Capítulo 14: Los Desafíos a Muerte – Primera Parte
La Gélida Ilusión
Las madres de Coco y Mackenzie se quedaron completamente en shock.
La joven que tenían al frente… era Bluey.
Pero no la pequeña cachorra que recordaban. Ahora era una guerrera, una luchadora de verdad.
"¿Cómo… cómo es posible?" murmuró la madre de Mackenzie, sin poder procesarlo del todo.
"Bluey… ¿ha crecido tanto?" añadió la madre de Coco. "¿Y qué hace peleando como una gladiadora?"
Bluey, al escuchar esto, rompió momentáneamente su concentración y se giró hacia ellas.
"¿¡Gladiadora!? ¡No, no, no!" exclamó con una risa ligera. "Yo no soy una gladiadora, soy una aventurera."
Pero ese instante de distracción fue todo lo que Mentaris necesitó.
"Tonta… me diste la victoria en bandeja de plata."
Sin perder un segundo, se lanzó a toda velocidad hacia Bluey, apuntando a matarla de un solo golpe.
Las madres y los niños gritaron, pero antes de que el ataque la tocara…
Bluey desapareció.
Mentaris solo sintió el aire vacío al fallar su golpe.
"¿¡Cómo!?" exclamó sorprendido, girando la cabeza rápidamente.
Los espectadores se quedaron boquiabiertos al ver lo que había sucedido. Bluey había esquivado el ataque con facilidad, completamente tranquila.
Sin inmutarse, se acercó a las madres de Coco y Mackenzie y les habló con suavidad:
"Necesito un poco de espacio. ¿Podrían apartarse? Pronto las sacaré de aquí."
Las dos mujeres se quedaron congeladas, sin saber qué responder.
No solo habían visto la velocidad con la que Mentaris la atacó, sino que también fueron testigos de cómo Bluey esquivó sin esfuerzo y ahora hablaba como si nada.
Esto enfureció a Mentaris.
"¡Maldita!" gritó con furia. "¿Cómo te atreves a subestimarme!?"
Bluey giró la cabeza lentamente hacia él, con una expresión completamente fría.
"No te estoy subestimando." dijo con calma. "Solo quería ver qué tan fuerte eras."
Mentaris se lanzó nuevamente, intentando golpearla con toda su fuerza…
Pero antes de que pudiera alcanzarla, salió volando en la dirección contraria.
"¡¿QUÉ…?!" exclamó sorprendido mientras rodaba por el suelo.
Mackenzie miró con los ojos muy abiertos. "¡Un oso! ¡Un oso lo golpeó!"
Cuando Mentaris se reincorporó con furia en los ojos, vio que donde antes estaba el, ahora había un enorme oso de hielo.
"Maldita… ¡así que me provocaste a atacarte para ver mi velocidad!"
Bluey lo miró con superioridad, sin molestarse en negar nada.
"No solo quería medir tu velocidad," dijo con un tono helado. "También quería ver qué tan fuerte y resistente eres."
"Y la verdad… para ser un luchador cuerpo a cuerpo, eres bastante débil."
Esas palabras golpearon a Mentaris más fuerte que cualquier ataque físico.
"¡¿CÓMO TE ATREVES?!" rugió con rabia. "¡MALDITA PERRA!"
Bluey suspiró y negó con la cabeza.
"Oye, hay niños presentes. Modera tu lenguaje."
Sin perder más tiempo, levantó una mano y conjuró su próximo hechizo.
"Magia de Hielo: ¡Cañón Gélido!"
A su lado, apareció un gran cañón de hielo que disparó un proyectil congelado directo hacia Mentaris.
El hechicero logró esquivarlo por muy poco, sintiendo el aire frío rozar su piel.
"¡¿Es todo lo que tienes?!" gritó, burlándose.
Cuando Mentaris recobró la compostura, notó algo extraño. Bluey había deshecho sus dos hechizos.
"Me llamaste débil y tú no puedes lanzar más de dos hechizos al mismo tiempo. ¡Patética!"
Bluey sonrió con calma, sin inmutarse.
"Primero, el oso que te golpeó no usó ni la mitad de su fuerza, porque lo creé sin necesidad de recitar un conjuro."
"Y segundo…" continuó mientras el cañón de hielo se deshacía en escarcha. "Ese cañón solo era para probar tus reflejos."
"No puedo arriesgarme a herir a alguien inocente con ataques descontrolados."
Mentaris entrecerró los ojos, dándose cuenta de que Bluey no estaba jugando.
"Ella no solo es más fuerte que yo…" pensó con frustración. "Está buscando una manera de acabar esto de un solo golpe."
El hechicero comenzó a evaluar la situación.
Si no usaba su magia contra ella, estaba perdido.
Pero tenía que encontrar el momento exacto para atacar.
Si lo hacía demasiado pronto, ella lo detectaría y esquivaría como antes.
"No puedo apresurarme…" pensó, analizando cada movimiento de Bluey.
"Debo esperar… el instante perfecto para atraparla."
Mientras Mentaris seguía analizando a Bluey, intentando encontrar una apertura para atacar, dos clones de hielo aparecieron a su lado, avanzando hacia él con armas heladas en mano.
El hechicero frunció el ceño, sintiendo que la situación se le iba de las manos.
"¿Esto es un tres contra uno?" murmuró con irritación. "¿No te parece injusto?"
Bluey rodó los ojos y sonrió con burla.
"Oh, por favor. ¿Qué edad tienes para quejarte así?"
Se cruzó de brazos con tranquilidad mientras los clones se posicionaban estratégicamente alrededor de Mentaris.
"Además, esos clones solo tienen la mitad de mi fuerza. Y yo no estoy peleando, así que, en teoría, solo te enfrentas a mí."
El hechicero apretó los dientes.
Bluey estaba jugando con él.
Pero cuando notó que los clones podían formar armas de hielo, su preocupación aumentó.
"Si no hago algo rápido… ella me derrotará."
Decidió no perder más tiempo.
Esquivó uno de los ataques de los clones y, con una mirada rápida, vio que uno de los niños estaba completamente desprotegido.
Una oportunidad perfecta.
Sin dudarlo, lanzó un hechizo directo hacia Mackenzie.
Bluey, que estaba lista para defenderse de un ataque directo, notó la trayectoria demasiado tarde.
"¡Maldición!"
Se lanzó hacia adelante a toda velocidad, interponiéndose entre el hechizo y Mackenzie.
El impacto dio de lleno en su cuerpo.
Pero…
No sintió ningún dolor.
"¿Eh…?"
Bluey parpadeó confundida y miró su cuerpo.
No tenía heridas. No había rastros de daño.
"¿Qué hiciste?" preguntó con seriedad.
Mentaris sonrió con malicia.
"Nada en especial. Simplemente incrementé la gravedad… unas diez veces."
Antes de que pudiera procesar sus palabras, Bluey sintió su cuerpo ser arrastrado hacia el suelo.
Sus rodillas golpearon el suelo con fuerza, su lanza tembló en su mano y su visión se tornó borrosa por un instante.
"Mi cuerpo… pesa demasiado…" pensó, sintiendo cómo sus músculos le dolían con solo intentar moverse.
"¿Puede manipular la gravedad…?"
Pero antes de que pudiera sacar una conclusión, Fey, que hasta el momento no había intervenido, habló en su mente.
"Bluey… la gravedad no ha cambiado."
"¿Qué?"
"No hay alteración en la presión gravitatoria del área. Esto no es un cambio físico… es un cambio en tu percepción de la realidad."
Bluey apretó los dientes y respondió mentalmente.
"¿Y qué significa eso?"
"Que sus ataques solo te harán daño si tu mente cree que te los hizo." explicó Fey con calma. "Ahora mismo, la gravedad solo aumentó para ti. Todas las demás personas a tu alrededor siguen igual."
"Entonces… esto es completamente mental."
Bluey intentó moverse, pero su cuerpo se sentía increíblemente pesado.
"No… mi cuerpo no está reaccionando como quiero."
"Si sé que esto es una ilusión… ¿por qué aún me afecta?"
Mentaris sonrió con arrogancia, esquivando con facilidad los ataques de los clones de Bluey mientras los observaba con desdén.
"Te ves frustrada." dijo con burla. "¿Qué pasó con la gran aventurera que se creía superior?"
Bluey apretó los dientes y obligó a su cuerpo a levantarse.
Sus piernas temblaban bajo la ilusión de la gravedad aumentada, pero su mirada no reflejaba miedo, sino determinación.
"No importa cuánto intente engañarme… mi cuerpo aún responde a esta sensación de peso. Pero si es un problema mental… también puedo manipularlo a mi favor."
Mentaris notó que, a pesar de la aparente dificultad, Bluey no se veía derrotada.
"¿Qué estás planeando?" preguntó con desconfianza, esquivando otro ataque de los clones.
Bluey respiró hondo y levantó la mirada con confianza.
"Voy a terminar esto."
Bluey levantó su brazo con dificultad, su cuerpo aun sintiéndose pesado por la ilusión de la gravedad de Mentaris y dice.
"Extracción de calor."
Apenas dijo esas palabras, el hechicero notó que la temperatura a su alrededor comenzaba a descender drásticamente.
"¿Q-qué…?" murmuró, viendo cómo una capa de hielo empezaba a formarse sobre su cuerpo.
Intentó moverse rápidamente, pero su velocidad disminuyó mientras los clones de hielo lo presionaban con ataques constantes.
Bluey lo estaba congelando.
Mentaris intentó lanzar otro hechizo señalando a bluey, diciendo pesad…, pero antes de que pudiera terminarlo, el hielo ya le cubría parte del cuerpo.
Bluey vio cómo la capa de hielo lo cubría por completo.
Estaba atrapado.
"He ganado" eso dijo Bluey.
O al menos… eso creyó.
Bluey sintió un escalofrío recorrer su espalda. Algo estaba mal.
El hielo alrededor de Mentaris seguía allí… pero el aire a su alrededor ya no era el mismo.
Cuando se giró… su cuerpo sintió un leve mareo, como si hubiera sido transportada sin darse cuenta.
El aroma familiar a comida casera la golpeó antes de ver la mesa.
Bluey parpadeó. diciendo "¿Qué… carajo?"
Bluey se rasco los ojos confundida por lo que estaba viendo.
"¿Qué está pasando aquí?"
"Bluey, ya llegaste." se escucha una voz a la distancia
La voz hizo que su corazón se detuviera por un instante.
Giró lentamente… y ahí estaba.
Su madre Chilli.
La mujer le sonrió con tranquilidad, con un delantal puesto, sirviendo la cena como si nada hubiera pasado.
El aroma de la comida caliente flotaba en el aire, el sonido de los cubiertos chocando contra los platos era relajante, casi hipnótico.
Todo se sentía… demasiado real.
Bluey dio un paso atrás, su corazón latía con fuerza, desacompasado.
"¿Mamá…?"
Su voz salió baja, casi temblorosa.
Chilli no reaccionó de manera extraña. Simplemente siguió con lo suyo, como si todo fuera normal.
Bluey se llevó una mano a la cabeza.
"Esto no tiene sentido." murmuró, sintiendo un leve mareo.
Su mente se nublaba por un instante, como si algo intentara arrastrarla a la calma del ambiente.
"Esto… no puede ser real."
La sensación de calor en la habitación, el ambiente familiar… todo estaba diseñado para que bajara la guardia.
Bluey apretó los dientes.
Su instinto le gritaba que algo estaba mal, pero su cuerpo se sentía extrañamente relajado, como si quisiera aceptar la ilusión.
"Fey…" pensó rápidamente.
Si esto era una trampa… él debería estar aquí.
"Fey… ¿dónde estás?" preguntó en voz alta, su tono reflejando una mezcla de preocupación y miedo.
Pero antes de que pudiera obtener una respuesta, otra voz resonó en la habitación.
"¿Quién es Fey?"
El tono era relajado, pero había un matiz de interés y curiosidad en las últimas palabras.
"No me digas que es… tu novio."
El tono cambió ligeramente al final, como cuando un padre escucha algo que no esperaba y se prepara para hacer preguntas incómodas.
Bluey se giró de inmediato, su cuerpo tenso, en alerta.
Y ahí estaba.
Su padre Bandit.
La miraba con una ceja ligeramente levantada, sus ojos entrecerrados, como si estuviera evaluando la situación.
"Así que… ¿has traído a un chico a casa sin avisar, eh?"
Bluey se congeló.
Su cuerpo no reaccionó al instante.
Su respiración se volvió más superficial.
El ambiente se volvió más pesado… o al menos así lo sentía ella.
"No… esto no es real."
Su mente corría a mil por hora.
"Yo estaba peleando."
"Yo estaba congelando a Mentaris."
"Entonces… ¿qué es esto?"
Bluey apretó los puños, sintiendo un leve mareo.
Pero el aroma de la comida, la forma en que su padre la miraba con esa expresión relajada, y la tranquilidad en la casa…
Todo parecía tan… normal.
Pero su corazón le decía que no lo era.
Mientras tanto, en el exterior, Mentaris sonrió con satisfacción, observando cómo los clones de hielo de Bluey se hacían pedazos.
"Tomó tiempo… pero al fin caíste."
Dentro del domo, la gente no entendía lo que estaba pasando.
Bluey, de repente, dejó de moverse.
La madre de Coco se alarmó al ver que no reaccionaba.
"¡Bluey! ¡Despierta!"
Mackenzie y Coco, al notar lo mismo, corrieron hacia ella.
"¡Bluey, reacciona!" exclamó Coco con desesperación.
Mentaris se rió con confianza.
"No se molesten. No responderá jamás."
"Ha caído en mi mejor ilusión… mi hechizo 'Pesadilla'."
Las personas atrapadas en el domo miraron con confusión y miedo.
"Ahora tendrá un plácido sueño… pero mientras más tiempo pase, la pesadilla dentro de ella crecerá."
"Su mente no sabrá si es real o un sueño… hasta que su cerebro colapse y muera."
Mentaris comenzó a reír, disfrutando su victoria.
Mackenzie, sin entender del todo lo que estaba pasando, comenzó a sacudirla con desesperación.
"¡Bluey, despierta, por favor!"
Pero Bluey seguía inmóvil, atrapada en su mente.
Mentaris ignoró completamente al niño y se dirigió hacia Bluey, levantando su puño con intención de matarla de un solo golpe.
Pero justo antes de que el golpe conectara…
De la sombra de Bluey, un lobo surgió a toda velocidad.
El animal se lanzó directo a Mentaris, casi arrancándole el brazo de un mordisco.
El hechicero retrocedió de inmediato, con los ojos muy abiertos.
"¡¿Qué demonios…?! ¿Un Fenrir?"
Al reconocerlo, Mentaris entrecerró los ojos y murmuró con burla:
"Tu antiguo compañero era Loki, ¿verdad?"
El lobo gruñó con desprecio.
"Ese bastardo nunca fue mi compañero." dijo con furia.
La respuesta de Fenrir le confirmó a Mentaris lo que sospechaba.
Este lobo era el mismo que había ayudado a Loki a capturar.
Y si Loki lo atrapó antes… entonces él también podía hacerlo.
Mentaris sonrió confiado, ahora con un plan en mente.
Pero Fenrir no le dio tiempo de actuar.
Antes de lanzarse de nuevo contra el hechicero, se acercó a Mackenzie y puso una pata sobre él.
"Chico, encuentra la manera de despertar a Bluey pasándole un poco de tu energía."
Mackenzie parpadeó confundido.
"¿Energía…?"
De repente, sintió algo recorriendo su cuerpo.
Una corriente cálida y extraña, como si su interior se hubiera encendido por un segundo.
"Eso que acabas de sentir es energía." explicó Fey con seriedad. "Si logras transferírsela a Bluey, la despertarás."
Mackenzie se tensó.
"¿Y por qué tú no lo haces?" preguntó, viendo al lobo que no apartaba la vista de Mentaris.
Fey respondió sin dudar.
"No puedo perder de vista a este tipo. Si me distraigo, podría hacerles daño a los que están cerca o peor pude manipularme para que yo haga su trabajo sucio."
Sin perder más tiempo, se lanzó directo hacia Mentaris, listo para el combate.
Mackenzie miró a Bluey, aún inmóvil.
Su pecho subía y bajaba rápidamente, intentando calmar su respiración.
Sus manos temblaban.
"¿Pasarle esta energía…?" murmuró con duda, observando sus propias manos como si fueran extrañas para él.
El corazón de Mackenzie latía con fuerza, casi ensordeciéndolo.
"¿Realmente puedo hacerlo?"
Las madres de Coco y Mackenzie se acercaron al muchacho, notando su incertidumbre.
Coco lo miró con preocupación, sintiendo el peso de la situación.
"Mackenzie… ¿cómo hacemos para pasarle la energía?"
La pregunta lo sacó de su trance.
Mackenzie tragó saliva y miró a Bluey una vez más.
Mientras tanto, Mentaris intentó aprovechar la distracción.
"Si logro hacer que ese Fenrir caiga en un sueño…" pensó con una sonrisa oscura. "Podré capturarlo fácilmente."
Pero el lobo no le dio la oportunidad.
"Tonto." dijo Fey con desdén. "Ya sé cómo luchas."
"Observé toda la pelea que tuviste con Bluey."
El lobo saltó de inmediato, lanzando un ataque directo a Mentaris para impedir que pudiera concentrarse en su magia.
El hechicero retrocedió de inmediato, maldiciendo para sí mismo.
"No solo eso…" continuó Fey, siguiendo de cerca cada uno de sus movimientos. "No dejaré que otro idiota como Loki vuelva a usarme."
Además de bloquear sus hechizos, Fey también observaba cuidadosamente los pies de su oponente, siguiendo cada paso que daba. Si Mentaris intentaba lanzar un hechizo de ilusión con cualquier parte de su cuerpo, este no afectaría a Fey, ya que, para caer en la trampa, era necesario mirarlo directamente a él.
La pelea se había convertido en un juego de precisión y velocidad.
Mientras tanto, Mackenzie apretó los puños y miró a Bluey.
"Tengo que intentar algo."
Primero, Makensi intentó hacer lo mismo que el lobo: tocar a Bluey para transferirle energía, pero no funcionaba. De repente, las lágrimas de Bluey comenzaron a salir sin detenerse.
Al ver esto, las madres intentaron tranquilizarla.
"Bluey, lo que estás viendo no es real."
Makensi, desesperado, murmuró:
"Tal vez así..."
Coco, preocupado, le preguntó:
"¿Qué vas a hacer ahora?"
Antes de que pudiera responder, lo vio mordiéndole el brazo a Bluey hasta sacarle un poco de sangre. Su madre, alarmada, lo separó de inmediato y le preguntó con firmeza:
"¿Por qué hiciste eso?"
Makensi, nervioso, respondió:
"Fue lo único que se me ocurrió... Pensé que, si era como un sueño, entonces con un golpe o algo así despertaría."
en la mente de Bluey
Bluey estaba en casa. No sabía cómo ni por qué, pero ahí estaba, sentada a la mesa junto a sus padres. Su madre, con una sonrisa cálida, servía la cena como si todo fuera normal. Pero algo no encajaba.
Bluey frunció el ceño. Algo dentro de ella gritaba que eso no era real. Siguiendo su instinto, sacó su lanza del anillo sin pensarlo dos veces.
El sonido metálico al materializarse hizo que Chilli se diera la vuelta de inmediato, con una mirada severa.
"Bluey, ¿qué te dije sobre tener armas dentro de la casa?"
Su voz era firme, pero había algo en ella… algo inquietante.
Bluey, sintiendo que debía afirmarse en su decisión, respondió con tono desafiante:
"Esta no es mi casa, así que yo hago lo que—"
Antes de que pudiera terminar la frase, su madre le arrebató la lanza y le dio un golpe seco en la cabeza.
"Puedes tener 17 años, pero en esta casa no se usan armas."
Bluey se llevó la mano a la cabeza, aturdida. ¿Cómo… cómo es posible que esto me duela? Si esto era una ilusión, no debería sentir dolor… ¿O acaso no lo era?
Un escalofrío recorrió su cuerpo. Si esto no era un sueño, entonces…
"¿Dónde está Bingo?" murmuró en voz baja, más para sí misma que para los demás.
Antes de que pudiera reaccionar, Bandit se acercó y le puso una mano en el hombro, con esa misma sonrisa amable de siempre.
"Pequeña, no deberías molestar tanto a tu madre."
Bluey se quedó en silencio, desconcertada. Algo no está bien, nada de esto está bien.
"Por cierto, ¿quién es Fey?" añadió Bandit con tranquilidad.
Bluey abrió la boca para responder, pero… no pudo.
Intentó recordar… intentó decir su nombre… pero lo había olvidado.
¿Cómo…?
Un frío aterrador le recorrió la espalda.
De repente, el sonido de pasos resonó en la casa. Alguien más había llegado.
Al darse la vuelta, vio a su familia entrando como si nada: Frisky, Trixie, Stripe, Rad, sus abuelos paternos, su abuelo materno, incluso su tía Brandy. Todos sonreían.
Bluey dio un paso atrás, confusa.
"¿Qué está pasando aquí?" preguntó, sintiendo que su voz temblaba.
El ambiente cambió de golpe.
Las sonrisas desaparecieron.
Sus ojos… sus ojos no tenían luz.
Chilli la miró fijamente y, con voz seca, dijo:
"Bluey, eres una descarada."
La frase fue como una daga directa a su pecho.
¿Qué…?
"Mamá… ¿qué estás diciendo?" murmuró, sin entender.
Trixie se adelantó con una expresión dura.
"¿De verdad tienes el descaro de preguntar eso?"
Una sensación opresiva comenzó a consumirla. Su pecho se sentía pesado, su respiración se aceleraba.
De repente, algo apareció a sus espaldas.
Tres ataúdes.
Bluey sintió el mundo derrumbarse a su alrededor.
No… No…
Temblorosa, se acercó. Sus piernas apenas podían sostenerla, pero algo en su interior le exigía mirar.
Cuando vio los rostros dentro, un grito quedó atrapado en su garganta.
Bingo. Muffin. Socks.
Sus hermanas. Sus primas.
Muertas.
Un espasmo de horror la recorrió entera. No, esto no es real. Esto no puede ser real.
Sin darse cuenta, se tapó la boca, intentando ahogar un sollozo. Sus lágrimas comenzaron a caer sin control.
"¿Qué les pasó…?"
Fue lo peor que pudo preguntar.
Entre lágrimas, Nana la miró con un dolor desgarrador y, con la voz rota, respondió:
"Las abandonaste a su suerte… las dejaste morir."
Bluey sintió como si le arrancaran el corazón del pecho.
"Yo jamás… yo nunca haría eso…"
Antes de que pudiera terminar, las voces de su familia la aplastaron de golpe.
"¡Eres un monstruo!"
"¿Cómo pudiste abandonarlas?" gritó Frisky.
"¡Las dejaste morir!"
"¡Teníamos que recoger sus cuerpos por tu culpa!"
Las palabras de Trixie y Chilli fueron lo que más la hirieron:
"¡Mataste a nuestras hijas!"
Bluey intentó retroceder, pero su familia la rodeó. Estaba atrapada.
Su mente se nubló. No… no es real…
Con desesperación, intentó sacar su lanza, pero su anillo ya no estaba.
Al bajar la mirada, el horror la golpeó como una ola.
Era una niña otra vez.
Pequeña. Frágil. Desprotegida.
El miedo se apoderó de su cuerpo. Con los ojos desbordando lágrimas, sin poder controlarlas, salió corriendo.
Quería escapar. Tenía que escapar.
Sus piernas temblaban, su vista se nublaba, su corazón latía con una desesperación que jamás había sentido.
Pero no importaba cuánto corriera…
Las voces la seguían.
Los gritos de su familia la perseguían.
Y, en el fondo, el eco de sus propias dudas la devoraba.
"¿Fue mi culpa…?"
De repente, Bluey sintió un dolor punzante en su brazo. Al mirarlo, vio que estaba sangrando. ¿Cuándo…? ¿Cómo pasó esto?
Con el corazón latiéndole en el pecho, corrió hacia una esquina, abrazándose a sí misma. Quería que todo terminara.
Las voces la rodeaban, golpeándola como cuchillas.
"Fue tu culpa."
"Dejaste morir a tu hermana y primas."
"Eres un monstruo."
Bluey sollozaba, cubriéndose los oídos con desesperación. ¡Déjenme en paz! ¡Déjenme sola!
Pero las voces no se detenían.
Entonces, desde su brazo herido, una tenue luz comenzó a brillar.
La presencia de alguien más se hizo evidente a su espalda.
"Vaya, esas voces son molestas" dijo una voz burlona.
El tono desenfadado la sacó de su crisis por un instante. Entre lágrimas, levantó la cabeza y se giró lentamente.
Frente a ella, de pie, había un lobo.
¿Quién…?
Bluey retrocedió instintivamente.
"¿Quién eres tú?" preguntó con voz temblorosa.
El lobo inclinó la cabeza, como si estuviera analizándola.
Podría preguntarte lo mismo "respondió con una media sonrisa". Estoy buscando a Bluey Christine Heeler.
La niña sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Tragó saliva y, aún con lágrimas en los ojos, murmuró:
"Soy yo…"
El lobo soltó una risa baja.
"Tú… no, no, no. No puedes ser Bluey."
Bluey parpadeó, confundida.
"¿Q-qué? Pero si yo…"
El lobo la señaló con la pata, su expresión llena de incredulidad.
"La Bluey que yo recuerdo es valiente, fuerte y fría cuando es necesario, pero también gentil. No es débil. No es frágil."
Las palabras la atravesaron como un rayo.
El lobo suspiró dramáticamente y se cruzó de patas.
"Así que dime… si de verdad eres Bluey, entonces deberías poder demostrarlo."
Bluey, sintiendo su corazón acelerarse, salió tambaleante de la esquina donde se había refugiado.
Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y, aunque su voz aún temblaba, respondió con firmeza:
"Yo… ¡yo soy Bluey Christine Heeler!"
El lobo levantó una ceja.
"¿Ah, sí?" se acercó un poco más. "Entonces, si eres Bluey, deberías reconocerme, ¿no?"
Bluey parpadeó, desconcertada. ¿Reconocerlo?
Aún con lágrimas empañando su vista, lo miró con más atención.
Su pelaje, su postura, su mirada confiada…
Y entonces, lo supo.
"¡Timmy! ¡Eres tú!"
El lobo sonrió ampliamente, divertido.
"Oh, vaya. Me asustaste. Creí que también me habías olvidado."
En ese momento, la angustia que Bluey había estado conteniendo se desbordó por completo.
Sin pensarlo, se lanzó sobre Timmy, abrazándolo con fuerza.
"No sé qué está pasando…" sollozó contra su pelaje. "No sé qué hice para que mi familia me odie."
Timmy la dejó llorar por un momento, luego le dio unas palmaditas en la espalda.
"Oye, ¿de verdad crees que tu familia te diría algo así?"
Bluey no respondió.
"Yo recuerdo", continuó Timmy con tranquilidad. "que ellos te molestarían por el chico que te guasta, pero no creo que te discriminaran de esa forma. Además, ellos saben perfectamente que darías todo por tus hermanas y primas."
Bluey se separó ligeramente, mirándolo fijamente.
"Yo lo sé… pero… ¿cómo lo sabes tú?"
Timmy ladeó la cabeza y sonrió con picardía.
"A que no adivinas."
Bluey entrecerró los ojos.
"Espera… ¿Eres un recuerdo mío? ¿O algo así?"
Timmy rió suavemente.
"Bingo, niña lista."
Bluey, aún confundida, miró a Timmy y preguntó:
"¿Por qué tú? ¿Por qué no alguien más?"
Timmy suspiró y se cruzó de brazos.
"El hechizo que te lanzaron afectó tu mente. Ahora mismo, cualquier persona que conoces te atormentaría. La única razón por la que estoy aquí es porque tu amigo, que está peleando afuera, me dio la oportunidad de ayudarte… o ayudarme… ah, no sé cómo explicarlo," dijo con una sonrisa ladeada.
Bluey frunció el ceño.
"Pero… ¿por qué tú? ¿Por qué no alguien más cercano a mí?"
Timmy la miró con seriedad.
"Había dos opciones para que confiaras. La primera era Fey, pero lo olvidaste por el hechizo. La segunda era yo, tu última opción."
Bluey sintió que algo en su interior se revolvía.
"¿Por qué no usaste a Bingo?" preguntó en voz baja.
Timmy bajó la mirada por un momento antes de responder.
"Porque ella está muerta en tu mente."
Las palabras fueron como un cuchillo atravesándole el pecho.
"Si la hubiera usado, seguramente te habría aterrorizado aún más."
Bluey sintió sus manos temblar, pero antes de que el miedo la dominara, Timmy volvió a hablar.
"Escucha, tu mente sigue siendo frágil. Ya no puedo ayudarte más. Te di el empujón que necesitabas para recordar que estás peleando."
"Pero… ¿cómo puedo despertar de este sueño?" pregunto Bluey
Timmy la miró con severidad y, sin perder su tono despreocupado, respondió:
"Para empezar, deja de actuar como una niña asustada. Afuera hay personas que dependen de ti."
Bluey apretó los puños.
"¿Estás seguro?"
En lugar de responder, Timmy puso una mano sobre su cabeza. De repente, Bluey comenzó a escuchar voces.
"¡Que despierte!" Escuchó a Coco y Mackenzie angustiados.
"¡Vamos, Bluey, no es real!" escuchó las voces de las madres de los niños, asegurándole que nada de lo que estaba viendo era verdad.
Una sensación recorrió su cuerpo, pero esta vez no era de miedo, sino de determinación. Su mente se aclaró. Recordó quién era.
La luz en su interior volvió a encenderse.
Volvió a crecer.
Su anillo reapareció en su dedo.
Pero aún así, seguía atrapada.
"¿Cómo puedo salir de esto?" preguntó, frustrada.
Timmy sonrió levemente.
"Un susto de muerte podría despertarte," dijo con tono despreocupado. "Pero obvio, tienes que dártelo tú misma… y sin ir corriendo a donde está esa familia que te aterra."
Bluey frunció el ceño.
"¿Y qué se supone que haga? ¿Sólo tengo mi lanza?"
En ese momento, se le ocurrió una idea.
Su corazón latía con fuerza, pero la duda la carcomía.
"Esto será un todo o nada," murmuró Timmy, observándola con atención.
Bluey tomó su lanza y la apuntó hacia su propio cuello.
El filo brilló tenuemente en la penumbra.
De repente, una voz la interrumpió.
"¡No lo hagas!"
Era su hermana. Bingo.
Timmy no dijo nada. Simplemente la observó.
"Bluey, es tu decisión," dijo con calma. "Yo ya terminé aquí."
Bluey sintió su cuerpo temblar, pero apretó los dientes.
"Lo siento, Bingo."
Ignorando las súplicas de su hermana, cerró los ojos… y atravesó su propio cuello con la lanza.
En el mundo real
Mackenzie intentaba explicarle a su madre lo que había hecho.
"Solo se me ocurrió morderla para ver si el dolor la hacía despertar..."
Antes de que pudiera terminar su frase, Bluey se incorporó de golpe, dando un fuerte respiro entrecortado, como si acabara de salir de una pesadilla.
El repentino movimiento hizo que los niños y las madres se sobresaltaran. El miedo seguía reflejado en sus ojos.
Bluey jadeaba, su mente todavía atrapada en el rastro de la pesadilla. Cuando bajó la mirada, vio su brazo herido, con una clara marca de mordedura.
Parpadeó varias veces, aturdida, y luego giró la cabeza lentamente hasta encontrarse con Mackenzie.
Él la miraba con cierta timidez, pero sin apartar la vista.
Bluey aún sentía el eco de las voces de su sueño, la culpa, el dolor... pero entonces, Mackenzie, con una leve sonrisa, simplemente le dijo:
"Gracias… siempre puedo contar contigo, Mackenzie."
Bluey, frustrada por todo lo que Mentaris la había hecho pasar, apretó los puños con furia.
"¡Fey, sincronízate conmigo!" gritó con determinación.
Al ver que Bluey había despertado completamente, Fey sintió un gran alivio y rápidamente corrió hacia ella.
Mentaris chasqueó la lengua con fastidio.
"Maldición… estuve tan cerca de acabar con ella. No importa. Si vuelvo a meterla en la pesadilla, esta vez la destruiré completamente."
Pero en cuanto Fey se fusionó con Bluey, algo diferente ocurrió.
Esta vez, su cuerpo no cambió de manera drástica. No hubo una capucha cubriendo su rostro, ni un aumento exagerado en su musculatura. El estado emocional de Bluey estabilizó la sincronización, permitiéndole un equilibrio perfecto entre fuerza y magia.
Su pelaje adquirió un tono más oscuro, mientras que la piel de Fey formó sobre ella una especie de chaqueta etérea de hielo. Sus colmillos se afilaron y sus garras crecieron.
Mentaris la miró de arriba abajo y, con una sonrisa burlona, comentó:
"¿Y ahora qué? ¿Vas a lanzar más clones?"
Bluey no respondió.
Solo bajó la mirada hacia el suelo.
Un silencio sepulcral llenó el aire.
De repente, la temperatura cayó en picada.
Pequeños copos de nieve comenzaron a descender lentamente, cubriendo el campo de batalla.
Todos los presentes observaron con asombro cómo la nieve comenzaba a caer dentro del domo de la barrera.
Pero antes de que Mentaris pudiera decir algo más…
Bluey desapareció de su vista.
Un segundo después, un golpe demoledor impactó su estómago.
El hechicero sintió cómo su cuerpo entero era lanzado por los aires, chocando violentamente contra la barrera creada por el sello.
La voz del sello resonó de inmediato:
"Mentaris, no podrás salir de este campo de batalla hasta que uno de los dos gane la pelea."
Mentaris escupió sangre y gruñó con molestia.
"¡Maldita sea… eso sí me dolió!"
Pero cuando intentó levantarse, un escalofrío lo recorrió.
Algo estaba mal.
Su pecho estaba congelándose.
Con horror, bajó la mirada y vio cómo su propio cuerpo comenzaba a cubrirse de una gruesa capa de hielo.
Mientras tanto, Bluey se acercaba lentamente, rodeada de un aura helada.
Su mirada era completamente fría.
"Me hiciste vivir una pesadilla..." murmuró con voz gélida.
Mentaris tragó saliva.
"Creo que, como muestra de agradecimiento… debería acabar contigo con un sueño helado."
Intentó moverse…
Pero no pudo.
El miedo lo tenía completamente paralizado.
Bluey alzó ambas patas al cielo y, en ese instante, su cuerpo comenzó a emitir auroras boreales.
Las luces danzantes iluminaron todo el domo, reflejándose en los rostros de los presentes.
"¡Es hermoso!" exclamaron algunos de los espectadores.
Pero no Mentaris.
Él sabía perfectamente lo que esas luces significaban.
Eran la señal de su ejecución.
Bluey lo miró fijamente y declaró:
"Esta es una técnica que baja la temperatura del usuario y del enemigo a cero absoluto."
Levantó una ceja y sonrió con frialdad.
"Veamos quién sobrevive."
Mentaris intentó gritar, intentó moverse, pero sus piernas ya estaban completamente congeladas.
No podía hacer nada.
No podía escapar.
"¡No! ¡Detente!"
Pero era demasiado tarde.
"Ejecución de Aurora."
Las auroras se arremolinaron alrededor de Mentaris y, en un parpadeo, su cuerpo entero quedó congelado en un bloque de hielo puro.
El sello brilló y proclamó el resultado:
"Bluey Christine Heeler es la ganadora."
Bluey exhaló, sintiendo el peso de la batalla abandonar su cuerpo.
"¿Qué quieres hacer con los que no tenían la marca?" preguntó el sello.
Bluey respiró hondo y respondió:
"Libéralos."
El sello cumplió su deseo.
las personas atrapadas por el domo no entendían que pasaba cauno desapareció de repente
Sin embargo, el perdedor Mentaris fue devorado por el sello
Bluey, sintiéndose mareada, intentó acercarse al lugar donde había estado el sello, pero su visión comenzó a distorsionarse.
Todo giraba a su alrededor.
De repente, escuchó voces.
Las madres de Coco y Mackenzie habían llegado con los niños.
Corrieron hacia ella, llamándola con preocupación.
Bluey intentó hablar, pero su cuerpo no le respondió.
Lo único que pudo hacer fue susurrar con una leve sonrisa:
"Gané."
Y entonces…
Se desplomó en el suelo.
Las madres se miraron con angustia.
"¿Qué hacemos con ella? ¿La llevamos a un hospital?", las madres no sabían qué hacer.
En ese momento, Fey emergió del cuerpo de Bluey.
Los miró a todos y, con calma, dijo:
"Llévenla a la casa de sus padres… ahí hay alguien que puede atenderla."
El Juicio Carmesí
Shin se mantuvo calmado. El desafío había comenzado, pero su oponente aún no había puesto en alto su guardia.
No quería acercarse innecesariamente, así que creó varias esferas de ki y comenzó a lanzarlas hacia Sanguinus.
El hechicero esquivaba cada una con facilidad, moviéndose con precisión. Pero cada vez que veía una oportunidad, usaba su magia para atacar de vuelta.
Shin también esquivó sus ataques, pero se percató de algo extraño.
"Este tipo está manteniendo la distancia…" pensó.
Observó con atención los ataques de Sanguinus y vio cómo perforaban todo a su paso.
Fue entonces cuando notó un olor peculiar en el aire.
Era sangre.
"¿Qué…? ¿Está atacando con su propia sangre?"
Analizó la situación y llegó a una conclusión inquietante:
"¿Tiene sangre ilimitada o la manipula a su voluntad? Eso haría que sus ataques sean extremadamente estratégicos."
Justo en ese momento, Sanguinus vio una oportunidad.
Con un movimiento veloz, salió de su escondite y disparó un chorro de sangre a alta presión directo hacia Shin.
El ataque era rápido y mortal.
Pero Shin reaccionó a tiempo.
Con un rápido movimiento de manos, creó un bloque del material más duro que conocía, bloqueando por completo el ataque.
Sanguinus se quedó boquiabierto.
"¿Qué es esto? Mi magia de sangre puede cortar cualquier cosa… ¡pero esto no!"
Ese mínimo instante de distracción fue suficiente para Shin.
Rápidamente, generó una cápsula de energía, atrapando al hechicero dentro.
"Es mejor que te rindas. No tienes dónde escapar."
Shin unió las manos, dispuesto a sellarlo por completo.
Pero en el último momento…
Sanguinus sonrió.
"¿Rendirme?"
Antes de que Shin pudiera reforzar la barrera, Sanguinus junto sus manos y disparó su sangre a alta presión desde el interior.
El chorro atravesó la cápsula de energía… y perforó también el hombro de Shin.
El Kaioshin retrocedió de inmediato, sujetando su herida.
"¡Demonios… me confié!"
No esperaba que su ataque fuera tan poderoso como para perforar su propio escudo.
Pero había una única cosa que su sangre no podía cortar…
"Parece que su debilidad es este material."
Shin frunció el ceño, ahora mucho más serio.
Shin creó varios cubos de diferentes materiales, similares al que tenía a su espalda.
Sin perder tiempo, salió de su escondite y comenzó a lanzarlos rápidamente hacia Sanguinus.
El hechicero notó que los cubos eran de iguales al metales que no pudo perforar y, al principio, solo los esquivó sin gastar su sangre, manteniendo su postura para no desperdiciar energía.
Sin embargo, después de esquivar varios, se percató de algo extraño.
"Espera… esos cubos… ¡son diferentes!"
Su mirada se afiló.
"Ya veo… así que quieres jugar conmigo, ¿eh?"
Sanguinus frunció el ceño y cambió de estrategia.
"¡Ya no me vas a engañar, desgraciado!"
Ahora, en lugar de solo esquivar, se puso en posición de ataque.
Saltó para esquivar un cubo y, en el aire, cargó su magia para disparar.
Pero en el instante en que reunió su poder…
¡Una pantalla de humo explotó frente a él!
Sanguinus se cubrió los ojos, confuso.
"¡¿Qué diablos fue eso?!"
Pero antes de que pudiera reaccionar…
¡Otro cubo explotó justo detrás de él!
La explosión lo hizo perder el equilibrio, cayendo al suelo.
Desde la distancia, Shin sonrió con confianza.
"¿En serio creíste que solo estaba camuflando el material que no puedes destruir? ¿Eres tonto o qué?"
Sanguinus se incorporó rápidamente, apretando los dientes.
"¿Qué demonios hiciste?"
Shin alzó una ceja y explicó:
"No solo cree el material indestructible, también creé cubos con diferentes propiedades."
Sanguinus sintió un escalofrío.
"¿Qué?"
Shin extendió una mano, señalando los cubos esparcidos por el suelo.
"Algunos reaccionan a la temperatura."
"Otros estallan con la presencia de ki."
"Otros son altamente volátiles y explotan con un simple contacto."
"Y hay uno más…" Shin sonrió con burla. "Si usas magia cerca de él, te atraerá como un imán."
Sanguinus sintió que su corazón se aceleraba.
"Esto… es malo."
La confianza que tenía hace unos minutos desapareció por completo.
Ya no podía luchar de la misma manera. Si Shin seguía lanzando esos cubos, no solo tendría que esquivarlos, sino también evitar pisar los que ya estaban en el suelo… sin saber cuáles explotaban y cuáles lo atraerían como un imán.
Shin sonrió, creando más cubos con telequinesis.
"A ver, ¿qué harás ahora?"
Sanguinus se quedó paralizado por un instante.
Sanguinus estaba acorralado.
A su alrededor, cubos de distintos materiales estaban dispersos por el campo de batalla. No podía moverse sin pensar, porque cualquiera de esos cubos podía explotar, reaccionar a su magia o atraerlo como un imán.
Pero no podía quedarse quieto.
"¡Si no hago algo, estaré atrapado!"
Intentó moverse con cautela, pero en cuanto liberó su magia para impulsarse…
¡Uno de los cubos reaccionó!
El cubo de atracción mágica se activó de inmediato.
Una fuerza invisible lo jaló con brutalidad, arrastrándolo directo hacia el centro de la trampa.
"¡No… no…!"
Sanguinus trató de resistirse, clavando sus pies en el suelo, pero fue inútil.
Los cubos que lo atraían eran demasiado fuertes.
"¡Maldición!"
Finalmente, su espalda chocó contra uno de los cubos, quedando completamente atrapado.
Su cuerpo ya no respondía.
Por primera vez en toda la batalla, no tenía escapatoria.
Shin, que había estado observando con una sonrisa confiada, bajó los brazos y suspiró.
"Se acabó."
Pero Sanguinus no pensaba rendirse.
Apretó los dientes, con una mirada llena de rabia.
"Si voy a caer… ¡me llevaré contigo!"
Sin dudarlo, activó su última técnica.
"Sangre Carmesí: El Último Exilio"
Su cuerpo se tensó y su sangre comenzó a hervir, convirtiéndose en un chorro de presión extrema.
Era su ataque definitivo.
Un rayo carmesí surgió de su cuerpo con tanta potencia que vibraba en el aire, como si fuera a destruir todo lo que tocara.
Shin abrió los ojos con sorpresa.
"¿Qué demonios…?"
El hechicero disparó el chorro de sangre con toda su fuerza.
La presión era tan monstruosa que las rocas en el suelo se partieron solo por la onda de choque.
Era un ataque capaz de atravesar cualquier cosa.
Sanguinus dijo "te gane dios, no tienes forma de defenderte"
Pero la sonrisa Shin nunca desapareció.
Cuando el chorro de sangre estuvo a punto de alcanzarlo…
¡BOOM!
El ataque chocó contra una pared.
Sanguinus abrió los ojos con horror.
"¿Qué… qué hiciste? ¡Nada puede resistir mi ataque!"
Shin suspiró y chasqueó la lengua.
"Debiste fijarte mejor en el campo de batalla."
De repente, el aire se disipó y el material más fuerte se hizo visible.
Shin había estado protegido por él todo el tiempo.
Sanguinus no podía creerlo.
"Entonces… desde el principio…"
Shin asintió con calma.
"Desde que caíste en mi trampa, ya habías perdido."
Sanguinus tembló.
Había gastado toda su sangre en ese último ataque.
Su cuerpo ya no tenía fuerzas.
"No… no puede ser…"
Su vista se volvió borrosa.
Su piel se volvió pálida.
Y finalmente, su cuerpo colapsó.
El hechicero de la sangre había caído.
El silencio invadió el campo de batalla.
Shin cerró los ojos y dejó escapar un suspiro.
"Fue una buena pelea…"
Miró a su oponente una última vez antes de girarse.
"Fin del juicio."
El campo de batalla quedó en completo silencio.
Sanguinus yacía en el suelo, completamente inmóvil, su cuerpo tembloroso y agotado. Había gastado toda su sangre en su último ataque.
El sello, que había permanecido flotando como un juez observando la pelea, se movió lentamente hacia el hechicero derrotado.
Con un destello carmesí, el sello absorbió a Sanguinus y deshizo la barrera.
Fue entonces cuando la voz de Chronoa resonó en su mente.
"Shin, ¿puedes escucharme?"
Shin cerró los ojos por un segundo y suspiró.
"Sí, estoy aquí."
"Me tenías preocupada," dijo Chronoa con un tono de alivio y molestia al mismo tiempo.
"Es momento de reorganizarnos," explicó Chronoa con seriedad. "Bluey está fuera de combate y no podemos permitirnos más bajas. Necesitamos reagruparnos antes de que el enemigo haga su siguiente movimiento."
Shin miró el cielo por un momento, dejando que la brisa dispersara los últimos rastros del combate.
"Entendido. Me dirijo allá ahora mismo."
Sin perder más tiempo, dio un paso adelante y desapareció en un destello de energía.
