – preguntó Signas. – ¿Pero los humanos no intentan revivirse entre ellos si entran, bueno, en alguna forma de estasis o apagón temporal?

– Sí, y nosotros también lo tenemos permitido. – respondió Zero. – Pero sólo hasta cierto punto. Sin los sistemas de un reploide se apagan totalmente, aunque sea sólo una vez, entonces la ley requiere que se les declare muertos, y sus restos sean fundidos para añadir a la producción de sus congéneres.

El Maverick Hunter se encontró sin palabras, sin saber cómo responder. Cierto, él conocía el procedimiento general para distinguir entre humanos y reploides que podrían potencialmente sobrevivir y los que no, especialmente cuando los mecaniloides renegados parecían estar volviéndose más comunes. Pero aun así, siempre se hacían esfuerzos en ambos frentes para preservar la vida.

Al menos, eso creía él.

– Y… con esto en mente… – murmuró Signas, luego de recuperar la voz, aunque sólo ligeramente – … yo… supongo que es seguro asumir que usted tiene miedo de lo que le podría pasar a X, ¿verdad?

Zero bajó la cabeza, y sus ojos penetrantes se quedaron fijos en el asfalto desgastado y agrietado bajo sus pies, evidencia de incontables batallas que se pelearon en este trozo de la carretera. Mientras levantaba la mirada, se vio envuelto por la vasta expansión de un azul interminable que se extendía sobre él, mezclándose con el azul profundo del océano debajo de ellos. Esto contrastaba enormemente con las duras realidades de su mundo.

– ¿Puedo ser honesto contigo, Signas? – le preguntó, con la voz cargada de un peso que evidenciaba la gravedad de sus pensamientos.

Signas sintió un subidón de sorpresa ante la pregunta inesperada de su comandante. De todos los reploides en sus filas, era él, el modesto y receptivo Signas, quien había captado la atención del legendario "Demonio Rojo". Aunque la repentina intimidad del momento lo dejó algo avergonzado, reconoció que sería impropio denegarle a su comandante una simple petición. – P-por supuesto, señor. – replicó, con determinación endureciéndole la voz a pesar de la incomodidad arremolinando en el aire entre los dos. – ¿Qué tiene en mente?

Zero contuvo su aliento por un momento, atrapado en un torbellino de pensamientos que amenazaba con derramarse. El peso de su incertidumbre presionaba fuertemente en su pecho mientras consideraba expresar lo que le atormentaba. Ese conflicto interno que había empezado en el momento en que le urgió a X quedarse con A-1 en la base de misiles, una misión que ahora le atormentaba. Seguía flotando en su mente, resurgiendo vívidamente cuando encontró al Hunter azul atrapado en las garras de la imponente Ride Armor de Vile. Ahora, mientras se paraba al borde del mundo, mirando a la gran expansión azul del océano que se fundía con el cielo infinito, esos pensamientos arremolinantes le tiraban de nuevo, suplicando una resolución.

Él abrió los labios, y las primeras palabras de una profunda verdad se encontraban en la punta de su lengua como un frágil secreto. Sin embargo, nunca escaparon. Justo cuando estaba a punto de decir en voz alta sus pensamientos, un movimiento en la distancia captó su atención, atrayendo su mirada.

– ¿Señor? – preguntó Signas, con preocupación en su voz mientras se acercaba, intentando discernir la causa de la perturbación. Sin embargo, el Maverick Hunter rojo levantó la mano rápidamente, un gesto silencioso pero urgente que le indicó al otro soldado que guardara silencio y permaneciera alerta.

– Hay algo en el agua. – murmuró Zero, y Signas desvió su atención hacia donde miraba su comandante. – Algo grande.

En efecto, una vez que notó el extraño movimiento, Signas también se dio cuenta de que, a pesar de la relativa calma y quietud en esta esquina de la isla, no se encontraban solos.

Una figura imponente salió a la superficie del agua, un reploide de armadura roja con múltiples brazos, exudando un aura de poder como si aparentemente flotara desde las profundidades sin esfuerzo. La luz dorada del sol se reflejaba en su armadura pulida, creando un resplandor casi etéreo a su alrededor. Para el asombro de los dos Hunters que observaban en la distancia, parecía estar de pie triunfante sobre la superficie del agua, desafiando las leyes de la naturaleza como si comandase los elementos, un maestro del mar y de los cielos.

– Oh vaya. – dijo el cefalópodo color rubí, con sus ojos brillantes escaneando las estructuras derruidas que se alzaban ominosamente frente a él. Algunos edificios permanecían de pie, aunque con grietas y desgaste, mientras otros colgaban bajo el peso de la negligencia. – Ciertamente parece que este lugar ha visto mejores días.

Los ojos de Signas se ensancharon al darse cuenta quién había emergido del mar, y el shock se transformó en desdén y rabia mientras corría hacia el borde de la isla. – ¡Launch Octopus! – le gritó. – ¡¿Así que por fin te dignas salir de tu agujero submarino y das la cara, eh?!

– ¿Agujero? – inquirió el pulpo, con la voz cargada de un toque de indignación. Se quedó mirando la estructura poco remarcable debajo, cuya superficie aburrida y poco pulida contrastaba con el vibrante atractivo de su reino submarino. – Aunque ese término podría tener validez para esa estructura tan precaria, – concedió mientras reflexionaba sobre las palabras de Signas – palidece en comparación a mi magnífico palacio. Pronto, el Comandante Sigma purificará al mundo de los asquerosos primates que infestan la superficie, ¡y el planeta irradiará la misma belleza que define mi reino!

– ¿Reino? – Zero levantó una ceja, con un resoplido escapando de sus labios mientras sonreía con sorna. – ¿Qué, acaso conjuraste tu propio "Jardín de Pulpos" allá abajo? – le preguntó el Hunter rojo, con su tono lleno de sarcasmo, y completamente imperturbable ante las ominosas predicciones de destrucción del molusco. – Por supuesto, considerando lo meticuloso que siempre has sido sobre tu coraza, nunca me habría imaginado que estarías dispuesto a ensuciarte los tentáculos en porquería.

Para sorpresa de Signas, tuvo que reprimir una risotada cuando observó a Octopus entrecerrar sus ojos en respuesta a su comentario. A pesar de la evidente molestia, Octopus lo enmascaró rápidamente, recuperando su compostura con cierta gracia practicada. Signas no pudo evitar pensar en cuánto se esforzaba por mantener esa fachada de elegancia y caballerosidad. Le intrigaba saber cómo Octopus, un miembro de una especie conocida por su habilidad de cambiar de color a voluntad, podía balancear con tanta experticia el encanto y la cautela. El contraste entre su apariencia y las emociones debajo le fascinaban, provocando preguntas sobre la verdadera naturaleza del reploide detrás de ese cuidadosamente elaborado exterior.

– Je. – resopló Octopus, tratando de mantener la apariencia de que encontraba humor en ello, pero la ira oculta era evidente en sus rasgos, por limitados que fueran. – Para cuando hayamos terminado aquí, yo diría que serán ustedes los que estén luchando por salir de la porquería. Por supuesto – añadió, haciendo un gesto desdeñoso con sus tentáculos superiores – dado que este lugar no estará de pie por mucho tiempo, quizás no quede nada de porquería por la cual tengas que moverte.

Cualquier sentido del humor a expensas del Maverick desapareció en ese momento, y el Maverick Hunter de armadura roja y casco cornudo apretó sus manos color marfil contra la baranda que los separaba a él y a su soldado de esa pequeña caída que llevaba al océano. – ¿Qué quieres decir? – inquirió Zero, con la voz baja y exigente, claramente buscando invocar una semblanza de orden. – ¿Qué está planeando Sigma ahora?

Octopus se rio. – ¿Cómo te gustaría saberlo? – cuestionó en voz tímida fingida, cruzando sus tentáculos superiores sobre su pecho y costillas. – Aunque dada tu posición actual, dudo mucho que tengas que preocuparte mucho más sobre la condición de esta ciudad, Zero.

El Hunter rojo levantó una ceja. – ¿Qué estás implicando, Maverick? – siseó, manteniendo a Sigma detrás, pero cerca, en caso de que necesitara ayuda.

– Oh, no mucho. – replicó Octopus con una sonrisa audaz, mientras Zero y Signas observaban con alarma. El agua debajo de las botas de los moluscos comenzó a borbotear y levantarse, presagiando la emergencia de algo colosal oculto bajo la superficie. Lentamente, lo que lo estaba sosteniendo todo ese tiempo emergió hacia arriba, extendiéndose más y más alto hasta que su enorme sombra eclipsó al sol, envolviendo a Zero y Signas en una ominosa oscuridad.

A medida que la serpiente marina metálica se alzaba grácilmente de las profundidades, dominaba el reino acuático, con sus escamas lisas y brillantes reflejando trozos de luz como un espejo retorcido. Este lanzó una mirada hacia abajo, con sus ojos con aspecto de cristal azul que brillaba con una intensidad de otro mundo. Complementándolo estaba un profundo receptor visual en su domo, que parecía pulsar con vida propia. La atmósfera estaba cargada con una sensación de confrontación inminente, cargando el aire con una tensión debido al titán de la naturaleza que se alzaba sobre ellos.

– Ese… – tartamudeó Signas, echándose atrás en shock, con los ojos ensanchándose mientras asimilaba la imagen extraordinaria ante él. A pesar del asombro que lo atenazaba, no tenía intenciones de abandonar a su comandante. – ¿Ese es…?

– En efecto, lo es… – replicó Octopus con un brillo de orgullo en sus ojos. Extendió sus numerosos y sinuosos brazos, como si demandara la atención de todo. – ¡Contemplen a mi magnífico Leviatán! – La criatura se alzó detrás de él, con sus escamas brillando como gemas preciosas bajo la luz, y su enorme cuerpo exudaba un aura de poder y belleza ancestral.

Y en efecto, era todo un espectáculo de admirar.

Aunque Zero conocía muy bien al masivo mecaniloide que se alzaba sobre él (habiendo estudiado meticulosamente sus planos), todavía no había visto a ninguno de estos gigantes de metal en acción. Sus misiones típicamente lo llevaban a enfrentamientos en tierra y en el aire, rara vez requiriendo que navegase las profundidades de entornos acuáticos. Aunque ocasionalmente llevaba a cabo pruebas para evaluar sus capacidades subacuáticas, ocurrían muy pocas veces y con poca frecuencia. Él constantemente excedía las expectativas, demostrando puntuaciones altas, pero no podía sacudirse de encima la sensación de que sus movimientos eran más torpes y lentos cuando se sumergía en el agua.

Varios científicos le dieron la sugerencia de cortarse el cabello, pues creían que eso mejoraría su desempeño en la Unidad Naval. Sin embargo, el Hunter rojo descartó rápidamente cualquier pensamiento de alterar su apariencia para unirse a las operaciones marítimas. Su cabello, un símbolo de su identidad, no era algo que estuviera dispuesto a comprometer, incluso con la promesa de mejorar su eficiencia.

Por tanto, aunque supiera de ellas, todavía tenía que ver muchas de las máquinas diseñadas para viajar y adentrarse en las profundidades, como el espécimen que ahora los miraba a él y a su subordinado desde arriba, aunque no se dejaba intimidar.

La serpiente marina de metal, con Launch Octopus parado majestuosamente sobre el colosal titán submarino que había declarado como suyo, una formidable bestia de destrucción. Aunque no tuviese carne o forma familiar de alguna criatura acuática, el nombre "Leviatán" parecía casi destinado para esta magnífica creación. El mecaniloide, conocido como el Utuboros, mostraba un cuerpo alongado y segmentado, ensamblado artísticamente con secciones vibrantes y coloridas, adornadas con anillos gruesos de color rojo y azul, interconectados por uniones brillantes plateadas. Cada escama reflectora de metal capturaba y danzaba con los rayos del sol que penetraban en las profundidades, creando un espectáculo de luces contra la sombra de la imponente máquina.

Cada segmento del Utuboros mostraba un componente central circular que brillaba como un zafiro, lo que le daba a la bestia una belleza etérea que era igualmente cautivadora e intimidante. Su cabeza era una imagen temible, con dos ojos de depredador fijos meticulosamente en un lugar: uno de ellos colocado arriba de su cabeza, mientras su mandíbula, enmarcada con unos filosos dientes metálicos, se abrió ominosamente. Tres picos dentados sobresalían desde su domo, como una especie de corona retorcida, simbolizando su dominio sobre el abismo. A pesar de su diseño predominantemente liso y esbelto, la criatura tenía una serie de protrusiones con forma de pico, cada una potenciando su estética salvaje y a la vez sofisticada, haciendo eco de la belleza aterradora de las profundidades del océano.

– Cierto, aunque pueda no ser el nombre verdadero, yo diría que le queda mejor que su título oficial, considerando que pronto dejará en ruinas este lugar. – señaló Octopus, haciendo una mueca de desdén hacia la dañada Abel City. – Algo que ya es muy necesario por lo que veo.

– ¡Cómo te atreves! – gritó Signas, con el ceño fruncido de la rabia, y si no fuera porque el Utuboros momentáneamente se volvió un obstáculo, le encantaría darle algo más al arrogante cefalópodo que sólo gritarle lo que pensaba de él. – ¡¿Es que no tienes consideración por lo que has hecho?! ¡¿Por todo lo que Sigma está haciendo?! ¡Bien podría matarnos a todos si esto continúa!

Aunque no poseía ninguna, ambos, Signas y Zero, podrían haber jurado que Octopus levantó una ceja, al parecer perplejo por las preguntas del Hunter. – ¿A todos ustedes? – repitió mientras miraba a los dos reploides debajo de él y su querido Utuboros. – Oh no, estás equivocado, muchacho. Cierto, la mayoría de ustedes probablemente morirá, pero puede que aún haya oportunidad para unos cuantos.

– ¡No me llames "muchacho"! – espetó Signas, envalentonado por su rabia debido al epíteto que Octopus acababa de darle.

– Sigues siendo de rango B, ¿o no? – cuestionó Octopus ladeando su cabeza. – Ah sí, igual que tu amigo azul, ¿verdad? – Luego volvió a su atención hacia Zero. – ¿No es así, Comandante?

– Ve directo al grano, fenómeno de múltiples brazos. ¿Qué estás haciendo aquí? – respondió Zero. Hizo una pausa, cuando una terrible realización le llegó a la mente. – ¡¿Dónde está X?!

La pregunta del Hunter rojo sacudió ligeramente a Octopus, pero no se permitió mostrarlo, al menos, no todavía. – Oh, él se encuentra bien. – le respondió. – En este momento, se encuentra bajo el cuidado de una amiga mía. – Luego entrecerró los ojos. – Por supuesto, para cuando haya terminado aquí, tú te unirás a él.

Zero se mantuvo en su lugar, registrando las palabras que le dijeron en su procesador. – ¿De qué estás hablando? – inquirió. – ¡Porque si crees que voy a ir a ninguna parte contigo, será sólo cuando vaya a depositar tu cadáver lleno de disparos para que se oxide en el fondo del océano!

El cefalópodo color rubí enrolló sus tentáculos, creando la impresión de estar formando un resorte comprimido listo para soltar en cualquier momento. Pero su voz permaneció calmada mientras continuaba con su discurso. – Bueno, por suerte para ti, tendrás la oportunidad de canalizar esa agresión fogosa en algo más productivo, una vez que decidas ser inteligente y unirte a mí en este viaje.

– ¡Sí, claro! – espetó Zero, cuya voz era un feroz rugido que hacía eco por el aire. – ¡Si no quise un lugar en el "formidable" ejército personal de Sigma antes, ¿qué te hace pensar que lo quiero ahora?!

– Cierto, pero parece que lo has olvidado. – intervino el pulpo con voz suave, y sus ojos brillaban con cierta picardía. – Tu camarada se encuentra actualmente en mi posesión.

El temerario Demonio Rojo se quedó en silencio ante el sonido ominoso de esa declaración. Sus labios se apretaron en una línea temblorosa, mientras la furia burbujeaba bajo la superficie y el resentimiento contra el astuto molusco rojo echaba raíces en su núcleo.

– Ahora… – continuó Octopus, sintiéndose muy satisfecho del hecho de que Zero, de todos los reploides, se hubiera visto forzado a ceder ante él. – Aunque tuve que golpearlo un poco para que se quedara tranquilo, X se encuentra vivo e intacto. Sin embargo, dado que me encuentro operando en un área bastante riesgosa, incluso yo no puedo garantizar totalmente su seguridad. Después de todo… – Octopus hizo una pausa. – ¿No se metió él en problemas antes por haber salido corriendo por su cuenta, aunque le dijiste explícitamente que no lo hiciera?

Zero apretó los dientes y los puños, mientras miraba furioso al cefalópodo parado encima de él. O más bien, usando una herramienta mucho más grande que él para presumir visualmente de su supuesta superioridad. – Maldito… – siseó.

Octopus se encogió de hombros ante el insulto que el Hunter rojo le lanzó, percibiéndolo como simplemente un arranque de amargura de un mal perdedor. – Ahora, considerando que, entre más permanezcamos aquí discutiendo, más tiempo tendrá tu querido amigo X para meterse en otro predicamento, mejor sigamos adelante. – declaró con confianza. Con un rápido toque deliberado de su pie izquierdo contra el masivo domo brillante del Utuboros, el inmenso mecaniloide descendió gradualmente, revelando su forma colosal que se alzaba sobre la superficie del agua. Esta acción hizo que Launch Octopus se colocara a un nivel más o menos igual que Zero y Signas, quienes observaban con cautela.

Al aproximarse al borde dentado de la isla, ahora estando a sólo pocos metros de distancia, Octopus volvió a hablar, con la voz chorreando de un tono burlesco que hacía eco ominosamente con el paisaje rocoso. – Si tu supuesta camaradería significa tanto como sugiere el Comandante Sigma… – murmuró, con sus ojos entrecerrándose mientras los miraba a ambos pensativamente – … entonces seguramente entenderás que no eres el que está dirigiendo este barco hacia una situación peligrosa.

Zero bajó la mirada, y sintió el peso de su responsabilidad sobre sus hombros. Sabía que su decisión impactaría no sólo la seguridad de su camarado, sino mucho más allá de eso. Fue una realización impactante, una que Octopus había enmarcado deliberadamente alrededor de la noción de "él", subrayando el aislamiento de su predicamento.

– ¿Quieres que mi mascota te dé una demostración de lo que pasará si determino que estás poniendo a prueba mi paciencia intencionalmente? – preguntó Octopus, con una sonrisa audaz en su rostro. La amenaza en sus palabras colgaba en el aire como una tormenta, sin dejar ninguna duda del peligro al que se enfrentaban.

Con una expresión tensa que apenas contenía bajo una máscara de calma, el rubio de larga cabellera soltó un suspiro de pesadez, y el peso de sus pensamientos no dichos quedó colgando en el aire. Estaba al borde de dar una respuesta cuando se dio cuenta, para su perplejidad, que el confiado semblante de Octopus de repente vaciló. El pomposo molusco le había dado la espalda, ya que algo que ocurría en la distancia captó su atención. Mientras unas señales alarmantes se acercaban al líder, el rubio estuvo a punto de preguntar qué había atrapado la concentración de Octopus.

– ... ¿qué?

La evidente incredulidad en el tono de Octopus no pasó desapercibida por Zero y Signas, pero apenas tuvieron tiempo de expresar su confusión. En un instante, el molusco rojo y su serpiente se zambulleron bajo las olas una vez más, con el reploide de múltiples brazos atrapado en un tumulto de incertidumbre. Todavía no podía (y menos aún, estaba dispuesto a) enfrentarse a la detección inquietante que evocaba el Utuboros en sus sistemas, que alertaban a su jinete de que algo ominoso se aproximaba.

Una presencia inquietantemente similar a la suya propia.

– ...¡¿QUÉ?!

Para su shock y decepción, Launch Octopus vio una silueta ominosa deslizándose a través del agua, inequívocamente reminiscente del Utuboros. La forma alongada y serpentina se deslizaba con una gracia que era a la vez familiar y perturbadora, revelando su identidad al instante. Era el Utuboros de reserva, oculto en las sombrías profundidades de su fortaleza (su palacio), ahora comandando, no sólo por uno de sus más peligrosos enemigos, sino también, quizás todavía peor, por esa traidora ramera cuya doble cara le picaba como un amargo veneno. La imagen le llenó con una mezcla de terror y furia, al confrontar las implicaciones de esta llegada inesperada.

– Muy bien. – dijo X, cuya voz cortó el pesado silencio que se había mantenido durante todo el arduo viaje. El aire estaba lleno de pensamientos y emociones no expresados, mientras se giraba para dirigirse a su acompañante, una aliada por el momento, aunque sus caminos divergían como dos ríos que fluían en direcciones opuestas. – Entonces, ¿esta máquina puede disparar lásers por su boca? – le preguntó, con su curiosidad en aumento mientras ajustaba su agarre sobre uno de los picos del Utuboros. El enorme tamaño del masivo mecaniloide comprometía su balance, pero su determinación lo mantenía firme.

El prospecto de una conversación había encendido una chispa de esperanza en la sirena de armadura turquesa junto a él. Pero, cuando ella registró las palabras que salieron de sus labios, sintió que la luz se apagaba considerablemente. Ella se dio cuenta que su pregunta fue simplemente por la funcionalidad de la máquina en lugar de un intento genuino de reparar la brecha emocional que había entre ellos. Una punzada de decepción la invadió, y tuvo que luchar contra sus sentimientos, tratando de mantener un aire de compostura y enmascarar la herida que llevaba en su pecho. La tensión entre ambos era palpable, cargada tanto con el peso de su historia compartida como la improbabilidad de que pudieran volver a conectarse.

Para compensar por el hecho de que no estaba equipada con un arma de fuego (y técnicamente X tenía la suya algo incapacitada), la sirena se había llevado un par de tridentes de acero del almacén de armas, aunque X declinó llevarse uno para sí mismo.

O más bien, no quiso quitarle uno a ella.

– Sí. – Aun así, en ese momento, aunque quisiera resolver las cosas, había asuntos más urgentes que atender. Además, aunque el segundo tridente estaba enganchado en un pequeño compartimiento de la espalda de ella, todavía podía dárselo a X en cualquier momento. Asumiendo que él aceptara su ayuda. – Tienes que insertar el comando y dejar que se cargue por un momento, pero el módulo de control debería estar por… ¡aquí!

El otro Utuboros abrió sus mandíbulas de plata, y en su garganta, empezó a manifestarse una esfera de energía azul, que aumentaba de tamaño y poder a medida que se acumulaba el plasma y se mezclaba con otros oponentes. Y luego, justo cuando llegaba a su masa crítica, la serpiente marina de metal soltó el orbe concentrada de energía, lanzándole el disparo directo hacia Octopus. Al ver que venía directo hacia él, ordenó a su Utuboros con un golpe tentativo en su cabeza para que lo evitase, y el mecaniloide flexible como una anguila se movió hacia un lado, dejando que el disparo de energía se fuera hacia las profundidades del océano, afortunadamente fallando en golpear los cimientos de la isla artificial.

Aunque Octopus había formado una sospecha sólida sobre las identidades de sus agresores, en el momento en que se giró para confrontarlos directamente su frustración sólo se intensificó. Soltó un resoplido desdeñoso, entrecerrando los ojos en cuanto se fijaron en X y Marty, que estaban posicionados allí con el robado Utuboros figurativamente cautivo en sus garras. – Vaya, vaya. – dijo con una mueca, formando una sonrisa desdeñosa en la comisura de sus labios. – Miren lo que arrastró la marea.

La realización lo golpeó como una descarga eléctrica: X había elegido aliarse con nada menos que Marty, una asociación que parecía particularmente peligrosa. – ¿Todavía estás dispuesto a poner tu confianza ciega en otros, chico azul? – la voz de Octopus chorreaba con un tono sombrío y divertido, cada palabra cargando implicaciones. Se carcajeó, una risa baja y burlona que hizo eco en la tensa atmósfera. – Seguro que ya has asimilado el caos que ha provocado tu linda sirenita en tus sistemas, ¿o no? – El desafío en su tono era inconfundible, revelando las profundidades del desdén de Octopus y los perturbadores secretos que se ocultaban bajo la superficie, esperando para atrapar a su ignorante enemigo.

– Oh, estoy al tanto de cómo la fuente de energía de mi arma principal por el momento. – respondió X, levantando su Buster para que el cefalópodo rojo rubí lo viera por sí mismo. – Pero también sé que no podría haber llegado aquí solo, mucho menos a tiempo para asegurarme de que no causes más problemas.

– ¿Qué? – Octopus resopló burlonamente de nuevo. – ¿Aún crees que esto es un simple juego de soldaditos? ¿Qué no has matado a suficientes de tus "amigos" para entender que esto es un asunto de vida o muerte? – inquirió, antes de hacer una pausa. – Para ti, al menos.

X apretó ligeramente los dientes, con evidente tensión en su quijada. – Oh, lo sé. – replicó, con la voz firme pero con un deje de resignación. – Contrario a lo que tú, Penguin, Mandrill y quizás Armadillo habrían pensado o todavía piensan, me he dado que mi existencia ha continuado solamente gracias a la amabilidad de otros, o simplemente que la suerte llegó a mí justo a tiempo. – Hizo una pausa, con los ojos desviándose momentáneamente como si estuviera buscando algo profundo en la distancia. Luego continuó, con un tono de pesadez en su voz. – En efecto, ya he fallado mucho en lo que significa ser un protector de los débiles.

Marty y Octopus intercambiaron miradas; ambos podían ver el conflicto en su rostro, como si estuviese luchando con una verdad muy dolorosa que buscaba evitar reconocer. Marty sintió una protesta burbujeando en su lengua, y su instinto la urgía a decir que él era mucho más capaz de lo que pensaba. Pero las palabras quedaron flotando en su mente, dudando, y cuestionándose si eralmente resonarían con él en este momento. ¿Qué valor tendrían sus palabras de ánimo en la cara de la poca fe que tenía en sí mismo? Ella sólo podía observar, con incertidumbre, cómo X confrontaba las sombras de su pasada que amenazaban con tragárselo por completo.

– Hm. – Launch Octopus los observó, cruzando sus tentáculos sobre su pecho y torso medio. – Así que, parece que al menos has ganado una semblanza de autoconciencia. – musitó en voz alta, usando los tentáculos que le quedaban para hacer un ademán como si estuviese aplaudiendo. – Por supuesto, eso no cambia el hecho de que sólo vino después que, veamos, ¿quiénes han muerto en tu presencia de nuevo? Están Marth, Penguin, Mandrill, oh, y no podemos olvidar a Armadillo. – Hizo otra pausa. – Tendré que recordar darle las gracias a Vile por haberse hecho cargo de ese maldito traidor. De nuevo, tal vez no habría sido una baja innecesaria, si hubieras hecho tu trabajo.

Los expresivos ojos de X centellearon, y un tinte rojo comenzaba a hervir bajo el verde calmado normal.

– Incluso ahora, te rehusas a hacerlo apropiadamente. – continuó Octopus, gesticulando hacia la reploide de armadura turquesa que acompañaba a X sobre el robado Utuboros. – Es por culpa de ella que ahora estás en ese estado. Tú mismo lo dijiste, tu arma principal está incapacitada por el disparo que ella te dio con su arma. ¿Por qué la trajiste aquí? – Hizo una pausa, y su tono de pronto se tornó más siniestro. – O tal vez… ella querría explicarse aquí mismo y ahora, viendo que todavía tiene tiempo para hablar antes que le arranque la garganta.

Marty sintió un familiar nudo de duda apretarse en su estómago mientras encaraba a Octopus, totalmente consciente de la maliciosa determinación detrás de su mirada monstruosa. El peso de su amenaza colgaba en el aire, sin dar signos de disminuir. Pero, a pesar de los temblores de miedo que susurraban advertencias de auto-preservación, su orgullo se impuso dentro de ella. La indignación sirvió de chispa para encender una llama de audacia dentro de su pecho.

– ¡Me dijiste que llevara a X contigo para poder aprehenderlo y contenerlo! – le gritó, con una voz cortante a través de la tensión y los puños en los costados, temblando con una mezcla de rabia y desafío. La memoria de su palabras frías y calculadoras hizo eco en su mente, recordándole lo que estaba en juego. – ¡No mencionaste nada sobre lastimarlo de la forma que lo hiciste allá abajo!

– Sí, esas fueron mis instrucciones. – replicó Octopus, asintiendo lentamente como si saboreara la incomodidad de ella. Se inclinó ligeramente hacia adelante, con sus ojos entrecerrándose con un deleite malicioso. – Sin embargo, a pesar de esa clara directiva, tú desperdiciaste valioso tiempo andando de puntillas con su estúpido intento de forjar amistades con todos en su camino. – Mientras hablaba, se fijó principalmente en la figura azul, X, que estaba de pie cerca, y la tensión en su postura era palpable. Cada uno de sus músculos se ponía rígido ante ese insulto.

»Más aún, ¿puedo hacer un comentario sobre tu muy lamentable actuación? – añadió Octopus con una sonrisa. – Eres una actriz realmente patética, querida. – Su voz chorreaba de condescendencia. – Dejaste tanto que desear que se me hizo necesario enlistar la ayuda de un amigo, sólo para poder reconstruir tu fachada de damisela en peligro, buscando desesperadamente un héroe. – Luego movió su mirada hacia X, con un brillo depredador en sus múltiples ojos. – Dime, héroe, ¿qué tal te resultó esa estrategia?

El área se sentía cargada con el peso de sus palabras, cada sílaba un recordatorio del peligroso juego en el que estaban todos envueltos. Marty se preguntaba qué tanto podría oponerse a un adversario como Octopus, incluso con alguien como X junto a ella, aunque fuese sólo técnicamente.

– Una vez que esto esté completo – respondió X – ella podrá tomar sus propias decisiones, mientras no incluyan hacer tratos con poderes como los tuyos.

Marty sintió un sutil alivio de la tensión que había estado colgando en el aire entre ambos. No era tanto como para decir que estaban en "buenos términos", pero fue un inicio, una pequeña chispa de esperanza en una relación que estaba bastante dañada. Mientras permanecía quieta, su mente se puso a pensar en X y el peso del secreto que llevaba. ¿Qué pensaría si descubriera la verdadera razón de la presencia de ella aquí, las motivaciones ocultas que la llevaron a servir? ¿Estaría más dispuesto a escuchar y entender su perspectiva, o no haría diferencia? El pensamiento la carcomía, dejándola atrapada en el deseo de honestidad y el miedo al rechazo.

A pesar de la caótica tensión en la, irónicamente, calmada agua que les rodeaba, el cefalópodo rubí se dio cuenta que la respuesta de su oponente le había golpeado un nervio por dentro. Su deleite inicial ante la idea de minar la moral de X comenzó a transformarse en una inconfundible frustración. – No me extraña que Penguin sólo te viera como un simple bonachón que dice tonterías. – gruñó, con su voz chorreando con desdeño. Sus tentáculos se desenrollaron dramáticamente, y el Utuboros, su formidable serpiente marina de metal y fuerza, sintiendo la impaciencia de su dueño y su deseo de acción, se movió. – Muy bien. – les dijo, en un tono cortante y frío. – Pongamos tu benevolencia ciega a prueba, querido salvador.

Con un golpe decisivo de su pie izquierdo, el elaborado mecaniloide decorado de carmesí debajo de él emergió y se lanzó de frente, impulsándose hacia X y Marty. El repentino estallido de velocidad pilló al Hunter azul con la guardia baja, forzándolo a reaccionar rápidamente. Su compañera acuática no perdió el tiempo, dando una orden rápida para enviar a su propio Utuboros virando fuera del camino en el último momento posible.

– ¡Sujétate, chico! – gritó Marty, con su voz tensa de urgencia mientras forcejeaba para mover a la enorme máquina lejos del peligro inminente. Luego miró a X, notando cómo el otro Hunter luchaba por mantener un agarre firme en el repentinamente resbaladizo mecaniloide con forma de anguila debajo de él. La batalla dentro del azul profundo no era sólo de fuerza y velocidad; era una prueba de ingenio y determinación contra las fuerzas del caos que amenazaban con envolverlos.

X logró mantenerse arriba de la serpiente marina mientras la sirena rubia movía la criatura alrededor tratando de mantenerse de cara a la misma dirección de Octopus y su propio leviatán. – Entonces ¿estas cosas se supone que fueron hechas iguales? – cuestionó Marty, que estaba sujetando el tridente de reserva que se llevó de la fortaleza.

– ¡Esa era la intención! – replicó la reploide de armadura turquesa, preparándose con su arma, aunque no estaba exactamente diseñada para el combate. Sus ojos violetas se giraron al Maverick Hunter junto a ella, separados por una enorme espina metálica que servía como la "corona" del Utuboros. – ¿Seguro que no necesitas uno de estos? – le preguntó, X, a su vez, desvió la mirada hacia el segundo arpón de tres puntas de su espalda. – Mira, no hay nada pegado en él ni nada de eso. Es perfectamente normal.

X se quedó callado al principio, mirando a Octopus y a su Utuboros que habían hecho contacto visual con él y le dieron una señal visual de que se estaba preparando para atacar de nuevo. Al principio consideró no responderle, suponiendo que sería inútil en última instancia. Pero, pensándolo un poco más, también se dio cuenta de que no había razón para no decir lo que pensaba, especialmente considerando que ya no podía garantizar lo que les pasaría a él o a ella.

– Lo tendré en mente. – le dijo el Maverick Hunter a la sirena rubia de armadura turquesa. – Usualmente no utilizo armas manuales, pero eso no le impidió a Fujiwara de obligarme a probarlas de vez en cuando.

Aunque no tenía el mismo vigor de antes, una pequeña sonrisa se formó en el rostro de la reploide acuática.

– Pero si llega a ello, por favor no dudes. – concluyó el Maverick Hunter, sintiendo que Octopus estaba por hacer su movimiento, y suspiró. – Sálvate a ti misma.

Launch Octopus le ordenó a su Utuboros cargar de frente. Su cuerpo alongado y serpentino viajó sin esfuerzo se desplazó por el agua mientras se aproximaba a su hermano. Las mandíbulas metálicas se abrieron, preparadas para lanzar otro disparo de energía, sólo que esta vez, sería a corta distancia.

Sintiendo que ese era el plan, Marty insertó una acción en el CPU de la unidad que ella y X controlaban, y el masivo mecaniloide se levantó sobre el océano, mientras evitaba a su agresor a la vez que se acercaba simultáneamente. El Utuboros de Octopus se detuvo en su intento de acumular un disparo de energía, prefiriendo usar sus dientes para morder uno de los segmentos inferiores del segundo leviatán, cuyo impacto fue sentido por sus dos jinetes, inmovilizando a su transporte en su lugar. La otra bestia submarina sostuvo a su gemelo en sus quijadas firmemente.

– ¡¿Cómo nos quitamos a esta cosa?! – inquirió X, mientras intentaba sujetarse a la vez que el otro Utuboros continuaba mordiéndole las secciones inferiores a su propio hermano.

– ¡Aguanta, dame un segundo-AHH! – respondió Marty, tratando de mantenerse estable. Esto no era bueno, fue lo que pensó. No podían maniobrar la cabeza de su Utuboros para disparar ya que el rango era demasiado corto y podrían potencialmente dañarles con el retroceso, pero si no reaccionaban, la única ventaja que tenían en sus manos se volvería inútil. ¡Tenían que hacer algo!

Fue entonces que la sirena se dio cuenta que la cola de su montura se encontraba justo junto al domo de la cabeza del otro leviatán.

– Bingo.

Golpeando un interruptor localizado en el pequeño panel que había abierto, activó los componentes centrados en la cola, y los cables que viajaban desde el masivo domo del Utuboros hacia su arma secundaria se tardaron varios segundos en transmitir la orden, pero justo cuando la otra serpiente marina roja estaba ocupada mordiéndole la cola, y cuando sus dientes se encontraron con los cables y alambres expuestos que viajaban por el mecaniloide, el otro Utuboros encontró sus sistemas siendo asaltados con una ráfaga de electricidad que consumió toda su forma.

– ¡¿Qué demo-?! ¡GAHH!

Y a su vez, al propio Octopus.

El cefalópodo rojo y su montura se vieron obligados a soltar su agarre en el gemelo del Utuboros, permitiéndole Marty pilotear su propio mecaniloide a poca distancia. La sirena de armadura turquesa miró el daño que habían sufrido las secciones inferiores de la máquina acuática. – Esto no es bueno. – observó sombríamente la reploide rubia, mirando las heridas que su montura había recibido. – Tenemos que evitar ponernos en una posición como esa de nuevo.

– ¿Entonces deberíamos tratar de apuntarle desde una distancia? – sugirió X, genuinamente tratando de intercambiar ideas. – Podríamos tratar de golpearlos desde lejos, ¿no?

Marty se mordió el labio. – Lo siento, chico, pero el Utuboros está basado específicamente en la estructura y forma de una anguila, específicamente una morena, pero su función básica es la misma. – suspiró, y se mordió el labio. – Y ésta claramente lleva mucho tiempo sin usarse. Odio decirlo, pero tal vez sería mejor que huyas y regreses a la superficie.

– No puedo hacer eso. – respondió X, negando con la cabeza. – Eso significaría abandonarte, y también mi misión y mi deber como Hunter.

– ¡No te preocupes por mí! ¡Yo estaré bien! – protestó Marty. – ¡Tal vez pueda serte de más ayuda haciendo que Octopus me persiga mientras tú vas a la superficie y buscas a tus amigos para que acaben con ese sujeto!

– Eso te dejaría a ti en riesgo, así que está fuera de la cuestión. – respondió X. – Y no, no tiene nada que ver con su género.

– ¡Entonces ve y consigue ayuda! – continuó argumentando la sirena. – ¡No hay forma de que puedas acabar con este tipo tú solo! Aún con esta cosa a nuestra disposición, nosotros… – Hizo una pausa. – … tal vez sólo tenemos una oportunidad de salir de este lugar en una pieza, ¡pero sólo si tenemos suerte! ¡Y la última vez que verifiqué, yo era mejor nadadora que tú!

– ¡Entonces me aseguraré de que tú seas la que sobreviva! – le dijo X, desafiando a Marty. – ¡Te dije que te ayudaría, ¿recuerdas?! Y hasta ahora, todavía no he resuelto tu problema. – declaró mientras giraba la mirada hacia Launch Octopus y a su propio Utuboros, que se preparaban para cargar de nuevo. – Mientras él tenga permitido andar libre, no sólo tu océano o este lugar, sino que ningún lugar bajo el agua se salvará de la destrucción que él planea causar.

Marty se quedó en silencio, agarrándose el pecho con la mano. – ¿No te das cuenta de a lo que te enfrentas? – dijo tartamudeando. – ¡¿No ves que la muerte te está mirando directo a la cara?! – Se dio cuenta que estaba perdiendo la compostura, y un trozo accidental de honestidad se coló fuera de sus labios. – ¡¿Es que no tienes miedo?!

X no le respondió, la calma del agua superó todo lo demás, y la quietud del mundo submarino sólo sirvió para que la ausencia de una respuesta del Hunter azul fuese todavía más perturbadora.

– … por supuesto que lo tengo.

La sirena rubia parpadeó, dividida entre si realmente oyó a X murmurar algo, o si simplemente se lo imaginó por alguna vana sensación de esperanza.

– Estoy aterrado. – continuó X, con la voz honesta y vulnerable, pero parecía que confesarlo abiertamente no era un detrimento, sino que incrementaba su moral. – Cuando desperté por primera vez, vi a los humanos, pero lo primero que noté fueron los mecaniloides que estaban listos para atacarme en cualquier momento. – El reploide apretó sus labios. – Me tuvieron encerrado en un laboratorio durante meses porque tanto yo como el mundo exterior nos teníamos miedo uno al otro. – Hizo otra pausa. – E incluso ahora, temo por lo que le pasará a esta ciudad y a quienes residen en ella.

– … ¿entonces por qué? – cuestionó Marty. – Si tienes miedo, si sabes que podrías morir, ¿por qué te quedas a pelear? ¿Por qué no te salvas a ti mismo?

Él se giró para encararla, y los ojos de la sirena se ensancharon al ver, de todas las cosas, una pequeña sonrisa en los labios del otro reploide.

– Porque, aunque entiendo lo que es tener miedo, hay otras cosas aparte del miedo que deberían impulsarnos. – le respondió. Vio que las facciones de Marty se suavizaban, y el terror previamente presente se convertía en una expresión perpleja, pero también intrigada. Tal vez con un ligero deje de asombro. – Hay otras cosas aparte del miedo que me impulsan.

La sirena se quedó sin habla, apenas logrando comprender lo que veía, mucho menos lo que escuchaba. ¡Eso se pasaba por encima cualquier conclusión lógica que hubiera sacado hasta ahora! Y aun así, ya fuese por la forma en que X lo dijo, o el instante, o quizás porque era algo que necesitaba escuchar en ese momento, a pesar de lo absurdo, se encontró deseando compartir lo que X le presentaba en ese mismo momento.

– ¿Sabes qué, chico? – murmuró Marty, con una sonrisa inconsciente curvándole los labios. – No creo que haya conocido a nadie como tú antes.

X estuvo a punto de preguntarle "¿A qué te refieres?", junto con una sensación de cambio en su percepción de la sirena.

¿Un cambio en su núcleo? No, eso no, el origen, aunque familiar y que registraba con sus propias emociones, se conectaba más bien hacia él, enlazándose, y reflejando el suyo propio.

El topacio.

– Hey, ¿qué te pasa? ¿Estás bien allí?

El Maverick Hunter colocó una mano color marfil sobre su pecho, cerrando los ojos y suplicando silenciosamente con cualquier fuerza o entidad que de alguna manera estuviese conectada o comunicándose a través de este aparentemente inmaculado objeto que por favor no resurgiera ahora con sus visiones.

– ¡Atento! ¡Aquí viene!

No hasta que se hubiera encargado, por lo menos.

Launch Octopus comandaba su transporte para hacer que se lanzara contra su gemelo nuevamente. Marty a su vez hizo que el suyo y de X hiciera un arco sobre la serpiente marina que se lanzaba tratando de esquivarlo.

Pero, en cuanto Octopus estuvo a punto de jactarse por la aparente cobardía de los dos, miró arriba para ser testigo de cómo sus rivales activaban el rayo de su propia montura, y el potente disparo de energía azul forzó al cefalópodo a maniobrar de vuelta, por lo que el Utuboros que montaba hizo lo mismo. Sin embargo, no pudo evitar un disparo a tan corta distancia del todo, y el disparo se llevó el borde de uno de los picos en su cabeza.

Más arriba, Marty miró hacia abajo, hacia la cola con forma angular del mecaniloide. – El punto débil principal de esta cosa es su cámara cerebral. – le informó a X. – Aunque eso requeriría atravesar el domo, y bueno… – Hizo una pausa, insegura de si debería preguntar algo como eso, aunque fuese para evadir su propia culpa. – ¿Crees poder hacer eso en tu condición actual, chico?

X giró sus ojos verdes hacia su buster. – No estoy totalmente incapacitado, si es lo que pensabas. – respondió. – Pero, admito que no tener acceso a una fuente casi ilimitada de plasma me dificultará mucho las cosas. – Hizo una pausa, notando que los rasgos de la sirena vacilaban. – Pero eso no necesariamente significa que sea imposible.

Esto pareció aligerar la desesperación en aumento de la sirena, aunque fuese sólo un poco. Aun así, todavía tenía una idea en su mente a la que se encontraba aferrándose. Lo único era que, ¿acaso su acompañante estaría dispuesto a ayudarle con ella o no?

– Bueno, ¿tienes otra fuente de energía que tal vez pueda servir como reemplazo temporal? – le preguntó, recordando la escaramuza previa que X tuvo con Octopus de vuelta en la fortaleza.

– Nada que probablemente sea efectivo contra el Utuboros directamente. – respondió X. – Pero si se trata del propio Octopus, parece ser que el Rolling Shield no se mezcla bien con sus circuitos.

La sirena de armadura turquesa asintió, viendo a Launch Octopus y su montura alzándose de nuevo, aparentemente tratando de seguirlos para hacer otra maniobra agresiva contra ellos. – Te pregunto porque no creo que el amigo de nuestro transporte vaya a detenerse hasta que uno o el otro deje de moverse. – dijo mientras apretaba con fuerza el tridente que sujetaba. – Y no creo que se detenga hasta que Octopus se lo diga, lo cual tampoco creo que vaya a suceder.

Rápidamente asimilando lo que sugirió Marty, se quedó en silencio por unos momentos, con los ojos fijos en el molusco rojo y su transporte. – Entonces ¿crees que sea mejor contraatacar ahora que podemos? – le preguntó. – Lo cual asumo que tú también quieres hacer, ¿verdad?

Ella asintió, percibiendo la todavía presente duda en el Hunter. – Fui una tonta por haberle puesto alguna semblanza de fe a ese narcisista con tentáculos. – musitó la rubia en voz alta. – No estoy tratando de justificarme con lo que te hice, ni mucho menos lo demás. – Hizo una pausa para morderse el labio. – Tienes todo el derecho de desconfiar de mí.

X se quedó rígido, y su núcleo reaccionó a las palabras de ella, al igual que el topacio anidado dentro de su pecho que parecía responder también. ¿Otra conexión, tal vez? ¿Tenía eso que ver con lo que ocurrió entre Blues y Tempo? ¿Tal vez el continuo dilema del que fue testigo entre ambos?

– Marty…

– No, no digas nada. No tienes nada por qué disculparte. – interrumpió la sirena, suspirando de resignación y derrotada. – En todo caso, no creo que pueda decirte que lo siento suficientes veces para compensar por todo lo que te hice pasar. – De nuevo, se detuvo, aunque sólo momentáneamente. Tenía que decirle esto, especialmente ahora que las circunstancias no estaban a su favor. – Pero, si estás dispuesto, si me lo permites… tú peleaste por mí, incluso aunque tenías tus dudas, así que a cambio… – se mordió el labio – … yo quiero pelear por ti, aunque sea sólo por esta vez.

X no respondió al principio, pues la declaración de la reploide acuática lo dejó sin habla y con un profundo conflicto presente tanto en su cabeza como en su núcleo. Y de nuevo, esas dos figuras robóticas volvieron a emerger en el ojo de su mente, aunque sólo por unos breves segundos. No había forma de que fuera al azar, concluyó X. Lo que presentaban, lo que sucedía ahora, había una razón por la que parecían trazar paralelos entre ellos.

Tenía que haber algún lazo entre ellos. Un enlace. Una conexión.

– ¿X?

El Maverick Hunter sabía que le debía a Marty una respuesta, si no por el hecho de que quizás no tendría otra oportunidad de dársela. Aun así, sólo podía darle parte de una respuesta, pues había muchas cosas que deseaba decir.

– …de acuerdo. – pero en este momento, se reservaría sus palabras, salvo por una advertencia muy importante. – Pero por favor, si las cosas se ponen malas, no te preocupes por mí. Sálvate a ti misma.

– ¡Allí están! – Launch Octopus se carcajeó, con los ojos brillándole con deleite malicioso al ver su unidad Utuboros acercándose a su gemelo en huida. – ¡Finalmente, me estaba cansando de todo este maldito juego! – Una sonrisa sombría se apoderó de su rostro, mientras se regocijaba ante el pensamiento del caos inminente. – ¡Parece que finalmente los tengo en la mira, pequeñas sardinas!

Con una chispa siniestra en su ojo, enroscó sus tentáculos con anticipación, y la tensión traqueteaba en el aire como electricidad antes de una tormenta. – Hagamos de esto un final rápido pero memorable, ¿qué les parece? – se burló, posicionándose con experticia para desatar una tormenta de Homing Torpedos hacia sus enemigos indefensos. Cada torpedo era un cruel heraldo de la perdición, diseñado no sólo para destruir, sino para saborear el miedo y desesperación que sabía que iba a desatar.

– ¡Oh, a ver cómo se retuercen para salir de esto! – Su risa hizo eco con un filo escalofriante, lleno de una alegría retorcida. La emoción de la cacería lo recorría, esto era mucho más que una batalla; era una oportunidad de disfrutar su pánico, de jugar con sus vidas mientras luchaban contra lo inevitable.

Por supuesto, al encontrarse de nuevo, se dio cuenta que el pánico, aunque potencialmente presente, no fue lo que decidieron presentarle.

Al llegar al otro Utuboros y nadando junto a la serpiente marina gemela, Launch Octopus vio al Maverick Hunter azul montado sobre el enorme domo del mecaniloide, y sus ojos verdes se giraron para encarar al cefalópodo rojo. Él y Octopus fijaron la mirada en el otro, pero en esos breves momentos que compartieron ambos adversarios, un detalle particular, o más bien, la ausencia de dicho detalle, sólo la notó uno de ellos en el último segundo.

Y para ese momento, ya era demasiado tarde.

De la parte baja del segundo Utuboros, Marty saltó disparada, usando sus turbinas submarinas para estallidos de velocidad hasta sus límites, y con su cola apenas moviéndose lo necesario para mantenerse estable y propulsándose en la dirección de ese patán pomposo con tentáculos, con un tridente en la mano y el otro colgando de su espalda.

– ¡Perra traidora! – bramó Octopus, claramente ofendida ante la rebelión que demostraba la sirena, y se vio forzado a concentrar su atención en bloquear y contraatacar o evadir los tajos y estocadas que ella le daba con su arma. – ¡El Comandante Sigma se tomó la molestia de escuchar tu patética petición cuando había cosas más importantes ocurriendo fuera de este insignificante océano, ¿y aun así te atreves a traicionarnos?! ¡¿Traicionarme a mí?!

– ¡¿Traicionarte?! – exclamó Marty, desviando varios tentáculos que buscaban sujetarla. – ¡Tú dijiste que Sigma permitiría que los océanos del mundo estuvieran a salvo! ¡Diablos, si tú mismo le debes tu vida a este océano! – le gritó, intentando apuñalarlo con su lanza de tres puntas, forzándolo a mantener su distancia. – ¡¿O es que se te ha olvidado convenientemente cómo te encontraron medio muerto y prácticamente parecía que habías tomado un viaje por un compactador de basura?! – lo cuestionó, con sus irises violetas alternando miradas entre Octopus y el otro Utuboros que estaba cerca. – ¡El océano y todos aquellos que han sido asignados y les han dado la tarea de protegerlo son la razón de que siquiera estés aquí, ¿y aun así vas y pisoteas su compasión?!

Este sentimiento parecía no tener ninguna influencia o poder sobre el ex Maverick Hunter. Más bien, en cualquier caso, parecía divertido. – Qué gracioso, ¿no es eso lo mismo que hiciste tú con tu nuevo compañero? – dijo el cefalópodo rojo.

Marty se quedó sin palabras, y su lengua se rehusó a cooperar en proveer una réplica o refutación apropiada. De nuevo, tal vez sabía que en última instancia no habría ninguna. Pero al menos, podía intentar ayudar a aquel a quien más daño le causó para que terminara con esto.

– ¡Ahora, X!

El Utuboros disparó, Octopus y Marty se separaron, y la montura del molusco tuvo que retroceder para evitar el ataque. El repentino cambio del movimiento de una figura tan grande momentáneamente sacudió al Maverick de tentáculos y a la sirena de armadura turquesa, colocando su enfrentamiento en pausa por un breve momento mientras X trataba de hacer otra movida con el Utuboros, todo mientras notaba cómo Marty se echaba atrás para dar otro golpe con su tridente.

Y fue en ese momento que X se dio cuenta, que Octopus estaba poniendo uno propio en acción.

– ¡Marty, cuidado!

Desde la mitad de su extravagante cuerpo de múltiples extremidades, Launch Octopus soltó una ráfaga de Homing Torpedoes y Piranhas de sus tentáculos, mientras la otra mitad lograba coger el tridente de la sirena en medio de la distracción creada por los explosivos.

– ¡X! – gritó Marty, a punto de ir a ayudar al otro reploide, pero se dio cuenta que uno de los tentáculos del cefalópodo le había sujetado el mango de su tridente, mientras los otros comenzaban a restringir su movimiento como represalia de manera inevitable.

Así, Octopus concluyó, con una sombría sensación de alegría, que necesitaba una solución más permanente.

Con su tridente bien sujeto, el molusco rojo rubí no perdió el tiempo en arrancarle el arma de las manos, a pesar de su intento desesperado de mantenerla en su poder. Una vez que cogió el instrumento para sí mismo, rápidamente lo arrojó a un lado, y la sirena rubia vio con horror cómo su medio de defenderse era lanzado fuera de su alcance y tal vez de su vista, para siempre.

Por supuesto, ese era sólo un tridente, y ella tenía otro, recordando este hecho mientras se echaba la mano a la espalda para coger la otra arma que colgaba entre sus hombros. La sirena no era tan tonta como para creer que Octopus no iba a tratar de interceptarla en este punto, pero parecía que, por la forma en que lanzaba sus tentáculos en dirección hacia ella, estaba menos interesado en deshacerse de su arma y más en hacer contacto con cualquier porción de su cuerpo que lograse alcanzarle.

Aunque le llevó más tiempo del que quiso, X eventualmente logró estabilizar el Utuboros y maniobrar alrededor de las nubes de humo, viendo a Marty en cuanto la sirena logró coger el segundo tridente de su espalda, golpeando los tentáculos para evitar que se le acercaran, dejando claras las intenciones de su dueño tanto para ella como para el Maverick Hunter.

Desafortunadamente, a pesar de sus continuos esfuerzos, el cefalópodo de múltiples miembros logró cogerle uno de sus brazos a la sirena, forzándola hacia arriba y, a su vez, apuntando la cabeza del tridente lejos de su objetivo.

– ¡GAH!

Sin embargo, antes que pudiera ejecutar una maniobra agresiva, Launch Octopus de pronto sintió que su espalda era asaltada por una ráfaga de energía punzante, que casi llevó a sus sistemas hasta la locura por el dolor, y lo forzó a soltar a la sirena, permitiéndole poner algo de distancia entre ambos. Al girarse para ver que X le había disparado, los sistemas del molusco también registraron lo que había lanzado en su dirección.

– Rolling Shield… – murmuró Octopus, aunque con el volumen de un gruñido por lo bajo. Siseó y empezó a enroscar sus tentáculos peligrosamente. – Fujiwara, bastardo. Incluso ahora, tus malditos hándicaps no hacen nada sino ralentizarlos.

– ¿Oh, de verdad? – cuestionó una voz femenina familiar. – Bueno, yo diría que un simple hándicap no sería suficiente. – Se movió donde estaba, pero cuando se dio cuenta de lo que venía, o más bien, quién venía en su dirección, fue demasiado tarde. – ¡Yo diría que el desmembramiento sería una solución mucho más permanente!

Cuando finalmente pudo encarar a su enemigo, Octopus se dio cuenta que cualquier represalia sería inútil, ya que las tres puntas filosas del tridente le bajaron encima. La sirena utilizó cada onza de fuerza que tenía para dar una estocada hacia abajo y atravesar la coraza de metal de los tentáculos del molusco. ¡Y tuvo éxito!

Marty sonrió triunfante mientras era testigo de cómo las preciadas extremidades de Octopus eran arrancadas una por una con sus golpes continuos, y el maldito "artista" cabezota y narcisista no tenía nada que decir o para contraatacarlo mientras se quedaba casi por completo sin brazos debido a los ataques agresivos y continuos de la sirena.

– ¡Ahora, X!

Desde atrás, el Utuboros volvió a disparar, forzando a Launch Octopus a saltar fuera de su montura para evitar la inminente esfera de energía. Lo mismo no podía decirse sobre su medio de transporte, el cual recibió el disparo en toda la cara, y la proximidad causó un daño considerable.

– ¡Quítate del camino, maldito gusano! – bramó Octopus, a punto de cruzar sus brazos de frustración, sólo para darse cuenta que ya no los tenía. Y en el siguiente segundo, tal vez le habrían rajado la garganta si no se movía, pues Marty decidió hacer otro movimiento en contra de él mientras estaba metafóricamente caído, por decirlo así.

No, pensó Octopus. Esto no iba a suceder. Necesitaba igualar las condiciones. Bueno, "igualar" en el sentido de inclinarlas a su favor, pero incluso eso requeriría la eliminación de algunos de los jugadores actuales.

– Ya no estás tan creído sin esas cosas asquerosas saliendo de tus costados, ¿eh?

Y al escuchar la burla de la sirena turquesa, creyó encontrar la forma perfecta de hacerlo.

– ¡Vamos, bastardo resbaloso! – gritó Marty, sin cesar sus ataques continuos. – ¡Tal vez un gusano sin entrañas o una babosa sea una forma más apropiada para ti! – dijo mientras seguía acuchillando y apuñalando con el tridente, haciendo ocasionales movimientos como si fuera una espada, mientras lo miraba con disgusto. – ¡Cuando las cosas se ponen difíciles, no eres más que lo que veo frente a mí! ¡No puedo creer que fui tan estúpida de creerme la idea de que te preocupabas por algo o alguien que no fueras tú mismo!

El impulso de alargarse para estrangular a la sirena bocazas le vino a la mente, pero la falta de extremidades prensiles lo hacían imposible. Al menos de momento.

Notando la ausencia de preocupación en el rostro de Octopus, apenas humanos como eran, Marty no pudo evitar sentir un escalofrío recorrerle su espina metálica. – ¿Qué dices? – inquirió, mientras mantenía sus ojos en el cefalópodo.

– Oh, nada. – respondió Octopus, aunque era claro que en su mente era cualquier cosa lejos de ser nada. Oh no, lo que tenía al frente de su procesador le daba nada menos que absoluto deleite. – Aparte del hecho de que encontré una forma de encargarme de ti y de la propiedad que te robaste de una vez por todas.

Antes de que pudiera procesar, mucho menos exigir saber a qué se refería, Launch Octopus respondió abriendo las ranuras de sus tentáculos y soltando cada misil y explosivo almacenado en los compartimientos internos, y luego un poco más. Marty se dio cuenta en el último momento e hizo un intento desesperado por detener el destructivo contraataque antes de que pudiera comenzar, se encontró con que su tonificado pero delgado cuerpo no tenía posibilidades contra el más extensivo y compacto domo del Maverick. El molusco rojo rubí golpeó a la sirena en la frente, mandándola dando vueltas hacia atrás, y su cuerpo se estrelló contra un risco dentado, lo cual la desorientó y provocó que sus dedos se aflojaran.

– ¡Marty! – gritó X, a punto de dirigir el Utuboros que manejaba para que se lanzara hacia la sirena, pero pronto se encontró interceptado no sólo por otra ráfaga de Homing Torpedos y Pirahnas, sino también, detrás de ellos, el otro leviatán rojo venía directo hacia su gemelo, con las quijadas abiertas y preparándose para lanzar un disparo propio.

– X… – murmuró Marty débilmente, observando de lejos con horror cómo el Hunter azul era abrumado por los proyectiles y las explosiones resultantes que dejaron.

El tridente comenzó a resbalarse, y Marty se dio cuenta mientras su fuerza disminuía aunque trataba de sujetar su arma, mientras sopesaba entre ir a ayuda lidiar con Octopus aquí y ahora.

– ¿Huh? ¡¿Qué demo…?!

Por desgracias, la sirena nunca tuvo la oportunidad, pues un dolor agudo como una puñalada asaltó su estómago descubierto. Y luego, le siguió una sensación de que sus entrañas literalmente eran succionadas fuera de ella.

¡Estas cosas no tenían fin! Si no hubiese lidiado con la ráfaga de armas explosivas antes en la fortaleza, X habría asumido que Octopus había recibido una mejora o dos en su arsenal, y la cantidad de poder de fuego a su disposición desafiaba severamente las regulaciones impuestas por los humanos.

– "Probablemente otra razón por la que te fuiste con Sigma, ¿eh?" – pensó X con amargura mientras se veía forzado a utilizar sus armas disponibles de maneras que variaban entre semi-creativas hasta totalmente desesperadas, en relación a efectividad para combatir las amenazas. – "Aun así, ¡puedo hacerle frente a esto! ¡Tengo que llegar donde está Marty!"

Su evaluación no estaba totalmente equivocada, Marty, a pesar de lo que podría hacer creer su bravata, en última instancia no estaba diseñada para el combate o con medidas defensivas en mente, especialmente tratándose de tiempo de guerra. No, la verdadera herramienta, el instrumento de destrucción era él mismo, e incluso sabiéndolo empezaba a pelear contra el asalto que le infligía su enemigo marino.

Con el acceso a su casi ilimitada reserva de plasma en sus sistemas cortado, el Maverick Hunter tenía que depender de las tres habilidades insertadas en su antebrazo, que eran los únicos restos existentes de aquellos con los cuales peleó codo a codo alguna vez. Y cada uno demostró tener sus propias ventajas y debilidades en relación a combatir los proyectiles como los Homing Torpedos y Piranhas metálicas.

El Shotgun Ice mostró ser útil para congelar el contenido de los misiles, lo que redujo la fuerza de las explosiones o logró inutilizarlos por completo, pero X, para su vergüenza, sólo se dio cuenta de esto tras intentar electrocutar los peligrosos objetos que venían en su dirección, tratando de cortarles la trayectoria antes del impacto. Esto resultó ser efectivo e hizo lo que quería, pero X pronto se dio cuenta que la explosión resultante de materiales tan volátiles era más fuerte de lo que estaba preparado para enfrentar.

Así, incluso si encontró la técnica más efectiva, la verdadera fuerza y poder defensivo del Rolling Shield de Armadillo sólo la supo ya que X se puso sin darse cuenta en más problemas de lo necesario. Y así, las esferas de energía azul que contenían las explosiones también servían para drenar las reservas del arma que más necesitaba.

Y entonces, una vez que se hizo cargo de los proyectiles y peces robóticos, todavía quedaba el uso del Utuboros que venía hacia él, empeñado en despedazarlo a él o a su gemelo, sin que le importara cuál de los dos viniera primero, mientras hiciera caer al Hunter azul en el proceso.

Dado que tenía mucha menos experiencia en dirigir y maniobrar al mecaniloide rojo con forma de anguila, X no pudo más que manejar los controles tratando de mantenerse fuera del rango del leviatán de Octopus, y todo el tiempo tratando de llegar hacia Marty, al darse cuenta que todavía no veía ninguna señal del molusco rojo desde hacía rato. Por desgracia, el otro mecaniloide subacuático no parecía interesado en permitir que el Hunter azul se le escapara, y la máquina alongada se erguía junto con su gemelo mientras X trataba desesperadamente de llegar hacia la silueta vaga de la sirena, a la que vio estrellada contra las paredes.

Más arriba, sin embargo, el otro Utuboros luego se lanzó en picada, comenzando a enroscarse y a apretar con su cuerpo a su contraparte, restringiendo sus movimientos mientras X se dio cuenta que su montura se quedaba cada vez más inmovilizada debido al abrazo del otro demonio metálico marino. Y luego, justo cuando terminó de envolver el resto de su cuerpo segmentado, X fue testigo de cómo el Utuboros opuesto abría sus mandíbulas y luego las cerraba, perforando el domo y el cráneo metálico de su gemelo, cesando sus funciones al instante y forzand abandonarlo luego de que lo había traído hasta aquí.

Las mandíbulas de acero perforaron la CPU de su gemelo y todos los demás sistemas que se albergaban en su domo, y el leviatán secundario soltó nubes de humo fuera de su boca desfigurada y sus ojos, hasta que el enorme domo no pudo contenerlo más y explotó por completo.

X no se detuvo, no podía permitírselo, pero no pudo evitar dar una eulogía silenciosa al Utuboros que lo trajo hasta aquí. Lo menos que podía hacer ahora era al menos ayudar a quien se puso en riesgo para ayudarlo. Al ver a la sirena de armadura turquesa a lo lejos, de espaldas contra el risco contra el cual había sido lanzada, X nadó a toda prisa, tan rápido como podía, dándose cuenta que, sin importar lo rápido que fuera, en última instancia no sería suficiente.

Otra más que caería en este terrible conflicto.

– ¡Marty! – la llamó X, finalmente llegando ante la sirena aparentemente inconsciente que, por pura suerte, había soltado su tridente por el agotamiento, pero la formación de las rocas en el costado del risco hizo que el mango cayera en un pequeño espacio, lo que esencialmente dejó el arma colgando en el borde. – Marty… – X cogió a la reploide inmóvil entre sus brazos, sujetando su cuerpo con un brazo mientras cogía el tridente con el otro. La rubia de larga cabellera se veía en muy mala forma, con su coraza externa dentada y abollada en varias áreas, y algunos rastros de fluido que chorreaba de las heridas abiertas que habían sido creadas en varios lugares de su forma semi-humanoide.

Heridas abiertas… de forma circular… y parecía que le habían succionado toda su fuerza… o más bien, su energía.

– ¿Hm? – Abriendo sus ojos violetas, Marty vio una sombra amenazante desde atrás, con la visión borrosa. La sensación de ser sujetada le alertó que no se encontraba en manos de su adversario, pero el que vino en su ayuda todavía no tenía idea de que un ataque les venía directo por la espalda. – ¡Chico, cuidado!

Justo cuando la realización lo golpeó, X trató de evadir los golpes de los tentáculos de Octopus, que al verlos le hicieron entrar en shock ya que había visto a Marty cercenárselos al cefalópodo rojo con sus propios ojos. Uno de ellos le hizo mella en el costado al Hunter, logrando rozarle en la sección media, pero no fue suficiente para perforarle el cuerpo.

– ¡¿Qué demonios?!

– ¡Tonto! – se carcajeó Octopus. – ¡¿Qué no sabes que los pulpos pueden regenerar sus extremidades?!

Trató de intentarlo de nuevo, apuntándole hacia su espalda, pero justo cuando Octopus estuvo a punto de centrar su objetivo…

– ¡Marty, no!

Una vez más, sus planes se vieron interferidos.

Justo en cuanto Octopus estuvo a punto de atacar de nuevo, esa molesta pececilla que parecía haberse quedado muy apegada a su objetivo empujó al Maverick Hunter fuera del camino, y los tentáculos perforadores del cefalópodo y sus drenadores de energía golpearon el cuerpo no de X, sino el de Marty, que ya estaba muy agotada y golpeada por lo de antes.

– ¡MARTY! – gritó X, nadando hacia ella, pero encontró su camino bloqueado por un cuerpo con forma de serpiente, y el reploide maldijo por dentro al ver cómo los cuerpos de Octopus y Marty se hundían más, mientras el dañado pero todavía funcional Utuboros no le dejaba pasar.

– ¡Maldita ramera! – bramó Launch Octopus, mientras forcejeaba, irónicamente, con la misma que había sido la fuente de su energía ahora. – ¡Quítate de encima!

– ¡Un poco tarde para eso! – replicó Marty, cuya sensación mientras su energía era succionada de su ya dañado cuerpo estaba muy lejos de ser placentera. Pero aun así aguantó, al menos hasta que se alejaron lo suficiente de X.

– ¡Idiota! – rugió Octopus, cuyos tentáculos que no se habían sujetado de Marty vieron conveniente agarrarla por la garganta, aplicando una presión dolorosa en su cuello. – ¡¿Por qué estás haciendo todo esto?! – exigió, apretando su agarre y restringiendo la capacidad de la sirena para hablar. – ¡¿Qué bien te haces en ayudarlo?! ¡Él es quien habilita a aquellos que destruirán todo lo que amas! ¡Ellos destruirán este lugar y otros iguales! ¡Y ya sea que tenga la intención o no, él eventualmente te destruirá a ti!

Más arriba, X continuaba contendiendo con el omnipresente y persistente Utuboros, Esquivando otro intento de capturar al Hunter en sus mandíbulas cuando se lanzó de espaldas se estrelló contra el costado del risco: el mismo punto donde Marty había estado. Mirando hacia abajo, vio el tridente que todavía estaba situado en el pequeño espacio donde se le atoró el mango. Giró su atención hacia el leviatán que venía acercándose, notando una considerable grieta que se había formado en el centro de su domo. Si podía atravesarla, quizás… pero su X-Buster aún estaba…

Viendo que no tenía tiempo de debatir, y que la enorme serpiente ya se le venía encima, el Hunter se vio forzado a moverse, pero no antes de coger el tridente justo cuando el enorme mecaniloide embistió contra el risco, desencajando rocas y cayendo hacia las profundidades.

Y más abajo, a poca distancia, Octopus y Marty continuaban forcejeando, hundiéndose más y más, aunque era claro que a uno de los dos le iba mejor en la escaramuza que la otra.

Esa breve imagen motiv acercarse al Utuboros, cuando el mecaniloide vino hacia él para otro ataque. El Hunter maniobró hacia la izquierda y aterrizó encima del lomo de la serpiente, trepándose por él hasta que llegó a la sección agrietada del domo rojo. Hundiendo el tridente con fuerza, X descubrió que el arma pudo perforar ligeramente el área gracias al daño ya presente, pero no lo suficiente. Necesitaba aplicar más fuerza.

Un golpe breve de la cabeza del Utuboros casi sacó a X de su lugar, pero aunque retrocedió una pequeña distancia, para su alivio vio que el tridente seguía en su lugar. Aferrándose desesperadamente a la superficie de la máquina submarina, el Maverick Hunter se esforzó para llegar a donde estaba antes, activando el Rolling Shield y presionando la boca del cañón en el mango del tridente. La energía y poder detrás del arma de Armadillo produjeron el empuje necesario para hundir la lanza de tres puntas en el domo. El proceso fue muy lento al principio, y a X le preocupaba que no fuera suficiente, pero en el último momento, un impulso repentino empujó el arma hacia adelante, y la CPU y mecanismos internos del Utuboros fueron perforados y destruidos por el objeto que atravesó su domo, y luego salió por la parte inferior de su mandíbula.

Al llegar a una roca sobre el lecho arenoso, Launch Octopus aterrizó sobre la superficie rocosa y arrojó el cuerpo ahora inmóvil y aparentemente sin vida de Marty a un lado. La sirena no podía tomar represalias pues sentía que el mundo a su alrededor comenzaba a desvanecerse, apenas registrando la sensación cuando chocó con el suelo debajo. Aun así, sabía que él todavía no había terminado con ella, sintiendo cómo su silueta se paraba sobre ella, con un instinto malvado en sus ojos.

– Mocosa inútil. – se burló el cefalópodo rojo rubí. – ¿Qué ganas con apegarte a los caprichos de un idiota ingenuo e idealista? ¿Qué fue lo que me ganó a mí? ¿Por qué crees que deserté? – Mientras continuaba, no se dio cuenta que una silueta desde la distancia se aproximaba rápidamente. – ¡No hay ningún sentido en ninguna de esas virtudes o sentidos de la moralidad que predican! ¡No hay nada que ganar de ello!

Más y más cerca…

– ¡En este mundo, debemos vivir por nosotros mismos! ¡Debemos atender nuestras necesidades y deseos!

Sólo un poco más…

– Y si alguien o algo trata de intervenir… ¿entonces…?

Launch Octopus se dio la vuelta, a pocos segundos antes de ser envuelto en una explosión de humo, y la reacción resultante de químicos que se mezclaban entre ellos. El Utuboros que X había eliminado se estrelló contra el Maverick de frente, sin darle tiempo para reaccionar, mucho menos para recuperarse.

Su cuerpo fue destruido en pedazos inmediatamente, junto con la enorme cabeza de la serpiente marina que acababa de chocar contra él.

– "¡Incluso en la muerte, soy hermoso!"

Esta historia continuará


Notas del traductor:

Diablos, qué monstruo de capítulo fue este para leer y traducir (y entre estar ocupado con la universidad y los constantes cortes de luz no ayudan), pero al menos tuve mi deseo de ver a Octopus ser destruido igual que en el opening de X3, lo cual agradezco. Y al parecer Marty también se salvó de que le despedazaran el cuerpo, aunque no salió ilesa de esto. La verdad es que después de ver a X tan frustrado y deprimido por no haber podido salvar a nadie, quizás haber salvado a Marty ahora le devuelva un poco de esperanza, que ahora mismo la necesita. Estoy ansioso por ver a dónde va su relación a partir de ahora.

La verdad es que no tengo mucho más que decir, incluso sobre los flashbacks de lo que pasó entre Proto Man y Tempo, y de lo que pasó después que Mariachi vino a rescatarla. Si bien espero que de alguna manera Proto Man haya limpiado su nombre, tengo el presentimiento de que no fue así, dada su condición actual. Seguro que ocurrirán muchas cosas luego de esta pelea, antes de ir por el siguiente Maverick, así que toca esperar a ver qué sucede.

Eso es todo. Gracias por los reviews a Darth Nox22, camilo navas y sonicmanuel. Nos veremos con el siguiente y como siempre, ¡dejen que su poder supere los límites!