" Todo aquel que guarde

silencio también es cómplice "


Todo comienzo tiene un por qué.

Nos cuestionamos de pronto el trasfondo de cada historia, el cómo sucedieron las cosas y si la verdad que se presenta no es más que superficial y hay algo más. Otra verdad.

Lo complicado de existir es más fácil de explicar que vivirlo realmente, cuestionamos todo con facilidad y creemos saberlo todo, nos ponemos detrás de la barrera y juzgamos a través de eso.

Es fácil, ver las cosas desde fuera es más sencillo de lo que parece.

Vivirlas quizás no.

Para Sakura Kinomoto nada era fácil, tener que sobrellevar las olas en su contra la mayoría del tiempo y las tempestades más salvajes resultaba ser agotador para ella que era una joven de tan solo diecisiete años.

Llevar fantasías en su cabeza no era una opción para ella, tener sueños taciturnos era un delirio y afrontar el esfuerzo del día a día se quedaba vago.

Era tanto... pero tan poco...

El secreto a voces que se propagaba como virus por las personas era evidente. Todos podían opinar y hablar sobre ello, pero nadie sabía la verdad o las consecuencias que sus habladurías traían consigo.

(. . . )

Visitaba ese árbol cada vez que podía, pensaba que, quizás este me traía un poco de paz a mi alma y me lograba transmitir las fuerzas que me hacían falta.

También podía contemplar a través de aquel ser de la naturaleza el hermoso río situado frente a el.

El invierno pronto llegaría a Tomoeda, pensé, llevándose así todas las hojas de aquel precioso árbol que yo tanto adoraba. Eso me ponía triste.

Con sus hermosas hojas se irían aquellas tardes de paz, aquellas vistas hermosas y sus escapadas pequeñas al lugar... era lamentable.

Pero no podía evitar lo inevitable. Era así.

Un suspiro cansino salió de mis labios, era hora de marcharse antes de que alguien fuese a buscarle.

¿Para qué...? A veces me preguntaba.

Sacudí sus ropas y caminé alejándome de aquel lugar, directo a casa.

No demoré mucho en llegar. Ya estando fuera tomé un poco de aire y me adentré.

Sabía que mi madre me estaría esperando, pues la gente que tenía a su cargo seguramente ya le había avisado que su pequeña Sakura se había desvanecido saliendo de clases, lo más común de siempre, pero que no dejaba de ser una molestia para mis padres, bueno, para ser más específicos, de mi madre.

—¡Por dios! ¿Dónde has estado? Llevan alrededor de 2 horas buscándote, Sakura —buenas tardes para ti también, madre, eso quise decir, lo juro, sin embargo lo único que pude hacer fue sonreír y mostrar una leve reverencia.

—Lo siento madre, me sentía un poco agobiada y salí a tomar un poco de aire —contesté tranquilamente. Mi madre suspiro profundamente, su semblante molesto no cambió para nada, pero se dio la vuelta y se dispuso a subir al segundo piso de aquella casa.

Asi era siempre que algo le preocupaba, su lado más explosivo salía a relucir, muy contrario a la actitud que llevaba siempre cuando solía presentarse frente a la gente importante.

Nadeshiko Kinomoto. Hechicera con grandes habilidades que formaba parte del concejo de Tomoeda. Siempre tan ocupada. Siempre tan correcta, tan sonriente. Siempre tan imponente, tan importante...

Siempre era todo, menos una madre presente para mi.

Prefería acudir a aquellas reuniones del concejo antes que escuchar el mal día que había tenido su única hija, prefería salir de viaje antes de asistir a algún festival importante del instituto, prefería tomar cualquier llamada antes de desayunar, comer o cenar conmigo.

Era bastante simple, su vida giraba entorno a aquel concejo mágico, era su vida y por lo que tanto se había esforzado según alcanzaba a entender. Pero no importaba, para mí no debía importar, porque por ello estaba en esta posición...

Respetada, valorada, querida y siendo la mejor hechicera de mi generación. Esa era yo.

Gracias al renombre de mis padres podía ser todo aquello, ser poderosa e inalcanzable, protegida por las masas y admirada por aquellos que no poseían lo que yo.

Pero...

No servía de nada.

Porque nada era lo que parecía, nada era lo que aparentábamos, y nos empapábamos de aquellas mentiras escondidas en lo más oscuro de nuestras mentes.

Éramos cómplices. Era culpable en todo el sentido de la palabra, pero no podía hacer nada, seguir la corriente para mí era lo correcto, y estar en contra de esa corriente era un naufragio seguro y directo.

Estaba jodida...

—Les había dicho que la vigilaran, ¿como es posible que una adolescente de 17 años escape de ustedes? De ustedes que son mi seguridad, ¿así quieren que confíe en ustedes? ¡Fuera de mi vista!

La voz de mi madre se escuchaba fuerte y clara en la planta alta, donde ahora me encontraba queriendo seguir por el camino a mi habitación.

Podía escuchar su parloteo molesto y ya podía imaginarla moviendo sus manos con efusividad para intensificar su discurso, siempre era lo mismo.

¿Escapaba de la seguridad? Por supuesto.

Me agobiaba sentir pasos detrás de mí, parecía no tener siquiera un momento para vivir yo misma, era injusto, aparte de todo lo que se me imponía debía soportar a la sombras que mis padres ponían detrás mío.

¿Por qué? Sí, para aparentar eso que no éramos.

Ellos ser unos padres que amaban cuidar a su pequeña y valiosa hija, futura heredera de su lugar en el concejo y yo siendo feliz por ser tan protegida por ellos.

Estupideces eran solamente.

—Sakura pasa a mi despacho por favor —justo cuando intentaba entrar a lo único cómodo para mí de esa casa la voz de mi madre sin titubeos se escuchó.

Obedecí sin rechistar, eso era obvio.

—¿Pasa algo, mamá?

—Mañana habrá una reunión con los Li, por favor procura estar lista para cuando pasen por ti

—Mañana tengo exámenes finales mamá, no puedo faltar

—¿Exámenes? No te preocupes, puedo resolverlo al igual que los Li, aparte... recuerda que tú no necesitas de esos exámenes, tienes un futuro asegurado siempre y cuando asistas a reuniones como la de mañana, ¿entiendes?

Asentí en automático, me di la vuelta y salí de aquella habitación.

No eran preguntas las que ella hacía, eran órdenes, y no podía reclamar a ninguna...

Por fin llegué a mi habitación, sin nadie alrededor, sin ojos que viesen mis acciones, sin mi madre recriminándome o dándome órdenes. Sólo yo y yo.

Me quité aquel uniforme, y por primera vez en el día pude sentir que me liberaba de una máscara.

Me di una ducha para despejar mis pensamientos, para cualquiera esto podía ser fácil, tener esta vida sin tantos problemas más que solo aparentar fácilmente se podía confundir con la comodidad.

Pero para mí que quería llevar una vida tranquila lejos de todos no lo era. Estaba segura de eso.

Mi vista se centró en la venta de mi habitación, las luces de Tomoeda se podían ver con facilidad, y la vista sin duda era preciosa.

Pude observar como la seguridad rodeaba abajo, buscando que alguien no entrase o escapase de aquella casa.

Qué absurdo.

Pero no lejos de la realidad. Sentía que en cualquier momento enloquecería y tomaría la decisión de irme lejos, sí, eso haría si pudiese.

La noche aterrizó sin problema, y pronto las voces fuera de la habitación se hicieron presentes.

Mi padre había llegado.

—Sakura, cariño, he llegado a casa —escuche justo fuera de la puerta.

Camine hacia esta y abrí con suavidad encontrándome con la sonrisa de mi padre.

Pronto un poco de todo aquel revuelo en mi mente se disipó al verlo. Precedí a abrazarlo con energía fundiéndome en sus brazos, donde sentía plena seguridad.

—¡Papá! ¿Cómo te ha ido el día de hoy? —pregunté separándome del abrazo y viéndole.

—Todo está bien hija, ¿qué tal tú? ¿Cómo te fue en el instituto?

—¡Bien!

Respondí a secas, sin darle tantos detalles que no se requerían. Él volvió a sonreír, tomó su corbata y comenzó a aflojarla. Ignorando mi actitud.

—Creo que ya casi está lista la cena, bajemos y cenemos juntos, ¿está bien? Solo me quitaré el saco y regreso, baja con mamá

Su voz suave y sin apuro me golpeó en ternura.

Asentí y bajé rápidamente.

En el mesón ya estaba mi madre, con un folder a un costado y sus lentes de lectura puestos. Siempre en su mundo.

—Siéntate Sakura, ya está lista la cena —ordenó ella sin dejar de mirar aquellos papeles. Me senté en una de las sillas y esperé entonces a que llegase papá.

—Buenas noches querida Nadeshiko, ¿trabajo en la mesa? —dijo aquello mi padre mientras plantaba un suave beso en la mejilla de mi madre y tomaba asiento en la parte superior de la mesa.

—Sí, es algo importante

—Dejémoslo para cuando vayamos al despacho, ¿te parece? Cenemos y conversemos con nuestra pequeña

Mi padre parecía ser el más cuerdo entre ellos dos, siempre parecía darme por mi lado, y también siempre solapaba ciertos errores que cometía. Por eso él era mi debilidad.

Fujitaka Kinomoto. Un miembro importante del concejo, no... el más importante. Poderoso sin igual, siendo el hechicero con mayor rango de poder de Tomoeda y sus alrededores, respetado, no siendo cuestionado por sus acciones jamás y querido sin igual por todos.

Mi pecho de cierta manera se llenaba de orgullo al descubrir que ellos eran mis padres, personas importantes que llevaban en su poder decisiones significativas.

Parecía ser una Tomoeda política si me lo preguntaban, pero faltaba democracia en todo el sentido.

Los escalones de la escalera solo podían subirse con poder... eso era todo, solamente eso...

—¿Te avisó tu madre que mañana tendremos una junta por la mañana? —ese era mi padre indagando luego de que la comida llegara a la mesa.

—Si, papá

—Me ha cuestionado sobre sus exámenes finales, le dije que no se preocupara por eso —mi madre pronto agregó con simpleza.

Vi de reojo que mi padre sonreía.

—Cuando cumplas la mayoría de edad podrás estar oficialmente en el concejo, Sakura, no creo que sean necesarios los exámenes si me lo preguntas —dijo mi padre.

—Yo sólo pensé que mencionarlo era necesario...

Murmure sin pensarlo mucho, a lo que mi madre suspiró, con lo que parecía ser fastidio.

—No supongas tanto Sakura, o el mundo allá afuera te aplastará —respondió mi madre llevando a su boca una porción de arroz.

—Tranquila Nadeshiko, está bien que la pequeña Sakura nos cuestione si tiene alguna duda, eso nunca está de más

—No podemos cometer ningún error, Sakura, ¿entiendes? O todo esto que hacemos será en vano

Las palabras de mi madre retumban en mi cerebro más del mil veces al día. Desde que tengo uso de memoria me han recordado con creces a su manera que tengo que llevar una línea perfecta de apariencia.

Qué decir en caso de, qué hacer si pasa esto, cómo actuar frente a diversas situaciones o personas, todo estaba firmemente planeado o dicho, era estresante... jodidamente estresante.

Era una bomba de tiempo, que quería explotar en cualquier momento. Yo era esa bomba.

—Entiendo mamá

—No te preocupes pequeña, mientras estemos aquí tú madre y yo te protegeremos

La sonrisa acogedora de mi padre junto el apretón que me dio en la mano fueron mi consuelo de aquella noche.

El apetito había abandonado mi sistema y tuve que comer sin querer hacerlo, era una sensación un tanto insoportable, masticar a la fuerza.

Pero... no podía quejarme. Tenía todo.

O eso es lo que pensaba la gente allá afuera.

.

.

.

Por la mañana la gente pasaba apresurada por las calles y yo las veía por las ventanas del auto.

El aire sofocado que sentía allí adentro no se comparaba ni con la peor de las pesadillas...

—No hables demasiado, no respondas sino se te pide, ¿bien? —la instrucción clara de mi madre me hizo asentir de inmediato.

—Tranquila, vienes con nosotros para comenzar a presentarte ante la sociedad mágica, no tienes que hacer nada pequeña —la voz conciliadora de mi padre me hizo sonreír, con algo de esfuerzo pero lo logré.

—Asistirán los Li, no intentes hacer alguna amistad con su hijo por favor —advirtió mamá haciendo crecer una duda.

—Nunca le he hablado, siquiera en el instituto mamá —respondí

—Puede llegar el caso, cada vez se verán más y más por este tipo de cosas, pero guarda una distancia, ese pequeño es muy observador

—Vamos Nadeshiko, hablamos de un niño, no creo que sea muy relevante advertir de él a Sakura —mi padre de pronto intervino, viendo a mi madre con confusión.

—Solo pienso en posibles escenarios, ¿no es así como lo hemos hecho siempre?

—Tranquilos, no hablaré con nadie, ténganlo por seguro

—Muy bien, recuerda que hay una disputa por el poder entre nosotros y los Li y cualquier paso en falso nos querrán aplastar —el murmullo de mi madre con aquel tono peligroso me hizo cuestionarme ciertas cosas.

Estaba claro que no iba a exponer ninguna de ellas en voz alta, pero...

Si mamá decía que debía tener cuidado es porque había analizado de cierta manera a los Li y a su hijo.

Shaoran Li.

El sucesor de los mencionados anteriormente y un chico demasiado misterioso, callado y adusto.

No sentía realmente que alguien como él se acercara de la noche a la mañana a mí y me preguntase si la tierra era redonda. No.

¿Entonces...?

Tenía que ser por el poder, los escalones de la gran escalera hacia lo que muchos querían.

Pero lo que no todos podían tener.

La reunión llegó finalmente. Tuve un tiempo para poder ver mejor al hijo de los Li.

Un porte seguro, de pocas palabras y una mirada poco afable.

No. No creía que fuese un peligro para mis secretos.

No lo era definitivamente.

No indagaría demasiado sino me acercaba o siquiera llamaba su atención, de eso estaba segura.

Aunque jamás imaginé que un error en la ecuación fuese mi perdición.


¡Aló! ¿Qué decir? Yo pensaba que nunca iba a volver a publicar una historia aquí en fanfiction, pero aquí me tienen. ¿Qué les parecio? ¡Espero me acompañen en esta aventura! Les mando besos y abrazos dulces3