Capitulo 5
El momento vivido con Terrence nos afectó a Melody y a mí de manera negativa. Mi pequeña, que siempre hablaba sin parar, ahora estaba callada y en sus ojos pude ver el miedo y la tristeza. Me culpaba a mí misma por no haber sido capaz de protegerla de él. Sin embargo, no permitiría que este mal momento la afectara. Fue entonces cuando se me ocurrió una idea para hacerla sentir un poco mejor
No había nada en el mundo que hiciera más feliz a mi pequeña que un helado de vainilla, su favorito. La llevé a conseguir uno y en seguida su rostro se iluminó de alegría. Además, fuimos a comprar el pastel de frutos rojos para Mandy.
Al llegar a su departamento, tocamos el timbre y nos abrió la puerta una chica que había estado cuidando a Mandy todo el día y continuaría haciéndolo durante su recuperación. La saludé y Melody y yo entramos a la sala, donde encontramos a Mandy viendo la televisión. Melody corrió hacia ella y la abrazó, mientras Mandy correspondió encantada.
Después de pasar un tiempo con Mandy y Melody, donde la alegría regresó al corazón de mi pequeña, esta se durmió en el sofá mientras veíamos la televisión juntas. Mandy me ofreció una frazada que coloqué sobre Melody antes de sentarme cerca de ella en el sillón. Aunque no le había contado sobre lo sucedido, decidí que era el momento de hacerlo mientras mi pequeña descansaba.
— Mandy, hoy ocurrió algo durante el trabajo — mencioné en un tono bajo y serio, notando su preocupación al escucharme.
— ¿Qué pasó, querida? No me preocupes — respondió con angustia, llevándose las manos al pecho.
Cerré los ojos con cansancio ante la necesidad de revivir lo ocurrido. Decidí abordar el tema y le dije:
— Terrence Grandchester volvió a aparecer en mi vida — su reacción fue impactante, a punto de desmayarse de la impresión, por suerte estaba sentada.
Le narré todo lo acontecido desde el principio hasta el final, notando cómo su rostro viraba al rojo de la furia a medida que avanzaba mi relato. Una vez terminé, Mandy expresó su molestia.
— Es un maldito, una escoria, ¡todo lo malo del mundo! ¿Cómo se atrevió a hacer tal estupidez frente a Melody y a intentar comunicarse contigo de nuevo? ¡Lo mato a ese desgraciado! — exclamó levantándose de golpe. Yo me puse de pie también, tratando de calmarla y guardara silencio para no despertar a Melody.
— Tranquilízate, Mandy. Recuerda tu lesión. Además, le dejé claro que él no tiene lugar en mi vida.
Se tranquilizó un poco y me miró con determinación.
— Espero que pueda entenderlo con ese diminuto cerebro que tiene, de lo contrario se lo haré comprender como sea.
— Si no logra entenderlo, Melody y yo tendremos que irnos a otro lugar. No quiero que esté presente en la vida de mi hija ni que la lastime como hizo conmigo — Mandy me miró con pesar y me ofreció un pequeño abrazo.
— Tranquila, querida. Apoyaré tu decisión. No estás sola y encontraremos la forma de librarnos de él.
— Gracias, Mandy. Por ahora, tendré que seguir viéndolo por cuestiones de trabajo.
— Déjame cuidar a Melody mañana a pesar de mi estado — me ofreció Mandy. Agradecí su gesto y negué suavemente.
— Necesitas recuperarte, Mandy. No deseo que mi hija sea una carga para ti.
— No lo será, cariño.
— Gracias, Mandy, pero seguiré llevándola conmigo al trabajo. Tú necesitas recuperarte y descansar para poder cuidarla de nuevo — le sonreí.
— Está bien, pero cuídala y cuídate tú. No permitas que ese desgraciado te intimide de nuevo. Recuerda que eres fuerte y poderosa.
Asentí, me levanté y me despedí de Mandy para regresar a casa.
—Te visitaremos mañana si no hay inconvenientes. Cuídate, Mandy, y si necesitas algo, no dudes en llamarme.
—Ve con cuidado, candy. Cuídense ambas. Las quiero — le di un abrazo y una sonrisa, luego tomé a Melody, que aún dormía, y regresamos a casa.
En el trayecto, lloré en silencio por los recuerdos que aún dolían en mi corazón. Aún era difícil olvidar y, sobre todo, tenerlo nuevamente en mi vida. Al llegar a casa, llevé a mi hija en brazos a su habitación, la cambié con cuidado y la acosté en la cama. Tras besar su frente, salí a la sala, me senté y permití que las lágrimas afloraran una vez más. Los recuerdos, tanto los felices como los tristes, inundaron mi mente como una llovizna que terminó convirtiéndose en una tormenta llena de caos.
